Hola de nuevo, aquí con un capitulo más de la historia.
Manu he subido tu One Shot, pero como no tenía título, puse entre paréntesis a la pareja principal a modo del mismo, no se lo iba a colocar yo porque es tú creación. Solamente redacté algunas partes cuyo errores de sintaxis y semántica dificultaban la lectura. Eso.
Buena lectura.
Capítulo XIX
Calling From The Stars
Había llovizna esa madrugada, Kula esperaba en el pórtico de su casa con su mochila cargada y una corta viento en caso de que los sorprendiera la lluvia en el camino y poder cambiarse el abrigo rojo que llevaba, miró la hora en su celular, eran las seis en punto, aún quedaban unos minutos para que K se apareciera en la motocicleta. Era un holgazán de primera, pero cuando acordaban estar a una hora en específico, nunca tardaba. Suponía que ser un haragán no significaba ser impuntual, por lo menos le alegraba que no era de aquellos que dejaban esperando horas a sus novias.
Estaba nerviosa, quería verlo, así que decidió encender un cigarrillo durante la espera, sabía que nadie la observaría, pues nadie se levantaba un sábado a las seis de la mañana en su casa, ni siquiera la ama de llaves que aún le quedaba una hora de descanso. Durante su preparación tuvo mucho cuidado de no dar un paso en falso y hacer ruido para despertar a su madre, con la conversación de la noche anterior no había quedado muy contenta, debido a su insistencia con que la relación era algo que aún no aprobaba, si ella hubiese sido la que esperaba el bebé en lugar de Candy, probablemente hubiera reaccionado gritando a todos los cielos sobre lo irresponsable que era al embarazarse de un chico así, sin nada que poder brindarle, así como también K se habría llevado parte del gran sermón que mágicamente tenía preparado para cada ocasión arruinando el momento de felicidad por la noticia, sabía que él no se hubiese quedado paciente escuchando a su madre y hubiese discutido, ambos tenían un carácter de los mil demonios.
En fin, había terminado el cigarrillo con la última bocanada de humo cuando buscó con la mirada un lugar para dejar la colilla sin que sospecharan de ella, ya que su labial de tonalidad uva, había quedado marcado en el cilindro, detalle por el cual sabrían que ella fumaba, causando que su madre trepara por las paredes como en El exorcista al enterarse de tan mal hábito que solía detestar en su ya fallecido padre. Una pequeña sonrisa nació de la comisura de sus labios al imaginar los posibles escenarios en los que su madre, para todos los casos reaccionaría de manera hiperventilada.
Una brisa fría recorrió sus manos que sostenían aún la colilla, haciéndola soltar el diminuto cilindro apagado fuera de su campo visual, se apresuró a buscarlo cuando el peli blanco llegó con el estruendo habitual que hacía al rugir sus moto.
-- ¿Qué haces? – Le preguntó cuando la vio agachada, buscando algo.
– Shhh, estaba fumando cuando corrió una ventisca y soltó la colilla de mis manos, si mamá o alguien la encuentra, sabrán que fui yo por el tipo de labial con el que quedó marcada. – Le dijo casi en un susurro para no despertar a las personas de la casa.
– ¿Te refieres a ésta? – Le indicó cuando se acercaba bordeando el pórtico de la casa por sobre los diseños de madera nativa que tenían como adorno.
– ¡Sí! ¡Gracias cariño! – Corrió hacia él y lo abrazó con aprensión, no se habían visto durante aquella semana, por lo que ambos se extrañaban, K buscó sus labios para besarla, a lo que ella gustosa respondió con los suyos, mientras las caricias no se hicieron esperar. Habían pasado casi cinco días y lo habían sentido como una eternidad, hablar por teléfono largas horas no era el estilo de K, era cortante, pero cuando Kula lo llamaba, contestaba a pesar de estar en medio de reuniones por su trabajo, y aunque fuera por solo unos minutos, el peli banco se tomaba el tiempo de cruzar algunas palabras con la rubia.
-- ¡Te extrañé demasiados tigre! – Le dijo cuando finalizaron el beso.
– Creo que debemos buscar la forma de hacernos el tiempo, aunque sea una hora para vernos porque también me hiciste falta gatita. – Le dijo al mismo tiempo que la arrimaba más hacía su cuerpo.
– Debemos irnos princesa, esta llovizna nos hará retrasar un poco, tendremos que ir a una velocidad prudente para no accidentarnos durante el viaje, así que no perdamos tiempo. – Le dijo para también tomarla de la mano y subirla a su Iron 883.
El recorrido fue el mismo de la otra vez, era pintoresco y rápido, aunque había curvas peligrosas en la carretera cerca de un acantilado por el que debían pasar para llegar a South Beach, se detuvieron en la misma estación de servicio para comprar algo. K bebía un café negro y sin nada de azúcar para despertar como era costumbre junto a Kula, quien había pedido un Capuchino de vainilla con crema y chocolate en polvo en la superficie. El peli blanco había tenido una semana ajetreada, Heidern lo estuvo recargando de trabajo especialmente esa semana debido a que el señor Yabuki requería urgente un informe del las gestiones del taller y de sus trabajadores en cuanto a las tareas de cada uno, en primera instancia había pensado que seguramente se había enterado de la paliza a su hijo, pero, al parecer Shingo no solía contarle nada lo que hacía a su padre, lo que le alivia a en cierto punto, podía seguir con su trabajo tranquilamente sin que aquello interviniera. Solía pensar de vez en cuando la idea de haber rechazado el puesto que desempeñaba, seguramente estaría relajado sin que nadie lo molestara arreglando las motos y autos antiguos, pero deseaba ser más para Kula, para que ambos pudiesen disfrutar de momentos y escapadas como ahora, aunque eso llevase el sacrificio de no poder verla durante la semana. Solo pensaba que este fin de semana lo pudiese pesar tranquilamente junto a Kula y los demás sin pensar en nada.
– Mmm está rico ¿Quieres? – Le ofreció a K de su café.
– Sabes que odio cuando arruinan el café de esa forma. – Le dijo con una mueca de fastidio.
Kula solo rodó los ojos por la respuesta.
– Voy al baño, en seguida vuelvo. – Le dijo al momento que se levantaba de la silla para dirigirse al tocador. El chico de la tienda se quedó mirando el trasero de la rubia por sobre el mesón. K se percató enseguida de aquello.
-- ¿ Qué pasa estúpido? ¿Se te perdió algo en el culo de mi novia imbécil? – Contestó mientras se quitaba los lentes para observarlo. El chico sintió temor de que el peli blanco le fuera a hacer algo, no solía pasar mucha gente por aquel camino, por eso recordó la mirada hostil de él en particular como la otra vez que también habían estado ahí; recordaba a la perfección a la chica, y por desgracia también a su novio conflictivo, no tuvo otra más que hacerse el desentendido haciendo como que buscaba algo en la dirección contraria.
– Así está mejor estúpido. – Contestó tomando el último sorbo de su café.
Kula volvió y observó al peli blanco que tenía una cara más seria de lo habitual.
– Estamos perdiendo tiempo, vamos. – Le dijo mientras tomaba ambas mochilas y se dirigía a la salida, en donde encendió un cigarrillo.
– ¡Espera! No deberías hacer esto en una gasolinera K, es peligroso. – Le regañó Kula.
– Por mí que explote esta mierda con ese imbécil adentro. – Sentenció.
Sin embargo, guardó los cigarrillos en la chaqueta para irse cuanto antes de ese lugar.
-- ¿Me perdí de algo? – Preguntó desconcertada debido a la respuesta hostil de parte de K.
-- Nada, olvídalo. Sube, a este paso llegaremos a almorzar con ellos. – Respondió de mal humor.
La rubia obedeció y se aferró a él, quien partió a gran velocidad, causando un atronador sonido en el lugar.
– Podemos tener un accidente su conduces así K. – Le dijo preocupada.
– No te preocupes, solo quería alejarme de ese lugar, el muy hijo de perra que atendía en la gasolinera se atrevió a mirarte el culo estando yo presente. Eres solo mía, y si puedo evitar cuanta mirada pervertida te dediquen, lo haré. – Le dijo gallardo.
