Capítulo VI

Love Song

Cuando Kula había cerrado la puerta, se encontraban las luces de la casa apagadas, menos una. Diana, su madre, se encontraba en el sillón mirando su celular como era costumbre cuando debía responder mensajes de trabajo a altas horas de la noche, esperando ahora que ella llegara. -- ¿Te divertiste? – Le dijo provocando que la rubia diera un sobresalto.

– Hola, mamá. Te dije que llegaría tarde. – Le dijo luego de reponerse del susto por abordarla en medio de la oscuridad. – Candy me platicó acerca del sujeto con el que estás saliendo. – Cuando Kula escuchó lo que su madre decía, sintió un leve nudo en el estómago, aparte del enfado por la bocona de su hermana. – Me dijo que era un busca pleitos y que te fuiste con él dejándola sola el Viernes. – Le dijo alzando la voz. – Mamá, no conoces a K, no es como Candy lo ve; ella no lo conoce como yo y… -- Su madre la interrumpió. --Candy es tu hermana y vela por tu bienestar de igual manera que yo Kula. – Le dijo severamente. – K no es como tú crees. – Le aclaró subiendo también el tono de voz. – Ni siquiera has tenido la oportunidad de hablar con él. No puedes hacer juicios de alguien por lo que dice Candy. – Le dijo duramente a su madre. Diana, sorprendida por la reacción desafiante de su hija, reparó enseguida que Kula ya no era la niña que ella solía ver. Había algo diferente. – Kula, recién lo conoces y él ya te pone en mi contra. – Le dijo tratando de convencer a su hija. – Madre. – Llamó la atención de su progenitora. – Nunca estaría contra ti. Sin embargo, tus prejuicios nublan tu entendimiento, él es bueno. Lo sé. Por eso he decidido darle una oportunidad a K. Si tú también lo hicieras, me harías muy feliz. – Le dijo dulcemente, provocando que su madre cediera frente a su petición. Si ella lo decía, es que había visto algo en el chico. Quizá debía darle el beneficio de la duda.

Candy escuchaba desde la escalera como Kula había sabido dar vuelta la situación, una vez más. Como detestaba que hiciera eso. Cuando su padre estaba vivo era lo mismo; caía rendido ante los encantos de ella. Sentía envidia de no lograr ese efecto en las personas. Candy era severa, sería. Contrastaba bastante con Kula. Ella era dulce, en su sonrisa siempre había una sonrisa. Era más como la tía Rose. Por eso se llevaban tan bien entre ellas. – Eso es lo que Shingo se fija de ella desde niño. – Pensó. Él era el hombre perfecto. Lástima que solo tenía ojos para su hermana. Sin embargo, podía utilizar el amor del chico para alejar a su hermana y acabar con su idiotez de chica rebelde. Así, Kula se daría cuenta que ella siempre tuvo razón, también podría pasar más tiempo con Shingo en excusa de proteger a su querida hermana de un hombre que resultaría peligroso para ella. – Quizá tenga una oportunidad y no esté todo perdido. Si logro acercarme a Shingo, se daría cuenta que soy mejor que ella. – Reflexionó. Shingo era bastante inocente y si ella le decía que Kula corría peligro de ser lastimada con él peli blanco, iría en defensa de su hermanita y alejaría al otro chico, afianzando su relación con el pretendiente de su hermana, podría ver que ella era mil veces mejor que "su Kula", podría ver que ella era su verdadero amor. Era probable. No perdía nada con intentarlo.

