Todo por ti
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Defendiendo lo imposible
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Tarareó distraídamente esa canción mientras cerraba la puerta de su habitación. Deidara no permitía que lo vieran cantando. Pero estaba de humor y no importaba demasiado entonces.
A medida que avanzaba por el pasillo, el susurro de la canción desaparecía. Podía oír la risa ronca de Kisame, lo que le anticipaba un encuentro con el tipo tiburón que no deseaba, y la idea de que Itachi le acompañara hacía que los nervios comprimieran sus pulmones. Se mordisqueó los labios.
Cuando atravesó el umbral, y se encontró en el común junto con el resto de la organización, Deidara tragó en seco. Sabía que lo estaban observando, sabía que morían por interrogarlo, pero él tenía los labios irrefutablemente cerrados. Observó de reojo que Hidan no llevaba su guadaña –lo cual lo alivió sobremanera- y notó que Kakuzu estaba demasiado ocupado contando dinero. Kisame se fregaba con aire somnoliento el ojo derecho, e Itachi afilaba un kunai con fingido interés. Compartieron una mirada rápida. Itachi lucía curioso, y sin embargo intimidante -bastante intimidante-, y la entrada del rubio lo distrajo casi completamente de su tarea. Al percibir que el Uchiha se erguía, Hoshigaki captó la tensión en el ambiente. Se sonrió con disimulo, percatándose de la mirada asustada de Deidara.
−Muy buenos días, Deidara.
El rubio se estremeció. Kisame no era particularmente estúpido. Y parecía disfrutar de su terror. Se aclaró la garganta.
−B-buen día, si.
La sonrisa -curiosamente afilada- de Kisame se ensanchó.
−¿Has pasado una buena noche?−inquirió. Deidara deseó poder comprender por qué le interesaba:−Ayer vi una figura extraña caminando por los pasillos a la madrugada. A mí la curiosidad me ha quitado horas de sueño.
La figura extraña era Sasori. Exhaló lentamente. ¿Perder horas de sueño? Él había dormido espléndidamente sabiendo que él finalmente había vuelto.
−Afortunadamente sí, Kisame. He dormido profundamente toda la noche, hum.
Itachi seguía observándolo. El rubio nunca lo miró directamente pero notaba de reojo que lo hacía, que esperaba que se dirigiera a él, tal vez porque albergaba la esperanza de que ya hubiese hablado con el pelirrojo. Lamentablemente no lo había hecho. No había podido. Apretó los labios con cierta culpabilidad. Deseaba haber sido capaz de hablarle, capaz de defenderlo a pesar de que fuese imposible, él lo habría hecho todo. ¡Cuánto quería ayudar a Sasori! Pero no sabía cómo.
Justo detrás de él, Sasori avanzó, medio empujándolo. Deidara casi tropieza, por lo que el pelirrojo lo tomó por la capa con habilidad, obligándolo a erguirse. A pesar de que ambos intentaron disimular la caída, Kisame rió por lo bajo.
−Así que te has dignado a honrarnos con tu presencia−sin siquiera alzar la mirada, Kakuzu se dirigió a Sasori. Escalofriante. –Es una suerte para ti que tu chico no haya roto nada,−Deidara frunció el ceño− porque deberías reponerlo en este instante.
Parecía tenerlo todo muy organizado. Sasori notó que Kakuzu observaba unas hojas en su regazo, hojas donde probablemente hubiera anotado los gastos de la organización y con las que corroboraba que Deidara no hubiera hecho daño alguno. Fue un alivio que se hubiera comportado durante su ausencia. Pero fuera como fuera, Sasori no tenía planeado deshacerse de una parte de sus ahorros por sus estupideces. Arqueó una ceja, preguntándose si realmente a la vista de todos Deidara era su hijo o algo por el estilo.
−Ah, Kakuzu, ¿cuándo he yo roto algo aquí, hum?−Sasori sospechó desde el principio que la acusación no pasaría así como así, pero deseó que Deidara no intentara defenderse. Porque no había argumento existente cuando se trataba de una persona tan torpe como él.
−¿Debería yo recordártelo?−su voz le hizo temblar. De verdad, no había nada tan intimidante como Kakuzu para Deidara, quien automáticamente retrocedió un paso al notar que esa mirada escalofriante se fijaba en él.
−M-mejor olvídalo, hum−y obstinado desvió la mirada.