Kula sonrió, y K hizo rugir su moto asustando a algunos transeúntes que salían a correr por la mañana.
-- ¿Qué te hace gracia? – Le preguntó.
– Que te amo demasiado, lo sabes y aún así me celas pensando que puedo corresponder a lo que miren o hagan tigre. Eres el único hombre que he amado después de papá, así que no te preocupes cariño. Siempre estaré contigo. – Le dijo aferrándose más a su espalda y besando el lóbulo de su oreja.
-- ¿Puedes prometer algo así? – Le preguntó curioso.
– Puedo prometer lo que sea tratándose de ti, porque también eres solo mío y la vida se encargará de demostrarte que estoy en lo cierto amor. – Expresó.
K no respondió nada, pero si bien era cierto, ambos se pertenecían y amaban con locura, por lo que disfrutaría si la vida se lo permitía, en compañía de su dulce Kula, así que solo sonrió con disimulada satisfacción.
Al llegar con media hora de retraso solamente debido a la llovizna, y que por fortuna pudieron llegar sin imprevistos a la cabaña, la señora Belanger los esperaba dentro de la casa, el clima estaba peor. Estacionaron la moto fuera de la casa, golpearon la puerta.
-- ¡Chicos los esperaba! Me alegra que hayan llegado bien, esta llovizna es peligrosa para quienes manejan. – Comentó preocupada. Era bastante maternal y amable, por lo que Kula sintió ternura al ver que la señora se había inquietado por ellos.
– Descuide, K es un chico bastante precavido en la carretera. – Le dijo para tranquilizarla.
– Aquí tienen las llaves, si necesitan algo no duden en llamarme, que tengan un excelente fin de semana. – Les dijo retirándose del lugar.
-- ¡Gracias! Usted también. – Se apresuró a responder la chica que frotaba sus manos por el frío que había sentido durante el viaje. K la observó mientras sacaba unos guantes amarillos y felpudos
– Toma. – Le dijo.
–- ¿Pará mí? – Preguntó asombrada.
– No, para Whip. Obvio que son para ti Kula. – Le dijo con un leve rubor en sus mejillas.
– Sabía que el viaje te daría frío, y pensé en dártelos antes de comenzar el viaje, pero lo olvidé por lo de la gasolinera, espero te queden.– Dijo mientras se rascaba la cabeza con un poco de vergüenza.
Kula se los colocó sintiéndose reconfortar por lo suave del material.
– Espera, también tengo algo para ti K. – Sacó de su mochila el obsequio.
– Ojalá te guste, pero si no, no tienes que usarla y podemos cambiarla… -- Expresó nerviosa.
K abrió el envoltorio, sintió que los guantes definitivamente no se comparaban al regalo hecho por ella, ojalá hubiese pensado en algo así, miró los detalles de la prenda y se dio cuenta de la similitud con la otra que tenía, Kula había cuidado hasta esos detalles para escoger algo que fuera de su total agrado, se la probó, era muy cómoda y lo resguardaría del frío, era gruesa y con el detalles de piel en el cuello, tenía estilo y además le daba un toque muy viril.
-- ¿Y bien? – Le preguntó a la rubia.
Se veía bastante atractivo, ahora ella tendría que lidiar seguramente con más de alguna mirada deseosa proveniente de las chicas del lugar.
– Te queda perfecta, ¿Te gusta? – Le dijo.
– No está mal. – Se miraba otra vez en el espejo desde distintos ángulos.
– Es para que no tengas que prestarme tu chaqueta y pasar frío como la otra vez cuando olvide llevar algo para abrigarme al estar contigo tigre. – Le dijo con vergüenza hacia su regalo de los guantes amarillos.
– A mí me quedan perfectos estos guantes y me encantó el color. – Le dijo contenta.
– Solo los vi en la tienda y pensé que te quedaría el color amarillo, ojalá te hubiese visto algo mejor. – Dijo arrepentido.
La chica se acercó y lo abrazó, luego lo miró a los ojos.
– Sé que te incomoda un poco que lo diga tan seguido pero… Te amo K, y estos guantes los cuidaré y llevaré por siempre conmigo en las épocas de frío, todo lo que venga de ti es maravilloso porque sé que no acostumbras a tener detalles, y esto es algo muy especial para mí, es el segundo obsequio más bello después de la cruz que llevo conmigo. Es tu forma de decirme lo que sientes. Gracias tigre.– Le dijo muy de cerca.
– No es que me incomode, pero aún no me acostumbro del todo de tener a una mujer a mi lado diciendo esas palabras tan serias hacia mi. La verdad nunca esperé que alguien me lo dijera y menos sentirlo por esa persona. – Confesó tratando de esquivar la mirada de la rubia que lo miraba atenta.
A pesar de los meses juntos y los avances en su relación, cuando la chica lo miraba de aquella manera no podía evitar ponerse nervioso, como si fuera un preadolescente enamorado con reacciones torpes provocados por la chica que siempre quiso. Se sentía estúpido al no poder controlar la sensación en su estómago de una montaña rusa con emociones que iban y venían, por eso trataba de ser lo más serio posible, trataba de ser implacable. Si Kula se enteraba que lo hacía sentirse así, probablemente haría algo que lo hiciese incomodar aún más hasta ya no poder evitar demostrarlo.
La chica sintió sus mejillas arder y las piernas temblar. El efecto K se había apoderado nuevamente de ella.
– Vamos, Whip me ha llamado, de seguro debe estar famélica esperando a que lleguemos para el desayuno. La casa está en dirección al centro de South Beach, estaremos en cinco minutos andando en la moto. – Dijo carraspeando.
-- ¿Y si vamos caminando? La señora Belanger dejó algunos en aquel rincón por lo que recuerdo la última vez que estuvimos acá. – Le dijo señalando el lugar en el que efectivamente se encontraban los paraguas, uno negro y otro azul.
– Son veinte minutos caminado ¿De verdad quieres ir a pie? – Le preguntó con algo de pereza bostezando.
– Será romántico. No todos los días tenemos la oportunidad de tomarnos de la mano bajo la lluvia, o besarnos. – Sugirió coqueta mientras dejaba su cortavientos en el sillón.
– Está bien, pero si Seirah me regaña le diré que fue por tu culpa. – Le advirtió.
– Ella no se enfadará tigre. – Le dijo mientras lo jalaba de los pelos de su chaqueta de cuero nueva.
-- ¡Hey! La vas a romper, me la regalo mi novia ¿Sabes? – Bromeó.
Kula sonrió por aquello.
– Démonos prisa o llegaremos tarde. – Le dijo mientras lo tomaba del brazo para coger las sombrillas y salir a disfrutar de la Caminata.
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– Todo está tan silencioso que puedo escuchar las olas mecerse a pesar de no estar tan cerca de ellas. – Percibió la rubia mientras observaba el solitario paisaje de la mano del peli blanco, quien sostenía el paraguas con la otra para cubrirse de la llovizna que se había acrecentado cuando ellos habían llegado a la cabaña.
– Es de esperarse a esta hora y con este clima, me agrada más que el molesto ruido de la gente deambulando por las calles en el verano, así se puede apreciar verdaderamente la playa, y aunque no me guste el invierno, debo admitir que no es tan molesto en estos momentos. – Comentó observando hacia adelante en donde se veían algunos locales junto a sus trabajadores abriendo recién para comenzar una jornada, luego la mano que entrelazada con la de ella, se detuvo un instante. La rubia también lo hizo.
-- ¿Sucede algo? – Preguntó ella.
El peli blanco se acercó para tomar su mentón mientras se perdía en la mirada magenta de la chica y besarla de forma pausada aunque trémula. Cuando finalizó el beso, la rubia abrió los ojos y sonrió.
– Eso es romántico ¿No? – Expresó K al mirarla a través de sus lentes.
– Nunca me habían besado bajo la lluvia, eres el primero que lo hace. – Confesó con un gesto que enterneció al peli blanco, así sonrió ante la inocente y enamorada mirada de ella.
