Todo por ti

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Falsa Alarma.

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La puerta de la habitación estaba entreabierta. Sakura observó desde la cama el tétrico pasillo detrás de ella, la luz del fuego, temblando, y contó los pasos hacia la salida con cautela. Cuando Sasori la llevó por primera vez no había sido capaz de observar más que el salón que todos visitaban y el largo, larguísimo, pasillo. Quiso saber si había más. De todas formas, aventurarse por la guarida de la organización sola no era una buena idea, así que desistió.

Se acercó a la puerta con intenciones de cerrarla, Sasori comprendería; sin embargo, cuando estuvo a punto de tomar el pomo y cerrar, un rostro conocido se asomó por el pequeño espacio, sorprendiéndola.

−Así que sí era cierto.

Hidan sonreía con sorna. La forma en la que la miraba, el brillo perverso en las pupilas y el veneno en las palabras, hicieron que retrocediera. Estaba sorprendida y algo asustada. Aún no lograba disminuir la frecuencia con la que corría su corazón cuando él volvió a hablar, las cejas ligeramente alzadas.

− ¿A quién vienes a quitarle información, pequeña?

−A nadie−masculló rápidamente, disgustada con la idea de que alguien pudiese querer meterle aquella idea a Sasori en la cabeza. Sí era cierto que su estadía ahí era algo que podría resultar inusual a cualquiera, sin embargo no había segundas intenciones, realmente no quería nada de Akatsuki. Nada que pudiera quitarle a Sasori. Se encargaría bajo las reglas justas de encarcelarlos. Aunque, teniendo en cuenta que ahora ella no era más que otra ninja renegada, tal vez no le correspondía hacerlo. No más.

−Tal vez creas que estás siendo muy astuta infiltrándote en la guarida de tus enemigos de la mano de uno de ellos, pero no podrías estar más equivocada…−ubicó la diestra en el marco de la puerta, apoyando apenas su peso al inclinarse para hablarle− Mientras estés en este lugar, no vamos a quitarte los ojos de encima.

La sonrisa en sus labios, el hambre en su mirada, hizo que Sakura titubease. Se sentía inquieta con Hidan tan cerca.

−No podía esperar menos de ustedes−replicó con falsa condescendencia.

De un momento a otro, un brazo se ubicó con firmeza a la altura del pecho del Akatsuki, obligándolo a retroceder. Sakura supo de quien se trataba sin la necesidad de desviar la mirada hacia él. Apretó los labios. Sasori se erguía delante de ella, permitiéndole observar al de cabello plateado apenas por sobre su hombro.

−Márchate, Hidan.

−Estás poniéndonos en riesgo, Sasori−fue incapaz de disimular el deseo que tenía de pelear con él, Sakura podía percibirlo. Tal vez esperaba que el pelirrojo reaccionara a una de sus incitaciones y lo golpease, para que la pelea no fuese exclusivamente culpa suya. Sin embargo, su protector no se dejó convencer muy a pesar de que era evidente que se moría por seguirle la corriente.

−Sé lo que estoy haciendo.

−¿De verdad?

−Esto no es de tu incumbencia−antes de que se dijese una sola palabra más, Sasori cerró la puerta; sintió la suave exhalación de Sakura a sus espaldas: −Lo siento mucho.

Ella negó lentamente con la cabeza.

Las palabras de Hidan le habían recordado a aquellas que había pronunciado Sasuke antes de obligarla a marcharse. Él también dijo que estaba poniéndolos en peligro. Un suspiro abandonó sus labios. Ambos estaban haciendo lo mismo con sus compañeros, dejándolos en un segundo lugar. ¿Se sentiría él tan culpable como ella?

El pelirrojo se giró lentamente, apoyando su espalda contra la puerta. Observó a Sakura con esa mirada inescrutable suya por un par de segundos. Haruno no sabía si esperaba que ella respondiese algo a su disculpa o si en realidad se estaba tomando el tiempo necesario para analizar lo que había en su mirada (¿se habría percatado del miedo?); sin embargo, antes de que ella pudiese pensar en la respuesta correcta (alguna muy probablemente relacionada con lo mucho que detestaba a Hidan), él curvó cuidadosamente su mano a la altura de su mejilla, atrayéndola un par de centímetros. Dejó deslizarse entre sus dedos índice y medio un mechón de cabello rosa que terminó acomodando detrás de su oreja; con las yemas de sus dedos acarició solemnemente el tramo desde su cuello hacia la clavícula. Sakura no fue capaz de desviar la mirada por un solo instante.

