Hola Manu, he decidido hacer este especial navideño como me lo habías sugerido. Quedó bastante largo y me he tomado la semana entera para editarlo y elaborarlo con más detalle dentro de lo que se puede, así que espero que lo disfrutes. En cuanto a las otras historias, me alegra que tengas un borrador con el one shot lemon de lo que querías que hiciera. Creo que la idea es bastante buena y si te animas a hacerlo me avisas y te hago un review. En cuanto a los juegos, mi vida es bastante atareada, por lo que no dispongo de tanto tiempo para esas cosas. Antes jugaba juegos de x box como Left 4 Dead o Dark Siders, pero he dejado de lado ese pasatiempo como mencioné con anterioridad. Bueno, sin más, espero que tengas lindas fiestas y buscaré el fic que has hecho para dejarte un review.
Capítulo XIV
Hold On To My Heart
--¡De todas las estupideces que te he visto hacer, ésta la que se lleva el premio! – Gritaba su hermana cuando se dirigía a la habitación del peli blanco.
K se revolvía en la cama, sentía una resaca horrible, y peor era escuchar a su hermana gritar como si tuviera un megáfono. Sentía que su cabeza iba a estallar.
-- ¡¿Me vas a decir qué demonios te pasó con Kula?! – Le preguntó al mismo tiempo que le arrebató las sábanas que lo cubrían.
-- ¡Aargh! ¡Déjame Seirah, no estoy de humor para tus escándalos! – Rugía el peli blanco al ser despertado y arrebatado de su sueño.
– No K, no permitiré que caigas otra vez hermano. Te vas a levantar, duchar y saldrás por esa puerta para comer el desayuno conmigo, en ese orden ¿Me oíste? – Le advertía severa su hermana.
Whip era un amor la mayor parte del tiempo, como solía serlo cada vez que veía a Kula o estaba con Máxima, también lo era con su hermano menor, pero cuando se enteró de la ruptura de K con Kula, y que además había sido él quien había tomado tan arbitraria decisión; sintió la furia carcomerla interiormente. Sabía que la chica tenía problemas con su familia, pero había escogido a su hermano por sobre todas las cosas. También estaba al tanto de que Kula estaba enamorada de K, por eso estaba dispuesta a todo con tal de no perderlo. Pero K había sido un imbécil y un cobarde que no supo afrontar como era debido el problema. Sentía que podía haber hecho tantas cosas, pero optó por la vía más rápida e hiriente, que era terminar con la única chica que había logrado tocar su corazón, y la había dejado escapar como si nada. Consideraba que su hermano estaba equivocado, y le haría ver las cosas de ese modo.
– No estoy de humor Whip, y no tengo hambre, así que déjame en paz. – Contestaba el peli blanco con la cara hundida en su almohada para esconderse de la luz que entraba por las cortinas que había corrido la castaña.
– Huele a bar de carretera con animal muerto aquí adentro K, debes salir para que la habitación cambie de aire. – Le dijo mientras recogía algunas prendas del suelo.
– Seirah, no quiero, déjame solo. – Gruñó malhumorado, mientras se sentaba de mala gana en la cama con la mirada perdida en el suelo.
– Escucha K, llevas una semana que no sales del apartamento, y mañana vuelves a trabajar. He dejado un espacio para que estuvieras contigo mismo, pero esto ya no está bien. Ella te alejó del alcohol y tu medicina no era necesaria cuando estabas con Kula. Y ahora mírate, volviste el tiempo atrás, como cuando tenías diecisiete. Controlado por la ira, el dolor y el alcohol. – Le dijo mientras volvía a sentarse a su lado.
-- Solo es un respiro de todo esto hermana– Contestó cansado.
– Escucha K, sé que duele, pero debes asumir las decisiones que tomas. Si elegiste no seguir con Kula, aunque piense en lo estúpido y cobarde que has sido al haber alejado a la única persona que logró ablandar tu duro corazón. Debes levantarte como el adulto que eres, aceptar la responsabilidad y seguir adelante. Ahora, ve al baño y alístate para que se te pase la resaca que tienes hermano.– Le dijo mientras revolvía aún más su enmarañado cabello.
– Está bien. – Dijo a regañadientes en el momento que se levantaba para ir a tomar un baño.
Después de la ducha, se sintió mejor, el dolor de cabeza no era tan palpitante como cuando sintió la aguda voz de su hermana regañándolo por permanecer en ese estado. Se dirigió a la cocina, en donde Whip tenía un sabroso Beef Jerky junto a un café negro tal y como le gustaba al peli blanco. Máxima había salido temprano al trabajo, ya no se topaba con tanta frecuencia debido a su ascenso, así que K pasaba todo el día solo.
-- ¿Estás ansioso volver al trabajo hermano? – Le preguntaba mientras tomaban su desayuno.
–Tan ansioso como la espera de una cagada en el baño hermanita. – Le dijo sarcástico.
– Vaya qué analogía tan asquerosa para iniciar una conversación mientras comemos K.– Le dijo mirándolo con escrúpulo.
– Me has preguntado, te he respondido. – Le dijo simplemente el peli blanco.
– Desde que estás soltero, tienes un humor horrible K, por lo menos cuando estabas con Kula, eras menos amargado. – Le dijo con sorna la castaña.
-- ¿Podemos hablar de otra cosa? – Le dijo fastidiado.
– ¡Claro! Ella será una de mis damas de honor, y se sentará con nosotros en la mesa de nuestra boda. – Le comentó.
-- ¿Qué quieres Whip? Ya he tomado una decisión y no volveré con ella, las cosas mejorarán si no estamos juntos. – Le contestó de mala gana.