– Sigamos el camino, ya estamos cerca. – La invitó mientras volvía a tomarla de la mano.
No era muy concurrido el lugar en estas fechas, pero aun así se veían personas como ellos que les agradaba pasar los días de forma tranquila en la playa cuando estaba en su punto más solitario. K tenía razón en cuanto a la paz y tranquilidad que se sentía en el ambiente, era armónico y relajante bajar a la playa para observar las olas reventar en la arena y las rocas.
– Recuerdo que me contaste sobre haber pasado tu infancia y parte de tu adolescencia en este lugar. Debió haber sido entretenido haber crecido frente el mar. – Mencionó la rubia quien de arrimaba al peli blanco.
– Sí, en parte lo fue, me gustaba venir a jugar solo cuando todos se iban a sus casas, mi hermana solía ir a buscarme al bosque o a la playa para que fuéramos a cenar a la casa. – Dijo recordando esos momentos, algo que provocó que la melancolía lo invadiera, recordar a su familia reunida durante su infancia le hizo reflexionar sobre las instancias en las que pudo haber el aprovechando más a sus padres de haber sabido lo que pasaría. Era la razón con mayor peso por la cual había dejado de venir a South Beach, la tristeza de recordar a sus padres aún lo invadía a pesar de los años. Y ahora tener que fingir que todo iría bien con el embarazo de Seirah en el cual no sabrían hasta cuando su cuerpo sería capaz de soportar sin salir dañada o el bebé. Odiaba fingir, pero lo hacía por su hermana y Máxima, sin contar la desilusión que Kula se llevaría al enterarse. Todo era un verdadero fastidio.
-- ¿Estás bien K? – Preguntó luego de haber notado que el semblante del moreno se había vuelto más serio de lo habitual.
– Sí, no pasa nada. Ya estamos llegando. – Señaló a la bonita casa de dos pisos que la rubia había estado durante la preparación de la boda de Máxima y Whip, y aunque fue por un breve período el que tuvo que estar, la reconoció al instante, y como si se tratara de un sexto sentido predominante en la castaña quien hizo sonar el celular de la rubia esta vez, la chica se deshizo de la mano de K para contestar.
-- ¡Hola Whip! Estamos muy cerca, llegaremos en menos de cinco minutos. – Anunció.
-- ¡Chicos muero de hambre, por favor lleguen que no dejaré nada para ustedes sobre lo que Máxima ha hecho para recibirlos! – Se quejó a través del teléfono.
– Descuida, estamos llegando así que dile al idiota que venga a abrirnos. – Habló K cuando le quitó el teléfono a la rubia, quien lo miraba con el ceño fruncido por el insulto a su cuñado y amigo.
– Se tardaron, Seirah casi acaba con todo el desayuno. – Anunció divertido el grandote.
-- ¡Pero qué mentiras dices! – Dijo Whip fingiendo estar ofendida.
– Solo tomé unas tostadas porque olían delicioso. – Corrigió.
– No te preocupes Whip, las mujeres embarazadas no deben pasar hambre, hay un bebé que demanda comer también. –Dijo la rubia con ternura tocando el vientre aún plano de la castaña mientras los saludaba con un abrazo.
– Si te pones a comer como una cerda no dejarás espacio al bebé para que crezca en esa barriga hermana. – Mencionó sarcástico el peli blanco, a lo que rápidamente su brazo fue víctima de un tremendo pellizco por parte de la castaña.
– ¡Ouch! – Se quejó acariciando su brazo y mirando con el ceño fruncido a Seirah, quien hacía como si nada.
– ¡Eso te va a enseñar a no ofender a una mujer embarazada idiota! – Le advirtió.
-- El desayuno se va a enfriar junto con la casa si seguimos hablando aquí afuera. –Sugirió Máxima para dar término a la riña de los hermanos. Kula miraba la escena de esos dos divertida, hubiera deseado que su relación con Candy hubiese seguido así de no haber sido por la percepción de favoritismo que tenía de ella y la relación con su padre.
-- ¿Pasa algo pequeña? – Preguntó Máxima al observar que tenía la mirada perdida en ellos.
– No, nada, gracias por haber preparado todo esto, está delicioso. – Agradeció.
– De verdad te luciste grandulón. Deberías haber preparado cosas así cuando vivías en el apartamento. – Le dijo mientras se llevaba un bocado de tocino a la boca.
– No puedes quejarte, siempre te tuve un desayuno digno de buffet compañero. – Se defendió; a lo que K no pudo negarlo, extrañaba las ventajas de tener un compañero que tuviera impecable todo cada vez que llegaba, ahora debía comprar su almuerzo y cena porque no tenía tiempo para eso con su cargo, además de que llegaba cansado del trabajo, no le quedaban energías si quiera para cocinar un par de huevos. Solo cuando la rubia se quedaba en el apartamento lo mimaba con comidas preparadas por ella, aunque ya no sería igual ahora que estaba de nuevo en la universidad.
Kula también se percató de aquello, por lo que tuvo una gran idea para su comienzo de semana mientras degustaba sus waffles con crema y miel, cuando sintió que un tenedor caía al suelo, era de Whip, quien tocaba su vientre con una mueca de dolor que la aquejaba. K y Máxima se levantaron raudamente para ayudarla.
-- ¿Es el bebé? – Preguntó K muy preocupado, sabía su estado pero no quería importunarla – Vamos, debes descansar amor, sabes que no debes dejar el reposo durante este período para que la salud de ambos no se complique. – Ordenó Máxima quien levantó a Whip de la silla para llevarla en sus brazos a la habitación, mientras K recogía las cosas del desayuno para llevarlos al fregadero.
– Descansa Whip, yo ayudaré a Máxima con lo que necesite, te iré a ver en cuanto te sientas mejor. – Anunció con un poco de temor con el repentino dolor que le había dado a la castaña. Algo no andaba bien, algo en su interior se lo decía. Solo esperaba estar equivocada.
Cuando acabaron de limpiar las cosas del desayuno, Kula suspiró con pesar mientras K fingía no notar que algo le incomodaba y que posiblemente le iba a preguntar sobre su hermana, así que dirigió al sillón del comedor para descansar del viaje, manejar con llovizna en la moto había sido muy irresponsable, pero tenía un mal presentimiento con respecto a su hermana, y haría lo imposible por llegar si era necesario a diez kilómetros por hora. Cuando Kula llegó a su lado se recostó en su hombro al mismo tiempo que observaba la casa, cuando había estado con Whip en la previa de su boda no había tenido tiempo en recorrerla más que por fuera, con todo el ajetreo no se detuvo a admirar lo linda y acogedora que era, su base por el exterior era con piedra sólida para evitar la corrosión de la brisa marina, aunque todo le demás era de madera, el comedor tenía decoraciones con adornos de conchitas y varias fotografías, se levantó para ver a una en especial en donde salía toda la familia de K; se notaba que era de hace mucho, tanto Seirah como K eran unos niños, su madre tenía la misma cara de Whip, aunque los ojos eran de K, su color de piel y cabello eran totalmente heredados de su padre, que era bastante guapo, como K, su madre era muy bella también con ese cabello castaño casi tan largo como el de ella, eran bastante altos y observó que K tenía el mismo gesto gruñón de siempre, sin duda lo era desde pequeño.
– Tenía seis años cuando tomaron esa foto, Whip es dos años mayor que yo así que tenía ocho, ellos eran mis padres. – Aclaró sorprendiendo a la rubia que se había sobresaltado con la repentina llegada en silencio de su novio.
– Veo que siempre fuiste un cascarrabias. – Le indicó por su rostro en la foto.
– Esa vez estaba enfadado porque solía ir a dar vueltas solo y avisé que iba a ir al bosque a jugar, pero me detuve al ver una tienda que inauguraba sus juegos árcade de pelea, de hecho, cuando veníamos pasamos por ahí, estaba cerrada pro la hora, pero en ese tiempo todos los chicos hablaban de ellas en la primaria, así que me quedé ahí y gasté todas las monedas de mi mesada, cuando sentí un coscorrón en la cabeza, era mi papá junto a Whip quienes me habían buscado toda la tarde, no había ido a almorzar y tenía a todos los vecinos buscándome, perdí la noción del tiempo, olvidando que ese día nos tomaríamos una foto familiar y el fotógrafo se había ido, tuvieron que pagar con mi mesada para que se devolverá a tomar la foto, y luego me castigaron por una semana sin poder salir como acostumbraba.– Finalizó.