Deidara le temía a muchas cosas, según Sasori, pero lo curioso de aquel hecho era que de vez en cuando lo recordaba. Decía temerle a las alturas y montaba sus aves audaz siempre, hasta el instante en el que volvía su mirada azulada al suelo y tragaba saliva preocupado. Le temía un poco a Itachi, pero le devolvía las miradas rudas siempre que podía. Y le temía –mucho- a Kakuzu, pero respondía prepotente a sus acusaciones. Se preguntó si le temía a la muerte. Si lo hacía, entonces tampoco lo recordaba siempre, porque discutía con Hidan constantemente, consciente de que el religioso era un tanto impulsivo y podía terminar apuñalándolo por mera rabia. Para Hidan atravesar gente con cuchillos era normal. Después de todo, si él era atravesado, no moría. El detalle de que cualquiera podía perder su vida aún no terminaba de afianzarse a sus conocimientos.
Como si hubiera captado que los pensamientos de Sasori iban entorno a él, Hidan se aclaró la garganta.
−¿Y bien?−se inclinó ligeramente desde su silla, apoyando ambos codos en sus rodillas. −¿Dónde has estado, infeliz?
La sonrisa que curvó sus labios le generó a Sasori el extraño deseo de patearle el rostro. Pero no lo hizo. Antes de contestar, se percató de que Tobi atravesaba el umbral de la puerta a su espalda.
−Si aquello fuera de tu incumbencia te respondería, Hidan.
Notó que los hombros de Deidara se tensaban, y siguió su rostro ligeramente ladeado hacia la derecha, donde Itachi se sentaba a unos pasos. Sin sharingan alguno, y más oscuros de lo que los recordaba, los ojos del Uchiha le mantenían la mirada a Deidara. Él estaba tan tenso como el rubio.
Hidan rió antes de hablar:−Ateo de mierda−y giró el cuello, de forma que el mismo sonó, llamando incluso la atención de Kakuzu que seguía mirando el dinero en su regazo. –No estás en condiciones de responderme así.
Deidara tembló. Debió haberle dicho que dudaban de él, debió haberle advertido sobre Hidan generando las dudas en el resto, debió haberlo defendido correctamente…
−¿No?−avanzó un paso con calma en dirección al compañero de Kakuzu, pasando por al lado de Deidara. El rubio dudó en detenerlo.
−¡Sólo responde a mi pregunta, desgraciado!−gruñó, poniéndose de pie al perder la paciencia. A esto se refería Sasori cuando calificaba a Hidan como un impulsivo.
−He dicho que no te incumbe.
−Vámonos, danna−susurró el rubio, la mirada de Itachi fija sobre él. Un escalofrío recorrió su espalda. Sabía que seguía amenazándolo, insistiéndole para que hablara con Sasori. Pero no podía, no aún.
A Hidan la intromisión de Deidara no le hizo gracia.
−¡No te metas en esto!−con el dedo índice apuntó al de ojos azules, que se encogió al instante. Itachi parecía querer incinerarlo con la mirada desde la derecha y Hidan caminaba hacia él desde el otro lado. ¡¿Cómo huir?! –¡Eres una perra entrometida que…!
−…¡Perra entrometida!−repitió ultrajado, perdiendo el aura de temor que le rodeaba segundos atrás: −¡Cierra la maldita boca, Hidan!
−¡Ciérramela, rubia!−el mismo paso que Hidan dio, Deidara lo dio. −¡Acércate a callarme y prometo por Jashin-sama que te arrepentirás del puto día en el que elegiste meterte conmigo!
−¡Si tan solo tu dios de mierda me atemorizara, Hidan…!−le espetó, haciendo énfasis en que el tal Jashin y su promesa no podían importarle menos.
La risa histérica del religioso hizo que Tobi se encogiese, Sasori lo notó. Se preguntaba qué era tan atemorizante de aquel imbécil además de su falta de cordura.
−¡Haré que le temas, te lo juro, infeliz!
Una mano apresurada tomó a Sasori del hombro, echándolo hacia atrás. Claramente uno de los dos deseaba torturar a Hidan, pero aún no podían decidir quién se encargaría de hacerlo. Itachi deseó que fuera Deidara. Mientras el rubio se encargaba de moler a Hidan a golpes, él y Sasori podrían tener una conversación. Nada más necesitaba un par de minutos para advertirle y convencerlo. Porque no había nadie más manipulador que él. No con esos ojos.
