Capítulo IX
Putting Holes in Happiness
– Me gustaría que te lo quedaras un poco más gatita. – Le dijo acercándose a ella para besarla nuevamente.
– Aunque también me gustaría ver esos pechos moverse libremente mientras te hago mía de nuevo. – Dijo el peli blanco al mismo instante que desataba las amarras de la prenda erótica, sacó las ligas con su boca y jaló las pantis cuidadosamente con sus dientes. Kula otra vez estaba desnuda y lista para hacer el amor con K. Él se montó sobre ella para embestirla suavemente mientras ella se sujetaba con sus piernas de la espalda de K para acortar la distancia mediante besos y caricias llenas del fuego que los consumía nuevamente. Sin duda esta sería una de tantas noches que no olvidarían. La luna de miel de su primer mes como pareja, antes de volver a la realidad que los esperaba.
– ¿Tienes todo listo? – Le preguntó el moreno mientras se colocaba su chaqueta de cuero.
– Sí K. – Se oyó un poco melancólica mientras miraba la cabaña tipo loft, luego de ordenar. K sabía que era porque se iban.
– Podremos volver en el invierno si quieres. – Le dijo acercándose para tomar su rostro.
– Aún queda mucho para que llegue. – Le dijo con gesto infantil. K sonrió, y pellizcó suavemente sus mejillas, la tomó del mentón y besó dulcemente sus labios. La señora Belanger miraba enternecida a la pareja.
– Acá están las llaves. Gracias. – Hizo entrega de ellas en sus ancianas manos el peli blanco.
– Si quieren venir, no deben hacer más que llamarme. Son bienvenidos cuando gusten. – Dijo la señora despidiéndose de ellos parea dirigirse a su casa.
– Debemos irnos si quieres pasar a la playa un momento. – dijo a la rubia. Se subieron a la moto mientras Kula abrazaba al peli blanco.
-- ¿Podemos pasar por un helado antes de volver? – Preguntó Kula.
– Llegaremos más tarde si nos detenemos. Pasaremos a la playa y luego nos iremos a la casa de tu tía. – Respondió mirándola a través de sus lentes.
– Por favor amor. Te prometo que no tardaré, me lo devoraré de inmediato. – le dijo con un tono suave mientras lo tomaba por la cintura.
– Está bien. – Suspiró rendido.
El domingo había amanecido nublado, corría un poco de viento, el clima en la playa variaba constantemente. Se detuvieron para mirar por última vez antes de volver.
– Si no tuviese obligaciones con la universidad y las clases de patinaje, me quedaría a vivir acá. – Le decía mientras quitaba uno de su cabellos del rostro para no mancharse también con él helado. Luego continuó hablando:
– Debe ser maravilloso en invierno. –
– Se que te gustaría venir, por eso te lo propuse. – dijo el peli blanco rodeándola por la cintura.
– Quisiera venir para la época de Navidad contigo. Es decir, si tu quieres pasar conmigo esas fechas y no te parece tan tediosa la idea. Aún quedan unos meses para que lo pienses con calma. – Le dijo al darse vuelta para examinar su expresión de enojo o fastidio, pero no había nada de eso. Es más, no había nada que expresará algo negativo en K.
Cuando Kula le planteó la idea, comenzó a recordar las navidades pasadas después de la muerte de sus padres. Solía pasarla con Seirah y Máxima, luego se iba a dar vueltas por ahí a los bares. Odiaba esas fechas, los regalos, los villancicos y la gente contenta en sus casas cenando .
– No quiero que te lo tomes a mal, pero detesto esas fechas. Whip me obliga a permanecer en la cena con ellos. Luego me voy a...—
-- Beber para no pensar ¿Verdad? – lo interrumpió mirando nuevamente hacia las olas.
– Probablemente este año sea diferente si tú decides que así sea. – Le dijo provocando que el peli blanco la mirara.
-- ¡Prométeme que lo pensarás! – le dijo de pronto la rubia quedando frente a él.
-- Mamá siempre realiza una fiesta en casa con amigos y compañeros de trabajo, es muy aburrido para mí, Candy suele divertirse porque le gustan ese tipo de cosas, pero… --
--¿ Pero? Preguntó K.
