Todo por Ti
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Rompecabezas
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Naruto suspiró. El bosque estaba sumido en un silencio denso. Una suave brisa corría vagamente a sus espaldas y entre las copas de los árboles. Suave, ausente. Ningún pájaro cantaba, ningún roedor correteaba. Se dio cuenta de que se sentía solo. Hacía mucho tiempo que no reconocía esa sensación; la impresión de ser pequeño en un mundo enorme, en un espacio donde su existencia era insignificante. Uzumaki Naruto no era nadie si su nombre no estaba en los labios de alguien más. El reconocimiento por el que toda su vida había luchado no valía nada. El silencio lo presionaba y un extraño temblor trepaba por su espalda, obligándolo a encogerse. En un sitio donde todas las direcciones parecían ser iguales y el tiempo se encontraba detenido, Naruto comenzó a asimilar la magnitud de todo aquello que había sucedido en los últimos días, y la importancia de aquello que ahora le faltaba. Silencio. No había risas escandalosas ni sonrisas brillantes que pudiesen quitar las nubes y enseñar el sol, mitigar el sentimiento, la sensación de estar solo en el mundo. Lo sabía muy bien. Y aborrecía lo vulnerable que aquello lo hacía sentirse.
Lanzó sin pensar el último kunai que rasgó la corteza de un árbol y cayó al pie, perdiéndose en el césped. Alzó la mirada. Atardecía ya. Las horas de entrenamiento habían pasado rápidamente y el día llegaba a su fin sin que lo hubiera notado, como si no hubiera estado ahí mientras el sol viajaba en el cielo directo a su escondite. Deseando verlo una vez más, corrió. Molesto, triste, perdido. El vacío que sentía en el pecho se ampliaba, amenazaba con consumir el resto de su cuerpo, apoderándose de sus emociones y exacerbándose a medida que los recuerdos poblaban su mente. ¿Acaso alguna vez algo le había hecho tanta falta a Naruto Uzumaki? Siempre había estado solo, pero ahora tenía una familia. Y su componente principal acababa de marcharse. ¿Así se sentía que soltasen tu mano? Mientras esquivaba ramas y evitaba arbustos, sintió su peso reducirse, el corazón debilitarse. Un nudo trepaba lentamente por su garganta. Naruto se sintió un niño, corriendo otra vez entre la maleza sin nadie a su lado.
Sakura era su mejor amiga. Konoha le había entregado personas maravillosas por las que estaba dispuesto a dar su vida. Uzumaki Naruto amaba su aldea y a todas las personas que la habitaban, incluso a aquellas que de niño le habían dado la espalda. Amaba sus edificios, sus calles, sus días, sus noches, sus costumbres y sus tradiciones. Soñaba con salvarla, de todo y de todos. Pero, a decir verdad, Konoha no era la misma sin Sakura; jamás lo sería. Después de todo, sus ojos veían Konoha reflejada en el iris de Sakura. ¿Cómo podría seguir amándola cuando Sakura, la niña con la sonrisa más hermosa que jamás había visto, le había enseñado a hacerlo? ¿Cómo podría apreciar su aldea si por ella misma Sakura se había marchado? ¿Qué sitio de Konoha no le haría pensar en ella? ¿Cómo se sentiría caminar por las calles de tierra solo de ahora en adelante luego de una misión? ¿Cómo sería ser tres y ya no cuatro? ¿Cómo aguardaría a que su respiración se acompasase luego de un entrenamiento si no era sobre las piernas de Sakura? ¿Cómo se sentiría sentarse en las bancas de Ichiraku un miércoles, a mitad de la semana, y no tener nadie con quien compartir sus miedos y frustraciones? Es que Sakura había cuidado de todo aquello que lo inquietaba por mucho tiempo y, de repente, ya no estaba allí. Ay, Sakura-chan. ¿Cómo sería Naruto, sin Sakura?
Antes de que el sol se escondiese en el ocaso, el rubio llegó al tope de la montaña, bañándose en el atardecer. La brisa volvió a correr. La aldea que se extendía a sus pies era su hogar, el que Sakura y él habían jurado proteger. ¿Podría hacerlo sin ella? ¿Tenía la más mínima posibilidad sin la compañía de Sakura, que curaba sus heridas y acallaba el susurro de los fantasmas? ¿Cómo es que un tipo tan torpe como él, impulsivo y tonto, podría salvar Konoha? Naruto contempló cómo sus sueños caían frente a sus ojos.
Sentado al borde de la montaña de los Hokages, vio el último rayo de sol desaparecer. Exhaló lentamente. La noche se acercaba, inminente, y la luz que había bañado todo lo que conocía se convertía en penumbra, una en la que todo era incierto, como el futuro mismo.
