Todo por ti
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Sospechas
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Los suspiros agotados que escapaban de los labios del residente de la tercera habitación del largo pasillo de la guarida de Akatsuki se colaban por debajo de la puerta, haciendo un espantoso eco en el resto de las habitaciones -particularmente la que se encontraba al frente- y el mismo pasillo. Deidara no tenía sencillamente una vaga idea de qué hacer. Nada. Se encontraba confundido y abrumado, y el factor desesperación sólo le jugaba en contra. ¿Por qué es que había sido tan estúpido como para dejarse amenazar por Itachi? Desde el momento en el que el Uchiha marcó un límite de tiempo para que le sacara la idea delirante a Sasori de acercarse a Konoha, se desvelaba buscando una solución, una forma de convencerlo y sonar convincente, una manera eficaz de conseguir que Sasori estuviese de acuerdo. Pero era imposible. Y su histeria por encontrar un remedio para lo irremediable sólo lo empeoraba todo. Se echó con frustración el cabello hacia atrás. Si tan solo fuese capaz de encontrar una manera…
−Pero no la hay−susurró para sí, apoyando ambos codos sobre sus rodillas y enterrando el rostro entre sus manos. ¿Cómo salvaría a Sasori de lo único que parecía hacerle feliz? Sonaba ridículamente ilógico y así lo era, y no podía dejar de pensarlo. ¿Por qué razón podría él, apreciándolo tanto como lo hacía, querer alejarlo de la kunoichi de cabello rosado?
Sasori no lo admitiría, no lo había hecho hasta entonces y no lo haría jamás, pero el cambio era casi evidente para Deidara que lo observaba todo desde afuera. Como si por primera vez en años algo le interesase –y Deidara sospechaba que así era, que era la primera vez en años que sucedía- Sasori parecía haberse empeñado en verla; era constante y absurdamente puntual con los horarios de salida, y desaparecía y no volvía, y lo hacía sólo por ella. Pensar que Sasori estaba enamorado era una de las cuántas cosas que se había prohibido por temor a llevarse una desilusión, pero con cada día estaba un poquito más seguro. (−Soy despistado, pero no tanto. Ella te gusta, danna−) La idea le hacía sumamente feliz. Pero el problema con el que cargaba no hacía más que disipar la emoción que le generaba la posibilidad de que Sasori hubiera encontrado lo que tanto buscaba, la felicidad que merecía y había perdido, la que le correspondía y tanto añoraba.
(−¿Qué es lo que sucede entre Itachi y tú?−)
La pregunta seguía repitiéndose en su cabeza. No había sido capaz de decirle entonces y no fue capaz de hacerlo posteriormente, así que Sasori lo ignoraba todo. No estaba seguro de si aquello era bueno o malo. El asunto es que no encontraba las palabras para hacerle saber que Itachi lo sabía todo y que le había obligado a alejarlo de Konoha; el asunto es que cuando le daba vueltas al asunto a veces sentía un frío sudor resbalar por su nuca ante la posibilidad, pequeña, sumamente pequeña, de que Sakura no estuviese particularmente involucrada con las visitas de Sasori a la Hoja, o sí, y no de la manera en la que esperaba. Sasori no era capaz de traicionarlos ¿verdad? No a él, ¿verdad? A veces la duda le atravesaba la mente y la incertidumbre volvía a perturbarle el sueño.
El sonido tétrico de una puerta siendo abierta en el pasillo hizo que diera un salto, incorporándose al instante. Los últimos días sucedía seguido; tenía la impresión de que Itachi entraría a su habitación y le diría que el trabajo ya estaba hecho, que él mismo había conversado con Sasori. La idea le resultaba espantosa. ¡Él, su alumno y la única persona que le apreciaba, debía decírselo! Itachi, con su intimidante capacidad para manipular, sólo intentaría convencerlo de que lo mejor para ambos era que dejara de visitar a la kunoichi de Konoha, de que se alejara; y Sasori era astuto pero a veces tan ridículamente imbécil que seguiría las palabras del Uchiha al pie de la letra, y probablemente no volvería a verla. ¡No podía permitirlo! Apretó la mandíbula con la ira contenida. Nadie podía prohibirle a Sasori ver a Sakura, por más riesgos que aquello representase, esa era su opinión. Sin embargo… ¡debía advertirle! ¡debía hacerle saber que algunos sospechaban de sus desapariciones, de él! Bufó, inquieto, acercándose a la puerta casi temeroso, enredando las manos en el largo cabello. ¡Su cabeza era un desastre, una densa mezcla de ideas contradictorias que le aterrorizaban! ¿Qué debía hacer?
