CAPÍTULO III
Turn Me On
Kula sentía el calor que emanaba de la espalda del chico, pero, no le desagradaba, le excitaba, apoyó su cabeza en el hombro derecho de K, mientras esperaba que diera luz verde en el semáforo, en la calle no había nadie por las altas horas de la noche. Fue en ese momento cuando las palabras que resoplaron como un suave susurro de Kula en el oído de K, hicieron encender aún más las llamas en su interior. -- ¿Me harás el amor? – El chico de los cabellos blancos se giró y la tomó por las caderas para dejarla frente a él en la moto. Ambos se miraron esperando el siguiente paso. K la acercó más a él tomándola de su culo a horcajadas que hicieron rozar entre sí sus sexos. Ella se encontraba húmeda, él se encontraba erecto a más no poder. K besó a Kula en los labios sin dar tregua al oxígeno, por lo que ésta jadeó en respuesta a la provocación del moreno. Respondió el beso tratando de seguirle el ritmo. La lengua de K buscaba la de ella como si el juego de rozar y masajearse en ambos órganos musculares no tuviese pausa. Se alejaron un poco cuando les faltó el oxígeno y ya no podían seguir, juntaron sus frentes y se miraron una vez más. Ella lo miraba suplicante de seguir con él beso, se bajó el cierre de la chaqueta dejando ver sus hermosas tetas a través del top. K, captó la intención, por lo que la besó una vez más, con desesperación, como si el tiempo no fuera suficiente. Su lengua era como una bestia tratando de encontrar a su presa para arrinconarla provocando la falta de aire una vez más. Lentamente siguió un camino desde sus labios aún humectados por el brillo labial carmesí, para recorrer el cuello de Kula, haciéndola suspirar, era una gata ronroneando por el placer de los cariños de su amo. En aquel momento, la luz del semáforo cambió para que pudiesen avanzar. K se dio cuenta porque un auto con otra pareja que, con risitas cómplices, tocaron suavemente la bocina para que el motociclista y su acompañante avanzaran. El moreno dejó de besar el cuello de Kula, no sin antes agarrar su trasero demostrando posesión de ella. – Vamos a mi apartamento – La tomó de las caderas nuevamente y la volvió a su puesto detrás de él. Cuando lo hizo, la chica ya no tan pálida producto del rubor en sus mejillas, soltó una pequeña risa expectante de lo que pasaría en el apartamento del hombre que la hizo perder el control de sí durante breves instantes.
K recordó que esta noche Máxima no se encontraba en el apartamento, por lo que no dudó en colocar contra la puerta a Kula, mientras le metía la lengua en la boca, aprisionaba su miembro en la entrepierna de la chica, provocando jadeos que eran silenciados con los besos del peli blanco. Al abrir la puerta, K la sujetó de los muslos y la llevó a su habitación dejándola en la cama sin dejar de besarla, Dios, si supiera que en ella iba a encontrar la perdición de su cordura… ¿O la redención?. Nunca había hecho algo tan impulsivo con una mujer, es más, K no llevaba a nadie al apartamento.
Cuando le sacó la chaqueta, vio nuevamente ese top de encaje que parecía sacado de la mejor película erótica adulta. Le desabrochó y bajó el cierre de su short para dejarla solamente con las pantis caladas y el top que ella ya iba sacándose hasta quedar con un mini corpiño. Ella lo miraba expectante con un rubor evidente en sus mejillas. K, recorrió con su lengua el cuello hasta morder suavemente su hombro izquierdo, en lo que Kula pensó que se iba a desmayar del placer, le acarició sus cabellos alborotados al moreno, le sacó su chaqueta y la sudadera, miró sus brazos y su torso, como si de una deidad se tratara, le besó suavemente los pectorales y su abdomen, K emitió un rugido suave, como un tigre que se regocija ante las suaves caricias de sus labios. La detuvo unos instantes, la miró deleitándose con lo que tenía en frente, quizá en la poca conciencia que le quedaba, pensó que debía parar, quizá ella no quería que pasara a más, pero notó enseguida que la chica delante de él, lo tomó con sus suaves manos, estaban un poco frías, lo acercó hacia ella y lo besó como si no existiese mañana, como si supiera el momento de duda que pasó por su cabeza, dando pase libre a lo que iba a suceder minutos después. Le bajó las pantis para dejarla solamente con la ropa interior, la volvió a recostar en su cama, fue bajando lentamente por sus pechos saboreando sus rosados pezones que se asomaron por sobre el mini corpiño. Sostuvo uno con su mano derecha y lo mordisqueó provocando que a la chica se le escapara un gemido que lo encendió aún más. Masajeaba el otro sin dar tregua al placer que encendía el calor húmedo de Kula en su vagina, tenía sus pantaletas mojadas con deliciosos jugos que K ya deseaba probar. Cuando sus labios comenzaron a bajar por el abdomen de la mujer hasta llegar a su monte de Venus, Kula apretó los labios cerrando sus ojos por el cúmulo de sensaciones