Todo por ti
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Confrontación
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Sasori inhaló profundamente la esencia del té que acababa de servir en una taza, bajando los párpados y disfrutando de su calor. Afuera llovía. El suave repiqueteo de la lluvia se colaba por los huecos de la guarida, haciendo del ambiente húmedo y agobiante. A Sasori le gustaba la lluvia, aunque muchos no lo hubieran esperado. El hecho de haber crecido en un sitio donde tal fenómeno era inusual había convertido los días lluviosos en una especie de escenario mágico, donde la inspiración brotaba de la nada y la mente se liberaba. Debía reconocer que en Suna la perspectiva de una tormenta era un estorbo (además de una rareza), pero en sitios donde el suelo no era arenoso y la vegetación abundaba la lluvia no era más que una bendición. Parecía irónico pensar que su fuente de inspiración se encontrase tan lejos del calor de Suna, su hogar. ¿Habría sido aquella la razón por la que se marchó? Sasori a veces pensaba en ello. No es que hubiese sido un impulso; recordaba el reflejo de la mirada nostálgica de un niño sobre una ventana circular, transformándose con el paso del tiempo mientras sus pupilas escrutaban la nada. Se había visto a sí mismo sobre aquel vidrio durante muchos años, creciendo, extrañando, deseando. La última vez que aquella ventana vio su silueta fue la noche en la que Chiyo le dijo la verdad, con un murmullo que agonizaba y un espíritu que flaqueaba, débil como la llama de una vela sacudida por una ventisca. Después de haber prometido por años que sus padres regresarían, la anciana lo miró a los ojos con vergüenza. Una caricia dada con pena, un lloriqueo lastimoso; sus padres estaban muertos.
Esa noche el sonido del fuerte viento en la aldea de Suna acalló sus pensamientos por unos minutos. No hubo lágrimas, no hubo llanto, pero hubiera sido cínico decir que no hubo cambios. Permaneció inmutable frente a una anciana conmovida, pero algo se quebró dentro de Sasori. La inocencia de la esperanza que guardaba, tal vez. Desde aquel momento, la aldea de la Arena se convirtió en una prisión y todos aquellos con los que había establecido un lazo en sus carceleros. Atado, agobiado; el valor de los recuerdos pesaba como el plomo, impidiéndole partir. No tenía nada en el mundo, no conocía más que la Arena, pero no había una sola razón por la que quedarse. Lo comprendió una tarde, cuando sus pensamientos se perdieron en el firmamento, lejos de Suna y de todo lo que le recordaba a su familia. La Arena era su hogar, pero jamás había tenido la oportunidad de ver qué había más allá del desierto, detrás del infinito dorado que cubría el paisaje y que terminaba en el azul del cielo, cuando el sol brillaba alto iluminando toda la aldea. Había sido retenido allí por mucho tiempo. Y el encierro sólo lo había enfermado. El paso de los días había hecho que el resentimiento y el odio se arraigasen en su pecho; los pulmones que necesitaban inspirar libertad aborrecían Suna, tanto como el corazón. La misma aldea que lo había visto crecer lo había dejado huérfano; Sasori jamás podría perdonarlo. Todos ellos que se hacían llamar shinobi y juraban protegerse unos a otros y a los miembros de la aldea no eran más que unos hipócritas. Porque nadie había salvado a sus padres. Y no sólo los habían dejado morir, sino que los líderes de su aldea tenían el descaro de aliarse con los mismos hombres que los habían asesinado. A nadie le importaba la muerte de sus padres. Su aldea no tenía memoria. Y, como si aquello no fuese suficiente, se llenaban la boca hablando de su pérdida, compadeciéndolo, y observando su talento florecer con vanidad. El maestro de los títeres. El prodigio. Sasori era talentoso, lo sabía, pero su entrenamiento y dedicación no habían sido pensados para Suna. Si su fuerza debía estar a favor de alguien, no permitiría que ese alguien fuese la aldea que había asesinado a sus padres. Se marchó porque no reconocía ese sentimiento solemne del que se jactan los shinobi, porque jamás había sentido apego por esa suerte de tierra, por su tradición o por su líder. Nunca comprendería por qué sus padres se habían arriesgado de ese modo por su aldea, dejando un hijo indefenso luego de su muerte. Jamás comprendería, jamás compartiría. Sabía, también, que los límites de su capacidad no podrían ser alcanzados en una aldea mediocre como Suna. Sólo podía imaginarse fuera de allí. Así es que un día se marchó.
