Cinnamon Girl

Eran las siete menos cuarto del lunes en la mañana y Kula ya se encontraba lista para ir a practicar a la pista de patinaje en hielo que había en South Town. El lugar era bastante concurrido por la época como una alternativa para refugiarse del calor que hacía durante el día y patinar al ritmo de la música, que por días iba cambiando las temáticas. Iba temprano a entrenar. Lo practicaba desde los síes años cuando asistía junto a su padre después de la escuela. Era conocida en el recinto por elegancia destreza de sus movimientos. No había lunes en que la chica asistiera a la pista. Iba temprano, así podía aprovechar el lugar para ella sola antes de iniciar sus clases en la universidad. Fue a la parada de autobús para tomar el que la dejaría en las afueras del recinto. Cuando se bajó del bus, camino saludando en la entrada al señor Jones que trabajaba como cuidador y portero durante el día en el lugar durante los dieciséis años. Era una de las personas que había visto progresar a través de los años, viéndola convertirse en una chica excepcional en el deporte. Kula enseñaba los días martes y jueves a niños pequeños que querían aprender a patinar de manera artística, en donde se elaboraba una muestra de lo aprendido por los pequeños en una coreografía al finalizar el año en compañía de su instructora.

Kula se dirigió a la cabina en donde se programaba la música, colocó "Wicked Games" de The Weeknd. El tema lento comenzó, Kula entró a la pista y agarró vuelo para dar el primer salto sobre su pie derecho, cayendo perfectamente con delicadeza y gracia. Prosiguió con un Lutz seguido en un Salchow . Sus movimientos eran impecables. Para el señor Jones era un espectáculo semanal ver a la joven mientras limpiaba el recinto.

La chica en su rutina incluía un salto triple, que consistía en caer bajo el equilibrio y fuerza de la misma pierna, el movimiento era técnicamente conocido como Loop. Kula lo manejó a la perfección cayendo sobre el pie, frenando para seguir con otros movimientos y saltos dobles al ritmo de la música. Patinar le ayudaba a despejar la mente, lo necesitaba de sobremanera, K no abandonaba sus pensamientos. Era como si se hubiese metido tan profundamente en ella que por nada del mundo la quería abandonar. Kula tampoco quería dejar de pensar en él. Era deliciosamente adictivo. Se encontraba patinando sin más cuando sonaba la siguiente canción "Where you Belong" del mismo intérprete. Fue como un remezón a su corazón y sus pensamientos, sin darse cuenta su mente repasaba cada detalle del encuentro sexual con el peli blanco, casi podía sentir sus manos recorriendo su cuerpo una vez más, lo quería otra vez en ella, pero también quería conocerlo, quería saber más de ese chico, no todo debía ser sexo. Ella quería algo más, algo que el moreno fue bastante claro en que no lo conseguiría de él. Algo dolió en su pecho, llevó sus manos a cubrir esa parte que le aquejaba. Sin embargo, también recordó que no bajaría los brazos hasta conseguir un lugar, aunque fuese pequeñito en el corazón amargo de ese hombre. Tenía su número, ¿Si le escribía un mensaje? Quizá era muy pronto y no quería molestarlo. Recordó las palabras de advertencia que le dijo cuando le dio su número de celular. Su mente funcionaba a mil pensando en K, no se dio cuenta que la pista terminaba, cuando la chica se estrelló y cayó a través de la galería. El señor Jones se preocupó y fue raudo en su ayuda. – Estoy bien señor Jones, Gracias. – El portero le ayudó a levantarse. – La noté distraída señorita Diamond ¿Segura que no se lastimó? – Insistió el portero. La rubia lo miró, y sonrió para calmar al anciano.Si necesita algo, no dude en llamarme señorita Kula. – Dijo el señor Jones, retirándose para seguir con sus labores.

Kula se dirigió a los camerinos para cambiarse y luego meterse a las duchas, cuando se dio cuenta que un pequeño moretón se asomaba en el costado de su muslo izquierdo.

– ¡Demonios, qué feo me ha quedado! – Sé dijo pensando en el origen de la caída.

