Hola Manú, disculpa no haber respondido a tu último review pero la verdad es que se me pasó y después me di cuenta que no había escrito una respuesta para ti, por lo que ahora te contesto, si quieres escribirme el one shot, lo puedo publicar con tu autoría y así editarlo, tu me escribes si te parece o me mandas tu correo también y yo te contesto para que así pueda editarlo si es lo que quieres. En cuanto a lo de javiwario, también he visto esa ficha de K, en la que menciona que la ve como hermana menor, pero mucho antes de hacer éste fic, llegué con la misma información que tú con respecto a los creadores en cuanto a la libre interpretación que le dieran los fans, además no recuerdo pero en otro post de una chica en su blog cuyo nombre no me es posible recordar, mencionaba que K sentía una especie de ternura por Kula pero no se lo demostraba, y como dices, ellos no tienen parentesco sanguíneo porque el adn de Kula fue modificado y/o alterado por su poder, así que tampoco creo sea factible que la vea como hermana o en realidad lo sean. Sin más, te dejo con otro capítulo de la historia. Gracias por seguir fiel a esta narrativa.

Capítulo XVII

Dark Times

El susto de un posible embarazo había pasado haces algunas semanas, y la idea de ser padres se había esfumado de momento, pues Kula había vuelto a tomar los anticonceptivos después de la visita al doctor en compañía de Athena para no perder los estribos como en aquella vez, pero la proyección de estar juntos que en ambos había surgido en la relación se había acentuado, ya no pretendía vivir el momento o lo que durará con ella como en sus inicios, Kula conocía ya a su familia y había asistido a la boda de su hermana, él había conocido formalmente a su madre, esto avanzaba a algo más serio, pensaba el peli blanco mientras se hallaban en su habitación, específicamente recostado entre las sábanas con el torso desnudo y con la rubia dormitando en su pecho luego de haber experimentado uno de aquellos orgasmos nocturnos que la dejaban rendida. La chica había vuelto a patinar, pero no podía decir lo mismo del cigarrillo, solamente fumaba cada tanto, así que tampoco era tan dañino como los siete cigarrillos diarios que fumaba K, puesto que habían hecho un trato en que K también debía reducir su adicción y dejar de fumar una cajetilla diaria y beber alcohol solamente los fines de semana. Había costado lograrlo en un principio, pero la rubia conseguía desenfocar su atención de aquella necesidad adictiva con otras cosas, nada relacionado con el ejercicio, ya que K era un zángano declarado al mundo, más ahora que solía llegar muy tarde de su trabajo. Kula lo esperaba en el apartamento ya que no quería que se apareciera en el taller provocando las miradas lascivas de sus compañeros de trabajo como solía causar cada vez que salían a algún lugar, no había estúpido que no se quedará idiotizado con la bella novia que tenía, los celos lo hacían perder el control, y como no quería extraviar la poca cordura que le quedaba, prefería seguir declarado inocente de cualquier posible asesinato con alguno de sus compañeros de labores. Pensaba en todo aquello mientras acariciaba sus cabellos finos y azulados producto del efecto de las luces nocturnas en su habitación. Cómo amaba que tuviera ese efecto, solo en ella había visto algo tan extraño y fascinante a la vez, extrañaría verla seguido, puesto que sus clases en la universidad comenzarían en un par de semanas en donde ella cursaría su tercer año en la universidad, cada vez más pronta a titularse. Ahora fantaseaban con proyectos juntos cuando ella terminara sus estudios, les permitiría viajar en su Harley por toda América del Norte, luego ingresaría a la empresa que manejaba su madre y comprarían la cabaña a la que fueron a celebrar su primer mes juntos en South Beach. Era lindo soñar, una sonrisa emanaba de sus labios mientras sus ojos se cerraban conciliando el sueño.

–¡Buenos días amor! – Exclamó la rubia con una bandeja en sus manos y el desayuno servido para los dos. K apenas se removió de la cama, también se encontraba cansado por el trasnoche de algunas horas.

– Solo unos minutos más gatita. – Le dijo para que lo dejara dormir. Pero la rubia que dejaba en la cómoda la bandeja mientras colocaba en su Ipad Beloved de The Sweet Harmony, para luego aproximarse al peli blanco y besarlo en el cuello mientras se posicionaba entre sus piernas.

– He hecho jerky beef con caféextra negro como te gusta amor. Sería una pena que se enfriara por querer seguir durmiendo. – Se lamentaba la rubia mientras soplaba suavemente el cuello de K.

-- ¡Aargh! Está bien, solo deja que me siente para despertar mejor. – Le dijo mientras intentaba moverse con la rubia encima.

– Alguien ha despertado antes que tú tigre. – Notó la rubia mientras se mecía suavemente sobre la erección mañanera de K.

– Eso es obvio si la primera imagen es de ti con la sudadera abierta y mostrando esas tetas tan redondas y firmes que se mueven de un lado a otro cuando te meneas sobre mi pene preciosa. – Le dijo mientras levantaba su pelvis para acentuar mejor su erección ya bastante dura que la chica conseguía levantar cada vez que se colocaba sobre él.

– Mmm tengo sed, ¿Qué tal si me das a beber de tus jugos preciosa? – Le dijo mientras agarraba el culo apretado de la rubia.

– ¡Pero hice tu desayuno favorito K! No quiero que se enfríe. – Se lamentó con un puchero. – Está bien, está bien. Pero no te salvarás de haberme provocado después de esto. – Mencionó mientras la rubia le daba un corto beso en los labios y se levantaba en dirección a buscar la bandeja.

– Está sabroso, debo admitir que las primeras veces eras un desastre con la preparación de las carnes y mi café, pero ahora te amo hasta en la forma en como cocinas gatita. – Le dijo mientras degustaba su café caliente.

– No sé si agradecerte por el halago o aventarte con una almohadilla por semejante crítica, pero me quedaré con el halago y seguiré con mis deliciosos waffles. – Habló.

– Deberías comer menos cosas dulces, no sabes lo que te pierdes con estas delicias. – Le dijo mientras cortaba un pedazo de carne para darle a probar a la rubia.

– Ya sabes que no me apetecen las carnes secas y saladas, ni las cosas calientes, pero puedo probar si tu te comes un waffle de los míos. – Lo desafió.

Ella abrió la boca para recibir el bocado que K le ofrecía, a su vez que también aceptaba parte de uno de los waffles de Kula.

– Nada mal preciosa, me he acostumbrado un poco a las cosas dulces, aunque nada se compara al bocado más sabroso que he probado entre tus piernas gatita. – Le dijo con tono provocador.

