Capítulo VIII

Yes to Heaven

Había un sol tremendo en South Beach, las personas se bañaban, algunos jugaban voleibol de playa, otras personas simplemente se encontraban tomando sol. K miraba un poco fastidiado el panorama. No encontraba nada de malo quedarse en la cabaña que habían alquilado, pero Kula quería salir. Por ella tenía que aguantar estar en un lugar que no era de su agrado. Tenía que llevar el bolso, con las toallas, algunos refrescos que habían pasado a comprar y la sombrilla que se encontraba en la cabaña a disposición de ellos. Kula caminaba agarrada de su brazo mientras sonreía contenta por estar ahí. – Sé que no querías venir, pero gracias por hacer un esfuerzo. – Le dijo apoyando su cabeza en el hombro. K la miró, luego la sujetó de la cintura de forma posesiva. Kula se veía despampanante con su diminuto bikini celeste cubierto por un blusón blanco abierto, que permitía observar toda su magnífica figura esbelta, pero bien proporcionada, su abdomen plano, sus piernas firmes y elegantes al caminar, que no dejaban indiferente a nadie. K sentía hervir la sangre cuando veía cómo la miraban. Quería asesinarlos a golpes para que dejaran de hacerlo. Una de las cosas que tenía que aguantar de salir con una chica tan bonita como lo era Kula, era la horda de imbéciles babosos que dejaba a su paso cuando caminaban por algún lugar, y qué decir ahora que andaba de esa forma. – ¿Pasa algo? – Kula lo sacó de su ensimismamiento. – Te noto un poco tenso. – Le dijo. – Simplemente detesto a todos los idiotas que te miran. No me importaría trenzarme a golpes con todos a la vez con tal de que no te miren. – Le decía con un tono bastante enojado. Kula rió ante semejante revelación. – No es necesario que lo hagas, ellos no son importantes, de todas las personas que hay en South Beach, estoy contigo tigre. – Le mencionó coqueta. – Lo sé, pero es odiosa la forma en cómo te miran. – expresó un poco frustrado. Ella le indicó un sitio no muy alejado de donde estaban para que dejara de pensar en los demás. – Creo que este es un buen lugar para dejar nuestras cosas sin que nadie nos moleste. – Le dijo la rubia mirando el lugar. Estaba cerca del agua, pero no lo suficiente como para que los alcanzarán las olas. K enterraba la sombrilla en la arena, Kula dejó su bolso para tender las toallas. Se colocó su protector solar en su cuerpo. – K ¿Me colocas protector en la espalda? – Le preguntó. La chica se recostó en su toalla y se desató el nudo de la parte de arriba del bikini. Tenía una espalda muy suave. K tomó el protector solar y le colocó un poco en la espalda. Le daba suaves masajes con los que provocaba leves gemidos en la rubia. – Kula, deja de gemir, estás provocando cosas que no podré disimular. – Le dijo advirtiendo lo que estaba sucediendo en su pantalón. Kula se volvió a anudar el bikini y lo besó. – Creo que debes acompañarme al agua para que se te pase cariño. – Le dijo mientras se dirigía a las olas. Probó el agua y dio pequeños saltitos por lo fría, pero se notaba que le encantaba así. Lo había notado en la ducha. Pensaba K, mientras observaba que se divertía como una niña pequeña que por primera vez conoce la playa; jugaba con las olas a saltarlas. -- ¡Ven, está deliciosa! – Lo llamaba desde el agua. El moreno se encontraba tendido en la toalla bajo la sombrilla fumando un cigarrillo que había encendido. Debía admitir que la caminata lo había hecho sudar un poco, por lo que se levantó y fue con ella. Se sacó la camisa negra manga corta que dejaba ver su abdomen marcado. Apagó el cigarrillo y se metió de a poco al agua. – Mierda, está helada – dijo. – Debes meterte de un chapuzón para acostumbrarte a la temperatura. – Le dijo Kula. K pareció rechazar la idea. Ella se dio cuenta y comenzó a tirarle agua. -- ¡Así que quieres jugar sucio niña! – le dijo aparentando enojo, por lo que la tomó en sus brazos y la sumergió en el agua. Kula dio un grito entre la risa y la sorpresa por la maniobra de venganza de su novio. Ambos jugaban en el agua como un par de niños pequeños.