Cuando salió de las duchas cubierta por una toalla blanca que envolvía su delgado cuerpo, comenzó a ordenar su ropa, dejando las calzas y el bodi de entrenamiento en su casillero. Se subió el cierre de su mini de mezclilla negra, abrochó su brasier lila, para colocarse una polera ajustada sin hombros morada; dejó sus patines que su difunto padre le había regalado. Ya habían pasado cinco años desde su partida. Una mañana en la que su madre despertó con llantos que podían oírse en toda la casa. Su padre, la noche anterior convivió con sus hijas y su esposa, como si supiese que no contaría con un nuevo día, les dijo lo mucho que las amaba, las abrazó como nunca. Era un padre excelente y esposo cariñoso. El día que falleció, su madre no quería separarse de su cuerpo, era tanta la pena que las invadía. Diana, la madre de Kula, solo quería permanecer junto al amor de su vida. Era muy pronto, dos hijas adolescentes y parte de su vida por amarlo. Simplemente no quería aceptarlo. Kula se secó las lágrimas y llamó a la tía Roxy para que las ayudara con mamá.

Roxy, era la hermana de la madre de Kula. Aunque se parecían, eran bastante diferentes. La tía Roxy era relajada, era la personificación del Carpe Diem. Sin embargo, fue el pilar fundamental para sobrellevar las gestiones del funeral de su cuñado y seguir sus vidas. A partir de la muerte de su esposo, Diana se volvió demasiado sobreprotectora con ambas. No quería pasar por algo así de nuevo. Candy y Kula lo entendían, aunque a veces podía ser sofocante, entendían que su madre quería lo mejor para ellas.

Recordaba todo aquello cuando de pronto, sacó su celular para mirar la hora, y se dio cuenta que iba tarde para la primera clase que tenía. Sacó los audífonos de su mochila para colocar música mientras se dirigía rumbo a la Universidad. La música la hacía experimentar la misma plenitud que el patinaje, le gustaba lo New Wave, aunque también el Pop Contemporáneo. Tenía sus artistas preferidos, pero no por eso cerraba sus puertas a escuchar nuevos géneros. Le gustaba experimentar estilos antiguos y emergentes. Le ayudaban con sus coreografías en la pista de hielo, y también a reflexionar cuando lo necesitaba. La música era su dosis de energía para vivir el día a día.

El campus quedaba a unas diez calles, así que optó por tomar un bus que la dejaba en las afueras del lugar. Decidió colocar perfume a cada lado de su cuello y hombros. Olía a castañas frescas con manzanas. Después de eso, caminó rápidamente hacia la salida del recinto, despidiéndose del portero para luego dirigirse a su segundo destino.

En el set list de su celular sonaba "Cinnamon Girl" de Lana del Rey. Sus pensamientos nuevamente fueron invadidos por el chico rudo de los cabellos blancos. Recordaba sus ojos azules que no dejaban de mirarla en su apartamento. Sus labios que la hicieron suspirar, llevó uno de sus delicados dedos a su boca, rememorando cada beso que encendía su interior como un incendio incontrolable. Cuando se dio cuenta que se había pasado dos calles del Campus. Apresurada tocó en aviso que debía bajarse, el autobús se detuvo, corrió en dirección contraria para alcanzar a llegar a tiempo a la clase y no quedarse fuera de ella, pues el profesor de cátedra con el que le tocaba todos los Lunes era bastante estricto.

– Aunque no tanto como mi madre si supiera lo que hice cuando salí con Candy y luego dejé que se fuera sin mi. – Soltó una pequeña carcajada con tan solo imaginarlo. Afortunadamente llegó a tiempo antes que llegara el profesor.

La rubia hizo un esfuerzo casi sobrehumano por tomar atención en las clases y apartar de su cabeza, aunque fuera por unos segundos al peli blanco de sus pensamientos. Vaya que era difícil. Cuando llegó descanso del almuerzo, se encontró sin hambre. Sin embargo, fue por un helado, una opción refrescante y dulce. Tomó sus cosas y se dirigió a una heladería que quedaba a unas pocas calles del campus. En el camino se encontró a Athena y Kensou, el eterno enamorado de Asamiya. Se dirigían al mismo lugar. – Kula ¿Cómo estás? – Preguntó la chica alegre de los cabellos morados. – ¡Hola amiga! – le contestó la rubia. -- Voy por un helado, no me apetece almorzar – Les dijo a sus amigos. – Kensou nos invitará ¿Verdad? – El chico no pudo negarse ante la petición del amor de su vida. Accedió mirando con tristeza su billetera.