Ubicó la mano sobre el picaporte con cautela, sigiloso, y abriendo la puerta lentamente asomó la cabeza. Hizo ademan de mirar hacia la derecha, hacia el lado del pasillo que llevaba al común, pero no encontró nada excepto la abrumadora sombra del fuego sobre el suelo. Giró lentamente el cuello hacia el otro lado, y en la mitad del camino notó que la puerta que se encontraba frente a la suya estaba abierta, y la silueta de Sasori se erguía quieta frente él. Enderezándose intentó disimular la actitud sospechosa, pero supuso que Sasori ya se había percatado de todo, del hecho de que estaba espiando a alguien y de que en realidad no quería ser visto. Le miró fijamente por unos cuántos segundos, segundos en los que le corazón de Deidara amenazó con escaparse.
−¿Te sucede algo?−Sasori arqueó ambas cejas, avanzando misteriosamente hacia él. El rubio carraspeó. ¿Era ese el momento adecuado para decírselo?
−Nada en particular−mintió.
Mentirle a Sasori era ciertamente absurdo, Deidara lo sabía pero deseó apostar a su suerte ya que los últimos días había funcionado. Sasori no había vuelto a preguntar luego de que le mintiera sobre el asunto de Itachi y él estaba sumamente agradecido; sin embargo, sabía que una parte de él sospechaba, sabía que lo suponía y sabía que en la lengua se le enredaban todas las inquisiciones que deseaba hacer. Era una fortuna que no sucumbiera ante el deseo de preguntarle…
Sasori cerró lentamente la puerta de su habitación, mirándolo fijamente, sin permitirle indagar en sus pensamientos, algo como una invitación a decirle una mentira más antes de que le sacase la verdad de un golpe en el estómago. Deidara tragó saliva lentamente.
−Sin embargo luces particularmente preocupado.
−N-no te preocupes, hum−se pasó los dedos por la rubia cabellera, huyendo deliberadamente de la profunda mirada de Sasori que hacía que el corazón le latiese espantado. Ocultarle cosas a Sasori no era una de las cuántas habilidades de las que alardeaba y era de hecho una de las cosas que peor se le daba; se sentía acorralado bajo su mirada. Lo peor de todo es que no podía escapar sin ser evidente.
Sasori le miró lánguidamente por unos cuántos segundos.
−De acuerdo−suspiró finalmente, resignado. Para Deidara aquellas fueron las palabras más aliviadoras del mundo. Dejó escapar lentamente el aire que había conservado en el pecho.
Entonces el pelirrojo comenzó a caminar, dando media vuelta sobre sus talones y dirigiéndose hacia la salida sin pronunciar una sola palabra más y con toda la naturalidad del mundo. Caminaba relajado, como si particularmente nada fuese de su importancia, y se alejaba lentamente. Alzó su diestra con ligereza y pronunció a forma de despedida un vago: −Nos vemos. Deidara se puso histérico.
−¡S-sasori no danna!−le gritó, desesperado por detenerlo.
El pelirrrojo lo miró por sobre su hombro izquierdo, arqueando sutilmente una ceja. Deidara no tuvo idea de qué decir. No podía dejar pasar aquella oportunidad, ¡simplemente no podía hacerlo! Era el momento indicado para conversar con Sasori, no podía dejar que se marchara por nada del mundo. Carraspeó.
−¿Si?
Y Deidara pudo reconocer ese brillo divertido en sus ojos; entrecerró los suyos con desconfianza. Tenía la impresión de que Sasori siempre supo que lo detendría…
−¡N-no te vayas!−le pidió, dando uno o dos pasos en su dirección.
Su maestro sonrió y sus sospechas fueron confirmadas.
−¿Vas a decirme?−tenía las cejas arqueadas y una casi imperceptible curva sobre los labios que Deidara se atrevía a llamar sonrisa cuando de Sasori se trataba; claramente era feliz dominando la situación. Deidara volvió a sentirse como un estúpido manipulable por todo el mundo, particularmente por su compañero.