– Sabes que eso no es así, pensaste de forma arbitraria en lo mejor para ella sin siquiera detenerte a pensar que podían seguir juntos y apoyarla en un momento tan difícil como el que está pasando K. Fuiste egoísta. – Le aclaró.
– No fui egoísta, siempre pensé por su bienestar ¡Demonios Seirah! – Contestó enojado.
– No dije que eras egoísta con ella, sino contigo. Sabes lo que sientes y aún así no te diste la oportunidad de estar con la chica que amas. – Le dijo estudiando la reacción del peli blanco que parecía molestarse con cada palabra que decía.
-- ¡Qué puedes saber tú acerca de lo que siento Whip. – Le contestó perdiendo la paciencia con su hermana.
– Sé que te cuesta expresar lo que sientes, pero con Kula era distinto. Mira hermano, aún estás a tiempo de retractarte con tu decisión. – Le dijo esperanzada.
– Ella no debe querer saber nada de mí después de las cosas que le dije y… no quiero que sufra por mi causa. – Le dijo recordando la imagen de la rubia con el corazón roto en la cafetería.
– Sabes que es mejor enfrentar tus miedos e inseguridades, que fingir que no sucedieron y lamentar el nunca haber actuado hermanito. – Le aconsejó al peli blanco.
– Bueno, debo irme a trabajar, Máxima se quedará conmigo en la casa para organizar algunos detalles de la boda que aun me quedan pendientes. Así que estarás solo, por favor no hagas un estupidez K. Te quiero mucho hermano tonto. – Le dijo mientras besaba su cabeza rápidamente, antes de que él peli blanco se quejara por la demostración de cariño.
El día de volver a la rutina había llegado para K, luego del mes de reposo que tuvo que hacer, a causa de las lesiones provocadas por la pelea. Se dirigía en su Harley hacia el taller, se percató que la ciudad estaba completamente decorada con motivos navideños, y cómo no iba a ser así si quedaban solo dos semanas para la festividad. Había llegado el frío y podía sentirlo mientras manejaba en dirección al trabajo. En su apartamento siempre era Máxima y Whip quienes se encargaban de darle un aspecto festivo al lugar para celebrarlo en ese lugar, ya que K, siempre se rehusaba a ir a la casa de sus padres. Éste año sería diferente. Por alguna razón que ni él recordaba, había accedido a pasar navidad y Año nuevo en la casa de South Beach que ahora, era de Whip. Probablemente le habían preguntado en algún momento en el que se encontraba ebrio sin duda, esa era la explicación más cercana lo que pudo haber pasado.
Cuando llegó al taller, algunos de sus compañeros que lo vieron, levantaron la mano en señal de saludo. Otros le preguntaron por su estado y luego volvieron a sus labores. Sabían que K no era una persona con la que se podía sostener una larga charla.
-- ¡Qué bueno que volviste chico! tienes un montón de trabajo pendiente, así que más vale que comiences rápido a trabajar. – Le dijo Heidern desde su oficina.
– Te alegrará saber que el auto del chiquillo que te dio la paliza ya no está acá, así que no tendrás que cruzarte con él por lo que queda de este año, solo su padre vendrá a arreglar los últimos detalles del negocio. – Adhirió.
– Heidern, no me interesa en lo mas mínimo lo que hagas con tu taller. – Le contestó de mala gana.
– A un jefe de taller debería importarle lo que pasa en su trabajo chico. – Le dijo con expectación.
-- ¿Qué? ¿Qué hay del resto? Ellos llevan más tiempo y conocen más que yo. – Le dijo asombrado.
– Creo que te lo has ganado chico, sé que no llevas tanto tiempo como ellos, pero tus conocimientos y capacidades para solucionar cualquier problema que ha habido en el taller han demostrado ser la persona idónea para desempeñar el cargo. Además, he puesto a Clark en mi lugar administrativo, pues visitaré a mi hija y su esposo en Brasil para conocer a mi pequeño nieto, y estaré allí durante dos meses. – Explicó.
– Supongo que el cargo también tendrá un aumento. – Dijo el peli blanco.
– Eso es obvio chico. Pero estarás a prueba por tu capacidad de liderazgo en éste lugar junto a Clark y también deberás cumplir el rol de mecánico cuando se vean sobrepasados. Así que, nada de rabietas que el inversionista vendrá por lo menos una vez al mes a ver como anda todo en mi ausencia. Él está al tanto de los cambios que habrán en la empresa y está totalmente de acuerdo. – Le contestó.
– De verdad estás loco Heidern, estuve un mes afuera y cuando llego, me tienes esta noticia. Sin duda te has vuelto senil. – Le dijo con sarcasmo. Luego se dirigió a los bastidores para vestir su ropa de trabajo.
Heidern comprendía el humor del peli blanco, era ácido e irreverente. Pero no le molestaba, sin duda podía afirmar que era el hombre más honesto que había conocido. Una cualidad difícil en su rubro.
Así transcurrió una semana en la que K, en cierto sentido agradeció volver a trabajar además con un nuevo cargo, así evitaba "pensar" cosas que no estaba acostumbrado a meditar pues, tenía bastante trabajo ahora, además de cumplir las funciones antiguas, por lo menos valía la pena en cuanto al nuevo salario que Heidern le había ofrecido. Odiaba ese estado de letargo en el que se encontraba a causa de ella en varias ocasiones. No podía sacarla de sus pensamientos, por lo que colocó en el Ipad, su grupo favorito, Motorhead, dejó que el playlist sonara al azar, la canción Love Me Forever sonaba mientras revisaba las guías de ruta que debían seguir sus compañeros. Quiso obviar la letra del tema, pero el barítono vocal del cantante calaba en su interior como una daga fría que penetraba su corazón.