A veces, Sasori pensaba en su infancia. Se había esforzado mucho por convencer a Chiyo de que no era infeliz, tanto que en algún momento la indiferencia que había sido una máscara se convirtió en su verdadero sentir. Por mucho tiempo estuvo convencido de que el latir de su corazón era artificial. Pero recientemente descubrió que no era así.
—Miren quién apareció—silbó, repentinamente, la voz de Hidan, intimidando la atmósfera pacífica en la que había estado sumido.
Su tono prometía problemas, pero a Sasori no le importó.
Consciente de las intenciones escondidas detrás de su saludo, el aludido lo miró, inexpresiva y vagamente. No había razón para responder a las provocaciones de Hidan. Bebió en silencio otro sorbo de su taza, muy al tanto del desprecio que relampagueaba en las pupilas ajenas. No era como si le inquietara, de una u otra forma, que el otro estuviera trazando un plan maestro para asesinarlo ahí mismo. (De hecho, casi le dio el espacio para hacerlo, ignorándolo). A su parecer, Hidan no era más que una mosca: molesto, pero completamente inofensivo. Deidara hubiera objetado. No era sensato hablar así de alguien capaz de hacer que te retuerzas del dolor habiéndote apenas pinchado el dedo con una aguja (el ritual de Hidan no requería más que un poquito de sangre); pero Sasori no lo reconocería jamás. ¿Será que se consideraba demasiado hábil como para ser siquiera cortado?
Cuando Hidan atravesó el marco de la puerta, pisando con ímpetu y adueñándose del espacio con su presencia, el pelirrojo alzó la mirada, aburrido. Detrás de él, Tobi hizo su aparición, silencioso, como si la tensión fuese a quitarle el aire. Pisaba casi con la certeza de que una guerra se desataría pronto a su alrededor, como si no quisiera estar ahí. Se preguntó por qué, entonces, caminaba cerca de Hidan, que tenía la habilidad de provocar explosiones donde quiera que fuese, con o sin Deidara.
—¿Así que decidiste darle un respiro a la zorrita esa de Konoha?—inquirió Hidan, insistente, la sonrisa curvándole los labios y el morbo decorando todo su rostro.
Sasori apretó la mandíbula.
—Eh, Hidan-san—interrumpió el enmascarado—, no juegue con el maestro Sasori…
Fue casi un ruego. ¿Estaría más preocupado por Hidan, por él o por las lesiones que dicho enfrentamiento podrían provocarle? Akasuna vio la respuesta en sus extremidades. Tobi estaba listo para salir corriendo tan pronto como la primer granada explotase.
—¿Maestro? No me hagas reír, Tobi.
—Hidan-san…
—¡Te hice una pregunta!—insistió, clavando una mirada hambrienta sobre su figura. Sasori no replicó. No tenía intenciones de hacerlo. Su expresión, impasible, develó la forma en la que planeaba jugar ese juego. Pero eso no era suficiente para Hidan.
—¡Así que te cansaste de que esa puta te chupara la ver-…!
—Qué modales, amigo. ¿Por qué no higienizas un poco esa cloaca que tienes por boca?
Esta vez fue Deidara quien, habiendo interrumpido la discusión, silbó. Como si el suyo hubiese sido un comentario casual y verdaderamente no hubiese entrado en el momento perfecto, pasó junto a Hidan sin siquiera percatarse de que el religioso hervía. Su mirada lo siguió, iracunda, listo para vociferar un sinfín de maldiciones, pero Deidara se hizo el desentendido, desempolvando la mesada con disgusto, como quien teme que la mugre vaya a pegársele.
—Si me pagaran, Hidan—continuó, un segundo después, Kakuzu, siguiendo el camino transitado por Deidara—, por cada vez que dices una grosería, sería rico.
Y Hidan estalló: —¡No me jodas, Kakuzu!
Las palmas de sus manos golpearon la mesada, haciendo saltar todo aquello que se encontraba sobre ella, incluido a Deidara. Tenía el rostro escarlata, el enojo acumulado en las facciones. A Sasori se le antojaba divertido el hecho de que poco hacía falta para sacarlo de quicio. En realidad, todos estaban haciendo un trabajo espléndido a favor suyo sin saberlo.
—Quieto. Vas a romper algo.
Kakuzu no era precisamente perceptivo. De hecho, todo lo contrario. Como si la reacción de Hidan no hubiese sido más que un berrinche (que estaba cerca de serlo, Sasori también hubiera calificado su actitud como infantil), le restó importancia, sentándose sobre un sofá y escondiendo pronto el rostro detrás de un libro viejo que el pelirrojo sospechaba había leído ya un millón de veces. No se fijó en la respiración agitada ni en los ojos, que parecía que iban a salírsele de sus cuencas.
