Honeymoon

K había llegado hasta la casa de la tía de Kula, cuando se bajó de la moto, la rubia corrió a saludarlo con un beso tan dulce y lento que todo pareció detenerse a su a alrededor. La tía Roxy los miraba enternecida. Su sobrina era feliz de nuevo. La muerte de su padre se había llevado gran parte de las emociones lindas que existían en la rubia. Pero ahora, parecían florecer nuevamente cuando estaba con él. -- ¿No me vas a presentar al chico que te roba el sueño pequeña? – Le preguntó pícaramente al verla tan acaramelada junto al joven. – Tía Roxy, él es K Dash. – Le dijo la rubia. – Siempre es un placer conocer chicos a puestos. – Bromeó la mujer. – Dime K, ¿Dónde iras con tu novia? – Ambos se miraron alzando sus cejas. Aún no eran novios. Por absurdo que eso sonara. K, nunca le había hecho "la pregunta" a Kula. Es más, no había reparado en ese pequeño detalle, pero que para cualquier mujer significaba bastante. – Tía, estamos saliendo, no somos novios aún. No queremos apresurar las cosas. – Le dijo Kula moviendo sus manos para salir del momento embarazoso en el que miraba al peli blanco notando que se removía apoyando en su moto tratando de pensar qué decir. -La tía Roxy se percató de la situación y se echó a reír. Kula río nerviosa y K trató de sonreír un poco para ocultar la vergüenza. – Bueno tía, respondiendo a tu pregunta acerca de dónde iremos. La hermana de K tiene la casa de sus padres en Sound Beach, por lo que estaremos con ellos el fin de semana y luego K vendrá a dejarme como lo acordamos, el Domingo por la tarde para que mamá no sospeche nada. – La mujer asintió cómplice de la mentira que su querida sobrina tramaba para escaparse con su novio. Aunque dijera que no lo eran. Ella ya pensaba que sí. – Cuídate muchacha. – Le dijo abrazando a la chica. – Tu también K. – También abrazó al Moreno, provocando que éste se sobresaltara por el gesto maternal de la tía. -- ¿Tienes todo mi niña? – Le preguntó mientras se subía a la moto. – Sí tía, llevó Bloqueador y mi traje de baño para ir a la playa, también mi cepillo. – Le dijo tranquilizándola. – ¿Llevas las pastillas? – Kula se colocó de mil colores. Cuando llevaban dos semanas saliendo con K, Kula le pidió a Athena y a su tía que le recomendaran un doctor con el cual ver los métodos de anticonceptivos para cuidarse al momento de tener relaciones con K. Su amiga a acompañó al médico y su tía le regaló la primera dosis. Así, Kula comenzó a cuidarse de no quedar embarazada de K. Su madre pondría el grito en el cielo si pasaba algo así.

Partieron en la moto, dejando a la tía Roxy atrás mientras alzaba su mano para despedirse de la pareja. --¿Por qué no le dijiste dónde íbamos realmente? – Le preguntó el chico. – Porque tengo confianza con ella, pero de igual manera me hubiese dado un pequeño sermón si le decía que estaríamos solos en una casa alquilada por el fin de semana. – Le aclaró la rubia besando su cuello mientras esperaban la luz verde para seguir su camino.

– Gatita, ya sabes lo que me pasa contigo en los semáforos si comienzas a besarme. – Le dijo con su tono ronco al oído que utilizaba cuando estaban solos. Ella río coqueta por la advertencia – Por eso me gustas K. Porque eres tremendamente honesto conmigo, hasta para decirme que me lo harás frente a todos sin que te importe que nos vean. . – Le dijo abrazándose más al moreno. K rió de lado y acarició la pierna descubierta por el short de mezclilla que llevaba puesto la rubia.