-- ¡Sé que llevamos poco tiempo saliendo, que recién hemos cumplido un mes y que probablemente no vayan a gustarte esas fiestas pero la verdad es que después de la muerte de mi papá no me siento cómoda conviviendo con esas personas. Mamá lo hace para sentir que la casa no está vacía sin nuestro padre y quisiera pasar esta fiesta contigo, porque me has devuelto mis sentimientos. Por eso, quiero compensarte y estar junto a ti K, porque creo que lo que siento no va de un simple "me gustas", creo que hay más que eso… -- le confesó casi sin aliento y sus ojos humedecidos.
K observaba a la rubia por el repentino arranque de sentimientos.
– Yo también creo que hay algo más que eso entre nosotros. Y me alegra no ser el único que se siente de esa manera gatita. – le dijo acercándose para besarla y abrazarla nuevamente. El beso que vino a continuación, fue el más tierno y demostrativo de lo que sentían por el otro.
Cuando terminaron su unión, K miró la hora en su celular.
– Vamos, debo dejarte en la casa de tu tía para que tu madre no se entere que no estabas ahí. – Se deshizo del abrazo para subir a la moto con ella.
-- ¡Espera! – Dijo de pronto la rubia. K se giró para verla.
– Quiero tomarme una foto contigo y la playa de fondo. – Dijo animada.
– Kula, no. Soy la persona menos idónea para una fotografía que puedas conocer. – Dijo para tratar de zafarse de la idea de su novia. – Es algo que los novios suelen hacer con total normalidad ¿sabes? – Le dijo un poco enfadada por el rechazo a su idea.
– Además, quiero tener un recuerdo de que estuve aquí contigo siendo muy feliz amor. – Estás últimas palabras que K escuchó, removieron algo en su corazón.
– Tu ganas Kula, pero sólo una. – Le advirtió.
La rubia se aproximó lo más que podía a su rostro con un beso, luego lo abrazó, tomó el celular de K, e hizo clic en la cámara frontal para capturar la imagen. El peli blanco miró la fotografía, le generó un poco de diversión la cara de amargado de él junto a la infantil de Kula.
– Cuando llegues a tu apartamento me la mandas ¿Está bien? -- le pidió ella. Luego lo besó brevemente en los labios y se subió a la moto para partir de vuelta a la realidad junto a su novio.
K estacionó la moto en las afueras de la casa de la tía Roxy.
– Supongo que aquí nos separamos. – Le dijo con un tono triste. K la miró a través de sus lentes.
– Llámame cuando te vayas a dar la clase de patinaje el martes. – Le dijo.
-- Te esperaré mientras enseñas y luego haremos algo. –
A Kula se le iluminó el rostro.
–¿De verdad? !Me encantaría que me vieras amor¡. – dijo saltando a sus brazos.
K la atajó justo a tiempo antes de caerse ambos sobre la moto. Ella sacó sus lentes y lo besó con toda la pasión que podía existir en ellos. K la tomó por la cintura respondiendo su beso.
– Extrañaré esa dulce boca. – le dijo a la rubia para despedirse finalmente.
– Mañana será eterno y aburrido mi día sin ti. Ya quiero que sea martes para que me veas patinar. – Le dijo esperanzada.
– Nos vemos gatita. – Se despidió subiéndose a su Harley.
– Adiós Tigre. – Le contestó coqueta.
Kula entró rápidamente a su casa en donde su tía la esperaba expectante por saber todo antes de irse a su casa.
– Hola pequeña, supongo que por esa carita de enamorada fue un fin de semana inolvidable. – Le dijo tomándola por los aires como a una niña.
– Lo fue tía. Sé que todavía es muy pronto para decirlo pero, creo que K es el hombre indicado para mi. No quiero que nada nos aleje nunca jamás. – Le dijo mientras la abrazaba.
– Eso depende solamente de ustedes, K es un buen chico. Debajo de esas ropas y motocicleta de rudeboy, sé que siente amor por ti pequeña. –
--¿Tú lo crees tía? –
-- Hasta el corazón más atormentado se puede ablandar mi niña, si luchas por aquello. – le dijo a su sobrina que la miraba con sus hermosos ojos magenta.
