Capítulo IV
DREAM
Los primeros rayos del sol despertaron a una Kula muy abrazada por K, quien seguía dormido. Suavemente trató de deshacerse de su abrazo y su pierna que tenía sobre sus caderas. Miró la hora en su celular; siete con treinta y siete de la mañana del sábado. Se dio cuenta de las 8 llamadas perdidas y dieciséis mensajes que tenía de su hermana Candy. Leyó los mensajes y escribió otro para calmar la ansiedad de su preocupada hermana. Kula sonrió con ternura por la consideración que Candy siempre tenía con ella, la sobreprotegía en muchas ocasiones, ésta era una de ellas, por lo que atenuó la situación en un mensaje de voz casi susurrando para no despertar a K. – Estoy bien, te contaré todo cuando nos veamos en la casa de Athena, estaré allá a las nueve con treinta, no tardaré. – Presionó el botón para terminar el audio. Volvió su mirada a la cama en donde dormía el hombre que hace un par de horas atrás la había hecho sentir como la mujer más maravillosa que siempre intentó demostrarle al mundo. Mordió sus labios en señal de recordar las caricias y embestidas del K. En su vida la habían tratado de esa forma, como la mujer que era, no una niña como todo el mundo solía decirle.
A pesar de que K había utilizado algunas palabras similares para describirla, supo demostrarle que estaba equivocado. Se dirigió al baño, se miró al espejo, vio algunas marcas en su cuello y senos, también en su trasero por los arranques de pasión de K mientras lo hacían. Su piel pálida hacía resaltar aquellas marcas, no le molestó aquello, es más, sonrió porque el cuerpo que veía frente al espejo no era ya el de una niña. K la había hecho mujer.
Con su ropa podría cubrir parte de ellas, a excepción de la de su hombro, por lo que tendría que acomodar su largo cabello para que nadie lo notara.
Volvió a la habitación y se recostó junto a K. Lo besó suavemente para despertarlo, K parecía no querer hacerlo, luego gimió roncamente moviendo los brazos hacia la cintura de Kula, la sentó sobre él, abrió los ojos. La chica era bastante linda, tenía un cuerpo celestial que cualquier modelo envidiaría. Sus labios, aún rojos por los besos y mordiscos que K había hecho en ellos, dejaban el color como testigo de lo que había pasado en la noche. El moreno se reincorporó en la cama con la chica encima de él, su delgadez la volvía liviana. La miró a los ojos, por unos segundos pareció perderse en ellos. – Mierda – pensaba. Esto no podía ser real. Esa chica que acababa de conocer ya lo hacía perder el control cuando la tenía cerca. Todo eso en una noche . -- ¿Qué mierda? – era bruja tal vez, volvió a pensar. ¡Hasta lo hacía pensar estupideces místicas¡ Cierto es que esto era nuevo para K. Cuando la chica lo vio absorto en sus pensamientos mientras la miraba, sintió sus mejillas arder nuevamente. K intentó no pensar más y se inclinó a besarla. Comenzó a acariciar su espalda, era tan suave. Kula sintió un pequeño escalofrío. A horcajadas se colocó encima de su miembro que sintió levantarse poco a poco, la temperatura nuevamente iba en ascenso cuando sintió un golpe en la puerta – ¿K, todavía duermes? -- Se sintió una voz femenina del otro lado de la puerta. –Creí que no tenías novia. – Le increpó la chica encima de él. –Es mi hermana, olvidé que vendría para hacer el desayuno. La manilla comenzó a girar lentamente, alarmando a la pareja. Kula se quitó de encima y cubrió su cuerpo con las sábanas. -- ¡No entres! – La puerta estaba abierta con Seirah boquiabierta mirando la imagen de la chica intentando taparse junto a K. –Te esperamos en la cocina – Anunció divertida cerrando la puerta tras de sí . – Mierda. – Maldijo El moreno. --¿ Vives con tu hermana? – Le preguntó inocente. –No, vivo con el grandulón que es su novio y mi amigo. Ella sonrió con ternura mirando al peli blanco. – ¿Por qué me miras así?-- Incómodo le preguntó. – Porque ahora se un poco más de ti, lo que ya no nos convierte en extraños. – Le contestó dulcemente Kula acercándose para besarlo cerrando los ojos. K se dejó llevar por los dulces labios de la chica. Volvía a sentir esa paz interior. Era raro, no sabía que era, pero si sabía una cosa. Ella lo llevaba a un estado de tranquilidad, ni su medicina lo mantenía tan sereno.
