¡Hola! acá con un nuevo capítulo, de antemano les aviso que haré un especial de San Valentín, de modo que lo subiré durante el día 14 que cae jueves, y no el martes como suelo hacerlo. Ya el próximo capítulo será subido normalmente en la fecha que me he auto impuesto.

Manu: he visto ladybug, creo que hasta la temporada de ahora, pero la verdad no me resulta tan interesante escribir algo de las parejas, y como te dije en uno de los reviews anteriores, cuando escribo, suelo concentrarme solo en eso, de manera que si me meto en otras historias pienso que puedo perder el interés por la actual o no sé en realidad, eso.

Nos leemos para el 14, un abrazo.

Capítulo XX

The Day That Heaven Had Gone Away

Kula había enviado un mensaje diciendo que había encontrado a K en la playa indispuesto para presentarse con ellos, por lo que debía llevarlo a la cabaña para un cambio de ropa y que descansara. De paso se disculpó por no poder estar como habían planeado a la hora del almuerzo, en torno al cual, lo compensarían pasando el día siguiente con ellos como era la idea en un principio al asistir a South Beach, por último, finalizaba el mensaje esperando que Whip ya se sintiera mejor y que descansara. K dormía plácidamente luego de haber tomado una ducha caliente para entrar en calor y cambiarse de ropa, la suya había quedado empapada camino a la cabaña producto del repentino chaparrón de agua que había caído en aquel momento. Habían olvidado las sombrillas y sus abrigos en la casa de Whip. La casa tenía una estufa a leña que la señora Belanger les había dejado lista para llegar y encender con la leña que se encontraba a un lado de ella. El estómago de Kula rugía por el hambre, pero no quería separarse del peli blanco quien dormía junto a ella en la cama. Siempre era un deleite observar la paz con la que él dormía. Comenzó a sentir ya la fatiga por las horas sin haber ingerido nada de comida, así que decidió levantarse con cuidado para buscar su celular y ver si podía pedir algo a domicilio. Era lo más adecuado, ya que si K despertaba y no la encontraba, saldría en su búsqueda y con el alcohol que había ingerido hace un rato no sabía si despertaría bien.

Vio algo de comida que podría gustarle al peli blanco y recuperar fuerzas sintiéndose mejor, así que pidió un plato con filete y acompañamiento para él, ella una malteada helada y pasteles de chocolate con trufa y frutillas. El pedido demoró un poco más treinta minutos en llegar por lo retirada que quedaba la cabaña del centro en donde se encontraban los locales comerciales principalmente, así que pagó al chico encargado de la comida quien la observó quedando embobado con la belleza de la chica y lo que mostraba, debido a que solamente ocupaba una de las sudaderas de K por la elevada temperatura que había dentro de la casa al mantener la estufa a leña, dejando entrever sus largas y tonificadas piernas.

– Está cabaña está bien escondida, tuve que usar la ubicación para llegar.—Mencionó.

– Lo sé, es por eso que vengo acá, me gusta la privacidad. – Expresó la rubia.

-- ¡Wow! Qué motocicleta! ¿Es tuya? – Preguntó admirado. La chica negó con la cabeza.

– Es de mi novio.— Contestó.

– Vaya que suerte, espero poder comprarme una así cuando junte el dinero suficiente para obtenerla, son muy costosas por ser un modelo clásico. No suelen verse por estos lados. Menos en compañía de una niña tan linda. – Expresó mientras se acercaba a la motocicleta para tocarla.

– ¡Si la tocas te corto las manos chico! – Se oyó una voz detrás de la rubia. K había despertado cuando sintió llegar al repartidor por lo que se asomó hasta el primer piso, y al ver la manera en que el chico coqueteaba con Kula y la forma en la cual sus ojos se desviaban a sus piernas y pechos abusando de la amabilidad de ella se enfadó y bajó sigilosamente, pero a paso apresurado para dejar en claro a quien pertenecía tanto la rubia como la moto, no dándole tiempo siquiera de percatarse que estaba completamente desnudo porque Kula horas atrás lo había metido a la ducha para que se le pasara el efecto del alcohol, consiguiendo relajarse y cayendo rendido a la cama a dormir sin dejar que ella lo vistiera.