K se lanzó a la cama y colocó música en su celular. Miró la foto de perfil de la chica con la que había estado minutos atrás, una sonrisa se le escapó de su boca. -- ¿Puedo pasar? – Se sintió al otro lado de la puerta. – ¡Qué quieres ahora! .— Gritó lanzando una almohada en dirección a la puerta. Sabía que venía a hablar de Kula. – Quería conversar contigo chico, ¿Por favor?.-- K se levantó de mala gana para encender un cigarrillo en el balcón, mientras que Máxima entraba a la habitación. – Solo quería decir que me gusta esa nueva faceta de ti con esa dulce chica. – Prosiguió su amigo macizo. – Verás, te conozco de hace bastante tiempo como para apostar que la chica te atrae. Quizá no sea pasajero como podrás pensar seguramente. Creo que ya lo adivinaste. – Resaltó esas últimas palabras para que K lo mirara. – Estoy confundido Máxima – Confesó el moreno. – Ella es todo lo contrario a como soy, y si sabe de mi pasado no querrá verme nunca. – Prosiguió. – Es una chiquilla de la clase alta de la ciudad, que solamente busca saber que hay más allá de su círculo de amigos estúpidos. —Soltó frustrado el peli blanco. – Ella no es para mí, no tengo nada que ofrecerle – dijo. – Kula puede ser todo lo que tú digas, pero busca algo que no tendrá nunca en su círculo ni en su vida de niña rica como dices. – Expresó su amigo. – Ella quiere estar contigo, no hay nada de malo en eso. – Máxima sacó de la mesa de noche de K, otro cigarrillo para acompañarlo. – Verás mi querido amigo. – Acercándose al balcón para admirar la vista junto a K. – Kula es una chica de aquellas que no te topas todos los días. Aparte de ella, solo conozco a tu hermana, a quien seguiré hasta el fin del mundo porque la amo con el alma y no sería tan imbécil de dejarla ir para que se vaya con otro maldito suertudo aparte de mi. Por eso es que le pedí matrimonio. – K lo miró alzando una ceja. – A pesar de todo, ambos entendían lo que decía el otro. .

– Si quisiera escuchar porquerías mamonas hubiese ido contigo y Whip al cine para ver sus estúpidas películas romanticonas que tanto les gusta ver. – Máxima rió ante el comentario de su estimado amigo. – Más que darle una oportunidad a Kula, te la debes a ti camarada. – Le dijo Máxima apagando su cigarrillo para luego dirigirse fuera de la habitación de su amigo cerrando la puerta. K meditó mientras miraba la ciudad. – Me la debo. –

El día martes Kula asistió a las clases de patinaje, en donde sus aprendices la esperaban con ansias. La chica observaba cómo patinaban los pequeños. K, no quería abandonar sus pensamientos. Miraba en su celular la última hora de conexión. Nueve con veintitrés de la mañana. Luego miró la foto de perfil que tenía de su moto. Imaginó que había una de ellos dos en la imagen posiblemente en un futuro no muy lejano. Una sonrisa apareció en su rostro.

Al terminar la clase, se despidió de sus pequeños mientras sus padres los esperaban fuera de la pista de patinaje. Luego llamó un taxi, pensaba escribirle algo cuando iba camino a su casa. Quizá podía contarle cómo había sido su día y preguntarle por el suyo. Eso estaría bien.

El señor del taxi le anunció que habían llegado a destino. La chica pagó y le deseó las buenas noches al conductor. – Buenas noches – pensó. Subió en silencio y a paso rápido a su habitación, se puso su camisón blanco. Si lanzó sobre la cama debido al calor de la noche. Tomó su celular y escribió – Buenas noches K. – El mensaje había sido recibido y leído después de un rato. Pasaron unos instantes. Su celular tenía una nueva notificación. – Buenas noches niña. – La rubia durmió abrazando el teléfono durante toda la noche.

K partió en la motocicleta rumbo a su trabajo. Ya había entregado el Corvette a su dueño. Tenía otros pendientes que no le ocuparían mayor tiempo durante la semana. Miró su celular, las quince con diecisiete. Escribió un mensaje pensando en ella. Quería verla. -- ¿A qué hora sales? – Kula tomó su celular que había vibrado por la notificación, miró la pantalla, sintió su corazón subir por su garganta. – Salgo a las 18:40 ¿Por qué? – Quiso saber. La respuesta no se hizo esperar. --Pasaré por ti, mándame la dirección del Campus para llegar. – Soltó un gritito de emoción. – Te espero. – Kula miró la hora, quedaban tres horas para verlo.