−Hay algo que…
−¿Si?−giró completamente hacia él, incitándolo a continuar; el rubio estaba sencillamente espantado. Había reunido el coraje suficiente para gritarle, pero aún no estaba muy convencido de lo que quería decirle y la sangre le corría por las venas apresurada y Sasori tenía esa mirada sagaz que hacía que deseara meterse devuelta en su habitación y esconderse entre las sabanas, con la cabeza cubierta por una almohada. Era sencillo inferir que no había nada ameno en la situación que le hiciese sencilla la tarea de comunicarle todo lo que venía callando. Sasori intentó darle tiempo. −No soy tu enemigo, Deidara−le dijo, acercándose con cautela; Deidara sintió una gota de sudor resbalar por su nuca. –Y sé que hay algo que te preocupa que no quieres decirme.
Completamente acertado. Deidara se pasó la palma de la mano por el cuello, intentando relajarse, sintiendo que repentinamente las manos también le sudaban. Se sentía demasiado presionado. Por Sasori, por Itachi, por todos.
−También sé que el nombre de Itachi encaja en esta historia, mas no se me ocurre dónde−hizo una pausa. –Apreciaría mucho que me ayudaras a unir las piezas.
Tenía una mirada extraña. Sasori lo miraba como si temiese asustarlo, demasiado concentrado en su intento por inspirarle la confianza suficiente para hablar. Deidara no pudo evitar pensar que probablemente Sasori estuviese mucho más preocupado de lo que debía estar, pero también se le ocurrió que tal vez sólo sentía curiosidad y necesitaba saciarla pronto. Fuera cual fuera el caso, parecía que ya no podía huir de aquella conversación. Suspiró con frustración ante la sagacidad de su maestro y se preparó para hablar, doblando las largas mangas de la capa de Akatsuki.
−Verás, danna…−comenzó, incapaz de mirarlo, dando vuelta la manga derecha. −Tú…Yo… Bueno, nosotros…
El mayor se revolvió el cabello. Hacer hablar a Deidara sería mucho más complicado de lo que creía. ¿Qué era aquello que le ocultaba con tanto fervor? Entrecerró los ojos, incitándolo a continuar.
−Nosotros dos…
−¿Si, Deidara?−claramente no era él el Akatsuki más paciente, pero creía haber comenzado a desarrollar aquella virtud después de compartir tanto tiempo con Deidara. Se confundió. Mantuvo ambas cejas arqueadas y los ojos fijos sobre los azules del rubio.
¿Ellos dos qué?
−T-te gusta Konoha-chan, ¿verdad?
Su inquisición no hizo más que robarle una suave risa.
−¿Konoha-chan?
Deidara asintió fervientemente, acercándose un poco a él, con esa expresión tan segura suya y una impresionante determinación. Se pasó las manos por el tenso cuello y lo miró de soslayo.
¿Qué le hacía creer eso?
−Esa es la razón por la que te vas tan seguido ¿verdad?−le preguntó el rubio, alargando momentáneamente una mano hacia él y escondiéndola al instante, arrepintiéndose. −Estás pasando tiempo con ella… ¿no es así?
−No hay nada en particular que deba decirte.
−Escúchame−entonces Deidara le empujó con ambas palmas, haciendo su espalda chocar contra la pared. Por una fracción de segundo, Sasori pareció sorprendido; su cuerpo adolorido. ¿Lo había Deidara empujado? –Somos amigos.
−Lo somos−susurró frunciendo el ceño.
−No hay nada que debas ocultarme, Sasori. Sólo dímelo.
La situación se le antojó ridícula, descabellada, por lo que siguió mirando a su compañero seria y largamente, tenaz, como si buscase en su mirada los motivos por lo que se comportaba así. Deidara luchaba simultáneamente contra su propia histeria.
−¿Qué crees que oculto?−le preguntó calmo.
Las manos de Deidara sobre su anatomía ejercieron un poco más de fuerza, aprisionándolo; Sasori no se inmutó en lo absoluto.
−T-tú… no serías capaz de entregarnos a los shinobi de Konoha, ¿verdad?−el corazón le latía desbocado, asustado− Incluso cuando ella te agrada, tú no…
Entonces eso era lo que sucedía.