La chica de la piel blanquecina dio un brinco por la sorpresiva aparición del moreno que tenía una cara poco amigable por la borrachera en la playa, más que su cara alcanzó el punto de ebullición de los colores al verlo sin absolutamente nada de ropa siendo hostil como siempre sin importarle mostrarse tal y como había nacido. El joven que traía la comida también dio un salto del susto por la voz atronadora de advertencia proveniente del peli blanco que no vio detrás de la linda rubia.

– Lo siento yo… ya me iba. Que disfruten la comida. – Anunció y salió disparado en su moto scooter hacia el camino devuelta a la playa.

– Sí, ¡Huye estúpido! – Dijo mientras cerraba la puerta delante de Kula.

– Veo que despertaste de buen humor cariño. – Ironizó la rubia.

-- ¿Qué hora es? – Preguntó K.

– Son las siete de la tarde. Dormiste tres horas luego de llegar acá. – Le informó.

-- ¿Cómo sigue Whip? – Quiso saber.

– Mejor, cuando Máxima le dio unas pastillas para que tomara. – Explicó.

El peli blanco pareció procesar la información unos instantes, luego se dio cuenta que la rubia lo miraba especialmente en su miembro libre de toda cubierta. Al sonreír ante la vergüenza de la rubia se quedó ahí, era linda aún cuando sentía vergüenza de algo que había visto y probado bastante más veces de las que recordaba.

– Deberías vestirte, podrías conseguir un resfriado, el invierno aún no acaba y aparte de grosero con el repartidor, la puerta estaba abierta y el aire frío te pudo haber afectado.

– No más descubierto de lo que andas tú recibiendo extraños, con mis sudaderas solamente puedo verte yo. Nadie más. – Le dijo mientras se acercaba aún desnudo hacia la rubia.

-- ¿Cómo te sientes tú? – Preguntó de vuelta mientras subía por una prenda inferior para que se vistiera y así esquivarlo, pues sabía que si se quedaba ahí y dejaba que se acercara, perdería la oportunidad de comer comida y terminaría comiéndoselo a besos y algo más, no quería desmayarse por el hambre sinceramente

– Con la peor de las resacas. – Le dijo mientras acariciaba su cabeza y se detenía ante la rubia que lo miraba con reproche y las manos en las caderas a media escalera.

– Era de esperarse si no comiste nada luego del desayuno y te acabaste una botella entera para luego lanzarla al mar. – Dijo, luego recordó el pedido sobre la mesa y le dijo.

– He pedido algo para comer, como no pudimos llegar a tiempo al almuerzo que preparamos con Máxima, me dio hambre y tuve que encargar algo. – Mencionó llevando la comida a la mesa del comedor. El peli blanco la siguió en silencio, sabía que en parte había sido su culpa por haber salido sin avisar.

– Te encargué unas costillitas fritas, no tenían Beef jerky así que pedí algo que fuera similar. Espero te guste. – Le dijo mientras colocaba los utensilios.

-- ¿Y para ti? – Preguntó.

– Algo dulce, sabes que tengo debilidad por esas cosas. – Mencionó saboreando sus dedos que habían pasado a llevar la crema de los pasteles.

– Deberías alimentarte mejor, ya te lo he dicho. – La regañó.

– Lo haría, pero realmente tenía ganas de probar lo que había cocinado con Máxima, será para la próxima. – Dijo no prestando atención a la mirada del peli blanco que le había afectado el último comentario.

– Kula. – La llamó.

-- ¿Sí? – Contestó ella.

– Gracias por no dejarme en ese estado. – Dijo con algo de vergüenza en sus palabras.