-- ¡Maldita sea! – exclamó. Ni la música le daba descanso a sus cavilaciones.
Así transcurrió el día en el que terminaba cansado debido a sus nuevas responsabilidades, comenzaba a caer las bajas temperaturas conforme llegaba la noche, sin embargo, debía quedarse a revisar algunos presupuestos de los repuestos en los que habían solicitado para reparar cuatro vehículos que tenían fecha de entrega para el miércoles de la próxima semana. Sin duda había trabajo previo a la navidad, todo el mundo requería sus autos para salir durante las festividades y estaba a cargo de todo el manejo del taller, puesto que Clark se dedicaba solamente a lo administrativo y monetario del lugar, pero se había ido temprano. Heidern tomaría el vuelo ese mismo día, por lo que debían mantener todo en orden hasta que volviera de su viaje. Tenía su cabeza ocupada pensando en esas cosas cuando miró por la ventanilla de la oficina de Heidern, vio una silueta femenina que se encontraba en la puerta del taller.
– ¡Está cerrado! – Elevó la voz para que lo escuchara.
La chica se aproximó hasta la oficina en donde se encontraba el peli blanco con la puerta abierta. Con determinación se dispuso a dejar en claro que no harían excepciones de atención y caminó también en dirección hacia la chica para no dejarla avanzar un paso más.
– Tú debes ser K. Mucho gusto, soy Athena Asamiya. – Se presentó con la mano estirada. K miró su mano con desconfianza, luego la miró a ella, por alguna razón ésta chica le recordaba a la rubia. Era joven, linda y casi tan delicada como ella.
-- ¿Disculpa, te conozco? – Le preguntó confundido de que supiera quién era él.
– Soy amiga de Kula, ¿Podemos conversar? – Le dijo.
K sintió que se le erizaba la piel.
-- ¿Ella te envió? – Le preguntó inmediatamente.
– No sabe que estoy aquí, vine por cuenta propia. – Habló sería. Luego cambió su semblante a uno más ameno y prosiguió.
-- No te preocupes, no soy amiga de Shingo y sus matones, así que, ¿Qué dices? ¿Te puedo invitar a un café para que conversemos? – Le preguntó amable.
K no vio malas intenciones en la chica, así que aceptó la invitación. Debía admitir que sentía curiosidad por saber qué hacía en ese lugar.
Hacía bastante frío, de las calles emanaba el vaho y la gente se veía apresurada comprando sus regalos. Miraba por la ventana de la cafetería mientras llegaba el pedido de él y la chica. -- ¿Y qué querías hablar? – Preguntó fingiendo desinterés.
– No creo que lo recuerdes pero, estuve una vez en tu apartamento cuando Kula cuidaba de ti por tus lesiones, fui a dejarle los apuntes de ese día, porque había pasado la noche contigo y había tomado la decisión de no ir a la universidad para ver que estuvieses bien. – Soltó de pronto la chica de los cabellos púrpuras.
K no recordaba nada de aquel día, solo recordaba a Kula en el suelo estudiando con los cuadernos regados en el piso, estaba bajo los efectos de las medicinas, por lo que había dormido casi todo el día, por eso no recordaba aquella visita.
– No lo recuerdo. – Dijo sin quitar la vista de la ventana.
– Eres un chico de pocas palabras, Kula me lo dijo en más de alguna ocasión, adoraba que fueras así de enigmático. – Expresó mientras revolvía su chocolate caliente. K la miró.
-- ¿Cómo está? – Preguntó quitando la vista nuevamente de la chica.
– Aún en lo de su tía, no volvió a casa después de los exámenes en la universidad. No quiso hablar con nadie. De hecho, me preocupa un poco su estado de ánimo, ni siquiera volvió a sus clases de patinaje. – Comentó mirando por la ventana.
K sintió un pequeño dolor en su pecho, eso quería decir que, a pesar de la drástica decisión que había tomado en torno al bienestar de la rubia, no había valido mucho la pena.
No dijo nada, solo bebió un sorbo de café para pasar el amargo de las palabras, encendió un cigarrillo. ¿Y si Whip tenía razón?.
La chica que tenía en frente siguió hablando.
– Conozco a Kula desde que teníamos siete años, por lo que he visto cada uno de sus cambios en la vida hasta convertirse en la bella chica que conoces. La he visto ser feliz y luego perder una parte importante de su vida, y luego recobrarla cuando te conoció. – Comentó mirando fijamente al peli blanco. Como veía que no obtenía mayor respuesta de él, prosiguió.
–A lo que voy es que, sé que algo como lo de ustedes no puede acabar de forma tan abrupta, no la hagas sufrir de la manera que lo estás haciendo. Sé que no fue tu intención lastimarla, pero me entristece ver que Kula está llevando todo esto. – Le explicó.
– La decisión está tomada niña, lo que siente ahora pasará con el tiempo, solo seré un recuerdo amargo en su vida. Eso no se compara al futuro que tiene por delante si la dejo ir. – Dijo con dureza.
– No creo que pueda existir una persona tan fría y desinteresada como para decir que no le importe lo que Kula está pasando por lo que has decidido. Se que aún puede existir una alternativa, aunque sea mínima. . Por eso te he buscado, el fuego que hay entre ustedes no se puede apagar por terceros. – Le dijo mientras probaba el líquido espeso de su taza.
-- No tengo por qué darte explicaciones de lo que haga con Kula chiquilla, pero eres su mejor amiga y así puedes tener otra visión de las cosas. Lo que siento por Kula no se compara con nada ni nadie. Por eso escogí entre dejar ir a la mujer que más quiero para que pueda ser feliz en el futuro y no me odie por haberle arruinado su vida. No podría vivir sabiendo que ella sintiera eso por mi. – Dijo el peli blanco mientras le dirigía una mirada honesta a la chica.