Un segundo después, su mano volvió a su antigua posición y la zurda encontró su lugar en la otra sonrojada mejilla. Sasori unió sus labios a mitad del camino sin aguardar por un consentimiento.

[…]

A Naruto le agradaba pasar tiempo con Konohamaru, incluso después de haberse convertido en un ninja maduro y respetado por toda una aldea que confiaba en que él evitaría que la luna cayese sobre Konoha, abriría el mar para que el pueblo llegase a la tierra prometida y sería quien resolviese el enigma del huevo y la gallina (aunque no tenía idea de cómo lo haría) (y esta es la razón por la que nadie verdaderamente creía que Naruto fuese a poder hacer cualquiera de estas cosas). El punto es que Naruto quería a Konohamaru y no era capaz de desprenderse de él. Alumno y discípulo desde el principio hasta el fin.

Teniendo en cuenta que el último tiempo sencillamente no podía tolerar estar cerca de Sasuke (no sin querer golpearlo o decirle algo de mal gusto), había puesto gran entusiasmo cuando le sugirieron que acompañase al Sarutobi pequeño a resolver una misión estúpida. Cuando se lo comentó a Ino, la rubia rió escandalosamente, diciéndole que muchas veces ya lo habían hecho. Pero Naruto Uzumaki no resultó estar buscando un gato con Konohamaru, claro que no. Buscaba un cobayo.

Con la nariz a la altura del suelo y el rostro ladeado, volvió a girar un poco a la derecha, intentando encontrar una huella o algo semejante. El condenado animal no tenía alas (o eso creía, es decir, los cobayos no tienen alas, ¿no?), no podía haberse ido demasiado lejos. Recordaba los dulces momentos de su juventud al exhalar resignado y sentir el polvo nublándole la vista y metiéndosele por la nariz. Konohamaru rió con picardía al notar que el rubio se ahogaba.

−Eh… vamos, no puede ser tan difícil−le ofreció su mano para ponerse de pie y, como si ayudando a un abuelo se encontrase, se inclinó apenas para ponerle una mano en la cadera y asegurarse de que pudiese estabilizarse mientras Uzumaki tosía. –Aún hay más lugares que revisar…

Naruto asintió, sintiéndose desgraciado. No dejaría que un roedor lo venciese.

−Adelante, Konohamaru.

Siguió caminando luego de un suspiro.

Habiendo apenas alzado la mirada, algo particular capturó completamente su atención. Antes de que reaccionase, percibió el aura de terror que los envolvía, a él y a su compañero.

−Naruto…−musitó Konohamaru, tenso, incapaz de desviar la mirada.

Las dos capaz de Akatsuki se agitaron con la brisa, flameando, llamando con más fuerza si es que era posible a los ojos azules de Uzumaki. Apretó los labios con firmeza.

−¿Qué mierda hacen acá?

Sarutobi acalló un gemido de miedo. Sabía que junto a Naruto no había nada que temer, pero no sabía si aquella regla aplicaba cuando el blanco de los depredadores era el mismo Uzumaki. Lo miró con el labio inferior temblando, abrumado. ¿Podría defenderlo? ¿Sería el nieto del Sandaime lo suficientemente fuerte para defender a su hermano? No respondió, temía llegar a la conclusión de que era imposible. Naruto era fuerte pero ¿y él? Apenas bajó la mirada para corroborar el estado de los bíceps que intentaba entrenar y no lucían para nada como los de Naruto y mucho menos se comparaban con el brazo de un Akatsuki. Ni siquiera su ninjutsu era tan maravilloso. ¿Qué podía hacer él? Quiso voltearse y pedir ayuda a gritos, pero sabía que no se encontraría a nadie capaz de socorrerlos; además, estaba seguro de que Naruto no se lo perdonaría jamás. Pasó lentamente saliva, tragándose el terror.

−¿Qué hacemos?

−¿Nosotros? Nosotros nada. Quiero que te des media vuelta y vayas a avisarle a la vieja. Yo me encargo del resto−el rubio guardaba la musculosa negra que llevaba dentro de los pantalones, inclinándose para doblarlos un poco más arriba de los tobillos también−. De veras que sí.

