Hola Manú, disculpa por no contestar el review. Pero en relación a tus preguntas, no sabría decir cuántos capítulos pretendo hacer, porque la historia va avanzando en la medida que se van desencadenando los acontecimientos. De momento, solo me enfoco en esta historia para darle un buen final y no dejarla tirada como le ocurre a varios escritores de fanfics, que abarcan mucho en otras historias y luego se les agotan las ideas con la principal que iniciaron. Luego pensaré si puedo hacer otro fic. Gracias por apoyar y seguir esta historia, significa mucho para mí.
Capítulo XIII
Let it her go
La primera semana de recuperación fue un calvario para el peli blanco, debido a sus lesiones que no lo dejaban volver a la normalidad completamente. No podía andar sin ayuda, la fisura del fémur en la pierna y la fractura de dos de sus costillas, le impedían caminar y respirar con normalidad. Kula lo asistía la mayor parte del tiempo. Si no estaba, Máxima lo asistía junto a Whip, cuando ella debía ir a la universidad para comenzar a prepararse con Athena y estudiar juntas para los exámenes que comenzarían dentro de las próximas tres semanas.
K nunca había andado tan de mal humor por el apartamento, no podía salir a conducir su moto e ir dar una vuelta, o simplemente ir a la cocina cuando tenía hambre. Ni pensar acerca de follar cómo antes con Kula, eso era lo peor para el peli blanco. Sin embargo, su relación con la rubia se había estrechado mucho ahora que pasaban casi todo el día juntos. K no podía evitar extrañar a la chica cuando ella debía ir a la universidad o estudiar con su amiga Athena. Para Kula era igual, sus sentimientos crecían cada semana que pasaba, estar con él era como un descanso entre tantas preocupaciones por la universidad y su futuro.
La segunda semana, el peli blanco pudo alcanzar algo de independencia debido al reposo forzado que Kula y Seirah se habían empeñado en hacerle tener durante la semana anterior, en la visita al doctor, las radiografías mostraban una lenta, pero óptima recuperación que con paciencia podría lograr. Aún faltaban dos semanas más de reposo. K bufó fastidiado por la idea de permanecer otras dos semanas en la casa sin poder siquiera beber un trago para no afectar el tratamiento. Kula lo acompañaba al médico, puesto que Whip se encontraba ocupada encargándose de los últimos arreglos para la boda que tendría en solo un par de meses. A Máxima lo habían ascendido en su empresa, por lo que se le veía menos en el apartamento, tenía una sección completa de empleados a cargo para coordinar directamente con los asuntos de inteligencia en su empresa. Kula, por otro lado, hacía grandes esfuerzos por no quebrarse frente a K. Solo quedaban tres semanas de universidad y todo un futuro incierto durante el próximo año con respecto a seguir estudiando. Buscaría un empleo durante las vacaciones para costear parte de sus estudios con ayuda de la tía Roxy. No quería ver a su madre, y aunque Candy había intentado acercarse a ella algunas veces en el campus, Kula la alejaba. Ella sería quien decidiría esta vez los términos de la próxima conversación que tendría con su madre y hermana.
La tercera semana, finalizaba con una nueva visita al doctor en el recinto donde K había sido hospitalizado a causa de la paliza de Shingo y compañía. Kula lo acompañaba como siempre. Algo bueno era que ya podía conducir su querida motocicleta. Kula se aferraba con cuidado de no provocar dolor en las costillas de él. Cuando se estacionaron, la rubia se bajó con cuidado para ayudar a K.
– Puedo hacerlo solo. – Le dijo.
– Lo sé, pero no hay nada de malo en que quiera ayudarte. – Le dijo mientras subía los hombros en señal de no estar preocupada por la reticencia de K, y con la mirada fija en un punto del hospital. El peli blanco se percató de lo distraída que andaba la rubia, esos gestos no eran habituales en ella.
-- ¿Te encuentras bien? – Le preguntó para sacarla de ese estado.