Athena no pudo evitar sentir su corazón encogerse con lo que el peli blanco le decía.
-- ¿Acaso no te das cuenta que Kula hubiese escogido bajar hasta los mismos infiernos con tal de no alejarse de tu lado? – Le increpó Athena.
K exhalaba el humo por su boca.
– Kula es la chica más dulce y bella que conozco, es la chica más atenta y dedicada con todos, pero también tiende a ser muy complaciente algunas veces. Nunca la vi desobedecer a su padre o a su padre. Cuando él murió, para su madre y su hermana se les hizo más fácil manipularla a su antojo, logrando que Kula no llegase a pensar o decidir por sí misma en muchas ocasiones. Pero cuando te conoció, todo eso cambió. Llegó hasta el punto de enfrentar a su madre con tal de hacerle ver lo buena persona que eres, sé que es así.
Verás, lo que intento decir es que Kula cambió en el buen sentido contigo, no había nada de malo en su relación. Tú la ayudaste a que volviera a ser como antes, la dulce chica angelical que le gustaba patinar y dar todo de sí, incluso sacrificarse si era necesario por quien lo mereciera. Ella hizo un sacrificio por ti K. – Le confesó.
El peli blanco permanecía en silencio mirando el cigarrillo consumirse en el cenicero.
– Por favor, sé que la quieres mucho, piensa en eso, estamos en una época tan bonita en donde expresar lo que sientes se vuelve el mejor regalo para la persona que amas. – Le pidió.
– No te conozco muy bien aún, y espero poder hacerlo en un futuro, pero sé que aceptaste mi invitación de buena fe porque aún la quieres y eso me da la esperanza de que no todo está perdido entre ustedes. Aún puedes recuperarla. Sabes en tu interior que es lo que quieres. – Le dijo mientras pedía la cuenta al garzón.
K se quedó unos instantes sentado mientras veía salir a la amiga de la rubia para tomar un taxi. ¿De verdad había sido un imbécil cobarde como decía su hermana por haber dejado ir a la única chica que había llegado a su corazón?.
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Kula se encontraba en la habitación de huéspedes que la Tía Roxy tenía en su casa. Desde la ruptura con K, solo salió cuando Athena y Kensou la visitaron y la obligaron a ir por unos bocadillos dulces a una pastelería para subirle el ánimo. De eso había pasado una semana, los exámenes habían finalizado bien para ella, a pesar de que la mayoría de las veces sus pensamientos eran ocupados por él, lloraba tan solo recordarlo. Su tía intentaba subirle el ánimo preparando sus postres favoritos, pero siempre contestaba que no tenía apetito. En las noches que no podía dormir, sacaba de su mochila una cajetilla de cigarrillos que había comprado a escondidas para fumar en la ventana mientras escuchaba a Cocteau Twins. No tenía ánimos para nada. La performance de sus alumnos que había preparado durante los últimos tres meses, ahora le era indiferente, pues había dejado a cargo a su reemplazo, quien se encargaría de coordinar los últimos detalles del acto que ella solía preparar con sus niños cada día antes de navidad. Su celular se hallaba en un rincón de la habitación, tenía tres llamadas perdidas de Whip, solamente habló con ella para comentarle que K y ella habían terminado, pero que no se preocupara por la boda, estaría ahí en su día especial para compartir con ellos, después de todo, era un momento solemne para ella y Máxima, no para su hermano. Estaba recostada en la cama mientras escuchaba música con las cortinas y luces apagadas, cuando escuchó que llamaban a la puerta.
– Hija ¿Puedo pasar? – Hablaba su tía desde el pasillo.
La rubia se secó las lágrimas y abrió la puerta, para su sorpresa no estaba sola, su madre estaba con ella.
– Genial, me vendría excelente un sermón ahora tía. – Contestó pesimista. Pero Diana intervino al ver a su pequeña tan frágil con los ojos hinchados y más delgada de lo normal. – Kula, querida, no vengo a seguir con esta estúpida pelea que nos mantiene separadas, vengo en son de paz mi niña, solo quiero que conversemos. Si quieres, Roxy nos puede acompañar para que no te sientas incómoda conmigo. – Le dijo su madre.
Kula se sentó en medio de la cama y las invitó a pasar.
– Espero estés contenta mamá, has logrado que K terminara conmigo cuando le conté que habías decidido no pagarme la universidad. Sintió que era el culpable y me dejó. Ahora no tengo no tengo novio ni carrera. – Le dijo con pesar en sus palabras.
– Lo siento hija, me he apresurado a los hechos cuando ni siquiera le di una oportunidad a tu novio, y ahora estás sufriendo por mi culpa. Si te parece bien puedes volver a la casa cuando quieras mi niña, te extraño mucho. – Le dijo con tristeza.
– Debiste haber pensado en todo esto cuando le creíste a Candy en lugar de ver lo feliz que era con K. – Le contestó.
– Lo sé hija, por eso estoy acá, no es necesario que me perdones ahora. He decidido cancelar la fiesta anual de negocios en navidad para pasarlo con ustedes solamente. Solo quiero ver a nuestra familia unida y contenta, es algo que no he hecho y que se los debo en memoria a tu difunto padre. – Le dijo mientras limpiaba una lágrima que caía desde la mejilla de la rubia.
– Quiero que sepas que nunca quise que sufrieras, me cegué pensando que lo mejor para ti era que nadie interfiriera en tu vida, y me equivoqué con la idea de protegerte del mundo cuando no fui capaz de ver que era yo la que te lastimaba pequeña. – Le dijo con la voz temblorosa, estaba a punto de llorar.