– Solo cuídate ¿Si? –
-- Lo haré tía. – dijo Kula entendiendo sus palabras.
-- Iré a buscar mis libros y me iré a casa. –
-- Ve. – Le dijo mientras la miraba subir por la escalera hacia la habitación de huéspedes.
-- Si necesitas otra cosa querida Kula, no dudes que estaré aquí para apoyarte. – -
- Gracias tía, eres la mejor. Ojalá mi relación con mama fuera así. Después de la muerte de papá, ella se volvió impenetrable a las relaciones con nosotras. No tiene más en mente que protegernos a toda costa del mundo. – Decía triste por sus palabras.
– Algún día se dará cuenta que ustedes no son niñas y que deben seguir la vida y el camino que ustedes elijan, no ella. –
-- Gracias por todo tía Roxy. – La abrazó nuevamente.
-- Estaremos en contacto pequeña. – Le dijo mientras la miraba subirse al taxi que minutos atrás le había pedido mientras iba a buscar sus cosas.
Sonó la alarma del celular de K, entre el sueño trató de apagarlo provocando la caída del aparato, logrando que se levantará finalmente de la cama. Odiaba los lunes, el día transcurría lento y no había mucho trabajo interesante que hacer en el taller, por lo que el día se sentía más pesado que los otros.
– Hola tortolito. – dijo Máxima saludando como era de costumbre al peli blanco, mientras preparaba el desayuno para ir a trabajar.
– No molestes idiota. – le dijo de mal humor mientras se sentaba a esperar sus huevos con tocino y café negro como era costumbre.
– ¿Cómo fue tu viaje romántico con Kula? – Le preguntó.
– Eso no te interesa. – Le dijo mientras bebía de su café.
-- Parece que un exorcismo es lo único que podría sacar lo malas pulgas que llegas a ser por las mañanas. – Le dijo mientras se sentaba frente a él para desayunar.
-- Sí sigues con esa estupidez te aventaré con el plato en la cara. – Le dijo ya enfadado.
-- Está bien Romeo, no seguiré. ¿Cómo está la pequeña Kula? – preguntó ya más serio.
– Pequeña es la última palabra que se me ocurriría para describirla. – Pensaba mientras recordaba como se veía durante la velada en la cabaña.
– OK, no con tanto detalle K. – Dijo adivinando lo que pensaba su amigo por la cara que había puesto.
– Ella está bien. – Se limitó a decir mientras se paraba de la silla.
-- Se me hace tarde para ir al trabajo, el viejo de Heidern hará que me quede después de la hora trabajando. – Decía eso mientras dejaba el plato en el fregadero para que Máxima se encargara. Se lavó los dientes y bajó por las escaleras para llegar al estacionamiento del edificio.
Cuando llegó al taller mecánico, había un Volvo V40 listo para revisar. Su dueño era nada menos que Shingo Yabuki quien se encontraba en la oficina con su jefe. K miró con desprecio al castaño. – De todos los talleres de South Town, tenía que traerlo donde trabajo. – Pensaba.
Cuando él lo vio, sonrió irónico también.
– K, ven a mí oficina por favor. – Escuchó la voz de Heidern.
Dejó sus cosas en el casillero, y se dirigió a la oficina.
-- K, te presento a nuestro cliente; Shingo Yabuki, su padre está interesado en invertir capital en el taller para expandirnos a otras ciudades. Necesito que te hagas cargo del diagnóstico de falla en su auto rápidamente, y que lo arregles dentro de la semana para que el chico se lo pueda llevar. Y como eres el más capacitado te he confiado el vehículo. – Mencionó Heidern.
– Que lo haga Clark, no se necesita de alguien tan bueno como yo para dar el diagnóstico de falla en la caja de cambio que es lo que debe estar funcionando mal.– Heidern lo miró de forma severa. Iba a regañar al peli blanco, pero Shingo se le adelantó.
