Todo por ti
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Culpable
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Yamanaka Ino caminaba por las calles de Konoha con un semblante triste, los labios formando una línea recta y los hombros tan tensos que cualquiera que la hubiera visto habría afirmado sin dudas que algún idiota le había robado la apariencia con un jutsu y fingía ser ella sin éxito. Normalmente, las pisadas de Ino se veían mucho más ligeras, más suaves, como saltos elegantes; sin embargo, esta Ino pisaba firme y se desarmaba un poco más con cada paso. Llevaba en cada mano una bolsa con las compras recién hechas en el mercado; frutas y vegetales se asomaban por el tope. Cuando un grupo de niñas de la academia fijaron sus ojos en la bella kunoichi del clan Yamanaka, Ino intentó sonreír. Notó que murmuraban cosas y se sonrojaban, todas muy seguras de que dentro de unos cuantos años les gustaría ser como ella. "−Yo también quisiera parecerme a Sakura-chan−" oyó que confesaba una. A Ino el corazón se le rompió.
Sakura era ciertamente muy especial. Y, si la Ino joven se hubiera topado con una nin-medic tan talentosa como Sakura, probablemente también la hubiera admirado mucho. Sakura era la clase de modelo al que ella hubiera aspirado. Le pareció divertido pensar en que, de niña, no había visto a su amiga como más que el capullo que únicamente bajo su cuidado florecería. Sakura era una hermosa flor ahora. Se preguntó cómo se sentirían esas niñas al saber que la discípula de Tsunade había desertado Konoha.
Una mueca de disgusto surcó su rostro. Decir que Sakura era una desertora sonaba como si Ino pensara igual que los demás, como si no la conociera. Pero Sakura era su mejor amiga. Ino sabía todo acerca de ella. ¿Verdad? Al menos así creía que era hasta la noche en la que se fue sin decir una sola palabra… No podía comprenderlo. ¿Qué era lo que atravesaba la mente de Sakura? ¿Por qué se había marchado? ¿Qué era aquello que le había sucedido y que la había obligado a tomar una decisión tan radical? Si ella hubiera cumplido correctamente su rol de amiga, lo hubiera sabido. Hubiera sabido que Sakura planeaba marcharse.
La mirada se le tiñó de culpabilidad.
¿Cuándo volvería a verla? ¿Qué podría hacer por ella? Ino no pudo evitar pensar en los escuadrones ANBU que pronto se marcharían de la aldea, los que había visto en la oficina de Tsunade esa mañana. ¿Irían tras Sakura? Si no eran esos, serían los siguientes. Tarde o temprano comenzarían a buscarla y toda la aldea sabría acerca de su partida. La perseguirían como gatos a un ratón, como a un criminal más. Pero Sakura no lo era. Ino lo sabía.
Apretó los labios al sentir los ojos humedecérsele. No era como si su palabra valiera tanto tampoco. Incluso si intentara convencer a las autoridades de que debía haber una razón por la que Sakura se había marchado, el final sería el mismo. La buscarían hasta encontrarla y la juzgarían como a cualquiera. Y tal vez la encarcelarían o le pedirían que se marchase de Konoha con la mente vacía, sin memoria.
Un par de pasos más y la primera lágrima resbaló lentamente por su mejilla. Angustia, dolor, tristeza y coraje concentrados en ella.
Entonces sucedió.
Ino trastabilló, obligada a voltear bruscamente por la fuerza de la mano de alguien más. La gota de dolor se detuvo en su mentón.
Incapaz de aguardar un sólo segundo más, al verla pasar, Sasuke Uchiha había puesto su mano sobre el hombro de la heredera del clan Yamanaka y la giró con cierta agresividad. Ino intentó recuperar el equilibrio, las pupilas muy pequeñas lo miraban.
−¿Sasuke?
La mirada de Uchiha, normalmente inescrutable, indiferente y distante, brillaba con emociones que Ino jamás creyó haber visto en sus ojos. Tenía la mandíbula apretada y parecía haber perdido el control de su implacable calma.
