Hola de nuevo. Gracias por leer un capitulo más de mi historia.
Manu: respondiendo a la serie de preguntas sobre las parejas Kof, es la de Máxima y Whip, tienen un no sé qué la verdad.
Con respecto a lo de navidad, no sé si te has fijado que actualizo cada dos o tres días, debido a que escribo, reviso, edito y luego subo. Así que probablemente haya un capítulo destinado a la festividad.
Sobre miraculous, también la vi y es de mi agrado. Hay harto animé y juegos que me gustan pero daría para largo hablar de ellos jajaja.
Revisaré tu one shot también y te contaré luego. Nos leemos.
Capítulo XI
Angry Again
Cuando llegaron a la pizzería, K estacionó la moto para entrar al local de comida. El lugar se encontraba con bastante gente. Se colocaron en la fila. Kula lo tomó de su brazo, pero K instintivamente tomó su cintura para arrimarla junto a él, Kula sintió subir de tono su rostro. Entre ellos no habían gestos típicos de pareja; K era hostil y serio, pero cuando le demostraba su afecto, sobretodo cuando estaban solos, tenía una manera muy particular de hacerlo con ella. Adoraba que fuera así su relación.
Pidieron la pizza y se fueron a sentar a una mesa que se encontraba vacía. Ambos degustaban la pizza, cuando escucharon una voz conocida para ambos. Shingo Yabuki.
– Vaya, podrías haberla invitado a un lugar con más clase. Pero veo que no te alcanza. – Habló con tono burlesco para que el resto lo escuchara, entre ellos estaba Candy.
– No es asunto tuyo que yo haya querido venir acá Shingo. Así que déjanos en paz.– Anunció Kula disgustada por la interrupción.
–- Pobre Kula, no tiene idea que un delincuente se la folla. – Lanzó con veneno en sus palabras.
Un fuerte sonido provino de la rápida bofetada que Shingo no vio venir de la rubia que sintió coraje al oír esas palabras.
– Kula, ¿Cómo te atreves? Shingo fue tu amigo y pretendiente de toda la vida. Has dejado de ser la hermana que adoraba – Le dijo con falso dolor en sus palabras.
– Si yo fuera la hermana que dices adorar,entenderías lo feliz que soy y no te invadiría la envidia y el rencor que sientes por mi. – le dijo con rabia, pero no se contuvo.
– ¡Eres una maldita hipócrita manipuladora Candy! Te empeñas en utilizar al estúpido de Shingo con sus sentimientos por mí, para destruir al único que ha devuelto la felicidad desde la muerte de papá, admite que no soportas el verme feliz no siendo una desgraciada como tú. – La increpó duramente.
Toda la atención del lugar se encontraba en el grupo que provocaba a la pareja.
– En algo te equivocas Kula – Interrumpió Shingo con la mano en su rostro.
– A mí no me gustan las zorras que se entregan a criminales adictos. Además, tu hermana se merece mis sentimientos porque siempre estuvo ahí, no se fue con un cualquiera que conoció en un bar como si fuera una prostituta– Le dijo con sorna.
K, al oír estas palabras, giró tan rápido hacia el castaño que tenía a sus espaldas, y lanzó un gancho directo a su mentón, logrando que éste llegase a levantarse del suelo para caer nuevamente en él.
– Ningún hijo de puta habla mal de mí novia sin quedar con sus huesos rotos. – Le dijo mirando con desafío a cualquiera de los que estaba ahí.
– ¡Si tienes algo contra mi, lo arreglamos ahora¡ -- Le dijo mientras caminaba hacia la salida.
-- ¡K, no lo hagas! , solo deja que hable por despecho. ¡No caigas en las provocaciones que hace! -- Le dijo la rubia con los nervios a flor de piel.
– Así es, hazle caso a la puta que te acompaña hijo de perra. – Le dijo desde el suelo el castaño.
– ¡Suficiente bastardo! ¡Deja de esconderte con tus amigos como el maricón que eres y arreglemos esto afuera! --
Shingo se limpió la sangre de su boca, sus amigos lo ayudaron a levantarse para seguir a K. Cuando salió del recinto después del peli banco, inmediatamente le lanzó una patada en las costillas de él, provocando que cayera de costado al suelo.
-- ¡K! – Kula corrió hacia él.
–Estoy bien – Le dijo a Kula mientras ella lo ayudaba a levantarse.
– Hasta para iniciar una pelea eres un cobarde que se comporta como imbécil para que los demás te aplaudan. – Le dijo con una sonrisa de medio lado.