−¡N-no voy a dejarte solo, idiota!−replicó, odiando a Naruto por ser tan descuidado. –Me quedaré,−las piernas le temblaban− y si nos matan, que sea a ambos.

Dos segundos después de haber dicho lo más valiente que Konohamaru jamás pensó ir a pronunciar en su vida, sintió el golpe brutal de Naruto en su cabeza. No se contuvo para nada, casi sintió el cerebro removiéndose en su interior. Sarutobi gimió con histeria.

−¿Qué te pasa? ¿Era eso necesario?−con la yema de los dedos comenzó a sobarse la zona herida− Acabo de decir que soy capaz de morir a tu lado, ¿y esa es tu reacción?

−Nadie va a morir, Konohamaru−enigmáticamente (como siempre en aquellos momentos extraños, cuando todo parece perdido) Naruto sonrió. –Deja que me encargue de ellos.

Sabía que no había nada que pudiese hacer para convencer a Naruto de darse media vuelta y volver, y de hecho estaba muy asustado, lo suficiente como para pensar que quedarse a su lado era suicidio. La parte temeraria de Konohamaru pedía a gritos que se quedasen y matasen a los enemigos de su aldea, él y Naruto, Naruto y él, los héroes de la Hoja; pero el niño real quería correr y llevarse a Naruto en brazos. Como la opción de ir por ayuda no había sido propuesta por ninguno de los Konohamarus (sólo había dos), pensó que tal vez lo mejor sería hacerle caso al rubio y correr en busca de la Godaime. (Konohamaru quería correr, así que sí le pareció una gran idea). Antes de que Uzumaki tuviese que pedirle que lo hiciera una vez más, desapareció, huyendo hacia la torre de la Hokage.

Uzumaki exhaló lentamente antes de comenzar a caminar en la dirección de los asesinos. Las piernas no le temblaban y tenía la determinación pintada en la mirada. Los puños sí le temblaban. Estaba ansioso. Llamó la atención de los invasores antes de pronunciar una sola palabra. El rubio de Akatsuki arqueó las cejas tan pronto como lo vio.

−¿Qué hacen aquí?

Deidara lo miraba como si fuese comida. Lo sintió en el instante en el que sus ojos azules se fijaron en él. Estaba pensando en él como la presa. Naruto lo odió. Odió que pensase que verdaderamente él y su grupo de anormales iban a desayunárselo (o más bien a su Kyuubi, para lo que fuese que lo quisieran). Un gruñido afloró de su garganta. Primero iban a tener que noquearlo y dejarlo semi-muerto.

−Qué sorpresa…

−¡He dicho que qué hacen aquí!

No le importaban sus intenciones, no les quiso dar la oportunidad de excusarse o acercarse primero. Naruto golpeó a Deidara con fuerza, el rostro tan tenso que dolía. Verlos, devuelta, particularmente desde la partida de Sakura, lo llenaba de angustia, de ira. Sus nudillos se hundieron en la piel de su mejilla, obligándolo a retroceder. Quiso repetirlo; intentó tomarlo por la capa para hacerlo, pero él fue más rápido.

−Mierda−Deidara se llevó ambas manos a la mandíbula un par de metros atrás− Me la has descolocado.

Naruto lo miró con emoción. ¿De verdad había funcionado? ¿Así de bueno había sido su golpe? Parpadeó. Había mejorado. O tal vez Deidara era muy blando. Chasqueó la lengua.

−Espera al próximo golpe, 'ttebayo−sonrió ladinamente.

Con tres shurikens en los dedos, el rubio analizó la postura de Deidara. Sabía exactamente qué hacer. Sin embargo, la reacción del de Iwa le sorprendió.

−Sólo estábamos dando una vuelta, ¡carajo!−gimoteó infantilmente. −¿Qué te pasa? Nadie te agredió, zorro. ¿Es necesario que siempre reacciones así?

Con las yemas de los dedos, masajeó sutilmente la zona herida, corroborando que el daño no fuese tan grave. Para Naruto, sin embargo, la expresión adolorida no significó tanto como las palabras pronunciadas. ¿Sólo daban una vuelta?

−¿Qué estás tratando de decir?

−No vinimos a buscar nada a Konoha−aunque, claro, Deidara bien sabía que volver con un Uzumaki noqueado entre brazos sería más que una hazaña para Tobi y él. También sabía que era la mejor manera de meterse al jefe en el bolsillo, pero si no lo habían logrado los demás dudaba que el imbécil de Tobi y él tuviesen una oportunidad.