Luegode un rato, se sintieron cansados y se tendieron en sus toallas. – Creo que estar en el agua me ha abierto el apetito. – Le dijo la rubia. – Vamos a buscar un lugar para almorzar. Hay unos restaurantes cerca a los que podríamos ir. – Le sugirió Kula. Así que, recogieron sus cosas y se encaminaron a buscar un lugar para almorzar.

Entraron a uno bastante llamativo. Tenía adornos de criaturas marinas y redes de pesca en la entrada. Había una que otra pareja. Así que no iba ser tanto la espera cuando pidieran su orden. Cuando se sentaron en una mesa cerca de la ventana que daba vista a la playa, se acercó una mujer alta, con cabello blanco y corto, similar al del moreno. Tenía un delantal muy ajustado a su cuerpo y una mini que, los hombres que se encontraban ahí, trataban de mirar de forma lasciva sin que sus parejas se dieran cuenta. Era bastante guapa. Tenía la belleza de una mujer madura. – Hola guapo, ¿Qué van a pedir tú y tú hermanita?- Kula, al ver que ella tenía la intención de tocarlo, sintió como le hervía la sangre ahora a ella. La muy perra intentaba seducir a K. Luego lo miró, se encontraba leyendo el menú, ni siquiera la había visto como los otros chicos con cara de babosos que no les importaba estar ahí mismo con su novia con tal de mirar a la prostituta que hacía de mesera. Iba a decir algo para dejarla en su lugar, cuando K se le adelantó. – Quiero un Texas Barbecue Brisket. – dijo el peli blanco. – ¿Y tú que vas a querer amor? – Dijo el moreno tomando su mano, provocando que Kula y la mesera abrieran los ojos como huevos fritos. – Yo… yo quiero un helado de fresa con chips de chocolate y salsa de frambuesa. – Cerró su menú para pasárselo a la mesera. -- ¿Desean algo para beber? – Preguntó esta vez con un tono más frío. – Quiero una cerveza. – dijo K. – Y yo un jugo de durazno muy helado por favor. – La mujer se dio media vuelta sin más para entregar el pedido en la cocina. Kula miró a K. – Eres el mejor tigre. – celebró la rubia. – Detesto ese tipo de personas que usurpan mi espacio personal como si nada. No hay cosa que desprecie más, que alguien que no me conoce se quiera pasar de listo, esa hombre o mujer. – Dijo con repudio. Kula se sorprendió por cómo había elegido contenerse en la playa cuando los chicos la miraban, y ahora cuando la mujer trató de provocarlos. Sin duda, desde el chico imán de pleitos callejeros hasta ahora, en un poco más de un mes, había tenido un gran cambio. Se sintió feliz de ser la causante de tal giro en él. -- ¿Por qué me miras así? – la sacó de sus pensamientos. Optó por omitir lo que pensaba, quizá podía sentirse incómodo con lo que ella había observado. Había cambiado, aunque el mal carácter era algo propio de él. – Te miraba porque, a pesar de lo que dijo esa mujer. Tiene razón en algo. – K la miraba intrigado. – Eres bastante guapo. –- Le dijo con sonriendo de forma coqueta. El peli blanco desvió su mirada a la ventana tratando de ocultar lo avergonzado que se sentía. En años anteriores, las chicas se le acercaban insinuando sus intenciones. No había cortejo alguno, solo sexo detrás de un callejón oscuro cuando estaba muy borracho, no le importaba en lo más mínimo lo que pensaran de él. -- ¿De verdad lo crees? – Le dijo sin mirarla. – Eres el chico más lindo que he conocido. Rudo, pero atento conmigo. Además, súper atractivo y todo un Tigre en la cama. . – guiñó su ojo izquierdo color magenta. K volvió a sonreír por los halagos de la chica. – Sabes ponerme en aprietos niña. .