– Descuida, fue mi culpa también por no haberte dicho en el momento lo que pensaba. Pero ahora que estás mejor podemos conversar tranquilamente porque dudo que recuerdes lo que hablamos. Ahora come, te sentirás mejor con algo en el estómago. Expresó mientras bebía de su malteada.

K no protestó, probó un bocado de su comida, estaba rico, de seguro la comida que Kula había ayudado a preparar a su amigo hubiese estado mejor.

Al terminar de comer, Kula lavó los trastos para luego secarlos y guardar cada cosa en su lugar. K tenía la mirada perdida en un punto de la casa.

-- ¿Te sientes mejor? – Le preguntó la rubia que se acercaba hacia él.

– Bastante. – Contestó sin perder la mirada.

La chica subió a la segunda planta nuevamente, sacó unas prendas para luego cambiarse ya que se encontraba aún con la sudadera de K, quien también subió y se recostó en la cama mientras la observaba desvestirse.

-- ¿Estás bien? – Preguntó preocupada por él

Cuando lo vio a través del espejo.

Entonces se levantó de la cama y se dirigió hasta donde se encontraba casi desnuda la rubia para abrazarla por detrás, no había una segunda intención como siempre, solo una abrazo cargado de cariño.

– ¿Sabes cuánto te amo verdad? – Dijo sin soltarla.

Eso sí que era más extraño, probablemente el alcohol todavía permanecía en él, ya que siempre debía sonsacar aquellas palabras no sin antes ella demostrárselo primero. Sin embargo, le dio el beneficio de la duda, quizá realmente estaba aprendiendo a demostrar su amor con palabras.

– No sueles demostrarlo con mucha frecuencia, pero no dudo de lo que sientes tigre. – Expresó mientras correspondía su abrazo acariciándolo en sus brazos que la rodeaban protectoramente.

– Si piensas que alguna vez te dejaré por otra eres una completa idiota. Eso no va a pasar gatita. Y si tú piensas dejarme no lo permitiré, te voy a seguir hasta que por cansancio te quedes conmigo porque me lo prometiste, así yo también te lo prometo. – Mencionó mientras se aferraba más a ella.

Kula sintió la inmensa calidez que K le transmitía, no era un galán con frases cliché pero era muy sincero en lo poco que decía, tal y como Whip y Máxima le habían dicho durante la tarde. Lágrimas de emoción e inmenso amor salieron de sus ojos.

– Así que recuerdas lo que hablamos. – Dijo en voz baja.

– No soy un bebedor principiante gatita, y sobretodo, no soy tonto como para dejarte ir tan fácilmente. – Le dijo a su oído.

– Yo… te amo tanto que no podría soportar alejarme de ti, tengo miedo que en un futuro cercano nuestros caminos se separen y mi madre tenga razón con respecto a lo nuestro, si tengo que renunciar a todo lo que mis padres prepararon para mi futuro académico y laboral lo haré feliz si eso significa que puedo estar una vida contigo. – Dijo entre sollozos. – No vas a renunciar a nada porque estaré a tu lado protegiéndote siempre. Haz lo que quieras con tu vida mientras te haga feliz gatita. El mundo y tu madre se pueden ir al carajo si piensan que algo tan estúpido como que entres a trabajar nos pueda separar. – Le dijo en voz baja para luego acercar sus labios y besarla apasionadamente. Kula respondió más demandante aquel beso plagado de las llamas que a ambos consumían, entonces K la giró hasta dejarla frente a él para levantarla en sus brazos y recostarla en la cama, la cosa fue fácil para ambos pues, Kula, al haberse quitado la sudadera se quedó únicamente con sus bragas blancas debido a que se había empapado todo lo demás cuando caminaban hacia la cabaña durante la tarde. El rubor que siempre se impregnaba no solo en sus mejillas sino, en todo su cuerpo durante la intimidad la hacía ver tan pura y bella que K la admiraba cada vez que podía en ese contexto, poco a poco se acercó trepando sobre ella hasta besarla nuevamente.

