Todo por ti

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Corazonada

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Las manos de Sasori se deslizaban lentamente por sus brazos, desde los hombros hacia sus codos y apenas rozándola con las yemas de sus dedos por sus antebrazos. Estaban frías. Sin embargo la sensación sobre su cuerpo, mucho más cálido a diferencia del de él, era agradable. Sakura suspiró, intentando disimular la velocidad con la que latía su corazón. Podía sentir la respiración de Sasori cerca de su oído, un poco más arriba, el latir de su pecho contra su espalda. Él exhaló lentamente.

−Deberías relajarte−automáticamente Sakura se cuestionó si verdaderamente era ella la única que se encontraba nerviosa; no tenía intenciones de objetar nada así que sólo asintió. Sí. Debía calmarse. −¿No crees que si estuvieran observándonos ya los habrías notado?−una risa se le escapó de entre los labios a Sasori. –Tus amigos no son la gran cosa.

Sakura frunció levemente el ceño.

−¿Eso crees?

"Tus amigos no son la gran cosa". Naruto y Sasuke. Sasuke y Naruto. Para ella lo eran. ¿Para quién no?

"−Yo me encargaré de él, Sakura-chan−"

"−Nos encargaremos de él, Dobe−"

"No son la gran cosa". Naruto. Sasuke. Sasuke. Naruto.

Le sorprendía que hablase así de ambos; después de todo, eran los mismos que lo habían dañado a un punto en el que escapar, sin su ayuda, hubiese sido imposible. Sin ser la gran cosa, habían estado a punto de matarlo. ¿Olvidaba Sasori tan rápido las cosas? ¿O es que deseaba olvidar que estuvo a punto de morir a manos de dos shinobi de Konoha? ¿Deseaba olvidar que le debía la vida a ella?... ¿O es que en realidad deseaba olvidar las circunstancias en las que todo había comenzado? Lo miró hacia su derecha, aún envuelta en sus brazos.

−Bueno…

−Me parece que estás siendo algo soberbio.

−Puedo retirarlo, si es lo que deseas.

Deseaba que lo retirara por el honor de ellos, a pesar de que jamás fueran a escucharlo decirlo. Sasori había literalmente caído frente a ellos, por lo menos una vez, ¿no debería tenerles un poco de respeto? Se le ocurrió que así de delirantes eran ellos, los Akatsuki. Demasiado orgullosos. Capaces de negarlo todo.

−Yo creo que Sasuke y Naruto podrían darte una paliza.

Sasori se rió. Discreto y bajo, pero lo hizo. Sakura volvió a fruncir el ceño. ¡Claro que podían darle una paliza! ¡Pero qué imbécil! ¿Qué más debían hacer aquellos dos para probárselo? ¿No había sido ya suficiente? ¿Quería intentarlo devuelta? Él se pasó una mano por el cabello, sonriendo ante su inocencia. Sakura arqueó ambas cejas.

−Supongo que sí, Sakura. Tal vez sí−echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el tronco del árbol detrás de su espalda. Los labios aún curvados.

−Es más posible de lo que crees. Después de todo, estuvieron ya a punto de hacerlo.

Sasori había estado esperando aquel comentario desde el comienzo de la conversación, no le sorprendió ni un poco. Naruto, el jinchuuriki, y Sasuke, el Uchiha. Los dos casi lo dejaron fuera de juego. Había sido una situación injusta, a su parecer, porque Sakura estaba haciendo el suelo temblar mientras peleaban y el otro poseedor del sharingan, Kakashi, estaba ahí para respaldarlos. Pero lo habían hecho. Con o sin ventajas, había sucedido. Se preguntó cuál habría sido la reacción del resto de la organización si su muerte hubiese sido entonces. ¿Habrían cobrado algún tipo de venganza? ¿A alguien, además de Deidara, le hubiera importado? ¿Quién ocuparía su lugar? ¿Pensarían que había muerto por imbécil o empezarían a temer a los de Konoha? Lo más probable era que la mayoría hubiese actuado como si su muerte hubiese sido cosa del destino. ¡Y qué equivocados habrían estado!

−No lo suficiente.

−¿Bromeas?−arqueó una ceja. ¡Ella misma lo había curado! ¿A quién trataba de engañar?

−Es parte de la habilidad de un ninja su suerte.

−¿Sí?−para Sakura la situación era irreal. ¿Cuán descarado debía ser para negar haber estado a punto del colapso?

−Lo es. Y que tú me hayas salvado, Sakura, es parte de mi suerte−su mirada se detuvo en ella, la miraba como si estuviera pensando en algo más, algo que no era en absoluto alusivo a la discusión; los labios se le curvaron y antes de que Haruno pudiera responder el rostro de él se acercaba lentamente al de ella.

