Capítulo XII
Girl, You'll be a Woman Soon
Kula iba en el taxi camino a casa. Ver al peli blanco con vendas y lastimado le partía el corazón, más por una estupidez provocada por su hermana. La encararía con o sin su madre de por medio.
Cuando llegó, pagó el taxi y se dispuso a abrir la puerta, su madre la esperaba sentada en el comedor de la casa, mientras hablaba por teléfono sus asuntos el negocio que se encontraba realizando. Cortó la llamada cuando la vio ingresar a la sala. Candy no se veía por ningún lado.
– Hola mamá. –
--¡¿Se puede saber qué te pasa últimamente?! – Preguntó sin dejar que Kula pudiera articular palabra.
-- ¡Desde que estás con ese chico que del que aún no sé nada, andas y desapareces, no contestas mis llamadas y tampoco avisas dónde estás. – Le dijo exasperada.
– Mamá, creo que estás exagerando, no soy una niña como para que me trates de esa forma. Además, le dije a Candy que te avisara que no llegaría sino hasta hoy. — exclamó.
-- Candy me avisó, pero quería conversar contigo Kula, y no contestaste. – Respondió su madre.
– Mamá, estuve toda la noche en el hospital debido a que K sufrió serias lesiones por defenderme de las palabrotas de Shingo causadas por los comentarios venenosos de Candy. – Le informó mientras se dirigía a la habitación para sacar mudas y devolverse al apartamento.
– Kula, ese chico no te dará más que problemas, supongo que faltaste a la universidad por estar cuidándolo, ¿Es que no tiene su familia? – Le cuestionó.
– Sus padre murieron en un choque automovilístico hace años atrás, y su hermana se va a casar. Por lo que no disponen de mucho tiempo y me he ofrecido a cuidarlo y apoyarlos durante el tiempo que tarde su recuperación. – Respondió.
– Kula, tú tienes tu vida, no tienes porqué cargar con él peso de otros. Supongo que también te ofreciste a pagar la cuenta del hospital. – Le dijo con sarcasmo.
– No mamá, no he pagado nada, para eso tiene a sus amigo y hermana, y aunque lo hiciera no veo el problema. Tu empresa hace una baile de caridad en cada navidad, y nadie realmente lo hace porque lo siente, sino, porque las apariencias son más importantes. Lo que me recuerda que este año no quiero formar parte de esa mentira mamá. –
-- ¡¿Ah sí?! – Le inquirió desafiante.
– Sí, mamá, prefiero pasarlo sola o con gente que realmente es honesta y no manipula a las personas que quieren para seguir a su lado. – Le dijo mientras terminaba de empacar. – Bueno, si es lo que quieres, echar por la borda tu vida con un individuo que lo único que hace es alejarte de tu familia, comienza a pensar de qué forma deberás ganarte la vida como cualquier persona ordinaria, porque no pienso seguir costeando la universidad de una chiquilla malcriada que al primer estúpido que se le cruza por su camino olvida de donde viene y cuál es su destino. No te crié así Kula. ¡Es más, si sales por esa puerta olvídate que tienes madre y hermana! – le gritó a la rubia.
Kula dejó de empacar, unas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. No podía creer que su madre le declarara la guerra por conocer un chico que finalmente la hace feliz. Por primera vez no hacer lo que quieren todos y escoger con él corazón. ¿Acaso había sido egoísta? No, simplemente había tomado una decisión sin que nadie intercediera por ella. – Está bien, no hay problema, me iré de casa y no tendrás que hacerte cargo, después de todo, siempre me criaste como a una niña, y no lo soy. Ya no. Adiós mamá. – le dijo cuando cerró sus bolsos, pero Diana le sujetó el brazo fuertemente.
– Ya lo sabes Kula, si decides a ese chico sin futuro, no vengas llorando cuando te abandone por otra puta que le haga un mejor trabajo en su cama que tú. – le dijo con veneno en sus palabras.
– No lo haré. Sin embargo, no me iré sin antes decirte que después de la muerte de papá, solamente huiste de nosotras. Yo estaba mal mamá, y tu no hiciste nada. Candy sufrió y tampoco hiciste nada. Te refugiaste en los negocios y creíste que tenías el control de todo. Pero no era así, aun no es así. Manipular a tu hija y no querer que sea feliz, además de dejarse llevar por la impresión de gente arribista y abusadora te hace una mujer miserable y egoísta. ¡Así que no quiero tener que ver nada contigo! –
El sonido de una bofetada se escuchó en la mejilla de Kula. Su madre, por primera vez le había levantado la mano.