Si Naruto hubiera sido capaz de anticipar todo lo que había sucedido, hubiera hecho su mejor esfuerzo para evitarlo. Hubiera evitado que Sakura se sintiese sola, hubiera evitado que se relacionase con Akatsuki, hubiera evitado que la alejasen. No tenía idea de cómo recomponer las cosas, pero Naruto no podía evitar sentirse culpable, culpable por no comprender. ¿Cómo es que tanto había sucedido sin que se percatase de ello? ¿En qué instante la distancia entre él y Sakura se volvió tanta que fue simplemente incapaz de traerla devuelta? ¿Por qué de un día para el otro el mundo había dado un giro de 360º? Sí, Naruto era despistado y había encontrado la forma de convivir con ello, pero no podía concebir el hecho de que, súbitamente, Sakura, su mejor amiga, una kunoichi talentosa y brillante de Konohagakure, ya no lo fuera.
Guardado en su bolsillo, el protector de Sakura se volvió más pesado. Lo tomó suavemente entre sus manos, delineando con las yemas de los dedos el símbolo de la Hoja sobre la placa. Aún no habían rayado su superficie, marcándola para siempre, y Naruto estaba agradecido de que Sasuke mismo no lo hubiera hecho. Sabía que verlo le habría roto el corazón a Sakura.
—No podría hacerlo, Sakura-chan—musitó, de repente, tan sólo para sí. Su voz sonó triste, desolada, y oír tantos sentimientos en sus palabras hizo que Naruto asimilase lo mucho que la situación lo movilizaba. Sintió el labio inferior temblar, mientras el índice seguía la curva y caía hacia el vértice del triángulo que formaba el símbolo de la aldea. —No voy a rayarlo. Tú siempre serás una kunoichi de Konoha.
Bajó los párpados, el rostro contraído en una mueca que delataba su angustia; sus dedos tomaron la banda de Sakura con vehemencia. Mientras estuviera consigo, Naruto la protegería. Era, después de todo, la pertenencia más valiosa para un shinobi, y recordaba la felicidad en el rostro de Sakura el día en el que se la entregaron. Uzumaki no recibió su banda en aquella celebración; su forma de hacer las cosas siempre había sido particular, distinta, así es que, para cuando Sakura se convirtió en genin, Naruto no era más que un mocoso sin talento ni remedio que peleaba con Iruka-sensei y pintaba la roca de los Hokages como un pésimo rebelde. Recordaba la sonrisa brillante y la forma solemne en la que las manos de Haruno habían tomado por primera vez su banda, antes de que la amarrase detrás de su nuca. Naruto la había mirado desde la copa de un árbol con añoranza, no sólo deseando algún día ser reconocido por cada una de las personas a las que esa banda representaba, sino poder alguna vez estar junto a ella y ser, antes que el de nadie, su héroe. (—¿Acaso fallé, Sakura-chan?—). En ese entonces, Naruto estaba perdidamente enamorado y los detalles más pequeños le resultaban relevantes cuando se trataba de Sakura, por eso recuerda el entusiasmo con el que trepó la pared de uno de los edificios de la academia, hasta encontrarse sobre el techo. Mebuki la había fotografiado con lágrimas en los ojos, diciéndole que era hermosa. Y vaya que lo era. El día en que se convirtió en genin, Naruto tomó una decisión. Se esforzaría y caminaría junto a Sakura, hasta que su nombre no pudiese olvidársele y le otorgase el lugar que se merecía en su corazón. Sería el número uno para ella, y la acompañaría para siempre.
Entonces la oyó gritar: —¡Protegeré Konoha con mi vida!
Y decidió que el también lo haría. A su lado.
Pero parece que las cosas ya no eran así. Su camino ninja se veía solitario ahora que Sakura no se encontraba en él. Y, de repente, las metas trazadas en dos colores, el amarillo y el rosa, ya no se cruzaban, como si Sakura se hubiese borrado a ella misma del mapa. ¿Estaba Sakura traicionando sus ideales y renunciando a su promesa? ¿De eso se trataba su partida? Naruto no podía concebir la idea de que ella, tan determinada y fuerte como era, estuviera renunciando. Sakura no era así. Sin embargo se había marchado. El sueño del próximo Hokage se encontraba incompleto y él, que por tanto tiempo había visto el porvenir tan brillante y claro, perdido.
¿Acaso la paz que soñamos para nuestra aldea ya no es suficiente, Sakura-chan? ¿Por qué te irías, si aún nos encontramos a medio camino?