—Deberíamos establecer ciertas reglas y prohibir la entrada a cavernícolas como este a la sala, hum. Están mejor en su jaula—adhirió Deidara, desarmándose sobre otro sofá con nula gracia.
—Pero entonces Deidara-senpai tampoco podría entrar…
—¡T-tobi!
Una sonrisa vaga curvó los labios de Sasori. A pesar de que en apariencia Tobi era el más idiota de los Akatsuki, debía reconocer que muchas de sus respuestas daban justo en el clavo. Y lo mejor era que no debía hacerse cargo de ellas. Deidara estaba indignado, pero la venganza no sería más dolorosa que un par de patadas e intentos frustrados de ahorcarlo. Tobi podía tolerar todo eso.
—Ahí lo tienes, nena.
Pero cuando se trataba de Hidan la cuestión era ligeramente diferente. Tobi le simpatizaba, pero él no. Sabía que no era el único que se sentía así. Deidara solía decir que los aborrecía a ambos, pero no cabían dudas de que se divertía con Tobi. De hecho, él también. Había algo especial en él. Sasori tenía la sospecha de que no era tan estúpido como fingía ser.
—¡Cállate, Hidan!—espetó el rubio, señalándolo con su dedo índice a modo de advertencia. A Sasori no le sorprendió que la sonrisa de Hidan se ampliase. Al menos alguien había picado el anzuelo.
—¿Qué pasa? ¿Acaso estás sensible?—inquirió con sorna.
Deidara siempre estaba "sensible" cuando se trataba de Hidan. Las más mínimas provocaciones lo enloquecían. Perdía la compostura cuando hablaba de lo débil que era, cuando alardeaba acerca de sus habilidades y cuando exponía cuidadosamente cómo mataría a su maestro, es decir, Sasori, el objeto de toda la devoción de Deidara. Todo era motivo suficiente para una batalla, pero ésta jamás se concretaba. Tal vez el hecho de que nunca tuvieran la oportunidad de enfrentarse y poner sus vidas en riesgo, definiendo quién de los dos era el más fuerte, era lo que no les permitía acabar con la constante tensión que giraba entorno a ellos. Sin embargo, sabía, comprendía, que Deidara estaría en desventaja durante aquella pelea, y la posibilidad de que lo hiriesen gravemente le disgustaba. No sería, definitivamente, Sasori quien sugiriese acabar con esa rivalidad y ese deseo de sangre latente que había entre ambos. Prefería que sólo hubiese provocaciones entre esos dos. Al menos hasta que la victoria de Deidara fuese una certeza.
—Me he despertado de muy buen humor, Hidan. ¡Pero tienes la puta costumbre de sacarme de quicio! Estás esperando que me moleste, ¿no?—el iris celeste brillaba con entusiasmo. ¿Acaso era una advertencia eso que bailaba en sus ojos? Deidara sólo esperaba un asentimiento para que su puño se estrellase en su rostro.
Como respuesta, Hidan, que volvía a dominar la situación y había encontrado al oponente perfecto, se apoyó lánguidamente en la mesada. Tenía la actitud de un felino prepotente. Sasori casi podía distinguir la cola moviéndose maliciosamente de un lado a otro.
—Te metiste sola en este problema, rubia—le oyó replicar.
—Te lo advierto, hum—enunció Deidara. —Vas a hacerme explotar. Y no te va a gustar.
Hidan enseñó los dientes como un buen depredador.
—¿Tan rápido vas a acabar?
Sasori guardó silencio.
Y lo siguiente sucedió demasiado rápido.
—¡Hijo de puta!
Vio cómo Deidara se incorporaba y prácticamente se lanzaba en dirección a Hidan. La situación (luego del análisis realizado) era peligrosa, pero no pudo evitar reírse. Antes de que alcanzase a Hidan, Tobi lo tomó por la espalda, curvando sus brazos por debajo de sus axilas, deteniéndolo. El rubio movía y agitaba sus extremidades, histérico, vociferando maldiciones, insultos y amenazas.
—¡Basta, Deidara-senpai!
—¡Suéltame, Tobi!
—¡Ayúdeme, maestro Sasori!