Kula sentía el viento en su rostro mientras iba abrazada a K cuando iban en la moto. Llegaron a una gasolinera para rellenar el estanque, la chica fue por unos dulces para el camino, mientras K esperaba en la moto. Luego vio los cigarrillos que K solía fumar. – Deme esa cajetilla de cigarros también. – Le dijo al chico que la atendía. – No deberías fumar, eres demasiado linda para arruinar tu vida de esa manera. – Pronunció el chico con un tono galante. – Gracias, pero son para mí novio que está afuera esperándome en su motocicleta. – Se dio media vuelta y se dirigió donde el peli blanco la esperaba. El chico de la tienda la miraba alejarse pensando en la suerte que tenía el chico con cara de pocos amigos para conseguirse una preciosura como ella. – Ten. – Le pasó la cajetilla a K. Él miró la cajetilla. – No debiste haberte molestado. – Le dijo acercándose para besarla. – Sé que lograrás mantener tus impulsos por beber y fumar si yo puedo saciar esa necesidad por otros medios. – Le dijo casi ronroneando en su oído. – Lo que no podré hacer es mantener mis impulsos por tocarte mientras estés cerca de mí gatita. – Le dijo agarrando su culo mientras la besaba. La colocó en el asiento trasero de la moto, partiendo rumbo a su destino para descansar de la cotidianidad que los separaba en sus quehaceres ese fin de semana.

Llegaron a la casa de alquiler. Era una cabaña cómoda y pequeña tipo loft, sin mayores lujos, cuya vista al bosque y la playa que había bajo la casa era sensacional. La señora Belanger, era la dueña de la cabaña quien los esperaba con una sonrisa amena que les daba la bienvenida al lugar. – Buenas noches señor Dash y señorita Diamond. – Dijo suavemente la mujer. -- Aquí tienen las llaves, si necesitan algo, no duden en llamar a mi numero de teléfono que dejé anotado en la nevera. – Les dijo amablemente para luego despedirse. – Espero sea una grata experiencia el estar acá. La habitación principal se encuentra en el segundo piso junto al baño. La cocina y el living-comedor se encuentran en el primer piso. – Les dijo la señora que se retiró del lugar para dejar que la pareja terminará de acomodarse. – Es hermosa K. – Le dijo la rubia admirando todo y recorriendo la cabaña como si se tratase de un cachorro que recién conoce el lugar donde vivirá. K la miraba a través de sus lentes. – Kula cálmate, pareces un cachorro dando vueltas en la cabaña. – Kula se devolvió hacia él corriendo para abalanzarse sobre él, de manera que él peli blanco retrocedió unos pasos para atajar a la rubia que venía a toda velocidad. – Estoy feliz porque estaremos solo nosotros estos días para disfrutar lo que no hemos podido hacer en South Town. – Quiero recordar que vine aquí como uno de los días mas felices de mi vida tigre. – Le decía la rubia con ese apodo solamente cuando estaban solos en la intimidad de sus cuerpos desnudos. Antes de que K hiciese algo que provocará que se quedarán encerrados todo el fin de semana, Kula se le adelantó. – Creo que iré a refrescarme al baño, luego quisiera ir a caminar descalza a la playa. – Le dijo soltándose del agarre de K. -- ¿Qué tienen las mujeres con caminar de noche por la playa?- Pensaba mientras la veía subir con sus cosas al baño. Será mejor que me cambie a algo más fresco y cómodo para ir donde quiera Kula. – pensó. Así que se sacó la chaqueta de cuero. Se colocó una polera sin mangas, y unos unas bermudas verde oliva que nunca solía usar y que eran obsequio de su hermana, aunque este era un buen momento.