Kula se encontraba inmersa en sus cavilaciones mentales, cosa más habitual después de que K comenzara a recuperarse. Aún no le había contado que tendría que dejar la universidad si no encontraba un empleo con un salario que pudiese costear en parte, junto a la ayuda de la tía Roxy, quien, tenía un fortuna dichosa por sus propios méritos y un divorcio en su favor. Pero no deseaba depender de ella por siempre, no era justo.
La universidad a la que asistía, era una de las más costosas de todo South Town en el estado de Florida. No había un sistema de becas que la pudiese ayudar, debido a las políticas elitistas que habían sido pactadas por los fundadores: Anidas Nest, suhija Misty, y su prometido Igniz, quienes, además de crear un lugar de sumo prestigio, se reservaron el derecho de admisión con aranceles desorbitantes, que solamente los hijos de grandes empresarios y políticos millonarios principalmente, pudiesen tener un lugar solo para los de la alta alcurnia. Como al círculo que ella pertenecía sin haber podido escoger, gracias al prestigio de las empresas que había fundado su padre desde muy joven, y que ahora su madre administraba, así como ellas también estarían a cargo de las empresas en algún momento, principalmente por petición de su padre, quien siempre depositó la confianza en sus hijas para llevar a todo el mundo el nombre de su empresa. Algo que Kula solamente lo hacía por no contradecir a su querido progenitor. Pero, ahora que ya no estaba, sentía que era innecesario seguir con todo, no quería estar en el mundo de los negocios, menos tener que ver con gente de la misma calaña que su madre. Le aseguraba un futuro con lujos y riqueza por siempre, pero no sería feliz, no si su vida iba a ser absorbida por ese camino.
– Disculpa K, no te oí. – Dijo recobrando la atención en el chico que ya caminaba sin ayuda, y sus costillas no le causaban tanto dolor ya.
– Últimamente andas distraída, por eso te pregunto si pasa algo que no quieras contarme Kula. – Le dijo como si intuyera que pasaban mil cosas en la cabeza de la rubia.
– No te preocupes, son estupideces de las que algún día me reiré al recordarlas. – Le dijo mientras colocaba su rostro de dulce enamorada, que se hacía habitual cada vez que lo miraba.
K la miró con desconfianza, algo le pasaba hace unas semanas que no quería que él supiera. Si hubiese sido otra persona no le hubiese interesado, ni siquiera se habría tomado la molestia de preguntar que pasaba. Pero era su novia, camino a los dos meses de relación, casi sin sexo en el segundo mes, pero ya se pondrían al día.
– Estás rara, no sueles ser tan callada y no sonríes como la hacías cuando nos conocimos. Por ende, tengo razones de sobra para suponer que algo anda mal. – Le contestó, provocando qué la rubia diera un sobresalto por la observación de K.
– Esperaremos a ver qué nos dirá el doctor acorde a tu recuperación, luego, iremos por un café, y probablemente me arme de valor para decirte lo que me pasa.
– Como quieras, tendrás que decirme lo que te sucede, lo quieras o no. Tengo mis métodos para someterte a tortura y hacer que me digas la verdad. – Le dijo mientras esperaban en las afueras de la consulta médica.
– No tan rápido tigre, veamos si el doctor te da el alta para que puedas volver a tener sexo. Si dice que no, entonces puedo aliviar tus ganas de otra forma, cariño. – Le susurró provocativamente en su oído.
K iba a contestarle, pero él médico salió oportunamente a la puerta para atenderlos.
– Hola K, espero estés mejor. – Le dijo mientras invitaba a la pareja a pasar.
– Yo también, me estoy aburriendo en casa. – Contestó fastidiado.
– Las radiografías indican que tu recuperación es rápida, por lo que puedes volver a tu trabajo dentro de la próxima semana. Sin embargo, no puedes realizar maniobras que impliquen fuerza aún. – Dijo finalmente.