Se oyó como un ruego. La segunda vez que Tobi lloriqueaba en pos del bien común desde que había llegado al salón. Consciente de que ya no podría fingir indiferencia, el pelirrojo hizo a un lado la taza de té, dispuesto a intervenir y hacer entrar en razón a Deidara. Porque, después de todo, lo único que verdaderamente le importaba eran los daños que Deidara podía sufrir y estaba claro que exaltado como era muy seguramente perdería una mano antes de lograr efectivamente que uno de sus pollos se tragase a Hidan y explotase con él en su estómago. Pero entonces lo oyó:
—No, no. Sasori está agotado. Estuvo comiendo un coño toda la noche, ¿no, Sasori?
Le lanzó una mirada gélida a modo de respuesta, con el sabor ácido de la repulsión sobre la lengua.
—No tiene ánimos de pelear. Parece que ha podido descargarse con la puta de Konoha que se trajo. ¿V-…?
Antes de que pudiese reaccionar, Sasori se abalanzó sobre Hidan y lo tomó por el cuello. El Akatsuki de cabello plateado llenó sus pulmones con oxígeno, sobresaltado, y luego sintió la presión de los dedos de Sasori aumentando, inmovilizándolo. Envolvió su mano entorno a su muñeca a modo de advertencia, sus facciones endureciéndose. Estaba sorprendido, sí, pero no permitiría que el pelirrojo dominase la situación. Hidan detestaba que jugaran con él, por más que disfrutaba hacerlo con los demás. Le sostuvo la mirada, intimidándolo. Sasori no sabía en qué se estaba metiendo.
—¿Qué estás buscando, Hidan? Si es a mí, mereces saber que ya me has encontrado—índice y pulgar presionaron, dificultándole la respiración. Hidan no se amedrentó:
—Adelante. Vas a arrepentirte—masculló.
Su mirada era provocante, incitante, como si tener la mano de Sasori envolviendo su cuello, robándole el aire, lo divirtiese. La partida que había estado esperando estaba por iniciar y la sangre le hervía con excitación. Desde su punto de vista aquella no era más que la ocasión perfecta para probarle a todos que Sasori y su nombre no eran más que una leyenda mal relatada. Él era tan fuerte como Akasuna, sino más, y ya era hora de que lo demostrase. Al menos, así, lo respetarían. Más importante, se aseguraría de que comprendiesen que Sasori no era el mejor shinobi en Akatsuki ni por asomo, y que todos esos beneficios que estaban concediéndole no tenían una sola razón de ser. Después de que oyesen las súplicas roncas del marionetista vibrar por los pasillos, no cabrían dudas.
Aprovechándose de la situación, el rubio esbozó una pequeña sonrisa, bajando los brazos y relajándose, con las manos de Tobi fieramente aferradas a sus prendas. Hizo un gesto agraciado, prepotente, pidiéndole en silencio al otro que lo soltase. Ahora que su maestro estaba a cargo ya no había de qué preocuparse. Ver cómo le daban a Hidan una paliza era uno de esos tantos sueños que, por incorrecto, Deidara pensó que no debía contar, muy a pesar de que a leguas se notase que se moría por hacer de Hidan su ansiada y mejor obra de arte, una explosión enorme en la que hasta su guadaña se deshiciese en un millón de partes. Sin saberlo, Sasori parecía estar a punto de cumplírselo. Regocijándose en la idea de que fuese su único, su mejor, su increíble compañero quien lo hiciese, se sentó sobre el apoyabrazos del sofá en el que se encontraba Kakuzu. Le habló con la excitación brillando en la mirada:
—Mi amigo, que tiene más sabiduría y experiencia en combate que el imbécil de tu compañero, está a punto de encerar el piso con él. ¿Acaso no te alarma?
La sonrisa era indisimulable. Sasori ejerció un poco más de fuerza. Deidara se mordisqueó los labios, como un niño.
—También hace falta barrer—oyó, indiferente, a Kakuzu.
—¿Disculpa?
La respuesta, sin duda, fue inesperada:
—Que Sasori barra el suelo con Hidan también, si puede.
—…¿Qué carajo te pasa, Kakuzu?
Deidara acababa de comprobar que cuando decía que el resto de los equipos dentro de Akatsuki no se valoraban ni la mitad de lo que Sasori y él lo hacían, no se confundía. Con los ojos entrecerrados y cierta incredulidad, escrutó a Kakuzu, que no se movió ni un ápice, incluso cuando oyó el jadeo de Hidan luchando por obtener algo de aire debido a la fuerza de Sasori. Parece que la idea de que fuesen a herirlo (y de gravedad) frente a él no lo movilizaba ni un poco. ¿Qué estaba mal con él? Deidara jamás lo comprendería.
—Estoy harto, Sasori—gruñó Hidan entre dientes, clavando las uñas en la piel pálida del pelirrojo.