Naruto guardaba una certeza: Sakura amaba Konoha tanto como él. Y la aldea de la Hoja siempre había amado a Sakura. La hija de los Haruno era una alumna impecable, responsable, correcta y sensata. Tenía una sonrisa brillante y, a pesar de su temperamento, era amable con todo el mundo. No era, tal vez, la mejor en ninjutsu; pulir sus habilidades y destrezas había tomado tiempo, pero Tsunade había hecho una espléndida labor como maestra. No quedaban rastros de la niña que escondía su frente y lloraba, insegura de su propia fuerza. Pero tampoco es como si eso hubiera hecho la diferencia. Lo cierto es que, a pesar de ello, Sakura siempre había sido aceptada. Como todos alguna vez, también había estado muy confundida y perdida, pero jamás dejaron de apoyarla. La diferencia entre Sakura y él es que ella siempre había sido parte, en los juegos, en las reuniones y donde quiera que fuese. No confiaba ni un cuarto de lo que Naruto creía en sí mismo, pero no estaba marcada, y eso la hacía, al menos, una más. Uzumaki jamás lo había sido. No pudo evitar pensar que cuando el rumor comenzase a correr por la aldea muchos sabrían acerca de ella, la kunoichi que desertó, y se llenarían la boca diciendo estupideces y mentiras acerca de Sakura. Como lo habían hecho con él.
Un suspiro.
¿Cómo podría defender ahora el nombre de Sakura? No tenía, después de todo, demasiados puntos a favor y la última vez que lo había intentado Sasuke mismo había encontrado la forma de hacerle ver lo irracional que estaba siendo. La certeza que guardaba Naruto estaba sólo resguardada por la fe, por la confianza que años de tratar con Sakura habían alimentado. Sakura amaba Konoha y era una compañera leal. Pero no podría jamás probárselo a aquellos que no la habían visto arriesgándose y ofreciendo su vida por y para Konoha. De hecho, ni siquiera había podido convencer a su propio compañero. ¿Quién le creería ahora que Sakura se había marchado con un grupo de asesinos? ¿Quién creería que guardaba una sola buena intención cuando quienes la acompañaban lo darían todo por matarlo a él mismo y a los Jinchürikis dispersos por el mundo ninja? Más importante, ¿la guardaba? Comprender que no podía responder aquella pregunta le hizo fruncir el ceño. Confiaba en Sakura, pero había demasiadas preguntas sin responder. Una vez más, el acertijo era demasiado complicado como para que pudiese resolverlo solo.
Cuando se marchó, Sakura dijo que estaba poniéndolos en peligro, que no podía quedarse. Le dijo que lo quería. Lloraba. El episodio se repetía constantemente en su mente; Naruto jamás creyó que debería despedirse de ella. Sasuke había dicho que, incluso sin quererlo, Sakura era un peligro para la Hoja. Sorprendentemente, tal vez, Naruto lo comprendía. No estaba errado. La información que posee cada ninja acerca del cuerpo shinobi de su aldea es secreta y, por sobre todas las cosas, esencial para el agresor en cualquier guerra. Basta un ninja, desertor o no, para que más de una carta sea expuesta. Habilidades, técnicas, clanes, formaciones y ases bajo la manga. ¿Valía el error de Sakura la seguridad de su aldea? Probablemente no. Lo que Sasuke desconocía es que por convencerla de que se quedase él hubiera prometido protegerlos a todos cuando la hora llegase. Utópico o no, lo hubiera hecho. Por ella. Para evitarle el dolor de tener que darles la espalda.
Se preguntó cuáles habrían sido las palabras de Sasuke esa noche, cómo le habría dicho que estaban al tanto de que algo extraño había estado sucediéndole, que se encontraban preocupados y que deseaban ayudarla, que la querían. ¿Habría dicho Sasuke que él también pensaba que era una traidora? Porque no lo era, aunque Uchiha se esforzase en convencerlo, él lo sabía. Cuando Sasuke lo insinuó al salir de la oficina de la Hokage no había podido controlarse; tuvo que golpearlo. Pensar que tal vez habría tenido la valentía de decírselo en el rostro le rompía el corazón. Nada de eso hubiera sucedido si Naruto hubiera estado allí. El problema es que el universo lo había dispuesto todo a favor de Sasuke. (—¡Cómo siempre, 'ttebayo!—).
La noche en la que ambos se sentaron en el césped a conversar, con los ojos fijos en las estrellas, las dudas brotaron de la nada, multiplicándose y enredándose sin fin. Naruto tenía la impresión de que, en lugar de simplificarlo todo, conversar con Sasuke sólo había empeorado la situación. Antes de que Uchiha hablase, tenía miedo, miedo de que alguien estuviese forzando a Sakura a hacer algo que no deseaba, de que la estuviesen extorsionando y amenazando; pero Sasuke había sido contundente, muy distinto, muy claro cuando dijo que Sakura estaba engañándolos. Y, a pesar de que sus ojos no querían verlo, Naruto sabía que las coartadas debían ser determinantes para que Sasuke estuviese acusando a Sakura de tal cosa. Había accedido a espiarla por ello. Pero sólo probar la traición no sería jamás suficiente si no sabía por qué Sakura había decidido abandonarlos.