La mujer dejó el pedido correspondiente a cada uno, esta vez no dijo nada, no tocó a nadie y menos miró a K. Cuando K observó el helado de la chica, y luego su gran plato, entonces le dijo: -- Deberías comer comida real, no dulces. Si vamos a estar juntos debes alimentarte mejor.– Kula disfrutaba feliz su helado. – No es que no me guste la comida, pero es que hace tanto calor que mi cuerpo me pide cosas heladas. Son mis favoritas; así como a ti te gustan las carnes picantes y calientes. A mi me fascinan los helados y dulces. – Le explicó. – Eres una niña caprichosa. – Le mencionó. – Caprichosa y todo te gusto igual. – Mencionó provocando la mirada azul del moreno. – Y ya que soy una niña caprichosa, quiero que me acompañes a ir de compras cuando terminemos de comer. – Eso nunca Kula. Me quedaré en la cabaña mientras vas tú. – Le dijo sin rodeos. – Muy bien, pero puede que haya chicos que no dejen de mirarme por lo sola que estaré, y no dudarán en acercarse para seducirme y pedirme que me vaya con ellos. – Le dijo con su cara inocente mientras saboreaba las últimas cucharadas de su helado. K sintió arder su pecho pensando en el imbécil que quisiera acercarse a su chica. – No voy a dejar que ningún estúpido baboso piense que puede tenerte porque andas sola. Ni modo, no me dejas alternativa. – Dijo finalmente resignado. – Pero no esperes que esté de buen humor por acompañarte. Es más, tendrás que compensarme después. -- Kula chilló de alegría y se levantó de la mesa para abrazarlo. Las clientes miraban entretenidos a esos dos. Sin embargo, la mesera los miraba hastiada. – Aquí está la cuenta. – K dejó el dinero y se fue con la rubia para acompañarla. La mesera vio que no le habían dejado propina. – Imbéciles. – Espetó, agarró el dinero y lo dejó en la caja.

Habían ingresado a una tienda de ropa, K esperaba sentado fuera de los vestíbulos esperando que Kula se probará los quince vestidos que había sacado. Ya se estaba impacientando cuando las cortinas se abrieron e hizo acto de aparición la rubia con una de las tantas prendas que había elegido para probarse, dentro de las cuales, K ni siquiera prestó atención a lo que la chica escogía. --¿Qué te parece?– Le preguntó al peli blanco. Lucía un vestido negro de tela satinada con cierre frontal, que resaltaba su bella figura. K la miró a través de sus lentes. Pero hubo un detalle que no lo dejó indiferente en el pecho de ella, el escote con forma de corazón que dejaba ver sus pechos casi en toda su magnitud, salvo sus pezones. Sin duda hacían ver a Kula una femme fatale. – Se ve… bien – trataba de articular una oración para que no le se notará lo incómodo que se sentía entre sus pantalones que comenzaban a sentirse ajustados, por lo que carraspeaba mirando en otra dirección fingiendo prisa por salir del lugar. – ¿Ya terminamos?—Dijo el moreno tratando de evitar que se notará su incidente por lo que se cruzó de piernas para ocultarlo. Pero Kula no lo entendió de esa manera, sintiéndose un poco decepcionada de la reacción de su novio.

– Pensé que éste te iba a gustar más que los demás. – Dijo apenada.

– No es… que se te vea mal. Si no que… me siento incómodo en una tienda de mujeres. Nunca he acompañado a ninguna mujer y me siento observado. – Le aclaró al ver que su chica lo miraba triste por la poca demostración en cuanto a la elección de su prenda.

Kula pareció comprender las miradas esquivas y el constante cambio de posiciones en su mismo asiento mientras la esperaba. – Sí me acompañas a una última tienda que deseo visitar, te prometo que te compensaré tigre. – Le dijo mientras se acercaba a él hasta quedar solamente sus pechos delante de sus ojos que, con clara intención pensaba utilizar el arma que tenía ahora. K, al ver que Kula había propuesto un panorama interesante a sus ojos, se sacó sus lentes rojos para obtener un mejor acercamiento a tan maravillosa vista. Se fijó que nadie los estuviese mirando y le dio una lamida a cada pecho de la rubia, provocando que ella diera un sobresalto por aquello y un pequeño grito que rápidamente ahogó K con un beso encendido. – Te acompañaré donde quieras, siempre y cuando lleves ese vestido en nuestra última noche acá. – Le dijo de manera insinuada. – Lo haré si tú te compras algo también para esta noche. – Le recordó.