-- ¡Eres un pervertido K! – Se quejó con falso enojo.

-- ¿Y te gustó mi carne? – Le preguntó a modo de juego en sus palabras.

La rubia se trapicó con él pedazo de carne que K le había brindado de su desayuno, pero rápidamente se recompuso del pequeño percance bebiendo un poco del café de K, que al sentir su sabor puso una cara de asco debido a lo amargo del líquido.

– Deberías probar cosas mas dulces, quizá no despiertes tan gruñón, éste café es la razón de tu mal humor cariño. – Se burló.

– En eso te equivocas, solo hay dos tipos de cosas que me pueden despertar de buen humor, el desayuno con jerky beef, y tú desnuda con la entrepierna húmeda esperando ser lamida. – Dijo mientras se llevaba un pedazo de carne a la boca como si fuera de lo más habitual, dejando a la rubia casi con una subida de presión en su cara colorada por la confesión tan directa sobre los gustos de K, aunque no quiso quedarse atrás e intentó responder la pregunta que él le había hecho unos minutos atrás.

– Admito que tienes razón con lo de haber mejorado mis dotes culinarios. Pero si te refieres a lo otro… debo decir que me gusta mucho más que lo que me has dado a probar ahora. – Le dijo esquivando la mirada y con un suave rubor en sus mejillas que aún permanecía en ella por la confesión que el peli blanco la había obligado a declarar.

Esas fueron las palabras clave para que el desayuno pasara a segundo plano y comenzarán nuevamente a lo que K había querido desde un comienzo, Kula se entregó a los brazos y caricias del moreno que la levantaba de la cama para colocarla sobre él, sus labios sabían dulce por los waffles y la boca de él era salada, una combinación perfecta de lo agridulce de su relación, luego la sudadera quedó en el suelo y el peli blanco comenzó a lamer sus pezones rosados, ella estiraba su cabeza hacia atrás para que el moreno tuviese un mejor acceso a ellos.

– Quiero lamerte entera gatita. – Le decía mientras saboreaba su blanca piel, la chica gemía por los mordiscos que él dejaba marcado en su cuerpo. Luego la recostó en la cama para cambiar de posición, levantó sus piernas hasta sus hombros y la penetró sin más, se sentía deliciosa la sensación de hacerlo sin preservativos, era molesto para él tener que interrumpir el momento para colocárselo mientras la rubia retomaba el hábito de tomar pastillas. Estaba erecto y solo quería sentir su interior estrecho y húmedo, la chica gimió todavía más agudo por lo profundo que llegaba su pene.

– Estás muy adentro K, si sigo en esta posición me iré más rápido que otras veces. – Le dijo mientras su ruborizado cuerpo se contraía con cada embestida.

– Deja que lo haga de esta forma, me encanta sentir que puedo llegar hasta topar con tus paredes internas preciosa. – Hablaba entrecortado por la agitación del movimiento. Las embestidas eran más profundas en la medida que el peli blanco se excitaba, se acercó más para besarla y acallar sus gemidos que hacían eco en toda la habitación. De pronto, la chica no pudo retener más el orgasmo y dejó que su interior explotara con el miembro duro de K que seguía moviéndose, provocando que las sensaciones fueran más fervientes y prolongadas.

– Eres tan sensible, me encanta. – Dijo mientras seguía moviéndose en su interior y resoplaba el aire por la excitación, la chica tenía su cuerpo entumecido completamente por el clímax, pero él no había alcanzado aún el orgasmo, así que se apresuró a penetrarla con más fuerza y más velocidad. Kula apenas podía seguir el ritmo con tanto placer que le propinaba cada penetración del miembro de K.

– Me iré pronto si te contraes de esa forma. – Confesó ronco y agitado.

– Hazlo, siento que me iré otra vez K. – Le dijo con un hilo de voz entrecortado.

El peli banco la levantó y la colocó de manera que le diera la espalda mientras se apoyaba en sus rodillas, permitiendo que sus dedos tocarán su empapado clítoris que se hallaba caliente por el orgasmo aún, con la otra mano pudo sujetar su rostro mientras hacía su cabeza a un lado para morder su cuello.

– K me vas a marcar la piel. – Dijo mientras el placer se acentuaba en sus palabras con un gemido provocador a los oídos de K que movió su pelvis con más fuerza para penetrarla llegando al punto en que su semen comenzaría a salir de su pene.

– No le veo el problema, eres mía y puedo dejar las marcas que quiera en tu cuerpo preciosa. – Le decía en su oído mientras la masturbaba con su mano derecha y con la otra la acercaba mas a él aún, logrando que por fin el semen caliente inundara su vagina y chorreara por las piernas recargando su cuerpo en el de la rubia que por segunda vez alcanzaba el orgasmo cayendo rendida sobre la cama y K sobre ella tratando de no aplastarla apoyándose con sus brazos, cuyas venas se marcaban bastante por la posición de su cuerpo sobre la espalda de la rubia. Su cabello largo cubría gran parte de su delicada piel enrojecida por el acto, y a la vez caía cobre la cama. K lo llevó a un lado para besar los hombros de Kula quien suspiraba agitada en la cama con los ojos entrecerrados.

– Un día de estos me desmayaré por no descansar entre un orgasmo y otro tigre. – Habló mientras se quitaba el sudor que caía desde su cuello hasta sus pechos mojados y rosados en las partes que K la había mordido y succionado, dejando marcas como acostumbraba cada vez que lo hacían.

– Créeme que yo también siento que una parte de mi energía se va en tu vagina cada vez que eyaculo. – Confesó haciéndose a un lado de la rubia para descansar, no sin antes depositar un corto beso en sus labios para caer dormido por otra hora mientras la abrazaba. Kula se acurrucó a su lado para descansar nuevamente después de la lluvia de sensaciones en su interior; una sonrisa se formaba en sus labios, amaba a K con locura, al punto de dejar todo por él si se lo pedía.

Cuando despertaron, la rubia miró la hora en su Ipad que había dejado encendido hace una hora atrás y que seguía sonando a bajo volumen con Your Love means everything de Coldplay, su celular que se encontraba en el mimo lugar vibró con una notificación de mensaje proveniente de Athena. "Kensou y yo iremos al parque de diversiones en un par de horas, ¿Se animan a venir?. Decía el mensaje, que le parecía una excelente idea para no estar encerrados aun con el frío que hacía afuera. Eran las once con treinta y siete de la mañana, miró a K quien dormía plácidamente a su lado, lo movió de forma sutil para despertarlo, el peli blanco abrió con pesar sus ojos que le dedicaron una tierna mirada a la rubia, ella le sonrió y le preguntó:

-- ¿Podemos ir al parque de diversiones con Athena y Kensou? Oí que hoy es el último día y no quisiera perderme la temporada. – Preguntó esperanzada de no oír una negativa por parte de K.