A pesar de que intentaba organizar sus ideas, los acontecimientos no encajaban en su mente. Algo faltaba, algo no estaba bien. ¡Y tenía todas las piezas! ¿Por qué era tan difícil armar el rompecabezas? ¿Dónde estaba Sakura-chan para ayudarlo a comprender? Con el ceño fruncido, Uzumaki bufó, golpeándose la pierna como un auténtico niño en pleno berrinche, antes de echar la cabeza hacia atrás y fijar la mirada azulada en el firmamento.
Qué difícil me lo has puesto todo, Sakura-chan.
—Naruto.
Su nombre, pronunciado por aquella voz familiar, vibró en el espacio sonando como una advertencia. El rubio giró apenas el rostro, mirando por sobre su hombro al ninja copia, desganado: —Hey, Kakashi-sensei.
La sonrisa sobre sus labios estaba apagada. Kakashi no pudo evitar sentir cierta empatía. Tuvo la impresión de que Naruto se sentía confundido y, pese a que él también lo estaba, le correspondía guiarlo. Era, después de todo, su sensei, ¿no es así?
A Kakashi ciertas cosas no se le daban muy bien. Eran la minoría, según él mismo, pero seguían atormentándolo. Curiosamente, todas estaban relacionadas con el contacto, con las personas y los afectos. Kakashi debía reconocer que años de tratar con su querido Equipo 7 apenas lo habían comenzado a pulir; no es que hubiera desarrollado habilidades como el tacto y una paciencia digna, pero había descubierto que estar allí, a veces, era suficiente. Tenía muy presente el hecho de que su figura en la vida de esos tres shinobi era una importante; modelo, mentor y familia. Sin quererlo, había influenciado a cada uno de sus alumnos de forma especial y distinta y comprendía que era parte de tan delicado trabajo artesanal, de años de cuidado y amor, consolarlos. Sabía que algunos estaban más dispuestos que otros a oírlo, no era novedad, pero lo cierto es que hubiera deseado encontrarse tan al alcance de alguien más como se encontraban ellos cuando era joven. Muchos de los fantasmas que lo perseguían hubieran muerto ya. O tal vez no. Lo mínimo que podía hacer era intentar alivianar el peso con el que cargaban.
—¿Te molesta si me siento?—inquirió.
Con un gesto amable, el Jinchūriki del Kyūbi le indicó que se acomodase a su derecha, apoyando la mano sobre el suelo. Le dedicó una sonrisa derrotada: —Es bienvenido, Kakashi-sensei.
Había complicidad y cariño. El shinobi con el que Hatake se encontraba en aquel instante no era el mismo niño que, testarudo y torpe, lo había esperado en un salón de la academia con un truco estúpido y una actitud insolente años atrás. Naruto había crecido, aunque no estaba seguro de si lo había notado. Se había perfeccionado en cada uno de los aspectos en los que era fuerte, y había reducido el número de sus debilidades a uno insignificante. Era un ninja extraordinario. Y tenía un corazón enorme. Aquello no podía conseguirse en un entrenamiento. Kakashi se preguntó cómo es que un niño que había estado expuesto a tanta indiferencia y odio durante su infancia podía tener tanto amor en el pecho. Había sido su suerte guiarlo y acompañarlo en lo que él llamaba su camino ninja. Sasuke y Sakura también debían encontrarse agradecidos.
—Es una linda tarde, ¿no es así?
El rubio asintió, la mirada perdida en el cielo, muy lejos, en algún sitio donde el sharingan mismo no hubiera podido llegar; atravesando el cordón verde que rodeaba Konoha, los bosques, los ríos, las montañas y mesetas, buscando a Sakura. La pérdida que Naruto estaba experimentando era grande, pero el mundo shinobi estaba lleno de ellas. Siguiendo sus pupilas, Kakashi leyó la pregunta en su mirada anhelante: "¿Dónde estás, Sakura-chan?".
—Sin embargo, hay algo que te preocupa—evaluó al cabo de unos minutos, lanzándole una mirada de soslayo.
Uzumaki suspiró. Mentirle a Kakashi-sensei no tenía sentido; su afirmación no tenía dudas, Kakashi no hubiera hablado sin seguridad. Además, dicen que nada escapa del sharingan y, por consiguiente, del ninja copia. Naruto tenía la sensación de que la mirada de Kakashi podría atravesarlo completamente. No necesitaba quitarse la máscara para indagar en su pecho. Y no sabía si eso lo tranquilizaba o inquietaba.
—Es que no puedo comprender todo lo que ha sucedido, Kakashi-sensei—confesó, con la sospecha de que lo que decía no era novedad. Hatake fijó la mirada en el horizonte.