que la invadía. Sacó sus pantaletas a juego con el corpiño que hace un rato yacía en el suelo de la habitación. La chica pálida se encontraba fuera de sí, pero intentó recobrar el aliento tratando de no perderse en sus ojos azules que la hacían recordar a las bravas aguas del océano en una noche de tempestad. – Creo que no es justo que yo esté desnuda ante ti y que tú conserves aún los pantalones – mirándolo de forma lasciva. K comprendió que debía sacarse sus botas, por lo que ella le ayudó a bajar el cierre de sus jeans, dejándolo solamente con el bóxer que se notaba apretado por la gran erección que se asomaba por la parte superior de su ropa interior. Ella sujetó su miembro para que terminará por salir del bóxer, hizo movimientos que K pareció nublársele la vista. Ella bajó e introdujo el duro pene en su boca. Lo hacía tan bien que K sintió tambalear sus piernas por el placer que aquella inocente chica en busca de experiencias nuevas, había dado a parar con él. Rugió de manera ronca, entonces fue cuando la levantó, con sus manos le acarició su redondo culo que era un espectáculo digno de ver a la luz de la luna, que hacía resplandecer su pálida piel. – Ahora es mi turno – le anunció de forma seductora, con una mueca de satisfacción. La levantó sujetándola una vez más por sus glúteos tonificados y la llevó nuevamente a su cama. Cuando le abrió las piernas, Kula le dedicó una mirada ardiente que dejaba claramente ver las intenciones de K, el aroma de ella era embriagador, una fragancia única que el moreno jamás había sentido. Eso lo volvió loco. Comenzó a darle suaves besos en sus muslos mientras se abría pasó hacia su vagina. Kula ya no podía ocultar los gemidos que seguramente se oían más allá del apartamento. La ventana del balcón se encontraba abierta. Kula por cada maniobra de la boca de K en su vagina se aferraba a las sábanas y movía la cabeza de un lado a otro tratando de encontrar alivio al calor que ya no podía contener. Fue así cuando tuvo su primer orgasmo por sexo oral. A K le dolía su erección, por lo que regresó a los labios de la chica que yacía casi inerte sobre la cama. Cuando la besó, Kula sintió por primera vez el sabor de sus cálidos jugos en su boca. No pudo dejar de sentir que lo que había estado buscando toda una vida, al parecer lo había encontrado en el peli blanco. – ¿Te cuidas? – le preguntó el chico que se encontraba sobre ella. Kula no había reparado en ese pequeño detalle. Era su primera vez. – No, es mi primera vez. –K se separó de ella y la miró pensando que seguramente le estaba haciendo una broma, pero no. La chica miró hacia un lado de la habitación y le dijo: -- Sé que nos conocemos hace un par de horas, pero quiero seguir adelante. – y agregó. --Me tomaré la pastilla del día siguiente cuando pase por una farmacia antes de ir a mi casa. A K le pareció mejor esa idea que detener todo ahora cuando a él le faltaba disfrutar de encontrarse con la chica que tenía debajo de él. Fue así que terminó de bajarse sus boxers y sin más, buscó alivio para su erección en el interior sabrosamente empapado, que permanecía caliente por el reciente orgasmo. Lo introdujo lentamente para disfrutar la tibia humedad de Kula sin causar tanto dolor por romper su barrera de virginidad. Él sería el primer hombre en su vida. K lo pensó unos instantes. Sin embargo, siguió, ya estaba dentro de ella. Kula pareció encogerse aferrándose al cuerpo de su acompañante con evidente dolor, luego que el movimiento iba en aumento, mordió sus labios una vez más y lo besó introduciendo su lengua en la boca de K. Cierto es, que ninguno de los dos quería que esa noche terminara. Algo había en el otro con el cual se sintieron como cómplices nocturnos que se permitían entregar todo del otro con tal de dar y recibir placer correspondido. Kula, al sentir el miembro grande y grueso de K, lanzó un gemido, levantó sus caderas buscando más del moreno, ya no sentía dolor, tampoco sangraba. Él se sintió con la libertad de acelerar el movimiento para ir en busca del punto culmine en ambos, ella le abrazó su ancha espalda con las piernas, lo besaba por todos lados. Él enloquecía por las caricias de la bella chica. Cada vez el movimiento aceleraba, K gemía roncamente en el oído de Kula, que a su vez dejaba escapar jadeos de sus finos labios. Los gemidos iban en aumento. Cuando Kula sintió una gran explosión dentro de sí, gimió de la manera más candente que K había escuchado jamás en una mujer. Luego vino su descarga de semen hirviendo que pareció quemar aún más el interior de Kula, que chorreaba hacia el exterior de su vagina, con cada embestida bestial hacia la chica. provocando un gemido por parte del moreno que cayó derrotado en el pecho de Kula. Ambos estaban cubiertos por una fina capa de sudor luego de la acción. El aroma que se sentía en la habitación, producto de la unión de aquellos dos era como una