– Doctor, ¿Puedo… realizar ejercicios…? – no terminó de decir porque Kula lo jaló del brazo.
-- ¿Ejercicios como correr? – Preguntó.
– No exactamente. Ejercicios con ella. – Dijo mientras miraba la cara de la rubia que parecía un tomate.
– Ah, ese tipo de ejercicios. Sí, puedes, mientras no te exijas demasiado y no sientas dolor al hacerlo. Es decir, no intentes poses muy arriesgadas para tu salud o la recuperación se verá comprometida. – Contestó el médico.
K, respiró aliviado debido a que por fin acabaría con el celibato forzado que le imponía Kula. Era una tortura tenerla a su lado y ni siquiera poder disfrutarla como quería. Ella, ni siquiera levantaba la mirada del suelo por la vergüenza que le provocaba la situación.
– Bueno K, espero verte en dos semanas más, y cuídate de no exigir demasiado tu cuerpo. Y tú pequeña, como su novia, no debes permitir que éste chico se vuelva a meter en líos o haga piruetas en la cama. – Finalizó.
– Pierda cuidado, eso haré. – Le dijo Kula con el rostro encendido por el Rojo de la vergüenza.
Cuando salieron del hospital, K la detuvo y la agarró por la cintura como acostumbraba hacerlo.
– Vamos a celebrar como se debe a mi apartamento. – Le dijo mientras introducía su lengua en la dulce boca de la chica.
Ella le respondió el beso, mientras su delicados brazos rodeaban el cuello de su peli blanco. – Pero primero, debes contarme qué pasa por esa cabeza rubia tan distraída últimamente gatita. Vamos por un café, yo invito. – Le dijo para celebrar la buena nueva sobre su recuperación.
– K, creo que no es buen momento para contarte esto. No es gran cosa como piensas. Podemos dejarlo para otra ocasión. – Le dijo la rubia tratando de zafarse del abrazo del peli blanco, pero no logró.
– Oye, me dijiste que si el doctor tenía buenas noticias iríamos por un café y me contarías lo que te pasa. No quiero un alma en pena como novia, porque eso pareces últimamente. Te desvelas por cuidarme y a la vez estudias, además de que algo te preocupa. – Habló con respecto a cómo la había observado últimamente.
Kula se dio cuenta de que el peli blanco no era ajena a lo que le pasaba, se preocupaba por ella. Quizá era egoísta no contar con su confianza para decirle aquello, pero tampoco sabría como iba tomarse las cosas que le pasaban con su madre y hermana, quien nunca pudieron llegar a conocerlo sin antes caer en horribles prejuicios hacia su persona. Probablemente ya no podía seguir ocultando lo que había pasado.
– Está bien, creo que vi una cafetería cerca de acá. Vamos por unos bocadillos y te contaré ¿De acuerdo? – Le dijo mientras mostraba su mejor cara de tranquilidad. K la siguió a la moto.
Llegaron a la cafetería, el ambiente brasileño y la Bossa Nova como música de fondo, otorgaban una atmósfera fuera de serie. Kula pensó que sería un buen lugar para explicarle el panorama a K sin que éste se alterara. Era algo neutro que podía jugarle a favor, reflexionó. Se sentaron en una mesa que había en la zona de fumadores. Un hombre macizo y moreno se les acercó para tomar su orden.
– Bienvenidos al Paopao Café chicos, mi nombre es Richard ¿Qué les sirvo? – Se dirigió amablemente a la pareja.
– Quiero un expreso doble. – Pidió el peli blanco.
– Y yo un capuchino vainilla con un muffin de frambuesas. – Pidió la rubia.
– Enseguida volveré con sus pedidos. – Apresuró a decir, mientras retiraba las cartas de la mesa y se dirigía a la cocina.
K encendía un cigarrillo.
-- ¿Me darías uno? – Le pidió la rubia, para sorpresa del peli blanco.
-- ¿Estás segura? – Le preguntó K, mientras notaba el nerviosismo en las manos de Kula.