—Déjame ayudarte, Naruto.
El firmamento se teñía de púrpura mientras los ojos de los miembros del Equipo 7 escrutaban el cielo. El menor no pudo evitar preguntarse si, donde quiera que estuviese, Sakura podría estar haciendo lo mismo. La incertidumbre y el miedo se apoderaban de Naruto, que, habiendo jurado protegerla, no podía tolerar desconocer su paradero.
—Sakura-chan ya no está—musitó. —Se marchó de un día para el otro. Sucedió todo frente a mis ojos, Kakashi-sensei, y fui incapaz de verlo…
Una tarde Sakura caminaba por las calles de Konoha, recién salida de la ducha, burlándose de Neji e intercambiando sonrisas amables con los aldeanos, y a la noche siguiente se marchaba, con lágrimas en los ojos y un bolso mal armado. Naruto vio la distancia crecer, pero no pudo evitarlo.
—Había algo extraño en ella, ¿sabes? Sasuke y yo lo notamos, pero ninguno de nosotros fue capaz de entender de qué se trataba. Para cuando las sospechas fueron demasiadas, fue demasiado tarde. Debí hacer algo desde el inicio, protegerla…
Con franca comprensión, Hatake sonrió a su alumno por debajo de la máscara. Una sonrisa compasiva, empática. Sabía lo mucho que debía dolerle a Naruto todo lo sucedido y desconocía si existía alguna forma en la que él pudiera aliviar el dolor. Tan miembro del equipo 7 como él, Kakashi hubiera deseado poder anticiparse a los hechos. Pero no lo hizo. Era tan culpable como Naruto.
—No debes cargar con ello solo. No es tu responsabilidad. Sakura es consciente de sus acciones y decisiones. Incluso si lo hubieras deseado, no hubieras podido detenerla, Naruto.
La culpa hacía estragos con el corazón. Kakashi lo sabía mejor que nadie. Si Naruto se culpaba por la partida de Sakura, entonces el sentimiento lo consumiría, lenta y tortuosamente. Sin pensar, ubicó la palma de su zurda sobre el hombro del rubio, dándole una suave palmada.
—Es que no comprendo cuándo fue que todo esto inició—le oyó mascullar.
Kakashi sabía. Kakashi no tenía dudas. La tarde en la que una joven kunoichi de cabellos rosados atravesó el portal de Konoha luego de haber desaparecido del mundo ninja por unos cuantos días, algo desencajó. Los sucesos se habían tornado confusos y extraños desde entonces. Y él lo había percibido todo.
—Sabes, Naruto, el día en el que Sakura regresó a la aldea fue evidente, pero creo que ninguno de nosotros quiso verlo.
—¿De qué habla?—la curiosidad de Uzumaki era auténtica. La felicidad que lo había embriagado cuando Sakura volvió había hecho imposible que dudase, pero Kakashi podía jurar que esa tarde leyó la desconfianza en la mirada de Sasuke también.
—Sakura mintió—musitó. —La explicación que dio acerca de su desaparición no fue clara. Fuimos ingenuos porque no teníamos una sola razón para desconfiar de Sakura, pero había algo extraño en su versión de los hechos.
—¿Por qué te desmayaste?—había inquirido la Godaime, con un brillo sagaz en las pupilas. Kakashi comprendió que la misma parte del relato había llamado la atención de ambos.
—¿Fue la impresión, Sakura?—insistió.
—No. Veneno.
Sakura había caído en su trampa sin siquiera percatarse.
—¿Cómo conseguiste el antídoto?
La respuesta no fue satisfactoria, pero cuestionarla cuando se trataba de ella no tenía sentido. Además, sospechaba que levantar sospechas entre tantas personas no sería justo. Supo, sin embargo, que la mirada ónix de Sasuke lo había visto todo.
—Nuestra búsqueda exhaustiva no tuvo resultados porque Sakura no se encontraba delirante en el medio del bosque—afirmó, analizando por primera vez la situación; Naruto, a su lado, frunció el ceño. —Estaba en un escondite de Akatsuki.
—¿Usted cree que…?
—No fue una excusa. Sakura verdaderamente estaba herida y no había tenido antes contacto con ellos… pero por alguna razón terminó allí. La curaron y liberaron. De otra forma no hubiera defendido al enemigo.
Clic. Kakashi apenas puso las piezas en orden; el ceño fruncido y la mente corriendo a la velocidad de la luz. Sabía menos o tanto como Naruto, pero para él, que lo había visto desde afuera, estaba mucho más claro.
—Decidió encubrirlos por voluntad propia, por favor o como recompensa luego de que la curasen. Pero luego se vio involucrada. Si la hubieran amenazado, no se lo hubiera guardado para sí misma. Sakura no hubiera manejado aquella situación sola de no saber que estaba segura, que lo tenía todo bajo control. Y así era, por eso es que no recurrió a un solo ninja de la aldea.