−¡Sasori-danna es jodidamente superior a tu inexistente Jashin!−escupió. −¿Me oíste, Hidan?
−Rubia idiota−tronó los dedos con una sonrisa obstinada. −¡No hay nada que me resulte más repugnante que tu puto maestro!
A veces, Deidara no podía controlar la ira que se contenía en su anatomía. No era, de verdad, una persona muy violenta -sólo le gustaba ver cosas explotar- pero definitivamente Hidan podía con él y toda su paciencia –aunque no era mucha. Sasori observaba relajado como el de ojos azules temblaba, con la mandíbula apretada e impaciente por hacer el cuerpo de Hidan volar en mil y un fragmentos. Echó al rubio hacia atrás. Se preguntó por qué tenía que ser siempre partícipe de las discusiones con Hidan cuando estaba tan seguro de que lo de ese tipo no era más que mera provocación.
−Si tanto asco te doy,−le dijo− podríamos libremente resolver el asunto nosotros dos.
−De verdad, Sasori, no hay nada que desee más.
Con la mirada el pelirrojo invitó a Hidan a acercarse, retrocediendo un paso como dándole el espacio para ir por él. Para el creyente aquello fue demasiado. ¡Sasori se atrevía a provocarlo! Todo el respeto de todos esos inútiles hacia el pelirrojo le daba asco, porque no había nada admirable en el tipo ese. Sus habilidades no eran extraordinarias, era uno más, insignificante. Y él podía demostrarle a cualquiera que Sasori no era nadie a su lado.
A pesar de fingir desinterés, Kakuzu alzaba la mirada mientras el silencio invadía la habitación. Jamás se le ocurrió que Hidan fuera tan estúpido como para meterse con alguno de sus compañeros, más cuando todos estaban calificados para matar a un ANBU por uno u otro motivo. Se preguntó qué resultaría de todo aquello.
La mirada del religioso se centró entonces en el suelo por unos segundos; Deidara tragó saliva con dificultad, buscando encontrar la mirada del pelirrojo para convencerlo de que no debía hacerlo. Estaba bien que él y Hidan se insultaran y pelearan, pero no le agradaba que Sasori tuviera ese tipo de discusiones con el creyente. No cuando éste estaba tan empeñado en dañarlo, en desaparecerlo. Sasori le daba la espalda.
−Una gota basta−susurró Hidan, y el rubio tembló. ¿Una gota de qué? La sonrisa que curvaba sus labios fue casi como un mal augurio.
Con habilidad tomó un kunai, Deidara lo supo entonces.
Él no iba a siquiera rasguñar el cuerpo de su maestro.
Tomó algo de arcilla de uno de sus bolsillos, veloz, y en unos instantes la boca en su palma se encontró preparándose para moldearla. Creyó que no lo haría a tiempo cuando vio el rostro de Hidan, tan decidido. En el mismo instante en el que el religioso se apresuraba hacia Sasori hizo ademan de dejar el arcilla a un lado para defenderlo él mismo. Lo tomó del brazo, dispuesto a echarlo hacia atrás. Sin embargo…
−¿Q-qué hace, Hidan-san?−oportunamente, Tobi apoyó ambas manos en el pecho de Hidan, empujándolo hacia atrás.
Con las pupilas pequeñas, el rubio exhaló lentamente, aliviado. Tobi sí era un entrometido, pero a veces sus intromisiones le devolvían el corazón al pecho.
−¡Quítate del medio, inútil!−con brusquedad alejó los brazos de Tobi de sí, intentando hacerlo a un lado con su diestra. −¿No es obvio lo que hago?
−N-no lastime a Sasori-san−pidió, viéndose hecho a un lado y sin embargo intentando retener al masoquista por la capa. −¡Tobi es un buen chico y no va a permitírselo, Hidan-san!
Con una expresión impasible, el pelirrojo buscó la mano de Deidara sobre su brazo, y la desprendió lentamente, dedicándole una mirada relajada.
−Si Hidan quiere golpearme, que lo haga. No te entrometas, Deidara.
−¡Danna!−se escandalizó el rubio− Esta pelea es absurda, sólo vámonos, hum.
−No voy a retractarme ahora.
