Capítulo XVI

Cherry

Cuando se despertó en el apartamento, sintió una leve desorientación que se disipó al recordar todo lo que había sucedido hace solo una par de horas atrás, miró a su lado al peli blanco que dormía muy acurrucado a ella sintiendo a escasos centímetros su tibia respiración, lo acarició sutilmente para no despertarlo besando sus labios dulce y muy suavemente también, era realmente adorable su cara cuando dormía. Se removió con cuidado del abrazo de K para coger algo de ropa, pero su vestido se encontraba en el piso de la cocina, dedujo al no verlo en la habitación de K. Un apetito voraz invadió su estómago, últimamente no había comido muy bien a causa del estado que le había provocado la ruptura con K, y la noche de la boda tampoco había probado bocado casi en la cena por el nerviosismo y la tensión a causa del peli blanco. Cuando logró desatarse del abrazo aprensivo K, fue por algo de ropa a la cómoda, sacó una sudadera negra sin cierre y con capucha que cubría bastante su cuerpo hasta la parte baja de su culo que comenzaba a enfriarse por el cambio de temperatura repentino que mantenía del abrazo y contacto con él. Se dirigió a la cocina para revisar la nevera y preparar algo improvisado para el desayuno. Más no encontró mucho en lo que pudiese inspirarse. Su cartera se encontraba en el mesón, así que sacó su celular para mirar la hora, eran las diez con veinte de la mañana del sábado, miró por la ventana del comedor el panorama congelado de la ciudad de South Town. Se preguntaba cómo diablos había soportado el frío cuando estaba haciendo el amor en pleno exterior con K. Pero luego recordó que él la había arrastrado hasta las afueras de la finca sin siquiera tener tiempo para buscar su abrigo y resguardarse del frío, la discusión que habían sostenido previamente de la fogosa reconciliación que había provocado en el calor y éxtasis del momento había impedido que sintiera las bajas temperaturas de la noche. Un estornudo salió de sus pequeños labios, probablemente se resfriaría a causa de aquella hazaña. Mientras revisaba los mensajes de su celular, se encontraba uno de Athena queriendo saber cómo había ido la boda y también si había encontrado el momento de hablar con K. Tenía además uno de su madre para avisarle que no llegaría hasta el lunes en la mañana debido a un asunto de negocios que había surgido en la empresa, y que debía solucionarlo a la brevedad. También mencionaba a Candy y Shingo que tampoco se encontrarían debido a que éste último había invitado a su hermana a la casa en las afueras de la ciudad y no volverían hasta el martes. Fue aquel mensaje con el que se le ocurrió la idea de invitar al peli blanco a pasar el fin de semana con ella en su casa; era un buen panorama y aparte, por fin lo tendría en su habitación. Nunca ningún hombre había estado en su alcoba, menos uno tan atractivo, así que sería bastante bueno tenerlo en su casa por primera vez.

Kula volvió a paso acelerado a la cama con el peli blanco que permanecía dormido, se acercó con cuidado y lo besó nuevamente en los labios. El peli blanco pareció responder por inercia, pero luego sus firmes brazos la rodearon y comenzaron a recorrerla, sus párpados se abrieron dejando ver el bello color azul de sus ojos que la contemplaban somnolientos.

-- Buenos días tigre. – Lo saludó con un beso más íntimo.

– Hola gatita. – Le dijo mientras posicionaba su manos en el culo de la rubia. – Mi madre me ha enviado un mensaje avisando que no llegará hasta el lunes, tampoco mi hermana estará en casa. – Adhirió.

– ¿Quieres que vayamos a tu casa entonces? – Le preguntó.

– Me gustaría que conocieras en donde vivo. Si quieres podemos salir también y pasar el fin de semana juntos. Así puedo cambiarme de ropa y no andar con la tuya. – Comentó la rubia con un leve rubor.

– No veo el problema. Por cierto, ya te he dicho que deberías usar mi ropa más seguido, me da un apetito insaciable por devorarte gatita. – Dijo el peli blanco.

– Hablando de apetito, tengo mucha hambre, podríamos desayunar en algún lugar camino a casa. – Sugirió la rubia.

– Estoy de acuerdo, pero debemos ducharnos antes de salir, y si lo hacemos juntos nos ahorraremos tiempo. – Le dijo mientras sacaba la prenda que vestía ella. La tomó suavemente en sus brazos y se dirigió al baño con ella. Dejó correr el agua caliente provocando que el vapor comenzará a inundar el cuarto. Entró a la ducha junto a Kula, con el frío que hacía y el calefactor sin encender, agradecía que aquel chorro de agua subiera la temperatura de su fría y pálida piel. K la bajó para que el agua recorriera todo su cuerpo, comenzó a besarla bajo el agua, sus manos bajaron hasta las caderas para acercarla a su incipiente erección, la chica gimió al sentir el roce de su miembro, por lo que se aferró a su espalda marcando sus uñas, K gruñó en respuesta al agarre y levantó la pierna derecha de la chica para penetrarla sin juegos previos. Las embestidas comenzaron dentro de la vagina que no paraba de mandar señales similares a pequeñas descargas de electricidad en su vientre bajo; Kula no tardó en dejar escapar los gemidos que a K tanto le gustaba escuchar.

– Puedo sentir tu tibia humedad a pesar del agua gatita. – Le dijo en su oído mientras mordía el lóbulo de su oído.

– Hazlo más fuerte, quiero sentirte más adentro. – Le imploró la rubia. K hizo caso en seguida y la penetró con más fuerza hasta llegar al tope que su miembro ya bastante duro podía llegar en esa posición. Kula subió su otra pierna por sobre los oblicuos marcados de K, logrando que éste tuviera total acceso a la penetración profunda que deseaba. Sus pechos subían y bajaban al compás de la velocidad de las embestidas que emitía el peliblanco, detalle suculento que no tardó en aprovechar para el deleite de sus ojos, luego miró los de la chica que también los observaba, fue entonces cuando ella acercó su boca para morder su labio superior, provocando que las embestidas fueran más rápidas y duras. K introdujo su lengua en la boca de la rubia, y buscó con urgencia la de ella, la masajeaba y la frotaba de forma tan sensual, que la rubia no podía evitar gemir a gran volumen por el placer que él siempre estaba dispuesto a propinarle. Su miembro erecto comenzaba a bombear en señal de que el orgasmo estaba cerca, la vagina de ella comenzaba a sentirse muy caliente y estrecha, generando que el clímax de K no tardara en llegar, demostrando con un gemido ronco que era ahogado en la boca de la rubia mientras el semen expulsado de su palpitante pene era introducido en el interior de ella. El orgasmo de Kula llegaba en al mismo tiempo que K eyaculaba, sus líquidos se mezclaban en uno solo que caía por el drenaje junto al agua que corría.