Las mejillas de Sakura se tiñeron de un tenue escarlata.

No importaba cuánto intentara evitarlo, era incapaz de disimularlo, Sakura se sentía débil ante él. No incapaz de enfrentarlo, no menos fuerte, sino predecible y pequeña y tonta. Toda su voluntad, todo su enojo, se esfumaba cuando él se acercaba de aquella manera.

Daba igual, ¿no? La discusión acerca de las habilidades de sus compañeros podía aguardar, ¿no?

Los labios de Sasori rozaron lentamente los suyos. Sakura cerró sus ojos, anonadada. La sensación era maravillosa.

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El sonido de las agujas del reloj hacía un agudo eco en su mente. Tic, toc. Tic, toc. Tic, toc. Naruto se llevó ambas manos a la cabeza. ¿Qué más podía hacer? Mientras intentaba concentrarse en oír las voces detrás del otro lado de la puerta se mordisqueó los labios. Eso era todo. Acababan literalmente de encontrarse con el final del trayecto, el último punto de la ruta. ¿Cómo es que no lo había visto venir? No era posible que ellos hubiesen sido los únicos en notarlo, ¡debió haberlo sabido! ¡Debió haberla encubierto en lugar de haber estado actuando en su contra! ¿Cómo no notó que sólo estaba perjudicándola? El silencio en el pasillo fue repentinamente tan denso que el corazón se le encogió. Por un instante, las agujas dejaron de hacer aquel irritante ruido y lo único que generó un profundo eco fue el sonido de la puerta de la oficina de la oficina de la Hokage al abrirse.

De un salto se puso de pie.

−Lo comprendo, Hokage-sama−dijo Sasuke en el umbral de la puerta aún sin reparar en su presencia.

Al dar el Uchiha un paso fuera (Naruto mordisqueándose las uñas) y cerrarse la puerta (Naruto ahogando las preguntas en su garganta), todo dejó de ocurrir en cámara lenta.

Sasuke lo miró. Ni una palabra, como siempre. Para Naruto aquello significaba claramente que lo poco que Uchiha tenía para decir era malo, demasiado malo como para ser comentado. Los ojos se le llenaron de desilusión, el ceño se le frunció. ¿Y entonces qué? ¿Sólo la entregaban? En el lugar pataleó, dando un par de saltitos histéricos. No podía ordenar sus ideas.

−¿Q-qué te ha dicho, Teme?−le preguntó formulando la primera oración coherente. El nerviosismo aumentaba con cada palabra: −¿Qué sucede? ¿Ya lo sabe? N-no voy a ser yo quien la interrogue, ¡pero tampoco la dejaría en manos de Anko o Ibiki! Teme, ¿qué vamos a…?

−Cállate.

Lo tomo del brazo. Brusco, atrayéndolo y estampándole la diestra sobre los labios con histeria. Naruto abrió los ojos exageradamente. ¿Y ahora qué? Parpadeó. ¿Sasuke iba a pegarle sólo porque lo había irritado un poquito? ¡Él estaba casi tan nervioso como el Uchiha! ¡Tenía derechos! Casi lo arrastró fuera del edificio de la Hokage. Menos que una palabra, sólo miradas amenazadoras. Así era Sasuke. Lo siguió sin atreverse a entreabrir los labios por miedo a que volviera a enterrarle las uñas en las mejillas para mantenerlo callado. Sudaba. ¿Había sucedido algo malo? ¿Qué le pasaba al Teme? ¿Y por qué se lo preguntaba? ¡Claro que era malo! ¡Era tan obvio que no era necesario ni preguntárselo!

Él se encargaría, lo decidió mientras Sasuke lo arrastraba. Nadie le tocaría un solo pelo a Sakura mientras él existiera. Y le importaba poco la aldea y la vieja y todo el mundo, él la protegería de todos, de todo. Era su mejor amiga ¿no? No había nada que no fuese capaz de hacer por ella, muy a pesar de su secreto. Quiso saber qué hacía Sakura con ese asesino… (y es que sí, ya había suprimido la idea de que estaba poseída o algo semejante). ¿Eran amigos? ¿Desde cuándo? ¿Él la había convencido de ponerse de su parte? ¿O era ella quien lo estaba utilizando? ¿Quién utilizaba a quién? ¿Y él? ¿Y Sasuke? ¿Y Konoha? ¿Qué sucedía con todos ellos mientras tanto y qué parte de la mente de Sakura (adrede o no) los olvidaba?