El de ojos azules le miró asustado. ¿Por qué Sasori no podía simplemente verlo? Hidan de verdad intentaba… lastimarlo. Había tomado un kunai, de verdad quería comenzar con ese ritual enfermo suyo. Tragó saliva con dificultad.
−Danna…−susurró.
−¡Suéltame!−le exigió Hidan a Tobi, alejándolo de un manotazo. El de la máscara le esquivó hábilmente, liberándolo. −¡Ambos dejen de entrometerse!
El religioso se preparó para acercarse a Sasori, devuelta. El pelirrojo le esperó con calma. Por alguna razón, sentía que no podía temerle menos.
−Van a romper algo−señaló Kakuzu entonces, quieto. –Si quieren armar un escándalo, salgan afuera. ¡Esta organización no va a pagar por sus sandeces!
Hidan se detuvo.
−Kakuzu-teme, ¡tus reclamos me importan una jodida mierda!
−Maldito desconsiderado…−gruñó su compañero, mirándolo amenazante. Hidan apenas le sostuvo la mirada por sobre su hombro.
Se atrevió entonces a atacar al pelirrojo sin más, ignorando la orden de Kakuzu, pero su muñeca chocó automáticamente con la de Sasori, quien detenía su kunai con otro. Gruñó. Se había acercado un poco más, sorprendiéndolo incluso antes de que lo alcanzara.
Deidara sentía el corazón comprimírsele en el pecho y la mirada de Itachi fija en su nuca. Mierda. Mierda. Las extremidades se le helaban, apenas podía mover los dedos. Pero algo haría. Algo debía hacer. Con la mandíbula apretada comenzó a abrir y cerrar su mano derecha, llevando los dedos a la palma y separándolos constantemente. Le arrojaría su creación a Hidan, y le daría justo en el rostro. Total, el tipo era inmortal. Terminaría irreconocible, pero vivo.
−¡El líder! ¡Hay que ir por líder-sama…!
Tobi lo observaba todo escandalizado, saltando insistentemente a un lado de Kisame, intentando hacerlo entrar en razón. Ahogó un grito de horror cuando vio al rubio nuevamente dispuesto a intervenir.
−Eso no es necesario, Tobi−murmuró el de facciones de tiburón, con esa voz ronca suya que hacía que a Deidara se le erizara el cabello. Tobi le observó curioso: −La pelea se acabará antes de lo que crees. O no.
−P-pero… Deidara-senpai, Hidan-san, Sasori-san…
El Uchiha se puso repentinamente de pie. Y todas las miradas se concentraron en él. Deidara volvió a temblar, espantado, lo cual no pasó desapercibido por Sasori, y un silencio imperturbable invadió el común.
−Todos ustedes son unos imbéciles−declaró. –Esta es la pelea más absurda que jamás he presenciado. Y…
−Tsk.
Con los ojos rojos brillando, con aquella mirada tan Uchiha, Itachi miró a Hidan. Por supuesto, el religioso no le temía a Itachi. Pero algo le dijo que despertar su ira no era inteligente, que debía esta vez retractarse. Por segundos que parecieron eternos se miraron, el uno al otro. Itachi hizo ademan de dar un paso hacia él. Y Hidan guardó lentamente el kunai en su bolsillo. Chasqueó la lengua:
−Podremos discutirlo después−le dijo a Sasori.
−Me parece una idea sensata.
Con el cuerpo tenso, el compañero de Kakuzu abandonó el común. Estaba evidentemente irritado, y deseoso de una confrontación, pero por alguna razón bajo la mirada iracunda de Itachi lo había detenido todo.
Deidara se preguntó si la pelea había acabado por el poder del sharingan sobre Hidan. De hecho el Uchiha no tuvo que siquiera usar su sharingan; pero aquello era irrelevante, porque si Hidan no se marchaba lo hubiera hecho.
−Una verdadera pena que la cobardía le haya ganado−musitó Kisame con una sonrisa socarrona al cabo de unos segundos. Kakuzu asintió sin levantar la mirada, como si estuviese de acuerdo. Parecía haberles divertido la idea de ser espectadores.
Itachi les lanzó a ambos una mirada helada. Se masajeó las sienes y volvió a mirar a Deidara, dispuesto a indicarle que se marchara para poder hablar con Sasori más cómodamente. El rubio se le adelantó.
−V-vámonos Sasori-danna, hum.