– Estoy cansando Kula, ¿no quieres ir a otro lugar más tranquilo? – Sugirió.

-- ¡Por favor! Nunca hemos salido a un lugar así, pasamos encerrados en el apartamento y quisiera hacer algo más, es decir, no me malentiendas, me encanta compartir a solas contigo, pero desde un tiempo que no veo a mis amigos y realmente quiero que te lleves bien con ellos. Además ya conoces a Athena, es una chica agradable y Kensou es un chico bastante simpático, y como parejas podemos salir juntos. – Enfatizó la pálida chica buscando convencer a K.

– Ni modo, pero no intentes subirme a todos los juegos porque detesto esos lugares llenos de gente. – Gruñó.

-- ¡Gracias mi amor! Llamaré ahora mismo a Athena y les diré que nos veamos en el Central Park a las dos. – Dijo mientras brincaba de la cama con energía renovada por el panorama que arrastraría a su novio que se removía con pereza y resignación en la cama.

– Buscaré algo de ropa que dejé en la cómoda para que salgamos a divertirnos. – Dijo la rubia que se dirigía al cajón destinado para ella, que el peli blanco había resuelto dejar para las veces que ella solía quedarse con él en el apartamento. Ya tenía su dentífrico, su cepillo de cabello, unas botas con taco a media canilla, su pijama y algunas cosas de aseo que la rubia iba dejando con el paso de las semanas, lo habían discutido debido a las numerosas ocasiones que la rubia debía ocupar la ropa de él mientras estaba en el apartamento, aunque adoraba verla y luego sentir su perfume en sus prendas que ocupaba durante su estancia, le era más cómodo que fuera dejando alguna que otra prenda para salir, como ahora era el caso. Así que tomó una falda negra tableada, unas pantis lisas, un suéter sin hombros blanco que dejaría ver la cruz que K le había obsequiado y que nunca se quitaba. Se dirigió al baño para tomar una ducha y estar linda para sus amigos, mientras tanto, K se disponía a encender un cigarrillo en lo que abría las ventanas del balcón para no dejar la habitación con el humo adentro. Así que esperaría que la rubia se alistara completa, sabía que eso iba a demorar, así que tomó con tranquilidad la primera bocanada de humo, estaba nublado y no había indicio alguno de que el sol saliera para subir un poco las temperaturas invernales. De tan solo pensar que debía asistir únicamente porque la chica que amaba le encantaban esas tonterías de los parques de diversiones lo dejaba exhausto. Sí que se debían hacer estupideces cuando se era novio, pensaba, pero ver la sonrisa impoluta de Kula disfrutando junto a él y divirtiéndose lo hacía sonreír también, sin duda estaba estúpidamente enamorado. Daba gracias al cielo de que Whip y Máxima no se encontraran en ese momento para ver lo estúpido que podía llegar a sentirse de tan solo pensar que se reirían en su cara mientras lo molestaban con ridiculeces románticas o cosas así por el estilo.

Cuando la rubia se alistó para luego ir a lavar trastos sucios del desayuno hizo la cama y barrió un poco mientras K se encontraba en el baño, pensaba que así sería la vida de ellos cuando viviesen juntos, cosa no muy distinta a lo de ahora, ya que había decidido pasar sus últimas de semanas la de vacaciones junto a K durante algunos días, puesto que, al ingresar a la universidad ya no se verían tanto como ahora, ella estudiando y él quedándose hasta tarde en el trabajo restaría mucho tiempo para limitarse a los fines de semana solamente como solían hacerlo al principio de la relación. Por eso, quería aprovechar al máximo ese tiempo junto a su querido gruñón. Su vida sería aún más íntima si luego se casaban y ella quedaba embarazada, tendrían que compartir labores cuando naciera el bebé que sería encantador por sus rasgos idénticos con los de su padre al tener los ojitos y el cabello del moreno, pero recobró la conciencia luego de divagar en fantasías, sintió su cara arder de la vergüenza, buscó entre sus cosas algo de maquillaje para disimular, así que colocó labial de color uva y usó su máscara de pestañas para desviar el rojo de sus mejillas, se miró al espejo y quedó contenta con el resultado, esperaba que K lo notara.

Cuando éste entró nuevamente a la habitación tal y como Dios lo había mandado al mundo, dejando ver su maravilloso abdomen marcado, cuyas gotas provenientes de su cabello mojado recorrían el camino por sus oblicuos que la invitaban a probar las delicias masculinas de K que iba secando con pereza con una toalla mientras caminaba por la habitación en dirección a la cómoda. Miró a la rubia que se encontraba tendida en la cama deleitándose con la imagen sabrosa que tenía frente a sus ojos.

-- ¿Pasa algo gatita? – Preguntó con curiosidad al ver que lo observaba de forma seria.

Kula sabía que sí mencionaba algo relacionado con su cuerpo y lo jodidamente atractivo que no solo le parecía, pues efectivamente lo era a vista de ella y todas las chicas que lo miraban cuando iban a algún lugar, no saldrían de la habitación porque tomaría el cumplido como una invitación para follar desenfrenadamente hasta que se quedarán dormidos y le daría lo mismo dejar plantados a sus amigos con tal de hacer el amor y sentir el inigualable placer cuando estaba con él.

– No, nada. Llamaré a Athena. – Dijo quitando la vista y tratando de ocultar el rubor de sus mejillas que se había disipado antes de la divina imagen del cuerpo de su novio. Luego tomó su celular para llamar.

-- ¡Hola amiga, tiempo que no nos vemos, llamaba para quedar a las dos en la entrada de Central Park. – Habló la rubia.

-- ¡Hola Kula, claro, sería grandioso ir con ustedes! ya esperaba que pudiéramos salir los cuatro. – Acordó la chica de cabello púrpura.

-- ¡Genial! Los veremos ahí en un par de horas. – Dijo la rubia cortando la llamada.

– ¡Todo listo tigre, iremos a divertirnos a Central Park! – Clamó con energía.

Estacionaron la moto en las afueras del parque, que se encontraba llenísimo de gente. Entre la multitud la rubia pudo divisar a la pareja con la que se encontrarían.

-- ¡Ahí están! Vamos a saludarlos. – Dijo al instante que tomaba de la mano al peli blanco y lo jalaba hacia donde se encontraban sus amigos.

-- ¡Amiga! – La llamó y se lanzó a los brazos de la chica de los cabellos púrpura.