– Mamá, yo te perdono, eres mi madre y sé que lo que dices es cierto, pero ahora no puedo estar feliz porque tengo mi corazón destrozado. Yo lo quiero mucho, y si no puedo estar con él, qué sentido tiene todo esto. K terminó conmigo para que tú me perdonaras y no se viera afectado mi futuro si lo escogía a él. Pero ya nada de eso importa, ha terminado conmigo y me duele demasiado el hecho de que no estaré más con él. – Le dijo entre sollozos.
– Lo siento princesa, prometo nunca más intervenir de esa forma en tu vida, no quiero que volvamos a tener una discusión tan tonta como ésta. Prometo no ser una madre prejuiciosa con ninguna persona a la que quieras mi niña. – Le dijo al mismo tiempo que trataba de reconfortarla con un abrazo maternal.
– Si me permiten dar mi opinión, creo que tú mi querida hermana, debes aceptar que Kula ya no es una niña y que ella debe ver qué o quién es lo mejor para su vida. Debes dejar que ella viva por su cuenta, que si se equivoca será una responsabilidad que deberá asumir por ella misma. Con sobreprotegerla solo ganarás que ella dependa de ti y no sea capaz de madurar y saber qué camino elegir, deja que sea libre Diana, después de todo, en eso consiste el amor, en dar la libertad necesaria a la otra persona para que pueda admirar el mundo bajo tu tutela, y si necesita amparo volverá a tu lado, porque eres su madre y eso nunca va a cambiar. Y tú mi niña, nadie dijo que sería fácil el camino del amor, es la primera vez que te enamoras y debes saber que esto no termina aquí, sé que K no quisiera ver que la decisión que tomó por tu bienestar ha causado un dolor irremediable en ti porque sé que te ama. Saldrás adelante porque eres una mujer fuerte. Ya verás que tu corazón sanará con el tiempo y solo será un recuerdo lejano que te enseñará que el amor trae consigo un montón de dicha, pero también desolación, y debes estar preparada para cuando eso pase mi niña. – Le dijo.
Las palabras calaron hondo en cada una de ellas provocando que las lágrimas fluyeran libremente por cada una, luego se abrazaron y dieron por terminada aquella riña.
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Kula permaneció durante dos días más en la casa de la tía Roxy, por lo menos esta vez se había levantado para comer el desayuno junto a ella.
– Gracias tía, no sé qué haría sin tu ayuda, eres mi ángel protector. – Le dijo mientras miraba los waffles que le había preparado. – No tienes porqué agradecerme mi niña, siempre estaré para ayudarlas, somos una familia, y la familia debe estar junta en todo momento, no debemos dejar que los detalles nos alejen. – Le dijo mientras se llevaba a la boca un gran trozo de waffle.
– Por lo menos pasaremos la navidad entre nosotras y no en esa estúpida fiesta con gente a la que le encanta fingir que le interesa la caridad realmente. – Le dijo aliviada.
– Eso es bueno, yo tampoco me sentía cómoda con tanto aburrido hablando solo de negocios. – Le dijo riéndose.
– Creo que lo que sigue es enfrentar a Candy, no puedo volver a la casa sabiendo que ella y yo no hemos hablado hace más de un mes. Debo conversar con ella. – Dijo decidida.
– Me parece excelente hija. – Manifestó apoyando su decisión.
Ese mismo día, Kula regresó a casa con un objetivo, enfrentar a su hermana. Cuando entró, dejó sus cosas en el living y subió las escaleras directamente a la habitación de Candy, golpeó la puerta, por lo que no tardó en abrir pensando que era su madre quien había olvidado algo, sin embargo, grande fue la sorpresa que se llevó la rubia de cabello corto, su hermana con la que no había conversado hace más de un mes estaba frente a ella.
– ¡Hermana! – Anunció con evidente asombro.
-- ¿Puedo pasar? – Preguntó.
– S-sí – Le dijo con la voz temblorosa. Estaba nerviosa. Sabía que su hermana estaba ahí para saldar cuentas con ella.
Kula se sentó en la cama, miró todo a su alrededor, su alcoba era bastante espaciosa, igual que la de ella, aunque distintas en cuanto a estilo. Kula tenía menos cosas en su habitación, era sencilla en relación con la de Candy. Hasta en esas pequeños detalles parecían no congeniar nunca. ¿Había sido tan ciega al no ver como era realmente su hermana? Su semblante pareció ensombrecerse.
– Supongo que sabes a lo que he venido. Mamá me visitó anoche en casa de tía Roxy. Esperé que también estuvieses ahí, pero me equivoqué. Dime ¿Por qué llegaste a ese extremo Candy? – Le increpó.
– Y-yo no sé a qué te refieres Kula. – Le dijo nerviosa.
– Sabes perfectamente de lo que estoy hablando, creo que tu cinismo y tus celos fueron demasiado lejos. Lograste que K cayera en el hospital por alentar al estúpido de Shingo y sus matones amigos que masacraran a quien no tiene culpa en nada. Si querías estar con Shingo no debiste caer tan bajo como para sabotear lo que tenía con K y permitir que ellos nos tratarán de esa manera. Le dijiste cosas horribles de K a nuestra madre y tuve una discusión que por suerte se dio por finalizada. ¡Intestaste sabotear mi vida! – Le gritó.
– Kula yo… no quise que terminara de esta forma, pero todo se me fue de las manos. Empecé a salir con Shingo y sentí que por primera vez k no era una sombra tuya. Que por primera vez tenía la atención en mi del hombre que había amado toda mi vida. – Le dijo apenada.
– Lo siento hermana. – Agregó.
-- ¿Cómo pudiste? ¡Eres mi hermana y siempre te amé, nunca traté de hacerte sentir menos como tú siempre lo hacías Candy! – Levantó la voz.