−¿Crees que los traicionaría?
El pelirrojo rodeó las muñecas de Deidara con sus manos, ejerciendo sólo la fuerza necesaria para intimidarlo mientras se percataba de que la sangre pasaba apresurada por ese sitio.
−Sasori no danna…−apretó un poco más.
−¿Crees que lo haría?
−No.
−¿Entonces por qué lo preguntas?
−Sólo he estado… preocupado−suspiró finalmente.
Deidara dejó caer ambas manos, disminuyendo la presión en sus hombros y desviando la mirada, avergonzado; Sasori dejó sus muñecas libres y alisó con disimulo las prendas que llevaba puestas, corroborando que Deidara no hubiese arrugado nada con su reciente episodio violento. Sin darle tiempo a meditar lo sucedido, Sasori continuó:
−¿Por qué?
−Itachi dijo que…
−¿Itachi insinuó que estaba considerando traicionarlos?−lo interrumpió, un tanto molesto pero no lo suficiente. Hubiera esperado un comentario semejante de Hidan, no de Uchiha; aquel hecho le llamó la atención. ¿En qué se basaba Itachi para pensar aquello? Debía tener pruebas muy concretas para acusarlo, claramente, pero no pudo evitar preguntarse cuáles eran esas grandes coartadas.
−No−Deidara negó lentamente con la cabeza. −Itachi dijo que quería que te alejaras de Konoha, por temor a que los demás sospechasen que ibas a traicionarnos, aliándote con ellos. Creo… creo que Itachi teme que el jefe quiera atacar Konoha.
Sasori sonrió con desconfianza.
−Entonces no es Itachi quien duda de mí. Sino tú.
−¡No seas estúpido!−le reclamó, intentando burdamente golpearlo, sin éxito− Yo sólo… estoy muy confundido. La posibilidad estaba ahí, justo en sus palabras. Es lo más natural que lo considerase sólo un poco, no me juzgues… los demás también lo harían−se encogió de hombros; Sasori estuvo a punto de discutir y decirle que su trato con él era claramente diferente al que tenía con los demás, pero no deseaba que Deidara se buscase alguna excusa absurda, así que desistió. El rubio lo miró: −Yo sé que no nos traicionarías, danna. Siempre lo supe−enfatizó.
−Te agradezco la confianza− la risa de su acompañante lo interrumpió al instante. Se sonrió, y Deidara volvió a sentir el cariño de Sasori por él, su mejor amigo, su único amigo, palpable.
Le dio un suave golpe con los nudillos en el hombro, particularmente cariñoso, y el pelirrojo detuvo los múltiples intentos posteriores con desinterés, devolviendo uno o dos. Intentó revolverle el cabello y entonces Sasori haló de su rubio cabello, obligándolo a detenerse. Siguió riéndose a pesar del dolor. A Sasori se el antojó divertido. ¿Qué era aquello que hacía que Deidara encontrara todo tan ameno? ¿Por qué es que siempre lucía alegre? Suspiró, preguntándose si existiría en el mundo alguien igual… Y el rostro del tal Naruto atravesó su mente. Tal vez él.
−Temo por Konoha−le dijo repentinamente. −Temo que Itachi esté en lo cierto.
−¿Temes que deba alejarme de Sakura?
Una risa torpe abandonó los labios del rubio, obligando a Sasori a fruncir el ceño. ¿De qué se reía? Lo miró con curiosidad mal disimulada y notó que Deidara avanzaba inocentemente por el pasillo en dirección a la salida a la que él se había dirigido minutos atrás.
−Temo−enfatizó con cuidado− que sospechen que quieres entregarnos; que los demás verdaderamente duden de ti. Algunos lo hacen−Deidara se encogió de hombros. −No estaba seguro de cómo decírtelo…
A Sasori le pareció que saberlo antes hubiera sido una gran ventaja; estaba casi convencido de que podría haber manipulado convenientemente a Kakuzu, a Kisame, a Hidan y a Itachi la mañana anterior de haberlo sabido, para que creyesen que él era absolutamente incapaz de traicionarlos o algo semejante. Se lamentó la dificultad que tenía Deidara para comunicar cosas verdaderamente importantes; era curioso pensar que podía hablar tantas estupideces a menudo y que no pudiese soltar en una sola oración algo de verdadera relevancia. Suspiró. Él podía convencerlos de que no tenía intenciones de entregarlos. Sin embargo… ¿convencerlos con hechos, alejándose? ¿actuar como si él y la kunoichi de Konoha no tuviesen relación? Le pareció sencillamente improbable. No quería alejarse. Como si aquello no fuera suficiente, sospechaba que si él aceptaba tener una estrecha relación amistosa con ella los demás intentarían utilizarlo para llegar a Konoha, y la idea tampoco le resultaba agradable. Su relación con Sakura debía estar por afuera de todo, de todos; algo que todo el mundo debía ignorar, excepto ellos, y era imposible.