-- Muy segura. – Contestó decidida.
K le ofreció la cajetilla para que ella sacara uno. Luego le acercó el encendedor con la llama a medio asomar para que lo prendiera. No era la primera vez que la veía hacerlo. Ella exhaló el humo que había absorbido. A K le fascinó verla hacer ese gesto, solo en ella podía verse tan sensual un vicio tan letal.
El mesero volvió con ambos pedidos, luego se encaminó a otra mesa para tomar los pedidos de la gente que asistía para merendar la primera comida del día.
Kula dejó el cigarrillo en el cenicero y bebió de su café.
– Está delicioso. – Exclamó. Luego se armó de valor y comenzó a contarle a K.
– Después de que me despedí de ti y fui a casa, tuve una discusión muy fuerte con mamá, todo acabó mal; comenzó a decir cosas hirientes en cuanto a la relación que tenemos, que Candy tenía la razón y otras cosas ofensivas que no quiero recordar. Finalmente dijo que si estaba dispuesta a seguir contigo, no seguiría costeando mis estudios el próximo año y que me las tendría que ver sola. No sé si estas al tanto de que la universidad a la que voy, es una de las más elitistas de todo el estado. Mi tía me ayudará a costear la universidad el año siguiente, no sería un problema si no tuviese que pagar todo el año, que equivale a sesenta y ocho mil dólares anuales, dinero que tendré reponer a mi tía cuando me titulé. Pero la verdad es que, no sé si quiero seguir estudiando, lo hago por que es algo que mi padre quería que hiciera, dirigir sus empresas junto a Candy. Sin embargo, no me veo llevando esa vida aburrida. – Finalizó.
K no dijo nada. Bebió de su café, y luego probó otra bocanada de humo de su cigarrillo.
-- También me fui de mi casa. Estoy en lo de tía Roxy por el momento. Aunque no quiero estar abusando de su eterna hospitalidad.
K miraba a la ventana tratando de digerir lo que la rubia acababa de decirle.
– Así que he sido el causante de que tu vida se haya ido a la mierda.-- Dijo finalmente.
– No, no es así K. – Intentó disuadirlo. Pero no tuvo éxito.
– Kula, serías una tonta si decidieras abandonar la universidad por algo incierto. – Habló serio. Luego siguió.
– No quiero que te metas en problemas por mi causa. Creo que fue un error querer creer que podría ser distinto contigo Kula. Ni siquiera puedo ayudarte a costear la ridícula suma que necesitas para estudiar, además de que probablemente tu madre y la loca de tu hermana tengan razón y no sea lo que necesitas. – Expresó sin quitar la vista de la ventana.
-- K, yo quiero estar contigo, no me importa si eso significa dejar mis estudios, no es el fin del mundo, solo quiero ser feliz, y si tú no estás conmigo… – Le dijo con dolor en sus palabras.
– No seas ciega Kula, estás renunciando a tu futuro, lo nuestro tampoco es algo serio como para que te sacrifiques por nada. Te agradezco hayas cuidado de mí estas semanas, pero tampoco te pedí que lo hicieras, y de haber sabido que estabas en problemas, no te hubiese permitido seguir con ésta estupidez de niña rica que quiere ser rebelde. – Habló dirigiendo una mirada gélida a la rubia, mientras apagaba la colilla de su cigarrillo.
La rubia miró sus manos empuñadas con coraje.
– K, no soy tan ingenua como piensas, sé que no sientes realmente lo que dices sobre lo que tenemos, y lo haces para que no deje de estudiar. Pero la verdad es que no quiero seguir ese camino si tu no estás ahí conmigo. – Le dijo con lágrimas en sus ojos.