– Vaya, siempre fuiste irreverente a las normas ¿No?– Sonrió enternecida.
– Detesto que me den órdenes, no fue muy diferente con ellos. – Precisó mirando la fotografía.
– De haber sabido… ¿hubieses hecho algo diferente? – Preguntó curiosa de la respuesta. – Es probable, aunque no sé qué tan diferente, mi carácter siempre fue complicado. Pero no quiero hablar de eso. – Dijo cansado.
-- ¿Por qué no me das un recorrido por la casa de tu infancia tigre? – Sugirió entusiasmada, ya que Whip y Máxima estaban ocupados.
– Cómo quieras, sígueme. – Le indicó.
– Recordaba la última vez que estuve acá ayudando a Whip con su preparación para la boda no tuve tiempo de conocerla completamente. – Le comentó.
– No hay mucho que recorrer, esta casa no es tan gigante como la tuya, solo tiene dos baños, uno en la parte de arriba que compartía con mi hermana y otro en la habitación matrimonial de abajo que ahora ocupa Whip. Tiene tres habitaciones no muy grandes, la cocina y el patio. – Le dijo.
-- ¿Aún tienes tu habitación? – Le preguntó interesada.
– Whip quiso dejarla tal cual por si algún día regresaba luego de ir a vivir South Town, y como eso no pasó, me imagino que aún la conserva, no lo sé en realidad. – Contestó con desinterés.
– Llévame allá. – Le pidió.
El peli blanco subió por las escaleras, tomando la mano de la rubia que lo seguía expectante de ver aquella habitación en la que K había pasado la mitad de su vida. Cuando entraron a la habitación, estaba llena de pósteres de bandas del gusto de musical de K, como Motörhead, Destruction, Kreator, Sodom, Tankard y otras bandas más, casi toda la habitación estaba empapelada de afiches y cosas similares, entradas de conciertos pegadas, un espejo con recortes de grupos, un armario y la cama junto a un equipo de música. Una típica alcoba en donde un adolescente podría refugiarse del mundo exterior para introducirse en el propio. Kula se sentó en la cama mirando a su alrededor, la pieza daba a un balcón propio.
– Sí que te gusta esa música. – Mencionó admirando que hasta en el techo tenía pósteres de bandas.
– Pocas cosas me gustan, el Metal es una de ellas, me escapaba para ir a conciertos cuando estaba castigado. Whip me amenazaba cuando me descubría y me chantajeaba con sus amigas para que saliera con ellas en favor de guardarme el secreto de haber ido a ver a mis grupos favoritos. – Dijo recordando aquellos tiempos.
La rubia lo escucha a en silencio.
– Te dije que no había mucho que ver. – Le dijo subiendo los hombros, luego fue a encender un cigarrillo mientras abría las ventanas para salir al balcón. La chica seguía en silencio.
-- ¿Alguna vez trajiste a alguna chica a tu habitación? – Preguntó seria.
– Ni te imaginas cuántas pasaron por acá. – Le dijo con arrogancia.
El peli blanco volteó a mirarla, Kula le dedicó una mirada gélida y sin expresión, luego se levantó en dirección al balcón para sacar un cigarrillo de la cajetilla que K había dejado en la baranda.
– Era una broma. Nunca traje a ninguna mujer, solo mi mamá y a veces Whip entraron si es que eso se puede contar como que algunas chicas hayan estado acá. – Le dijo mientras estudiaba la reacción de la chica esperando que dijera algo, pero nada salió de sus labios más que el humo del cigarrillo.
--Nunca te había visto celosa, me gusta. – Expresó con un tono más grave y acercándose a ella para tocarla, pero la rubia dio un paso al lado para evitar el contacto.
– Te dije que era una broma, no te enfades preciosa. Eres la única mujer que ha estado en mi alcoba, así que siéntete afortunada princesa. – Le dijo mientras miraba hacia el patio trasero. La chica lo miró y la sacó la lengua colocando una de sus manos en su ojo derecho como gesto de burla.
– Tonto, me hiciste sentir pésimo al hacer esa broma de mal gusto. – Le dijo en tono infantil.
– Sabes que soy reservado, siempre lo fui y no creo cambiar esa parte de mi personalidad. Además, encontraba a la mayoría de las amigas de mi hermana y mis compañeras de preparatoria unas estúpidas cabezas huecas que solo buscaban figurar entre ellas. – Dijo mientras soltaba el humo.
– Pero debió existir una chica que no fuera como ellas. – Insistió.
– No, cuando mis papás murieron en ese accidente, solo tenía encuentros casuales con alguna que otra que mujer ebria que buscaba satisfacer la misma necesidad que yo en algún callejón detrás del algún bar de mala muerte. – Dijo sin demostrar mayor interés, no era de su agrado recordar aquellos momentos.
– Mm, pero si perdiste la virginidad con alguna de ellas la debes recordar más que al resto ¿No es así? – Preguntó apoyando sus manos frías en la baranda humedecida por la llovizna que no había parado.
-- ¿Cuál es el punto Kula? ¿Quieres saber cuántas mujeres me follé en la vida? no llevo el conteo y lo de la virginidad es un cuento de ustedes las mujeres porque los hombres no estamos pendientes de esas ridiculeces, sabes que no fuiste la primera mujer con la que he tenido sexo, pero sí la primera a la que le he hecho el amor y a la primera que le he dicho te amo, y así has sido la primera en muchas cosas que nunca pensé decir o hacerle a una mujer ¡Demonios! Eres distinta a todas las demás. Lograste que dejara el tratamiento que me tenía adicto durante años, eres la primera chica que conoce a mi hermana y he llevado a mi apartamento ¿Contenta? – Dijo ya perdiendo la paciencia.
La chica miró hacia abajo, una pequeña sonrisa salió de la comisura de sus labios.
– Más que contenta, halagada de que un chico malo se fijará en mi. – Expresó coqueta mientras se acercaba sus manos para cubrir la de él.
– Puedo ser la primera en algo más si estás de acuerdo. – Sugirió apagando la colilla en el cenicero que había en una esquina del suelo. El peli blanco solo la observó alzando una ceja esperando escuchar lo que ella proponía.
– Si nunca trajiste a nadie, quiere decir que tu cama está intacta aún, es decir, algo podemos hacer.– Sugirió mientras su mano izquierda descendía hasta la entrepierna de K masajeando el miembro que comenzaba a despertar a tiempo con las caricias de la rubia.
– Tendrás que contenerte de gemir como lo haces en el apartamento, recuerda que no estamos solos. – Le dijo mientras la empujaba con su cuerpo hasta el interior de su habitación.
– Descuida, no lo haremos directamente, solo nos vamos a manosear. – Dijo mordiéndose los labios.
Al ver aquel gesto, el peli banco no dudó en besarla e introducir su lengua para masajear la de ella. La recostó en la cama mientras se quitaba la chaqueta para quedar en una sudadera negra ajustada de manga corta, desabotonó el abrigo de ella para dejarla con su suéter blanco.
– Adelante, solo debemos dejarnos llevar. – Le dijo mientras acariciaba su rostro.
– No tengo que decir cuánto he querido tocarte desde que te pasé a buscar a tu casa gatita, además, no sé si pueda contenerme de meterte aunque sea la punta si me provocas preciosa. – Le dijo mientras la volvía a besar. Se colocó sobre ella mientras metía su mano por debajo del suéter hasta llegar a su brasier, Kula no perdía tiempo tampoco llevando sus manos al trasero del peli blanco quien colocaba su muslo entre las piernas de la rubia que provocaba una exquisita sensación en ambos, sobre todo en ella quien emitía pequeños gemidos que eran apagados por la boca de K que parecía querer devorarla. La rubia levantó su cuerpo buscando aún más cercanía con el torso de su amante, cuando K comenzaba desabrocharse la cremallera de su jeans gris claro.