Deidara le hizo un pequeño gesto con la cabeza, invitándolo a acompañarle fuera, y Sasori no dudó ni un segundo, con la información recién adquirida atormentándolo y un mal presentimiento en la cabeza.
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−Teme.
El viento corrió en la misma dirección que su voz. Naruto tenía una suave sonrisa sobre los labios. Lucía relajado y calmo, como si nada le perturbase, y llevaba su chaqueta atada entorno a la cintura. A Sasuke le pareció curioso. La noche estaba particularmente fría y Naruto lucía especialmente fresco. Pensó en decirle algo referente a pescar un resfriado, pero se le ocurrió que Naruto se quejaría, así que desistió de eso. Alzó ligeramente el mentón a modo de saludo y se mantuvo quieto, con los ojos fijos en el estrellado cielo mientras el rubio avanzaba lánguida y lentamente hacia él. No hizo falta que lo mirara para saber que se acercaba tan lentamente por temor a que no lo recibiera, a que su compañía no fuese deseada; así que soltando un suspiro le hizo un corto gesto con la mano para que se apresurase y dejase de comportarse como un estúpido. Lo miró de reojo y notó que el rubio sonreía encantado. Hacer feliz a Naruto era la cuestión más sencilla del mundo; no pudo evitar pensarlo. Desvió la mirada antes de hacer algo de lo que podía arrepentirse: sonreírle.
−¿Cómo estás?−Naruto se sentaba a su lado con agilidad, mirándolo con complicidad y casi admiración. Se preguntó con el ceño algo fruncido por qué lo miraría tanto.
−¿Por qué te importa?
El rubio le sonrió con picardía, rascándose tímidamente la nuca, y Sasuke supo que estaba a sólo segundos de decir algo que no deseaba oír, una de esas cosas tan ridículamente empalagosas que Uzumaki soltaba usualmente a su lado. Suspiró adelantándosele.
−Bueno, todo lo que les sucede a ti y a Sakura-chan me importa−le dijo. Sasuke se percató de que a pesar de sus intenciones de ignorarlo, a pesar de que jamás fuese a contestarle, Naruto guardaba muchos deseos de hablar con él y lo haría; bufó disgustado, el rubio siempre frustraba sus intentos de aislarse del mundo, ya sea para pensar o lo que fuese. ¿Cómo es que siempre lo encontraba? No importaba qué tan lejos fuera, Naruto siempre lo encontraba. –Me preguntaba si estabas molesto, Teme.
Sasuke se preguntó por qué debía estar molesto en silencio. Es cierto que usualmente aparentaba estarlo pero creía no haber hecho recientemente nada que le diese al rubio aquella impresión. Decidió ignorarlo. Hasta donde recordaba, sólo estaba molesto porque Neji había ocupado el área del bosque en la que él siempre entrenaba y se había prácticamente adueñado de ella desde la madrugada hasta el atardecer. Claramente no dejó que Neji le obligase a disminuir sus horas de entrenamiento, optó por hacerlo en un campo de entrenamiento libre, pero el asunto es que fue mucho más molesto de lo que creyó que sería. Estaba tan cerca del lugar donde el equipo de Asuma entrenaba que creyó sentir la mirada de Ino en su nuca, espalda y posteriormente trasero por horas. Estaba casi convencido de que los minutos que pasaron Shikamaru y Asuma tratando de enseñarle a Ino esa estúpida técnica no fueron más que una perdida de tiempo; Sakura hubiera aprendido eso en la mitad del tiempo requerido por Ino, incluso una Ino concentrada que no tuviese la mirada fija en cada uno de sus movimientos… Sólo cuando Ino lo incomodaba demasiado, pensó en Sakura, no estaba mal que lo admitiese. Y no sólo pensó en su desarrollo como kunoichi ni en que era mejor que Ino, sino en aquel asunto que llevaba un par de semanas perturbándolo. Había algo diferente en Sakura que no dejaba de atravesar su mente; había un par de situaciones inconclusas que no podía olvidar…
Naruto le golpeó el hombro.