Antes de que su compañero respondiera, ya lo tomaba de la capa por atrás, obligándolo a retroceder. Sasori giró hasta enfrentar la puerta del común y con la presión impuesta por Deidara caminó hasta atravesar el umbral, y desaparecer.
Itachi no los siguió.
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Naruto la miraba intensamente. Llevaban minutos sentados, uno frente al otro, y Naruto no había dicho ni una palabra. Pero la miraba. Un suspiró abandonó sus labios, esa mirada culpable finalmente se encontró con la suya, y entonces Naruto habló:
−Ay, Sakura-chan, hay algo que me está carcomiendo la conciencia−miró nuevamente el césped, y arrancó un puñadito con sus manos, intentando distraerse.
−¿Qué cosa?
Había raras veces en las que Naruto se arrepentía por algo, rara era la ocasión en la que un suceso pasado se instalaba en su mente, jamás se lamentaba. Y sin embargo ahí estaba, y se mordisqueaba los labios con los ojos fijos en el suelo.
¿Qué era lo que rondaba su cabeza? Le miró, esperando una respuesta, y notó con picardía que iluminado por la luz del atardecer el rostro de Naruto era atractivo, y la luz reflejada en esos ojos que no se atrevían a observarla hacía que su mirada fuera incluso más dulce –si es que aquello fuese posible-, parecía que el azul en sus ojos se derretía. Sonrió con suavidad.
Naruto le gustaba. Le gustaba como el sol, como las noches de primavera; le gustaba como la calidez de su cama y como el murmullo del agua al caer. Le gustaba porque era bueno, bueno para ella, y porque personas como él no podían ser aborrecidas, porque estaba siempre que lo buscaba y porque quería que fuese así para siempre.
−Creo que el Teme está molesto conmigo.
Suspiró, porque claramente Naruto solo podía estar preocupado por su opinión o la de Sasuke, y le dedicó una suave risa. Naruto alzó la mirada, medio-sorprendido, medio-disgustado.
−¡No es gracioso, Sakura-chan!−se quejó.
−¿Y cuál es esa herejía que has cometido para que Sasuke-kun te odie?−se inclinó ligeramente hacia él. Y tuvo intenciones de continuar pero…
−¡Dejé al imbécil de Deidara escapar!−Naruto estalló, pasándose la mano por el rostro frustrado. −¡Era perfecto! Deidara es muy sugestionable, podríamos haberlo convencido de lo que sea, 'ttebayo. Era nuestro boleto directo a la guarida inmunda esa suya. Y yo… Y yo… ¡dije que se fuese! No volveremos a encontrarlo solo y…
Sakura rodó los ojos. Naruto estaba demasiado exaltado.
−Sin embargo él me ha dicho que te quiere mucho.
La miró. Ojos muy abiertos. Ella le sostuvo la mirada. Cejas alzadas.
Naruto estalló en risas.
−¡Sakura-chan!−le golpeó el hombro con relativa suavidad, y siguió riendo escandaloso por unos cuántos segundos. Sakura le imitó automáticamente. −¡Soy despistado, pero no estúpido!
La pelirrosada se echó en el suelo, acomodando su nuca sobre las piernas del Uzumaki, que se sentaba con ambas cruzadas. El volumen de las risas fue disminuyendo.
−Sé que el Teme no te lo ha dicho−reiteró, mirándola desde arriba con adoración. –Mentirosa.
−Que no me lo haya dicho no significa que no lo haga,− Sakura arqueó ambas cejas− ¿no te parece?
Entonces Uzumaki cerró ambos ojos, soltando un suspiro. Cuando los abrió volvió a mirarla con dulzura, con cariño. Le acarició el rosado cabello.
−Sé que el Teme me aprecia−hizo una pausa. –Es decir, ¿quién no?−Sakura le pellizcó la pantorrilla. −¡Auch! Vamos, Sakura-chan, sólo era un chiste.
−Sólo ha sido un pellizquito.
Burdamente Naruto le sacó la lengua.
−Como decía, sé que el Teme me aprecia−musitó. −Nos aprecia, Sakura-chan. Sin embargo lo he notado algo distante.
Sakura le miró por unos segundos, con sorna. Él comprendió al instante.
−¡Cuándo el Teme no ha sido distante, ¿cierto?!−volvió a reírse, y Sakura tuvo la impresión de que el sonido de su risa era maravilloso. –Lo que yo decía es que está peor de lo común, 'ttebayo.
