Hola, un nuevo año para comenzar, y un capítulo para leer. Espero les guste, feliz año nuevo.
Capítulo XV
Amour
Después de volver a la casa de su hermana, Máxima supo que su amigo necesitaba un trago, se removió del abrazo de Whip que yacía dormida junto a él en el sofá, fue a la cocina y sacó un whisky que había en la despensa, lo guardaba para ocasiones especiales sin duda, esta era una de ellas. Se dirigieron a la terraza para admirar la nevada navideña.
– Aquí tienes Romeo, te lo ganaste por hacer las cosas bien esta vez. ¿Dijo algo? – Preguntó interesado.
– No se lo entregué en persona, no creo que quiera conversar conmigo aún, le regalé mi cruz con la idea de que me perdone algún día y podamos conversar. – Le dijo mientras encendía un cigarrillo y bebía a grandes sorbos como si el alivio a su ansiedad estuviese en la última gota.
– Hiciste lo correcto amigo. – Expresó.
K miraba el cielo esperando que así fuera, sin embargo, la extraña paz que sentía en su interior luego de haber visto a Kula aunque fuese desde la distancia de su casa celebrando con su familia, le hacía sentir que esta vez había hecho lo correcto. Ambos merecían otra oportunidad, y esperaba que ella pudiese dársela a él.
La víspera de año nuevo llegó en casa de los hermanos que se encontraban celebrando con algunas parejas y amistades invitadas. La cuenta regresiva se oía por toda la casa. K se encontraba en el bar mirando como la alegría de esperar un nuevo año era una completa parafernalia para las personas, bebía cerveza cuando su amigo se le acercó con cotillón en mano, le ofreció una copa de champagne para brindar por un nuevo año y lo bueno que les esperaba.
– Feliz año nuevo compañero. – Anunció animado golpeando suavemente la copa con el amigo de toda su vida.
– Lo mismo digo idiota. – Dijo con una sonrisa de medio lado.
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Kula se encontraba junto a sus amigos y familia en su gran casa a la espera de un nuevo año que prometía cosas interesantes. La cuenta regresiva que anunciaban al unísono daba el toque de nerviosismo y felicidad de la festividad. Llegó el momento y todos se desearon felices y emocionados la bienvenida del nuevo año. Candy y Shingo también de encontraban ahí dando un espectáculo con manoseos y besos como si no hubiese mañana. Diana los miraba con desaprobación, iba a llamarles la atención cuando su hermana la sujetó suavemente de la mano.
– Están celebrando su unión, nada más hermana. Son jóvenes, deja que vivan el momento, sabes que ella siempre lo quiso. – Le dijo con complicidad.
– Pero es inapropiado como se comportan delante de los demás. – Inquirió.
-- ¿Acaso no recuerdas cuando nos escapábamos a la playa para revolcarnos con nuestros novios querida hermana? – Preguntó coqueta, provocando que la madre de Kula se ruborizara por recordar esos momentos. Entonces comprendió que debía dejar que sus hijas emprenderán su rumbo y cometiera equivocaciones para que aprendieran de la vida, ella sólo estaba para guiarla, no para intervenir. Miró a su otra hija que conversaba alegre con sus amigos, sólo esperaba que el chico que la había enamorado fuera más reservado.
Diana tomó el consejo de su hermana y se dirigió a otros invitados para dar el abrazo de año nuevo.
Kula y Athena se encontraban animadas charlando junto a Kensou que abrazaba a su novia por la cintura.
--¿Y has hablado con él después del obsequio? – Dijo la chica de los cabellos morados.
– Nada aún, me da un poco de nervios. – Dijo apenada con las mejillas ruborizadas.
– Si sigues perdiendo el tiempo, puede que sea tarde amiga. – Le aconsejó la Athena.
– Lo sé, pero siento que debo esperar el momento de conversar con él, además es inevitable que nos encontremos en la boda de su hermana. Y quedan tres semanas para eso aún. – Expresó. .
Shingo observaba a la rubia desde lejos mientras Candy conversaba con el resto de los invitados. Cuando vio que Kula se dirigía al otro a do de la casa para ir al tocador, se inmiscuyó entre la multitud y la siguió hasta alcanzarla.
– Así que te dejaron. – La increpó en un rincón cuando por fin se hallaban solos.
– No tengo nada que hablar contigo idiota. – Le dijo con desprecio.
--¡ Vaya, se te afiló la lengua de tanto juntarte con vagos al parecer pequeña. – Le dijo acercándose para intentar besarla.
– Prefiero mil veces mezclarme con gente sencilla y sincera que tiene más que ofrecer, que un perdedor que se jacta de haber golpeado a alguien que si no fuera por la ayuda de sus estúpidos amigos fracasados hubiese terminado él en el hospital por la paliza que le hubiesen dado. – Espetó al chico que la contenía en la pared.
– No importa lo que me digas zorrita, cuando menos lo esperes serás mía y ese imbécil no estará ahí para ayudarte. – Le Susurró en su oído provocando que la chica le diera un escalofrío en su espalda por la amenaza.
Kula sintió un fuerte hálito a cerveza que emanaba de su boca. Le dio un empujón y un golpe bajo en sus testículos para alejarlo de ella.
– Veo que no has cambiado, sigues siendo un completo imbécil. Solo espero que Candy se de cuenta pronto de lo que te has convertido. – Soltó con coraje mientras caminaba en dirección a la fiesta nuevamente. Shingo observaba a la rubia alejarse, sonrió para sí.
– Serás mía, te guste o no perra. –Habló mientras se encontraba de rodilla en el suelo por el dolor que le había causado la reacción de la rubia.
Kula volvió al lugar en donde se encontraba Athena y Kensou con un semblante serio.
-- ¿Pasó algo amiga? – Le preguntó al observar el rostro pálido y la respiración agitada de la rubia.