– Te he extrañado, tenemos semanas en las que no nos hemos visto. Dime ¿Todo bien? – Preguntó a la rubia en señal de saber si las cosas iban bien con K.

– No podrían estar mejor, por cierto, tú y K ya se conocen. Kensou, este es mi novio, K. – Le presentó al chico que lo miraba con un poco de temor por el aspecto de pocos amigos que siempre demostraba K.

– Mucho gusto K. – Extendió la mano el castaño en señal de saludo, a pesar de los neevios. K miró su mano y luego a Kula que lo miraba expectante por su reacción. Suspiró extendiendo la suya también.

– Hola. – Dijo sin mayores ánimos.

– Bien, hagamos la fila para no perder más tiempo. – Dijo la rubia.

– Vamos. – La siguió su amiga.

Pagaron sus boletos y entraron al parque de diversiones, K suspiró al ver el tamaño de las filas que había que hacer para cada juego. Detestaba estos lugares y el griterío que se generaba por la adrenalina de las personas. Miraba a Kula que iba muy animada conversando con los chicos, a diferencia de él, estas cosas la hacían feliz. Pensaba cuán distintos eran en relación a sus gustos, pero esa era una de las razones por las cuales su relación funcionaba bien, tenían en común la pasión por algo que les gustaba, por muy íntimo y pequeño que fuera, ella perseguía hasta el final todos sus objetivos, también lo hacía él, pero a su modo más haragán.

– Propongo ir a la montaña rusa y luego por algo de comer, después podemos ir a la casa del terror. – Escuchó decir a la rubia entusiasmada.

– ¡Vamos entonces! – Concordó su amiga.

K y Kensou observaron la gigantesca fila que había para ingresar a la montaña rusa, y como si pensaran lo mismo, suspiraron resignados a sus novias.

Cuando por fin fue el turno de ellos, se subieron en los carros de la parte delantera para presenciar en primera fila el recorrido.

– ¿ Habías subido antes? – Preguntó el peli blanco cuando los arneses estaban sujetos a sus cuerpos.

– Cuando era niña solía venir con mi familia. Tengo fantásticos recuerdos. ¿Tú habías venido antes? – Preguntó la rubia.

– Nunca, Whip siempre venía con mis padres pero yo prefería quedarme durmiendo en casa, no me agradan las multitudes. – Finalizó. La rubia lo miró sorprendida y sin pestañear, era la primera vez que el peli blanco venía al parque de diversiones, algo que no le gustaba, pero lo había hecho por ella, luego le dedicó la mejor de sus sonrisas y tomó su mano por los nervios del juego que había comenzado el recorrido.

-- ¿Te da miedo? – Le preguntó al sentir el fuerte apretón de Kula en su mano cuando iba subiendo a la curva más alta.

– Son nervios por la emoción. ¿Tú estás bien? Es tu primera vez en uno de estos juegos; pero si tienes miedo puedes apretarme la mano también. – Le dijo ella.

-- ¿Miedo? Es lo último que se me viene a la men… -- No terminó de hablar porque el carro descendió a gran velocidad cuando sus ojos casi se salieron de sus órbitas por la adrenalina. Kula y los demás gritaban de la emoción.

Cuando el recorrido finalizó, Kensou se bajó con la cara entre pálida y verde por las náuseas de cada vuelta violenta en el juego mientras Athena masajeaba su espalda consolando a su novio.

– Vi tu cara tigre, casi te quedaste sin respirar allá arriba. – Bromeó conteniendo la carcajada.

– Estos estúpidos juegos infantiles no me atemorizan. – Dijo con ligereza, intentando ocultar las náuseas también, no quería verse patético como el novio de la otra chica.

– Está bien si sientes cosas así, no es malo sentir emociones extremas de vez en cuando, no temas demostrarlo conmigo, después de todo, somos novios ¿No? -- Le dijo.

– Voy al baño, los alcanzo en la casa del terror. ¿Quieres algo? – Anunció.

– Me vendría bien un algodón de azúcar y un refresco; chicos ¿Ustedes quieren algo? – Preguntó la rubia a la pareja que ya se encontraba recuperada del malestar.

– Unos refrescos y algunos chocolates estarían bien. – Sugirió Athena.

– No tardes tigre, te extrañaré. – Le dijo la chica mientras lo abrazaba y le daba un tierno beso.

– Muy bien, vuelvo enseguida. – Anunció el peli blanco y partió rumbo al baño para después dirigirse a los stand de comidas.

-- ¡Espera, voy contigo! – Le dijo Kensou mientras lo seguía.

El moreno no opuso resistencia, probablemente seguiría vomitando en el baño. Tendría suerte si él no llegase a eso, pero las náuseas querían provocarlo también. Así que caminaron disipándose entre la multitud.

– Veo que volvieron en buenos términos con K. – Se acercó la chica de los cabellos morados.

– Es maravilloso ser feliz otra vez querida amiga y te lo debo a ti también pero ¿Kensou está bien? – Preguntó al ver las condiciones que se marchaba el pobre chico.

– Sí, estará bien, K puede ayudarlo si se desmaya. – Le dijo provocando la risa de ambas.

Kensou y K salían del baño cuando el peli blanco sintió que lo jalaban hacia un pasillo entre el local del baño de hombres y mujeres.

– Pero qué tenemos aquí. – Habló Shingo Yabuki mientras sus amigos sostenían a K por los hombros, se deshizo del agarre cuando Kensou llegó rápidamente. El peli blanco se percató que Shingo estaba abrazado de una chica de cabello largo y negro con rasgos muy similares a Kula, pero ésta vestía de forma provocativa y corriente. No tenía aquella belleza delicada y elegante de la rubia. Sin duda Candy tenía unos cuernos bastante grandes.

– Chicos, estamos en un lugar público, no armemos un escándalo innecesario en el parque porque nos correrán si provocamos una disputa. – Trató de razonar Kensou, pero Benimaru lo empujó al suelo y lo pateó en las costillas.

– No pasas de ser un maricón arrastrado de la otra putita ¿Verdad? – Se burló el castaño.

– Dime ¿Ya te recuperaste luego del hospital K? Porque la paliza que te dimos debes recordarla hasta ahora. – Soltó riendo para provocarlo.

– Quién no recordaría que un puto cobarde tuvo que esconderse en las faldas de sus perras rastreras para que lo fueran a salvar de la paliza que estaba recibiendo ¿No? – Devolvió con sarcasmo.

-- ¡Verás cómo te mando de nuevo al hospital delincuente bastardo! – Exclamó enojado por la provocación del peli blanco. Lanzó el primer golpe dirigido al rostro de K, quien pudo esquivar con presteza el gancho.