Cuando fue el cambio de hora. Se sentó cerca de una fuente en medio del patio para ordenar sus cuadernos en su mochila. Sintió una voz conocida y una mano por su cintura. – Hola hermosa. – Le dijo Shingo sentándose a su lado. – ¿Cómo estás Yabuki? – Era raro que ella lo llamara por su apellido. – ¿Tienes planes luego de esta clase? – Le preguntó con la intención de invitarla al cine. – La verdad sí, pasarán por mí cuando termine. – Le dijo levantándose para ir a su última clase. -- ¿Con Candy y Athena?– Dando por sentado que se trataban de sus amigas. – No, saldré con un chico que conocí. Nos vemos luego Shingo. – Se despidió saliendo en dirección al salón que le correspondía. Shingo se quedó mirándola desaparecer entre la multitud de estudiantes que habían en el patio. – Kula no es ella desde que conoció a ese busca pleitos. El lunes llegó tarde y discutió con mamá a causa de ese chico. – Le dijo Candy sentándose a su lado. Luego adhirió. – Creo que debemos hacer algo antes de que Kula salga lastimada. – Le dijo esas palabras para que el castaño comenzará a desconfiar de su hermana. – Me preocupa que Kula deje de ser ella por ese hombre ¿Sabes? – Confesó al chico. – ¡Quiero que me cuentes todo lo que sabes del sujeto que sale con ella! – Le ordenó el Shingo a Candy. – Creo que debemos ir a otro lugar mas calmado, te contaré todo. Desde cómo lo conoció hasta ahora.—Le dijo mientras lo tomaba de la mano y lo llevaba a una cafetería cerca de la universidad. Ahí le contó parte de su plan para separarlos y que él era esencial junto a ella para proteger a Kula. -- La aguardaré cuando salga de la clase.— Le aseguró Shingo; luego le dio un abrazo a Candy para despedirse y seguir con el plan, cuyas verdaderas intenciones ignoraba de la chica que parecía preocupada por los pasos de su hermana con su nuevo "novio".

Kula salió de clases, enseguida recibió un mensaje de K – Estoy afuera. No tardes. – Leyó el mensaje y guardó su celular en el bolsillo de su jeans negro. Iba a salir cuando Shingo apareció detrás de un pilar y la tomó del brazo. – ¡Kula! – La llamó. – Shingo, voy tarde. Me están esperando afuera. – Le dijo mirándolo con apuro. – Escucha Kula, no debes consentir a todo el mundo para hacer lo que te ordenen. – Le increpó apretando su delgado brazo. – Es justamente lo que estoy haciendo, no te debo explicaciones a ti. – Le espetó. – Además, creo que siempre he dejando en claro que lo nuestro es una amistad, y así pretendo que siga. – Le dijo duramente al castaño que la miraba de forma reprobatoria. --¡Kula, me preocupa que salgas herida! También soy hombre y me doy cuenta que quien te está esperando no quiere más que una cosa, y cuando la tenga se irá con otra! – Intentó acaparar al atención de la rubia, quien lo miró fríamente sin un ápice de emoción. Shingo sintió que eso último estuvo un poco fuera de lugar. Iba a disculparse cuando sintió que le sujetaban el hombro fuertemente. – Lo que yo tenga con ella no debe ser tema de nadie más que de nosotros dos ¿No crees? – Shingo se dio vuelta tratando de deshacerse del agarre de K. – Seguiremos después Kula. – Le dijo Shingo. – No tengo nada que decirte Yabuki. – Sentenció ella. –Vamos. – Le dijo tomando su mano y entrelazando sus dedos.