– Creo que en lugar de ahorrar tiempo, nos hemos demorado más de lo esperado amor. – Expresó la rubia luego del beso.

– No importa, mientras pueda disfrutar cada momento de esta manera contigo, lo demás no pasan de ser detalles preciosa. – Le dijo muy cerca de ella mientras bajaba sus piernas para que la chica consiguiera el equilibrio luego de mantener la misma posición durante ese momento. Tomó el jabón y comenzó a pasarlo por la espalda de la rubia, cuando terminó ella hizo lo mismo con él, los besos y mimos iban y venían.

Cuando terminaron de darse aquel baño, K envolvió con una gran toalla el blanquecino cuerpo de la chica, ahora la observaba con detención, estaba más delgada que cuando la conoció, seguramente se debía al estado anímico que le había provocado su ruptura, por ese motivo, su amiga Athena, había ido en su búsqueda. Tenía toda la razón de preocuparse por el estado de Kula, luego un sentimiento de culpa lo invadió al pensar que ella se encontraba en ese estado por él.

– Vamos, ponte algo mío que te sea mas cómodo que ese vestido, y pasamos por un buen desayuno. – Le dijo mientras la secaba con la toalla como si de una pequeña niña se tratara. Ella asintió y se dirigió a la habitación junto a K, en donde le devolvió la sudadera que momentos previos le había arrebatado para llevarla al baño. Buscó en la cómoda otra cosa que pudiese quedarle más menos bien a la rubia, hasta que dio con un buzo negro semi ajustado que rara vez utilizaba cuando iba al Boxing Gym; eso bastaría para que la rubia no pasara frío afuera, aunque tuvo que ponerse los tacones junto a las pantis de media pierna, puesto que no llevaba otro calzado mas cómodo, a pesar de aquello, K consideraba que se veía adorable vestida con su ropa, pero debía hacer algo con su cabello mojado, así que fue a la antigua habitación de Máxima, en donde encontraría un secador de pelo que Whip solía dejar cuando iba a quedarse al apartamento.

– Toma, es mala idea salir con el cabello mojado y este frío. – Le entregó el aparato, pero la rubia miró como si de él estuviese esperando otra reacción, lo que provocó que K se sintiera un poco incómodo.

-- ¿Podrías secarme el cabello tú? – Le pidió inclinando su cabeza de lado y una sonrisa que el peli negro sintió que sería mala idea declinar de su petición, a lo que K, a pesar de dudar un momento, sonrió por el gesto tan infantil y finalmente accedió.

– Tontita, no tienes que colocar esa cara para convencerme. Aunque si le dices a alguien que hice esto contigo me aseguraré de castigarte. – Le advirtió.

– Descuida, nada saldrá de lo que hacemos acá tigre, así que tu hombría está a salvo conmigo. – Le dijo.

K encendió el secador y comenzó a dejar que el calor se filtrara a través de las hebras capilares de la rubia, tenía el cabello muy suave y larguísimo, a K le gustaban las chicas de pelo largo y delgadas, pero con buenos atributos, Kula era su tipo de chica, la mujer perfecta para él, pensaba con un sutil rubor en sus mejillas.

-- ¿Nunca le secaste el cabello a tu hermana o a tu madre? – Preguntó mientras estudiaba su reacción por el espejo que lo sacaba de sus pensamientos.

-- No, nunca tuve mayor cercanía con las mujeres en ese tipo de cosas, es más, huía de inmediato cuando comenzaban con esas cosas de pintarse las uñas y peinarse el cabello las amigas de mi hermana. Solían preguntarme muy seguido mi opinión en relación a cómo las veía, pero les decía que no me importaba en lo más mínimo y luego me iba a jugar afuera. – Soltó recordando la infancia con su familia. La rubia solamente lo miraba, trataba de imaginar a K cuando era apenas un niño, algo retraído y quisquilloso, sin duda debió haber sido bastante atractivo para que las amigas de Whip estuviesen interesadas en él a pesar de la diferencia de edad, y él rechazándolas. Luego río por la idea de que su novio fuera un niño cascarrabias. K la miró mientras movía el secador en su cabello, ambos chocaron sus miradas y sonrieron por aquello. Era uno de los momentos íntimos que comenzaban a compartir luego de haber retomado su relación.

– Ya tienes el cabello seco, me iré a vestir para que vayamos por el desayuno. – Le dijo mientras desconectaba él aparato y lo devolvía a la habitación de su ex compañero de apartamento. Se colocó un suéter negro con cuello alto y unos vaqueros ajustados rotos color gris. Sus infaltables botas y chaqueta de cuero para ir en su Harley junto a Kula.

Después de pasar a una cafetería camino a la casa de la rubia, en donde pudo saciar su gran apetito junto a K, quien degustaba su habitual desayuno de huevos con tocino y café negro sin nada de azúcar, Kula no podía ocultar el placer de comer aquella torre de pancakes con frutillas, crema batida y helado de vainilla en la superficie. Cuando se trataba del desayuno, Kula era lo más atípico en torno a la primera comida del día, pero si eso la hacía feliz tal y como su cara y esos pequeños sonidos que salían de su garganta cada vez que probaba bocados, K no tendría objeción alguna, aunque no fuera devoto de las cosas dulces, si sentía debilidad por ella, la mujer más tierna y dulce que los mismos pancakes que degustaba en ese momento.

Una vez terminada su tardía introducción al desayuno, llegaron a su destino pasado el mediodía; Kula por fin abandonó esos zapatos de tacón que la hacían verse graciosa con la ropa de K.