– Bien, ¿De qué sabor quieren sus helados? – Preguntó el chico. – Vainilla – Clamó Athena, -- Fresa – Dijo Kula. Cuando tuvieron sus helados, se fueron a sentar a las mesas con sombrilla que se encontraban en las afueras del local.

– ¿Has hablado con él? – Preguntó de pronto Athena. Kula se puso nerviosa y dejó el helado de lado.

– La verdad, no quiero presionarlo, lo que pasó entre nosotros no fue hace más que dos días, así que, no sé si deba hacerlo. –Tiempo suficiente para que se vuelvan a ver – Reflexionó Athena. – Creo que deberías esperarlo en su apartamento, eso sí que lo sorprenderá. – Prosiguió animada con su idea. – Además, saldrás de ese ensimismamiento que no deja que seas la Kula de siempre. Te vi durante las clases y parecía que estabas en otro planeta– Dijo la chica de los cabellos morados buscando subirle los ánimos a su querida amiga. – Creo que no pasará nada si voy a su departamento para ver como está. Además, tengo buenas calificaciones en la clase que me toca después. No pasará nada si falto una vez. – La chica se levantó de su asiento. – Gracias por el helado Kensou. Mirando al chico que las acompañaba. – Amiga, gracias por alentarme. No sé que haría sin ustedes. – Abrazó a su amiga, se despidió de ambos chicos para ir al apartamento de K. -- ¿Y ahora que le pasa a Kula, Athena? – Creo que ha encontrado la forma de despertar luego de la muerte de su padre, creo… que ha vuelto a sentirse viva. – Le respondió ella. -- ¿Pero, y Shingo? – Preguntó nuevamente el castaño. -- Kula siempre lo ha visto como un amigo, entre ellos no habrá nunca nada, por más que él piense lo contrario. – Le contestó honestamente a su chico enamorado. Kensou lamentó oír eso por el chico que durante varios años ha intentado ser parte del corazón de Kula. De igual manera que él con Athena. Dios, esperaba que ella no pensara lo mismo de él, si no, tendría que recoger cada una de las esquirlas de su lastimado corazón en el basurero. – ¿Y tú? – Le preguntó nervioso el castaño. -- ¿Yo qué Kensou? – Le respondió mientras de gustaba su helado la chica. – Sabes a qué me refiero. – Le aclaró él. –¡Demonios, mira la hora! ¡Llegaremos tarde a nuestra clase de la señorita Shizuru! – Entrelazando los dedos con el chico y corriendo en dirección al campus.

Cuando Kula llegó al departamento luego de bajarse del bus, no recordó el piso exacto en donde vivía K, solo las calles en las que quedaba el edificio. Por suerte, del ascensor salía Máxima. – ¡Hola pequeña! – Le dijo apenas la vio. – ¡Hola! – Le respondió animadamente la rubia. -- ¿Buscas a K? – Le preguntó. – Sí ¿Está arriba? – Preguntó esperanzada la chica. – Está en su trabajo, sale en dos horas, pero si gustas puedes acompañarme a comprar unas cosas y volvemos al apartamento para que lo esperes adentro ¿Te parece? – Le propuso el grandote. La chica respondió que sí, sonriéndole dulcemente al amigo de K.

Partieron a una tienda que no quedaba lejos del apartamento, el hombre compró unas cosas para abastecer el refrigerador. Kula vio una paleta por la que se le hizo agua la boca, así que también la compró. – Parece que te gustan las cosas dulces – Le dijo el chico observando la golosina de gran tamaño que lamía gustosa la chica. – Mmm sí, tengo una debilidad por las dulces y los postres helados, pero más me gusta probarlos en invierno, es como probar un bocado de mi estación favorita. – Le sonrió al musculoso. A Máxima realmente le pareció adorable la chica, sería una lástima si K intentará una estupidez para dañar a esa chiquilla. Hasta se sintió con la obligación de protegerla si algo le pasaba a causa de su terco amigo, y no dudaría en recurrir a los sermones de Whip, acompañado de un buen coscorrón en el cabeza dura de K. – Dime ¿Él sabe que estarás esperándolo? – Kula negó con la cabeza. – Pensaba ir a su lugar de trabajo, pero luego recordé que hay cuatro lugares en donde reparan autos y motocicletas en la ciudad, y no lograría recorrer todos esos lugares en un día. Es decir, tampoco es que tenga el tiempo como para perseguirlo por la ciudad, no soy una psicópata. – Intentaba aclarar la rubia avergonzada de que su acompañante no la malinterpretara. Máxima miraba divertido las reacciones de la chiquilla. – Eres una buena chica. – Le dijo después tocando su cabeza con un gesto infantil.

