Capitulo I
A Short Term Effect
Era una noche bastante calurosa en la ciudad de South Town, K trataba de conciliar el sueño, pero no lo conseguía, era demasiado para su gusto, a pesar de ser una estación agradable para el moreno. Se colocó un bóxer que sacó de su cómoda y se levantó en dirección a la cocina para sacar una cerveza del congelador, volvió a su habitación para buscar su medicina, y se dirigió al balcón, sintió una suave brisa que envolvió su cuerpo únicamente adornado con su cruz, detalle que le habían obsequiado sus padres para su cumpleaños número diecisiete, detalle que no lo dejó indiferente, luego del accidente automovilístico que desafortunadamente les quitó la vida. Su hermana Seirah, era el único familiar cercano, aunque ya no vivían juntos hace un par de años, sí lo hacía con su cuñado y amigo Máxima. Dos años mayor que K, por lo que a sus veinticinco, la amistad desde la secundaria permanecía intacta, a pesar de la notoria diferencia de personalidades que ambos poseían. K era reservado, impaciente, arisco y no dudaba en decir lo que pensaba, sin importar las consecuencias. Era arrebatado a sus impulsos por naturaleza, por eso debía tomar su medicina que lograba calmar un poco la ira interna del chico, que había surgido después del trágico evento de sus padres, en donde el causante de la muerte de sus progenitores, había salido impune en el juicio, en donde deambulaba libremente por las calles de la ciudad. Cuando K y Seirah se enteraron de la resolución, el peli blanco fue en busca del asesino de sus padres, no descansó hasta dar con su paradero. Cuando dio con el hombre después de meses de incansable búsqueda; Fueron tantas las ganas de hacerle pagar por haberle arrebatado parte de la felicidad de su hermana y de él que le causó múltiples fracturas. Le quebró la clavícula, dos cosillas y cuatro dientes al estrellar su cara contra el pavimento. K fue a la correccional de menores a sus jóvenes diecisiete años. Estuvo tres meses imputado por agresión premeditada e intento de homicidio. A partir de ese momento K se vio varias veces envuelto en pleitos callejeros, comenzó su adicción al alcohol y al cigarrillo. Al cumplir los diecinueve, fue a prisión preventiva por conducir en evidente estado de ebriedad. El juez consideró los antecedentes psiquiátricos que el abogado de K había presentado, luego de haber estado en la correccional y salir con la condición de que debía ir al psiquiatra para manejar los ataques de ira que presentaba el moreno. Fue así como los años fueron pasando lentamente en los que K parecía controlarse durante períodos de tiempo. Máxima lo contenía durante las noches cuando sentía que la habitación del chico parecía sufrir los estragos cuando K no tomaba su medicina. Era en ese momento en el que debía llegar Seirah a altas horas de la noche para controlar a su hermano. Frente a la impotencia de no poder calmar la rabia contenida en su hermano, fue cuando encontró el apoyo y contención en el amigo del chico. Se podría decir que una de las pocas cosas buenas que surgieron de los problemas en los que K provocaba, surgió el amor entre la pareja. El joven peli blanco miraba en su antebrazo la cicatriz de una herida, producto de su primera pelea en el Mac' Bar con un tipo que derramó en su cabeza tratando de provocar al chico. K derribó al sujeto de un gancho directo a su tabique generando la inmediata pérdida de conciencia del provocador. Fue la tercera vez que estuvo en la cárcel, a los veintidós años. Fue liberado al siguiente día, luego de que Máxima pagará su fianza junto a Jack, el dueño del bar quien testificó a su favor en la provocación.
Encendió un cigarrillo mientras su mente rocordaba aquellos disturbios en los que se había visto envuelto. Probó la primera bocanada de humo, lo retuvo unos instantes y luego lo soltó, bebió un largo trago de cerveza para tomarse la pastilla, sintiendo como bajaba por su cuerpo acaparando la sensación de frescura olvidando por unos instantes que debía depender de la puta píldora que mantenía a raya sus arranques de ira. Miró las luces que adornaban la ciudad cuya vista en su balcón permitía desde su apartamento de clase media que habían conseguido gracias a las gestiones e influencias de Máxima con su cargo en la compañía Inteligence & Technology. El silencio le ayudaba bastante. Máxima se había quedado en la casa de los padres de Seirah y K, quienes les habían dejado a ambos como herencia, en Sound Beach. K había decidido que era tiempo de mudarse cuando sus padres habían fallecido, pues, se sentía como una maldita carga para su hermana al no poder contener el odio que sentía por lo sucedido. Máxima había decidido también en favor de su mejor amigo y para tranquilidad de Whip con la idea de que quizá, la independencia de K lograría apaciguar sus emociones, por lo que se iría a vivir con él para ayudarlo con él alquiler y también para vigilarlo. Fue ahí que Máxima una vez más ayudó a encontrar el trabajo que lograría mantener tranquilo a su amigo en el taller mecánico de un ex comandante retirado de la milicia llamado Heidern, que había montado el taller en la ciudad, luego de recibir una jugosa indemnización por el retiro temprano causado por un impacto de bala en el ojo cuando se encontraba en una misión de reconocimiento hace diez años atrás en Corea del Sur. El militar retirado mantenía una muy buena relación con Máxima de hace algunos años, producto de prestar algunos de sus servicios a los autos de los altos mandos con los que trabajaba el amigo de K. Durante la entrevista, el grandote omitió el pequeño detalle de la conducta antisocial de K, sus problemas con el alcohol y el cigarrillo, así como también de su dependencia de la famosa pastilla que lo hacía comportarse como una persona normal. Heidern, miró al chico con cara de pocos amigos. Lo examinó de pies a cabeza y le dijo: -Tengo una condición antes de aceptar a tu amigo Maxima. – Le dijo con un tono desafiante al chico de los cabellos blancos. – ¿Ves esa moto en la parte trasera del taller.?- Le apuntó en las afueras de su oficina. – Si arreglas esa Harley Dadvison, quedas contratado. Le dijo al Moreno. – Acepto. – Contestó. --Pero también debo quedarme con ella si quieres que la arregle. – Le propuso K. Heidern lo miró unos instantes, luego habló : -- Podrá ser tuya cuando la arregles. – Afirmó. – Más la mitad de tu primer salario. Máxima miró a su compañero quien estiraba su brazo para cerrar el trato con su futuro jefe. Todos habían quedado satisfechos con la resolución.