K se levantó para recoger su ropa del suelo. – Vístete – Le dijo. --Seguramente tendrás hambre --, te llevaré a la cocina. La verdad es que sí, tengo hambre. Pasó al baño para mojarse la cara y luego salió tras el moreno, quien la esperaba con sus jeans y la sudadera que llevaba la noche anterior. El atractivo del chico parecía incrementar aún más por las mañanas, aún con su cara cansada, su pelo sin peinar y sus ojos azules que no perdían el brillo, a pesar de haberse desvelado junto a ella. – Estoy lista – le anunció. Salieron de la habitación y se encontraron con Seirah y Máxima, quienes, al ver a la joven que caminaba tras de K, se miraron de manera cómplice. Sabían perfectamente lo que había sucedido. Él no traía mujeres al apartamento, pasaba escuchando música la mayor parte del tiempo en su habitación mientras bebía y fumaba sentado en el balcón. – ¿No nos presentarás a la linda dama que te acompaña? – Le dijo con un tono alegre Máxima. – Soy Kula, mucho gusto. -- Dijo la chica antes que el peli blanco pudiese responder por ella– Whip se acercó a la chica, le pareció una chica bella con un aire dulce, casi no lo creía, de no ser porque su hermano estaba con ella. – Yo soy Seirah, hermana del chico malas pulgas que ves acá. Pero puedes llamarme Whip, si lo prefieres. — Le dijo sonriendo a la chica de su hermano, dándole un pequeño coscorrón en la cabeza al moreno. – K miró con enfado a su hermana, mientras que a Kula pareció divertido le el gesto. – Dime Kula ¿Te gustan los waffles con crema y frutillas? – A la rubia le brillaron los ojos, asintió con una enorme sonrisa saboreando ya lo que había en la mesa. – Bueno Kula, es un placer conocerte, contigo ya sé que mi mejor amigo juega en el bando correcto. – Dijo esto último con risa, pues sabía que iba a molestar a K. – No seas ridículo Máxima, soy más hombre que tú, y Kula ya lo comprobó. Kula casi se atragantó con el bocado que se había llevado a la boca recientemente, mientras que él bebía tranquilamente de su café negro y degustaba el Beef Jerky que le había preparado su hermana. --¿ No te gustan los waffles? –- Le preguntó Kula mirando su plato. – Odio las cosas dulces – Le dijo K. – ¿Cómo fue que se conocieron? – Quiso saber Seirah. – Nos conocimos anoche en el Mac's Bar. – prosiguió – Unos hombres quisieron pasarse de listos conmigo y mi hermana, pasando a llevar el trago de K, por lo que se vio envuelto en una riña. Luego, lo invité al trago que el hombre le había volcado y… aquí estamos. – Lo dijo con tal naturalidad como si fuera un hecho totalmente cotidiano entre ellos. K escuchaba lo que Kula comentaba a Máxima y Whip, estos últimos mirando a K con cara de desaprobación por la riña de la que había hecho mención la chica. – Podríamos decir entonces, que K fue una especie de héroe, y te trajo acá para que no estuvieras a la suerte de los tipejos que asisten a ese antro – Finalizó Máxima para desviar el tema de la pelea. – No fue nada, uno de ellos me jaló la chaqueta para golpearme, no se los permití y les di su merecido.–- Agregó el moreno en busca de restarle importancia al asunto. – Vamos, debemos llegar a la farmacia apenas abran. – Le dijo a Kula. Ella agradeció con una reverencia por tan delicioso desayuno. – Gracias, estaba sabroso Seirah, fue un placer conocerlos. – Llámame Whip, esperamos verte más seguido por acá, así de una vez por todas el cubo de hielo que tiene por corazón mi hermano logra derretirse contigo. Las mejillas de la chica se ruborizaron a tal punto, que Máxima lo notó, miró a su amigo que estaba sentado frente a él y le sonrió de forma picarona. – Vamos Kula. – Le dijo levantándose de la silla. Ella se despidió nuevamente y partió tras de K, quien ya se encontraba abriendo la puerta para salir en busca de su moto. Kula lo alcanzó en el ascensor, -- Así que Seirah es tu hermana; y Máxima es tu mejor amigo. – Ellos son pareja– Le aclaró K. Ella lo miró sorprendida, luego pensó en voz alta: -- El mejor cuñado que pudieses tener – reflexionó la rubia sonriendo al peli blanco.