Conversaban animadamente camino al apartamento. Cuando entraron al apartamento, Kula no pudo evitar recordar lo que había sucedido entre ella y el moreno esa noche, las sensaciones comenzaron a aflorar en su cuerpo y un rubor adornó sus mejillas. -- ¿Tienes sed? – Preguntó Máxima, sacándola de sus pensamientos.

– Eh, un jugo estaría bien. – Respondió la chica. Bebió del vaso el frío líquido que agradeció por el calor veraniego que había. -- ¿ A qué hora llega K? – Preguntó un poco ansiosa. – Son las seis con treinta, así que no debe tardar en llegar. – Terminaba de hablar cuando sintió unas llaves del otro lado de la puerta. Era él. Su cuerpo automáticamente se tensó. Sintió un nerviosismo con el que apenas pudo hilar una frase.

Cuando él vio que ella se encontraba en el sillón, se sorprendió -- ¿Qué haces aquí? – Interrogó a la chica. Kula se sintió un poco incomoda, por la pregunta. – No sería nada malo que saludaras educadamente como lo hacen las personas normales. – Le reprochó su amigo. – Hola K, quería verte; preferí venir por si te apetecía que hiciéramos algo. – Le dijo la chica un poco nerviosa por lo que contestaría el peli blanco. Miró a su amigo que se encontraba como un espectador a punto de presenciar el show de su vida. – Cómo sea, salgamos y veremos donde podemos ir. – La rubia, al escuchar esto, sintió su corazón acelerar por la felicidad de salir con quien no había dejado de pensar en todo el fin de semana. – Pásenlo bien chicos – Les decía Máxima, mientras los miraba salir del apartamento.

Bajaron en silencio por el ascensor. K miraba de reojo a la chica, sus piernas eras bastante tonificadas, tal y como las recordaba. Se le veían preciosas con esa mini que una vez más favorecía su culo bien formado, luego detuvo su mirada en el moretón de su muslo izquierdo. -- No recuerdo haberte mordido en los muslos – Expresó , provocando el rubor inmediato en la chica que por su piel tan blanca se notaba enseguida. – Me caí frente a la barra que separa las galerías de la pista de patinaje hoy en la mañana – Le aclaró.

Cuando salieron del edificio, la chica detuvo del brazo al moreno, le mostró su hombro cuya marca aún dejaba evidencias de su encuentro sexual hace unos días. – Esto, sí lo has hecho tú. – Le aclaró la rubia. – Pero está bien, nadie se dio cuenta y tampoco duele. – Le dijo sonriendo al chico que la miraba. K sintió algo en su estómago, algo como… ¿Nervios? No podría. Eso no le pasaba jamás, trató de ignorar esa sensación. -- ¿Quieres ir a caminar? Hay un parque no muy lejos de acá. – Le sugirió sin pensarlo mucho el moreno. Kula asintió. Caminaron en silencio cuando llegaron al parque, estaba atardeciendo. El silencio y la tensión entre ambos se hizo presente. -- ¿Patinas en hielo? – Le preguntó fingiendo desinterés mirando hacia otro lado. – Lo hago desde los seis años, mi padre me regaló mis primero patines. – Siguió la chica.– Me llevaba en las tardes luego de la escuela para practicar. Eran buenas épocas.- K observó que el semblante de la rubia se apagaba a medida que hablaba de su padre. -- ¿Ya no vas con él? – Quiso saber. – Tuvo un infarto hace algunos años, falleció durmiendo junto a mamá. – Su voz ya no sonaba animada. Era como si su luz se hubiese extinguido con él recuerdo de su padre. – Lo siento. – Le dijo él. – No te preocupes, su recuerdo permanece fuerte cuando patino. Es como si me viera cuando era pequeña. – Trató de cambiar su semblante a uno más ameno. -- ¿Qué hay de tus padres? – Murieron en un accidente a causa de un imbécil que salió impune en el juicio. Pero no quiero hablar de eso ahora --. Ambos quedaron en silencio mirando al vacío.