– Entiendo que no quieras hacerlo, después de todo, no creo que seas alguien tan capacitado como dices para arreglar mi auto. No es algo que puedas ver todos los días, un auto con clase. – Dijo con sorna. – Además, los autos elegantes suelen estar por encima de simples tipos que frecuentan motores usados y viejos. No creo que puedas acostumbrarte a ese tipo de cosas. – Dijo el castaño provocando a K.
– No eres alguien que conoce mucho de vehículos por lo que acabas de decir, crees que la marca te da el prestigio de niño rico, pero la verdad, te queda grande un auto elegante, aún a ti, un niño privilegiado que no tiene idea de nada. – Le dijo respondiendo a la provocación. – Sigo pensando que un auto elegante, delicado y con clase es mucho para ti, muy pronto te darás cuenta que no puedes dar la talla con ese tipo de autos y tendrás que conformarte con chatarras de tu nivel. Porque así es como funcionan las cosas en South Town. Un auto así solo puede ser mantenido por una persona que esté a su altura, y tenga los medios necesarios para hacerlo. Que es lo mismo que ocurrirá entre tú y ella. – Respondió a K.
– No creo que tú metáfora del auto sea lo mismo con Kula; si es lo que intentas decirme. Ella está conmigo, y deberías respetar su elección. De haberte elegido, ni siquiera tendríamos esta molesta charla. – Le dijo mirando en dirección a su auto.
– Señor Heidern, deseo que otro de sus trabajadores vea mi auto. No confío en que él se encuentre capacitado para ver mi auto. Puede provocar un daño mayor a mi vehículo y solo logrará que mi padre se vaya con su capital para invertir en otro negocio. – Dijo con aires de superioridad.
Heidern ya cabreado por la situación y la actitud de los dos desde el inicio, se puso de pie a la ventana que daba al taller.
-- Shingo, no te preocupes por tu vehículo, lo tendremos para el viernes a más tardar. Tomaré la acotación del señor K con respecto al otro mecánico que se encuentra apto también para reparar el auto. Prometemos entregarlo en perfectas condiciones en el plazo estipulado. Puedes depositar toda vuestra confianza en que así será. – Le dijo tratando de tranquilizar el ambiente.
Shingo le entregó las llaves de su vehículo a Hombre, luego se giró al peli blanco y caminó hacia la salida, pasando a llevar el hombro de K. Él peli blanco iba a reaccionar en respuesta, pero Heidern carraspeó para darle la señal de no reaccionar.
-- ¿Me puedes explicar que mierda acaba de pasar con el hijo del inversionista y tú K? – Le preguntó desconcertado.
-- No te incumbe Heidern. – Respondió exhalando.
-- ¿Cómo qué no Dash? Acabo de observar todo y por favor, dime que no es un lío de faldas. – Respondió exasperado.
– Entonces no puedo responder. – Le dijo sarcástico.
– No me vengas con estupideces K. No estamos hablando de cualquier persona, sino del hijo cuyo inversionista tiene planes con mi taller, y que su hijo te detesta porque le robaste su novia. Así que no me vengas con la mierda de que no me incumbe. – dijo irritado.
– Te daré una sola orden y la vas a acatar porque soy tu jefe y no quiero tener a Máxima dando explicaciones para no despedirte el día de mañana. Eres bueno en tu trabajo chico, pero no abuses de tu arrogancia con gente rica a la que no le causará ningún daño no contar con mano de obra como tú. – Le dijo con tono de advertencia.
– Realizarás el diagnóstico del V40 tú , arreglarás la falla que ya sabes y diremos que fue Clark el que lo arregló, tal y como le dije a ese niño mimado. – habló Heidern de forma severa.
– Acepto. Pero yo me llevaré el crédito de todo. Si Clark no va a hacer nada, entonces no tiene porqué ser el héroe de la película. Además, lo que diga o haga ese niño y su padre rico con éste lugar, no me interesa en lo más mínimo. – habló de forma tajante.
– K, sabes que Shingo lo tomará como algo personal por desacatar sus ordenes. Probablemente intente algo para desacreditar te y quiera que te despidan. ¿Lo sabes, verdad? –
Reflexionó por un instante las palabras de su superior. – Dile que Clark estaba sobrecargado, y que no tuviste opción de dejármelo a mi. – Dijo con aires de superioridad al dar la solución del dilema frente al chiquillo mimado de Rich Residential District.