-- Debemos hacer algo especial hoy al anochecer. Como una primera cita. – Le mencionó emocionada.

– Siempre y cuando lleves algo con lo que pueda rasgar con mis dientes bajo ese vestido gatita. – Propuso nuevamente.

–- Es un trato. – Le extendió la mano para dar fe de que habían cerrado un buen negocio.

Llegó el atardecer del sábado y K había salido a caminar por los bares que se encontraban cerca de la playa. El ambiente se veía animado, la gente bebía alegre junto a sus parejas y amigos. Decidió pasar por un trago antes de volver a casa. Kula le había pedido que se ausentara por unas horas mientras ella preparaba una sorpresa para ambos. K no tuvo mucho que protestar cuando Kula lo empujaba suavemente hacia la puerta. De igual manera salía en South Town cuando deseaba aclarar su cabeza. Cosa que hacía bastante cuando su gatita se colaba de la nada en sus pensamientos e insistía en conquistarlo durante las primeras semanas.

Entró a un bar en donde sonaba la canción Waht Love can be de The Kingdom Come, interpretaba por una banda local en medio del recinto. Se acercó a la barra y pidió un whisky. El barman no demoró en llevarle su pedido. Sacó de su cajetilla un cigarrillo para encenderlo. Las letras de la canción no le eran indiferentes. Pensó una vez más en Kula. Un mes que salían, su primera relación estable. No cabía duda de que Kula había hecho algo inexplicable con él desde el principio. Era como si una fuerza extraña le hubiese dominado sus cavilaciones más profundas durante esa noche en el bar cuando conoció a la rubia y a su hermana, quien nunca ocultó los celos que tenía de Kula y la animadversión por él, quien obviamente no podía interesarle menos. Pero en la rubia, se había fijado desde que pisó el bar aquella noche; no podía negar lo atractiva que era, a decir verdad siempre, era guapa. Tenía esa belleza angelical cuya inocencia enamoraba hasta al mismo demonio. Debía admitir que también le agradaba como era, incluso con él. Recordarla lo hacía sentir bien, su corazón se aceleraba cuando la tenía tan cerca y… – Mierda, ¿Me estaré enamorando? – Ese pensamiento abrupto lo alarmó un poco.

Now that you've come and set me free Now that I know what love can be All that I want is you with me That's all I want

You allow me to be what I want to be Thanks for helping me I feel like a bright shining star For only you to see, for only you to see

Pidió otro vaso de whisky, no sabía lo que era sentir o demostrar amor. Desde pequeño y hasta la muerte de sus padres, había sido una persona reservada e introvertida con sus sentimientos. Jugaba con su hermana y a veces con otros niños a las luchas, pero con las niñas siempre mantuvo distancias. Las consideraba ruidosas y molestas, siempre andaban colgadas de los brazos de otros chicos y estos se transformaban en unos estúpidos no pensantes cuando alguna chica se les acercaba. Luego de que sus padres murieron, no veía otra cosa en las chicas que un recipiente en el cual descargar tensiones sexuales. Pero en Kula había sido extraño, el destino se había encargado de tenderle una trampa con la rubia. Sucumbió a los encantos de esa niña, podría decirse. Eso lo volvía loco, ella calmaba la ira que sentía, la ansiedad de aliviar el dolor y el luto que no pudo atenuar por buscar venganza.

Despertó de sus reflexiones cuando aplaudían a los intérpretes musicales. Miró la hora en su celular, era la hora de volver a la cabaña. Sin duda la vida había sabido devolverle en cierto modo la tranquilidad que tenía antes de la muerte de sus padres. Un oasis entre todo el fuego que solía consumirlo cuando no tomaba su medicina. Ella era su oasis.