– ¡Kula perdóname! no pensé que… -- Fue interrumpida.
– Te alegrará saber que K ha terminado conmigo, que tengo una herida que no sanará en mucho tiempo, y eso se debe a tus estúpidas manipulaciones Candy. Lo hecho, hecho está, espero que puedas vivir con la culpa de haber destruido algo que me hacía feliz. – Dijo con disgusto.
– Creí qué estaba bien si por una vez en la vida era feliz en tu lugar hermana. – Soltó de pronto. Una lágrima caía por su mejilla.
– Candy, tu egoísmo te impidió ver que estabas equivocada, espero que tú y Shingo sean muy felices. Después de todo, eso era lo que querías. No esperes que me alegre por tu noviazgo, y menos que cruce una palabra con él, porque no soy como tú, hermana, no miento cuando algo no me parece, y espero de corazón que algún día la vida no te golpee tan duro como lo hizo conmigo. – Le dijo mientras se levantaba de la cama de su hermana y se dirigía a su propia habitación. Candy apretaba sus puños por el coraje y el atrevimiento de su hermana. Ella había ganado esta vez y Kula no le arrebataría la felicidad que sentía por sus estúpidas palabras.
--
Quedaban tan solo días para navidad, Kula miraba por la ventana del taxi que solía tomar cuando necesitaba salir de casa rumbo a cualquier parte para no pensar en K, por más que lo intentaba, sentía su corazón palpitar fuera de sí cuando oía una motocicleta pasar pensando en la posibilidad de que podía ser él quien se detendría a su lado y lo volvería a ver. Ganas no le faltaban de visitar el apartamento, pero sabiendo el temperamento del peli blanco y la decisión que parecía no tener retorno, era mejor dejar que el tiempo curara sus heridas, ya que él no volvería por ella. Habían quedado con Athena en el centro comercial para buscarle un regalo de navidad especial a Kensou.
-- ¿Por qué de pronto siento que no me estás contando todo amiga? – Le preguntó ella.
– Tomemos un descanso de las compras y te contaré todo lo que ha pasado entre él y yo. – Le dijo coqueta mientras la jalaba del brazo en el centro comercial para llevarla a una cafetería.
– Amiga, estás más delgada que nunca, debes comer para tener fuerzas y poder patinar en la noche previa a navidad, sino tus niños sentirán que les has fallado. – Le dijo a modo de regalo.
– No creo que este año pueda hacerlo amiga, mi reemplazo se llevará el crédito de la actuación esta vez. Además, te he preguntado acerca de lo que pasa entre tú y Kensou, así que no me cambies el tema Athena. – Le dijo con fingido enojo.
– Está bien, está bien. He decidido darle una oportunidad a este chico, la verdad nunca estuve completamente segura de lo que sentía, pero una noche en la que salimos por unas cervezas los dos solos todo cambió, fue maravilloso, hicimos el amor durante toda la noche en su casa, sus padres están de viaje aún así que he estado todos los días con él desde ese momento. No me creo haber sido tan ciega y tan tonta de no darme cuenta que mi hombre soñado estuvo a mi lado durante todo el tiempo. Eso me ha ayudado a tomar la decisión de ver qué tal nos va como pareja, pero la verdad es que es encantador, no es como solía verlo, es un hombre de tomo y lomo amiga. Kensou es el hombre que había estado buscando. Llevamos tres semanas y ya siento que lo amo. – Dijo llevándose sus manos a las mejillas para cubrir el rubor que asomaba en ellas como una adolescente.
– No quería comentártelo aún por lo triste que estabas por lo de K, me sentía egoísta de ser una chica feliz y enamorada y no podía soportar la idea de verte destrozada a causa de eso. – Finalizó.
Kula negó con la cabeza.
– Tontita, eres mi mejor amiga, y nunca sentiría que eres egoísta conmigo por ser feliz. Me siento muy contenta por ustedes, y que por fin te hayas dado cuenta de que Kensou era el chico maravilloso, caballero y atento que siempre tuviste tras de ti, pero que nunca quisiste ver tras las intenciones del pobre de Kensou. Así que debemos salir para festejar que el amor ha triunfado por lo menos. – Dijo mientras sonreía sinceramente.
– ¡Te adoro amiga mía! ¡Soy tan feliz que podría gritar de la emoción! – Le dijo saltando para abrazar a la rubia.
Kula alcanzó a responder el abrazo y conseguir el equilibrio para no caerse al suelo por el efusivo abrazo de Athena. Luego la chica del cabello púrpura se reincorporó en su asiento cambiando su semblante a uno mas serio.
– También me he encontrado a K. – Soltó sin escrúpulos.
Kula se atoró con el chocolate caliente que estaba tomando. Abrió sus bellos ojos magenta como huevo frito.
-- ¿Te dijo algo? – Preguntó ansiosa.
– Hemos tenido una pequeña charla, ya sabes que él no es expresivo. Pero logré sacarle con mucho esfuerzo que él aún te quiere, y que lo que te dijo, lo hizo para protegerte de él y de que te distanciaras con tu familia. Debo decir que me pareció tierno. Se ve que no es un chico malo, y que aún se preocupa por ti. Le dije que no te diría, pero has estado tan triste que siento que son buenas noticias querida amiga. – Le dijo a la chica de los cabellos dorados.
Kula sentía que su corazón saldría disparado en cualquier dirección. Luego, su semblante cambió por uno lleno de tristeza.
– Pero él dijo que no volvería, me lo dejó bastante claro. – Dijo casi en un susurro.
– Eso no lo sabemos. El tiempo se encargará de saldar lo que hay entre ustedes, yo creo que esto aún no ha terminado. – Le dijo mitras se acababa su pastel de manzana.