El día transcurrió rápido para Kula. Como era costumbre, se había levantado temprano para entrenar en la pista, luego asistía a sus clases. No había cruzado palabra con Diana o Candy desde su regreso, pues, a ninguna de las dos se encontraba en casa.
– Ya falta poco para verlo. – Una sonrisa nació de su boca cuando sus pensamientos fueron ocupados por K, y le envió un mensaje: No puedo esperar a verte mañana. – y un emoji de carita con corazones. Pasaron unos minutos y no hubo respuesta.
– Tal vez esté ocupado. -- Pensó. Salió finalmente de su última clase cansada. Le había costado conectarse a las clases después del fin de semana con él. Volvió a la casa, repasó algunos apuntes del día durante las clases. Miró su celular, hace prácticamente cuatro horas que K ni siquiera había visto el mensaje. Colocó música en su iPad; Pale Blue Eyes de Velvet Underground inundaba la habitación. – Ojos azul pálido, la frase hizo eco en su corazón. Miró por última vez su celular, nada. Se quedó dormida con su celular bajo la almohada.
– Mañana lo veré y todo mejorará.— Se dijo cerrando los ojos finalmente.
Casi a la hora de término de su jornada, K se dio cuenta que su celular se había quedado sin batería y no traía su cargador consigo. Intentó conseguir otro, pero nadie tenía. Se fue a alistar para llegar a su apartamento y conectar el aparato. Probablemente Kula lo había llamado, pensaba. Se subió a la Harley, y partió raudo a su depto.
Cuando llegó al apartamento, Máxima se encontraba ahí, Whip tenía trabajo pendiente y se quedaría hasta tarde en el trabajo. – Hola Heartbreaker, ¿Cómo fue tu día? – Le dijo cuando lo vio entrar por la puerta.
– Equivalente a golpear al primero que ose molestarme. Así fue mi día. – Dijo K dejando su chaqueta en el sillón y sus llaves en el mesón. Fue a buscar el cargador de su celular sin tener éxito de encontrarlo. -- ¡Hey bruto! ¿Me prestas tu cargador? – Le preguntó a su amigo. – Está en el primer compartimiento de la cajonera. – Le indicó señalando su pieza. – Junto a las esposas que uso con tu hermana en la cama – Le dijo en tono de broma.
K puso una cara que Máxima estalló en carcajadas. – Es broma amigo, no hay nada que te vaya a traumar – Le dijo entre risas. –Estúpido – Le contestó molesto.
Cargó su celular, mientras se dirigía a su cama. Luego de un rato lo prendió, tenía un mensaje de Kula hace tres horas atrás. Probablemente esté durmiendo, decidió contestarle mañana.
Al día siguiente, Kula despertó con la alarma de su celular, lo miró, no había nada, no pudo evitar sentirse un poco triste por la nula respuesta de K. Se metió a la ducha para despertar, el frío líquido recorría su cuerpo completo. Se cubrió con una toalla mientras secaba su pelo con el secador.
– Tendrá que dar explicaciones por no contestarme – Pensaba mientras se vestía con un jeans lila ajustado a la cadera, se colocó un top negro liso, que dejaba ver su ombligo y una chaqueta corta que combinaba con sus jeans. Bajó a la cocina en donde se encontraba su madre y Candy tomando desayuno. – Buenos días madre, hermana – dijo mientras besaba la mejilla de cada una. Tomó un vaso de jugo de naranja.
– Hija debes comer algo, hoy tienes una larga jornada – dijo su madre preocupada.
– No amanecí con mucho apetito, además, debo pasar a la biblioteca para devolver algunos libros antes de comenzar las clases. – dijo un con tono apurado.
– Voy contigo Kula. – dijo de pronto Candy.
Se despidieron de su madre con un beso y salieron rumbo al campus. Iban en silencio, cuando Candy anunció:
-- Hace tiempo que no hablamos. Desde que sales con ese K, casi ni tiempo de compartir tenemos. –
Tenía razón, hace tiempo que no conversaban. Kula salía del campus corriendo a encontrarse con K, ya no se iban juntas a casa, por lo que sintió un culpa.