Al abrir la puerta principal de su gran casa, el peli blanco no pudo evitar asombrarse por lo gigante de aquella morada, sin duda Kula era una chica adinerada con lujos descarados, y aunque renegara de sus orígenes, esa casa se encargaba de recordárselo. Habían grandes ventanales por los cuales entraba bastante luz que reflectaba el color blanco y la decoración en piedra que había en las paredes. Habían sillones tipo Chesterfield de cuero blanco con pieles blancas y cojines de satín plateado en el living frente a una moderna chimenea que entregaba calidez y elegancia también al comedor rústico que había en la división contigua de ladrillos de vidrio. Las vigas del techo eran de madera nativa especialmente diseñadas por uno de los arquitectos más famosos de todo South Town. El piso flotante de madera alemana que tenían para aislar la temperatura de todo el año resplandecía en el reflejo del peli blanco que observaba cada detalle de la casa, sin duda, esto no se ve todos los días.

– ¿También tienes sirvientes o algo así? – Le preguntó dando por sentado que en una casa de ricos podía aparecer en cualquier momento un mayordomo con aspecto estirado para pedirle su chaqueta o algo por el estilo.

– Marta solo viene de lunes a viernes y Edward es el encargado de exteriores, por lo que en esta época no suele venir tan seguido debido a la nieve que cae, pero siéntete cómodo este fin de semana nadie vendrá a la casa, puedes estar tranquilo amor. Yo iré a cambiarme de ropa, no tardo. – Dijo la rubia mientras subía las escaleras con los tacones en sus manos para ir más rápido. K se quedaba solo en la planta baja de la casa, así que se sacó su chaqueta, ya que no habría mayordomo que lo hiciera por él como había visto en las películas, y se sentó en el sillón cercano a la chimenea sin encender para esperar a Kula.

La rubia bajaba las escaleras con un suéter azul con margaritas lilas ligeramente suelto y largo hasta la parte baja de su culo, junto a unas calzas negras y unas botas de medio taco marrones, un look bastante más adecuado para ella que el de hace unos instantes, aunque era cierto que la ropa de K la hacia ver bastante adorable. Encontró al peli blanco sentado en el sillón mirando al vacío.

-- ¿Tardé demasiado? – Le preguntó en el mismo instante que lo rodeaba con sus delicados brazos.

– Lo suficiente como para perderme en esta casa gigante. – Le dijo mientras la jalaba de los brazos hasta dejarla en los suyos.

– Espera, encenderé la chimenea. – Habló mientras iba por la leña que se encontraba en el costado de la pared.

-- ¿Sabes hacer fuego? – Le preguntó el peli blanco, no se imaginaba que una niña rica y tan mimada con la comida pudiese ser capaz de aprender cosas tan contrarias a su estilo de vida. Pará eso tendrían a alguien que hiciera eso por ellas. Sin embargo, estaba equivocado.

-- ¡Claro! Papá me llevaba a acampar durante las vacaciones de estas fechas. Decía que por mucho dinero que uno tuviese, no había que olvidar la sencillez y la autosuficiencia. Buscábamos leña y me enseñaba a preparar el fuego para calentar nuestra comida ya que mamá y Candy nunca nos acompañaban porque era demasiado sencillo y sucio para ellas, pues preferían viajar fuera del país a climas más cálidos. – Recordaba mientras encendía el fuego sin ningún problema.

– Tenías una muy buena relación con tu padre, te incentivó a patinar y te llevaba a acampar. – Meditaba en voz alta el peli blanco. Se acercó hacia donde estaba arrodillada la rubia, acarició sus cabellos, ello lo miró con ternura, él se inclinó y la besó dulcemente.

– Lo siento, he sido una mala anfitriona. – Reflexionó y luego añadió.

--¿Quieres beber algo? En un par de horas prepararé algo muy sabroso que comeremos durante el almuerzo, cocinaré para ti. – Anunció y luego lo abrazó acercando su rostro al de él en busca de mimos.

– Solo tengo sed de ti, pero si quieres puedes traerme un café, ya que dudo que tengan cerveza en tu casa. – Expuso a la rubia que sujetaba de la cintura con una mano, y con la otra acariciaba su cara. Pero al verla tan linda y dispuesta a satisfacerlo en su propia casa con cualquier cosa, comenzó a sentirse culpable una vez más por haberle causado tristezas durante las semanas que pasaron, estropeó la posibilidad de pasar las festividades con ella, la había extrañado por montones, pero su orgullo había impedido acercársele debido al posible rechazo que nunca ocurrió. Luego la estrechó entre sus brazos y le dijo:

– Te debo una disculpa Kula, lamento haberte hecho sufrir, fui un tonto y no quiero cometer un error tan estúpido como para destrozarte el corazón. Lo siento. – Soltó mientras la abrazaba con fuerza.

– No… no te preocupes, ya pasó, además hemos vuelto ¿No es así? – Expresó la rubia un poco confundida por la confesión de K.

– Toda la vida me he comportado como un idiota con mis padres, con Whip y Máxima, los he lastimado, nunca los he valoré como se deben, luego llegaste tú y… a ti también… te lastimé. – Dijo con tono amargo.

– No quiero perderte por comportarme como un imbécil. – Finalizó.

Kula movió la cabeza como señal de negación a todo lo que decía K, luego lo levantó junto a ella, e hizo que lo mirara a los ojos.

– Tú no tuviste la culpa, sabes que actuaste para protegerme, sé que tu intención no era lastimarme. Olvidemos eso y sigamos K. – Le dijo mientras entrelazada sus manos con él. Ambos acercaron sus labios para iniciar un tierno y necesitado beso que cerraba aquel capítulo amargo del pasado junto a la chimenea.

– Ven te mostraré el resto de la casa para que no te pierdas. – Le dijo sonriendo, y lo llevó hacia la cocina estilo americana que tenían. K se reincorporó y la siguió de la mano, observaba cada detalle lujoso en el que vivía la chica, gigantes ventanales que daban a la terraza de la casa, tragaluces en el techo y un mesón a lo largo de toda la cocina, mezclando lo rústico y lo moderno. Cada electrodoméstico era de última generación.

-- ¡Vaya! De verdad es una casa bastante humilde. – Ironizó.

– Lo sé, mamá quería todo lo que siempre soñó, y papá se lo dio sin condiciones. La amaba después de todo. – Finalizó.