Comprendiendo su error y hasta sintiéndose algo avergonzado (pura nobleza, pura inocencia), el rubio alzó las palmas de las manos, disculpándose en silencio. Deidara no le caía tan mal.

−Ah… ya veo−sonó más patético de lo que esperaba. No podía mirar fijamente a los Akatsuki, así que alzó un poquito la mirada hacia el cielo.

−¿No vas a disculparte?

A Naruto no le simpatizó el tono empleado, pero no pudo evitar pensar que tal vez el rubio no sería capaz de usar tono después de haber sido brutalmente golpeado sin razón. Lo miró con picardía. No iba a disculparse, pero internamente lo sentía un poquito.

−¿Cómo podía yo saber que no venías a causarnos problemas?

−Yo no hice ni siquiera ademán de agredirte−chasqueó la lengua con disgusto, los brazos cruzados a la altura del pecho. Naruto rió con sutileza.

−Cierto.

A pesar de todo, ninguna disculpa fue pronunciada. El Akatsuki fijó la mirada azulada en el zorro, esperando que tal vez éste se percatase de que seguía en falta, de que no había enmendado el error ni el dolor en el rostro de Deidara. Por supuesto, no lo hizo. Naruto era demasiado especial. A pesar de que lo miraba con los ojos entrecerrados y de la forma más determinada e intimidante que jamás había podido ensayar frente a un espejo, no reaccionaba. Se rindió.

−No nos acercaremos. Tu aldea está a salvo, tsk.

−¿Lo juras?

−Claro, sí.

Como era de esperarse, Uzumaki confió ciegamente. Por lo menos entonces, Deidara parecía estar siendo sincero. Además, otro arranque de valentía podía dejarlo en desventaja, porque ciertamente eran dos contra uno y sus clones no serían suficiente contra la explosión que era Deidara. Sin embargo, pensando un poco en lo que Sasuke hubiera hecho de encontrarse ahí con él (e intentando ignorar le hecho de que Sasuke ya los habría incinerado), se permitió hacer una pregunta importante.

−¿Por qué Itachi y Kisame han estado violando los límites de Konoha?

No fue precisamente intimidante, pero Naruto agradecía que por lo menos la lengua no se le hubiese enredado y la pregunta hubiese sonado contundente, firme. Daba a entender que él sabía, y sabía con seguridad, que nadie dudase de ello. Incitando al rubio a contestar, frunció apenas el ceño.

−Seguían a Sasori.

¿Y por qué el marionetista estaba en Konoha? ¿En qué momento se volvió tarea tan simple invadir su querida aldea? ¿Qué quería ese de ella? ¿Cómo es que nadie lo había visto?

−¿Sasori también?

−Sí. Y creo que ya sabes por qué−risas tontas. Naruto no encontró el sentido, no realmente, y al percatarse de ello Deidara comprendió que debía callarse si no quería que Sasori lo matase cuando se reencontrasen.

−¿Entonces sólo fue una falsa alarma?

−Falsa alarma.

Había una pregunta aún no respondida en el aire. Deidara no quiso que Uzumaki la pronunciase. Intentando transmitirle confianza, alzó cuidadosamente las manos (enseñándole que no estaba precisamente masticando nada para arrojarle) y retrocedió, las cejas alzadas con sutileza.

−No te inquietes tanto, jinchuuriki.

Los labios se le curvaron y un segundo después giró sobre sus talones, tomando junto a Tobi el camino de vuelta.

Naruto apretó los labios con frustración.

Sencillamente no comprendía.

Sentía que las pistas estaban allí, regadas todas frente a él, pero algo faltaba para completar el rompecabezas. No importaba cuantas vueltas le diese a las piezas, simplemente no podía comprender de qué forma debía unirlas. Estaba enloqueciendo. Las incógnitas eran pocas y las pistas demasiadas, sin embargo no podía llegar a una conclusión. Pensó que tal vez lo que verdaderamente sucedía era inimaginable. No sólo inconcebible, sino imposible. Tal vez era algo tan impensado que su mente no podría llegar a ello jamás. Uzumaki no era precisamente astuto, pero lo obvio no se le escapaba jamás (bueno, tal vez ese era un adverbio muy fuerte, pero casi nunca). ¿Cómo es que aún no podía verlo? Las cosas a su alrededor se volvían extrañas, cada vez más. No sabía exactamente cómo actuar. La única persona capaz de oírlo acababa de marcharse, desapareciendo tal vez por un largo período de tiempo de su vida, y por alguna razón la sensación incómoda que sentía en el pecho no parecía estar únicamente asociada a Sakura. ¿Tenía miedo? Ni siquiera podía describirlo.