– Nada, sólo me sentí un poco mareada con el champagne. Comí muy poco durante la cena, debe ser por eso. – Dijo sonriendo para que sus amigos no se preocuparan de ella. Se percató que Shingo llegaba al lugar en donde se encontraba el círculo de su hermana actuando como si nada hubiese pasado, luego la miró y sonrió socarronamente. Era un maldito bastardo que solamente estaba utilizando a su hermana para llegar a ella. Candy debía saberlo, pero no quería arruinar la fiesta. Ya encontraría la oportunidad de hablarle cuando pasara la parafernalia de la festividad.
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Las festividades dieron comienzo a un año en el que las vacaciones de Kula daban inicio y prácticamente no sabía nada del peli blanco, quería llamarlo para quedar con él en algún lado y charlar de lo que pasaba entre ellos, pero sentía miedo de recibir una negativa por respuesta. Miraba el llavero de dendrita estelar que se encontraba en su velador. Quería dárselo como el obsequio de la cruz que ahora llevaba en su cuello. Acariciaba el collar y sonreía pensando en él. – Ya habrá una ocasión en la que podamos hablar. – Pensaba.
El día siguiente, la rubia recibió una llamada de Seirah a medio día.
– ¡Hola pequeña! ¡Tiempo que no hablamos! – Le dijo animadamente desde la otra línea del teléfono.
-- ¡Hola Whip, es verdad, ni siquiera nos hemos podido ver luego de todo lo que pasó.– Dijo sin querer recordar al hermano de la castaña.
– Es por eso el motivo de mi llamada, debo entregarte el vestido de dama de honor y el tapado para la boda que será la próxima semana, así que ¿Qué tal si nos encontramos en el L'Amor de South Town el martes? – Le preguntó.
-- ¡Claro! Me encantaría verte, podremos conversar tranquilamente en ese lugar, ¿A qué hora quieres que nos veamos? – Preguntó en respuesta a su ex cuñada.
– ¿Te parece a las ocho? – Consultó la chica.
– Ahí estaré. – Anunció la rubia.
El día acordado por las chicas había llegado, el lugar era semiformal, por lo que la rubia asistió a la cita con un vestido a media rodilla color ciruela bastante ajustado, tenía un escote en la parte trasera con detalles de encaje del mismo color a media espalda , y unos tacones negros que dejarían con un infarto a cualquiera, su cabello rubio se encontraba recogido con una coleta que dejaba caer su largo cabello con leves ondas que se había hecho durante la tarde. La castaña asistió con un vestido ajustado también, de color negro y un tajo a media pierna, zapatos de gran tacón similares a los que llevaba la rubia, ambas mujeres se veían como unas femme fatale. Whip ya se encontraba en la barra con su cartera encima, había pedido un Martini para esperar a su compañía. Kula la divisó al instante, Whip era una mujer con clase, elegante dentro de su simpleza, y con una personalidad encantadora.
-- ¡Te ves preciosa pequeña! – Le dijo cuando la vio llegar a su lado.
– Tú también te ves de maravilla, Whip. Debo decir que la víspera de tu matrimonio te sienta de bastante bien a diferencia del resto de las mujeres. Estás con un aura que encandila el lugar. – Le dijo con admiración a la castaña, provocando que la otra chica se sonrojara por el halago de la chiquilla que llegaba a su lado.
Había una mujer encargada de la barra, tenía un rostro bellos que resaltaba aún más con su cabello corto y rubio, se dirigió hasta la parte en donde se encontraban las mujeres y colocando especial atención a la rubia del vestido ciruela.
– Hola, hermosa, ¿Qué vas a pedir? – Le dijo coquetamente la mujer que vestía con el uniforme de los hombres que trabajaban en el lugar.
– Hola, sí bueno… quiero un Blue Margarita para mi por favor. – Respondió la rubia con un leve nerviosismo por la mirada penetrante de la Barwoman.
– ¡Oh Kula! Mi hermano es un verdadero imbécil por terminar contigo. Aunque, ahora que miro lo que llevas en el cuello, me da grandes esperanzas de que el tonto de K haya recapacitado dejando la puerta abierta para que las cosas se den entre ustedes. Sin embargo, siento que debemos hacerle pagar a K por haberte hecho sufrir Kula. Si te preguntas cómo lo sé, es porque estás más delgada que antes, tienes ojeras de haber llorado, detalle que no tenías cuando te conocí, aunque, eso no quiere decir que has dejado de ser la bella chica que conocí. – Le explicaba a la rubia que parecía un poco confundida con toda la información que soltaba de pronto Seirah.
– Me obsequió la cruz durante la víspera de noche buena, cuando intenté alcanzarlo ya había partido en su motocicleta, desde ahí que no he sabido nada de él. Solo espero que no se haya arrepentido. – Le dijo un poco apenada.
– Para nada Kula; verás, mi hermano puede ser un idiota en todo lo que te puedas imaginar, un gruñón de primera categoría y un cabeza hueca cuando se trata de ser delicado. Pero que te haya regalado el único recuerdo que le quedó de nuestros padres solo puede significar una cosa; y es que te ama, pero no es capaz de demostrarlo con palabras, sino con hechos, y eso, es la mayor prueba que existe de que lamenta haberse comportado como un imbécil contigo y hará que busque el momento de demostrarte que no quiere perderte. – Explicó a la rubia que se encontraba bastante atenta con la aclaración. Sin embargo, las palabras de la castaña la dejaron bastante tranquila con respecto a sus cavilaciones.
– Me gustaría mucho que fuera como tú dices, además, yo también tengo un presente para él, mas no he podido entregárselo. ¿Serías tan amable de entregarle esto? – Pidió la rubia sacando de su cartera la cajita azul con el llavero que había mandado s grabar con la siguiente inscripción:
"A pesar que el tiempo vence al infierno, no evita que reaparezca, en algún instante el fuego volverá."