El peli blanco arqueó una ceja por lo que acababa de decir la rubia.

– Dime, ¿Tú también necesitas que te demuestre mi amor de forma tan material? – Le dijo en el momento que la rodeaba por la cintura.

– Sabes que no soy así K, solo necesito que de vez en cuando me digas lo que sientes, sé que eres obstinado y gruñón cuando debes aceptar lo que hay dentro de ti. Pero con que lo hagas algunas veces, como ahora, me considero la chica más afortunada del mundo. – Expresó mientras apoyaba su cabeza en el pecho de él.

– Ahora que sabes donde está la cocina y la entrada principal, podemos subir a mi habitación. Por cierto, hay un baño al final de comedor para visitas y tres arriba, por si necesitas privacidad. – Le dijo mientras se dirigían por las escaleras hacia la habitación.

Cuando Kula abrió la puerta que daba a su alcoba, la primera cosa en la cual reparó K, era que la suya caía dos veces en la de ella, a pesar que la habitación del peli blanco no era para nada pequeña, la de Kula superaba cualquier fantasía adolescente, las paredes tenían un color magenta, como el de sus ojos, una cama de dos plazas cubiertas de mantas felpudas que cubrían la colcha superior, cojines brillosos y cortinas de satín púrpura. La decoración era bastante femenina, pero simple en cuanto a lo que tenía en ella; K imaginaba su alcoba con la misma cantidad de lujos que el resto de la casa, sin embargo, en su interior agradecía que ella fuera más sencilla. Los muebles eran de madera envejecida, había una cómoda y un espejo estilo vintage, una lámpara grande de lágrimas lila, fotos de ella con algunos trofeos que había ganado en competencias artísticas de patinaje junto a su padre y también de cuando acampaban; K reparó especialmente en aquellas fotos, el parecido era bastante, el color del pelo, los ojos y la piel eran definitivamente heredados de él.

-- ¿Era tu padre? – Preguntó para cerciorarse.

– Así es, probablemente él y tú se hubiesen llevado bien, no era tan sobreprotector como mamá, pues siempre decía que los hijos debían tener algunas libertades para aprender de los errores de la vida. Además, tenía una debilidad por las motocicletas. Mamá nunca le dejó comprarse una por miedo a que se lastimara.– Explicaba.

– Pareciera ser que tú madre intenta tener el control absoluto sobre todo. – Comentó.

– Pareciera, pero después de la charla que tuvimos en casa de la tía Roxy cuando fue a quedarme durante un tiempo, se podría decir que me ha dejado tener más libertades, es por eso que quiero que la conozcas cuando vuelva de su viaje, podemos planificar algo y darle la oportunidad de que te conozca. – Le dijo mirándolo a los ojos para estudiar su reacción.

– Sabes que si algo no me parece voy y lo digo ¿Verdad? – Le dijo.

– No esperaría menos de ti, es lo que me gusta de ti K, que no tienes que mentir para quedar bien con el mundo. Ahora, puedes no ser tan cruel al hablar, sino… con algo como… escogiendo las palabras adecuadas para no arruinarlo. – Sugirió con una sonrisa nerviosa mientras miraba por el ventanal que entregaba una hermosa vista del inmenso patio trasero

– Kula, me importa realmente un pito lo que piensen de mi, pero sé que contigo no pasa de esa manera. No prometo nada, pero si trataré de no cagarla con tu madre. – Habló a la rubia para calmarla.

-- ¿De verdad? ¡Eres maravilloso y por eso te amo! – Lo abrazó y le dio un corto, pero bien atendido beso en los labios. El peli blanco volvía a sonreír de manera sincera.

– Bueno, ahora que has conocido mi casa, puedes sentirte como si estuvieses en la tuya tigre. – Le dijo, pero lo último que podía K con aquella casa de lujo, era sentirse como en la suya, debido a la incomodidad por estar en un lugar tan fuera de contexto en su vida, probablemente tendría que acostumbrarse, si deseaba seguir con Kula, ella lo quisiera o no, venía con esa ostentosa vida.

– Saldré a fumarme un cigarrillo. – Informó.

-- ¡Espera, te acompaño! – Fue por una chaqueta y la de él para dirigirse a la terraza. K se sorprendió cuando la rubia sacó de su propia chaqueta una cajetilla de cigarrillos con esencia de vainilla.

-- ¿No sabes que eso hace mal? – Regañó a la chica que dejaba escapar el humo de su labios luego de encenderlo.

– En primer lugar, esto es culpa tuya K, te extrañé tanto que debía sentirte de alguna forma, y una noche en la que no podía dormir, salí de casa y me dirigí a una licorería, compré una cajetilla y un whisky, pero no pudo beberlo entero, así que lo escondo detrás de mí cómoda y es un secreto que planeo seguir ocultando si te parece bien cariño. – Terminó de hablar mientras le guiaba el ojo en complicidad al peli blanco que la miraba de forma reprobatoria.

– Cuando comencé a fumar lo hice porque era un estúpido chiquillo que sentía odio contra el mundo y conmigo, quería acortar mi vida porque realmente no me importaba, así que bebía por la misma razón. ¿Es odio lo que te llevó a conseguir ese vicio niña? ¿Cómo patinarás si tus pulmones se dañan? – La actitud del peli blanco había cambiado, ahora era sobreprotector y parecía estar enojado.

– Creí que ibas a entender, además, he decidido dejar el patinaje, no le veo lo malo. – Aclaró la rubia.

--¡Pero qué mierda te pasó Kula! – Levantó la voz mientras la sacudía por los hombros.

-- ¡Qué escandaloso K! Lo del patinaje lo he dejado de momento porque necesitaba aclarar mi mente y no podía hacerme cargo de las coreografías si no estaba cien por ciento concentrada. Y lo de fumar, bueno, tampoco es que fume compulsivamente como cierta persona que tiene el descaro de regañarme sabiendo que lleva por bandera éste vicio. – Dijo con un suspiró final resignada al temperamento voluble de él. Tenía razón con lo que decía, era la última persona que podía regañarla debido a su adicción compulsiva de fumar y beber.