-- ¿Estás segura de querer solo llegar a segunda base? – Le preguntó entre los besos húmedos que le propinaba.
– Ya no lo sé. Pero me gusta lo que estamos haciendo ahora. – Dijo mientras tomaba aire por la falta de oxígeno entre ambos.
– A mí también, pero si no consigo hacer algo con esto no podré dejarte tranquila hasta que se me pase. – Le dijo quitando suavemente una de sus delicadas manos que tenía en su espalda para que palpara la gran erección que comenzaba a salir por su bóxer. La rubia gimió por la excitante sensación de su miembro tan duro que comenzó a masajearlo nuevamente para poner a prueba el control del peli blanco, quería seguir jugando con K, y él no le desagradaba en lo absoluto la idea. Levantó su peso para quitarse la sudadera quedando a torso desnudo, era realmente un espectáculo verlo así, la rubia nunca se cansaba de verlo y tomaba cada precioso segundo para devorarlo con la mirada antes de que él se lanzará sobre ella nuevamente para quitarle su prenda superior también dejándose ver con el brasier que aún no era víctima de las veloces manos de K. Le resultaba inverosímil que nunca una chica hubiese visto lo que la ahora, era demasiado idílico hasta para ella el hecho de pensar en aquello, luego intentó disponer su cabeza en blanco para dejarse llevar por el momento. Después de la breve, pero delirante intervención, el peli blanco desabrochó la cremallera de la rubia, a quien bajó unos centímetros para rozar con su erección entre la braga y su bóxer, con tal de atenuar aquella sensación de penetrarla sin más. Últimamente estaban incursionando de una manera totalmente distinta a lo que el peli blanco estaba acostumbrado, aunque habían iniciado las cosas a la inversa, le parecía interesante y excitante la idea de manosearse con una chica linda en su habitación, de haber sabido que era tan jodidamente maravillosa la idea, hubiese sido más activo en lo sentimental y hubiese aprovechado a todas esas chicas que solían acosarlo con declaraciones de amor y que encontraba estúpido, pero ya no importaba, ahora lo hacía con ella, valía definitivamente la pena haber dejado pasar todas esas oportunidades para sentir aquel sin fin de sensaciones solo con ella, la primera chica con la que hacía esto, y para ella seguramente también hubiese sido el primero, no solo por perder la virginidad con él, sino también en ser novio de una chica como ella y hacer cosas de novios de las cuales nunca pensó siquiera tendría que hacer. Pensaba repetir esto en su casa, la rica sensación de poder ser descubiertos era algo extrañamente candente, que los pillaran mientras él tenía su mano entre las bragas de la rubia humedeciendo ese clítoris suave y rosado sería digno de retratar cuál semblante de su madre dejaría para gritar al cielo la pecaminosa acción que cometía sin importarle nada. Pensar en todo aquello con los ojos cerrados lo encendió de sobremanera y comenzó a moverse simulando penetrarla sobre su ropa interior, Kula sacó una de las manos que tenía en el miembro duro y palpitante de K para apretar el culo del peli blanco nuevamente, dando el pase para que el moreno incrementará el movimiento, a pesar del molesto dolor que le causaba hacerlo por sobre la ropa, era emocionante. Kula disfrutaba cada movimiento del peli blanco, y aunque también le causaba un poco de dolor sobre su monte de Venus, se sentía plena al imaginar que K todavía seguía siendo ese chico rebelde que probablemente la hubiese traído a su casa, en especial a su habitación a pesar de la negativa de sus padres, y la hubiese arrinconado en la cama para recorrerla entera, le enloquecía pensar que alguien pudiese abrir la puerta y pillarlos, sin duda, era lo mejor de llegar a segunda y tercera base, aunque lo había experimentado durante su adolescencia al menos una vez, jamás se comparó con lo que K le provocaba, era un Dios en todo sentido, tenía toda la suerte del mundo por tenerlo junto a ella pensaba, el peli negro besaba su cuello y eso la hacía perderse entre un mar de sensaciones que no la alertaron de alguien que subía las escaleras para golpear la puerta de la habitación en la que estaban.
-- ¿Chicos están ahí? ¿Puedo entrar? – La voz de Máxima los hizo cortar el contacto inmediatamente, cosa que provocó risas nerviosas en la rubia que trataba de colocarse el suéter y arreglarse el cabello en el espejo.
– Seguiremos en la cabaña gatita. – Le dijo mientras besaba su cuello cerca del collar de cruz que traía.
– Pasa. – Respondió mientras Kula abrochaba su cremallera. Él había olvidado hacerlo.
Cuando Máxima entró, les dedicó una mirada a ambos, la rubia bajó la mirada delatando en parte lo que hacían, por ver a K despeinado y con la cremallera abajo daba totalmente cuenta de lo que se encontraban haciendo mientras Máxima estaba ocupado con su esposa y hermana del moreno. El grandulón carraspeó para aclarar su garganta y contener la risa por el aspecto de su amigo y cuñado.
– Solo venía a avisarles que aprovecharé que están acá para no dejar a Whip sola, e ir por unas cosas a la farmacia. – Anunció.
– Sí, como sea, le estaba mostrando mi pieza a Kula. – Dijo el peli blanco tratando de desviar la mirada fija de su compañero, que muy en el interior sabía que no podía engañarlo. Y que él tendría material para molestarlo durante todo el fin de semana que pasarían ahí.
– Discutíamos sobre cuál sería la habitación del bebé. – Dijo Kula un poco nerviosa.
Máxima dejo de sonreír tan pronto escuchó lo que la rubia decía.
– No lo hemos discutido aún con Whip. Disculpen, debo ir a la farmacia para comprar algo que alivie los dolores de mi esposa. – Dijo serio, mientras se retiraba.
-- ¡Ah! Por cierto, tienes la cremallera abajo campeón. – Luego bajó las escaleras con cuidado de no despertar a su esposa. K frunció el ceño al ver que era cierto, se miró al espejo y notó la razón de porqué miraba tanto su cabello.
-- ¡Mierda! – Dijo mientras arreglaba su pelo desordenado para verse más presentable.
–¿Crees que se dio cuenta de lo que hacíamos? – Dijo la rubia inocente.
--¡Cómo no darse cuenta con ver lo agitados que estábamos, sin mencionar que tenía la estúpida cremallera abajo. – Dijo mientras la subía.
–¡Qué vergüenza! Siento que no podré mirarlo a los ojos otra vez! – Dijo llevándose sus manos a las mejillas para ocultar el gran color rojo que inundaba su cara por entero.
-- ¡Bah! Como si él no hubiese hecho lo mismo con mi hermana cuando éramos adolescentes, no te preocupes, no dirá nada mientras estés conmigo, solo lo hará cuando me vea solo o con Whip, cosa que no sucederá por lo menos este fin de semana. – Dijo para calmarla.
–Oye, noté qué se puso raro cuando mencioné al bebé y la habitación. ¿Dije algo que no debía? –Preguntó intrigada. K suspiró y salió al balcón para encender otro cigarrillo.
– K ¿Hay algo que no me has contado? – Volvió a preguntar mientras tocaba su espalda. El peli blanco la miró unos segundos, sabía que no podía ocultarle lo que sucedía con Seirah por mucho tiempo, pero dudaba si era el momento de decirle, probablemente eso arruinaría el fin de semana para las dos, no sabría si Kula podría ocultar la verdad teniendo a Whip frente a ella.
– No, ¿Por qué lo preguntas? – Se hizo el desentendido nuevamente.
– Creo haber tocado un tema delicado con Máxima. – Reflexionó preocupada.
– No es nada, es la preocupación que tendría cualquier padre a futuro. – Mencionó dando una calada de humo.
-- ¿Cómo van las cosas con tu hermana? ¿Ya le dijo a tu mamá sobre el bebé y el padre de éste? – Preguntó para desviar la conversación sobre el embarazo de su hermana. Ahora era la rubia quien suspiraba con pesar.