—Debimos resolverlo la tarde en la que te acobardaste—una sonrisa se dibujaba sobre sus labios; Akasuna redujo la distancia entre sus rostros, disfrutando del poder de su fuerza.
—Eres un…
—Me has hecho esperar para nada, Hidan.
Jugaba, justo como él. Las pupilas negras estudiaban minuciosamente las facciones de Hidan, transformándose a medida que el oxígeno abandonaba su cuerpo. Quien lo viese no habría podido negar que Sasori era un sádico, que disfrutaba del dolor apoderándose de su víctima, que podía percibir el miedo y el corazón acelerándose a medida que la sangre corría por el cuerpo de su víctima. Hidan acababa de convertirse en su rata de laboratorio, y Sasori podía anticiparlo, la imagen de la valentía pereciendo bajo sus manos.
Bajo su agarre, el religioso aguardó tanto como pudo. Quería que Sasori pensase que su victoria era innegable, que de un momento al otro le pediría que lo dejase respirar, que se acobardaría al encontrarse con su inmensa fuerza. Cuando tuvo la impresión de que Sasori saboreaba su victoria, los segundos comenzaron a correr en dirección contraria al reloj. Le pegó un puñetazo, obligándolo a retroceder, y asegurándose de obtener el tiempo necesario le propinó un rodillazo en el estómago. Su diestra tomó rápidamente una kunai y la empuñó con habilidad, apuntándola hacia un sitio donde su mirada pudiese apreciar la sangre derramándose cuando la clavase: el hueco entre su hombro y su cuello. Sin embargo, Sasori reaccionó rápido. El sonido metálico de las armas colisionando, una deteniendo a la otra, hizo eco en el ambiente. Cautelosos, ambos shinobi se observaron.
—La espera se ha acabado.
Hidan se humedeció los labios antes de esbozar una sonrisa ávida que hubiera hecho retroceder al mismo Sasuke. Sus facciones y el brillo en sus pupilas denotaban excitación, ansias. Si la perspectiva de iniciar un ritual con Sasori ahí mismo lo preocupaba, hubiera sido imposible saberlo. A juzgar por su comportamiento, estaba completamente dispuesto a matarlo ahí mismo, sin impunidad. Y el hecho de que tres pares de ojos estuviesen presenciando el acto sólo intensificaba el placer que le producía.
Tan pronto como se percató de ello, Deidara se incorporó lentamente.
—Eh, deténganse—dijo, cauteloso. —Creí que era una peleíta amistosa, muchachos. No queremos que haya sangre que limpiar luego…
Dio un par de zancadas en dirección a ambos, ubicando al estar cerca sus manos sobre sus hombros, estableciendo una distancia entre su maestro y Hidan. A decir verdad, no le preocupaba la posibilidad de que Hidan hiriese a Sasori. No mucho. Es decir, estaba convencido de que de una u otra forma el pelirrojo humillaría a Hidan, pero tampoco le fascinaba la idea de que se enfrentasen, por si algo salía mal. ¡Sasori era fuertísimo! Pero Hidan también.
—Deidara…
—No me jodas, Sasori—replicó de mala gana. —Esto no tiene sentido.
—¿No es esta la pelea que esperabas?—inquirió Hidan, con sorna. —Ahora sabrás si tu danna es realmente tan fuerte como dice ser.
—¡Eso es indiscutible!
—Yo no estaría tan seguro.
—Déjame mostrarte—la tensión en la mandíbula de Sasori se extendió por el resto de su cuerpo. Automáticamente, Akasuna ejerció algo de fuerza contra el kunai de Hidan, elevando ambos y guiándolos hacia el cuello del Akatsuki con cabello plateado.
Tobi ahogó un gritito. Su mirada encontró la de Deidara, implorante:
—Deténganse.
—No intervengas, Deidara—fue claro, ácido.
—¡Sasori no danna!
Sonó como una queja angustiosa, pero el eco de su voz se consumió repentinamente cuando una capa negra atravesó el marco de la puerta, robándole el aire a todos los presentes. Deidara no pudo evitar pensar que la presencia de Pein en aquel evento le hubiese resultado menos inquietante a su agobiado corazón. Los ojos sangre del sharingan escrutaron la escena fríamente.
—Hidan, Kakuzu, vámonos. Kisame aguarda.