−¡Sabía que lo estabas!−exclamó histérico. –Por favor, ¡perdóname, Teme! No quise hacerlo, sé que me comporté como un inútil pero creí que… ¡yo creí que era lo mejor, 'ttebayo!
Uzumaki se llevó ambas manos a la cabeza, insultando su propio actuar histérico y pidiendo disculpas desesperadas cada dos palabras. Sasuke lo observaba de soslayo, confuso, mientras notaba cómo el pequeño demonio rubio se arrancaba uno que otro cabello entre gritos. ¿A qué se refería? Se pasó una mano por el cabello azabache, frunciendo un poquito más el ceño y girándose en su dirección; Naruto no paraba de mascullar estupideces.
−¡Prometo que la próxima vez no será así, Teme! Tendremos una próxima oportunidad, ¡te lo juro! Y no la desperdiciaré, 'ttebayo.
Mientras más hablaba menos comprendía. Sasuke desvió la mirada, ya no muy interesado en las disculpas. No le apetecía confesar que no tenía idea de la razón por la que debía estar molesto (aquello era muy típico de Naruto, no comprender) así que optó por fingir que lo estaba y ya, o aceptar que el enojo ya se había esfumado y que a Naruto sólo le restaba enmendarlo durante aquella "próxima oportunidad". Volvió a fijar sus ojos en el cielo.
−¡No te molestes más, Teme!−le gritó, empujándolo con su diestra. –Sé que me he equivocado, ¡pero creo haber tomado la mejor decisión para el equipo, 'ttebayo! ¡Sólo quería que todos regresásemos a salvo!
−¿Cuál fue… esa gran decisión que tomaste, Dobe?−inquirió sin siquiera mirarlo. Por supuesto, Sakura hubiera notado de estar presente que no tenía ni la más mínima idea de lo que había sucedido y que en realidad sólo intentaba descubrirlo, pero estaba seguro de que el rubio pensaría que su pregunta iba hacia otro lugar, que bien la hacía porque no estaba de acuerdo con que esa decisión había sido la correcta u otra cosa.
−¡Traernos devuelta, Teme!−le gritó inclinándose hacia él. −¡Quedarnos era suicidio! A pesar de haber luchado con Sakura-chan… ¡el piromaníaco ese lucía descomunalmente fuerte! Parecía lastimado, sí, ¡pero nos estaba provocando! Eso de que no le restaba chakra era una mentira, no podíamos…
Entonces Sasuke lo recordó. Se refería a Deidara, el compañero de su hermano, el Akatsuki. Recordó instantáneamente lo molestó que se sintió en el momento en el que Naruto lo tomó por el hombro, deteniéndolo, prohibiéndole ir hacia su enemigo y matarlo, como debía ser. Recordó esa situación casi absurda en la que Naruto intentaba hacerlo entrar en razón mientras él perdía los estribos. Había prácticamente olvidado que estuvieron tan cerca.
−Deidara sí estaba herido−susurró repentinamente, llamando la atención de Naruto y obligándolo a callar. Por una fracción de segundo, el rubio lo miró con avergonzados ojos azules. –Y estaba exhausto, pero no tenía intenciones de dárnoslo a saber.
−Teme…
−Podría haber funcionado. Verdaderamente podríamos haberlo matado, ¡diablos!−se sentía molesto, pero no lo suficiente, Naruto pudo deducirlo. Se preguntó por qué.
−Nosotros no estábamos en mejores condiciones, Teme−le recordó suavemente, casi asustado de que su comentario despertase la ira restante y Sasuke le golpease o algo por el estilo. Pero no sucedió. Sasuke suspiró, echándose en el césped como si hubiese perdido todo el interés. –La próxima vez no interferiré−Uzumaki suspiró, echándose con alivio, como si se hubiese quitado un gran peso de encima. Sasuke notó que sonreía.
−Eso espero, Dobe.