– Así es, estuve con ella mientras le decía. Ha decidido darlo en adopción y no contarle a Shingo. Además de que congelará una año en la universidad para que no haya sospechas, cuando tenga al bebé lo dará en adopción y se reincorporará como si no hubiese sucedido nada. – Comentó mientras apoyaba sus manos en la baranda.
-- ¿No le pesará la idea de encariñarse con el bebé mientras esté creciendo en su barriga durante todo ese tiempo? – Preguntó mirando en la misma dirección que la rubia.
– Ella dice que no cree que pase, y aunque fuese así no cambiará de idea. – Se lamentó.
– Es su vida, ella verá si lo que decidió será para arrepentirse o no. – Decretó.
– Es verdad. – Concordó con él.
– Bueno, ahora que Whip está descansando, supongo que tenemos un tiempo para nosotros preciosa. – Le dijo al mismo tiempo que la tomaba de sus manos para llevarla adentro.
-- ¿Bromeas? Máxima se enojará porque no estamos cuidando a Seirah. No quiero que piense que soy una ninfómana empedernida. – Expresó. El peli blanco no pudo evitar mostrar una mueca similar a una sonrisa.
– No seas tonta, es normal entre las parejas demostrarse lo que sienten ¿No? – Le dijo mientras comenzaba a besarla en el cuello.
– Además, te advertí que sería difícil evitarme si me dejabas así. – Dijo volteando a la rubia para dejarla apoyada de sus manos sobre la cama acentuando el bulto marcado en su pantalón en el culo de la rubia quien comenzó a sentir la familiar electricidad en su vientre bajo.
– Pero… -- Trató de aferrarse al hilo de cordura que le quedaba antes de perder contra los encantos lascivos de K. Pero no lo consiguió, era imposible no sucumbir antes los penetrantes ojos azules y sus caricias que despertaban cada fibra de su ser, como si tuviera una especie de poder dominante sobre ella cuando se trataba de follar. Su cuerpo entero temblaba ansioso por sentir al peli blanco arrinconándola contra la pared.
– Estás temblando gatita. – Percibió mientras la volteaba para dejarla está vez frente a él y así meter su mano bajo el suéter para acariciar sus pechos.
– Es que me pone nerviosa que estemos en la casa de ellos haciendo esto. – Le dijo entre pequeños gemidos que trataba de acallar producto de las manos del peli blanco en sus caderas jalándola hacia él.
– No hacemos nada malo preciosa; Aún. – Mencionó con ese habitual tono viril que conseguía humedecerla por completo .
Podía sentir la cálida respiración excitada de él, ella también resoplaba agitada, los besos no se hicieron esperar en sus bocas, no podía luchar contra el ferviente deseo de K.
-- ¡Aaah! ¡Detente! – Se quejó como si se tratara de un suave ronroneo a los oídos de K, quien pareció disfrutar de aquel gemido prolongado y sutil que salía de los labios de su dulce boca, entonces introdujo su lengua masajeando suavemente la de ella, no había comparación en cuanto a los besos, era un maestro en el arte de besar. Lo que provocó repentinos celos en la rubia, a quien se le vino la imagen de K en algún callejón con otra chica besándose y haciéndolo como ahora debido a la confesión de algunas horas atrás, si libido había desaparecido a causa de las repentinas imágenes del Moreno con otras chicas. En ese momento, K iba a introducir su mano dentro del jeans de ella. Entonces se separó de bruscamente del peli blanco, quién quedó confundido por la reacción de la rubia.
– ¡Lo siento, no puedo! Disculpa. – Dijo cuando salía de la habitación, dejándolo muy contrariado.
Kula bajó las escaleras apresurada, aunque con cuidado de no hacer ruido y despertar a Whip, así que caminó hasta sentarse en el sillón de la sala. Si bien no tenía comparación con el peli blanco y otros chicos en cuanto a su corta experiencia sexual, no podía evitar sentir unos celos que la consumían. Era extraño que después de casi cuatro meses de relación le vinieran esos ataques repentinos de inseguridad. Seguramente era por saber sobre su pasado y estar tan cerca de todo esto. No, no era posible, ella no le había tomado el peso correspondiente cuando él se lo comentó, le dio importancia a su tratamiento de fármacos dependiente por el que pasaba en esos momentos y sus problemas con el alcohol y el cigarrillo, obvió el asunto de su promiscuidad, se sintió molesta con ella, no podía ser tan infantil de sentir celos a estas alturas, K le era fiel, y ella también pero, ¿y si la intensidad con la que vivían su relación se agotaba un día y K perdía el interés en una chica inexperta como ella? ¿Y si su madre se refería a esto cuando le había hablado la noche anterior sobre su relación?
-- ¿Kula? – La llamó el peli blanco sosteniendo su suéter.
Kula se puso como un tomate al recordar que estaba en medio de la casa de su cuñada con su cuerpo semi desnudo. Le arrancó la prenda de sus manos y se lo colocó más que rápido. – Disculpa yo… -- Balbuceó la rubia.
– Estás rara desde que te llevé a mi antigua habitación ¿Hice algo que te molestó? – Le preguntó con un tono de preocupación en sus palabras. K podía ser un cretino con todo el mundo, pero con ella era distinto, aunque no siempre estaba dispuesto a decirle lo que sentía, siempre estaba pendiente de ella y de su bienestar, incluso cuando hacían el amor. Era distinto cuando se trataba de ella. Kula evitó mirarlo, así que su cara volteó hacia la ventana del comedor y se cruzó de brazos. Justo ahora estaba tan jodidamente guapo, sin la sudadera que ocultaba ese abdomen infernal, su cabello alborotado nuevamente y esos ojazos azules que la miraban buscando respuestas la harían perder el enfoque de lo que estaba pasando por su cabeza, deseaba decirle pero seguramente se burlaría de ella.
– No, nada, así como tú me ocultas cosas con tu familia, no tengo deseos de contarte lo que me pasa. Solo necesito tomar aire fresco y enfriar mis pensamientos. Con permiso. – Dijo mientras pasaba por su lado en dirección a la salida.
-- ¿Y ahora qué bicho te picó Kula? – Preguntó atónito por la reacción de la rubia, nunca la había visto así. Como era de esperarse, la chica no contestó nada.
--
Máxima volvía de las compras en la farmacia, venía con una bolsa de papel y otras cosas que cuando Kula lo vio en el pórtico de la casa, se apresuró a ayudarlo a descender del auto.
–Gracias pequeña – Le dijo cuando la vio.
– Es lo menos que puedo hacer con Whip en ese estado. – Le dijo.
– Es normal en cierto punto, no hay nada que temer. Por cierto ¿Dónde está K? – Preguntó al observar que estaba sola afuera de la casa.
– Adentro. – Respondió cambiando su semblante a uno más serio, cosa poco habitual en la rubia quien siempre se le observaba con un rostro suave y delicado.
-- ¿Todo bien entre ustedes? No quiero ser entrometido. – Se apresuró a decir.
– No lo sé, he reaccionado inesperadamente producto de los celos repentinos al pensar que K puede dejarme por otra chica con… más experiencia que yo. – Confesó con un dejo de vergüenza.
-- ¿Quieres ayudarme a cocinar? Whip siempre lo hace, pero como está indispuesta necesito una mano. – Dijo para subirle el ánimo a la chica.
Kula asintió contenta y lo siguió a la cocina que por suerte, K no estaba ahí.
--
El peli blanco se encontraba en el patio trasero, ya con la sudadera puesta, sin embargo, había olvidado la chaqueta en su antigua habitación al salir tras de Kula. No conseguía adivinar en qué punto exactamente la había cagado con la rubia, trataba de repasar lo que habían hecho durante la mañana y no encontraba nada más que la conversación de la mañana con respecto a la fotografía y luego los manoseo que ella misma propuso hacer en la habitación, nada fuera de lo común. Quizá andaba en su período, pero nunca había reaccionado así, tampoco era eso. Se rascó la cabeza salpicando algunas gotas que caían inclementes sobre él. Vio por la ventana que Kula ayudaba a Máxima en la cocina, decidió darle un espacio y se dirigió con cuidado de que no lo vieran para ir directo a la habitación que le correspondía, buscó sus audífonos en la mesita de noche para conectarlos a su celular y escuchar música olvidando nuevamente la prenda para abrigarse. Aquello le recordaba sus tiempos en los que pasaba horas caminando sin rumbo por la orilla de la playa con los audífonos puestos disfrutando de la buena música, decidió hacerlo ahora a pesar del clima, también necesitaba despejarse. No tenía amigos como Whip, su vida era solitaria hasta que conoció a Máxima, su amigo de toda la vida que llevaba a cuestas la dura realidad de no llegar a conocer a su hijo debido a la complicación del embarazo.