– Escucha K, no quiero que discutamos, tenemos el fin de semana para nosotros y llevamos menos de un día en el que ya estamos peleando por una tontería. Si tanto significa para ti que deje de fumar, lo haré. – Le dijo mientras se acercaba a él para abrazarlo. Pero él tomó sus brazos y la miró de forma muy seria.

– Kula, no debes dejar de ser quien eres por algo que ya pasó, te vi patinar y aunque no entiendo ni me interesan mayormente esas cosas considero que eres una profesional, piensa en la decepción que se llevaría tu padre si viera en lo que te convertiste, me odiaría. Si realmente quieres que me lleve bien con tu familia, debes volver a ser quien eras, de lo contrario pensarán que has cambiado por mi. – Habló. Luego soltó las manos heladas de la rubia y las dejó caer mientras besaba sus labios fríos. Ahora él tenía la razón, la templanza era una cualidad que carecía, pero que con ella parecía que la parsimonia pasaba a primer plano en su personalidad. Algo tenía que lo hacía mantenerse tranquilo. Así pasaron el fin de semana juntos, conviviendo como una real pareja.

Diana había vuelto de su viaje de negocios y se encontraba en cada, Kula también están pero en su habitación cuando se armó de valor y se dirigió en donde estaba ella.

– Mamá, ¿tienes un momento?

– Claro hija, dime. – Dejó los papeles sobre la mesa y cerró su Mac portátil.

– ¿Tienes libre mañana en la noche? – Preguntó con nervios.

– Para ti y Candy siempre tendré tiempo ¿Quieres que hagamos algo? – Preguntó.

– La verdad me gustaría invitar a K para que lo conozcas. – Dijo sin rodeos. El silencio en la habitación reinó por unos instantes.

– Está bien, me parece oportuno conocer al chico que te quita el sueño. Le diré a Marta que prepare algo especial para mañana. – Dijo sin presentar mayores inconvenientes.

– Gracias mamá, he estado esperando esta oportunidad para que ambos se conozcan.– Habló con alivio en sus palabras. Luego se dirigió a la habitación para llamar a K.

– Hola tigre, todo está listo, ¿Podrías venir a eso de las nueve? – Preguntó ahora al peli blanco.

-- ¿Tú madre ha aceptado? – Quiso saber.

– Así es, incluso ha mando a elaborar una cena especial para la ocasión. – Comentó con nerviosismo por el día de mañana.

– Ahí estaré. Sueña conmigo gatita. – Le dijo.

– No hace falta que me lo digas, lo hago todas las noches desde que te conocí. Te amo, duerme bien. – Confeso con tono coqueto.

– Sabes que yo también preciosa. – Contestó.

– Por cierto, una última cosa, no menciones que estuviste acá mientras ellas no estabas, de lo contrario pensará que hicimos algo indebido. – Le advirtió.

-- ¿Acaso no fue lo que hicimos durante esos días gatita fogosa? – Le dijo sin descaro, provocando que el color de las mejillas de la rubia se encendiera al recordar que lo habían hecho prácticamente hasta en la mesa del comedor.

– K eres un pervertido. – Le acusó por el teléfono.

– Pero un pervertido que te vuelve loca ¿O me equivoco? – Le preguntó con tono ronco. – Eres mi pervertido. Buenas noches y sueña conmigo también. – Le dijo finalmente.

– No lo dudes preciosa. – Dijo, luego colgó el teléfono.

La tarde de ese día llegó y K se dirigía a la casa de Kula para conocer formalmente a su progenitora. Cuando llegó, el mayordomo lo recibió pidiendo su chaqueta como había imaginado. No pudo evitar sentir la ironía de aquel momento que pasaba en las películas siendo ahora él el protagonista de un gesto que le provocaba risa, pero ocultó el gesto con éxito. Kula inmediatamente apareció y lo abrazó seguido de un beso casto en los labios, gesto que nunca solían tener en sus encuentros, sin embargo, no podía manosear la en su propia casa estando la madre de ella presente, debía guardar las apariencias, por muy difícil que le resultaba verla con ese vestido ajustado negro y corto que le provocaban ganas de arrancárselo con los dientes y hacerle el amor desenfrenadamente como hizo con ella durante todo el fin de semana, no obstante, debía aguantarse las ganas y esconder cualquier atisbo de erección en su miembro por esa noche.

– Ven, mamá está en el comedor esperándonos. – Le dijo mientras lo tomaba de la mano para llevarlo. Su madre se levantó del asiento, era una mujer muy distinguida con aires elegantes, y aunque no tenia un gran parecido con Kula, era linda también, así que la belleza la había sacado de Diana.

– Mamá, él es K, mi novio. – Anunció a la mujer mayor.

– Mucho gusto, he oído bastante de ti K. – Habló mientras extendía su mano para que el peli blanco correspondiera el saludo que no demoró en atender.

– El placer es mío, ya veo de donde Kula ha sacado tal belleza. – Respondió provocando la sorpresa y de ambas mujeres cautivadas con ese halago que se encontraban en el salón. Un viejo truco que había aprendido de Máxima durante sus andanzas previas al compromiso con su hermana cuando le pedía que lo acompañara a conocer mujeres mayores en lugares que K sentía repulsión por las miradas lascivas de aquellas mujeres mayores desesperadas, igual que su compañero y amigo que buscaban compañía de cualquier inocente que las cortejara. Algo bueno tenía que salir de ese período oscuro y desesperado de tonto de Máxima.

– Por favor, toma asiento para que Marta sirva la cena que ha preparado para esta ocasión. Kula me contó acerca de tu gusto por las carnes, así que hoy podrás degustar una selección Especial de Filete Kobe. Espero sea de tu agrado. – Dijo la mujer con elocuencia en sus palabras.

– Gracias señora Diamond. – Dijo el peli blanco.

– Por favor, llámame Diana. – Dijo la mujer con gracia.

Sin duda aquella acotacion había sorprendido a la rubia, quien sabía que su madre se mantenía impávida en cuanto al trato con otras personas, ni siquiera a Athena le había dicho que la llamara de esa forma, cosa que le llamó la atención enfocando su mirada magenta en su madre. Quizá podría congeniar con K, a pesar del complicado carácter que éste tenía, pues, estaba acostumbrada a tratar con hombres hostiles en el mundo de los negocios.

– Dime K, ¿En qué universidad estudias? – Preguntó la mujer interesada.