Hacía calor aún, no le molestaba sentir la brisa nocturna caminando con Kula. Cuando la chica salió del baño, K sintió que sus ojos se le salían detrás de los lentes. Kula era una chica linda, y ya había reparado en que ella se robaba las miradas cuando entraba a un lugar. Esta vez no sería la excepción. Kula se había puesto un vestido Strapless blanco y corto ligeramente entallado, dejando entrever su esbelta figura a través de la tela traslúcida del vestido. Miró sus piernas largas y blancas que competían a su vez con el color de su vestido. Levantó la mirada mientras Kula se volteaba para aprovechar de ver su culo; ese que a K tanto le gustaba besar y tocar cuando estaban solos. -- ¿Qué te parece amor? – Le dijo al chico que la miraba tras las gafas. Si no fuera por ellas, hubiese visto la rubia la mirada descarada que tenía de un depredador que observa su presa antes de lanzarse a devorarla. K la miró con el semblante serio. – Tendré que trenzarme a golpes con los imbéciles para que quiten sus odiosos ojos de mi novia en la playa. -- Se sentía fastidiado de tan solo imaginarlo. Pero luego reparó en la mirada que tenía la chica sobre él. Kula estaba con sus orbes como platos por como la había llamado K. "Su novia". – ¿Acabas de notar cómo me llamaste? – Le preguntó ella tratando de ver algún tono de broma evidente en el peli blanco. Pero él no bromeaba. – Kula, creí que dabas por sentado que lo eras.—Prosiguió al ver que la chica no daba crédito a lo que oía. – Cuando te dije esa vez en el parque que eras mía, no estaba hablando de ti como una propiedad, sino como mi novia. – Kula se puso a saltar hasta que cayeron juntos a la cama de su habitación besándolo como nunca. – ¡Puedo gritar al mundo que el indomable de K Dash es mi novio! – Se escuchó en toda la cabaña. – Kula basta, llegará la señora Belanger a ver qué sucede. – Le dijo un poco avergonzado. – Entonces le diré que eres mi novio y que nada nos podrá separar. – Le mencionó emocionada. K sonrió por primera vez mostrando plenamente su dentadura. – Vamos gatita. No querrás perderte de noche en el bosque y encontrarte un tigre que te devore. – Le dijo seductoramente a la chica. Kula se levantó de la cama. – Puede que sí lo desee. Pero antes, deberías hacer eso más seguido. Sonreír. – Le dijo inclinando su cabeza para dedicarle una de sus sonrisas de niña enamorada. . K volvió a reír observando a la rubia que lo miraba expectante. – Vamos, tú querías ir a la playa para caminar a la luz de luna como en las películas ¿No es así? – Le recordó K. – Es cierto amor. Quiero que mi primera vez caminando de noche en la playa sea en tu compañía.—Le dijo entrelazando sus pálidos dedos con los del moreno – Será la primera vez de ambos entonces. – Confesó el peli blanco.

Cuando bajaron a la playa atravesando el bosque que conectaba por el sendero, habían algunos grupos de jóvenes que se encontraban alrededor de una fogata escuchando a quienes tocaban melodías con sus guitarras cantando animados una que otra canción de moda. Se escuchaba "West Coast" de Lana del Rey en un grupo cuyas parejas parecían sentir el calor del momento mediante los besos que se daban. Kula era fan de ésta artista. Por lo que tarareaba una de sus estrofas cuando iba de la mano junto a K.

You push it hard, I pull away I'm feeling hot and on fire I guess that no one ever really Made me feel that much higher Te deseo cariño, boy it's you I desire Your love, your love, my love

-- ¿Qué música te gusta? – Le preguntó a su acompañante. – Prefiero el buen riff de una guitarra en el Rock o el Metal en general. No soy fan de la música de ahora y detesto las cosas relacionadas con el romance. – Explicaba el peli blanco. – Veo que a ti sí te gusta laque basura que está de moda. – Le hizo la observación a la rubia. – Me gusta el New wave, pero no me cierro a escuchar intérpretes nuevos. – Expresó Kula. – Además, me gusta colocar atención a las letras de las canciones junto a la melodía que las acompaña. – Siguió. – Así busco qué canciones puedo interpretar mientras patino en el hielo. Es una forma de inspiración que he aprendido con el paso de los años luego de la muerte de mi padre. Me enseñó que la música no debe discriminarse por su género o estilo, si tiene un mensaje, debemos escucharlo. -- K la oía mientras las olas reventaban tenues en sus tobillos. -- ¿Y tú, cómo sobrellevaste la muerte de tus padres? – K se sintió un poco incómodo con la pregunta. Pensó qué responder: si le mentía, en algún momento lo iba a saber por terceros y se enfadaría con él. Pero si le contaba la verdad… no sabría como reaccionaría. Eso lo inquietó. – Si es difícil para ti contarme lo que viviste, puedo esperar a que estés listo para hacerlo. – Lo tranquilizó la rubia mirándolo dulcemente tan solo como ella sabía hacerlo. Ella podía calmar su ira con tan sólo mirarlo. Se sentía a su merced.