– Kula, yo… -- trató de decirle
Kula la miraba con sus ojos brillosos por las lágrimas. Puso su mano derecha en su mejilla para atenuar el dolor y el enrojecimiento inmediato que le había provocado la mano de su madre.
– ¡No me digas que lo sientes porque sabes que no es así!– Le gritó.
Tomó sus cosas, y salió lo mas rápido que podía de esa casa. Ya no quería ver a nadie que viviera ahí. No necesitaba esa mierda ponzoñosa con la que había estado adormecida durante los años que su padre ya no estaba con ellas. Definitivamente, la muerte se había llevado al pilar de su familia. Hoy, solo quedaban escombros de la relación entre ellas.
Se dirigió a la parada de taxis que había a tres cuadras de su casa. No podía ir en ese estado al apartamento de K. Necesitaba calmarse, pues, podía alterar al peli blanco y empeorar su estado de salud. Así que decidió llamar a la tía Roxy.
– ¡Hola mi niña! – Contestó una efusiva tía.
– Hola tía – Contestó mientras trataba de ocultar los sollozos.
-- ¡¿Querida qué tienes?! – Respondió preocupada.
– Tuve una discusión con mamá a causa de K. Él estuvo toda la noche y parte de hoy en el hospital. Entonces decidí quedarme con él y su familia. Shingo, sus amigos y Candy, comenzaron a insultarnos cuando inició todo esto en la pizzería. K lo increpó y golpeó para defenderme, pero sus amigos aprovecharon el momento que se encontraba distraído y uno de ellos lo aventó contra el suelo, tiene dos costillas fracturadas. Ahora mi mamá me ha dado una bofetada y estoy tan triste y nerviosa que no sé a quién más recurrir porque no puedo ir donde K, debido a que se encuentra tan lastimado que le dieron un mes de descanso y no quiero que se preocupe porque debe reposar – rompió en llanto por teléfono.
– Calma pequeña, pasaré a buscarte ¿Dónde estás? – Preguntó enseguida.
– En la parada de taxis a tres cuadras de casa tía – dijo.
Cuando la Tía Roxy llegó, se percató de que Kula llevaba bolsos y su mochila, se había ido de casa. Salió del auto y la abrazó; la rubia rompió en llanto.
– No soporto a mi madre y a Candy ¿Cómo puede ser que sean tan prejuiciosas con alguien a quien ni siquiera se han dado la oportunidad de conocer? ¿Por qué no pueden ser más comprensivas como tú tía? – Le decía mientras sollozaba en su hombro.
– ¿Te has ido de casa? . – le preguntó su tía.
– Mamá me ha echado, y no seguirá costeando mis estudios el otro año. Contestó triste.
– Ven a casa conmigo. – Le dijo mientras acariciaba su rostro para limpiar su lágrimas.
-- ¿ Por qué cuando comenzaba a ser feliz pasa esto tía?, quizás estoy mal y no debo seguir con K.
– Tu madre es muy obtusa, y le costará entender que no puede controlarlo todo como en sus negocios. Tu relación es lo ultimo que esta mal querida. No se puede condenar por amar a una persona mi niña. – le dijo.
– Gracias tía, no sé qué haría sin ti.
– Ya eres grande mi niña. Me duele que mi hermana haya actuado así con su propia hija y no sea capaz de ver las cosas con otra perspectiva. Pero se le va a pasar, comprenderá que no puede distanciar a su hija de lo que la hace feliz, bajo la excusa de protegerla del mundo hostil como ella lo piensa.–
-- Dejaré pasar unos días para que las cosas se calmen, luego iré a conversar con ella. Agregó después.
-- Ven, vamos a casa para que dejes tus cosas. – le dijo mientras subía sus bolsos al auto.
– Tía, no me quedaré por mucho tiempo, tengo que ir a ver cómo sigue K, le he prometido a Seirah, su hermana, y a Máxima, su mejor amigo, que velaré por su salud mientras ellos arreglan los detalles de su boda. Me he ofrecido a ayudar. Espero que lo comprendas. – Le dijo finalmente.