Uchiha lo sentó con rudeza en una banca frente a la academia. Naruto estaba asustado por la tensión que había entre ambos y la rigidez con la que Sasuke había caminado camino ahí. Podía jurar que no había ni siquiera doblado un poquito las rodillas, los pasos eran largos y robóticos. ¿Qué le había dicho la vieja? Apretó los labios hasta que éstos formaron una línea recta, la mirada se le llenaba de angustia. ¿Cuán cruel podía ser Tsunade con su propia alumna? ¡¿Qué carajo le había dicho al Teme?!

Al sentarse a su lado, Sasuke suspiró.

Naruto lo miró atentamente tomarse el puente de la nariz entre los dedos.

−Nos iremos de misión. Tú y yo. O uno de los dos−le dijo.

¿Eso era todo?

−Ese debes ser tú, Naruto.

Una misión. El Teme. Él. O sólo él. ¿Por qué?

−¿Qué?−dio un salto automáticamente, poniéndose de pie casi como un resorte. −¿Una misión? ¿Yo? ¿Por qué? ¿Dónde?

−Tsunade-sama me llamó para informármelo, dentro de dos días nos marcharíamos con un escuadrón liderado por Shikamaru. Le pedí que buscase a alguien más, pero dijo que si yo no accedía a partir entonces deberías hacerlo. Uno de los dos está obligado a ir.

−¿Y por qué yo, Teme?−inquirió con desconfianza.

−Porque aún hay cosas que debemos resolver con Sakura. Y yo mismo voy a hacerlo.

−¿Eh? Estás loco si crees que voy a dejártela.

Cruzó los brazos por sobre su pecho, mirándolo desde arriba con desaprobación. ¿Marcharse? ¿Sasuke y Sakura solos? Ni en un millón de años. Le parecía desagradable que Sasuke hubiese tomado la misión como la oportunidad perfecta para sacárselo de encima y resolver el asunto con su compañera de la manera en la que la presencia de Naruto no le permitía. (Esa forma hosca y ruda que tan Sasuke Uchiha era).

−No quiero que lastimes a Sakura-chan. Y sé que mueres por interrogarla y decirle cosas horribles sólo para que te diga lo que quieres; ¡No voy a dejarte!

Uchiha apretó la mandíbula, poniéndose lentamente de pie y evitando obstinadamente su mirada al hacerlo. ¿A quién no iba a dejar hacer qué?

−No vas a decirme cómo solucionar algo que puedo solucionar fácilmente sin tu ayuda, Dobe.

−¿Ah sí?−Naruto inspiró profundamente y con el pecho lleno de aire dio un decidido paso hacia Sasuke, empujándolo hacia atrás por los hombros. −¿Y cómo vas a solucionarlo? ¿Diciéndole lo que crees de ella?−volvió a empujarlo− ¿Tratándola como a una traidora?

−No puede ofenderse si lo es.

Naruto sintió la sangre hervir. Enterró las uñas en las mismas palmas con las que había estado empujando a Sasuke y apretó los dientes, incrédulo. ¡La había llamado traidora! ¡Sakura-chan no era ninguna traidora! Y, pensase lo que pensase Sasuke, ¡él no era ningún imbécil por defenderla!

−¡Ella no es ninguna…!−lo tomó por la sudadera, el Uchiha lo interrumpió:

−¿Y quién lo dice, Dobe?

−¡Yo!

No pudo controlar el impulso. Golpeó el rostro del azabache con su propio puño, desesperado por callarlo, por evitar que siguiese hablando así de Sakura, de su mejor amiga. Lo hizo para no oír lo que no deseaba oír. Sasuke ni siquiera se esforzó en hacer que lo soltase, con el rostro ladeado en la dirección en la que Naruto lo había golpeado, escupió. El rubio enterró los dedos con más fuerza en su ropa, afirmando el agarre. Con la diestra Sasuke envolvíó su muñeca.

−¿Y cómo sabes tú que no lo es?

Por primera vez, Naruto no supo qué responder.

¿Y él como sabía? Más bien, ¿qué sabía? En realidad, ¿sabía?

La mano con la que sostenía a Sasuke comenzó a temblar hasta, lentamente, ceder. Sasuke se masajeó las sienes con la mano libre, aún sin mirarlo, frustrado e irritado por lo muy impulsivo que era Naruto y porque necesitaba un exceso de voluntad del que carecía para no devolverle el golpe. Comprendía que estaba perturbado, no podía culparlo por estarlo, y una fracción de su compasivo corazón no se sentía en el derecho de golpearlo. Soltó la muñeca del rubio e intentó arreglar su propia ropa, la misma por la que Naruto lo había tomado en un intento de amenaza. Ni lo miró.