−Nada sucede con Sasuke-kun, Naruto.
Su silencio la abrumó. ¿Qué podía haber notado él en Sasuke que ella no? El Uchiha se comportaba igual, no había nada distinto. Y sin embargo Naruto, que era su mejor amigo, podía verlo. ¿Por qué ella no? ¿Qué era eso que Naruto captaba? Inconscientemente frunció el ceño. ¿Habría realmente algo? ¿O era Naruto que no podía con la culpa? El rubio enredó sus dedos en su corto cabello.
−¿Eso crees, Sakura-chan?
−Sí−susurró.
−Tal vez yo lo esté imaginando.
Entonces los ojos de Naruto se perdieron en el horizonte, y Sakura le miró anonadada desde abajo. Creyó verlo nostálgico, y algo triste. Los cambios de humor de Naruto le asustaban. ¿Qué era eso que veía en el cielo? ¿Por qué la angustia lo invadía? Le tocó el rostro con suavidad, en una caricia, y él retuvo su mano sobre su mejilla con vehemencia.
−Tal vez yo esté frustrado, por haberlo dejado ir, 'ttebayo.
−¿Qué tiene Deidara?−Sakura tragó lentamente saliva. –Es decir, sólo podría habernos sido útil para saber donde se esconden, si es que estaba dispuesto a colaborar.
Él miró hacia abajo con dulzura.
−Para quebrar la organización, se necesita desaparecer a sus miembros, Sakura-chan.
−¿Te refieres a encarcelarlos en Konoha?−inquirió ella.
−O matarlos.
No sonreía, mas no había dolor en su mirada. No había una pizca de pasión en sus palabras y sin embargo Sakura podía jurarlas verdaderas, porque Naruto estaba convencido de lo que decía.
Se esforzó mucho en esconder la sorpresa, el terror que repentinamente la embargaba. No quiso. Simplemente no quiso considerar la idea. Miró al rubio en silencio. La expresión de él era inescrutable, por primera vez Naruto era ilegible. No había absolutamente nada.
−¿Los matarías?−no sonó como una pregunta.
El corazón se le aceleraba.
Naruto no respondió. Dejó caer la pálida mano de Sakura de su mejilla, y se rascó con calma la mandíbula, como si lo considerase, como si no lo hiciese. Su mirada perdida en algún punto lejano. Por primera vez, inexplicablemente, Sakura temió de Naruto. Temió de lo que Naruto era capaz de hacer, de lo sencillo que sería para él si lo deseaba ir por Sasori.
−La justicia es lo que debe motivar a un shinobi. ¿No te parece, Sakura-chan?− al pronunciarlo no la miró.
−Sin embargo… la muerte no es justicia.
−Ojo por ojo,−Naruto se encogió de hombros− diente por diente.
Entonces algo en el corazón de Sakura se quebró. Porque momentáneamente tuvo la impresión de que aquella persona virtuosa a la que valoraba, de que él que defendía incansablemente sus ideales y hacía que lo admirara, insinuaba algo espantoso e inhumano. Y tragó saliva con el triple de dificultad. Por un instante se le ocurrió que tal vez Naruto no era tan diferente. Y siguió mirándolo consternada. Hablaba en serio. Naruto de verdad lo consideraba justo. Incrédula pestañeó. Creyó que el auténtico Naruto se negaría, sin embargo…
−¿Y si hubiese algo de inocencia? ¿Los matarías?
Necesitaba saber que no pensaba así, que les daría una oportunidad. ¿Cómo juzgar los errores de alguien y condenarlo a muerte? ¿Cómo… quitar una vida? Si la idea de asesinar a un desconocido le resultaba inconcebible, no era necesario imaginar lo que sentía ante la posibilidad de Naruto matando a algún Akatsuki. Sólo imaginar el cuerpo inerte de Deidara le erizaba la piel.
−¿Bromeas, Sakura-chan?−el rubio frunció el ceño. −Inocencia, ¿dices?
−En un caso hipotético−susurró, insistente.−¿Qué tal si alguno fuese inocente? ¿Aún así… lo harías?
La respuesta estaba ahí. Inexplícita. Justo en su negra pupila.
−No hay inocentes. Los nombres de todos están en el Bingo.