Itachi recorrió con la mirada la posición de ambos shinobi, la intención en cada músculo, preguntándose si acaso serían tan estúpidos como para iniciar una pelea dentro del escondite de la organización. Hidan estaba desquiciado, no le hubiera sorprendido, pero Sasori siempre había sido más sensato. Debía reconocer que el talento de Hidan para hacer a los demás perder los estribos podía con la paciencia de la mayoría, así es que incitaciones correctas podrían fácilmente haber convencido a Sasori. Se preguntó cuáles habrían sido los puntos débiles que Hidan había oprimido con tanta eficacia. Más importante, se preguntó por qué el rubio habría dejado que la situación siguiese un curso tan peligroso, cuando había sido ya advertido acerca de las sospechas en los miembros de Akatsuki y los problemas que ellas podrían traerle a Sasori. Clavó sus pupilas en la figura de Deidara, que temblaba como una hoja. Patético.
—Me sorprende lo inútil que resultaste ser, Deidara—emitió con voz trémula, impasible. Sasori se percató de la forma en la que su amigo se tensaba, aún entre Hidan y él. Recordó el miedo de Deidara la tarde en la que le confesó que Itachi había platicado con él. Y también recordó la conversación que él mismo tuvo con Itachi.
Lanzándoles una última mirada de soslayo, Uchiha se giró. Kakuzu siguió sus pasos en silencio, alejándose a lo largo del pasillo, como si sencillamente no hubiera sido testigo del enfrentamiento entre Sasori y Hidan, que aún en la quietud que la interrupción de Itachi había generado seguía vibrando, ardiendo, bajo las palmas de Deidara que procuraba mantenerlos separados. Tobi, en cambio, le dedicó una mirada breve a la pareja que se marchaba y otra intensa al resto que pese a su máscara delataba la incertidumbre que sentía. Por primera vez, en lugar de vociferar alguna estupidez y tomar a Hidan por la capa, jalándolo junto con él, se mantuvo en silencio; tenía las manos al frente, los dedos enredándose, miedo.
Resignado, Sasori hizo un movimiento veloz que dirigió la kunai de Hidan directo al suelo. Guardando la suya, masculló sin más:
—Será en otra ocasión.
Hidan lo miró boquiabierto. No precisamente por la habilidad con la que lo había desarmado debido a que tenía la guardia baja (no había otra explicación; Sasori no era tan fuerte y él tenía una muñeca arduamente entrenada que no cedería ante las manos delicadas de un pintor), sino más bien por la sencillez con la que había dado su pelea por concluida. No había acabado. No así. Y, sin lugar a dudas, no sería Sasori quien decidiría el final. Eso le correspondería a él, en el momento en el que lo dejase inconsciente.
—¡Espera!—le gritó cuando Akasuna giró sobre sus talones, dando el primer paso lejos suyo.
—¿Acaso no tienes una misión asignada?—inquirió éste, sin siquiera girarse. —Pein se molestaría si te ausentases tan sólo para que te diera una paliza. ¿No te parece?
Sus pisadas eran largas; zancadas elegantes, casi sin ruido. Hidan era atolondrado, pero su oído era agudísimo y Sasori se movía muy rápido pero parecía estar haciendo nulo esfuerzo. Eso le molestó. Estaba huyendo, pero al hacerlo de esa forma pedante incluso parecía digno. Sasori ocultaba su cobardía detrás de esa expresión indiferente, detrás de ese andar refinado. Las cosas no funcionaban así. ¡La maldita rata debía correr, implorándole que no lo hiriera!
—¡¿A quién vas a darle una paliza, idiota?!—lo tomó por el hombro con la diestra, pero Sasori no se detuvo—. ¿Eh?
—¡Paren, carajo!
Deidara estaba inquieto. Más que antes. Tenía las pupilas pequeñas y la respiración agitada, caminando detrás de ambos por el pasillo. La desesperación súbita que sentía por detener esa pelea despertó la curiosidad de Hidan. Minutos atrás, parecía excitado con la perspectiva de que el enfrentamiento se produjese.
—Resuélvanlo en otro momento.
—No voy a repetirme. Estás aburriéndome, Hidan.
—Entonces hagamos algo entretenido, Sasori—masculló, con la mandíbula tan tensa que dolía, detrás de las pisadas del pelirrojo.
—Ugh—el sonido que emitió Deidara desconcertó a Hidan, que entrecerró los ojos. —¡No! ¡Ni en un millón de años, Hidan! ¡Qué tipo retorcido y morboso resultaste ser!
Entonces Sasori se detuvo frente a su puerta, una media sonrisa sobre los labios.
—…¡Deidara! ¡Ahora sí estás jodido!—la ira vibraba en su tono de voz cuando se giró en dirección al rubio.
—Espero que no seas el culpable—replicó éste, pasando junto a él.