Shingo se molestó por aquello, y se lanzó contra él; K lo detuvo con sus brazos y le devolvió la patada, pero en el estómago. Otro de los amigos que acompañaba a Shingo, se lanzó en defensa de su compañero. Era alto, con buen cuerpo, aunque un poco delgado, su cabello rubio permanecía intacto hacia arriba por la cantidad de fijador que llevaba. Era Benimaru Nikaido. K, lo detuvo con un gancho derecho sin siquiera dejar que se acercara el rubio.
– ¡Tienes idea de lo que le has hecho a mi cara puto bastardo! – Le gritó Benimaru. Shingo aprovechó la distracción para lanzarse contra K, derribándolo al suelo. Los golpes iban y venían entre ellos. El peli blanco de una maniobra, lanzó al castaño con fuerza para quitárselo de encima. Benimaru lo golpeó con una patada por la espalda provocando que K perdiera el equilibrio por unos segundos.
– ¿Te han dicho alguna vez que no es honesto golpear por la espalda a tu oponente, niñito rico? – Le dijo quedando frente a él.
– No hay reglas para los ricos, estúpido. – Le dijo mientras se disponía a golpear al peli blanco. Pero éste lo detuvo nuevamente con una patada, ahora en su pulcro rostro. El rubio casi lloró al ver que su nariz sangraba.
– ¡Maldito malnacido! – le gritó. K sonrió por el insulto mientras se limpiaba la sangre que corría por su labio inferior, en eso el otro que los acompañaba, un hombre macizo y alto, tomó por la espalda al peli blanco levantándolo con facilidad, no pudo zafarse a tiempo, éste le dio con su rodilla por detrás y lo lanzó contra el suelo provocando que su cabeza diera contra el pavimento. Ahora eran tres contra uno. Los tres comenzaban a patearlo cobardemente mientras yacía en el suelo.
-- ¡Aprende que los putos delincuentes subversivos que son redimidos por zorras como ella no tienen un final feliz! – se jactaba el castaño.
Kula vio con horror y lágrimas en sus ojos cómo golpeaban sin descanso al peli blanco hasta dejarlo casi inconsciente.
-- ¡Ya basta! – Le dijo Candy al ver que se ensañaban con K. Trató de separarlos, pero la adrenalina pudo más con ellos provocando que Benimaru la empujara al suelo. Kula también se incorporó para detener la masacre hacia su novio. Una pareja que observaba hace un rato la pelea, intervino para ayudar al peli blanco. K yacía en el suelo con dos costillas rotas y con la cara sangrando por los golpes.
-- ¡Háblame por favor amor! – Le rogaba Kula con su voz quebrada por el dolor de verlo en el suelo por su culpa.
– Vámonos antes de que llegue la policía – Les dijo Shingo a los demás, quienes lo siguieron sin protestar.
-- ¿Vienes con nosotros nena? – Le dijo el castaño. Ella, al ver que también se encontraba herido, pero no con la gravedad que habían dejado al peli blanco, miró a su hermana que se encontraba abrazando a K.
– Hermana…-- trató de dirigirse a su hermana.
– ¡Vete con ellos! Si no fuera por ti y tus celos enfermizos para controlar la obsesión de Shingo, nada de esto hubiese pasado. Espero que estés contenta. – Le dijo Kula con desprecio en su voz.
– Hermana, yo… --
-- ¡Solo vete Candy! Dile a mamá que no llegaré a casa hoy. – Le gritó Kula.
La rubia de pelo corto se alejó. Esta vez, había llegado demasiado lejos con sus intentos por boicotear la felicidad de su hermana.
– Debemos llevarlo a un hospital para que vean sus heridas– Le dijo una chica de cabello castaño recogido por una coleta. Era de proporciones notoriamente agraciadas. Ella y su novio eran la pareja que había detenido la masacre de K.
– Vamos en mi camioneta, vi que llegaron en esa motocicleta, podemos llevarla arriba para el hospital y no quede aquí. – Le dijo el chico rubio.
Kula asintió y ayudó al rubio a trasladar al peli negro al asiento en la parte de atrás del vehículo mientras tomaba sus mochilas.
Cuando llegaron al hospital, las enfermeras acudieron inmediatamente en ayuda del malherido K que llegaba caminando con ayuda de la pareja que había acudido en su auxilio.
K era recostado en una camilla y llevado a la sala de emergencias. Kula y la pareja esperaron ahí hasta que saliera nuevamente el médico. Fueron al mesón para entregar los datos de K.