Pasó por una florería antes de ir a la cabaña para encontrarse con la sorpresa de Kula. Le pareció un poco inadecuado llegar sin un presente cuando ella había trabajado toda la tarde en algo que pudiese marcar su última noche. No solamente se encargó de la cabaña, sino de encontrar algo adecuado para él cuando la acompañó a las tiendas. Había seleccionado una camisa negra que llevaba ahora arremangada en sus brazos, unos vaqueros gris claro de corte semi-ajustado y sus clásicas botas motoqueras que junto a sus lentes iban siempre con él. Miró todas las flores que tenían en la vitrina, y escogió unas rosas azules.

Llegó a la cabaña, las luces estaban todas apagadas, habían velas que comenzaban desde la entrada, la puerta estaba abierta, el sendero de velas lo conducía a la mesa, en donde se encontraba un candelabro con velas rojas alargadas, dos platos vacíos y dos copas junto a una botella de vino. Sonaba una melodía suave, acompañada por la voz de una mujer. Kula no se veía por ningún lado. – Espero que te guste lo que he preparado amor. – Escuchó una voz como un suave susurro del viento en su oído. Se dio media vuelta y entonces la vio; pensaba que Kula no podía ser más bella, pero claramente estaba equivocado. Llevaba unas sandalias con tacones altos negros de charol, sus piernas largas y torneadas, se asomaban blancas como la luna llena sobre el mar en su vestido negro satín. Su cabello estaba medio recogido con dos trenzas delanteras cuyos rizos ligeramente recorrían con gracia su cintura y caderas. Tenía sus labios maquillados con un tono similar al de sus ojos que resaltaba aún más ahora con el delineador difuminado color negro que llevaba. Casi se fue de espaldas por la impresión. – Te ves preciosa gatita. – Le dijo dando una mirada de pies a cabeza luego de un silbido. Kula se sonrojó por el gesto. Él tomó su cintura y la besó brevemente. – Estas son para ti. – Hizo entrega de las rosas a su chica que daba la luz de la luna, provocando otra vez ese efecto que K había notado y que también le gustaba. – Son bellísimas. – Percibió su suave aroma en ellas. -- ¿Sabes por qué las pedí azules? – Le preguntó a la rubia. -- ¿Por qué sabes que el azul es mi color favorito? – dijo con un tono infantil.

– Porque la primera vez que tuve la oportunidad de verte desnuda en mi apartamento, vi tu silueta bajo la luz de la luna que daba un aspecto azulado a tu cabello. Fue lo más bello que había visto en mi vida.— Le dijo. Kula sintió que sus ojos comenzaban a empaparse de la emoción dejando que una pequeña lagrima corriera sin arruinar su maquillaje. Nunca pensó que K la veía de esa forma. Lo abrazó y lo besó durante largos minutos. – Eres lo mejor que me ha pasado tigre. – Le dijo conmovida. Luego de que el beso entre ambos había cesado lentamente, le dijo: sígueme. Tomó la mano de K y lo llevó hasta la mesa, dejó las rosas en un florero que se encontraba en la cocina. Eran únicas, como las palabras que el peli blanco había dicho anteriormente.

– Espera aquí, volveré con la cena. – Le dijo.

Cuando volvió con una bandeja de carne con pimientos al horno. La vio tambalearse un poco por los tremendos tacones, K se levantó enseguida para ayudarla, pero la rubia recobró el equilibrio. Luego trajo una fuente con patatas fritas. La dejó sobre la mesa. Sirvió las copas con un Cavernet Souvignon que había comprado cuando K había ido a caminar por ahí. – Aún no sé todo lo que te gusta K, pero prometo saber cada gusto y desagrado tuyo. – le dijo un poco avergonzada.

– Por lo menos lo que hiciste me gusta bastante gatita. – Kula probó solo uno que otro bocado con mucha dificultad para tragarlo, hacía un gran esfuerzo con degustar lo que ella misma había hecho. No porque estuviese desabrido, sino porque le era muy difícil comer cosas calientes cuando una vida entera había acostumbrado su paladar a las cosas frías y dulces. K la miraba cuando probaban bocados, era gracioso ver el rostro que ponía al probar cosas calientes.