Miró a Kensou que yacía en el suelo por las patadas de Benimaru, sí ya se sentía mal, ahora debía ser peor. Intentó ayudarlo pero el rubio lo detuvo tratando de asentarle una patada en el pecho también, por suerte K ya sabía como lidiar con él, así que tomó su pierna y la giró para provocar la caída de Benimaru que llegó a levantar el polvo que no vio venir del rápido movimiento de K.

– Ustedes son demasiado predecibles, no crean que me ganarán esta vez. – Aclaró.

– ¡Maldito fracasado! – Gritó el castaño que arremetía nuevamente en busca de golpear a la razón de su ira. Pero K ya se estaba aburriendo de la situación y decidió terminar rápido con aquel percance antes de las chicas se preocuparan. Así que contestó con dos patadas altas y bajas, dos combos, uno en el estómago y otro en el ojo izquierdo de Shingo dejándolo fuera de combate. Goro, quien miraba atento la pelea, rápidamente intervino tratando de tomar a K como la otra vez, sin embargo, la oportuna advertencia que Kensou daba a K lo alarmó y pudo zafarse del agarre fatal que lo hizo caer en el hospital meses atrás.

– Es hora de vengarme de ti grandulón maricón-- Le dijo al tiempo que lanzaba sus lentes hacia él, provocando que enfocara su atención en el objeto hacia él, y no en los movimientos de K que corría para noquearlo. De un empujón a gran velocidad y tres patadas que finalizaron con dos combos en los mismos lugares que el castaño, caía el grandulón al césped frío. K había tenido su revancha, y vaya qué manera de presentarse.

– Supongo que podré decirle directamente a Candy que me encontré contigo y que no estabas solo, no lo digo por tus amigos claro, sino por quien ha de ser la triste ingenua que cayó en tus garras. Sabía que con el rechazo de Kula de toda una vida no podía dejarte sin secuelas de un patético despecho. – Se burló mientras el castaño le escupía las botas con repudio de lo que le decía.

– Vaya, sí hubiese ocurrido esto hace un año atrás, créeme que tu padre te hubiese tenido que buscar el mejor dentista porque esa boca se hubiese quedado sin dientes por la patada que te ganabas por mal perdedor, pero como ahora estoy de buenas, solo me contentaré con limpiarlas en tu costosa chaqueta. Así que gracias por dejarme usarla de paño viejo. – Dijo mientras se tomaba su tiempo de fregar sus botas en la prenda del chico que se retorcía en el suelo del dolor de los golpes, apenas podía moverse.

Por suerte, la trifulca había ocurrido en un lugar menos concurrido, de lo contrario hubiese tenido que lidiar con los guardias y la policía en aquel lugar echando a perder el día con las chicas. Recordó que el chico que lo acompañaba se había llevado la peor parte, así que acudió en su ayuda.

-- ¿Puedes caminar? – Le preguntó a Kensou quién tosía tratando de recobrar el aliento producto de los golpes que había recibido del rubio que intentaba hacer reaccionar a sus amigos sin lograrlo. La chica que los acompañaba estaba pálida del susto mirando con horror a K.

– Será mejor que escojas bien a quienes te rodean, ese chico ya tiene novia, es Candy Diamond, pero está obsesionado con su hermana Kula, mi novia. Así que, si no quieres problemas deberías alejarte de esta banda de niños ricos busca pleitos que solo buscan llamar la atención. – Habló de forma fría a la chica que lo escuchaba no queriendo creer lo que decía.

– Las chicas deben estar preocupadas. Debemos volver. – Anunció apenas Kensou tratando de recobrarse mientras se levantaba con ayuda de K, quien miró su celular que tenía cuatro llamadas perdidas de la rubia. Le devolvió el llamado.

– Kula, tuvimos un percance comprando las cosas pero ya vamos para allá. No se muevan de donde están. – Le dijo mientras la rubia acataba la orden del pelo blanco.

– Kensou tampoco me contesta el celular. – Hablaba preocupada Athena.

– K acaba de llamarme, me dice que tuvieron un problema en las filas para comprar la comida, y que por eso han tardado. Dijo que los esperáramos acá. – Habló con determinación. La otra chica asintió y se hicieron a un costado para esperar a sus novios.

Pasaron unos minutos en los que K regresaba con una bolsa llena de dulces en una mano junto a un algodón de azúcar y los refrescos en la otra. Su chaqueta se hallaba con algo de polvo debido al encuentro hostil de hace una hora atrás. Kensou caminaba con la mano en su estómago y un refresco en su mejilla. Cuando ambas vieron aproximarse a los chicos se preocuparon enseguida debido al estado de ambos, uno más mal que el otro, pero a ambos se les notaba que aquel percance no sólo había sido la cantidad de gente en las filas para los refrescos.

-- ¿Qué sucedió K? – Preguntó Kula con un semblante más pálido de lo normal al ver a Kensou con la cara hinchada en el lugar donde tenía su refresco.

– Shingo y sus matones nos abordaron, Kensou tuvo que pagar las consecuencias de la imbecilidad del rubio marica que no paraba de arreglarse el cabello. Pero les hemos dado una lección. – Dijo satisfecho por clamar su venganza y defender la hombría de ambos contra los idiotas que habían jugado sucio con él, enviándolo al hospital y causando la ruptura con Kula además como una de las razones. La rubia a oír aquel acontecimiento, sintió que la rabia la consumía en su interior, pero al saber que K por fin le había dado su merecido a esos tres estúpidos que los habían insultado y además de que Shingo se había tomado atribuciones de más la noche de año nuevo con ella aprovechando que el resto de los invitados y su hermana se hallaban en la primera planta de la casa. Aún no le había comentado aquel impass al peli blanco, pero ya hallaría el momento de hacerlo.

-- ¿Tu estás bien? – Preguntó examinando al peli blanco por si tenía alguna herida.

– No podría estar mejor gatita, sin embargo, debo hablarte de algo que vi cuando Shingo quiso enfrentarme. – Anunció serio K.

La rubia se limitó a mirarlo atenta con sus ojitos bien abiertos para escuchar lo que tenía que decir.

– Sucede que Shingo, aparte de ser un estúpido niño rico con ínfulas de matón, engaña a Candy, pues lo vi muy acaramelado con una chiquilla que se sorprendió de que le dijera que su novia legal era tu hermana, aunque no estaría tan seguro la verdad, y a juzgar por su reacción luego de la paliza que se llevaron esos imbéciles, ella parecía muy preocupada por él, así que no creo que haya sido alguien a quien conociera recién hoy. – Comentaba y reflexionaba a la vez.