– No esperaba menos de ti pequeña, ve con tu novio y cuando puedas regresa a mi casa, no te preocupes por la universidad que yo haré que tu madre entre en razón. – Le dijo con un tono maternal.
-- ¿Crees que lo haga en algún momento? – Preguntó sorprendida.
--¡Pues claro que lo hará, ustedes nunca se han separado. Después de todo, ella y tu hermana son las que ahora se merecen un sermón de mi parte. – Dijo con determinación en sus palabras.
Kula iba camino al apartamento de K, se había alcanzado a cambiar de ropa por una más cómoda para quedarse cuidando al peli blanco el día de mañana, también llevaba sus útiles personales y alguna muda que fuera a necesitar dentro de su mochila. Vestía con unas leggins negras de medio tiro, y una sudadera lila que dejaba entrever su ombligo y abdomen plano junto a unas Converse negras clásicas.Se había puesto una chaqueta de mezclilla con capucha por el clima que ya comenzaba a cambiar, se encontraban dentro de las últimas semanas de calor, antes de entrar al otoño. Miró la hora en su celular, eran las nueve con veintisiete de la noche, ya se le había hecho tarde por la discusión con su madre y tener que esperar a que la Tía Roxy pasara por ella a su casa. El ardor había desaparecido en su mejilla, así que tuvo que cubrirlo con maquillaje para que Whip o Máxima no sospecharan nada. Cuando tocó la puerta, se encontró con Whip
– ¡Vaya pequeña, nos tenías preocupados, pensamos que había sucedido algo! -- exclamó la castaña.
– Lo siento – dijo mientras cerraba la puerta.
– Debemos intercambiar nuestros números de celular, en caso de que necesites algo cuando cuides a K. Pero lo podemos hacer después de la cena. – Le dijo invitándola al comedor.
– Está bien. ¿ Está despierto? – Preguntó haciendo referencia a su novio.
– Se quedó dormido después de que le administramos los analgésicos– Comentó.
– La cena está servida -- Anunció Máxima desde la cocina.
Durante la cena, Seirah le comentaba a Kula acerca de los detalles de la boda que tendría fecha para el próximo año, en Febrero. Por lo que Máxima aportaba con una que otra cosa acerca del asunto.
– Tú te sentarás junto a nosotros en la boda, así podrás estar con K en todo momento – le dijo coqueta a la rubia.
– Gracias por la invitación chicos – contestó amablemente.
– Como eres la novia de mi hermano, automáticamente pasas a ser mi cuñada Kula, y también mi dama de honor. No admito un no por respuesta. Aún tengo el tiempo para ver contigo lo del vestido y coordinar con las otras damas de honor. – contestó.
La propuesta forzada tomó por sorpresa a Kula. Sin embargo, la castaña no le dejó muchas opciones para rechazar la invitación y tampoco veía algo malo en asistir a la boda junto a K. A decir verdad, era gratificante pasar un buen rato después de lo que había acontecido durante la tarde cuando estuvo en su casa.
– No veo porqué no pueda ir a tu boda Seirah. Así que, cuanta conmigo cuñada. – Sonrió. – Está hecho, serás nuestra invitada estrella, la primera y única novia de K que no se arranca del chico malas pulgas. – Dijo Máxima riendo.
–¿ K nunca les presentó una novia? – Preguntó intrigada.
– Siempre fue reservado con todo, pero nunca lo vimos interesado en nadie. – Dijo Whip. – Hasta creímos que jugaba en el otro bando. – Dijo Máxima.
-- ¡Cállate tonto! – Dijo la castaña fingiendo molestia. – Así que, tienes todo el derecho de sentirte afortunada – Le dijo él.
– Cuando te vimos pro primera vez, debo admitir que nos sorprendimos porque te había traído hasta acá. Él nunca había hecho algo como eso. Así que podemos afirmar que contigo es diferente. En la escuela siempre tenía chicas que lo pretendían, pero nunca vimos que nadie llegara hasta su corazón. – Agregó.
– Eso quiere decir que estaban predestinados. – Finalizó la castaña.
– Me siento halagada chicos, gracias. Me han subido el ánimo. – dijo mientras jugaba con los últimos blandos de la cena.