--Luego de que mis padres murieron en el accidente – dijo de pronto – sentí un odio incontrolable por el hijo de perra que había sido absuelto en el juicio, por lo que decidí hacer justicia con mis propias manos. Cuando lo encontré, no pude contener la ira que sentía y me abalancé sobre él, golpeándolo hasta que quedó inconsciente en el suelo. Luego llegó la policía y fui enviado a la correccional de menores. Salí con libertad bajo fianza y debía asistir al psiquiatra para que pudiese controlar mis problemas de ira. A pesar de que había hecho justicia según mi punto de vista, no sentía la calma que pensé que iba a lograr después de eso. Comencé a beber a los diecisiete y a fumar compulsivamente, me enfrascaba en pleitos callejeros cuando deambulaba borracho por las calles de noche, por lo que terminé nuevamente en la cárcel años después. Máxima pagó mi última fianza. Solo le causé problemas a Whip. – Se oía como un lamento su ronca voz. – Cuando la vi llorar desconsoladamente por mi causa. Decidí irme de la casa de mis padres. Fue así que Máxima consiguió el apartamento que vivimos ahora gracias a sus contactos por la empresa en la que trabaja. Me ayudó a conseguir empleo con el viejo Heidern quien puso a prueba mis conocimientos en la mecánica arreglando la Harley Dadvison que conduzco ahora. Le dije que quería quedarme con la moto, una vez que la arreglara. Él aceptó, más la mitad de mi primer salario. – Kula se encontraba inmersa mientras escuchaba la historia de su novio. Un largo silencio vino a continuación mientras caminaban por la orilla de la playa. – Entiendo si quieres que esto acabe Kula. – Expresó el moreno. – No soy un tipo con un pasado tranquilo. Quizá tú hermana y tu madre tienen razón conmigo gatita. Y yo no sea digno de ti y mucho menos un novio ejemplar. – Siguió. – Puedo descontrolarme si no tomo la medicina. Y puedo lastimarte. – Dijo finalmente. Kula seguía en silencio, luego detuvo su andar y lo miró. – K, si estoy contigo no es exactamente porque busco meterme en problemas para demostrar al mundo que soy una mujer. – dijo de pronto. – Tú eres como nadie en el mundo que haya conocido, eres único, tu pasado es importante, pero no define quien eres ahora. Cuando estás conmigo no siento que quieras lastimarme. – Tomó su mano derecha y acarició su rostro con la otra. – Tu me gustas demasiado. Has despertado emociones que creía muertas en mi, luego de que mi padre muriera. Me has devuelto a la vida. Y si piensas que te dejaré luego de que me hayas abierto tu corazón, creo que no me conoces aún porque no lo pienso hacer a menos que me quieras lejos de ti. – Le dijo con el tono más tierno que pudo escuchar de ella. K la levantó de la arena y la besó tratando de demostrar con sus actos lo que sentía por ella. ¡Vaya que le costó confesar su pasado! Pero con esto, se dio cuenta de que la relación que ellos tenían era algo que no tendría con nadie más. Fue tanto lo que sus cuerpos clamaban por el otro, que sintieron fundirse en una sola imagen cuya luna era testigo del amor que comenzaba a aflorar entre ellos. Nadie en el mundo podría siquiera pensar en la intensidad del fuego que los consumía por su necesidad de estar juntos. K la recostó suavemente en la arena, mientras las olas hacían de suaves sábanas que los cubrían a momentos. Acariciaba sus muslos y besaba sus redondos pechos mientras Kula sujetaba sus piernas con fuerza en la espalda de K. Se habían empapado no sólo del agua salada, sino de la pasión que los consumía. Era tanto el fuego que había en ellos, que ni siquiera las frías olas del mar podían calmar lo que sentían. Se entregaron completamente, cuando K subió el vestido de Kula e hizo a un lado su braga para penetrarla con la erección que tenía desesperadamente por ella. Solo por ella. Kula gimió fuerte, el sonido de las olas acallaba sus voz. Nadie se encontraban en ese lado de la playa. Solo estaban ellos, las estrellas que parecían titilar al son de sus movimientos que demandaban urgencia por sentirse unidos al otro. K rugía ronco y fuerte mientras se entregaba en cuerpo y alma con la persona que estuvo esperando años a que llegara y nunca supo que su corazón anhelaba. Las embestidas del chico buscaban demostrar todo lo que sentía con el momento. Ella lo sabía. Estaban haciendo el amor.