– Candy nunca quiso escucharme, en nuestra última conversación le dije que Shingo era un estúpido interesado solamente en ella para acercarse a mi, pero no me escuchó. Y ahora le es infiel con otra, realmente no tiene interés alguno en mi hermana quien, muy por el contrario, siempre ha estado enamorada de él. Es un bastardo acosador e interesado. – Gruñó con coraje.

-- ¿Acosador? – Preguntó él.

– Es que… esperaba el momento oportuno para contártelo, y al parecer ha llegado. Durante el año nuevo mamá invitó a nuestro amigos y algunos cercanos a pasar el año nuevo como algo más íntimo, pero él intentó besarme y tocarme cuando fui al tocador de mi alcoba, me siguió y me arrinconó para decirme cosas sobre ti y sobre mi, pero pude defenderme a tiempo y lo reduje con una patada en los testículos y una bofetada. Le dije que Candy se enteraría de aquello, pero ya que no quiso creerme la primera vez dudo que lo haga ahora que él intentó algo cunado ella también estaba en la casa. Ahora tú me cuentas esto y la verdad es que ya no sé que hacer para que Candy reaccione y deje de ser tan ciega para que abandone a ese estúpido imbécil. – Habló la rubia sintiendo impotencia por la situación con su hermana.

K sintió tanta rabia al enterarse de esto, si lo hubiese sabido antes del encuentro, sí que lo hubiese mandado al hospital. Era un maldito infeliz nada parecido a su padre, que era humilde, respetuoso y bastante educado, por lo que había considerado que por respeto a su padre no lo mandaría al hospital de la misma forma, lo merecía, pero su padre era un hombre amable y honorable a quien tuvo presente al momento de vengarse. Shingo carecía de todas esas virtudes, era un completo hijo de puta. Abrazó a la chica y la consoló mientras miraba a la pareja de Athena que ya se sentía mejor en un asiento no muy lejos del lugar en donde estaban. Lamentablemente lo habían golpeado sin siquiera tener culpa de nada. Esos tipos no distinguían ni a sus propios amigos, pues Kula le había contado en un inicio que Shingo y Kensou compartían amistad junto a las chicas, pero que había cambiado bastante cuando comenzó a entablar relaciones con Benimaru y Goro quienes a su vez también frecuentaban a un tal matón Yashiro Nanakase, quien parecía tener un séquito de niños ricos a su disposición para hacer de las suyas cuando quisiera. A Shingo lo dominó el despecho y el resentimiento producto del rechazo de Kula cuando comenzaba a salir con él, además de las ideas para destruir la felicidad de Kula que Candy le proponía, terminaron por crear un chico malo que comenzó a tomar malas decisiones en relación a sus amistades y ahora le daba dolores de cabeza a su padre por ser un completo estúpido que quiso llamar la atención de Kula. Realmente era patético saber que alguien podía ser tan influenciable.

– Será mejor que nos vayamos, después de esto no creo que podamos divertirnos. – Habló triste la rubia.

– Chicos no se preocupen, yo estoy mejor. No dejemos que un percance como este nos arruine el día. Además, queda poco para que cierren y aún no hemos podido disfrutar de todos los juegos del parque. – Dijo el castaño sacando energías de reserva, porque la verdad, el dolor en su estómago era bastante grande, pero no dejaría que su inutilidad en cuanto a las artes de la pelea arruinara el panorama.

– Si tú lo dices amor, no veo el problema que nos sigamos divirtiendo. – Dijo Athena mientras tomaba su rostro con cuidado y besaba los labios de su novio con mimos.

– ¡Entonces vamos! Aún quedan cuatro horas para que cierren las atracciones. – Anunció la rubia mientras corría como una niña de vuelta a la casa del terror. Sus amigos la miraban divertidos y admirados de sus aires infantiles que a veces le afloraban a pesar de todo.

-- ¿ Vienes K? – Preguntó Kula junto a sus amigos que la habían alcanzado, el peli blanco suspiró solamente y caminó hacia ellos con las manos en los bolsillos, aún quedaba tiempo para ver esa bella sonrisa en ella.

Durante la siguiente semana, Kula decidió contarle a Candy lo que había sucedido con ella y el encuentro con K en el parque de diversiones, sabía cuán terca podía ser su hermana y que probablemente ésta vez necesitaría la ayuda del peli blanco en torno a su forma directa para referirse a las personas, por lo que decidió pasar a buscar al trabajo al moreno, por primera vez, así que se alistó con sus conversenegras, un beetle negro con diseño de lunares pequeños en color lavanda, y unos jeans claros a la cadera. Colocó el collar con la cruz de K por encima de la prenda y sacó de su closet una corta viento para regresar en la motocicleta con él. Kula había tramado todo durante ese mismo día, por lo que K no sabía que ella pasaría por él, así que esperaba llegar a tiempo, aunque también sabía que por su trabajo solía hacer horas extras casi todos los días, así que esperaba que hoy no fuese la excepción.

Cuando llegó al taller cinco minutos antes de las siete, trató de divisar a K entre sus compañeros, pero no lo consiguió, así que se dirigió a la oficina que se encontraba en el fondo del recinto, sin embargo, comenzó a sentirse incomoda ante la mirada atenta de los hombres en el lugar, a medida que iba avanzando, hasta que sintió que unos fuertes brazos la rodearon por la cintura, iba a gritar cuando un beso apasionado del peli blanco la contuvo de gritar por la sorpresa.

-- ¿Qué haces acá preciosa? Te he dicho que no me gustaba verte por acá, existen hombres muy pervertidos incapaces de contenerse por una gatita como tú. – Le dijo mientras no quitaba sus orbes azules de los magenta de ella.

– He pensado pasar por ti, aparte claro de pedirte un gran favor tigre. – Explicó la rubia mientras correspondía el abrazo de él.

Los hombres del lugar habían quedado sorprendidos de que aquella chica tan linda fuese la novia de K, nunca pensaron que aquel chico gruñón y solitario podría tener tacto con las chicas, especialmente con ese tipo de chicas.

-- ¿No tienen trabajo pendiente que hacer? vayan a sus casas si no quieren quedarse unas horas extras hoy y mañana. – Gruñó con gesto hostil hacia los hombres que miraban el espectáculo y luego se dirigían a las duchas con sonrisas cómplices y comentarios entre ellos.

-- Ahora sabes por qué nunca te he pedido venir a esperarme aquí, este lugar está lleno de viejos libidinosos y detesto cuando otros estúpidos no pueden quitarle la mirada de encima a mi novia. Ahora ¿Qué favor quieres gatita? – Se volvió hacia la chica con un gesto menos hostil.