Cuando llegaron a la planta baja, K fue a buscar su moto, ambos se subieron y se dirigieron en busca de una farmacia que se encontrara abierta a esas horas un fin de semana. Cuando entraron a una, la chica le pidió a la persona de turno lo que andaba buscando, iba a pagar cuando K se acercó con el dinero. La mujer lo recibió. – No era necesario que lo hicieras K. – Él, sin detenerse a mirarla le dijo: Lo que pasó anoche fue algo imprudente, sin embargo los dos optamos porque así fuera, no solamente tú.-- La chica abrió sus orbes de par en par, no pudo evitar abrazarlo. A K casi se le cayeron sus lentes. La señora regresó con el cambio y un vaso de agua que previamente Kula le había pedido.
Salieron de la farmacia en dirección a la moto. K iba a encender un cigarrillo cuando observó que Kula estaba mirando el suelo, como si estuviese nerviosa. Tranquila, esas cosas resultan inmediatamente y con mayor eficacia que un preservativo. – Le dijo – Sin embargo, Kula parecía no estar tan preocupada por aquello, sino por otra cosa. Sé que nos conocimos anoche, y que quizá no quieras nada conmigo, pero quisiera que me dieras una oportunidad para demostrarte que puedo llegar a ti – Le expresó la rubia con su cara de todos los rojos que pueden existir – K, por primera vez no supo qué responder, había tenido varias mujeres que le pretendían, pero terminaban aburridas a causa de su impavidez y poco manejo de las situaciones amorosas. Kula lo miró tratando de encontrar algún signo que le permitiese seguir, temerariamente se acercó a él, y lo besó tan dulcemente en los labios que K no pudo negarse, algo pareció derretirse en su pecho con el cálido beso de la chica. Tampoco le dio tiempo para ponerse a reflexionar lo que experimentaba en aquel momento, sin embargo, la tomó de su cintura y correspondió su beso.
Cuando llegaron a la casa de Athena en la hora señalada, su hermana la estaba esperando como había acordado en el audio que le había mandado hace unas horas atrás, se bajó de la moto, miró su reflejo en los lentes de K. -- ¿Puedo verte otra vez? – K, procesando la petición unos instantes que a la rubia le parecieron eternos, suspiró en forma de rendición, luego le dictó el número de su celular. Kula lo registró rápidamente como sus delicados dedos se lo permitieron y con una sonrisa sin poder contener, K le advirtió: -- No pienses que puedes llamarme todo el día y a cada momento niña. Esto no será como tú esperas, no te obsequiaré rosas o bombones, odio esas cosas, detesto lo empalagoso, y si tu intentas llegar a ese punto, considéralo un fracaso desde ya. Con el tiempo te darás cuenta que no soy lo que esperas.– Le advirtió el peli blanco. – No espero algo que podría tener con cualquier chico, soy feliz con que me des cabida en tu vida para poder conocerte mejor y si tengo que avanzar a pasos de hormiga para poder entrar en tu corazón, lo haré.– Diciendo esto último con una determinación que, si no fuera por la indiferencia de K, lo hubiese dejado boquiabierto. Ella se despidió con un corto beso en los labios de K, que lo dejó sin alcanzar a reaccionar nuevamente torciendo su boca como… ¿Si fuera a sonreír? Se subió a la moto encendiendo el motor que rugía de forma atronadora. Kula lo observó alejarse y se fue corriendo a la casa para reencontrarse con su hermana. La sonrisa que tenía nada lograría borrarla de su rostro. Tampoco la alegría que sentía en su corazón.