−¿Te ha ayudado a relajarte?−tenía los hombros tensos, Naruto asumió automáticamente que eventualmente le devolvería el golpe. Era lo correcto. Asintió lentamente, sintiéndose un poquito culpable.

Sasuke sólo era un escéptico, desconfiaba de todo el mundo. Debió habérselo imaginado. Sin embargo, ¿cómo desconfiar de ella, de Sakura? Ella era magnífica; sincera y bondadosa al extremo. ¿Cómo pensar mal? ¿Cómo…? Naruto sentía las interrogantes martillearle las sienes, las preguntas atropellarse en su mente y el pecho comprimido. Quería defenderla de Sasuke y no sabía cómo. Su único argumento era uno que ni siquiera contaba con un verdadero fundamento, sólo era una corazonada.

Sakura-chan jamás nos dañaría.

Sasuke bufó, irritado por la apariencia ensimismada de Uzumaki.

Sakura-chan es mi mejor amiga.

−Es precisamente por esto por lo que no serías capaz de llegar al fondo de esto, Naruto.

Sakura-chan ama Konoha. ¿Por qué nos traicionaría?

−Estás cegado por lo mucho que la aprecias.

¿Cómo no? Se mordisqueó el labio inferior, consciente de que temblaba de forma casi imperceptible. Definitivamente él no era el indicado para juzgarla, ¿pero quién la juzgaría consciente de todo lo que ella hacía a diario por su querida aldea? ¿Quién más sabía? ¿Quién la conocía tanto como él? Si no era él quien la juzgaba, ¿quién? ¿Ibiki? ¿Él, que era la persona más cruel de la historia? ¿Quién? ¡Sakura no era una traidora! Y estaba tan seguro de que no lo era que no permitiría que la condenaran sólo por una absurda sospecha. Ni él, ni Sasuke, ni nadie.

−Y tú estás cegado por tu propia sospecha, Teme, tanto que olvidas de quién sospechas.

Lo peor de todo era que estaba convencido de que Sasuke, como Uchiha que era, no dudaría en entregarla si su interrogatorio lo hacía llegar a la conclusión de que Sakura estaba del lado de los otros. Le generaba terror. Debía evitarlo. ¿Cómo?

−Yo no voy a dejarme engañar, Naruto.

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Sasori tomó lentamente las manos de Sakura entre las suyas, sin despegar su mirada ni por un instante de la delgadez de sus dedos y la suavidad de su piel, y suspiró tan pronto como oyó el suspiro de ella. Le importaba poco estar reconfortándola o no con la caricia, tomaba sus manos por deleite propio, fascinado con su suavidad y delicadeza. Le parecía ridículamente frágil y sin embargo no lo era. Sólo entonces. Sólo en aquel instante.

Sakura parecía abrumada. Sabía por qué y no quería en realidad preguntarle para corroborar la razón, para él estaba tan claro como el agua. Las palabras sobraban en aquel instante; todo lo que dijese haría que se angustiase más, porque la realidad y sus consecuencias eran evidentes. ¿Cómo cambiarlo? ¿Qué hacer para evitarlo? Para él no había ya vuelta atrás. Y lo lamentaba mucho.

Supuso que Sakura siempre supo que sucedería, que desde el primer instante consideró sus posibilidades y siempre estuvo consciente de que algo semejante sucedería. Sin embargo parecía demasiado perturbada como para haberlo evaluado antes. Tuvo la impresión de que era la criatura más absurda con la que jamás se había topado, que era demasiado inocente si creyó que nadie jamás dudaría de ella por ser ella, y concluyó que era otra de las cuantas cosas que a sus ojos la hacían fascinante. No le sorprendía volver a pensar que lo era, cuando estaban juntos el pensamiento atravesaba repetidas veces su mente; aún no sabía por qué.

Sakura retiró su mano de entre las de él, exhalando lentamente, y Sasori la siguió con la mirada, desconcertado por su retirada. Silencio. El movimiento de las copas de los árboles, el viento agitándolas, intentó con torpeza llenar el vacío en la conversación. No tuvo éxito. Los verdes ojos de ella se encontraron con los de Sasori. Ni una palabra. Sakura se sentía ridículamente asustada, asustada por todo aquello que comenzaba a comprender.

−Tienes miedo−afirmó en voz baja Sasori, sin pestañar. Ella asintió lentamente. −¿Temes la reacción de ellos?