– Es sobre Candy, quisiera que estuvieras conmigo cuando converse con ella sobre Shingo y que también puedas decirle lo que viste en Central Park. – Habló con la esperanza de que el moreno accediera sin peros.

– Kula, sabes que Candy me detesta y, además ¿Por qué querría escuchar a quien le dio una paliza a su estúpido novio infiel? – Le dijo mientras la soltaba y se dirigía a la oficina para ordenar sus cosas.

– Sé que no te agrada Candy, pero es mi hermana y la verdad detesto ver que Shingo se burle en su cara mientras le pone los cuernos con otra chica, además de que se haya intentado propasar conmigo durante la fiesta de año nuevo. No quiero verla sufrir cuando se entere por terceros, es mi deber de hermana. Sé que tú también harías lo mismo con Whip. Además, si me acompañas, puedo compensarte con lo que tú quieras. – Propuso la rubia.

– Mm. ¿Lo que quiera? – Preguntó interesado.

-- ¡Todo lo que quieras pero por favor acompáñame! ¿Sí? – Le dijo suplicante, a lo que él accedió.

Una hora después de que K estacionara la motocicleta en uno de los estacionamientos de la casa de Kula, ingresaron hacia el comedor, en donde el mayordomo los recibió y tomó sus chaquetas.

-- ¿Quieres comer algo? – Preguntó la rubia.

– Cualquier cosa estaría bien. -- Comentó el peli blanco sin mayor interés, pero la verdad es que moría de hambre.

– Buenas noches señorita Kula, señor K. ¿Desea algo en especial para la cena? – Preguntó la sirvienta que se disponía a preparar lo que le pidiesen.

– Un filete estaría bien para K, y para mí un batido de fresa por favor. – Expresó.

Se sentaron en la mesa de la cocina cuando los pedidos estuvieron listos.

– Esto está bueno. – Dijo K.

– Lo sé, ella es la mejor cocinando, lleva años trabajando para nosotros, así que sabe lo que nos gusta. – Dijo Kula.

– ¿Candy está en casa? – Preguntó a la mujer.

– Está en su habitación. – Respondió.

– Gracias por la comida, estaba sabrosa, puedes retirarte a descansar, yo limpiaré los trastos esta vez. – Dijo con tono amable la rubia.

– Gracias señorita Kula, buenas noches. – Se despidió la mujer mayor con una reverencia y desapareció de la cocina.

Cuando ambos habían terminado de cenar, la rubia se levantó con los platos y los vasos para lavarlos.

– Ven, es hora de hablar con ella. – Le dijo decidida y seria. K la siguió por las escaleras y llegaron hasta la habitación de su hermana. Kula golpeó suavemente la puerta.

– ¡Adelante! – Se escuchó del otro lado.

Kula pasó junto a K, Candy se encontraba recostada en la cama y mirando su celular con una cara divertida y coqueta observando unos mensajes que probablemente eran de Shingo. Cuando vio quienes entraban por la puerta, su semblante cambió a uno más serio. -- ¿Qué hace él acá? – Preguntó en seguida.

– K me ha acompañado porque queremos conversar contigo. – Expresó la rubia.

Candy miró con desconfianza al chico que acompañaba a su hermana.

– No te preocupes, no he venido a desquitarme por los malos tratos que recibí de tu parte en el pasado, solo vengo porque Kula me lo pidió. Así que espero que te comportes como una mujer madura y escuches lo que tiene que decirte. – Dijo serio.

– Si ella quiere decirme algo no es necesario que venga alguien como tú a protegerla. – Ironizó. – No, no es necesario, pero eres tan terca y tonta al querer seguir con un imbécil que no te valora, gran detalle que me diferencia de tu noviecito al que le di una paliza hace una semana. – Habló con ironía.

-- ¿Cómo te atreves…? – Iba a protestar la rubia de cabello corto, pero su hermana avanzó unos pasos hacia el interior de la alcoba para hablar con ella.

– Candy, lo que ambos debemos decirte no es algo que puedas tomarte a la ligera, y quiero que entiendas que nadie tiene algo en tu contra, eres mi hermana y por eso estoy aquí, y si le he pedido a K que esté ahora, es porque él también debe decirte la clase de persona con la que mantienes una relación. – Intervino.

La rubia de cabello corto suspiró y se sentó para escuchar lo que tenían que decirle.

– Bien, Candy, puede que no te guste lo que vas a oír, pero, a pesar de todo, eres mi hermana y, aunque la última vez nuestra discusión no terminó de buena forma, espero que ahora me escuches con atención porque se trata de Shingo. –Anunció.

– Espera, si esta plática será como la anterior, prefiero dejar esto hasta acá y pedirles que se vayan porque… -- No terminó de hablar cuando el peli blanco la interrumpió con voz atronadora.

– Supongo que estás al tanto de que ese imbécil te pone los cuernos con una chica de cabello negro y muy similar en rasgos a Kula, quien presenció la paliza que le di a él a sus amigos la semana pasada en el parque de diversiones de Central Park. Pero supongo que olvidómencionar ese pequeño detalle y que te ha dado cuanta ridícula excusa durante estos días para que no le preguntes qué fue lo que le pasó al verlo tan maltrecho, aunque también he de suponer que esa chica ordinaria le ha curado con bastante mimo sus heridas. – Le dijo mientras la miraba con indiferencia. Candy quedó más pálida que de costumbre, casi al nivel de Kula.

– Eso no es… -- Dijo con dificultad.

– Lo siento Candy, la noche de año nuevo en la que él estuvo acá, me siguió al tocador e intentó propasarse conmigo, luego me defendí y salí corriendo. No te lo dije en el instante mismo porque estabas muy feliz, mientras él me miraba de una forma horrible. Sé que esto no es lo que quieres escuchar, pero además, K lo vio con otra chica, tal y como te lo dijo. Shingo no te valora y respeta como quisieras, es un imbécil que está contigo por interés y no quiero que sufras por su culpa; sé que lo quieres mucho y que llevas toda tu vida enamorada de él, pero sé que hay otros chicos que darían lo que fuera por estar con una chica bella y maravillosa como tú. – Expresó Kula. Un silencio invadió la habitación, Candy miraba a un punto fijo en el suelo.

– ¡Ninguno de ustedes lo entiende! – Levantó la voz.

– Si lo entendemos Candy, y por eso estamos acá, hasta Kensou lo vio con la chica que te es infiel. Él no valora lo que sientes, y quizá nunca lo haga hermana, es por esto que debes seguir adelante y olvidarlo, él solo te provocará sufrimiento. Y yo solo quiero verte feliz. – Dijo con dolor al ver que Candy trataba de esconder el sufrimiento por aquellas palabras.