Kula constantemente sentía un nudo en su estómago, lo que impedía que probará bocado alguno. La pena y la ansiedad la habían llevado incluso a comprarse una cajetilla para sentir el recuerdo cercano a K que luego se desvanecía como el humo del tabaco. Aún no quería olvidarlo, a pesar de todo, se mantenía como una tonta esperando día y noche que K se apareciera en las afueras de su casa para volver con ella.
Cuando pasaron por una tienda de souvenirs vio algo que le llamó la atención. Un llavero con la forma de una dendrita estelar que tenía en el medio una llama que parecía resplandecer junto a la figura que la sostenía. Se devolvió inmediatamente para comprarlo, ese llavero expresaba a la perfección su antigua relación con el peli blanco. Una llama intensa resplandecía en conjunto con aquella dendrita.
– Pienso que es el regalo perfecto amiga. – Le dijo cuando se asomaba sobre su hombro para mirar el pequeño obsequio que tenía en sus manos.
– Solo espero tener el valor para entregárselo algún día. – Kula lo acercó a su pecho y lo guardó celosamente en su cartera.
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Elfin de semana que vino después del encuentro con Athena, K comenzó a dudar de si lo que había determinado, estaba bien, quizá no debía haber sido tan drástico, pensaba. Pero era por su bien, su vida volvería a ser como antes de que se conocieran. Y él regresaría a la soledad, sin embargo, algo no encajaba con la idea. Echaba de menos a la chica, y su almohada aún conservaba un recuerdo lejano del perfume de la rubia. ¿De verdad quería que las cosas terminaran de esa manera?. Llamó al celular de Máxima.
-- ¡Hola compañero! – Contestó desde la otra línea.
– Necesito hablar, pero no por acá. Vamos a un bar. – Le contestó el peli blanco.
Su amigo tenía una idea de lo que quería platicar, pero como a K no le gustaba ningún tipo de hostigamiento que tuviera relación con obligarlo a que dijera lo que sentía, simplemente esperaba a que acudiera a él. Siempre era lo mismo, por algo era su mejor amigo, lo conocía demasiado bien.
– No hay problema, ¿Dónde quieres que nos encontremos? – Preguntó Máxima.
– En el Ride to the World . – Le indicó.
– Ahí estaré compañero. ¿Nos vemos a las ocho? – Le preguntó el grandote.
-- Sí, como sea, te veré ahí. – Respondió.
– Es una cita, ve guapo chico. – Cortó la llamada mientras contenía la carcajada. No había momento en que no pusiera a prueba la paciencia de K.
La hora llegó y K estaba puntual, era una noche muy fría, por lo que llevaba puesto un suéter negro de cuello alto, y su inseparable chaqueta de cuero que cortaba el gélido viento a través de su motocicleta. Llevaba cinco minutos en el recinto, cuando vio a su amigo entrar por la puerta del bar. Máxima lo divisó en la barra, se sentó junto a él y la chica de la barra se acercó para tomar sus pedidos.
– Dos whisky con hielo por favor. – Pidió el hombre mayor por los dos.
K dejó su cajetilla de cigarros en la mesa para disposición de ambos. La mujer no tardó en volver con el pedido de ellos.
-- ¿Qué es lo que quieres hablar? – Preguntó el tipo macizo al peli blanco.
– Si mal no recuerdo lo que hablamos la última vez que me encontraste en el suelo de la habitación, me dijiste que había sido un cobarde por dejarla ir tan rápido. ¿De verdad fui un cobarde? – Preguntó mientras bebía un sorbo del trago.
– No dije que lo fueras, dije que no sabía si eras un imbécil por dejar ir a la mujer que aún te tiene enamorado, o si habías sido generoso en haber hecho ese acto de sacrificio por dejar a un lado lo que sientes y dejarla libre para que su futuro no se viera alterado por tu culpa. – Le aclaró.
El peli blanco encendió otro cigarrillo, Máxima le siguió también.
– Pero sí lo que quieres escuchar es que es mejor dejar las cosas así y optar el camino más fácil, puedo decírtelo. Aunque no es lo que realmente pienso. Pero, eso debes decidirlo tú. – Le dijo mientras movía los dedos siguiendo el ritmo de Fractured Love de Def Leppard.
– La verdad es que no tengo idea de lo que debo hacer. Nunca he estado en una situación similar, con otros problemas me ha sido fácil mandar todo al carajo, pero ella… no lo sé Máxima. Me gustaría fingir que nada de esto ha sucedido, pero no puedo. – Se sinceró.
– ¿La extrañas? – Le preguntó el grandote.
– Demasiado. – Dijo acompañando la confesión con suspiro.
– Entonces ahí está tu respuesta. – Expresó.
– Una amiga de ella estuvo la otra noche en el taller mientras hacía papeleo pendiente. Me dijo algo muy similar. – Le explicó.
-- ¿Qué más pruebas necesitas K? Sabes que cometiste una decisión apresurada y pecaste de ingenuo al pensar que las cosas se iban a solucionar si la dejabas sola, cuando lo que realmente hubiese servido, era que la apoyaras. Pero, no creo que sea tarde para enmendar tu error. Así que, si necesitas el valor para admitir que te equivocaste, tranquilo amigo que la otra ronda corre por mi cuenta si quieres recuperarla. – Le dijo finalmente.
– Recuperarla. – Repitió, y tomó su trago hasta que no quedara ni una sola gota.
La víspera de navidad llegó y ningún alma deambulaba por las calles, por primera vez celebraban en la casa de Whip junto a una linda cena preparada por ella. Había pedido el día libre para hacer los preparativos de la noche. Máxima y K se encontraban en el sillón del gran comedor bebiendo unas cervezas.