Y durante unos segundos ninguno dijo una sola palabra; Sasuke estaba encantado, el silencio de Naruto le hacía creer que afortunadamente ya no estaba y que dejaría de molestarlo hasta el día siguiente. De vez en cuando, notaba que Uzumaki lo miraba, dudoso, y que apretaba los labios para no decir algo que deseaba decir y que le estaba quemando la lengua. Se preguntó una o dos ocasiones en silencio qué sería aquello que deseaba decirle. ¿Estaría relacionado con Sakura? ¿Aludiría a aquello que él había notado la tarde en la que volvió a la aldea? Repentinamente sintió tantos deseos de hablar como Naruto. Intentó con vehemencia no mirarlo, evacuar el asunto de su mente y seguir ignorándolo, pero fue mucho más difícil de lo que creía. No era que estuviese de acuerdo con los rumores y que le encantase compartir sus sospechas sobre Sakura mintiendo o cosas semejantes con el mundo, sólo sucedía que deseaba saber si Naruto tenía la misma corazonada, si lo había notado. Era muy probable que sí.
Se preguntó cómo podría preguntarle sin sonar como un chismoso. Tal vez decirle que, según él, algo le sucedía a Sakura y que (...había mentido horrorosamente la tarde que llegó a la aldea y llevaba semanas comportándose muy extraño, razones por las que sospechaba que… ) estaba preocupado.
La idea era sencillamente pésima.
Si Naruto sabía algo, necesitaba que se lo dijese, juntos podrían unir las piezas del rompecabezas. Estaba casi seguro de que Naruto no acusaría a Sakura de mentirosa ni traidora, a pesar de que él lo estaba haciendo indirectamente, pero suponía que el rubio podría haber notado ese cambio, o tal vez algo más que a él le faltase para comprender. Durante la misión en la que pelearon con Akatsuki, intentó decírselo, advertirle que Sakura había mentido, porque tuvo la impresión de que había algo en su desaparición, las mentiras y demás que estaba asociado a Akatsuki, particularmente después de verla marcharse sola (fingiendo valentía que no tenía por estúpida) detrás de Deidara. Creyó que todo encajaba. Pero no sabía de qué manera. ¿La estarían extorsionando? ¿Sería aquella verdaderamente Sakura? No terminaba de comprender.
Miró a Naruto fijamente por unos segundos, girando el cuello hacia su izquierda. Naruto hizo automáticamente lo mismo. El cabo de unos segundos, y casi en el mismo instante, los dos se incorporaron:
−¡Dime lo que sabes de Sakura!
−¡Dime lo que sabes de Sakura-chan!
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¿Reviews?
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A pesar de haberme tomado mi tiempo (como para los últimos diez capítulos -.-) ¡Aquí está el capítulo 20!
Estoy sencillamente muy conforme con este capítulo, espero que a ustedes les agrade tanto como a mí. Siento que finalmente estoy comenzando a unir las piezas de los capítulos anteriores, cosas que cada personaje había "insinuado" pero que no se habían visto conclusas hasta este momento (y hablo particularmente por Sasuke que no ha tenido una sola escena importante hasta hoy).
Escribir este capítulo fue bastante sencillo una vez que me propuse terminarlo y dedicarle el tiempo que merecía; tengo la sospecha de que no me tomaré tanto tiempo para los próximos ya que estoy particularmente inspirada después de haber escrito éste. Ojalá así sea.
Lamento, una vez más, haberlos hecho esperar tanto.
¡GRACIAS POR LEER!
Ki: ¡Hola! Te agradezco mucho el que sigas la historia con tanto interés, de verdad estoy muy agradecida y feliz de que estés tan metida en ella. En el primer comentario que dejaste desde la actualización, dijiste que te había fascinado la escena de Naruto y Sakura, ¡me alegra que así haya sido! La escena de los Akatsuki del capítulo anterior es mi preferida de entre todas (?) resulta que siento que está mucho mejor redactada que las primeras. Tobi es de verdad genial. Prometo que Sasori y Sakura pronto tendrán una linda escena :3 Por otro lado, me alegra que finalmente tengas una cuenta, de ahora en adelante responderé por ahí. Espero no estés molesta por el tiempo que me ha tomado actualizar, con suerte no volverán a pasar meses sin que escriba. En fin, ¡nos leemos!