droga que los invitaba a probar nuevamente el uno del otro. Se quedaron abrazados unos minutos más cuando la chica le preguntó: -- ¿Dónde está el baño? – Quiso saber la rubia. -- Está por la puerta de enfrente saliendo de ésta habitación. – Le contestó el peli blanco. Kula se levantó, no sin antes besar dulcemente a K, y se dirigió al lugar señalado para limpiarse los restos de semen que habían en su entrepierna. K encendió un cigarrillo y se dirigió desnudo y aún con una leve erección al balcón para apreciar la vista. Hoy la ciudad tenía algo distinto, K sonrió para sí. Cuando volvió Kula, con su delgado cuerpo desnudo, lo abrazó por detrás, depositando sus senos que tanto había saboreado K hace instantes, estaban levemente rojizos, producto de las mordidas y pellizcos. Se puso de puntillas para besarle sus omóplatos, luego se dedicó a admirar también la vista. -- ¿Deseas algo? Voy a la cocina por un vaso de agua – Le preguntó el moreno, quitando suavemente las manos de su pecho. – Un vaso de agua estaría bien. – Le pidió la rubia. K, salió de la habitación en busca de lo que le había pedido su inesperada compañía. Cuando volvió, vio que Kula permanecía de pie frente al balcón totalmente desnuda, con la luz de la luna resplandeciendo su piel. Esa imagen quedaría grabada en su subconsciente por siempre – pensó --. La abrazó por detrás dejando su pene entre las nalgas cubiertas por el cabello de la rubia que extrañamente se veía azulado por las luces nocturnas. Kula, sintió inmediatamente la erección de K, éste, dejó ambos vasos en la mesa que había cerca, volvió a tocar sus senos que le parecían perfectos. Luego, introdujo sus dedos en su aún cálida vagina e intentó buscar el placer de escuchar sus gemidos femeninos que lo encendían cada vez más. Kula, lanzó un pequeño chillido en respuesta a la provocación de K, por lo que se dio vuelta para besarlo, él la levantó y la apoyó en la pared del balcón. Se acomodó su miembro viril erecto para introducirlo una vez más en ella, y comenzó con las embestidas, ésta vez más suaves para no perder el equilibro estando de pie, Kula brincaba en busca del placer que su hombre le propiciaba. Los jugos de la chica chorreaban las musculosas piernas de K, la besó y se apegó más a ella quedando ambos sumidos en una silueta única que se movía al compás del sonido de sus cuerpos chocando para llegar al orgasmo. K la besaba, mientras ella se aferraba a su espalda y acariciaba su cabello que tanto le gustaba. Comenzaron a gruñir y gemir en conjunto, luego siguieron los jadeos, K le llegaba hasta el fondo con la penetración. Cuando ambos se sintieron explotar, se abrazaron y besaron como si estuviesen destinados a compartir ese maravilloso placer eternamente. A ninguno de los dos les preocupó si alguien los había visto en semejante unión, nada más les importaba, era extraño, esa atmósfera que los rodeaba desde que se habían conocido en el bar, los obligaba de cierta manera a permanecer atrapados en el sentir del otro, una rara necesidad que ambos nos sabían que sentían y que, ahora no podrían negarla. K, bajó a Kula, ella sintió por un momento que sus piernas no responderían, por lo que K la tomó en sus brazos y la llevó como cual héroe rescatando a su princesa del peligro. La dejó nuevamente en la cama, le entregó el vaso que había sido testigo de la unión. La chica lo bebió y agradeció lo fría que se encontraba el agua. K hizo lo mismo. Le tomó el vaso y dejó ambos en el velador junto a su cama. Luego se recostó a su lado, desde su perspectiva tuvo la dicha de poder apreciar su figura completa, la sensación que lo invadió fue de una paz que hace muchos años no sentía. Kula, se estremeció un instante, al ver que K la miraba tan detenidamente. -- ¿Pasó algo K? – Al escuchar su nombre de los labios más sabrosos y adictivos que había probado, se sintió… ¿Atraído? Por aquella voz que buscaba sacarlo de su ensoñación. – No pensé que una niña pudiese ser tan jodidamente atractiva y adictiva. Kula lo miró divertida, ya se había dado cuenta que el hombre era de pocas palabras, y que solamente abría la boca para decir cosas no tan agradables, pero esto definitivamente era un avance. Ella lo besó dulcemente en los labios, él sentía la boca fría de la chica, producto del agua que había bebido momentos atrás, fue… algo gratificante… nuevo… reflexionaba el chico de los cabellos blancos alborotado. Particularmente no era fan de las cosas heladas. Pero parecía adquirir nuevos gustos con los labios fríos de Kula. Le respondió el beso y la atrajo tomando su cintura para quedarse dormidos sintiendo la respiración del otro a centímetros de distancia. Esa noche, sería el principio de la historia que Kula y K jamás olvidarán. Habían quedado marcados por el otro en sus cuerpos. La sensación era exquisita. K sentía su corazón tranquilo, ésta vez, sin la medicina. No había ira. Solo paz.