Cuando Kula llegó al punto culmine de su éxtasis. K sintió que se derretía dentro de ella. El líquido caliente una vez más invadió su interior hasta llenar por completo su vagina mientras se contraía con los espasmos del orgasmo. Cuando la besó, sus labios sabían a fresas y sal. Era un sabor único y exquisito. K escuchaba el corazón acelerado de la chica, era una dulce melodía que sobresaltaba ligeramente sus pechos. Kula miraba el cielo estrellado mientras acariciaba la espalda de K.

El peli blanco finalmente se separó de le chica quitándose de encima, para observar si alguien había presenciado el acto, pero no. Estaban solos. Le ayudó a levantarse mientras ella sacudía los excesos de arena en algunas partes de su cuerpo. – Creo que debemos volver para darnos una ducha. – le sugirió la chica sonriéndole.

Emprendieron el viaje de vuelta a la cabaña. Iban caminando por el sendero del bosque cuando K la detuvo con su mano, y la besó. – Eres solo mía, y pretendo que siga siendo así por un largo tiempo. – Le dijo. – No me iré a ningún lado amor, si es lo que te preocupa. Estaré siempre para ti – Susurró devolviéndole suavemente el beso.

Cuando llegaron a la cabaña, se ducharon y luego se fueron a la cama. Kula quedó profundamente dormida mientras K acariciaba sus cabellos. Se levantó para fumar un cigarrillo de la cajetilla que le había comprado Kula. Miraba su cuerpo iluminado por las luces nocturnas en el cielo mientras probaba bocanadas de humo. – Te has vuelto mi mejor medicina – dijo. -- Luego se fue a dormir junto a la rubia, quien gimió suavemente como una gata buscando arrimarse a su dueño.

El sol daba sus primeros rayos anunciando un nuevo día a la pareja. Esta vez, Kula se encontraba de pie ya en la cocina. El peli blanco sintió un aroma delicioso que venía desde la planta baja de la cabaña. Se sentó sobre la cama tratando de ahuyentar el sueño que lo invadía, pero el hambre y la curiosidad podía más. Se colocó unas bermudas negras que había traído de repuesto, debido a que las otras aún se encontraban mojadas por lo que había hecho en la playa. Bostezaba mientras bajaba las escaleras cuando se encontró con la imagen de una rubia moviéndose sensualmente al compás de la canción que sonaba anoche en la fogata que tocaban unos chicos en la playa, con una de las playeras que había sacado del bolso de K, que le quedaba ceñida a su cuerpo. La imagen de la chica cocinando y meneando su cuerpo de esa manera despertó otro tipo de apetito. Kula se percató que el moreno la miraba. --¡Oh! Buenos días amor, fui temprano a comprar cosas para el desayuno. Estoy cocinando un Beef jerky para ti. Me di cuenta cómo lo disfrutabas cuando conocí a Whip y Máxima la primera vez que estuvimos juntos en tu apartamento. – Colocó el plato en la mesa que había en la cocina. – K se levantó de la silla que se encontraba frente a ella. La besó fogosamente y la levantó para dejarla en la mesa. – Esa playera mía que llevas te queda pintada al cuerpo. Creo que podría acostumbrarme a verte así más seguido. – Le dijo con su usual voz ronca. Luego de eso, la besó otra vez y le quitó la playera que llevaba para dejarla solamente con una diminuta braga blanca que la hacía ver maravillosamente deliciosa ante sus ojos. – Creo que comenzaré mi desayuno por aquí. – Le dijo saboreando uno de sus pechos. Kula dejó su cabeza caer junto a sus cabellos rubios en su espalda. La tomó del culo para acercarla a su entrepierna. Era exquisita la forma en que ella gemía producto del placer que le brindaba de cada lamida a sus pechos. Se bajó las bermudas para dejar su miembro erecto y la penetró sin más. Kula gemía tan fuerte por las embestidas del peli blanco, que se podían escuchar en toda la cabaña. – Si gritas tan fuerte vendrá la dueña y verá que te estoy follando en la mesa de su cocina. – Le dijo entre los gemidos roncos. Kula pareció disfrutar de la imagen porque comenzó a gemir más fuerte con las penetraciones rápidas y duras de K. Por lo que él tuvo que acallarla con besos cuya lengua parecía querer penetrar de la misma manera que su pene. – ¡Me voy a correr encima de tu desayuno K! – No pudiendo contener el orgasmo, lo dejó salir al mismo tiempo de K se iba también aferrándose a su cuerpo. La rubia se sintió liberada de la sensación de explotar, dejando sus residuos en los bellos púbicos del peli blanco. El semen de K chorreaba entre las piernas de su chica mientras salían los excesos desde su vagina. Cuando se atenuaron sus cuerpos a la respiración normal, se miraron a los ojos. K adoraba mirar los magenta de Kula. Era como perderse a través de los atardeceres de invierno. Kula miraba los azules de K, creía ver una llamarada que los encendía cada vez que la miraba. Unieron sus labios una vez más, pero ésta vez de manera suave y sensual. K tomó a Kula por su culo nuevamente para llevarla al baño. Se metieron ambos a la ducha. – Está muy caliente. – Dijo en seguida la rubia al notar el inmediato vapor que emanaba del agua. – Creí que no te molestaba mi forma de demostrarte que eres mía. – Le dijo presumiendo lo que habían hecho. – No, tontito, adoro que tu seas así, pero el agua me gusta fría en realidad. – K niveló el agua hasta el punto de que quedara más tibia que fría. – ¿Así? – Quiso saber el peli blanco. Kula giró completamente la manilla del agua helada para que saliera tal y como le gustaba, totalmente fría. – ¡AAAAAGHH! – Gritó K en respuesta a lo helada que corría el agua en la ducha. – Ahora sí está bien para mí. – Dijo Kula sonriendo por la reacción que tenía el chico intentando escapar como un gato que lo intentan bañar escapando del agua fría. -- ¡Mierda Kula eso está como un hielo! – Le dijo K desde un rincón de la ducha, tratando de que no le llegarán las gotas frías.