– No tengo problema alguno con entregarle esto a K, no obstante, sería más significativo para él que se lo entregaras en persona, así podrías ver su reacción y pedirle las explicaciones correspondientes sobre la distancia que prefirió tomar después de tan importante presente. Es decir, no puedes hacer entrega de algo tan importante y luego hacer como si nada, no me malinterpretes querida, es mi único hermano y lo adoro con el alma, pero creo que debemos idear un plan de venganza para que el tonto de K se dé cuenta de lo que quiso perderse por ser un idiota presuntuoso. – Le dijo al mismo tiempo que reflexionaba acerca de la forma que podrían vengarse del peli blanco.
-- ¿Pero cómo puedo vengarme de K? No quiero lastimarlo. – Expresó con algo de temor la chica de la tez pálida en relación a lo que podía planear la castaña.
– No lo lastimarás físicamente, sino a su orgullo. No dejaremos que se quede con la idea de que puede recuperarte tan rápido. Le haremos el camino más difícil simplemente, y tengo al candidato perfecto para lograr nuestro cometido. – Dijo con actitud optimista.
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El día de la boda llegó y Whip se encontraba con los nervios de punta mientras se arreglaba junto a las damas de honor en su casa, Kula también estaba vestida para la ocasión, se veía despampanante en aquel vestido rojo vivo sin hombros con un corte francés recto en el pecho, tenía detalles asimétricos en la caída, dejando ver un poco más de la cuenta en sus medias de encaje a medio muslo, pues daban un toque demasiado erótico que sólo la rubia sabía que escondía. Athena se las había regalado con la intención de que las usara a juego con el vestido, venía también con un conjunto de lencería de encajes que llevaba puesto, como era una noche especial para su amiga y ex cuñada, aquel conjunto negro combinaba a la perfección, no tenía tirantes en el brasier, de manera que sus pechos firmes no necesitaban la suspensión de un agarre que los mantuviera en su punto gravitacional. Su cabello estaba tomado con un moño alto que dejaba caer los rizos de forma grácil, sus labios rojos que continuamente mordida por los nervios de volver s ver el peli blanco parecían hincharse levemente, tuvo el detalle de guardar la cruz de K para que no sintiera que tomaba con tanta importancia el obsequio, lo dejó celosamente en el bolsillo de su tapado negro felpudo que la novia había mandado a hacer a juego también con el abrigo de ella. Su estómago estaba hecho un nido de los nervios, así que decidió salir un momento para fumar en las afueras de la casa sin que nadie lo notara, salió sin su abrigo para no quedar con el aroma a tabaco y que Whip se diera cuenta y la regalara. Definitivamente no quería que su amiga, una novia con los nervios a flor de piel le llamara la atención sobre el mal hábito que había adquirido por culpa de su hermano. Terminó su cigarrillo y entró justo en el momento cuando los estilistas terminaron los últimos detalles en la novia, todas las miradas no tardaron en enfocarse a la protagonista de la velada. Seirah se veía preciosa en su vestido de novia con encaje blanco y mangas transparentes que se ensanchaban en sus Muñecas que le daban un aire medieval, tampoco tenía sin hombros, su cuello descubierto y delicado se encontraba adornado con una cadena delicada de platino que Máxima le había regalado cuando cumplieron el año de noviazgo. En la parte frontal, tenía un escote en forma de V en su pecho adornado con materiales brillantes y una cinta de satín en su cintura color plateado, que daban el detalle perfecto de la cintura deseada para cualquier novia, la parte inferior era acampanada y completamente de tul, lo que otorgaba una visión pulcra y elegante de la chica de los cabellos castaños que tenía una tiara con pequeños diamantes en su cabeza, que la hacía parecer una total princesa de la realeza, todas las damas de honor se emocionaron al verla tan bella y angelical, vestida para el día más importante de su vida. Lalimusina se encontraba en el estacionamiento, lista para partir al recinto en el que celebraría la unión con el amor de su vida.
La ceremonia fue emotiva y elegante en la iglesia. Cuando Kula caminó tras de las damas de honor, se unió en el altar en donde también se encontraba K frente a ella, como uno de los padrinos del novio. Vestía un traje azul, que hizo suspirar a más de una chica durante la ceremonia; sin duda había acaparado bastantes miradas de las invitadas y también de las damas de honor, no obstante, de quien principalmente estaba interesado por atraer su atención, parecía ignorarlo por completo. Kula lo había visto al inicio de la ceremonia. K no paraba de mirarla, se veía preciosa, sin duda su corazón se aceleró cuando la vio después de un largo tiempo, sus penetrantes orbes azules provocaron cierto nerviosismo en la rubia quien miraba atenta a los novios fingiendo no prestar atención a la mirada del peli blanco. Comenzaba el plan de la novia y la dama de honor para dejar en claro que el moreno no la tendría de forma tan fácil.
Cuando terminó la ceremonia y todos los invitados se dirigieron a la fiesta que seguía después en la recepción de un recinto bastante espacioso similar a una finca en las afueras de South Town. Kula llegó en el auto de Kyo, quien amablemente había sido presentado previamente por la novia.
– Whip me comentó que fuiste su cuñada por un tiempo. No le hubiese creído si no nos hubiera presentado. Lo cierto es, que me pregunto cómo pudiste soportar a ese sujeto tan arrogante. – Le dijo sin ningún pudor a la chica.
Kula sintió las palabras del hombre que la acompañaba, no obstante, Whip le había comentado aquella noche cuando se reunieron en L'Amor, que él y K tenían una rivalidad de egos desde el primer momento en que se conocieron, por tanto, no era de extrañarse que él hablara así del peli blanco.
– La verdad es que K tiene muchas cualidades positivas que el mundo no se permite ver en él. No es un mal chico, solo hay que tener paciencia y saber entender que él no es como el resto de los hombres. K es sin duda, único. – Dijo ella con un evidente rubor en sus mejillas.