– Hoy quiero hacerte el amor con toda la calma del mundo. – Susurró con tono grave en su voz.

Kula lo miraba con sus ojos brillosos, estaba tan enamorada del hombre que tenía sobre ella que sentía que aquellos ojos azules al mirarla fijamente hacían que perdiera todo rastro de voluntad en esos momentos.

– Hazlo, solo te quiero a ti K, quiero hacer el amor contigo durante toda mi vida. – Respondió excitada y enamorada.

– Eres mía, solo mía. Te haré el amor hasta que ya no tenga fuerzas para seguir haciéndolo.– Expresó tensando cada músculo de su espalda cuando Kula se levantó para lamer su cuello y bajar sus pantalones.

Cómo ya se encontraba desnudo, su erección palpó el vientre de la rubia, estaba listo para ser introducido en las cavidades estrechas, suaves y húmedas de la vagina de la chica que tenía recostada debajo de él. Comenzó a moverse rozando su miembro en el abdomen de ella lentamente, Kula suspiraba aferrándose al cuerpo de K con sus piernas buscando aun más contacto, sus manos recorrían toda la espalda y trasero del hombre que tenía sobre ella, hasta que por fin introdujo su falo erecto en la vagina de ella por completo, quién gimió de placer. Una vez más estaban unidos por la intimidad, el peli blanco resopló tratando de disfrutar al máximo la sensación de estar dentro de ella, se quedó así unos segundos mientras besaba a la rubia en los dulces labios.

– Adelante, no me pesas, puedes recargar tu cuerpo sobre el mío, me gusta. – Le indicó mientras lo jalaba hacia él para volver a besarlo.

– No es eso, siento algo distinto, no sé como explicarlo pero quiero disfrutar de ti por completo gatita, esta vez es diferente. Quiero tomarme el tiempo para sentir cómo te contraes cuando te lo hago. – Expresó mientras se movía lentamente cerrando los ojos. La chica estiró su cabeza hacia atrás cuando sintió que K comenzaba moverse dentro de ella, la sensación interna cuando se encontraba moviendo su pene era deliciosamente embriagadora, tenía razón, esta vez se estaban entregando el uno al otro para sentir y complementarse mutuamente. Entonces levantó sus caderas para indicar que quería más movimiento dentro de ella, el peli blanco entendió el mensaje y aceleró de a poco las embestidas suaves que comenzaban a humedecer mucho más el interior de la rubia.

– Estás ardiendo por dentro gatita, te siento y me prende no sabes como. – Suspiró mientras controlaba sus movimientos para mantener la constante, luego incrementó la fuerza con la que penetraba a la rubia.

– Estoy… así… por ti, nadie me ha hecho sentir lo que tú… me provocas… amor. – Dijo entre jadeos suaves y suspiros que K calló con su boca nuevamente. Cada beso era más pausado, su lengua, suave y a momentos dura, indagaba por toda la boca de la rubia, quien le seguía el paso con la suya también, ambos se fundían en el otro mientras sus bocas y órganos sexuales danzaban al compás de la música que emitían sus gemidos y suspiros.

– Ten por seguro que nadie te hará sentir como yo… porque no habrá otro después de mi. – Expresó embistiéndola con intervalos suaves y más veloces.

-- ¡Aaah! ¡No puedo resistir más me voy a correr K! ¡Te amo tanto yo…! – Gritó descontrolada por la sensación de querer explotar en su interior.

-- ¡No! Retenlo un poco más, ya verás que será el doble de satisfacción. Yo también estoy por correrme dentro de ti, hagámoslo juntos nena; solo espera un poco más. – Dijo mientras comenzaba a jadear y sudar por la fricción y la temperatura que había entre ellos por el movimiento y la cercanía.

-- ¡Aaah! ¡Aaaah! ¡K! ¡Aaaah! ¡Oooh! ¡No pares por favor! ¡Ya estoy al borde de correrme tigre! ¡Sigue más rápido por favor cariño! – Gemía excitada y enloquecida por las duras y aceleradas embestidas que su amante le otorgaba en respuesta a sus descargas vocales.