−¡El libro puede estar mal! Tal vez escribieron sus nombres por el simple hecho de pertenecer a Akatsuki…
−Entonces no es necesario que te responda, Sakura-chan.
La interrupción de Naruto le quitó el aire. Él siempre oía lo que tenía que decir atentamente, pero parecía completamente indignado ante el intento de ella por defenderlos, como si aquel juicio ya hubiese sido hecho en su mente y ellos ya fuesen culpables.
−Pertenecen a Akatsuki−le recordó. −Y eso los convierte en asesinos.
Tal vez sí, tal vez no. Sakura se mordisqueó el labio inferior.
−Cualquiera es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
−Sin embargo es de conocimiento común que Akatsuki ha torturado a grandes del mundo shinobi.
No supo qué responder.
−Intentas defender… lo indefendible, Sakura-chan−le medio-sonrió. −No piensas realmente que los miembros de Akatsuki merezcan una segunda oportunidad ¿verdad?
Sakura tembló.
−No.
La mentira le dolió en el alma.
Para ella, Sasori era inocente. Para ella, Sasori era intocable. Para ella, Sasori no era un asesino. Tampoco un enemigo. Tampoco un traidor. Pero sucede que Sakura no deseaba ver la realidad. Simplemente no podía juzgarlos, no con tanto afecto de por medio.
Después de la conversación, no podía conseguir que el asunto abandonase su mente. La declaración del rubio le erizaba la piel, y la posibilidad de alguno de sus amigos muertos la hacía temblar. Supo desde el comienzo que no sabría manejar un enfrentamiento, que su lealtad estaba de ambos lados y sin embargo pertenecía sólo a uno, pero no pensó jamás en lidiar con algo de esa magnitud. Él hablaba repentinamente de una vida como lo más banal jamás habido; temió que de verdad pensase así. ¿Qué podía hacer? No podía simplemente aceptar que se lastimasen, que tuviesen una verdadera disputa; no estaba preparada para ello, pero ¿cómo evitar lo inminente?
Mientras caminaban devuelta, Naruto la miró.
−Sé lo que te preocupa−soltó.
Y automáticamente ella arqueó ambas cejas, incitándolo a continuar.
−¿Debería serte sincero?−Naruto le sonrió con suavidad. –Yo no estoy preparado para asesinar a nadie, Sakura-chan.
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Mientras caminaban por el pasillo, Sasori se mantuvo callado. Se sentía curiosamente tenso. No le gustaba replicar a las incitaciones de Hidan, pero había tenido tantos deseos de golpearlo segundos atrás. Tronó los dedos de su diestra con la ayuda de su mano opuesta. El sonido hizo que Deidara se encogiera. Sasori le oyó aclararse la garganta, mirándolo de reojo cautelosamente. Entonces lo recordó. Se encogía justo como lo había hecho ante cada una de las miradas de Itachi.
−¿Qué es lo que sucede entre Itachi y tú?−inquirió, perspicaz.
−¿Estás celoso, danna?−automáticamente, buscando algo de gracia al asunto, el rubio se echó a reír.
−Tsk. Mocoso.
Su risa nerviosa solo le hizo corroborar que algo sucedía.
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¿Reviews?
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¡Hola! Finalmente, y después de una larga espera, he aquí el capítulo 19.
Me tomó más tiempo del que creí redactarlo, de hecho tuve unos cuántos problemas con la inspiración a pesar de haber tenido la idea básica desde el comienzo, pero estoy sumamente conforme con el resultado. En un principio, la escena de Naruto y Sakura no pertenecía a este capítulo, pero me pareció oportuno incluirla así que simplemente lo hice.
De verdad espero que les guste.
Sin mucho más que decir, me retiro.
¡GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL!
Ki: Comprendo perfectamente el asunto de la falta de tiempo, ¡estoy atravesando la misma situación! Me alegra que a pesar de todo te tomes algo de tiempo para seguir el fic. Tengo que confesarte que mi Deidara no es tan suspicaz como el del capítulo anterior pero, hombre, ¡Itachi es casi transparente con estas cosas! Como pertenezco a ese 10% que ve a Itachi como el ser más bueno del mundo, no pude evitar imaginármelo entrometiéndose sólo para cuidar de Sasuke, así que tal como siempre lo vi decidí adherirlo a este fic. Espero que el capítulo te guste. ¡Cuidate!