– Veo que aún sientes cosas por él, nadie que conozca ha dicho cosas tan lindas por ese chico malas pulgas, definitivamente lo quieres mucho. Y sé que también siente lo mismo por ti. No paraba de mirarte cuando estábamos en la ceremonia. Y fue peor su cara cuando me acerqué a ti para llevarte en el auto. – Dijo mientras manejaba su Volkswagen Arteon del año.
– Quisiera que fuera así de fácil, pero no tengo como saberlo a ciencia cierta. – Se lamentó.
– Eso déjamelo a mí princesa, me encantará poner al límite a ese rabietas. Además, Yuki, mi prometida, no pudo asistir porque tuvo que viajar fuera del país para cerrar un contrato importante en su empresa. No se enfadará con que moleste al chico. Ella y Whip siempre nos mantenían a raya para que no termináramos en golpes. – Le propuso luego de comentarle acerca de su novia con el objetivo de que se sientes más tranquila la chica de la tez pálida. La rubia sólo asintió y tomó el brazo que el apuesto hombre le ofrecía para dirigirse a la misma mesa de los novios.
Cuando llegaron, Kula sintió que la sangre se le congelaba al ver a K con una chica a su lado que lo acosaba de tan cerca, sin embargo, se le veía algo enojado y fastidiado, no parecía tener interés en la zorra voluptuosa que se le ofrecía. Ella era la amiga que Whip y Máxima pensaban presentarle el día que había conocido a Kula, pero eso, ninguno de los dos lo sabía. Se sentaron y K inmediatamente observó a la chica de tez pálida que parecía no inmutarse por su presencia, estaba acompañada por alguien a quien no podía soportar, menos ahora que se encontraba tan cerca de ella; Kyo Kusanagi.
– Hola chicos, K, tanto tiempo amigo. – Lo saludó como si nada malo sucediera entre ellos.
– En primer lugar, no soy tu amigo Kusanagi. Segundo, suelta a Kula, ella es mía. – Le increpó al hombre.
– Vaya, no sabía que está chica tan bonita tenía tatuado tu nombre en su frente amigo. Además, por lo que tengo entendido, ella está sola y no hay nada de malo en que quiera hacerle compañía esta noche. ¿Verdad Princesa? – Le preguntó galante para lograr poner furioso al peli blanco, y vaya que lo estaba logrando.
– K, tus últimas palabras me quedaron bastante claras, además, tengo todo el derecho de estar en la boda de tu hermana con quien me plazca. – Habló de pronto para detener la tensión provocada por ambos en la mesa. Lo último que quería era que K se viera enfrascado en una pelea nuevamente por su causa. Sin embargo, los nervios la carcomían en su interior. Ver al peli blanco tan cerca pero no poder tener un contacto como antes con él la descolocaba. Para el moreno era peor, solo quería saltar sobre Kyo y golpearlo para llevarse a Kula y no dejarla ir nunca más de sus brazos.
K sintió que la ira se apoderaba de él en el momento que Kyo colocaba su brazo sobre los hombros de Kula, iba a detener aquella estupidez, pero los novios hicieron su entrada y todo el mundo les aplaudió. Llegaron a la mesa en donde se encontraban y comenzaron a servir la cena, luego los postres y el alcohol que dio paso al baile de los novios con la canción de fondo I don't wanna miss a thing de Aerosmith. El baile fue muy romántico, con pasos de coreografía que finalizaron con un tierno y apasionado beso. Todo el mundo volvió a aplaudir a la nueva pareja de recién casados. Se dieron unos discursos de algunas damas y de honor en conjunto a los padrinos, K, dijo unas breves palabras que parecían ser muy difíciles de pronunciar, luego vino una amenaza a su mejor amigo, como era costumbre, todo el mundo pareció entender que se trataba de una broma, en torno al cual, las risas no tardaron en oírse. Kyo también habló brevemente y les deseó prosperidad y felicidad eterna a la pareja. La pista de baile comenzó a llenarse, Kula miraba animada mientras bebía de su Martini seco.
--¿Bailamos princesa? – Le propuso Kyo.
La chica no dudó un instante, sabía que eso pondría furioso al peli blanco, así que respondió la invitación de su acompañante.
-- ¿Te quedarás sin hacer nada compañero? – Le dijo Máxima quien había presenciando todo lo que había sucedido en la mesa.
-- Ella ni siquiera me saludó. Al parecer mi regalo no funcionó como disculpas. – Le dijo con un tono sombrío mientras miraba a la rubia divertirse con el hombre que la había sacado a bailar.
– No creo que eso haya sido el problema chico, probablemente esté enojada porque no le hablaste en casi tres semanas. No esperes que ella responda con la mejor disposición K, sabes que Kyo solamente te está molestando, siempre ha sido así, le encanta hacerte enfurecer, porque, la verdad es divertido ver como cambia tu cara en solo segundos. Pero no creo que vayas a dejar que él se salga con la suya ¿O sí? – Le dijo sarcástico.
– Ten, te ayudará a tomar valentía para ir con ella compañero. – Le ofreció el trago y dejó una cajetilla de cigarrillos en la mesa. K aceptó, no sin antes fulminar con la mirada a su mejor amigo y ahora cuñado para toda la vida, él no necesitaba de un simple trago para adquirir valentía, no necesitaba esa clase de estupideces alentadoras. Bebía por placer, nada más, sin embargo, lo bebió hasta no quedar nada. Se levantó y pasó por el lado de la pareja de baile dando un leve empujón a Kyo. El chico solo sonrió con gracia a su bailarina acompañante que lo miraba preocupada.