Tobi se partía de la risa, corriendo detrás de Itachi y Kakuzu que llevaban la delantera. Sasori los observó de reojo. Uchiha ni siquiera se había volteado mientras que Kakuzu miraba con cierta complicidad a Deidara, quien caminaba detrás suyo. Podía leer el orgullo en su andar; Deidara se consideraba el vencedor de la pelea y no le tenía ni un poquito de miedo a Hidan. Después de todo, la discusión había abandonado el terreno peligroso hacia el que había virado cuando su kunai chocó con la de Hidan. No habría peleas ya. Y, pensándolo bien, no sabía si el orgullo de Deidara se debía al comentario acertado que había realizado o al hecho de que había logrado evitar que su maestro y Hidan intentasen matarse en la sala de estar de la organización.
—¿Te marchas, Deidara?—inquirió, alzando la voz.
—Voy por algo de comida—al replicar, Deidara ni siquiera se volvió, únicamente agitó la mano, restándole importancia y asegurándole que volvería pronto.
Un "si no te mato primero" hizo eco en el pasillo, perdido entre las pisadas de los demás. Sasori supo automáticamente que Hidan se había callado solamente para reconocer el ingenio de Deidara, lo que sin duda no significaba que se hubiera dado por vencido y que no tuviese muchísimos deseos de partirle la cara por ridiculizarlo así. De hecho, cuando sus pupilas se fijaron en él, Sasori pudo leer toda la tensión, la violencia y el enojo acumulándose en los hombros y los puños. Pero no sintió preocupación. La verdadera amenaza sólo había estado presente cuando lo tomó por el cuello. Entonces Hidan había estado dispuesto a matar. Pero ya no.
Deidara estaba a salvo.
¿Y él? Vaya uno a saber.
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¡Hola! Supongo que esta puede considerarse otra actualización inesperada.
Sin embargo, estoy convencida de que han pasado períodos más largos sin que tuvieran noticias de esta historia y, a esta altura, ya nada debe sorprenderlos demasiado jaja.
Voy también a confesar que este capítulo está redactado hace al menos dos semanas en las que no pude tomarme el tiempo para pulirlo y responder a cada uno de sus comentarios, así que podría haber sido publicado antes, pero la escasez de tiempo me lo dificultó. Además, dudé mucho, ya que originalmente planeaba ser más largo e incluir un acontecimiento de gran relevancia (para mí, para la historia, para ustedes) que creí que podría quitarle protagonismo a Hidan y su valentía (¿o descaro?). Opté por terminarlo acá. Y pedirles nuevamente que sean más pacientes.
Espero, de verdad, que lo hayan disfrutado.
¡Gracias!
: ¡Hola! Tengo, de vez en cuando, la fortuna de encontrarme con alguna lectora que me suena conocida, tal vez de los inicios del fic o de algún otro, ¡este es tu caso! Y tengo que admitir que me emociona, ya que significa que no es un fic que quedó en el olvido luego de una lectura inconclusa. Te agradezco mucho el entusiasmo y el interés. Ojalá este capítulo te haya gustado.
Maraiah: ¡Muchas gracias por todos los saludos correspondientes al tiempo que duró mi ausencia! Como siempre, disfruto mucho leer tus comentarios. Sé que en mi última respuesta hice una promesa acerca de este capítulo que no cumplí, pero en el próximo será. Y esta es una promesa seria (todavía más que la anterior). Espero que el capítulo haya sido de tu agrado. ¡Saludos!
Iwaizume Hajime: No pretendo robarte horas de sueño, ¡pero qué orgullo si lo hago! Espero saber pronto tu opinión acerca de este capítulo.
Herecomesthecookiemonster: Me halaga mucho saber que esta es una de tus historias preferidas. Voy también a confesar que a esta altura, después de tanto tiempo, debería ser algo pulida, pese a que me enorgullezco mucho de ella. Es, de todas formas, muy satisfactorio saber que te gusta tanto. Asumo que hacer un seguimiento de ella con una autora tan inconstante (y vaga) ha de ser algo difícil, pero agradezco mucho que lo hagas. Una vez más, prometo que de una u otra forma sabrás el final de esta historia (porque no pienso dejarla. Nunca). ¡Ojalá hayas disfrutado este capítulo!
Maisa: Suelo tomarme el tiempo de responder los comentarios ya que, a decir verdad, tomo mucho de ellos a la hora de escribir y me divierto haciéndolo. Sugiero que te acostumbres. ¡Espero que el capítulo te haya gustado!