– No estés triste, lo que le pasó a K no es lo peor del mundo, estará bien. – Dijo Máxima. – Lo sé, pero no es tanto por eso, sino que, antes de venir acá, tuve una discusión con mi madre porque no acepta mi relación con K, y ni si quiera me ha dado la oportunidad de demostrarle que K es un buen chico. Mi hermana no para de meterle cosas en la cabeza a todo el mundo con que K es un chico busca problemas. Pero nadie quiere escucharme. – dijo triste.
La pareja se miró en silencio.
– Cariño, sí tuviste problemas por venir acá, pudiste habernos contado. Puedes confiar en nosotros. Además, si las cosas se han complicado en tu casa, lo mejor es que nosotros nos hagamos cargo de K. – Le dijo Whip con tono preocupado.
Kula negó con la cabeza.
– En lo absoluto, mi madre y mi hermana están acostumbradas a manipular a medio mundo para hacer lo que ellas quieren, constantemente me sobreprotegían con la excusa de que querían lo mejor para mi, pero no dejaban que tomara mis propias decisiones. Y yo, me he desligado de su hostigamiento. No quiero que se preocupen porque nada hará que cambie de opinión con respecto a cuidar de K. Además, cuento con mi tía Roxy, que es donde me quedaré de momento, hasta que las cosas se calmen. Así que, no deben más que preocuparse por la boda. – les dijo para que se quedarán tranquilos. Obviamente omitió la bofetada y que sus estudios estarían en juego por defender a su peli blanco. Pero no quería que pensaran que la estaban perjudicando.
– Eres toda una monada pequeña. – Le dijo Whip mientras sonreía.
– Traeré el postre. Eso puede alegrarte. Whip compró helado de fresas. – Dijo Máxima levantándose de la mesa en dirección a la cocina.
– ¡Adoro el helado, es mi postre favorito¡ -- Exclamó la rubia como una niña pequeña.
Cuando terminaron el postre, Whip se levantó para arreglar sus cosas e irse a casa. --¿ No te quedarás? – Preguntó la rubia decepcionada.
– En otra ocasión. Aún tengo trabajo por hacer. Máxima me irá a dejar para luego volver en el auto, por si necesitas algo con K. – Le dijo mientras retiraba las cosas de la mesa y dejarlas en el fregadero.
– Te ayudo Whip – Le dijo enseguida la rubia.
–Máxima irá a su trabajo mañana, por lo que te quedarás sola con K durante el día; si necesitan algo, no dudes en llamar al número que te he dado, es el de mi celular y el de mi trabajo, también anoté el celular de Máxima en caso de que yo no conteste. Pero eso es muy raro que suceda. – Le dijo.
– Pierde cuidado, mañana estaré todo el día junto a K, una amiga me traerá los apuntes de clases para que no me pierda nada, esperaré a que llegue Máxima para irme a la casa de mi tía. – Respondió.
-- ¿De verdad no tendrás inconvenientes con ausentarte en la universidad? – Preguntó él.
– No, nunca he faltado, sería la primera vez en esas clases. Además, estoy en los primeros lugares por excelencia académica; planeo seguir lo que hacía mi difunto padre. Tener un título en negocios especializado en políticas globales. – le dijo la chica.
-- ¡Uf! Tratarás con los peces gordos del mundo de los negocios pequeña. – Le dijo impresionado.
-- ¿Ves? No pude haber pedido una cuñada mejor. – Le dijo la castaña, tomando el brazo de la rubia.
– Por cierto, he dejado en la nevera el horario en que K debe tomar sus medicamentos – acotó
– OK, no hay problema, lo seguiré al pie de la letra – Dijo levantando su puño de forma decidida.
La castaña se despidió de Kula para ir rumbo a su casa acompañada por Máxima.
Cuando dejaron al apartamento, se dirigió al cuarto de K, estaba durmiendo plácidamente. Tenía un semblante tranquilo, por lo menos estaba descansando como debía. Aún así, herido y convaleciente, se veía demasiado apuesto. Era irresistible para ella. Le dio un suave beso en su frente, provocando que el peli blanco se removiera para despertar y verla sentada a su lado.
– Volviste – le dijo susurrando.
– Así es, me quedaré contigo esta noche y también mañana – Le dijo mientras le acariciaba su pecho.