Al pasar por la cocina no hizo contacto visual con la rubia para evitar cualquier posible conflicto, quien, al notar que K salía de la casa quiso ir con él, pero Máxima necesitaba que lo ayudara. Él observó de reojo la situación entendiendo al instante.
– Tranquila, K no irá lejos sabiendo que estás acá, además, no tienes por qué preocuparte de que vaya a dejarte por otra chica, eres la única niña que le he conocido desde que le somos amigos, te habrás dado cuenta en estos meses de lo solo que es, y ahora que está enamorado perdidamente de ti, aunque intente hacernos creer que no es así, ten en cuenta que lo conocemos más que nadie, por eso puedo dar mi palabra acerca de lo que K siente. – Expresó tranquilo mientras cortaba unas zanahorias en rodajas.
– Lo sé, es que me siento insegura sobre el futuro con K, tuve una conversación con mi madre, quien aún no acepta mi relación y cree que no va durar cuando entre a trabajar con el cargo que papá nos tiene preparado a mi y a Candy, pero la verdad no quiero pasar el resto de mi vida en ese lugar porque sé que no seré feliz, solo quiero hacer algo pensando todos los días cuando me levante que lo disfrutaré. – Reflexionó.
– Si quieres hacer algo distinto está bien, solo debes tener claro lo que quieres hacer. – Expresó.
– Además, yo pienso en un posible futuro con K luego de terminar la Universidad, tampoco quiero ser una carga para nadie y no quiero importunarlo estando indecisa, quiero trabajar duro para que juntos logremos nuestras metas, pero quizá no esté dentro de las expectativas de K y lo nuestro… -- Cortó de repente lo que iba a decir.
– No debería aburrirte con mis cosas, debes estar siempre pendiente de Whip y yo solo te molesto. – Dijo con culpabilidad mientras lavaba algunas verduras.
– Te equivocas, no me molesta para nada, siento mucha empatía hacia ti pequeña, de lo contrario Seirah jamás hubiese permitido que pisaras nuevamente el apartamento o esta casa, y no hubiésemos intervenido cuando K pensaba que era lo mejor alejarte de él. Pensamos que eres la chica perfecta para el amargado. – Expresó con una sonrisa mientras freía el arroz y la carne.
– Aún así no puedo evitar sentirme insegura, y eso ha arruinado la mañana con K. – Se lamentó.
– Descuida, nunca es tarde para tener una conversación y aclarar los malentendidos, K es un poco ingenuo en temas femeninos, si no le dices lo que te ocurre, ten por seguro que nunca lo averiguará, los hombres no somos intuitivos como ustedes, para eso deben decirnos qué hacer. Y si le dices y se arreglan, no hay mejor cosa que la reconciliación. – Le dijo con un guiño en el ojo. Kula sintió sus mejillas arder y una sonrisa nerviosa amenazo con salir por aquella revelación, aunque lo dicho por el grandote le había subido el ánimo mucho más de lo que pensaba.
Un sabroso aroma emanaba de la cocina, Máxima era realmente un profesional de la rama culinaria, y Kula lo había ayudado, no se quedaba atrás, aunque tenía a la encargada en su hogar de hacer las comidas, durante su tiempo en vacaciones le había pedido ayuda con el tema de la preparación de carnes especialmente, con tal de sorprender a K cuando éste llegase agotado del trabajo, así que algo había aprendido, quería impresionarlo, así que puso bastante de su parte en la preparación de la comida que degustarían pronto.
– Eso huele delicioso, me ha despertado el apetito chicos. – Se asomó Seirah por la cocina. -- ¿Cómo estás Whip, ya te sientes mejor? – Preguntó la rubia.
– Sí, son solo molestias propias de mi embarazo, pero tengo fe en que todo irá bien. – Anunció con una sonrisa. A pesar de las complicaciones tenía ese aire angelical de estar esperando un bebé en su interior, ese brillo que solo las mujeres embarazadas poseen. Máxima se acercó y la besó tiernamente en los labios.
– Siéntate, hoy tengo una adorable y eficiente ayudante que me asistirá con el almuerzo. – Le dijo mientras Kula se quitaba el delantal de cocina.
– Siempre has sido amable conmigo, es lo menos que puedo hacer, mi hermana tiene los mismos meses que tú de embarazo, pero ella no me deja darle mimos al bebé.– Dijo con una mueca de tristeza.
– Debería ser yo quien tendría que ayudar a osito, pero me siento muy contenta de que tenga una ayudante tan linda como tú, así no debo preocuparme porque sea el único anfitrión. Te lo agradezco un montón querida.– Mencionó.
– Todo sea por ese pequeño que debe recuperar fuerzas y hacer sentir bien a su madre.– Dijo complacida.
– A todo esto, ¿Dónde está el tío gruñón? – Preguntó mirando hacia el comedor.
– Fue a dar una vuelta para zafarse de tener que ayudar con el almuerzo. Ya sabes que K es perezoso cuando se trata de ayudar en algo. – Dijo cerrando un ojo nuevamente para cubrir la discusión de la rubia con el peli blanco y disgustar a Whip.
– No me imagino cómo ha sobrevivido solo en el apartamento, seguramente come tocino todo el día para no tener que cocinar algo.– Dijo con disgusto al imaginarlo.
– No, no es tan así, durante las vacaciones aprendí a cocinar para K con ayuda de la señora que nos cocina en casa, así que traté de cocinar las cosas más sanas y nutritivas para que K tuviera fuerzas para trabajar y no tuviera que alimentarse por ahí. Aunque no siempre pude evitarlo, pues compraba comida chatarra para cenar.– Comentó.
– Sabía que podía contar contigo, eres la cuñada de mis sueños, te agradezco por cuidar de mi hermanito, pensé que cuando Máxima se mudara a la casa, a K le costaría adaptarse al cambio, pero tú lo has ayudado tanto que ya quiero que se casen.– Bromeó.
– No es para tanto, solo intento ayudar, además me viene bien aprender a ser más autónoma en la cocina. Quiero ser yo quien prepare todas las comidas a K si es que algún día nos mudamos juntos.– Mencionó con algo de vergüenza.
– Bueno, si es que llegamos hasta ese punto en la relación.– Adhirió volviendo a la melancolía.
– Y lo harán sin duda, ahora debemos ubicarlo para que venga a almorzar con nosotros.– Dijo el grandote mientras tocaba el hombro de la rubia para que no pensara más de la cuenta.
– Lo llamaré. – Dijo la castaña tomando su celular de la mesita de centro de la sala de estar. – No me contesta. – Colgó para nuevamente intentar.
-- Debe haberse quedado entretenido en algo. – Dijo con un poco de fastidio.
– Probablemente esté en aquel lugar en el que lo encontraron cuando tomaron aquella fotografía. – Señaló la rubia recordado la historia que K le había narrado.
– Es muy posible, K pasaba horas y horas en ese lugar si es que no en su cuarto. No creo que haya ido muy lejos. – Mencionó Seirah recordando esos momentos de la infancia.
-- ¿Por qué no lo vas a buscar Kula? Así puedes hablar con él. – Sugirió cómplice Máxima. -- ¡No me digas que K se está comportando como un idiota otra vez! ¡Ya verá ese estúpido gruñón! – Dijo Whip con coraje.
– No, eh… ésta vez ha sido mi culpa, mi cabeza se llenó de pensamientos inseguros y celos producto de una conversación que tuve con mamá antes de venir acá, pero son solo estupideces que se me metieron en la cabeza. – Dijo avergonzada moviendo las manos de un lado a otro.