L0nildowe: Si había expectativas de que esta fuese la actualización de otro fic (otra vez), lamento haberlas estropeado. De todas formas, ¡espero que leas con entusiasmo este capítulo y me cuentes qué te pareció!
Lisanhue Iar: Saber que habías leído este fic un año antes de su última actualización me deja algo inquieta (¿verdaderamente me tomé tanto tiempo en escribir un mísero capítulo? Deberían odiarme). Me alegra, sin embargo, que lo hayas recordado y decidieras continuar con la historia. Graciasgraciasgracias.
Guest: Siempre que un lector hace esta pregunta vuelvo a preguntarme por qué hice aclaraciones estúpidas en el primer capítulo del fic y olvidé hablar acerca de la naturaleza de Sasori. Uno de los cuántos misterios en la vida. En este fic Sasori es humano; de otra forma, no podríamos justificar las heridas y las ocasiones en las que Sakura lo curó. Lamento que no haya sido un punto claro desde el inicio de la historia.
weriita: Supongo que ha pasado algo de tiempo pero no ha sido tanto como en otras ocasiones. Mi musa regresa de a momentos, pero se ha comportado mejor últimamente. Espero que el capítulo te haya gustado.
Brisseida: Parece que es un factor común entre los lectores de este fic reencontrarse con él y tener que volver a leerlo ya que han perdido el hilo. Me siento culpable y agradecida en partes iguales; ya que ha de ser tedioso, pero sin duda significa que al menos consideran que vale la pena volver a leerlo. Prometo no dejarte morir en la incertidumbre y hacer todo lo posible para mantener viva a mi musa. Gracias por todas las valoraciones acerca de la historia. Me incentivan un montón.
lizbethmancera5: ¡Agradezco mucho todo el entusiasmo contenido en ese comentario! Como he dicho muchas veces, no hay forma de que deje inconclusa esta historia, así que no deberías preocuparte. ¡Ojalá este capítulo también sea una grata sorpresa!
Gwen Phoenix: Si logré emocionarte al menos un poco con el capítulo anterior, entonces sin lugar a dudas he cumplido con una de las metas principales que debe tener todo autor a la hora de escribir. Me conmueve mucho saberlo. Creo que Kakashi tuvo suerte; recibió y percibió la información justa. Naruto no hubiera podido resolver solo el enigma y su maestro es la persona adecuada para hacerlo por él. Además, disfruto mucho escribir acerca de ambos. Tras una espera larga (pero no tan larga como otras), ¡espero que te encuentres pronto con esta actualización!
Nana: El factor sorpresa es la clave. La espontaneidad también. Ojalá disfrutes mucho este capítulo.
Muren: Viva y feliz. Más viva que feliz, pero así es la vida. Me alegra mucho saber que te parece que conservo el "toque", ya que sin duda he notado transformaciones en mi escritura y a veces me pregunto si esto es para bien o para mal. Confiaré en que lo importante sigue allí. Espero que este capítulo te guste y no te tome tan desprevenida como el anterior.
H1n3sh: ¡Hola! En primer lugar, voy a agradecerte por tomarte el tiempo para hacer valoraciones tan lindas acerca de la historia. Me hacen muy feliz. Por otro lado, quiero decirte que una de las peticiones que hiciste estaba camino a ser cumplida desde antes que redactaras tu comentario ¡y ya está publicada! A pesar de que el capítulo no ha sido narrado desde la perspectiva de uno de los Akatsuki ajeno al asunto, podrás imaginarte cómo se siente la mayoría con respecto a Sakura. De una u otra forma, esta situación continuará desarrollándose en los siguientes capítulos, así que tendrás una impresión más clara con el avance de la historia. Gracias, una vez más, por todos los cumplidos entorno a la historia y su narración .
Meems: Me he divertido mucho leyendo tus comentarios. Leer tu opinión acerca de cada uno de los capítulos y encontrar en ella el avance de la historia me ha dejado una linda sensación en el pecho. Es que hiciste que me encontrara con cada uno de los eventos y los personajes desenvolviéndose lentamente. Te lo agradezco mucho, de verdad. Ojalá este capítulo te guste y me des el placer de volver a leerte.
Yui-Taisho333: ¡He aquí la continuación que esperabas! Tengo que admitir que me he quejado en innumerables ocasiones de lo mismo: no hay fics que describan al SasoSaku como la pareja encantadora que podría ser, no hay autores convincentes. Me alegra que pienses que este fic tiene el potencial suficiente para ser leído y que los personajes se desenvuelven de una forma natural, ya que sin duda este es el factor que hace a la coherencia que muchas otras historias no tienen. Espero que el capítulo te guste. ¡Saludos!