Cuando Konohamaru y Tsunade, seguida de un ansioso Kakashi y Gai, llegaron al lugar donde la pelea debía haberse desatado, Naruto estaba sentado en la rama de un árbol, escondido apenas en la copa. Miraba fijamente el suelo. Parecía perdido.

−¿Y los Akatsuki?−musitó Konohamaru.

−Se han ido. Fue una falsa alarma.

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No tengo mucho que decir. Es decir, probablemente sí tenga que justificar mi ausencia y explicar lo mucho que sigo queriendo esta pareja para que me crean que no pienso dejar este fic, pero ya lo hice un montón de veces y supongo que la mayoría de ustedes (o por lo menos los lectores más viejos) se habrán acostumbrado a que sea súper inconstante. Quisiera no serlo pero no tengo remedio.

Espero que les haya gustado este capítulo que llegó después de una espera larguísima. Yo disfruté mucho escribiéndolo y amo a Naruto cada vez más. Eso es todo.

¡Gracias por leer hasta el final!

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Maraiah: ¡Hola! Espero que no hayas perdido ni un poco el cariño por esta historia y que este capítulo te haya entretenido. Pido perdón por haber tocado un tema tan sensible como lo es Itachi para toda la historia, pero tenía que hacerlo jaja.

Phoenix Gremory: Espero que no hayas muerto de desesperación finalmente (porque lo especificaste en tu último review y quiero creer que no generé nada así). Me alegra que encuentres la personalidad de Sasori adecuada para la clase de vida que lleva, ya que en realidad muchas veces siento que me voy un poquito de tema y pierdo lo básico a medida que escribo. De momento, lamento decir, decidí pausar un poco mis otros fics porque no hay forma de que si no puedo encargarme de este me enfoque en los demás. Voy a pedirte muchísima paciencia y amor. Ojalá te guste esta acutalización :)

SolCerezo: Gracias por haberte atrevido a dejar un comentario, jaja. Me alegra saber que la historia te gusta y que la estás siguiendo desde hace rato. Perdón por la demora, una vez más...

Sra Potato: Mi parte preferida de un review son las especulaciones porque suelen darme muchas ideas, y estoy feliz con las tuyas particularmente. Aunque no puedo decirte por qué. Ciertamente no voy a responderte una sola pregunta, de todas formas jaja.

YamiAkihiko: Como dije anteriormente, no tengo intenciones de abandonar el fic por más tiempo que me tome finalizarlo. Por otro lado, si bien no puedo responder muchas de tus preguntas, también creo que es necesario que sepas que hay otro par que no respondo porque no tengo idea de si serán alguna vez o no jaja. Aprecio mucho tu interés y espero que este capítulo te haya gustado.

Otaku21: ¡Qué feliz me hace saber que voy a seguir leyéndote por acá! Sé que hice que esperaras demasiado, pero espero que sientas que vale al menos un poco la pena. Me sorprende enterarme a esta altura de que alguna vez me habían plagiado (ciertamente no lo esperaba) (qué horror), pero también me alegra que reportasen al ladrón de palabras. También pensé moverme en algún momento a wattpad, pero no estoy precisamente preparada aún a pesar de que probablemente lo haga cuando lo sienta necesario y no deberías tener dudas de que esta historia se irá conmigo. En fin, ¡Gracias!

Liz: Dos días después de que leyeses la historia, tiene una actualización. Creo que esto debe ser llamado buena suerte. Me alegra que te haya convencido un poco de mi amor por el sasosaku y de que encuentres el fic atractivo. Si bien los besos a contar en esta historia pueden ser contados con una sola mano, hoy quiero decirte que son tres jaja. Estoy feliz de que entiendas a Sasuke y no lo repudies como la mayoría (porque yo misma temía hacerlo quedar como un tirano cuando lo que siente es un poco más complicado). Espero que disfrutes este capítulo. ¡Saludos!