-- ¡Oooh! ¡Aaah! ¡Kula me corro! ¡Hazlo conmigo nena! ¡También te amo preciosa! ¡Hmm! ¡Deja que te sienta mojada una vez más! ¡Me corro! ¡Aaaah! – Se explayó con total libertad el peli blanco mientras su miembro expulsaba aquel semen cálido por montones al mismo tiempo que se fundía con aquellos fluidos de la rubia, quien también había esperado hasta el momento que K ya no podía aguantar para eyacular dentro de ella, quien casi se desmayó por la sensación incrementada de retener el orgasmo, su cuerpo entero temblaba. El peli blanco cayó rendido sobre su cuerpo sin sacar su miembro que aún palpitaba y seguía expulsando restos de semen en el interior de la rubia, y que salían por los extremos estrechos de ella. Así se quedaron durante un largo tiempo, arrebatados por hacer el amor hasta caer dormidos en la cama. Kula hizo un esfuerzo para abrazarlo, sus brazos apenas respondían, estaba exhausta.

– Te amo K. – Confesó antes de cerrar los ojos junto al peli blanco.

--

K se despertó primero, aún tenía parte de su miembro ya no tan erecto introducido en la chica que dormía plácidamente, parecía una muñeca delicada cuando cerraba los ojos, no quería interrumpir su descanso, ambos habían quedado agotados haciendo el amor de intensamente, pero debía ir al baño, así que lo sacó con cuidado de no despertarla, sin embargo, la chica se removió cuando sintió que K se levantaba de la cama y de ella, refregó sus párpados para espantar el sueño de sus ojos.

-- ¿Adónde vas? – Preguntó con pereza mientras se volteaba dando la espalda al peli blanco para acomodarse.

– Me daré otra ducha, estoy sudado y manchado con semen, además de los jugos sabrosos de tu vagina. ¿Quieres hacer algo después? – Dijo antes de meterse al baño y colocar la ducha con agua caliente.

-- ¿Qué hora es? – Preguntó mientras se sentaba en la cama.

– No lo sé, mi celular esta ahí, míralo. – Dijo ya entrando a la ducha.

La rubia miró su celular, eran las diez menos cuarto.

– Tengo hambre, salgamos a comer K. – Propuso mientras se dirigía a la ducha para meterse junto al peli blanco. – O podríamos pedir algo de nuevo y quedarnos acá mientras nos divertimos toda la noche. – Propuso. -- ¡No seas aguafiestas, estamos en la playa y sería genial que me llevaras a algún lugar bonito. – Le dijo ya adentro de la ducha.

-- Hola muñeca. – Saludó a la chica que se posaba junto a él para dejar caer el agua caliente sobre su cuerpo también sudado y chorreado de los fluidos que había expulsado el miembro de K cuando eyaculaba.

-- ¿Puedo bañarme contigo? Así ahorraremos tiempo, siempre me da mucha hambre después de hacerlo contigo. – Habló mientras tomaba el champú para verterlo en su largo cabello.

– Te lo vas a acabar con lo largo que lo tienes, déjame un poco. – Reclamó el moreno que intentaba arrebatar sutilmente la botella de las manos de la muchacha, pero ella lo escondió tras de sí.

– Si me das un beso, te lo entrego. – Habló coqueta. K no dudó un instante y la atrajo haca el dándole un beso brusco, sorprendiendo a Kula. Ella lo abrazó también rozando sus pechos suaves, redondos y ahora mojados contra los pectorales bien marcados de K.

– ¿Quieres otra ronda nena? – Le dijo al separarse por breves segundos mientras caía el agua entre sus bocas.

– Una rapidita no nos afectará ¿No? – Dijo moviendo sus caderas para provocar nuevamente la erección de Dash, quien introdujo su miembro directamente en la vulva de la chica.