– No es necesario que tengas que comer las comas como a mi me gustan. Nunca te he obligado a nada y menos lo haré ahora. – Le dijo para que dejara de probar la comida.

– No te preocupes, si vamos a estar juntos y puedo lograrlo, tú también podrás con el postre. – Le dijo sonriendo. El moreno abrió los ojos, no había pensado en aquello. Si ella estaba haciendo ese esfuerzo, también era para que él lo hiciera con el postre.

Mierda. – pensó.

Cuando K terminó su plato, Kula miraba el suyo que tenía un poco más de la mitad.

No puedo comer esto. -- Se dijo a sí misma.

– No hay problema si no quieres comer más. – le dijo adivinando el peli blanco. Ella lo miró agradeciendo el gesto.

– Traeré el postre ahora. – Le dijo levantándose de la mesa y retirando los cubiertos. K le ayudo a lavar para que la espera de lo que venía después no fuera tanta. –

Gracias. – Le sonrió al moreno.

Kula se dirigió a la nevera para sacar una torta helada de fresas con crema. K miró, y supo que eso no le iba a gustar. Volvieron a la mesa; Kula saboreaba feliz ahora su plato, mientras que K sentía pasar por su garganta el postre helado generando una sensación ligera de desagrado. Las dos cosas que más odiaba, lo dulce y lo frío, unidos en un solo postre. No dijo nada por respeto a ella. Después de todo, se había esforzado hasta para comer lo que no le gustaba, las cosas calientes. Él tendría que hacer lo mismo.

Apenas pudo terminar la última rebanada sin sentir la horrible sensación de algo frío en su garganta. Por lo que se sirvió otra copa de vino para pasar el sabor. La verdad, es que el vino era una de las casi nulas cosas dulces que le gustaba. Prefería el whisky o la cerveza. La botella estaba un poco menos de la mitad.

– Quiero que me acompañes ahora a la habitación. Tengo otra sorpresa para ti. – Le dijo Kula cuando vio que había ingerido un trago para sopesar el postre. Subieron las escaleras adornadas también de pequeñas velas en los peldaños. Ella había tomado dos de las rosas de K para ocuparla después.

Las ventanas estaban abiertas de par en par adornadas por velas también, dejando entrar una ligera brisa refrescante, junto al sonido de las olas se oían lejanos. De pronto, Kula comenzó a moverse al ritmo de Justify my Love de Madonna. K observó que poco a poco el cierre de su vestido comenzaba a descender con sus manos.

– Esta noche yo te daré placer tigre. – Le decía mientras sus movimientos se hacían cada vez más eróticos. Llevó al peli blanco hasta la cama.

– Obsérvame. – Le dijo de un suave tono. Kula comenzaba a deshacerse del vestido satinado, quedando con un corsé de encaje negro, en conjunto a unas portaligas que invitaban al moreno a quitar cada una de ellas. Era una versión nunca vista de Kula, la chica buena que todos veían lo dulce e inocente que era. Pero con él, era esa mujer que lo hacía enloquecer de placer. Kula dio una suave vuelta entre su danza sensual, acercándose al peli blanco hasta trepar encima de él. Comenzó a desabotonar su camisa. K quiso bajar el cierre de su pantalón.

– Deja que yo haga todo. – Le susurró al oído, eso lo encendió inmediatamente. La chica comenzó a besar sus pectorales y abdomen. K gimió despacio por la sensación.

Wanting, needing, waiting For you to justify my loveHoping, praying For you to justify my loveI want to know you Not like that I don't wanna be your mother I don't wanna be your sister either I just wanna be your lover I wanna be your baby Kiss me, that's right, kiss me

Lentamente bajó la cremallera hasta dejar ver sus boxers con su miembro duro intentando salir.

– Siéntate Tigre. – Le ordenó. Sacó el enorme pene de K y lo succionó como si de su helado favorito se tratase; una y otra vez, arriba y abajo, sus manos masajeaban estimulando la erección, así como también sus testículos eran acariciados suavemente.