−Tú lo sabías, ¿verdad?
Sin comprender, Ino entreabrió los labios, mil preguntas atravesándole la mente y un extraño temor que hubiera sido incapaz de reconocer si su estómago no se hubiera comprimido en un nudo inundando su cuerpo. Sasuke detestó su silencio. Tampoco pudo aguardar por una respuesta.
−Debiste hacer algo−gruñó, acercándose peligrosamente y tomándola de la muñeca. Ino intentó alejarse.
−¿D-de qué estás…?
Sasuke afirmó su agarre alrededor de su muñeca, el sharingan activándose repentinamente y sin razón. La rubia frunció automáticamente el ceño, más asustada que molesta al percibir el rojo de su iris.
−¿Qué te pasa, Sasuke?−Las aspas girando en su mirada rojiza y la firmeza de su agarre desconcentraron a Yamanaka. Ino no le tenía miedo. Nunca le había tenido miedo a Sasuke ni a sus ojos, jamás. A pesar del respeto que el sharingan despertaba en los demás, ella no podría haberse sentido más curiosa al descubrir el dojutsu. Además (ridículamente, tal vez), confiaba en sus compañeros, en Sasuke. Sin embargo, cuando el giro alrededor de su negra pupila se volvió imposible de seguir, Ino cerró fuertemente los ojos, alejando su mirada de la de él.
−Lo sabías, ¿verdad? Sólo quiero una respuesta, Ino. Sabías lo que Sakura estaba haciendo desde el comienzo, ¿no es así?−se acercó, haciendo que automáticamente ella se encogiese− ¿No se te ocurrió decirle que era arriesgado, que era estúpido?
−N-no sé de qué estás hablando−la atraía a sí y sus dedos se hundían en su piel, tanta era su fuerza que Ino sabía que bajo su mano dejaría algún hematoma. Forcejeó, pero fue inútil.
−No te creo ni un poco. Es más, estoy seguro de que la alentaste.
La firmeza y el odio en su voz descolocaron a Ino.
−¿Crees que no estoy tan preocupada por Sakura como ustedes? ¿Crees que no me inquieta que haya desaparecido de la nada?−apenas alzó la voz, sus ojos se encontraron con los de Sasuke impulsivamente. Podría haber sido llamado valentía o estupidez, pero Ino era incapaz de pensar en ese momento. –Creo que no soy yo la persona que sabe algo más acerca de la partida de Sakura.
Y, a pesar de su coraje, su mirada vidriosa delataba el dolor que la fuerza de su voz escondía. Uchiha no se dejó amedrentar.
−Por favor. Lo mínimo que podrías hacer es aceptar que le llenaste la cabeza y la convenciste con ideas estúpidas−escupió, preguntándose con qué genjutsu quería hacerla pagar.
En la mente de Sasuke todo era muy claro. Sakura era demasiado sensata como para haberse involucrado con un miembro de Akatsuki por sí sola, demasiado inteligente como para no haber pensado una sola vez en todos los problemas que aquello le traería. Naturalmente, alguien debió haberla alentado, haberle dicho que si sentía algo entonces valía la pena. Alguien debía haber escrito un cuento como final de lo que, sin duda, sólo podía concluir en una desgracia. Y Sakura lo había creído. Sasuke sabía que aquella había sido Ino. La odiaba por haberla convencido de dejarlos.
−Me gustaría saber de qué estás hablando, Sasuke, porque no…
−¡Creo que sabes muy bien de qué estoy hablando!−la presión de sus manos aumentó. –Metiste a Sakura en el problema más grande en el que podría haberse involucrado y la convertiste en una desertora. Una kunoichi cuya banda no vale nada.
−¡No sé nada! ¡No tengo idea de qué es lo que pasó, Sasuke!
−Fuiste desde siempre una mala idea en la vida de Sakura, pero jamás creí que serías quien la arruinara.