– Así... Que rico. – Gimió mientras levantaba una pierna para que la penetrara más a fondo. – Eres insaciable preciosa. – Mencionó mientras sus dedos jugaban con su clítoris.

– Si seguimos así, nos quedaremos aquí toda la noche. – Dijo con un suspiró sensual en su hombro.

– No me importaría la verdad. Pero si quieres puedo hacerte acabar pronto. – Le dijo antes de morder su cuello.

-- ¡Aaah! Eso es jugar sucio, sabes que me excita que me muerdas. – Se quejó.

– Entonces juega sucio tu también gatita. – La desafió.

– Si así lo quieres, también puedo hacerlo tigre. – Anunció antes de tomar la iniciativa y besarlo para morder sus labios al punto de dejar un hilo de sangre en ellos. K se lanzó un quejido grave por el dolor que le provocaba la mordida en su boca, ella lamía la sangre que corría en sus labios, mientras él se apartó de ella.

– Creo que me pasé de la raya. – Dijo con fingida inocencia.

– Te voy castigar – Advirtió penetrándola rápido y sin piedad.

-- ¡Espera K! ¡Aaah! ¡No puedo! ¡Me voy a correr pronto si sigues así de duro! – Dijo estando a solo estocadas del orgasmo que comenzaba a llegar.

– ¡No lo permitiré! – Anunció sacando su miembro para masturbarse e irse fuera de ella. Kula sufría por la sensación de quedar a punto de correrse, más no pudo lograrlo como esperaba.

--¡¿Qué?! ¡¿Cómo te atreves?! –Le dijo enfadada.

– Eso es por dejarme sangrando gatita. Ahora pásame el champú. – Le exigió.

La chica se lo pasó sin juegos ni nada por el estilo evitando s toda costa el contacto visual con él. K tenía una sonrisa socarrona.

Kula se sintió horrible después de aquello. Era la primera vez que K se corría sin ella. Tomó el Acondicionador para masajes su cabello alejándose de él, luego el jabón para terminar de ducharse luego y salir de ahí. Él la había dejado insatisfecha por primera vez.

Al salir de la ducha K la observó mientras se colocaba la toalla y se dirigió a la alcoba para vestirse.

– Te dije que me vengaría. – Se jactó arrogante.

Ella no respondió nada; se colocó el conjunto de ropa interior que tenía en la mochila para luego untarse sus cremas corporales exclusivas.

-- ¿No me digas que te has enfadado gatita? Era solo un juego. – Preguntó mientras salía con la toalla en sus caderas y el cabello mojando su torso.

– Un juego de muy mal gusto, nunca me habías dejado así, es realmente horrible y me siento impotente por no poder concretar algo que mi cuerpo pedía a gritos. – Le dijo seria.

– Vamos preciosa, si te gusta jugar sucio deberías saber que algo así podía pasar ¿No? Puedo solucionarlo en este instante si quieres. – Le dijo besando su cuello.

– No tengo ánimos K. – Le dijo alejándose de él.

– Pero qué aburrida Kula, no te enojes por algo así. – Le dijo con sonrisa burlona.

– ¡Sabes que eres el primer y único hombre con el que he hecho el amor, y no sabes lo que significa sentirse como me siento ahora, te corriste sin siquiera pensar en mi, no te importó dejarme con las ganas, hasta desde mi punto de novata en esto sé que no se debe hacer! Yo nunca te haría algo así. – Le increpó.

K no supo qué responder, la sonrisa de ganador desaparecía poco a poco de sus labios por cada palabra que le restregaba la rubia; nunca pensó que Kula se sentiría de esa manera, y algo molesto comenzó a hacerse presente en su pecho. Era ¿Culpabilidad? No le agradaba sentir que ella se había enfadado con él, así que intentó acercarse nuevamente al ver a Kula ya vestida y cepillando su largo cabello.