– Kula, si estar contigo significa que voy a joderte la vida que tendrás, prefiero dejar todo esto hasta acá. Puedes tener esto con cualquier otro imbécil que no tenga problemas con el alcohol y se meta en líos. Alguien que pueda darte todo lo que yo no. ¡Demonios si hasta en mi trabajo tengo problemas por tu culpa Kula, el padre de Yabuki tiene intereses de inversión en la empresa donde trabajo, y si tengo problemas con su hijo, me quedo sin empleo. No soy un hijito nacido de padres ricos, tengo una vida normal con cuentas que pagar a fin de mes, no tengo una riqueza interminable como tú chiquilla malcriada. – Expresó enojado mirándola.
-- ¡Eres un cobarde K! Dijiste que la honestidad iba ante todo, y sé que no sientes realmente lo que acabas de decirme. ¡Siempre me dijiste que hablarías con la verdad, no importando como me sintiera! – Le espetó con dolor.
K quitó la mirada de sus ojos enrojecidos por las lágrimas.
– Esa es la verdad Kula, no puedo seguir con alguien que se perjudica a si misma y de paso me jode la vida a mi. – Le dijo con desinterés.
-- ¡Mírame y dime que no sientes nada por mi K! – Le dijo mientras tomaba de su mano. – Esto se acabó Kula, me divertí contigo. Pero ahora es momento de volver a la normalidad y seguir por caminos diferentes niña. La alta sociedad te espera con un futuro prometedor, y yo seguiré en el taller haciendo lo que me gusta para toda la puta vida. Ahora regresa con tu familia de donde nunca debiste alejarte. – dijo levantándose del asiento y dejando el dinero por el pedido de ambos.
– K ¡Por favor no me hagas esto! No quiero creer que te has rendido tan fácil conmigo. No puedes ceder ante el capricho de todos ellos. -- Le dijo sollozando con lágrimas en su rostro.
– Un capricho es que hayas decidido seguir con toda esta mierda sin decirme nada y jugar a que todo estaba bien Kula. Un capricho es haber entrado esa noche en el bar y haber jugado a la niña rebelde conmigo. No seas infantil que ya habrá otro imbécil rico que pueda ser del agrado de tu madre y hermana para que puedas llevarlo a la casa y jueguen a la maldita vida perfecta. – Habló fastidiado.
– No puedes ser tan miserable K, después de que me entregué a ti por completo. No puedes terminar de esta forma lo nuestro. – Habló con la voz quebrada.
– Adiós Kula. – Expresó en voz baja mientras se dirigía a la salida.
– No… -- finalizó para romper en llanto, mientras miraba al hombre del que se había enamorado irremediablemente, y que en solo unos minutos le había roto el corazón en mil pedazos.
K se fue a paso rápido, mientras su lesiones se lo permitían. Llegó hasta el vehículo, se sacó los lentes y se refregó los ojos. – Es lo menos puedo hacer por ti gatita. Espero no me odies por siempre pequeña. – Pensó mientras se subía a la Iron 883 para llegar a toda velocidad a su apartamento. Quería mandar todo a la mierda y no saber del mundo por un buen tiempo. Pasó por una licorería camino a su destino, compró dos botellas de whisky y otra cajetilla de cigarros. Luego estacionó la moto en el subterráneo del apartamento, subió y se dirigió de vuelo a su habitación. Agradeció que Máxima no estuviese a esa hora. Cerró la puerta, dejó las botellas en un rincón, y se dejó caer al suelo mientras su espalda estaba apoyada en la puerta. Sintió rabia y dolor. Se levantó de golpe y comenzó a romper todo lo que había a su paso. Se desquitó con cada objeto en su habitación. De pronto, sintió como el dolor de las costillas lo invadía, y cayó al suelo retorciéndose. Vio el desastre que había ocasionado a su alrededor. Se arrastró hasta las botella de whisky que había quedado intacta, se bebió la mitad de una botella sin descanso. Encendió un cigarrillo, sintió que su pecho dolía, no era algo físico, sino más profundo. Se le vino la imagen de la rubia deshecha por su culpa. Se sentó en el balcón, miró hacia abajo, ni el dolor de quebrarse todos los huesos al caer desde esa altura se asimilaría al hecho de no seguir con ella. Pero lo había hecho justamente para no entorpecer su vida.