Kula carraspeó con la pregunta, la había incomodado y no sabría a ciencia cierta con que comentario saldría K. Solo esperaba que no le nombrara que había estado en la cárcel o envuelto en peleas callejeras de borrachos, por lo que sintió que la cena se le subía por el esófago y la haría vomitar ahí mismo de los nervios.

– No tuve tiempo para estudiar debido a la muerte de mis padres, solo mi hermana fue y se tituló en la ciudad de South Beach, yo me desempeñaba hasta hace dos meses como mecánico de motocicletas y autos en el taller de Mechanic & Soldiers, pero ahora he ascendido y soy el encargado completo del taller, así que no debo ensuciar me tanto las manos como antes. – Finalizó para tranquilidad de Kula que tenia sus ojos cómo plato abiertos de par en par esperando que no la cagara con alguna respuesta típica de las que él daba sin importar nada. Diana pareció sorprenderse positivamente por la respuesta.

-- ¡Oh! Lamento oír lo de tus padres. Kula te habrá contado que también hemos perdido a su padre y mis esposa hace ya tres años y medio. – Comentó.

– Sí, lo sé, es algo tenemos en común. – Contestó el peli blanco.

–Bueno, no sigamos con cosas lamentables, díganme ¿Cómo se conocieron? – Preguntó para incomodidad de ambos. Era obvio que esa pregunta iba dejarse caer en algún momento. El peli negro miró fijamente a la rubia, pero ella habló a tiempo inventado otra historia que no tenía relación alguna con la original.

– Nos conocimos cuando Athena llevó el auto del abuelo Chin a reparar al taller. – Se apresuró a decir.

K sólo subió un ceja por la ocurrencia de la rubia, luego más calmada de haber inventado algo a tiempo, siguió. – Verás madre, K se especializa en autos clásicos y motocicletas antiguas como le gustaban a mi papá, así que su jefe lo designó para ver el taller, luego cruzamos miradas y me invitó a cenar, me negué en un principio pero el insistió con su caballerosidad y un día quedamos en una cafetería, y el amor comenzó a crecer a medida que nos íbamos conociendo. – Dijo con tono ensoñador creyéndose la historia. K le dedicó una mirada acusatoria, pero sabía que sí su madre se enteraba que le había mentido en cuanto a ir a la fiesta de Athena para quedarse en un bar lleno de brutos en donde se fue al apartamento de un completo desconocido que la desvirgó durante toda la noche y que de ahí no se han separado, acabaría la velada con la policía en la puerta de la casa y teniendo que recurrir a Máxima una vez más para sacarlo de la cárcel por abusar de su hija. – Sin embargo la madre escuchaba atenta la historia de su hija que sonreía tomando la mano de su enamorado.

– Y esa es la historia de cómo empezó lo nuestro. – Terminó de hablar satisfecha con la trama ficticia que había improvisado.

Así transcurrió la cena sin mayores acontecimientos, Diana no hubiese escogido al peli blanco como el novio de su hija si en ella estuviese la decisión. Pero veía a Kula tan enamorada y contenta con él que olvidó sus prejuicios, pudo apreciar que era un chico honesto y bueno, a pesar de lo serio se notaba que también amaba a su hija en la forma que tenía al mirarla, así que lo invitó a concurrir la casa más seguido para compartir junto a Candy, su hermana, y el novio de ella, cosa que a ninguno de los dos le pareció buena idea, pero asistieron por respeto a la mujer.

– Gracias por ser como eres. – Le dijo la rubia mientras lo acompañaba hacia donde se encontraba estacionada la Harley.

– Lo hago solo por ti, de lo contrario no me hubiese contenido de responder como siempre. – Le dijo mientras la rodeaba por la cintura.

– Oye… quiero ese vestido cuando vayas al apartamento, no pienso quedarme con las ganas de arrancártelo y follarte en mi cama. – Le Susurró y presionó su erección contra la intimidad de la rubia.

– Te lo mereces, aunque es uno de mis vestidos favoritos, después de que hayas aceptado conocer a mi madre considéralo mi regalo especial como premio por haberte portado como un caballero, tigre. – Le Susurró no sin antes mordisquearle el lóbulo de la oreja para provocar sensaciones en el moreno.

– Nos veremos el viernes pequeña. – Le dijo mientras presionaba más su erección provocando que el vestido traspasara hasta la ropa interior de Kula que ya comenzaba a mojarse. El peli blanco no se contuvo de lamer el cuello pálido de ella. – K, mi madre puede vernos, o cualquier persona. – Le dijo con un gemido casi escondido intentando controlarse. Pero las hábiles manos de K que apretaban su culo hacían dificultosa la tarea. El peli blanco se separó de ella dejándola con las ganas de más, aunque ambos sabían que no podrían continuar con aquello.

– Te espero el viernes con ese vestido gatita. – Le dijo y luego se subió a la moto para alejarse de la rubia que sufría por no poder continuar.

--

Era la última semana del mes y Heidern volvería de su viaje para revisar que todo siguiera bien en el taller, así como la prueba que le había impuesto a K y a su compañero en cuanto a los nuevos cargos que los había dejado, para lo cuál, cada uno debía elaborar un informe en el que detallarán un registro de las gestiones elaboradas que desempeñaron durante su ausencia. Aquel documento era importante, puesto que sería presentado al inversionista mayoritario que tendría la resolución para que siguieran o no en el cargo. K se encontraba frente al computador afinando algunos detalles que Máxima le había sugerido que revisara cuando sus ojos comenzaban a cerrarse a causa del sueño, ya que Kula lo había despertado con un felatio tan excitante que acabó devolviéndole el favor durante toda la noche, eran insaciables, y al recordar con detalle las sensaciones que lo habían invadido durante la velada con su novia, una erección comenzaba a asomarse en su pantalón. Sintió la molestia por el roce, así que intentó mover ambas piernas y pensar en otra cosa que no fuera la imagen de ella con sus pechos saltando sabrosamente al compás de su cuerpo sobre su miembro que bombeaba el espeso líquido caliente en el interior de su vagina. Definitivamente no lo conseguía, de pronto, su celular vibró con un mensaje de la protagonista de sus fantasías; "Tenemos que hablar K, te veré hoy en el apartamento".