-- Por cierto, soy Mai, y él es mi prometido Andy. – Se presentó la mujer.
– Soy Kula. Y K es mi novio. – Respondió la rubia.
-- Si no hubiese sido porque el grandote tomó por la espalda a tu chico, él les hubiese dado una paliza. No fue justo lo que le hicieron. – Dijo Mai.
-- Uno de ellos estuvo obsesionado conmigo durante años, ahora está con mi hermana y ella introdujo ideas en su cabeza para que la ayudara a separarme de K. – Explicaba mientras esperaban noticias.
– ¡Vaya hermanita que tienes amiga! – Le dijo la castaña exhalando con un tono divertido.
– Es mi hermana y la adoro por sobre todas las cosas, pero esta vez fue demasiado lejos. –Reflexionó con tono triste la rubia.
– Iré a ver si hay noticias de K – Anunció Andy.
Kula y Mai asintieron.
– Gracias por ayudarnos. – Dijo ella mirando a la pareja.
Pasaron unos minutos en los que el rubio volvió con el médico que había atendido a K.
– ¿Alguien de ustedes es familiar? – Preguntó el médico.
-- Soy su novia – anunció nerviosa la rubia.
– El paciente posee múltiples lesiones y hematomas en todo su cuerpo, dos costillas fracturadas, por lo que se quedará ésta noche en observación. – Dijo serio el médico.
– Necesitamos avisarle a algún familiar sobre la situación del paciente por políticas del hospital. – Dijo el especialista.
Kula se dio cuenta que no contaba con ningún contacto cercano a K para estos casos, pero sabía que los únicos que podía contactar eran su hermana y su mejor amigo, Máxima. Optó por este último. Buscó en su mochila el celular de K que se hallaba junto a las llaves de la moto. Entró a los contactos y encontró el número de Máxima.
– ¡Hola Romeo! Ya pensamos que te estabas casando en las vegas con la pequeña, compañero – Contestaron alegres desde la otra línea.
– Hola, soy Kula, necesito que vengan al hospital de South Town, K está hospitalizado. – Dijo la rubia con un tono preocupado.
El tono y las sonrisas cesaron desde el otro lado.
– Vamos enseguida. – Contestaron desde la otra línea.
Mai y Andy escuchaban atentos la conversación de Kula.
– Creo que hasta acá podremos ayudarte hermosa– Le dijo apenada la castaña.
– Les agradezco nuevamente que hayan ayudado a K. – Dijo con una mueca similar a una sonrisa.
– Si mi amado Andy hubiese pasado por algo así, hubiese deseado de corazón que alguien me ayudase de la misma manera. – Le dijo la mujer mientras abrazaba efusivamente a su prometido que trataba de zafarse del agarre.
– Gracias, de verdad chicos. – Le dijo la rubia mientras se despedía de ellos.
Máxima entró con paso firme y rápido al mesón de informaciones en compañía de Whip. Kula los divisó y los llamó para alcanzarlos. Al principio sintió un poco de miedo por la reacción que tendrían. Sin embargo, sus pesares quedaron atrás cuando Seirah la abrazó de forma tan fraternal, que la rubia tardó en reaccionar para devolver el gesto.
-- ¿En qué problema se metió el tonto de mi hermano ahora? –Le preguntó con tono preocupado.
Kula comenzó a explicar con detalle de lo que había sucedido y cómo su hermana había sido en gran parte la culpable de tramar urdidas contra ellos. Máxima estaba sentado con tono muy serio y reflexivo escuchando.
– Pero quiero que sepan que K no tiene la culpa, sino yo – finalizó la rubia al borde del llanto. Seirah se levantó y abrazó a la chica nuevamente para calmar la tristeza que sentía.
– Pequeña, llevas poco tiempo con mi hermano, y no sé si él te habló sobre su pasado. Pero lo que sí sé, es que él tuvo un cambio muy positivo contigo. Dejó su medicina porque sentía que no era necesario, sentía paz contigo mi niña, y no sabes cuan felices estamos por aquello. Esto solo es un impasse. – Expresó contenta tratando de convencerla de que no era su error.
– Estoy muy preocupada porque no quiero que le suceda algo malo – dijo finalmente rompiendo en llanto la chica rubia.
– Tranquila pequeña, K es un hombre fuerte. Ya verás como se va a recuperar pronto. – Dijo Máxima acariciando su cabeza como si de una niña se tratase.