– Lo siento hermana, pero sé que K no te agrada, últimamente no te separas de Shingo tampoco. La última vez que conversamos fue en un tono hostil y las palabras que mencionó de mi relación no fueron de lo más agradables, por eso intento evitarlo desde aquel día. – dijo finalmente la rubia. – Hoy K pasará a buscarme a la universidad para llevarme a la pista de patinaje. Si quieres, puedes venir con nosotros y hacer algo para que puedas conocerlo mejor. Verás que no es un mal chico Candy. – Dijo con un tono dulce. – Tú y tus caritas de "Haz lo que diga porque soy hostigosamente dulce"— soltó con desprecio en sus palabras. -- ¡Oye! No soy así – Se quejó Kula. El silencio volvió entre las hermanas mientras esperaban un taxi.
– Lamento que pienses que soy así, pero de verdad te quiero mucho y me importa tu opinión con respecto a mi novio. No quiero que pienses mal Candy, pero desde que pasas tiempo con Shingo, te has vuelto más apática que de costumbre. Estoy molesta con él y si no se disculpa conmigo y con K, no creo poder ser su amiga. – Dijo triste. – Creo que estás celosa de que pase el tiempo con Shingo, ya que él no te persigue a todas partes. Está conmigo. – Dijo con veneno en sus palabras.
– Creo que no entiendes. Me alegra que por fin te des cuenta que te gusta hermana, y si Shingo te corresponde, me alegraría mucho por ustedes. Se merecen el uno al otro. Hasta podríamos salir los cuatro si nos llevamos bien. – Dijo esperanzada. Pero su hermana no sentía lo mismo.
– ¿En serio crees que K se llevaría bien con nosotros? --
– Digo, es un pobre tipo que busca acostarse con una chica de clase alta como tú para lucir la con sus amigos de la misma calaña. Y cuando se aburra de hacerlo, no vengas a llorar a mi hombro y utilices a Shingo como premio de consolación porque te desecharon como una muñeca de trapo vieja. – le dijo enfadada.
Kula sintió como un cuchillo en el corazón las palabras de su hermana. Unas lágrimas se asomaron por sus ojos.
– No te comportes ahora como una niña, después de todo, te gusta jugar a ser mujer con él. Alimentas te las esperanzas durante toda una vida del pobre de Shingo. Pero no eres más que una niña tratando de demostrar al mundo algo que no es. Eres patética. – dijo con dureza en sus palabras.
La rubia se secó las lágrimas en silencio, exhaló hondo y la miró.
– Candy, no sé qué hice para merecer el odio con el que hablas ahora de mi. Pero algo que no voy a dejar pasar, es que hables mal de alguien sin conocerlo. Siempre has sido una altanera envidiosa de mi relación, incluso cunado papá vivía. Eres una hipócrita que vive bajo mi sombra esperando la oportunidad de joderme ahora que soy feliz. Le dijiste cosas horribles de K a mamá y estoy segura que también a Shingo. Pero si intentas entrometerse en mi relación con K, te juro que olvidaré que eres mi hermana y vas a pagarlo caro. – Habló con firmeza en sus palabras.
– ¿Ahora te haces la fuerte y me amenazas? – Le dijo irónica.
– No es una amenaza. Sino una promesa Candy. Y en cuanto a Shingo, siempre fui clara con mis sentimientos hacia él, pero tú siempre estabas detrás como una maldita pulga en el oído hablándole de esperanzas conmigo, cuando tú lo querías realmente. ¡Eres una cobarde¡ Debiste decirle lo que sentías desde el principio. –
Candy se quedó inmóvil mirándola. No dijo nada.
Kula se alejó de ella, y fue en dirección a la parada de autobús. Otras lágrimas querían asomarse enrojeciendo sus ojos, pero se contuvo. Apretó sus puños. No podía creer que Candy le dijera esas palabras. Era su hermana. Siempre la había considerado su mejor amiga junto a Athena. Pero ahora era distinta. Parecía otra persona.