-- ¿No irás a la universidad? – Preguntó con esfuerzo.
Ella negó con la cabeza.
– Athena me traerá los apuntes para prepararme durante los exámenes mientras estoy contigo amor. Después de todo, tengo culpa por tu estado. – Le dijo en voz baja.
– No es necesario que hagas esto Kula. Estoy bien, puedo cuidarme solo – habló.
– Pero yo quiero estar todo el tiempo que necesites para recuperarte.— le dijo mientras lo abrazaba con cuidado.
-- ¡Ouch! ¡Mis costillas – se quejó.
-- ¡Lo siento! – se apresuró a decir la rubia quitándose de encima.
– Dormiré en el sillón de la sala, le pediré a Máxima cuando llegue que me preste unas mantas. – Le dijo.
– ¿Necesitas algo? Puedo traerte la cena que Whip cocinó. Estaba deliciosa, y sabes que no soy muy fan de las cosas hechas a alta temperatura. – Le dijo con una risilla.
– Está bien, muero de hambre, pero los analgésicos me provocaron sueño y no resistí – confesó.
– Muy bien, iré enseguida y te traeré enseguida la comida. No me tardo. –
Kula volvió con una bandeja con comida, un vaso con agua y dos pastillas que debía tomar para atenuar el dolor y desinflamar las contusiones.
– Hubiese preferido una cerveza como acostumbro cuando ceno. – Le dijo cuando miró el vaso de agua.
– Es mejor que no mezcles el alcohol con medicina. Puedes anular el efecto y tu recuperación tardaría. – le dijo la rubia con tono de desaprobación por la acotación del peli blanco.
Kula observaba que K intentaba coger la comida con el tenedor, pero el dolor se lo impedía, provocando que la comida no llegara a su boca. Ella sintió que su corazón se paraliza a al verlo.
– Espera, yo te ayudaré. – Intervino.
--¡No! ¡Puedo hacerlo solo! – Contestó hostil.
– K, sé que puedes hacerlo, pero no te vendría mal que por esta vez fuera yo quien te ayude a comer. Mañana y los días siguientes podrás hacerlo tú. Por favor. – Le dijo la chica mientras lo miraba con amor.
– Está bien, pero solamente por hoy Kula. – Le advirtió.
– Lo sé. Lo prometo – mostró su mano derecha haciendo una promesa con sus dedos.
K terminó la cena y luego se tomó el medicamento, Kula se llevó la bandeja para lavar los platos. Cuando volvió, se encontró con que K intentaba levantarse. Así que apuró el paso para acercarse a él y asistirlo.
– Quiero fumar. – Le dijo.
Kula meditó unos instantes.
– El doctor no dijo que no podías, las costillas se facturaron, pero no perforaron ningún órgano, así que no veo el problema, pero será mejor que lo hagas en la cama, ya que debes descansar. Te traeré el cenicero y los cigarrillos – Le dijo al peli blanco.
– Están en la chaqueta. –- le indicó hacia un lugar detrás de ella.
Kula sacó uno de la cajetilla y lo encendió para sorpresa de K, no tosió con la primera bocanada de humo. Luego le entregó el cilindro humeante. K la miró con asombro y una pequeña sonrisa pícara.
– Me has engañado, pensé que eras una santurrona en busca de perversión cuando te conocí gatita. – Le dijo socarronamente.
– Cuando cumplí los catorce, Athena y yo nos escapamos de la fiesta que mamá había preparado y nos escabullimos en el escritorio de papá, para sacar un cigarrillo de su tabaquera. Fue ahí en donde lo probé por primera vez. Debo admitir que me había gustado, los que compraba papá tenían un sabor a vainilla. Lo volví a repetir un par de veces, pero como entrenaba duro con papá en la pista de patinaje, tuve que desistir de la idea porque afectaría mi rendimiento y papá lo notaría. – Confesó con una risa melancólica. -- Quién diría que eras una niña con ínfulas de chica ruda. – Bromeó mirándola a los ojos.
– Aún hay cosas que no sabes de mi, chico malo. – Le dijo mientras se acercaba para besarlo. Él respondió gustoso el beso.
– Eso explica el por qué nunca me criticaste. Whip siempre me regañó por lo mal que hacía fumar, y que acortaba mis años de vida. Máxima lo hace a escondidas aún, para que ella no lo regañe también. – Le dijo.