– ¿Ustedes son los familiares del paciente? – Preguntó el médico aproximándose nuevamente a ellos.
– Soy su hermana. – Dijo con seriedad Whip.
– El paciente se encuentra estable, hemos administrado algunos analgésicos para atenuar el dolor de las costillas rotas que por suerte, no perforó ningún órgano. Estará en observación durante toda la noche y mañana determinaremos si puede irse a casa. – Informó el médico.
-- ¿Podemos pasar a verlo? – Dijo enseguida Máxima.
– Ahora se encuentra dormido, será mejor esperar por la mañana a que despierte – aconsejó el doctor.
– Nos quedaremos acá. Será lo mejor Kula, debes ir a descansar. Probablemente estén preocupados en tu casa, linda. – Le dijo Whip.
– No, le dije a mi hermana que no llegaría hoy, quiero estar ahí cuando despierte K. – Anunció con tono decidido.
– Gracias por estar con mi hermano, eres un ángel ¿lo sabías? Sé que puede ser difícil tratar con su terquedad, pero no es una mal chico. – Dijo la castaña con tono maternal.
– Lo sé, K es el hombre de mi vida. Y aunque sea poco el tiempo que llevamos juntos y no lo conozco del todo. Mi corazón siente que así lo es. – Dijo la rubia.
Ambos la miraron con ternura.
-- Iré por café y algunos bocadillos para mantenernos despiertos– Dijo Máxima.
– Gracias cariño – Respondió Whip.
Las primeras horas de la mañana se anunciaban con los rayos del sol que entraban en la sala de estar en donde se encontraban los tres. Kula y Whip dormían apoyadas una a la otra. Máxima revisaba su celular para matar el tiempo. De pronto, una enfermera se aproximó a ellos.
– El paciente está despertando, pueden entrar a verlo si lo desean. – Anunció.
Máxima besó la frente de su prometida suavemente para despertarla.
– K está despertando. – Susurró.
– La enfermera dijo que podríamos entrar a verlo. – Agregó.
Kula se incorporó rápidamente dispuesta a ver al peli blanco.
– Vamos, no perdamos tiempo – Dijo el grandote.
Cuando entraron a la habitación, K estaba recostado en la cama con el torso descubierto y vendas en su pecho y costillas. También en sus brazos y algunos parches en la cara que cubrían las heridas de la pelea que lo había llevado a ese estado. Se encontraba desorientado cuando los tres se acercaron.
– Sí que te dieron duro esta vez amigo – Le dijo con tono de broma.
K trató de responder, pero al intentarlo, una mueca de dolor le impidió hacerlo. Por lo que solamente levantó el brazo apenas mostrando una señal ofensiva con su mano derecha. – Veo que tu mal humor sigue intacto – Le dijo sarcástico Máxima.
El doctor entró a la habitación para tomar el historial que se encontraba a los pies de la camilla. Lo examinó y luego se dirigió a sus acompañantes.
– Ha pasado una buena noche, sin complicaciones, por lo que hoy en la tarde podremos darle el alta para que pueda irse a su casa. – Anunció.
– Debe descansar por lo menos este mes, sin realizar fuerzas o hacer ejercicios, para que la recuperación sea la esperada. No podrá trabajar ni manejar.– Informó el doctor.
– Deberán asistirlo en todo momento ya que tuvo una contusión en su pierna derecha que provocó una leve fisura en su hueso que pudo apreciarse en las radiografías. – Agregó finalmente.
– Nada muy grave. Aquí está la receta para la ingesta de los medicamentos que debe tomar durante el mes de descanso. – Hizo entrega a Máxima.
– Gracias doctor. – dijo el hombre que acompañaba a las chicas.
K tenía un gesto de fastidio por el parte médico recibido. Le gustaba holgazanear, pero no así en esas condiciones. Menos ser una carga. Se había prometido no serlo para su hermana y ahora debían volver a cuidarlo como si se tratase de un bebé.
– Me mudaré al apartamento y trabajaré desde ahí para velar por tu salud hermanito. – Le dijo Whip.
– No… es necesario… – Alcanzó a exhalar el peli blanco.
– No te preocupes amor, lo haré yo, daré aviso en el trabajo que no iré durante ésta semana y podremos turnarnos para cuidarlo. – Acordó Máxima tomando la mano de su prometida.
– Debemos aplazar la boda para que K pueda asistir en condiciones. Además falta arreglar algunos detalles y no podremos hacerlo aún. – Dijo la mujer de melena con tono decidido. – Disculpen, pero puedo cuidarlo yo para que no tengan que posponer sus asuntos. – Anunció tímidamente Kula. Al ver que tenía su atención, siguió.
