3.- De un demonio y un ángel enamorados.
Crowley conducía a toda velocidad por la pequeña carretera rural que se encontraba cerca de la cabaña que compartía con el ángel. Llevaba las luces encendidas, a pesar de que no las necesitaba, porque no quería que ningún pueblerino despistado chocase contra su auto. No estaba de humor para lidiar con ello. Apretó con fuerza el volante, había cometido la mayor estupidez de su inmortal vida. Había lastimado a su ángel. No podía dejar de recordar la mirada de dolor en el rostro de este.
¿Cómo demonios es que todo había terminado así?
Sin importarle salirse del camino condujo hasta una pequeña colina rodeada de árboles. Estaciono el auto cerca de los primeros árboles y camino a través de ellos hasta llegar a lo alto del lugar. Se tumbó sobre la hierba, observando las estrellas que cubrían el firmamento, eran hermosas. Sabía que había ayudado a crear algunas, pero no recordaba cuales. Memorias perdidas de un tiempo lejano que nunca iban a regresar. Cortesía de Dios a su caída, por supuesto.
Él no había querido caer. En realidad, solo camino lentamente hacia abajo. Se había juntado con las personas equivocadas. Había hecho las preguntas incorrectas. Y el resultado había sido ser sumergido en una piscina de azufre hirviendo.
Pero al final había sido lo mejor.
Pues no podía ser como ellos querían que fuese. No hubiera sido un buen ángel, ni siquiera era un buen demonio. Solo era él.
Con un chasquido de sus dedos hizo aparecer una botella de vino y una copa. Se sirvió, bebiéndose el contenido de un trago. Tal vez eso lo haría sentir mejor.
No fue así.
Pero al menos se sentía un poco menos miserable.
El dolor era más soportable.
Ni siquiera tenía el valor de disculparse con su ángel. Había sido impulsivo, hablo sin pensar, lastimando al único ser que le importaba. Sabía que las cosas tampoco eran fáciles para Aziraphale, después de todo, su confianza ciega hacia el cielo no había sido recompensada.
Los dos eran un desastre en verdad...
Ya ni siquiera sabía cuántas copas se había bebido, no se sentía borracho, pero tampoco estaba sobrio. Tenía que regresar, ver a Aziraphale, tratar de hacer algo. Con pasos torpes, bajo la colina y entro en el Bentley arrancándolo a toda velocidad.
*.*:*.*
Aziraphale trato de concentrarse en el libro que tenía entre sus manos, llevaba media hora en la misma página, sin poder avanzar en su lectura. Molesto, cerro el libro, colocándolo a un lado suyo. No podía dejar de pensar en Crowley. Sabía que el demonio sería incapaz de hacerle daño, pero no por ello no le habían dolido sus palabras. En el fondo, siempre había sabido que el cielo no tenía la misma forma de ver las cosas que él, pero no debía cuestionar sus órdenes. Que ciego había sido. Que injusto había sido con el demonio. El único que lograba comprenderlo un poco. Sin duda, se merecía su desconfianza. Y, aun así, se sentía herido de que pensara que era capaz de abandonarlo.
Nunca podría hacer eso. Después de tantos años, jamás podría separarse de él. No podía imaginar su vida sin el demonio.
¿Es que acaso Crowley no estaba enamorado de él?
Un fuerte ruido lo saco de sus pensamientos. Con cautela se dirigió hacia dónde provenía el ruido. Esperaba que no fuese ningún ladrón tratando de entrar a la casa. Camino hacia el jardín de donde se escuchaba el sonido de unas macetas cayendo y una voz que reconoció al instante. Fue grande su sorpresa al ver al demonio, sentado en el suelo rodeado de plantas y de los restos de las que había tirado sin querer.
―Y entonces le dije que era capaz de regresar al cielo si lo perdonaban... ―les gritaba a las plantas― No puedo olvidar su expresión... Lo herí, ¿saben?... ― continúo abrazando a un par de arbustos― Un demonio hiriendo al ángel que ama, sí que es bastante irónico, ¿no?... Pero tuve que meter la pata y eso... Como si ese fuese un buen momento para ser malvado... Tal vez ni siquiera me perdone, seis mil años tirados por la borda... Que estúpido...
―Crowley... ― le llamo el rubio acercándose a él.
― ¿Aziraphale? ―dijo demonio entornando sus ojos― Creo que ya he bebido demasiado... ¿Ustedes están viendo lo mismo que yo? ― le pregunto a las plantas.
―No soy ninguna alucinación, Crowley ―dijo agachándose hasta quedar a su altura―. Oh mi querido muchacho ―murmuro colocando sus manos sobre sus mejillas―. Lamento lo que paso, sé que estas arrepentido y no tengo nada que perdonarte. Al contrario, soy yo el que debe disculparse
―Ángel...
―Te he tratado terriblemente, Crowley. No confié lo suficiente en ti, a pesar de que nunca te apartaste de mi lado. Lo siento tanto...
―No digas eso, ángel... ―murmuro el demonio― Solo hiciste lo que creías correcto...
―Y me equivoque. ¿Sabes una cosa, Crowley? ―sonrió el rubio, acercando su rostro hasta quedar a escasos centímetros del contrario― Siempre he sabido, en el fondo, que estoy enamorado de ti... ―lo beso en los labios con suavidad
―Yo también te amo, maldita sea ―dijo el demonio completamente sonrojado, mientras lo sujetaba del cuello de su camisa para profundizar el beso.