– Conozco un lugar romántico al que podemos ir si aún tienes hambre. – Le dijo al rodearla por su cintura mientras miraba su reflejo en el espejo de la habitación.

– Creo que perdí el apetito. Pero no tengo problema si quieres ir solo, así vuelves a tus jugarretas de adolescente ligando con alguna otra chica que te aguante dejarla con las ganas. – Expresó dejando que la rabia y los celos se apoderaran de ella.

Tuvo que aguantarse la carcajada por el repentino ataque de celos de la rubia, entendía su enojo, pero ¿Los celos? Eso ya estaba de más, creía nunca haberle dado motivos. Sin embargo era tan tierna cuando lo celaba, siempre era él quien se comportaba como el macho alfa marcando su territorio con el resto de estúpidos que se le acercaban, pero ella era tan adorable cuando se enfadada, a pesar de verse más joven de lo que realmente era, su cara y aire infantil le generaban un sinfín de sensaciones que le gusta a tener en su pecho. El peli blanco la volteó hacia él para observarla mejor, ella desvío la vista hacia el suelo.

– ¿Lo siento sí? No quiero ir solo, estoy aquí contigo porque prometí nunca dejarte Kula, y no, no me interesa jugar o hacerlo con nadie más que contigo, y mejor si es cuando hacemos el amor nena, porque eres la mujer de la que estoy enamorado y no quiero perderte por algo estúpido que creí divertido. Así que no me dejes solo tu también que me lo prometiste, podemos solucionar aquello cuando volvamos, tengo toda la noche para hacerte feliz gatita.– Le dijo con un tono poco habitual en sus palabras, estaba mostrando su faceta de novio enamorado, una que solamente Kula había visto, no obstante, declinaba la idea de dejarse llevar por su actitud encantadora y aplastantemente seductora como solo él lo era, debía sufrir y sentir lo que ella estaba pasando, no podía ser tan fácil el disculparse y llevarla a un lugar romántico para luego follar y hacer como si nada pasara. ¿Y si lo hacia de nuevo? No, no se lo permitiría.

-- ¿Qué dices? – La interrumpió él.

– No lo sé, debes hacer mucho mérito para que te perdone K. – Mencionó con tono apagado.

– Haré lo que quieras para que olvides este mal rato. ¿Vamos? – Estiró su mano.

-- ¿Lo que quiera? – Preguntó.

– Lo que quieras preciosa. – Afirmó mientras la tomaba de la mano.

– Entonces vamos. – Dijo decidida.

-- ¡Espera! – Dijo de pronto el peli blanco.

Kula volteó hacia él.

– Te amo gatita. – Dijo jalándola hacia él para besarla.

Kula intentó resistirse al beso pero K la abrazó impidiendo que pudiera empujarlo; finalmente se rindió y correspondió el beso. A pesar de haberle hecho lo de la ducha, no podía evitar sucumbir ante K cuando se sinceraba con ella, eso pasaba muy poco y no podía desaprovechar el momento cuando él la sostenía en sus brazos. Lo amaba demasiado y le dolía de sobremanera cuando discutía con él, pero debía aprender que a una mujer jamás se le debía dejar así, por eso, sabía perfectamente qué hacer para vengarse sin ir demasiado lejos con K.

--

La llovizna había desaparecido y algunas nubes avanzaban a paso raudo dejando entrever una noche estrellada digna de admirar, no obstante, la temperatura había descendido considerablemente y corría tanto viento que el bosque que cubría a la cabaña, danzaba de un lado a otro en son de la melodía silbada que tocaba la fuerte brisa mientras la luna a ratos se dejaba ver, escondida y tímida en alguna que otra nube que pasaba. Ambos habían salido abrigados en la motocicleta, en silencio, esta vez Kula no se aferraba cariñosamente a K como solía hacerlo cuando viajaban habitualmente cuando apoyaba su cabeza en la espalda del peli blanco, y éste respetaba su espacio, si quería traer de vuelta a su dulce novia tendría que portarse como todo un caballero con ella para que olvidara la razón de su enojo, y eso sería todo un desafío para él.