-- ¿Has pensado lo que conversamos la otra noche en el bar? – Preguntó Máxima.
– Sí, pero no quiero que la entrometida de mi hermana escuche, de lo contrario no me dejará en paz hasta que vaya por ella. – Le dijo mientras miraba hacia la cocina en donde se encontraba la castaña tarareando melodías navideñas.
-- ¡Sabía que recapacitarías amigo! – Le contestó animado.
-- ¡Cállate idiota! Acabo de decirte que no quiero a Seirah sobre mi y gritas a todo pulmón lo que quiero mantener en secreto. – Le dijo fastidiado.
– Está bien, disculpa Romeo. – Le dijo levantando las manos en señal de disculpas.
-- ¡La cena está servida chicos! – Gritaba desde la cocina mientras llevaba el pavo para la mesa.
– He hecho la receta de mamá en esta ocasión tan especial, espero les guste. Podemos comenzar. – Anunció.
– Sin duda te luciste este año querida, todo se ve delicioso. – Expresaba cariñoso mientras tomaba de la mano a la castaña.
– Gracias amor, me he esforzado porque K ha decidido pasarlo con nosotros. Lo que significa mucho para mí. Papá y mamá estarían felices de vernos acá como en los viejos tiempos. – Dijo con un poco de emoción en su voz.
K comía en silencio mientras escuchaba lo que decía la castaña.
– Se que puede ser un poco difícil para ti, pero realmente agradezco que hoy estés aquí hermanito. – Expresó al mismo tiempo que estiraba su mano para tocar la suya.
-- Hermana ¿Quieres que vomite? Estoy en lo mejor de la cena y tú empiezas con cursilerías. – Le dijo fingiendo molestia. Sabía cuánto le había costado estar ahí, en la casa a la que no había vuelto hace años por no soportar el dolor de no estar con ellos para estas festividades, ya que siempre decidía pasarlas solo. Pero ese año, al conocerla, pudo darse otra oportunidad en ese aspecto también, pudo perdonarse, algo que agradecía en su interior, pues comprendió que la vida era una sola y que debía vivirla en lugar de estar atormentándose con él pasado.
– ¡Hey Grinch! Arruinas la navidad – Habló divertido el grandote.
– ¡Tú cállate idiota! – Le dijo.
--¡Auch! – Se quejó el peli blanco al mismo tiempo que acariciaba su hombro debido al golpe que le había propinado la castaña.
– Ya vengo, tengo preparado una sorpresa para ustedes. – Anunciaba Seirah mientras se dirigía a la cocina.
– ¿Ves? Todo el mundo merece una oportunidad amigo. – Le dijo golpeado suavemente su codo con complicidad. K le lanzó una mirada que prometía venganza si su amigo grandulón hablaba demás.
Cuando dieron las doce, hicieron entrega de los presentes, luego de un abrazo. K miraba nervioso la hora. Cuando se encontraban en la chimeneas, fue por su chaqueta y algo más que guardo celosamente en su bolsillo.
– Saldré a tomar un poco de aire. – Anunció a la pareja.
-- ¿A esta hora y con este frío hermano? – Expresó la castaña abrazada de Máxima.
– Volveré pronto, no tardo. – Dijo cerrando la puerta tras de él.
Encendió su motocicleta y emprendió camino a Rich Residential District. Hacía mucho frío y todo indicaba que se vendría una nevada navideña. Cuando llegó a la casa de la tía de Kula, notó que todas las luces estaban apagadas, no había nadie, así que emprendió rumbo a la casa de la rubia, esperaba encontrarla allá, por lo menos las cosas se habían solucionado al parecer, anhelaba que fuera así. Cuando llegó a la casa de la rubia, detuvo su moto y la estacionó unas casas antes para que el sonido no lo delatara. Caminó hasta la puerta, no sin antes ver por la ventana que la chica se encontraba en el comedor justo a su familia. Sonrió al verla tan radiante y feliz conversando con su tía, se veía preciosa con ese suéter lila que dejaba al descubierto sus delgados hombros y unos jeans clásicos azules. Su cabello estaba recogido con una trenza del lado derecho que le otorgaba un toque tan tierno y bello. Sacó de su bolsillo la cajita morada, luego dejó su cruz en ella junto a una nota que decía "Para Kula". Sintió su estómago revolverse por los nervios de hablar con ella, quizá en otra ocasión podría hacerle frente, no quería arruinar su momento íntimo con la familia. Así que, tocó el timbre y dejó la cajita en le suelo junto a la pequeña nota, luego se dirigió a la moto rápidamente para observar la reacción de ella. Por suerte, quien abrió la puerta no fue la rubia, sino su madre. Ello miró hacia todos lados, luego se dio cuenta del presente que se hallaba en la alfombra de bienvenida, miró la nota que decía ser para su hija, fue ahí en donde lo vio a la distancia. Esperando en su moto. Sonrió y fue rauda donde su hija.
-- ¿Quién era, madre? – Le preguntó la rubia.
– Es para ti. – Le dijo enternecida y luego le entregó la cajita junto a la nota.
Kula miró intrigada la cajita, sin duda era bastante linda. Abrió la caja y vio la cruz del peli blanco. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Luego desdobló la nota que decía: "Feliz navidad gatita" . Corrió hacia la puerta para alcanzarlo, pero no lo logró. Lo vio alejarse en su moto. – Feliz navidad tigre. – Susurró mientras las lágrimas caían por sus ruborizadas mejillas. Tomó la cruz y la aferró a su pecho al mismo tiempo que una sonrisa se escapaba de su boca mientras comenzaba a nevar. Realmente existían los milagros de navidad.