Cuando se alejaron de Shingo, quien los miraba desde la entrada del campus, tomó a Kula por la cintura y la besó de forma tan demandante mientras ella acariciaba sus cabellos peinados al viento. – Gracias. – Dijo en voz baja la rubia. – Detesto que se entrometan en asuntos que no les corresponde, más si se trata de ti pequeña. Le dijo con voz ronca sin soltarla de la cintura. Kula soltó una risita acariciando el rostro del peli blanco devolviendo la americana a su dueño. – Te sienta bien mi chaqueta. – Le dijo. – Creo que podría acostumbrarme a ella, tiene tu aroma. – Le dijo de forma coqueta. --¿Dónde iremos ahora? – Preguntó la rubia. – Es una sorpresa – Respondió enigmático el moreno. Se subieron a su Harley y partieron.

Llegaron a un mirador en donde se podía apreciar toda la ciudad de South Town. --¿Habías estado antes en éste lugar? – Le preguntó Kula mientras se deleitaba con la vista. – Algunas veces después de la muerte de mis padres. – Le confesó. – Después de lo que pasó venía a fumar y beber para no sentir que la pérdida podía más que mi mente. – Kula lamentó oír caquello. – Lo siento K. – Le expresó abrazándolo. Él la rodeó con sus brazos por la cintura. Miraba sus bellos ojos magenta que parecían piedras preciosas cuando lo miraban. Esta vez Kula dio el primer paso y se acercó a besarlo. El sabor en la boca de ella era refrescante y la vez embriagador. El calor de sus cuerpos comenzó a manifestarse. – Nadie suele venir acá. – Le comentó. -- Sirve para despejar la mente mientras miras al vacío. – Agregó. Y volvió a besarla como si una eternidad los hubiese separado. Kula se sacó la chaqueta de K y la dejó en el asiento de la moto, mientras K besaba suavemente los hombros pálidos de la chica. – Maldita sea, eres jodidamente adictiva.-- Le confesó mientras la besaba. Así estuvieron durante el tiempo que le tomó caer a la noche, provocando la aparición de las luces que intentaban ahuyentar la oscuridad en la ciudad. El peli blanco cayó–en cuenta que se haría tarde para ella. --Te llevaré a tu casa. – Le dijo. – Sinceramente no quiero encontrarme a tu mamá con aspecto de matón para darme una paliza porque llegas tarde. – Kula reía imaginando el panorama que su hombre le decía. Su hombre. El que conoció y se atrevió a compartir toda una noche de pasión. El que la hizo suya. El que ocupaba sus pensamientos en todo momento.

K estacionó su motocicleta frente a la casa de la rubia cuando llegaron. La vio entumecida por el viento en contra a causa de la moto. La tocó, estaba fría. – Le colocó la chaqueta que le había dejado la vez anterior, y cubrió a su chica. Ella sintió sus mejillas arder por el gesto galante del moreno. – Gracias por preocuparte. Sé que no es tu costumbre hacer estas cosas, por eso valoro aún más tus atenciones. – Le anunció tiernamente. – No puedo dejar que mi chica se convierta en un copo de nieve en esta época.-- K la atrajo hacia él para besarla antes de despedirse. Ella le mordió suavemente el labio inferior, provocando un gemido ronco en el peli blanco. La estrechó aún más hacia su cuerpo, sintiendo los pechos que tanto le gustaba saborear en los momentos de intimidad. Podía sentir los pezones duros a través de la blusa blanca sin mangas de Kula. Movió su pelvis con la intención de que la rubia sintiera la dura erección que hacía presión en su jeans negro. Ella dejó escapar un leve suspiro acompañado de un suave gemido que no hizo más que descontrolar los impulsos carnales de ambos. Metió su mano dentro del pantalón de K, encontrándose con su miembro duro. K cerró los ojos emitiendo un pequeño gemido ronco. Bajó sus labios por el pálido cuello que se erizaba en respuesta a los besos húmedos que el peli blanco iba dejando. Con una de sus manos desabotonó la blusa abriéndose pasó hacia sus senos. Masajeó ambos hasta llegar con su boca a uno de ellos rozando suavemente su pezón. La chica aceleró el movimiento vertical de su mano que tenía sujetado el miembro de él. – Debemos detenernos. – Ronroneó el moreno en su oído. Ella no quería detenerse ante tal placer.