La respuesta que era evidente se hizo esperar. Sakura volvió a preguntarse con qué cara miraría a Naruto la próxima vez que se viesen, y qué palabras le diría en caso de que su mirada estuviese bañada en decepción, en caso de que Naruto estuviese decepcionado de ella, su mejor amiga. Mientras la culpa inundaba cada poro de su cuerpo, ridícula e ilógicamente no podía hacer más que mirarlo a él, como si la respuesta a su inquietud se encontrase en él.

El pelirrojo inclinó un poco su rostro hacia ella.

−Incluso si te lo pidiera jamás me entregarías al jinchuuriki, ¿o sí? –se rió, sardónico− No estás traicionando a nadie, Konoha.

Con la yema de los dedos acarició un tramo invisible desde su mentón hacia su mandíbula y luego a lo largo de su mejilla; acomodó con la delicadeza con la que trata un artista a su creación un mechón de cabello detrás de la oreja de Sakura. Ella se encogió, alejándose de su caricia.

−Pero ellos no lo saben…

−¿Y cuánto tiempo crees que les tome comprenderlo? Si son tus amigos, sencillamente lo sabrán.

Sakura se preguntó automáticamente si Naruto y Sasuke "lo sabrían". Por alguna razón que muy probablemente estuviera asociada con la forma en la que la siguieron antes de que se marchara de la aldea, creía que no. Naruto y Sasuke no sabían que no los traicionaría nunca. Verdaderamente sospechaban de ella. Sasori dijo que "si eran sus amigos, lo sabrían"… ¿Entonces no lo eran? ¿Quién era su amigo si no lo eran ellos? ¿Por qué creían que ella traicionaría su confianza? ¿Por qué…?

−Sospechan de mí−susurró con la mirada perdida en algún lugar.

Sasori inspiró profundamente. Era natural.

Sospechas confirmadas o no, también dudaban de él ¿no?

Ambos se habían vuelto repentinamente dos desconocidos y dos traidores para sus aliados.

−¿Está mal lo que estamos haciendo, Sasori?

A él no le importaba, no tenia nada que perder.

−Depende de a quién le preguntes.

La diferencia era que Sakura estaba poniendo en riesgo un lazo más fuerte que cualquier otro y estaba a punto de perder su hogar.

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¿Reviews?

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Finalmente, el capítulo 22.

A pesar del tiempo que me tomó escribirlo (y sí, es que ya es rutina), estoy muy conforme con este capítulo. Bastante, de hecho. Tuve que ser algo reiterativa con los sentimientos de Naruto y Sakura (particularmente), con las dudas y los temores y las preguntas sin respuesta que los acechan. Mantener a Sasori en foco me tomó varios ensayos y espero haberlo conseguido; sucede que no podían serle absolutamente indiferentes las inquietudes de Sakura y no encontraba la manera de hacerlo no parecer alguien más, pero creo habérmelas arreglado. Sasuke, por otro lado, es un imbécil demasiado desconfiado para mi gusto pero que, claramente, tiene un punto y fundamentos claros para dudar... nada que se pueda decir en su contra.

Espero que el capítulo les haya gustado, con sus retrasos y todo.

Una vez más aclaro que no tengo intenciones de dejar el fic y muy a pesar de que parezca abandonado siempre estoy pensando (aunque sea muy poquito) en él. No voy a dejarlo inconcluso, de ninguna manera. Sólo sean pacientes (y lo son, mil gracias por serlo).

¡GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL!

Muren: ¡Hola! Me alegra mucho que esperes las actualizaciones del fic con tanto entusiasmo y que tengas tantas buenas cosas que decir sobre él. Sin lugar a dudas, una fiel lectora. ¡Ojalá la continuación te guste!

Sofi: ¡Hola! Tener nuevos lectores siempre me hace muy feliz y de hecho me llama mucho la atención tener una nueva a esta altura de la historia. Lamento mucho haberte intrigado por tanto tiempo y espero que este capítulo esté a la altura de todas tus expectativas. ¡Mil gracias por haberlo leído!

Ro2001: ¡Qué bueno que te hayan gustado todos los capítulos hasta ahora! Espero que este nuevo te agrade tanto como el resto.

11: A pesar de que doy muy a menudo la impresión de tener intenciones de dejar el fic, no es para nada así, jaja. Finalmente, publico el capítulo 22. ¡Ojalá te guste!

Sasosaku: ¡Hola! Muy a pesar de que la continuación no fue particularmente lo que esperabas, espero que este capítulo te guste mucho. Que me dejaras una idea me fue muy útil y te digo desde ya que es muy posible que esa situación que describiste se aproxime. ¡Nos leemos!

Abigail Alamea: No era todo ): Mil perdones, jaja. Me tomé mucho tiempo para publicar la continuación, pero finalmente la tengo. ¡Espero que te guste!