Kula no quiso terminar su bocadillo. No tenía ganas, sólo quería salir de ahí. El cigarrillo que le había pedido al peli blanco se había consumido por completo. No quedaba nada de él, solo cenizas, como lo suyo con K. Comenzó a llorar nuevamente. Sacó su celular y marcó el número de Athena.
– Hola Kula cómo… -- fue interrumpida.
– Necesito verte amiga y hablar contigo por favor. – Le dijo la rubia llorando a más no poder desde la otra línea.
– Está bien amiga, pero debes calmarte, dime ¿Dónde estás? – Le preguntó muy preocupada.
– Estoy en el Paopao Café, por favor ven por mí. – Le imploró.
– Llegó en veinte minutos amiga. No te muevas de ahí. – Dijo, y cortó la llamada para vestirse y salir rauda en auxilio de su amiga.
-- ¿Necesitas que vaya contigo amor? – Le preguntó Kensou desde la cama, con su torso bien formado a medio asomar entre las sábanas, luego de haber tenido una noche maravillosa junto al amor que espero toda su vida y que por primera vez, podía disfrutarla entre sus brazos, su querida Athena.
– No te preocupes cariño, Kula probablemente necesite una charla femenina. – Le dijo con un guiño mientras cerraba la puerta de su habitación, lanzando un beso que el castaño fingió agarrar en el aire.
Kula miró la hora en su celular, las doce con quince, puntual como siempre dentro de los veinte minutos que le había prometido, entraba su amiga a la cafetería que habían acordado.
Cuando Athena miró alrededor buscando a su amiga, vio una chiquilla con los ojos hinchados y el rostro apagado mirando a la ventana. Tenía la mirada perdida. Era una imagen que le rompería el corazón a cualquiera. Se acercó hasta la mesa donde se encontraba y se sentó frente a ella.
– K terminó conmigo. – Le dijo triste.
-- ¿Por qué? ¿Qué pasó amiga? – le preguntó preocupada.
– Me dijo que no podía permitir estropear mi futuro y que lo nuestro no era algo más que pasajero, que no fuera tonta y me dejara llevar por cosas infantiles. – Dijo llorando.
Athena se levantó y la abrazó , su amiga estaba destruida. La pena la invadía y no podía más que escuchar y brindarle un hombro al llorar.
– No conozco a K en su totalidad, pero sé que lo hizo por ti, y eso también tiene que haberle dolido. – Le dijo para tratar de animar s su amiga.
– No lo creo, fue tan frío. Sé que no era muy bueno expresando lo que sentía, pero cada palabra que me decía era como una daga atravesando mi corazón. – Le dijo llorando.
– Amiga, sé que duele cuando algo tan intenso termina pronto, pero debes ser fuerte. Quizá la vida tenga algo mejor para ti pequeña. – Le dijo tratando de consolarla.
– Duele mucho, nunca me había sentido así. Quiero que todo se vaya a la mierda amiga, nada puede ir peor. Me he quedado sin él y tampoco volveré a estudiar el próximo año. No puedo costear mi carrera.– Le dijo sollozando.
–K probablemente pensó en todo lo que estaba en juego si permanecía a tu lado, ha sido el acto más generoso que he visto hacer a una persona. No dejes que el sacrificio hecho por él se ves opacado por tu tristeza amiga. Debes levantarte y seguir adelante, no te rindas ahora Kula. – Le dijo pensando en lo que le había sucedido a su mejor amiga.
-- Sé que será complicado, pero debes seguir. Hazlo por ti amiga querida. – Finalizó.
– Creo que no me queda otra alternativa que aceptar que se acabó y que no lo volveré a ver ¿Verdad? – Le dijo con los ojos vidriosos.
– Así es. – Le dijo mientras volvía a abrazar a su amiga con el corazón destrozado.