—¿Y qué? La curaron y ella les devolvió el favor. ¿Qué hay luego?—la idea de que Sakura hubiera escondido algo tan importante no le simpatizaba. Ella no era así. Naruto era su confidente, lo sabía. ¿Acaso no confiaba en él? Chasqueó la lengua, molesto. —Sakura-chan no volvió a poner un pie fuera de la aldea sola luego de lo que pasó. ¿Cuándo es que este lazo se volvió tan profundo?
—Puede que ella no. Pero tal vez ellos sí.
La posibilidad hizo que Naruto se incorporase. El recuerdo atravesó su mente instantáneamente.
−Recientemente…−un gran suspiro, Tsunade ojeaba las hojas sobre su escritorio mientras hablaba− Hoshigaki Kisame y Uchiha Itachi han hecho un par de visitas a nuestra humilde aldea.
Cuando lo oyó esa tarde su corazón comenzó a latir acelerado. Tsunade tenía miedo, pensó que venían por él. Pero Deidara había dicho lo contrario la tarde en la que Konohamaru y él se lo encontraron:
—Tu aldea está a salvo, tsk.
−¿Por qué Itachi y Kisame han estado violando los límites de Konoha?
−Seguían a Sasori. Y creo que ya sabes por qué.
Uzumaki frunció el ceño. Cuando Deidara y él hablaron, se sintió extraño, como si el de cabello largo hubiera intentado establecer una extraña complicidad entre ambos que Naruto jamás había percibido. La conversación, en aquel instante, adquiría un tinte distinto. Deidara hablaba como si él no se hubiera encontrado allí por las mismas razones que Itachi y Kisame. ¿Acaso era verdad?
—La vieja me advirtió que Kisame e Itachi habían sido vistos en la aldea, pero cuando cuestioné a Deidara la tarde en la que Konohamaru fue por ustedes…
—Fui informado—interrumpió Kakashi, tajante. —Las órdenes de más de un escuadrón ANBU eran asesinarlos si tenían la oportunidad.
—Deidara prometió que estaríamos a salvo—recordó, más para sí que para el ninja copia. Hatake apenas ajustó un par de detalles antes de hablar.
—En la pelea que tuvieron con Deidara, Hidan y Tobi, Sakura estuvo a solas con Deidara, ¿verdad? Tal vez la persecución no fue más que una forma de encontrar un espacio para conversar, sin alarmarlos. Cuando me relató lo sucedido, Sasuke dijo que fue sospechoso.
—Naruto, hay algo de lo que quiero hablarte—recordaba que le había dicho, corriendo a la par, con la respiración agitada y los músculos adoloridos.
—Tsk, ¡deja todo eso para después, Teme!—había replicado.
Por primera vez, Naruto lo reconoció. Es que era un imbécil. Si Sasuke hubiera compartido sus dudas con él, hubiera podido esforzarse, mirar con la misma atención lo que al Uchiha le llamaba la atención. Se mordió el labio, frustrado. ¿Habría hecho la diferencia?
—Sospecho que algunos miembros de Akatsuki desconocen la relación que Sakura ha entablado con sus compañeros—estatificó Kakashi. Naruto asintió lentamente.
—Hidan estaba dispuesto a matarnos, Kakashi-sensei. Y Deidara dijo que Itachi y Kisame perseguían a Sasori…
Cuando Hatake ubicó la mano debajo de su mentón, el jinchüriki pudo ver el brillo en su mirada: —Entonces tal vez esa sea la cuestión.
Comenzaba a comprender, Naruto lo supo por el tono de su voz, pero había incógnitas aún, Uzumaki lo sabía. Sin poder evitarlo entrecerró los ojos. ¿Eso era todo? ¿Qué parte había escapado de su entendimiento? ¿Se le había pasado algo? ¿Alguien había publicado una pancarta que no había visto? ¿Qué significaba esa mirada suspicaz? Miró al de cabello plateado perdido, el esfuerzo por llegar a la respuesta crispándole el rostro.
—No comprendo, Kakashi-sensei.
—Hay algo más, Naruto.
—¿De qué habla?
—Hay un miembro de Akatsuki por el que Sakura siente especial simpatía. Se lo confesó a Sasuke la noche de su partida.