El peso de sus palabras dejó a Ino muda. ¿Así pensaba Sasuke de ella, la mejor amiga de Sakura? Le importaba poco cuánto se preocupase Sasuke por Sakura (y de hecho acababa de comprender que sorprendentemente lo hacía), no iba de ninguna manera a permitirle que hablase así de ella y la catalogase deliberadamente como una mala influencia. Después de todo, no lo había sido. Ella había cuidado a Sakura para que creciese, para que fuese una persona segura de sus virtudes y audaz, para que floreciese bajo la luz del sol. Sakura era su flor preferida. Sabía que en el pasado la había herido, sabía que su rivalidad absurda había dejado cicatrices en ella, pero todo aquello había sido enmendado tiempo atrás. E Ino apreciaba mucho a Sakura. De verdad.
−¡Yo jamás lastimaría a Sakura!−se deshizo del agarre de Sasuke con un movimiento brusco.
No se dio cuenta del momento en el que comenzó a llorar.
Las lágrimas resbalaban por las mejillas de Ino una tras otra, cayendo al suelo al llegar a su mentón. Sus labios temblaban, al igual que sus hombros y el resto de su cuerpo pese a que intentaba controlarlos.
Un par de ojos sagaces se fijaron en la escena que transcurría en el medio del mercado de Konoha y que nadie parecía haber notado. Al percatarse de las lágrimas, el shinobi decidió que poco le importaba lo que sea que Uchiha pudiera estar conversando con ella, intervendría. La forma en la que su mirada rojiza, amenazante, traspasaba la claridad de la de Ino le asustó.
−¿Ino?−Shikamaru se encontró a su lado sólo en un par de zancadas, sus brazos envolviendo sus hombros sin permiso, alejándola aún más de Sasuke. La mirada de Uchiha era inescrutable. −¿Qué te pasa, Sasuke?
No hubo respuesta. Ino y Sasuke seguían mirándose, y Shikamaru temió que hubiese algún genjutsu en esa situación que había sido incapaz de percibir. Las aspas en los ojos de Sasuke no giraban.
−¿Qué le dijiste?−insistió.
El dueño del sharingan, disconforme, apretó los labios, desviando la mirada un segundo después más por resignación que por arrepentimiento.
−Olvídalo, Yamanaka.
−Te hice una pregunta−gruñó Shikamaru.
Pero era como si no estuviese allí. Con suavidad, Ino acarició el antebrazo con el que la envolvía, dándole a entender que sabía que estaba allí, que todo estaba bien. Sus ojos de cielo descendieron hacia el suelo y derramaron una o dos lágrimas antes de volver a concentrarse en Uchiha.
−Si oyes de ella antes que yo, me gustaría que me lo dijeras, Sasuke.
Él asintió. Y sin decir una palabra más, sin siquiera mirar a Shikamaru, se marchó. Nara lo siguió con la mirada hasta que desapareció de su campo de vista. Ino tampoco le quitó los ojos de encima.
Los pasos de Sasuke, una vez que hubo girado en la primera esquina, se volvieron más lentos, más pesados. Tenía prisa por alejarse de Shikamaru porque no deseaba darle explicaciones a nadie y sabía que para el miembro del clan Nara lo que acababa de hacer las ameritaba, así que sólo aceleró hasta que supo que no iba tras él. A medida que se alejaba, el peso de su propia reflexión comenzó a desconcentrarlo.
La misma pregunta que abandonó los labios de sus compañeros atravesó su mente. "−¿Qué te pasa, Sasuke?−". No sabía. Mientras caminaba por las calles de Konoha, alejándose de la escena que había montado en el medio de la aldea, intentó comprender(se) un poco más. ¿Había sido precipitada la decisión que había tomado? ¿Estaba mal que la juzgase a Ino? ¿Por qué? Después de todo, él lo sabía. Ino había sido parte de todo y merecía saberlo, asimilar que no era ella quien debía llorar por la partida de Sakura si ella misma había echado leña en aquel fuego. Había tenido más que ver con ella que con nadie. Y Sakura ya no estaba.
Sasuke tenía miedo. Quería un culpable. Quería a Sakura en Konoha, a salvo.