–- Para el resto de las personas puede ser desagradable. Pero a mí me trae recuerdos de mi niñez junto a papá. – confesó mirando hacia el balcón mientras sonreía.
– Abriré las ventanas para que no quede impregnando en la habitación. Quizá Máxima le moleste la idea de que te haya dejado fumar. – Expresó preocupada.
– Lo que diga el idiota me tiene sin cuidado, y él lo sabe. – Dijo de forma desinteresada.
-- Deberías agradecer que tienes a Máxima como tu amigo y cuñado, pocas veces en la vida tienes la fortuna de tener con alguien tan bueno. – Le dijo molesta cruzándose de brazos y quitando la vista del peli blanco.
Él sabía que ella tenía razón. Pero no lo admitiría tan fácil.
– Si duermes conmigo mientras me cuidas, probablemente comience a tratar mejor al estúpido, digo, a Máxima. – Le propuso.
– ¡No puedes chantajearme así K! – Le dijo mientras inflaba sus mejillas ruborizadas.
K acercó con esfuerzo su mano para tocar su cintura.
– Quédate conmigo, por favor Kula– le dijo mientras la miraba con sus ojos azules que expresaban una súplica escondida.
– Bueno, si me lo pides de esa manera. Sé que pasará un buen tiempo antes de escuchar de nuevo la frase por favor salir de esos labios que me gusta besar. – Le dijo mientras se acurrucaba al peliblanco colocando suavemente su mano izquierda en el pecho vendado.
Así se quedaron mientras K terminaba su cigarrillo. Kula dejó el cenicero en la mesita que había en el balcón, corriera viento, su cabello se alborotó un poco mientras admiraba la vista.
– Cuando me recupere, te volveré a follar en el balcón, así hagan quince grados bajo cero. Te lo haré toda la noche sin importar quien nos pueda ver. – Le dijo seductor.
– Eso tendrá que esperar, no podremos hacer nada mientras no te recuperes K. Mínimo será un mes en que tendrás que tener tus manos alejadas de mi tigre. – Sentenció.
– Pero podemos hacer otras cosas que no necesariamente impliquen la fuerza bruta. – Le dijo con media sonrisa.
Kula cerró la ventana y se sacó su chaqueta, dejando al descubierto su cintura y abdomen. – Me la pones difícil, si te vistes así gatita – Le dijo mientras la miraba lascivamente.
– No, nada de eso, ayer lo hicimos en los camerinos de la pista de patinaje y aun siento que me duelen las ingles. Aparte de que tu reposo debe ser absoluto. – Advirtió.
-- ¡Qué aburrido! Si es lo que quieres. – Bufó.
– Si te parece aburrido, puedo ir a dormir al sillón. – Le dijo con desinterés.
--No, de eso nada. Te quedas conmigo porque no pienso compartirte ni con el sillón. – Le dijo molesto.
– Está bien, me cambiaré de ropa y vendré a tu lado. – Le dijo.
Kula volvió lista con su pijama, era un camisón púrpura que tapaba su culo cubierto con unas pantaletas a juego. K no pudo evitar mirarla completamente, era tan sexy, y a la vez con un aura inocente e infantil que la envolvía. Su dulce semblante sonrojado, producto de la mirada pervertida del peli blanco, era el complemento perfecto que cualquier hombre soñaba.
– Ven, acuéstate a mi lado. – Le ordenó mientras golpeaba suavemente la cama.
Kula obedeció y se acurrucó con cuidado de no lastimarlo. No tardó en conciliar el sueño producto del cansancio y ajetreo del día. K volvió a dormirse también mientras entrelazaban sus dedos.
Máxima había llegado al apartamento, luego de volver de la casa de Whip. Vio que las luces estaban apagadas en el comedor y la cocina. Se dirigió a la habitación de K, en donde se encontraba con Kula rodeada por los brazos del peli blanco. Una escena digna de fotografiar, para molestar a su amigo después de la recuperación. Sacó su celular y apagó el flash. El clic dio por sentado que la foto había quedado para la inmortalidad. De puntillas se fue de la habitación tapando su boca para contener la carcajada de todas las posibles situaciones que podía provocar para enfurecer a K.