No parecía suficiente, no podía serlo. El rubio arqueó las cejas, una mueca disconforme. ¿Qué quería decir? ¿De qué se trataba? ¿Significaba eso que Sakura-chan estaba enamorada? ¿De un Akatsuki? El grupo de asesinos hacía que se le erizase la piel al mismo Sasuke Uchiha, que no le tenía miedo ni a la oscuridad, ni a las arañas, ni a las serpientes, ni a los bichos, ni a las alturas, ni a los temporales. Ni en broma. Eran tan tétricos, con sus capitas y expresiones déspotas, que las posibilidades eran mínimas. Además, ¿de quién? Kakuzu era sencillamente horripilante y Hidan estaba desquiciado. Sakura no hubiera dejado que un tipo con cara de pez la tocase ni en sus sueños y podía fijarse en Sasuke si lo que le atraía era la expresión inexpresiva, impasible y molesta de los Uchiha. Por otro lado, Pein tenía más agujeros que órganos y…
—¿Disculpe?
—Es Sasori.
Y pese a su incredulidad, todo encajó. La pieza que faltaba cayó entre sus manos y Naruto la acomodó, confundido y asustado. Por eso Deidara reía. Por eso Sasori se encontraba en Konoha. Por eso Sakura los había engañado.
Recordó la tarde en la que dijo que los mataría, que, como asesinos, merecían morir. Recordó el miedo y la vehemencia con la que Sakura había defendido a los miembros de Akatsuki, como si se encontrase convencida de que había inocencia detrás de todos los crímenes cometidos. Recordó confesarle que no podría matarlos. Recordó su alvio.
Todo encajaba.
Sintió enojo y miedo y angustia. Y comprensión. Sakura-chan se había marchado porque no quería herirlos, pero tampoco estaba dispuesta a dejar ir su felicidad. Sakura-chan era valiente. Siempre lo había sido. Era la kunoichi más hermosa de Konoha, la más fuerte y la más leal. Era apasionada y determinada. Y auténtica. Sasuke no le había dado otra opción, pero Sakura sabía que no podía establecer una conexión entre mundos tan distintos. Y no pudo elegir porque tenía el corazón dividido. Sintió pena.
—Ella ha dicho que confía en él—musitó, repentinamente, Kakashi, arrastrando con vagancia las yemas de los dedos por el suelo.
¿Era eso suficiente?
¿Podía Naruto dejarla a ella en manos de un tipo que hasta hace poco no era más que su enemigo? Antes de que todo comenzase, le habían ordenado asesinarlo. Naruto había oído de los labios de su Hokage la orden. Naruto había visto en Sasori a su objetivo, jamás a su aliado. ¿Cabía la más mínima posibilidad de que ahora pensase en él como la persona a cargo de la felicidad de Sakura? ¿Podía él verdaderamente cuidarla? Frunció el ceño. Pf. Ya quisiera.
—Pero yo no.
—Pero confías en ella, ¿verdad?
Dejaría mi vida en manos de Sakura-chan.
—Sólo nos queda confiar en que ha tomado la decisión correcta. Y protegerla, al menos aquí en la aldea, hasta que regrese.
¿Pero lo hará?
Uzumaki sintió el labio inferior temblar, un puchero asentándose en su rostro. Kakashi tuvo la sensación, esa impresión de que la situación se ha tornado tensa y de que sus humildes habilidades de mentor y profesor han rozado los límites conocidos. Naruto arrugó la nariz, la mirada brillante, como el cielo y el agua. Kakashi no quería verlo llorar.
—No se lo perdonaré si la lastima—tartamudeó.
—Sakura no necesitará que te compadezcas de ella.
La risa vibró en el tono de su voz.
Entonces maestro y alumno sonrieron. Porque conocían a Sakura mejor que a nadie, porque se sabían de memoria sus berrinches, sus reglas y sus golpes. Porque Sasori no podría lastimarla.
—Pobre tipo.
Al oír el comentario, Naruto estalló en risas, llevándose las manos al rostro y flexionando las rodillas hasta tenerlas contra el pecho, ahogándose con sus propias carcajadas y acallando el silencio. El mismo Naruto que tanto había crecido se convirtió en un niño una vez más, vulnerable e inocente, pero osado como solo Naruto podía serlo. Kakashi lo miró con cariño mientras se deshacía en risas.
Ay, Kakashi-sensei. Te pasas.
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¿Reviews?
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Estoy bastante segura de que esta actualización tomará por sorpresa a más de una persona y de que más de un lector de este fic habrá perdido el hilo o habrá incluso olvidado la historia. Pero no podía dejar de publicarla por eso. Lo prometido es deuda y esta es la continuación de este fic que tiene mi corazón y que no pienso dejar, digan lo que digan, pase el tiempo que pase. Voy a confesar que tuve que releer un par de veces capítulos viejos, que tuve que revisar anotaciones y reencontrarme con los personajes que comencé a escribir hace ya tanto tiempo, pero también voy a decir que no pude haberlo disfrutado más. Me horroricé un par de veces y me sentí algo avergonzada por oraciones confusas, errores de ortografía y unos cuantos comentarios cliché, pero sigo amando la idea y saber que a pesar de todo esto muchos también la eligieron, leyeron, releyeron y esperaron me hace muy feliz. Gracias, de verdad.