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Había un silencio denso entre las cuatro paredes de la habitación de Sasori. Por primera vez, la ausencia de palabras en aquel sitio incomodó a Sasori tanto que se obligó a sí mismo a buscar algo con lo que rellenar aquel espacio. En su mente, las palabras se deformaban y perdían sentido: es porque no tenía nada importante que decir, pero el silencio lo estaba enfermando.
Sus ojos miraban fijamente a Sakura.
No tenía idea de qué es lo que estaba pensando, pero sentía que debía ser algo que llenaba alguna parte de su pecho de tristeza. Podía verla en su semblante. Muy probablemente estuviese asociado con su hogar, pero Sasori no quería asumir nada. Suponía que Sakura debía tener mucho que pensar últimamente, por eso a veces se marchaba con alguna excusa y esperaba que el tiempo en soledad pudiese ayudarla a relajarse. Cuando estaban juntos, sentía que nada de lo que hacía servía para que la lluvia amainase en el corazón de Sakura. Y comenzaba a preocuparse. ¿Tal vez la decisión que había tomado no había valido la pena?
−¿Estás bien?
Cuando él se acercó, apenas tomando su mano para reconfortarla, Sakura alzó la mirada. Estaba de pie, mirando sin hacerlo las hojas sobre la mesa en las que Sasori había dibujado algún paisaje de la tierra del fuego. Un segundo después, como si acabase de reconocerlo, Sakura se puso en puntas de pie para besar sus labios. Sasori cerró los ojos.
No estaba seguro de qué era lo que Sakura pensaba ahora que se encontraba a su lado, pero temía que se arrepintiese. Supo desde el comienzo que sería difícil; sabía cuánto estimaba Sakura a su aldea, sabía de la relación que tenía con sus compañeros, sabía que era su hogar. Sasori no deseó en ningún momento que ella dejase todo eso por él. Pero, sin preguntas, de un momento a otro, lo hizo. A pesar de que él estaba convencido de que las puertas de Konoha se abrirían tarde o temprano devuelta para Sakura, no podía decirlo con seguridad y, ciertamente, la idea tampoco le fascinaba, ya que si eso sucedía no era necesario que fuese un genio para saber lo que Sakura haría. Egoístamente, deseaba ahora que ella pudiese quedarse con él. Sin embargo, la tristeza en su mirada no le daba paz. Tampoco quería que ella fuese infeliz.
−Sakura…−insistió acunando su rostro entre sus manos.
−Sólo estoy algo cansada.
La respuesta no le satisfizo en lo absoluto. Había notado también que Sakura había perdido parte de su apetito, que estaba más quieta y callada de lo que nunca había estado. Ella comenzaba a desmoronarse frente a sus ojos y Sasori no podía evitar sentirse culpable. Después de todo, las cosas marchaban mal en la vida de Sakura desde que había aparecido.
Un suspiro. Sasori se dirigió lentamente a la cama, sentándose sin desviar su mirada de ella ni por un solo instante; haló suavemente de su mano, invitándola en silencio a tomar lugar a su lado. Sakura, incapaz de decir que no, se acercó lentamente, deshaciéndose bajo la calidez de su mirada. Cuando sus labios besaron el reverso de su muñeca, una sonrisa surcó su rostro. El pelirrojo se apoyó en sus codos dejando la espalda caer hasta quedar casi recostado. Con cuidado, sin decir palabra, Sakura se sentó y estiró lentamente su cuerpo a su lado, sintiendo con la palma de su mano la calidez de su pecho. Tendidos uno junto al otro se observaron por una breve fracción de segundo. Sasori, con su brazo opuesto alargado bajo la delgadez de sus hombros, deseó abrazarla. No lo hizo. Ella se aferró a él.
−El río que dibujaste está cerca de Konoha, ¿verdad?−inquirió repentinamente.
La pregunta tomó a Sasori desprevenido: −¿Qué?
−Que si el río que dibujaste en esas hojas está cerca de Konoha…
−Mm… eso creo. ¿Por qué?