Aquellas palabras fueron el balde de agua fría que necesitaba para adormecer su miembro ansioso por penetrarla. Iba a llamarla cuando Heidern entraba a la oficina.

– Muchachos, espero tengan listo esos informes porque en veinte minutos vendrá el señor Yabuki y tendremos una reunión que decidirá vuestra permanecía en el cargo. – Anunció mientras ingresaba a la sala de juntas que se encontraba al fondo.

K decidió contestar el mensaje a través de texto, algo le había pasado, sin embargo, no era tan urgente si podía esperar hasta la tarde, así que puso en marcha sus dedos en el teclado para finalizar lo poco que faltaba escribir, pues el tiempo se agotaba en su trabajo y su ascenso dependía de ello. Tenía un plan a futuro por primera vez en su vida, y eso incluía a Kula, le interesaba el ascenso y el cargo que en otra oportunidad hubiese rechazado por ser mucha la responsabilidad. Ok, sabes donde dejo las llaves. Contestó de vuelta, se dirigió a la impresora para tomar el documento y llevarlo a la sala de reuniones en donde lo esperaban.

– Usted debe ser el señor Dash. – Expresó un señor entrado en años, vestido de forma elegante con un terno a medida, que se levantaba para recibirlo con la mano estirada para estrecharla en señal de saludo.

– Sí, soy yo. – Afirmó en respuesta a lo que estimaba aquel señor. K sabía que él era el padre del puto chiquillo que se había escudado en sus amigos y le habían dado una paliza. No lo olvidaba, se vengaría más temprano que tarde.

– Es un placer por fin conocerlo, Heidern me ha hablado mucho de usted y su compañero, ambos prometen mucho en este lugar. – Elogiaba a los hombres que se encontraban en la sala.

– Eso lo estimaremos cuando decidamos según los informes. – Interrumpió el hombre con el parche en el ojo. K lanzó una mirada hostil a aquel hombre que había refutado el elogio.

– Ya he entregado mi informe, así que no tengo nada más que hacer acá. – Dijo mientras se retiraba de la sala. Cuando volvía de su hora de almuerzo, se dirigía a su lugar de trabajo con extrema pereza, cuando Heidern nuevamente lo llamó haciéndole señas para que ingresara con ellos.

– Acércate chico. – Dijo.

K de mala gana se acercó, puesto que pensaba dormir una pequeña siesta con el tiempo restante de su descanso.

– Tenemos noticias para ti K, el señor Yabuki y yo hemos decidido que te quedes en el cargo definitivamente, durante estos meses pudiste llevar a cabo una buena gestión a pesar de la gran responsabilidad que tuviste a cargo de lograr que todo funcionará con normalidad. Así que, desde hoy eres el nuevo Jefe de Taller de Mechanic & Soldiers y que te encuentres a la altura para los desafíos que vendrán de ahora en adelante. -- Le informó. – Lo felicito señor Dash, es usted el indicado para lograr las nuevas metas que nos proponemos como empresa para expandirnos. – Le dijo el señor contento con aquella decisión. Por extraño que fuese, el señor Yabuki no tenía las ínfulas presumidas de su hijo, era amable y educado, hasta parecía tenerle estima al peli blanco con tan solo haberlo visto una vez, probablemente Heidern le había comentado cosas buenas, aunque dudaba que fuese así, pero ni modo, el peli blanco no iba a cuestionarsa quién le había dado la oportunidad y un gran ascenso para desempeñar nuevas funciones, tediosas, pero se justificaban con la excelente paga.

La hora de salida llegó y K se alisto mas rápido que de costumbre, esta vez no podría quedarse las horas extra que solía cumplir, Kula lo esperaba en el apartamento y también quería compartir con ella la noticia de su ascenso definitivo, así que pasó al mercado para comprar algunas cosas. Ahora debía encargarse de todo, Máxima se encontraba en su luna de miel con Whip en Holanda, y ya no haría las compras del mes, de mala gana tendría que arreglárselas solo.

Al llegar al apartamento, colocó las llaves en la cerradura cuando la puerta se abrió de golpe con Kula saltando sobre él.

-- ¡Hey! ¡Nos caeremos al suelo Kula! – Dijo mientras alcanzaba a detenerla con el abrazo que sostenía el cuerpo de la rubia que se aferraba a él como si no lo hubiese visto en mucho tiempo, y a pesar de su delgada contextura, tenía mucha fuerza para lograr mover de su sitio al peli blanco.

Ella lo miraba distinto, no le había prestado mucha atención al mensaje cuando se lo mando en medio de sus fantaseos y responsabilidades del trabajo, pero ella se encontraba más pálida de lo normal, algo le sucedía.

– Debemos hablar K. – Le dijo esta vez a la cara.

– Lo sé pero primero déjame entrar al apartamento y podremos hablar de lo que quieras bonita. – Le dijo con tono cansado mientras se la llevaba al interior del apartamento y cerraba la puerta junto a la chica, el casco y su mochila que llevaba a trabajar quedaban tirados en el sillón. Kula se bajó un apenada por el repentino arranque de efusividad en el peli blanco. Sin embargo, lo que debía decirle era algo que no sabría como iba a tomar.

-- ¿Y bien? ¿Qué quieres decirme? – Le preguntó notando al mismo tiempo que ella se encontraba nerviosa e incómoda por algo.

– Bueno… verás… yo… últimamente… creo… -- No sabía por donde empezar, si bien era cierto, tampoco estaba segura de lo que iba a decirle.

K se acercó hasta la rubia nuevamente, y la besó mientras sus manos recorrían la cintura de la chica.

– Si te relajas un poco, quizá puedas decirme lo que tienes. – Le dijo él con tono seductor en su oído. Pero lo cierto es que había logrado el efecto contrario en la rubia quien se reincorporó de aquel beso demandante de amor.

– Estoy atrasada en mi período y quizá esté embarazada– Soltó sin más.

Para K fue como un balde de agua fría, esperaba cualquier cosa, pero eso jamás.

-- ¿Cómo es posible que…? – soltó cómo si de un balbuceo ininteligible tratara de comunicar.