– Aún voy a la universidad y tengo bastante tiempo, puedo ausentarme por unas semanas a las clases en la pista de hielo de South Town porque tengo quien me reemplace, puedo cuidarlo todo el tiempo que sea necesario, eso no afectará a mis estudiantes ni mis clases en la universidad. Además, creo que lo último que querría K es que pospongan la boda por él. – Dijo finalmente.
Seirah y Máxima se miraron.
-- ¿ De verdad podrías hacerlo pequeña? – Le preguntó Whip con tono preocupado.
– Haré todo lo posible para que K se recupere y también ustedes puedan seguir con sus planes. – Dijo con una dulce sonrisa.
– Eres un ángel mi niña – Dijo la Seirah abrazándola en agradecimiento por cuidar de su hermano.
K miraba con fastidio cómo decidían todos posponer sus vidas al velar por su salud. Pero por el dolor no podía hablar y le costaba respirar. Así que decidió omitir opinión y bufar mirando para un costado. Odiaba que un grupo de imbéciles lo hubiese dejado en ese estado provocando un cambio de esa forma en su vida. Pero más odiaba ver a las personas que quería preocupados por él.
La tarde del mismo día llegó y el doctor afinaba los detalles junto a Máxima para dar el alta de K.
– Listo chico, llamé a una grúa para que remolque una grúa hasta el apartamento. Y un taxi nos espera abajo para que podamos irnos. ¿Estás listo? – Preguntó al peli blanco que con ayuda de Whip y Kula se ponía de pie para incorporarse a una silla de ruedas que lo esperaba junto a la camilla.
Kula tenía quince llamadas perdidas de su madre y cuatro de Candy, también tres mensajes de Athena que para ese entonces ya había corrido la noticia en todo el campus. Kula solamente respondió a su amiga. Ya llamaría a su madre cuando estuviese en el apartamento. No tenía ganas de escuchar sermones ni mucho menos dar explicaciones a nadie. Ahora solo le preocupaba K.
Cuando llegaron al apartamento, recostaron con cuidado al peli blanco que sufría con cada movimiento para desplazarse. Nunca había estado en esas condiciones. Estaba de muy mal humor para variar.
– Debo regresar a mi casa para hablar con mi madre. Pero volveré enseguida. – Anunció Kula.
– No te preocupes, aquí te esperaremos pequeña. – Le dijo Máxima con un guiño en el ojo.
Kula se despidió con un suave y corto beso en los labios de K. Éste intentó levantar su mano derecha para acariciar el rostro de la rubia, pero le costaba hacerlo. Ella comprendió el gesto y tomó con ambas manos la suya para colocarla en su rostro.
– No me tardaré tigre – Le dijo mientras lo miraba con sus orbes color magenta.
– Volveré en unas horas para traer algunas de mis cosas acá y cuidar bien de K. – se despidió momentáneamente. K no la perdió de vista hasta que ella salió de la habitación.
– Vaya, Tigre, estás perdidamente enamorado de la pequeña Kula. – Le dijo Máxima, provocando que K cambiará su semblante a uno fastidiado.
– I – dio – ta – Le dijo con esfuerzo a su compañero de apartamento.
Odiaba hablar de esas cosas y siempre cuidó su imagen de chico rudo carente de sentimientos, pero vaya que era difícil ocultar lo que sentía cuando Kula estaba cerca.
– Es demasiado adorable hermano, no hagas más estupideces para alejarla ¿Me oyes? – Le dijo con tono de advertencia su hermana al momento que le asentaba un golpe en su hombro izquierdo. K se quejó del dolor e inmediatamente Whip se disculpó por olvidar su estado convaleciente.
– Haré algo delicioso para la cena. – Le dijo mientras salía de la habitación casi huyendo para que Máxima no la regañara por haber golpeado a K
Máxima siempre se encargaba de mantener la despensa llena y la nevera administrando los dineros de ambos que eran destinados para eso. Cocinaba y mantenía aseado el lugar. K nunca hacía nada en el apartamento, era una haragán de tiempo completo. Pero con Kula de vez en cuando limpiaba la cocina o aseaba su habitación. Sin duda había provocado un cambio en el peli blanco, que sus cercanos podían observar, aparte de mantenerlo tranquilo sin depender de su antigua medicina. El amor podía domar hasta la bestia más salvaje y carente de sentimientos; como Kula hacia K.