-- No te preocupes, K tiene su propio sistema de códigos corporales para demostrar lo que siente, ahora solo quiere golpearme, pero le es más importante recuperarte, ya lo verás cuando vuelva, vendrá y te alejará para llevarte con él. Así tendrás nuevamente a tu propio rabietas. – Le dijo cómico. Kula sonrió pensando que esa posibilidad pudiese darle el chance de conversar con él, de tenerlo cerca una vez más.
K salió de la finca para fumarse un cigarrillo y calmarse con tal de no arruinar el matrimonio de su hermana y su mejor amigo al terminar en peleas como casi siempre era con Kyo. Estaba celoso, lo admitía, pero también tenía tanta rabia por que ella lo había ignorado. Eso no se quedaría así.
Después de haber terminado el cigarrillo, fue directo a donde se encontraba Kula bailando. – Tenemos que hablar. – Le dijo mientras entrelaza a sus dedos con los de ella y se la llevaba a las afueras.
-- ¡Espera K! – Le dijo cuando salían del lugar. Pero el peli blanco puso sus manos a la altura de su cabeza en la pared.
-- ¿Qué crees que hacías con ese imbécil? ¡Tú eres mía gatita! – Le dijo mientras sus labios se encontraban bastante cerca, ella podía sentir el aroma del whisky mezclado con cigarrillo emanar de su boca. Sin duda lo extrañaba, pero se armó de valor y lo encaró.
– K, tú finalizaste la relación que teníamos. No tengo porqué darte explicaciones innecesarias. Ya no soy tuya, solo era un pasatiempo con quien coger ¿Recuerdas? – Le dijo con el dolor que le era inútil esconder. Cada palabra era como una cuchilla gélida que atravesaba el corazón del moreno. No obstante, la oportunidad que ambos esperaban para tocar el tema por fin había llegado.
– ¿Sabes por qué te regalé la cruz? – Le preguntó sin separarse un centímetro de la rubia.
Ella fingió desconocer el motivo. Quería que K le dijera todo lo que sentía por ella.
– Aquello tiene un valor incalculable para mi. Nada se compara con lo que siento, es exactamente como me pasa contigo. Escucha, sé que fui un cobarde y me apresuré a los hechos sin siquiera pensar en lo que podías sentir tú con respecto a lo que había decidido de forma arbitraria. Te he extrañado como no tienes idea gatita, verte con ese imbécil me hizo pensar que no quiero compartirte con nadie jamás. Estoy dispuesto a dar mi vida si es necesario por ti, porque yo… -- No terminó de hablar porque la necesidad de besarla se hizo tan necesaria al ver su bello rostro, sus labios rojos abrirse ligeramente para respirar, su dulce olor, su mirada que imploraba más cercanía. No resistió las ganas y la besó tan apasionadamente que Kula dio un pequeño grito ahogado por sentir al peli blanco tan cerca, la electricidad que recorría todo su cuerpo parecía clamar por más. Él introdujo su lengua buscando la suya, le mordió los labios provocando que un leve gemido se le escapara de la boca a la rubia. K añoraba escuchar esa dulce melodía, esas pequeñas tonadas que lo invitaban a más.
– No quiero tenerte lejos otra vez. – Le dijo a través de los agitados suspiros que dejaba el beso entre ellos.
– Entonces no permitas que eso vuelva pasar tigre. – Le dijo también agitada.
K volvió a besarla esta vez con más ahínco, tomó su delgado cuello con ambas manos que se mantenían calientes a pesar del frío, acarició su rostro ruborizado, la abrazó como si quisiera fundirse con ella.
– Quiero tenerte ahora gatita. – Le habló con tono grave y decidido. Sus orbes azules parecían oscurecerse a medida que se dejaba llevar por el placer. Su mano derecha bajó hasta el muslo de Kula, luego comenzó a subir nuevamente provocando que el vestido se levantara, en donde las suaves caricias provocaban la excitación de la chica de los cabellos rubios. La mano libre que quedaba fue directo a la cintura de ella, comenzó a subir lentamente hasta la parte de sus pechos, los recordaba tan bellos, aún permanecían igual, sus labios comenzaron a bajar por su mentón hasta llegar a su cuello que mordía suavemente. Kula no tardó en dejar escapar leves gemidos que demostraban el placer que sentía al ser acariciada por su peli blanco, únicamente por él. Sus caderas inevitablemente comenzaron a moverse sutilmente buscando la pelvis de K, quien comprendió al instante la intención de la chica.
– Alguien puede vernos K. – Le Susurró entre los gemidos que comenzaban a subir de tono.
– Descuida, desde aquí a la finca hay una buena distancia, además, nadie saldría por el frío, soy el único loco que se rapta a una dama de honor para reclamarla como suya durante el matrimonio de su hermana. – Le dijo mientras besaba sus hombros delgados provocando pequeñas risas en la chica también por lo dicho. Sus dientes quedaban marcados en la clavícula de la chica, eran preciosas marcas rosáceas en su pálido cuerpo. Su boca hacía un recorrido exquisito en el tórax de la rubia, que se estremecía con cada lamida y mordida, luego llegó hasta sus pechos que se encontraban cubiertos por el vestido, redondos y firmes. Los descubrió para masajearlos y lamerlos, bajó el brasier para facilitar las succiones en cada pezón hasta dejarlos como dos botones rosas encendidos. Kula comenzaba a sentir el éxtasis cuando K abandonó unos de sus pechos y bajó hasta su vagina introduciendo sus dedos. Era tan cálido y el húmedo su interior, que K gimió ronco sintiendo que su miembro ya estaba bastante duro, dolía su erección que pedía a gritos penetrarla. Por suerte, las bragas eran finamente delgadas por el encaje, lo que facilitaba moverlas hacia un lado para obtener mayor movilidad de los dedos en su mojada vagina. K no se contuvo al momento de masturbarla, introdujo sus dedos más largos en un movimiento de enreda y salida para lograr que la chica enloqueciera de placer.