– Creo que cuando nos reconciliamos no tomé las precauciones debidas porque no estaba tomando los anticonceptivos después de que nos separamos, pero luego pensé que no pasaría esto tan pronto si lo hacíamos durante un tiempo sin protección. Lo siento. – Dijo con culpa.

El silencio de K era realmente perturbador.

-- ¡¿Cómo eres tan irresponsable Kula?! ¡Demonios cómo se supone que debo recibir esta noticia! ¡Mierda Kula! ¡Un puto detalle se te ha pasado y resulta que ahora no tienes idea si tienes o no un maldito bebé creciendo en ti niña estúpida! – Gritaba a la rubia que lloraba con cada palabra que el peli blanco escupía como si de dardos venenosos se trataran.

– K escucha yo… -- Intentó hablar la rubia, pero en seguida fue silenciada por él. Se había dado cuenta que nuevamente había lastimado a Kula, y que debía enmendarlo antes de que fuera demasiado tarde.

– Disculpa Kula yo… debo salir un momento… necesito pensar… -- Salió del apartamento sin avisar, dejando sola y con una tremenda tristeza a la chica.

--¡K a dónde vas! – Preguntó desesperada sin conseguir respuesta del hombre que ya había cerrado la puerta tras de sí. Sintió que las piernas no le respondían y cayó al suelo para romper en llanto; sabía que podía existir esa opción en cuanto a la reacción de K. Pero no imaginaba que sería tan intensamente dolorosa e insoportable la idea para él de que ella tuviese un bebé de ambos en su interior. Llevó sus manos a su vientre y las lágrimas comenzaron a caer al suelo desde su rostro que mostraba cuánto le habían dolido las palabras de hace unos momentos.

K había salido sin su chaqueta, por lo que el frío que hacía a esas horas de la noche calaba los huesos a pesar de llevar un suéter grueso, caminaba a paso rápido y para qué decir de su cabeza cuyos pensamientos viajaban a la velocidad de la luz con la información que tenía por digerir ¿Era tan terrible que Kula hubiera dejado los anticonceptivos cuando no estaban juntos y luego los olvidara durante todo el mes después de haberse reconciliado con él? Sabía que los hijos no aparecían en el útero de las mujeres por arte de magia, debía aceptar la mitad de la irresponsabilidad si era el caso de que Kula tuviese un hijo de él esperando. Un hijo, sí fuese así sería un lindo bebé con los ojos de ella y probablemente su color de piel, o una mezcla de sus ojos con el cabello de ella. Tuvo aquella imagen y para su sorpresa no le desagradó en lo absoluto la idea. Kula era la mujer que amaba, y había sido un estúpido cuya reacción había estado demás, probablemente si Whip y Máxima se hubiesen enterado de la actitud inmadura de él, lo hubiesen golpeado y obligado a escuchar el mayor sermón de la vida. Salió de la farmacia para volver al apartamento. Cuando llegó, encontró un silencio que no le agradó para nada.

--¿¡Kula!? – Llamó, pero no hubo respuesta. El apartamento era espacioso, pero nunca tan grande como para no notar que la chica se había marchado, así que buscó en la cocina y revisó el comedor, luego fue al cuarto de lavado y finalmente a las habitaciones, ingresó a la suya y la divisó en la cama en donde se encontraba dormida y en posición fetal mientras soltaba leves sollozos por haber llorado. K se sintió el ser más miserable y despreciable que pisaba la tierra por haber reaccionado de esa forma con ella. La meció con cuidado y besó su mejilla, Kula abría lentamente los ojos, cuando vio a su peli blanco sentado cerca de ella, las lagrimas comenzaban a salir nuevamente y una mueca similar a un puchero se acentuaba en su boca.

– Kula yo… disculpa, fui un estúpido que no supo reaccionar de forma madura y quiero que sepas que… -- Fue interrumpido por la rubia que se lanzaba a sus brazos y se aferraba nuevamente como si fuera la última vez juntos.

– Todo es culpa mía K, soy una tonta irresponsable que no fue capaz de cuidarse y ahora quizá todo se estropee si yo… pensé que no te vería y… ¡No te vuelvas a ir por favor K yo…! -- No terminó debido al llanto explosivo que salió de su interior, dejando casi con sordera al peli blanco por la especie de alarido desolador que emitía la rubia.

– Gatita escúchame. Fui por un test de embarazo para que estemos seguros, si resulta positivo, no estarás sola preciosa, jamás me apartaré de tu lado ni aunque me lo pidas, tendrás a mi hijo porque solo contigo me he imaginado un futuro, así que no tienes opción, te he escogido como la madre de mis hijos. -- Reflexionaba más para sí mismo que para consolarla, hasta le parecía tierna la imagen de ver a Kula con un avanzado embarazo, se veía realmente hermosa. Un ligero rubor se asomó por sus mejillas, y la rubia también lo notó, ella estaba como un tomate por aquellas palabras que de pronto habían salido de la boca del peli blanco.

– K… yo… -- No terminó de hablar debido al beso que el chico le había robado de su labios.

– Ahora irás al baño, te harás el test y luego esperaremos en resultado. – Le dijo mientras la ayudaba a levantarse y la acompañaba al baño.

Al cabo de unos minutos en silencio que parecían eternos para la pareja, no podían ocultar el nerviosismo, él encendió un cigarrillo en el balcón. Cuando terminó, se dirigió al baño para revisar el test. Kula lo jaló de la mano.

-- ¡Espera K! – Lo detuvo.

– Lo haré yo. – Dijo decidida, y se levantó para mirar el resultado.

Era negativo. No obstante, la rubia sentía un vacío en el corazón, no sabía explicarlo ¿Estaba decepcionada?

– No estoy embarazada. – Dijo mientras se detenía frente al peli blanco sosteniendo el test en sus manos, suspiraba fingiendo alivio.

El sentimiento que invadía al moreno también era similar al que sentía la rubia, pero decidió ocultarlo al ver la cara de alivio y la pequeña sonrisa que nacía de sus finos labios. -- ¿Ves? No había que temer, si el test lo dice es que no estás embarazada, ahora podemos celebrar que nuestras vidas no van a cambiar y que tengo un ascenso definitivo en Mechanic & Soldiers. – Anunció más calmado, aunque seguía con ese sentimiento incómodo ¿Estaba decepcionado?.