Así, a sus veintitrés años, comenzó a trabajar en el Mechanic old Soldiers, cuyo nombre se debía a la mayoría de soldados retirados que habían dado de baja o habían jubilado antes de su período. Los mecánicos que habían en ese lugar, eran su mayoría hombres de cuarenta y cincuenta años, por lo que K, era el único chico joven que trabajaba en el lugar, además de no tener ningún vínculo con la milicia.
Su cabeza no recordaba esas anécdotas mientras miraba el humo de su cigarrillo. Terminó su cerveza, volvió a la cama, ya más fresco y tranquilo por el efecto de la medicina. Aún quedaban horas de la noche para descansar antes de ir a su lugar de trabajo.
Eran las siete en punto cuando la alarma de su celular se encendió y vibró al ritmo de "Iron Fist" de Motorhead. K se despertó a regañadientes, pues su desvelada nocturna le había pasado un poco la cuenta, la medicina provocaba la sensación de letargo en él. Se sentó en la cama para ponerse de pie e ir al baño. Abrió la llave para que saliera el agua, ingresó a la ducha y dejó que el líquido tibio recorriera en todo su cuerpo bien dotado. Al terminar, se colocó una toalla en las caderas, recogió la ropa que se iba a poner del suelo; unos jeans gastados grises, una sudadera negra que dejaba entrever su cuerpo marcado por abdominales que aunque no precisamente eran por una constancia en el ejercicio, ya que K consideraba una pérdida de tiempo asistir a gimnasios en la que un montón de hombres y mujeres iban a batir la lengua y a buscar pareja más que a entrenar, por lo que optaba de vez en cuando, asistir a un pequeño local en el que practicaban boxeo cerca de South Park. Se puso sus botas vaqueras clásicas negras; regalo de su hermana mayor cuando adquirió la moto. Se dispuso a preparar el desayuno, unos huevos con tocino frito, un café negro sin azúcar. Al terminar, dejó los platos en el fregadero, se lavó los dientes, se dirigió a la salida tomando las llaves del apartamento y de su moto junto a los lentes que se encontraban en el mesón, recogió su chaqueta de cuero del sillón. Esperó el ascensor, agradeció que nadie bajara con él, pues la gente tenía esa estúpida costumbre de improvisar conversaciones sin sentido mientras debía aguantar nueve pisos de tortura con las personas que vivían en el mismo edificio.
Al encontrarse con una de las pocas cosas a las cuales tenía efecto, su moto, la encendió provocando un sonido delicioso para los oídos de K. Partió a toda velocidad para llegar a su trabajo. Le gustaba lo que hacía, era mecánico de autos y motocicletas, ya tenía el conocimiento de algunos años de experiencia en el rubro. Una de las pocas cosas que no le daba pereza realizar y que no nadie lo molestaba. Los motores, la música y él. No podía pedir nada más.
Era medio día cuando sintió vibrar su celular en el bolsillo que anunciaba la llamada entrante de su hermana. – Hola hermanito --. K detestaba que lo llamara así, pues sí era mayor, pero el tono burlón con que lo pronunciaba, lograba hacer perder la poca paciencia que tenía el moreno. -- ¿Necesitas algo? – Intentó sonar lo más natural posible para ocultar su irritación. – Haremos algo en la casa de nuestros padres junto a Kyo y Yuki, ella traerá una amiga, es muy linda, por cierto – Dijo esto último con la esperanza de que su hermano se animará a compartir con ellos y pudiese darse la oportunidad a la chica. – Tengo otros planes Whip – La cortó. Seirah hizo un sonido de decepción por la negativa de su hermano. – Hace tiempo que no hacemos algo todos juntos para compartir – Le reclamó. Pero el moreno, sin dar tregua a las cariñosas manipulaciones de su hermana, le contestó: -- Si tus planes de compartir es que me estés arrojando mujeres desesperadas que andan con el vestido de novia en la cartera, no gracias, no me interesa compartir con ustedes. Además – Prosiguió – Pasaré al bar y beberé unos tragos, luego iré a casa. Estoy cansado, he tendió bastante trabajo en el Taller. Además, sabes que no soporto a Kyo. – Cuando su hermana escuchó del otro lado de la línea lo que su hermano le explicaba, le respondió : -- Si tus grandes planes de tomar y buscar pleitos gratis en un antro de mala muerte son mejor panorama que el que te propongo yo, solamente te diré que te cuides y regreses a salvo al apartamento. – Luego sentenció. – No quiero que te metas en problemas hermano. Iré mañana y te prepararé un Beef Jerky en el desayuno como te los hacía mamá. —Le mencionó con la intención de que K regresará sano al apartamento para esperarlos. – Hasta mañana hermano, te quiero. – Dijo la castaña. – Sí, adiós. -- Le expresó el menor, apretó el botón rojo y siguió trabajando.