−Es sólo que me resultaba familiar.
No fue necesario que ella dijese en qué circunstancias había estado ahí anteriormente, Sasori sabía de antemano que la anécdota que tenía que contar hablaría acerca de un tal Naruto Uzumaki. Se preguntó si debía pedirle que le hablase de ello o no. Sentía que Sakura se echaría a llorar si lo hacía. Optó por mantenerse en silencio. Entonces percibió el leve temblor. Con delicadeza, acercó un poco más su cuerpo al de Sakura, percatándose de que encajaban a la perfección. (¿Valía la pena?).
Su mano derecha se perdió entre sus cabellos, acariciándola. Sintió tristeza por el dolor que sabía que ella sentía.
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¿Reviews?
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Como siempre dije, no hay forma de que vaya a dejar este fic inconcluso (porque vive en mi corazón y amo esta pareja y no me permitiría dejar morir esta historia), así que después de unos cuántos meses (como un año, creo) esta es la continuación.
Agradezco muchísimo a aquellas personas que siguen interesadas en esta historia y que, de vez en cuando, se toman el trabajo de volver a comentar o releerla. También, claro, a aquellos que la encontraron recientemente y me alentaron a continuarla con sus comentarios.
Maraiah: ¡Hola! Qué feliz que soy leyéndote tan entusiasmada como en el primer capítulo, muchas gracias de verdad. Espero que, si pensabas releerla, lo hayas hecho y estés preparada para esta actualización. De otra forma, que sólo disfrutes este capítulo, jaja. De verdad, gracias.
Liz: ¿Cómo estás? Quiero hablar sobre lo mucho que disfruté escribir tanto acerca de Naruto en mis últimos capítulos. Me alegra que también te hayan gustado. Lamentablemente, y como debía ser, hoy saqué el foco de Uzumaki y me concentré en otros personajes (aunque siento que últimamente hablo más de todos que de Sasori y Sakura, ay). Espero que lo hayas disfrutado.
Phoenix Gremory: Creo que el encuentro entre Naruto y Deidara era lo que más ansiaba de este fic, así que me alegra que te haya gustado leerlo, jaja. Por supuesto, no había ninguna segunda intención en esa plática, pero podríamos encontrarla ;) jaja. Quiero que sepas que con tu comentario me diste una gran idea que muy probablemente vaya a direccionar parte del fic de ahora en adelante, ¡gracias! Ojalá este capítulo haya sido de tu agrado.
Otaku21: ¡Qué recuerdos me trae leerte! Lamento ser otra escritora poco constante en tu vida, quisiera no serlo :'( jaja. Lo cierto es que creo que Naruto tiene tanto protagonista en mi historia por dos razones: la primera es, claro, que siento que todo el aprecio que tiene por Sakura tiene que exaltarse ahora que ella se ha marchado (Naruto es sin duda quien le traerá nostalgia por siempre). La segunda es que, bueno, lo aprecio mucho y tengo ganas de escribir un NaruSaku (y de hecho lo estoy haciendo y espero que vaya a gustarte también). Ya varias personas me sugirieron que comience a escribir en Wattpad, lo sigo considerando y muy probablemente lo haga... algún día, jaja. Serás la primera en saberlo.
Pau: Cuánto me gustan comentarios como el tuyo. Tu análisis del fic me dejó feliz, honrada, inquieta, sonrojada. Gracias por haberte tomado el tiempo para pensar en cada capítulo y cada personaje, por haberle dado su importancia a tantos detalles y por haberlos reconocido todos con tanta sensibilidad. Siento que percibiste mucho de lo que quise expresar con cada palabra y que fuiste muy parte de cada uno de los sentimientos que atravesaron la mente de todos los personajes de esta historia, y que pudiste sacar tus conclusiones sobre muchas cosas que apenas estaban insinuadas. Muchas gracias, de verdad. Me hiciste sentir muy feliz e importante, sinceramente hablando. Ojalá leas la continuación. Saludos.