– Quiero probar todo de ti, no habrá rincón que quede sin que yo haya pasado mi boca por ahí. – Le dijo mientras bajaba lentamente hasta quedar a la altura de su entrepierna, levantó el vestido e introdujo su lengua y los dedos al mismo tiempo, Kula no pudo contener los gemidos que ya salían a un volumen considerable y podían ser escuchados por cualquier invitado que anduviese cerca.
-- ¡K por favor, harás que me corra! – Le dijo mientras su mente se iba en blanco, sus ojos se cerraron y se entregó al placer que la lengua del peli blanco giraba como si fuera un tornado a través de su clítoris, intentó contener su orgasmo sellando sus labios pero fue inútil, sus piernas temblaban, casi cae al césped congelado de no ser porque K sujetaba sus piernas firmemente previniendo que aquello sucediera.
– Tengo sed de ti, eres mi trago favorito nena. – Le dijo mientras su mirada sobresalía del vestido. Como vio que Kula iba a desfallecer del orgasmo, lamió cada rastro del líquido que su vagina expulsó. Era tan dulce y embriagador. Se levantó para besarla, era encantadora y atrevida la forma que tenía de darle a probar de ella misma, Kula apenas respondía por el éxtasis, así que la tomó de cada muslo para levantarla y estrechar la aún más a la pared, mientras bajaba el cierre de su pantalón junto a los bóxers para sacar su gran miembro erecto, Kula con los ojos entrecerrados y un poco vidriosos por la magnitud de las sensaciones, lo miraba deseosa de tenerlo cerca. Una sonrisa se asomaba en el peli blanco que ya entendía la intención plasmada en los magenta de la rubia.
– Te quiero dentro de mí, no puedo esperar más. – Le dijo con un tono suplicante. El peli blanco hizo eco de su petición y como si fuera una orden de vida o muerte, la penetró con fuerza, Kula gimió fuerte, las embestidas comenzaron a intensificarse, Kula gemía tan fuerte que K tuvo que besarla nuevamente para acallar esos sonidos que en su departamento hubiese dejado que libremente invadieron toda la habitación. Pero ahora estaban en el matrimonio de su hermana y su mejor amigo, sería un espectáculo que restaría atención a lo importante si supieran que ellos se encontraban haciendo el amor en plena intemperie. Kcomenzaba a sentir que el clímax llegaría pronto en él y se iría en su interior con todo el líquido caliente y contenido durante el tiempo que estuvo lejos de ella.
– Me voy a correr gatita. – Le dijo en su oído mientras respiraba agitado por mantener el ritmo y sujetar los muslos de la chica.
–- Yo también me voy a correr tigre. –- Le dijo mientras lo abrazaba y besaba el lóbulo de su oreja izquierda.
El clímax no se hizo esperar y K invadió toda la vagina de Kula con el semen cálido y espeso que rebalsaba hasta llegar a sus piernas dejando caer algunas gotas al suelo, sacó su miembro aún erecto y palpitante por la excitación de la vagina de Kula, se limpió con una parte de su camisa que luego cubrió con la chaqueta, también limpió a la chica que se encontraba apenas en pie. Otro beso, esta vez más pausado y tierno llegó a los labios que hace instantes clamaban por la necesidad de sentirse unidos el uno del otro.
– Por favor, no vuelvas a irte y dejarme así amor. – Le dijo Kula con una lágrima que comenzaba a caer en su mejilla mientras lo miraba. K sintió que su corazón se detenía al verla tan desprotegida y lastimada por él.
– No lo haré, no volveré a dejar a la persona que amo. – Le dijo mientras limpiaba las lágrimas de la chica. Kula abrió los ojos como platos por la confesión inesperada. K la volvió a besar en los labios sin que ella pudiese responder normalmente.
-- ¿Tan raro es que te haya dicho algo así? –Le dijo sonriendo debido a la cara de sorpresa que tenía ella por aquella revelación.
–- No estaba segura de que mis sentimientos fueran correspondidos de esa manera, llegué a pensar que me veías como una muñeca solamente. Pero… ahora que sé por fin lo que sientes, no puedo callar lo que grita mi corazón ¡Yo también te amo K! –- Le dijo mientras lo abrazaba a tal punto que casi dejaba sin respiración al peli blanco. Luego se apartó un poco de la chica para proponerle su idea.
– Podemos seguir en mi apartamento, ahora que Máxima se fue, no habrán interrupciones y podrás gemir todo lo que quieras sin que nadie nos moleste. – Le dijo mirando sus pechos que se notaban enrojecidos por los pellizcos y mordidas que le había hecho hace instantes. – Me encantaría seguir, pero creo que todo el mundo se dará cuenta de lo que hacíamos si entro así a la fiesta. Mi abrigo está en la entrada, y tendría que cruzar todo el salón para recuperarlo. – Dijo preocupada. K se sacó la chaqueta que lo abrigaba, y cubrió a la rubia para que no se sintiera incomoda.
– Gr-Gracias. – Dijo mirando con sus delineados ojos magenta.
–- Esas marcas son para que sepas que eres mía, de nadie más, pero tampoco es para que el resto vea lo que hacemos en la intimidad, o en este caso, detrás de la finca. –- Se jactó al mencionar esto último.
– Veo que Romeo ha reclamado a su Julieta. – Dijo Máxima junto a Kyo, se le veía alegre por su amigo cuyo semblante hostil se había esfumado tan solo al hablar con Kula. Whip se percató y corrió a abrazar a la rubia.
-- ¡Es el mejor regalo de bodas chicos, me hacen muy feliz! Eres mi cuñada favorita Kula, y tú hermano, no vuelvas cometer tonterías con ella, sino te haré sufrir por el resto de tu miserable vida. – Les dijo mientras sus últimas palabras amenazantes para su hermano sonaban intimidantes. K tragó saliva con dificultad. Sabía que Seirah hablaba en serio.