– ¿Crees que no sé que me tiene cerca solo para poder venir aquí y verte? – Contestó con coraje.

-- Debo admitir que sentía envidia de tu relación con K, porque eras feliz sin importar lo que dijeran de él y de ti, y quería que fuese de la misma forma con Shingo, pero no logro hacer que se enamore de mi, por más que lo intente. ¡Demonios! Creí que cuando habíamos ido a quedarnos a una de las casas de su padre en las afueras de la ciudad por fin comenzaba a enamorarse de mi, pero ahora ustedes vienen y me dicen todas estas cosas yo… -- Las lágrimas brotaban de sus ojos.

– Hermana… lo siento mucho. – Intentó aproximarse a la rubia de cabello corto pero la apartó inmediatamente.

-- ¿Crees que puedes venir aquí y mostrarme cuán feliz eres con tu novio y que ambos se creen con el derecho de decirme la mierda que Shingo hace cuando me miente? Además estoy segura que tú lo provocaste aquella noche. ¡Siempre has querido tener todo y no dejarme nada, siempre fue así con papá y mamá, con nuestros amigos y ahora mi novio! – Gritó.

-- ¡Oye nenita mimada, Kula no tiene la culpa de que ese imbécil esté como un acosador detrás de ella cada vez que puede! Y si supieras cuán preocupada ha estado desde que vuestra relación se ha estropeado por culpa de las cosas que tanto tú como Shingo se han encargado de estropear, con tan solo recordar mi paso por el hospital y que ella se quedara sin poder costear la universidad a la que van porque pusiste en contra a su madre para hacerla escoger entre ella y yo, deberías cerrar el pico y agradecer que estamos acá diciéndote la verdad, porque a mi me da exactamente lo mismo lo que ese estúpido niño mimado haga o deje de hacer contigo, pero eres la hermana de la mujer que amo y solo por ella estoy haciendo este sacrificio de aguantar tu sordera y ceguera mental con respecto a lo que tienes con ese chiquillo. ¡Demonios! Si hasta parece que se merecen el uno al otro, ambos son niñitos mimados en busca de atención. – Habló con tono rudo, cansado de la recalcitrante actitud obtusa de la hermana de Kula.

– Lo siento gatita pero mi paciencia se ha acabado con ella, además estoy cansado de oír como prefiere creerle a su novio en lugar de a ti que eres su hermana. Lo siento pero está mierda me aburrió. – Espetó para luego salir de la habitación y bajar las escaleras para fumarse un cigarrillo fuera de la casa.

La rubia cerró los ojos mientras su novio pasaba por el lado, ya bastante había tenido que aguantar en una conversación junto a la terca de su hermana.

– Candy, solo espero que no sufras más por culpa de Shingo y que realmente puedas ser feliz con alguien que te valore y te ame como tú estás dispuesta a entregarte, eres una bella chica con mucho que entregar, sé que dentro de ese orgullo y terquedad hay esperanza de que lo que te hemos dicho te sirva para despertar y puedas ver a quien tienes al lado y puedas tomar un decisión pronta en la que no tengas que salir tan lastimada hermana. Y con respecto a K, no es un hombre hecho de paciencia como papá o Kensou, por ejemplo, pero es honesto y si accedió a hablar contigo es porque sabe que me preocupas y que nunca he querido algo malo para tu vida. Espero que lo entiendas. – Finalizó y salió nuevamente del cuarto en busca de K. Mientras Candy se aferraba a los cojines de su cama para esconder el llanto.

– Tú hermana tiene una sería obsesión del pasado contigo y también con Shingo. – Comentó.

– Lo sé, ahora debemos dejar que el tiempo cure sus heridas y ella salga de aquel estado obcecado y enfermizo. – Dijo con esperanza de que así fuera.

– Será mejor que me vaya, tengo mucho trabajo para mañana y debo irme a descansar gatita, pero no dudes que mañana me cobraré aquel favor que me prometiste cuando pase por ti después de las clases de patinaje. Haremos algo especial esta vez en la que no te podrás negar. – Dijo ya más calmado mientras abrazaba a la rubia que lo miraba tratando de disculparse por la discusión con su hermana.

– No podré esperar amor, ya te extraño, y en cuanto a mi hermana, siento que no debiste usar palabras tan directas y crueles para decirle las cosas. – Le dijo de brazos cruzados.

– Me has invitado sabiendo que no tengo el carácter de una abuelita tierna para decir las cosas como Máxima. – Le dijo mientras buscaba su mirada.

– Lo sé, y aunque algunas cosas que dijiste me parecieron de más, creo que ahora Candy podrá entender lo que sucede con Shingo. A propósito de Máxima, ellos ya estarán de vuelta de su luna de miel dentro de estos días, digo, como ha quedado pendiente cenar con ellos, podemos quedarnos también en la cabaña frente al bosque una vez más, siempre he querido ir a la playa en invierno antes de que entre a clases. – Mencionó.

– Podemos ir sin tener que ver a ese par de empalagosos, ya sabes que ahora están en planes de tener hijos, por lo que será peor tenerlos en rente mientras se toquetean.– Pensaba con reticencia el peli blanco.

– Me parece encantador y muy romántico que estén en planes de incrementar tu familia, ustedes son solo dos, ahora con Máxima dentro de tu familia es de lo más normal que se pongan en plan de hacer crecer la familia. – Dijo con total imparcialidad. – Cómo sea, nos veremos mañana preciosa. Ponte linda y sexy como siempre. – Le dijo mientras agarraba su culo y se inclinaba para besarla.

– Está bien, pero dímelo antes de que te vayas K. – Le pidió.

-- ¿Qué cosa? – Preguntó inocente.

– Sabes que lo que te pido es que me digas lo que más me encanta oír de tus labios. – Le dijo mientras rosaba sus labios con los de él.

-- ¿Pará qué? si ya lo sabes, lo dije incluso delante de tu hermana. – Le dijo con un poco de fastidio y vergüenza.

-- ¡Vamos! ¡Por favor! – Le imploró mientras lo abrazaba muy fuerte, al punto que podía sentir su respiración y su cálido aliento entrar a su boca.

– Te amo. – Confesó.

– También te amo K. -- Respondió ella.

Se besaron apasionadamente como despedida para que el peli blanco emprendiera rumbo a su apartamento una vez montado en su Iron 883. Ella suspiraba de amor y melancolía al verlo partir, estaba enamorada hasta las entrañas de él.