Terminaron de bañarse, luego de una breve discusión por la temperatura del agua. – De haber sabido que despertaría y no te aguantarías, me hubiese quedado contigo para saciar ese apetito. – dijo ella recordando que el desayuno que le había preparado estaría frío por aquel percance. – No importa gatita, encenderé la cocina y lo calentaré de nuevo. Tú me abres el apetito. – Le dijo sonriendo de medio lado. -- ¿Qué comerás tú? – Le preguntó mientras veía sólo su plato en la mesa. – La verdad es que se me antoja algo dulce, no suelo comer cosas saladas. Qué puedo decir, amo los dulces. – Le dijo buscando en la bolsa que había encima de la mesa. Sacó unos waffles de preparación instantánea y los metió al microondas. Se sentó a su lado para acompañarlo.-- ¿Sabes? Podríamos bajar a la playa para tomar un poco de sol. Creo que la universidad y el estar contigo el apartamento me han vuelto más pálida. – Se dijo mirando sus brazos y piernas. – Detesto ir a la playa y ver a toda esa gente estúpida corriendo en la playa con sus jueguitos ruidosos y chillando porque el agua está fría. – Luego calló por las últimas palabras, recordó que él también lo había hecho en la ducha porque Kula había dejado el agua fría correr en su cuerpo. – Pero si quieres, podemos estar un rato, luego podemos almorzar en algún lugar que te agrade.—Le sugirió K. -- Me gusta la idea. – Le dijo la rubia. – Me siento como si fuera una pequeña luna de miel. Tú y yo solamente, haciendo el amor donde nos pillen las ganas. La verdad, me encanta. —Le dijo con un leve rubor en sus mejillas. K no dijo nada. – Luna de miel – pensó. Por alguna razón no le molestaba la idea a futuro. Si iba a ser así de tranquila la vida junto a ella, entonces no detestaría que en un futuro lejano eso pudiese suceder. Bien lejano eso sí. – Rió. -- ¿Dije algo gracioso amor? Le preguntó la rubia mirándolo. – Nada, vamos a la playa para que no digan que te tengo encerrada solamente para cogerte rico gatita. – Le dijo mientras llevaba los trastos sucios para lavarlos. Sí, lavarlos. Algo que él rudo y haragán de K, nunca hubiese hecho por alguien, ni aunque fuera de vida o muerte. Realmente estaba cambiando a causa de Kula. La nena que llegó al bar por obra del destino y que lograría dar un vuelco a su vida.