Whip se levantó del sillón para dar un pequeño y suave golpe con sus delicados dedosen la frente de la rubia.
– Lo último que debes sentir acerca de K es inseguridad y celos, está loco por ti, créeme, soy su hermana. Además, mi hermano no es ese tipo de persona que te haría daño, puede ser terco y malhumorado pero nunca se interesaría en otra chica estando contigo. – Le dijo para tranquilizarla.
– Tienes razón, soy una tonta al dudar siquiera. Voy a buscarlo. – Habló contenta y decidida.
– Siempre tienes las palabras perfectas para el momento indicado osita.— Le dijo cariñoso a su esposa.
– Quizá se deba a que debí madurar antes a causa de la falta de mis padres, tuve que hacerme cargo de un hermano rebelde y de una casa sola hasta ahora. Kula es como la hermana pequeña que nunca tuve, ella acepta los consejos que K siempre rechazó por orgullo. La estimo mucho, por eso me daría tristeza que ellos terminasen su relación, es la única persona que ha hecho realmente feliz a mi hermano. Por eso los ayudaré en todo lo que pueda osito. Ahora, tengo un hambre que no podrá esperar, luego me disculparé con ellos pero sé que tardarán, así que dame de lo rico que han preparado con Kula.– Finalizó besando la nariz de Máxima.
--
Kula salió con paso apresurado de la casa para ir en busca del peli blanco, quiso llamarlo a su celular, sin embargo recordó que Whip no había tenido respuesta por parte de él. Pensó hacia dónde debía ir, no sabía la dirección en la que quedaba el lugar del que le había hablado cuando le contó lo de la fotografía, así que cerró los ojos y se dejó guiar por la intuición, se devolvió por el camino que daba a la cabaña en donde se alojaban, iría ahí después de revisar otros lugares, fue a la tienda de juegos con la esperanza de encontrarlo ahí, no obstante, el peli blanco no se encontraba allí, salvo por algunos chiquillos jóvenes animados jugando y comentando. Aquella desilusión de no hallarlo en el lugar que creía iba a estar le hizo pensar cuánto le faltaba aún por conocerlo, miró hacia el cielo, la llovizna por fin había cesado y algunas nubes comenzaban a vislumbrar los rayos de sol escondidos tras ellas; no se rendiría con la idea de saber más de K, no bastaba con amarlo, también debía comprenderlo si quería una relación duradera con el peli blanco.
-- Veré en la cabaña. – Susurró. Comenzó a correr pero sus botines le impedían hacerlo más rápido debido al taco que tenían ya que podía doblarse el tobillo al dar un paso en falso. Esperaba encontrarlo ahí ya que no había tenido suerte en aquella tienda. Al pasar por la orilla de la playa se detuvo a descansar un momento, había recorrido un gran tramo, sacó su celular para mirar la hora, habían pasado cuarenta minutos que seguramente Whip y Máxima ya habían merendado, ella no podía esperar y él no la dejaría comiendo sola. Les mandó un mensaje por si existía la posibilidad de que todavía estuviesen esperándolos, así que les escribió para que no lo hicieran y comenzaran sin ellos. Algo hizo que mirara hacia la playa cuando divisó una silueta sentada en la arena a una distancia más o menos retirada de donde estaba ella, cercana al muelle, era él, era K. Y sin tomar descanso corrió hasta en donde se encontraba, estaba escuchando música y fumando mientras bebía de una botella de whisky y mirando al mar, se sintió terrible, llevaba mucho tiempo sin ingerir alcohol como lo estaba haciendo en ese momento. Y ahora, por su culpa lo había arrastrado a beber a esas horas del día, tuvo suerte de que nadie más que ella lo viera así, un policía lo hubiese arrestado. Cerró sus puños con fuerza y avanzó hasta llegar quedando frente a él.
-- ¿Podemos hablar? – Le dijo mientras se colocaba en su campo visual. K se quitó los audífonos.
-- ¿Qué quieres? – Preguntó a la defensiva y arrastrando las palabras por el alcohol.
– Solo quiero hablar tigre. – Le dijo mientras se sentaba frente a él con cuidado.
-- ¿Pará qué? ¿Pará qué salgas huyendo de mi sin explicarme qué demonios te pasa?– Espetó mientras el hálito de alcohol llegaba a la nariz de la rubia.
– K, estás mal, creo que debemos regresar a la cabaña para que descanses. Tu hermana y Máxima se preocuparán si te ven en ese estado. Además, no estás abrigado y aquí hace frío, puedes pescar un resfriado. – Le habló.
– ¡Ellos ya tienen otras cosas más importantes de las cuales preocuparse! ¡Ese bebé ni siquiera va a nacer y ellos lo saben! – Gritó.
Aquellas palabras desgarraron el corazón de Kula, no creía que fuera cierto, probablemente eran delirios de la borrachera de K.
-- ¿Pero qué dices? ¡el bebé de Whip está bien, Máxima me lo confirmó! – Le dijo enfadada por lo anterior.
– Te equivocas, ese estúpido no quiere afrontar la verdad de que va a perder a su hijo sin siquiera poder conocerlo, ese bebé no está en su útero y Whip no quiere entender que lo va a perder, no importa cuánto se cuide, lo único que hace esa tonta es comprometer su salud. Máxima me lo dijo. Ahora si no te importa gatita ¡Déjame en paz! – Le gritó.
Kula sintió algo doloroso romperse en su interior en relación a lo que K acaba de decirle, él no mentiría con algo así. Pero porqué no había confiado en ella para decirle, se había llevado ese secreto y probablemente sufría por eso, y no sabía exactamente desde cuándo lo sabía, quizá cuando Máxima y Whip los habían esperado en el apartamento. Pero, por qué Whip querría seguir con algo que solo le iba a causar sufrimiento. Ahora sabía la razón del cambio repentino en Máxima cuando le mencionó lo de la habitación para el bebé, era demasiado doloroso tocar el tema y por eso lo había evitado, además de decirle que todo saldría bien, ninguno de los dos quería preocuparla.
Recordó el motivo que la tenía junto al peli blanco, ya conversarían con calma sobre el asunto del bebé de Seirah cuando estuviese sobrio, ahora debía llevarlo a la cabaña para que se diera una ducha caliente y descansara, no lo había hecho desde el viaje hasta South Beach, estaba empañado por la llovizna de hace unos instantes, probablemente el alcohol no le impedía sentir frío, verlo así empapado y derrotado con la mirada perdida le hizo sentir terrible, no quería volver a verlo de esa manera, intentó tomarlo del brazo para llevarlo a la cabaña.
– ¡Pero qué necia eres niña, te dije que quería estar solo! – Le dijo dedicándole una mirada poco amistosa.
-- ¡No! No me iré sin ti, es más, te llevaré conmigo hasta la cabaña para que descanses, estoy aquí porque te amo y me preocupas, debí decirte que estaba celosa y tuve miedo de pensar que en un futuro puedas dejarme por otra chica que tenga más experiencia que yo. Lo que dijo mi madre también tuvo que ver en mi enfado pero ahora necesito llevarte a la cabaña y cuando estés mejor podremos conversar. ¡Por favor! – Le dijo ya conteniendo sus emociones que la harían flaquear frente a él.
K se tambaleó al levantarse.
-- ¡Dices que me amas pero no eres capaz de contarme lo que te pasa! – Le dijo mientras lanzaba lejos la botella. Aquel gesto asustó a la rubia, él lo notó. La chica no pudo contenerse.
– Lo siento. Prometo nunca más ocultarte algo pero por favor no reacciones así. – Le dijo mirando hacia la arena.
– Vamos. – Le dijo el peli blanco tomando su mano, ella respondió el gesto y se aferró a él soltando las lágrimas finalmente. K la rodeó con sus brazos. – No quiero que esto acabe K. Dime que no pasará. – Le pidió mirándolo a los ojos.
– Tonta, no me voy a separar de ti aunque me obliguen. – Susurró.
Ella sonrió en su pecho cobijándose por la atmósfera íntima que los rodeaba.