– Sí, bueno, escucha hermana, nos iremos con Kula, debo ir a dejarla a su casa, así que, nos vemos después. – Le mintió para que los dejara ir tranquilos.
– Lo siento Whip, quisiera acompañarte toda la noche pero mi madre es severa en cuanto al horario de llegada. Mientras viva en su casa debo atenerme a sus reglas. – Siguió con la mentira.
–- Está bien chicos, quiero que almorcemos juntos la próxima semana en la casa de South Beach, así que no hagan planes. – Propuso la castaña.
– No te preocupes, estaremos ahí Whip. ¡Ah! Por cierto, dale las gracias de mi parte, gracias a él puedo ser feliz otra vez. – Le dijo la rubia con un tono cómplice cuando K no estaba pendiente de la conversación.
– Lo sé, todo salió acorde al plan, conozco a mi hermano y sé que no te dejaría ir con Kyo, menos tratándose de él. Como tiene cierta rivalidad con él, era el indicado para conseguir que actuará conforme a lo que habíamos planeado. Así que, solo haz feliz a mi hermano pequeña, el también merece serlo, sé que lo desean. – Se despidió con un guiño en su ojo.
– Voy por mi abrigo K, no tardó. – Le dijo mientras se apresuraba a la guardarropía. Cuando el encargado le entregó su abrigo, se cercioró si la cajita seguía en el mismo lugar, suspiró aliviada de que así fuera. Por fin le entregaría aquel especial obsequio al peli blanco.
– Supongo que irán al apartamento ahora que estarás solo y aprovecharás de pervertir a la pobre chica. Pero por favor, no destruyas nada ni arrojes cosas por el balcón como bragas o preservativos. No quiero tener que ir a buscarte a la estación de policías por pervertido y exhibicionista. – Le dijo con fingida advertencia que no podía sostener por la risa.
– No te preocupes, lo que haga con ella no saldrá del apartamento. – Le dijo con certeza. – ¿Tampoco saldrá de la finca verdad? — Le dijo suspicaz. Aquel comentario pilló desprevenido a K, no podía seguir implacable frente a su amigo quien no había caído en la mentira como su hermana, además de que los había visto seguramente por lo último que mencionó.
– Como sea, nos vemos Máxima, sabes que si le haces algo a Seirah correrá sangre, y no por tus venas. Lo dije en el brindis y lo reafirmó ahora. – Le advirtió mientras se daban un abrazo fraternal.
– Yo también te quiero amigo y cuñado, me alegro que vuelvas a ser feliz con Kula. – Le dijo para luego dirigirse al lugar en donde se hallaba su ahora esposa.
Kula lo alcanzó y tocó su hombro.
– Toma, es un obsequio que quise darte en navidad, pero no tuve el valor como tú de entregártelo. Me recuerda mucho a lo que tenemos, espero te guste. – Expresó, e hizo entrega de la cajita que contenía el llavero con la inscripción. Cuando la abrió miro la forma de la dendrita con la llama en su interior, leyó lo que había grabado y luego le contestó:
-- Mi fuego jamás se apagará si estas conmigo. – Le dijo mirándola fijamente.
Kula sintió que su corazón se derretía y lo abrazó.
– Incluso en un corazón gélido como el tuyo, existe esa pequeña calidez. – Le dijo mirándolo también a los ojos. Así partieron rumbo al apartamento del peli banco, en busca de privacidad y recuperar el tiempo perdido.
Cuando llegaron al apartamento, Kula se colocó la cruz en el cuello que llevaba guardada en el bolsillo de su abrigo. Lo había dejado celosamente cerca de ella en todo momento, aquel regalo era como tener a K con ella siempre.
El departamento lucía distinto, se veía casi abandonado. La razón era que K no pasaba casi ahí, pues llegaba de muy tarde debido a la sobrecarga de trabajo al ser el encargado del taller mecánico, que sin duda había funcionado bastante bien en ausencia de Heidern. Pero como la rubia desconocía ese detalle, se dio la libertad de hacer una observación.
– Veo que Máxima era el que mantenía el orden acá. – Le dijo mientras examinaba el lugar. – Algo así. – Contestó mientras se sacaba la chaqueta y encendía el calefactor.
– ¿Quieres algo de beber? – Le preguntó a la rubia mientras se servía un whisky. Pero ella detuvo suavemente la mano que sostenía la botella.
– Creo que podemos dejarlo de momento, hay algo que nos quedó pendiente de la boda, y que podemos seguir acá. – Le dijo a su oído. K dejó lo que estaba haciendo, giró hasta quedar frente a la rubia. Contemplaba desde una corta distancia lo bella que se veía como dama de honor. Sus labios aún carmesí que habían sido en gran parte borrados por los continuos besos que quedaban como testigo de su unión. La tomó de la cintura para acercarla más aún.
– Quiero recuperar el tiempo perdido contigo esta noche. – Le dijo mientras le quitaba el abrigo que traía puesto. Ver la cruz en su delicado cuello lo hizo sentir mucho mejor, volvía a sentir esa paz en su interior.
– Podemos hacerlo, no hay prisa tigre. – Contestó la rubia que imitaba el gesto del peli blanco con su chaqueta, hasta dejarlo en camisa.
-- ¿Sabes? Eres muy atractivo, odié ver que otra mujer se te acercara cuando llegamos a la mesa que compartíamos. –- Confesó ella mientras apartaba la mirada por la vergüenza.
– Y yo quería romperle la cara al imbécil de Kyo por comportarse como un idiota. Seguro Yuki lo golpeaba sin piedad de saber que se comportaba así contigo. – Gruñó recordando el momento que coqueteaba con la rubia. Sintió la sangre arder en sus venas.