Máxima llegó tarde ese día, dejó las llaves en el mesón y se encaminó a la habitación de K para preguntarle cómo le había ido con el médico. Le pareció extraño que la música estuviera tan fuerte, por un momento pensó que se encontraba con Kula haciendo qué cosas para pervertir a la chiquilla. Cuando abrió la puerta, se encontró con toda la habitación hecha un desastre, la cama estaba al revés y el colchón en el suelo, muebles rotos por cada rincón, alcohol regado en todo el piso y a su amigo tirado en el suelo del balcón con las luces apagadas. Se asustó por lo que vio.
– Amigo ¿Estás bien? – Preguntó tratando de despertar a K que yacía borracho con la botella de whisky sujeta en la mano y un cigarrillo a medio terminar cerca de la pared.
– La dejé ir por su bien Máxima, nunca debí escucharte. Soy una mierda que jamás será suficiente para ella. Kula estará bien sin mí. – Le dijo con dificultad debido al estado etílico que padecía. Máxima no lo había visto en ese estado desde la muerte de sus padres cuando solía enfrascarse en peleas de borrachos en algún lugar de la ciudad.
– Vamos compañero, debes darte una ducha para que te despejes y podamos conversar con más calma ¿Vale? – Le habló a su casi inconsciente amigo que cargó sobre el hombro para meterlo a la ducha, el agua fría lo despabilaría.
K ya estaba más recuperado después de la tórrida ducha con el agua helada, algo que odiaba era el agua fría. Sin embargo, lo había hecho sentirse mejor. Su amigo tenía razón.
– Veo que Kula decidió contarte que había sacrificado su futuro por escogerte. – Le dijo reflexivo.
– No podía permitir que echara por la borda todo por estar con alguien como yo. – Dijo mientras se cambiaba por algo más cómodo, ya que su ropa había quedado empapada por la ducha.
-- Y pensaste que no había otra opción para que ella desistiera de su decisión más que sacrificar tu relación con ella. – Le dijo de forma asertiva.
– Es muy joven, tiene una vida y un futuro por delante, no podría vivir tranquilo sabiendo que fui el causante de joderle la vida a la única mujer que… -- Se detuvo.
– No es necesario que me lo digas, lo sé desde el momento en que los vi juntos. Ella era la indicada K. Sin embargo admiro que por primera vez no hayas pensado en ti y dejaras de lado lo que sentías por el bienestar de otra persona. Sé que puede ser duro compañero, y no sabría decirte si estuvo bien o si fuiste un completo imbécil que se acobardó cuando vio que el mundo se ponía realmente en tu contra. Pero eso, él tiempo se encargará de aclararlo.
– Nada me hará cambiar de opinión, ella estará mejor si me alejo, sus amigos y familia no la volverán a tratar de la forma que lo hacían mientras ella estaba conmigo. Simplemente no puedo dejar que sea miserable como yo. – Le dijo con pesadez.
– Amigo, no pensé que eso te acobardaría tan rápido. Pero debes aprender que cada decisión tiene sus consecuencias. Además, ella generó cambios positivos en ti, no lo eches a perder. Descansa y luego ordenarás este caos que tu mismo provocaste compañero. Ésta vez lo tendrás que hacer solo. – Le dijo mientras salía de la habitación.
– Máxima. – Lo llamó.
– Ni una sola palabra de esto a Seirah – le advirtió.
– Por mí pierde cuidado, pero sabes que Whip no es ninguna tonta y se dará cuenta tarde o temprano que ya no estás con ella. Aparte, no sé si te lo comentó, pero la hizo una de sus damas de honor en la boda. Así que, de igual manera, tendrás que verla mi estimado compañero. – Le dijo creando la puerta tras de sí.
– Mierda. – Soltó.
Observó el desorden provocado por él, se recostó en el colchón mirando el techo de su habitación. Sé que es lo mejor. Se dijo como un mantra mientras intentaba conciliar el sueño.