– ¿Quieres que me vaya de esta manera nena? – Dijo casi sin pensar con su cabeza hacia atrás, disfrutando lo que la rubia hacía con su miembro.

– Quiero hacerte llegar de todas las formas que hayas imaginado. – Le dijo dándose un respiro cuando sacó el miembro de su boca. Cada vez era más rápido, jalaba tan adentro que llegaba a casi a su garganta. Kula degustaba tanto como si fuera su postre favorito.

– Kula, me iré en tu boca ¿Eso quieres? – Preguntó al borde de la locura. Kula asintió al momento que su boca comenzó a variar de movimiento y velocidad para lograr que K soltara su líquido caliente hasta su garganta casi llenado su boca. Fue la primera vez que lo sintió en su lengua, era un sabor ligeramente amargo, como el pomelo, pero con un toque dulce al final, como la piña. Era nuevo para ella, tragó hasta la última gota que lamía gustosa alrededor de su miembro aún latente por la eyaculación. K, reposaba en la cama después del orgasmo.

– Lo has hecho magnífico– Dijo jadeando por las sensaciones de cada lamida.

– Es la primera vez que alguien acaba en mi boca. Había introducido tu miembro en mi boca antes, pero no quisiste acabar como ahora. – Le dijo mientras se levantaba.

– Ahora quiero que los dos disfrutemos. – Dijo antes de besarlo para que también se degustara a sí mismo. Era maravillosa la unión de su beso y el sabor del líquido de él mismo que había quedado en la boca de Kula. K puso sus manos en el culo de la rubia que se marcaba bastante con las ligas, jaló una de ellas en su glúteo derecho, provocando el gemido inmediato al sentir el pequeño golpe dejando una marca roja en su pálida piel. Lo que encendió nuevamente la entrepierna del Moreno, lista para ser introducida sin piedad en la rubia que tenía encima. Ella tomó nuevamente el miembro, y lo introdujo en su vagina. Sus bragas tenían un orificio especial para aquello. K trató de profundizar la penetración levantando sus caderas. Kula abría su boca para dejar escapar los gemidos más deliciosos que se habían escuchado en la cabaña. Se movía galopante sobre K. Él tocaba sus pechos a través del corsé, era maravillosa la combinación de su piel con el material, como si fueran hechos para fundirse entre sí, un espectáculo de mujer tenía sobre él. Su cabello caía sobre su cuerpo como una lluvia dorada. Kula comenzó a gemir más cuando se encontraba próxima a su orgasmo, por lo que el vaivén fue in crescendo. K también gemía ronco y agitado por estar cerca nuevamente del orgasmo, pero esta vez, dentro de la vagina de la chica. Ambos alcanzaron el clímax al unísono, Kula sentía el líquido caliente que emanaba del miembro viril de K dentro de ella, que la llenaba hasta derramarse entre sus piernas. Él seguía embistiéndola para bombear el semen completamente en su interior. Kula cayó rendida al pecho de K mientras él la abrazaba acariciando su espalda a través de las amarras del corsé.

-- Tu sorpresa me ha dejado vacío gatita. – Kula suspiró intentando reír por el comentario en doble sentido.

– Quería que recordarás de forma especial nuestro primer mes juntos amor. Sé que para ti no debe ser gran cosa, pero si puedo llegar a tu memoria de esta manera, con estos detalles, habré dado un paso más cerca de tu corazón. – Le dijo mientras jugaba con sus blancos cabellos alborotados por el sexo.

– No falta demasiado para que lo hagas. Le dijo mirando a través de sus ojos azules con toda la honestidad que siempre había en sus palabras.

– Eres mía, no lo olvides – Le dijo abrazándola.

– Soy tuya si me dejas entrar a tu corazón. Y también si me desamarras éste corsé para dormir cómoda. – Le dijo de forma coqueta entre risas.

– Me gustaría que te lo quedaras un poco más gatita. – Le dijo acercándose a ella para besarla nuevamente.