– Pero logró que tomaras la iniciativa y me llevaras hasta ese lugar para confesarme lo que sentías. Eso fue lo más tierno y a la vez posesivo que alguien ha hecho por mí. – Le dijo mientras se acercaba para besarlo. K respondió gustoso aquellos gloriosos labios que sabían a duraznos con crema y fresas. Era un sabor adictivo sin duda. Se encontraban en la cocina cuando ella tomó la iniciativa esta vez y desabotonó la camisa, su torso marcado invitaba a tocarlo, degustar cada uno de sus músculos y bajar por los oblicuos hasta practicar un felatio que le extrajera todo su semen. Cosa que no pensó dos veces.
– Ahora me toca saborearte tigre. -- Expresó mientras bajaba el cierre de su pantalón que hizo descender hasta quedar en sus tobillos, que el mismo ayudó a sacar, era tan atractivo verlo con la camisa abierta y los boxers azul oscuro, sus piernas marcadas y los brazos que también se marcaban en la camisa arremangada. Definitivamente era una imagen que excitaría a cualquier mujer sin restricción de edad. Sacó su miembro viril erecto que se marcaba latente en el bóxer; Kula, con sus manos frías, provocó el desconcierto debido a la sensación que fue contrastada por su cálida boca. K se apoyó en el mesón de la cocina mientas acariciaba la cabeza de la rubia que le brindaba un felatio ardiente. Kula extrañaba todo de K, pero sobre todas las cosas, extrañaba sentirlo en ella. Su boca succionaba con movimientos pendulares logrando que el peli blanco comenzará a emitir pequeños sonidos ronco en muestra del placer que sentía por cada lamida y succión.
– ¡Demonios! te extrañaba tanto que me voy a correr en toda tu boca. – Hablaba entrecortado a causa del orgasmo que ya se encontraba cerca. La rubia estaba tan mojada que comenzó a tocarse el clítoris por la excitación, los gemidos que evocaba de su garganta hacían una especial vibración que provocó la eyaculación plena del peli blanco. Kula tragaba el líquido ardiente, era tanto que su boca no daba a basto, lo que provocó que salpicara en su cara también. Lamía cada gota que emanaba de su miembro erecto que seguía bombeando esperma.
– Te corriste bastante esta vez. – Le dijo mientras se limpiaba con una servilleta que le había alcanzado su amante.
– Eres una golosa pequeña, te lo has tragado casi todo. – Le dijo agitado por la excitación. – Sabes que necesito irme dentro de tu vagina para sentirme satisfecho ¿verdad? – Expresó dejando en claro que quería mas.
– Podría hacerlo toda la noche contigo cariño. – Le dijo la rubia que se levantaba del piso. – Ese vestido se te ve increíble, pero necesito quitártelo. – Le confesó. Bajó el cierre de su espalda lentamente mientras besaba sus hombros cuando la sujetaba su cabello hacia un lado para no enganchárselo.
– Te haré el amor en cada rincón del apartamento, todo el lugar quedará con las ganas que tenemos preciosa. – Habló seductoramente a su oído. Cuando el vestido cayó al suelo, Kula llevaba la lencería que su amiga le había sugerido para la ocasión, y aunque sentía un poco de vergüenza por aquella imagen tan seductora que desprendía, no dejaba de sonreír por ver a K mirándola como si fuese una presa que solo él podría cazar. Observar su silueta delgada y desnuda vestida únicamente con las medias y la cruz que le había regalado, la hacían ver adorable y deseable a más no poder. Era excitante ver en ella como las cualidades de la pureza y el deseo se fundían en un solo cuerpo. Era perfecta a sus ojos, así que, la tomó de los muslos, y depositó su cuerpo en el mesón. Abrió sus piernas e introdujo su miembro una vez más. Las embestidas lentas eran como una dulce tortura para la rubia. Recorría su menuda espalda, frágil y delicada, sus pechos danzaban al son de cada embestida que comenzaba a acelerar el compás.
–Quiero oírlo de nuevo. – Dijo Kula entre gemidos.
K introdujo su lengua con urgencia para buscar la suya, tomó su culo para acercarla más a él y penetrarla de forma más profunda, logrando que los gemidos fueran más altos. Ella se aferró a las caderas del moreno invitándolo a moverse con mayor frecuencia, fue entonces cuando subió las piernas de la rubia a su espalda para lograr que K llegara hasta el límite.
– Vamos, dímelo otra vez. – Imploró necesitada de escuchar nuevamente esas dulces palabras. K se sumergió en sus pechos para morderlos, Kula gritaba de placer, sus respiraciones agitadas se oían por todo el apartamento. K enloquecía al escuchar a la rubia, luego volvió a su boca para ahogar los gritos de placer debido a cada rápida y urgente embestida que propinaba él mismo. Cuando sintió llegar el clímax por el fuego abrasador que envolvía el interior de Kula, exclamó las palabras que ella deseaba oír.
– ¡No es acaso obvio que te amo! – Gritó mientras se corría en su interior al mismo tiempo que ella. La rubia sintió que la explosión en su interior la haría desmayarse del éxtasis al no sentir que su cuerpo respondía por el hormigueo y temblor, producto del orgasmo que K le había provocado al hacer el amor. Aquellas palabras hacían eco en sus oídos como una hermosa sentencia celestial, él la amaba. El peli blanco la abrazó al verla tan frágil, ella se sujetó con sus débiles brazos sobre su cuello.
– Te amo K. – Fueron sus palabras mientras caía rendida al sueño en pecho de su amante. El peli banco besó su frente, la tomó en sus brazos para dejarla en la cama de su habitación. Sacó sus medias mientras la cruz era su única prenda y la arropó, regresó al comedor para apagar el calefactor y luego se acostó a su lado mientras besaba suavemente sus labios, las luces nocturnas otorgaron aquel efecto azulado en su cabello, incluso había soñado un par de veces con esto, tenerla junto a él era una sueño hechos realidad, por fin podría dormir tranquilo con ella nuevamente en su vida.