Pasaron unos minutos más cuando el celular de Kula comenzaba a sonar, ella contestó: -- ¿Dónde estás hija? Pasé al campus y me encontré a tus amigos cuando me dijeron que ya te habías ido sola. – Sollozaba su madre al teléfono. – No te preocupes, estoy bien. Volveré un poco tarde. No me esperes despierta mamá. – Respondió Kula con total normalidad para tranquilizar a su madre. Ella siguió. – Vi a Shingo, pensé que estabas con él, pero luego me dijo que no te había visto durante todo el día por lo que también se encontraba preocupado. – K puso atención especialmente a esto último. -- ¿Estas sola? – Preguntó nuevamente su madre. – No mamá, estoy con K, es un chico que conocí el viernes en lo de Athena. – Le dijo la rubia perdiendo un poco la paciencia. – Mamá, debo irme, nos vemos en casa. – Finalizando la llamada y suspirando. -- ¿Shingo es tu noviecito? – Preguntó irónico. Kula lo miró divertida. – Es un amigo de la infancia que dice estar enamorado de mí. Suele ir a todos lados en donde me encuentro. – Luego agregó – Pero es un amigo que no pasa de aquello, si me hubiese interesado por él no estaría aquí tratando de pasar el tiempo con la persona que me atrae de verdad. – Respondió con total sinceridad. – A tu madre le agrada él, quizá sea hora de que te intereses en alguien que ya tiene el aprecio por ella. – Dijo molesto. Kula lo miró, se acercó lo bastante para decirle lo siguiente: "K, sé que no es lo que realmente piensas. – Le dijo con un tono suave. – Y si temes por la aprobación de mi madre, quizá deberías ir conmigo a mi casa un día para darle la oportunidad de conocerte. Verá que eres un buen chico. -- Suavizó aún más su tono de voz. Algo sucedió en el pecho de K que no pudo resistir la cercanía de la dulce rubia. – ¡A la mierda! -- No resistió las ganas y la besó tomándola suavemente del cuello. Kula respondió enseguida al beso de K, que de forma demandante buscaba clamarla para él solamente. Sus lenguas danzaban al son de sus corazones acelerados. Las caricias no tardaron en llegar. Las manos de K intentaban reprimir sus instintos por el lugar público en el que se encontraban. Así que colocó una mano en la cintura, y otra en la cadera de Kula. Ella se acercó tanto a su hombre como el asiento se lo permitía. Por fin las dudas e inseguridades se habían ido, eso pensaba ella. La chica sentía felicidad en su corazón. K no sabía que mierda pasaba con él. Las pocas personas que deambulaban por el parque los miraban con picardía como si fueran una pareja de enamorados que se necesitaban y no lo ocultaban.

Cuando se separaron por la falta de oxígeno, provocó pequeños jadeos en ellos. Juntaron sus frentes con los ojos cerrados. K sintió que se hacía tarde para la chica. – Vamos, te llevaré en mi moto a tu casa. – La tomó de la mano llevándola donde se encontraba su motocicleta. La volvió a besar, ésta vez, con parsimonia. Luego le ayudó a subir. – Ten, ponte mi chaqueta, te cubrirá las piernas– le dijo por la mini que llevaba puesta. Kula se la colocó, luego, abrazó y apoyó su cabeza en la espalda de K. Él acarició su muslo derecho y partieron en la Harley Dadvison.

Cuando llegaron al Rich Residential District. K observó que se trataba de uno de los lugares más elitistas en donde vivía Kula. – El cliché de la niñita rica que busca meterse en problemas y se involucra con el chico malo. – Pensó con un dejo de ironía en la situación que estaba viviendo. -- ¿ Qué piensas? – Le preguntó la rubia. – En cómo te meterás en problemas si permaneces más tiempo conmigo. Si juegas con fuego, te quemas niña. – Le dijo mirándola con una sonrisa seductora. – Creo haberte mencionado que quería correr ese riego contigo. – Le contestó sensualmente mientras su rostro era iluminado por las luces de los postes y la noche, detalle que le pareció fascinante al peli blanco. Le dio un último beso antes de subirse nuevamente a su moto. – Volveré por mi chaqueta. -- Kula lo miró partir. – Correré el riesgo; así todo me queme por jugar con fuego – Se dijo. Luego entró a su casa sosteniendo con cariño la chaqueta de K.