Espero que la continuación cumpla con las expectativas e incentive, porque si habían perdido las esperanzas y pensaban que no sabrían el final de esta historia, ¡definitivamente se confundieron!
maryakazuna: Reconozco (desde tiempos remotos) que el sasosaku es una pareja algo extraña, pero vi en ella tanto potencial que no pude evitar escribir un fic para cumplir(me) un sueño. Me alegra que al menos te haya llamado la atención y te haya convencido un poco. ¡A lo mejor te abrí las puertas a un mundo nuevo!
Zeth Amsel: La verdad es que habiendo tan pocos fics basados en esta pareja (y eso que el fandom ha tenido tiempo para redactar más) (juro que actualmente busco algunos para inspirarme y me angustio leyendo barbaridades) la vida para nosotros, quienes la apreciamos, es dura. Me alegra que hayas llegado acá y encontrases Todo por Ti como uno que vale la pena leer.
RunRun: Ay, ay, ay, Wattpadd me persigue y sigo sin crearme una cuenta porque me cuesta innovar. Fanfiction fue el sitio donde empecé a leer y escribir fanfics, no sé cuándo me sienta lista para dejarlo. Lo cierto es, de todas formas, que si decido volverme al menos un poco más activa consideraré la posibilidad (y si alguien me asesora un poco, claro). Por otro lado, no quiero generar expectativas, pero el próximo capítulo promete lo que me estás pidiendo...
Liz: Tenía la impresión de que el comportamiento de Sasuke resultaría extraño, pero quise también justificarlo. Siento que Sasuke no tolera el hecho de que no puede dominar la situación, de que ha tenido que orillar a Sakura a marcharse porque "ha roto las reglas", de que no hay culpables, de que su equipo 7 se desmorona. Se me ocurre que un Sasuke que no hubiera abandonado la aldea esperaría eso, que todo sea estable, que todo esté bajo su control. La crueldad y el enojo son sólo más de lo que conocemos. Espero que no hayas tenido los ojos abiertos por tanto tiempo, que te hayas tomado un descanso, ¡y que aún quieras leer la continuación!
Brisa: ¡Claro que sí! El sasosaku ha cautivado más de un corazón y no planeo dejar ni a quienes aman la pareja ni a quienes leen el fic sin una continuación. Lo prometo.
Maisa: Como dije, no pienso dejar el fic. Será al paso de una tortuga que lo termine, pero será al menos.
Azulkg: ¡Agradezco mucho todos los comentarios! En Todo por Ti Sasori es un humano. De otra forma no hubiera podido justificar tantas heridas, tanta sangre y tanta necesidad de una nin-médico. Perdón si no fui clara. Me alegra que encontrases el desarrollo apropiado; siento que a veces exagero y que resulta aburrido, pero tampoco me convence apresurar el ritmo de las cosas. Como verás, muchas de tus preguntas fueron respondidas en este capítulo. Las mentiras, las dudas y los miedos. Parece que el mejor esfuerzo de Sakura no fue suficiente...
Maraiah: ¡Qué lindo leerte! Me alegra que sigas visitando la historia alguna que otra vez. La verdad es que no tengo ni tenía planeado poner ningún interés romántico en el corazón de Sasuke en este fic; siento que lo que le sucede es meramente amistoso. Aprecia a Sakura y detesta que haya violado las reglas, la ha obligado a marcharse porque así debe ser, no importa cuánto la quiera. No hay mucho más. Quiero decirte que me dejaste una idea algo confusa con tu comentario y que tan pronto como logré encuadrarla en el fic lo notarás. (Haré mi mejor esfuerzo, pero no prometo nada). Lo que sí deberías dar por seguro es que en el próximo capítulo Sasori hará algo para alivianar las penas de Sakura. Y que valdrá la pena leerlo.
Elliedx: No tenía un registro tan claro, pero ahora que sé que pasó un año desde mi última actualización estoy algo preocupada. Esta debe ser la razón por la que no recordaba la mitad de los sucesos y tuve que ponerme seria a la hora de redactar este capítulo. Qué cosa. En fin, dejo por acá la pieza de arte para que me cuentes qué te parece
Briyitt: ¡No más rituales! Pasó casi un mes desde tu comentario pero Dios oyó tus plegarias. Espero que el capítulo te agrade y disfrutes de todos esos detalles que hicieron que este fic te gustase tanto.
Nanaxd: ¡Mil disculpas! Espero, de verdad, que no te hayas embarazado y casado en 20 días, porque si mi continuación llegó luego de esos sucesos dudo que vayas a leer este capítulo. No podría tolerar tanta desilusión. Ojalá lo disfrutes.