– Si sigues, te lo haré aquí mismo sin que me importe que tus vecinos y tu madre escuchen como te hago llegar al orgasmo. – La chica abrió sus ojos llenos de placer por lo que acababa de escuchar. Casi creyó correrse con tan sólo imaginarlo. Un poco decepcionada detuvo el movimiento de su mano en el pene erecto de K. -- Prefiero esperar para hacerlo en tu apartamento nuevamente. Sacó la mano del pantalón de K, le tomó la mano y metió hasta el final de su garganta el dedo del Moreno, quien la miraba extasiado. – Eso es jugar rudo pequeña. – Le confesó mordiéndose ambos labios al mirar lo que ella acababa de hacer. K, la besó introduciendo su lengua en la boca que apenas pudo atajar la chica con la suya. – Adiós nena. Cuida bien de mi chaqueta. Puede que te compense si la cuidas como la otra vez. – Le dijo con una voz seductora. Se subió a la moto nuevamente y partió a su apartamento. Kula suspiraba al verlo alejarse, se abrazó a su chaqueta oliendo su perfume, mezclado con el aroma del cigarrillo impregnado.

Las semanas transcurrieron de manera normal. Kula iba a sus clases y luego se dirigía a la pista de patinaje para enseñar algunos giros fáciles a los pequeños y que pudiesen aprender. Shingo la buscaba para conversar. Ella lo ignoraba. Con Candy era similar. En la casa cruzaban las palabras necesarias frente a Diana en la cena. Luego se dirigían cada una a su habitación. Su hermana debía comprender que K era ahora el chico con el que salía, y si no le daba una oportunidad, no habría nada más que decirse.

Hablaba con K cuando tenía descansos entre las clases y también por las noches. Habían acordado verse el fin de semana para pasarlo juntos, había pasado un mes prácticamente desde que se habían conocido. Su madre aún se mantenía un poco reacia con el tema, y lo evitaba. Para salir con K, tendría que pedir ayuda a su tía Roxy. Había mucha confianza entre ellas. Kula podía contarle todo sin esperar reproches por parte de ella. Es más, la alentaba a vivir la vida sin el yugo asfixiante de su madre y hermana. Pues, decía que la vida era una sola, por lo que no había tiempo de ser espectador, sino, el protagonista a tiempo completo para disfrutarla. Cuando le contó sobre K, y bajo qué circunstancias se habían conocido, Roxy no pudo evitar sentirse como una veinteañera con su sobrina, por lo que decidió ayudarla y cubrir su salida para quedar con el chico. – La condición es que debes presentarme al chico rudo, pequeña. – Le dijo con un guiño en el ojo. – Averigua si tiene un amigo para mí. – Le mencionaba a su sobrina entre risas mientras bebían refrescos en el centro comercial. Solían quedar en ese lugar para que Candy o Diana no se entrometieran en sus conversaciones. Así podían platicar tranquilas y sin interrupciones. – Está bien tía. – Decía entre risas la chica rubia. – Iré a tu casa el viernes, entonces K pasará a buscarme y podrás conocerlo. – Le explicó. – Entonces le preguntaré si tiene algún conocido que pueda presentarme. – Le dijo su tía riendo por aquello.

La tarde del viernes llegó y K se alistó para pasar a buscar a su chica. – Es mi chica. – Pensó mientras dejaba caer el agua caliente para limpiar su cuerpo de los rastros de grasa en un motor que se encontraba reparando. Se subió a su Harley para ir a a su casa y recoger algunas cosas. Luego iría por Kula a la casa de su tía.