Cuando K se detuvo, Kula observó el recinto al que habían llegado, no lo había visto durante su estancia en la primera vez cuando recorrieron los locales para almorzar.

– Este local abre solamente de noche por eso no estuvimos aquí la primera vez vinimos, ya que hicimos otras cosas. – Dijo como si hubiese adivinado lo que la rubia pensaba en aquel momento al observar el lugar. La tomó de la mano y avanzó hasta el interior, su diseño de madera y piedra acompañado por luces tenues daban un toque íntimo para quienes ya se encontraban ahí, era cálido y acogedor, aunque elegante. K observó que la terraza estaba abierta al público así que la llevó allí, se encontraba en plena playa con vista al mar, algo realmente romántico, no había mentido cuando le propuso aquello de llevarla a un lugar de ese tipo. Se sentaron en una de las mesas que estaban desocupadas, a pesar del clima y la temporada habían varias personas. Kula sintió una mirada que la inquietó, miró alrededor, entre las parejas que estaban ahí no había nadie que la mirase de forma tan intimidante. Salvo una mesera, K era especialista en atraer meseras sin siquiera darse cuenta. Odiaba cuando las mujeres mayores se fijaban en el.

– Pide lo que quieras, yo invito. – Le dijo.

Ella lo miró pestañeando incrédula, no se había percatado de aquella mujer que los miraba a ambos con deseos de acabar con ella y quedarse con él. Pero no tenía ya los ánimos para iniciar otra batalla, grande era la que llevaba en su cabeza con la idea de vengarse de él.

– Bonito lugar. – Se limitó a decir la rubia quien observaba atentamente el menú intentando sacar de su cabeza la mezcolanza de cosas que tenía en esos momentos.

– A pesar de haber vivido aquí, nunca entré, solo lo veía por fuera cuando pasaba caminando por este lugar. Es la primera vez. – Dijo mirando por sobre al menú a la rubia con esos ojos azules que solían doblegar la y una sonrisa perfecta solo para ella.

Kula lo miró y sonrió por aquello, sin querer había caído presa de su cautivadora mirada, una vez más. Rápidamente esa atmósfera fue distorsionada por la no grata sorpresa cuando notó quien los atendería, la mujer que no había quitado la vista del peli blanco desde cuando habían entrado.

La mujer se anunció con voz trémula al mirar lo apuesto que era desde más cerca, alzando sus cejas y mordiéndose los labios. Era demasiado atrevida la muy perra, pensaba la rubia, debía ponerla en su lugar antes de que intentará prácticamente ponerse en su lugar, apretando los puños sobre sus muslos esperaría el momento justo para hacerle saber ella ahora quien era la mujer K Dash.

-- ¿Buenas noches, están listos para pedir? – Se apresuró a decir mientras sonreía ansiosa. – Quiero costillas de cordero barbecue y una botella de Cabernet Sauvignon. – Dijo sin quitar la vista de la carta.

-- No servimos alcohol a menores. – Dijo la mujer al mirar a la rubia de forma burlona.

– Existen mujeres que por su belleza no aparentan la edad que tienen, a diferencia de las mujeres viejas y celosas que intentan opacar a ese tipo de chicas. Pero muéstrale tu identificación preciosa. – Dijo de mal humor el peli blanco por el comentario de la mesera.

– Yo quiero la ensalada de fresones y naranjas.— Dijo cerrando el menú y sacando de su cartera la identificación.

La mujer la observó unos instantes y se la devolvió.

-- ¿Pará beber desea algo? – Volvió a cuestionar la chica.

– Traiga dos copas junto a la botella. – Interrumpió el peli blanco.

La chica recogió los menús y se alejó del lugar para traer sus pedidos con el ceño más que fruncido por la sutil ofensa de K.

– Nunca he bebido vino. – Confesó la rubia con una expresión extraña.

– No te preocupes, no es gran cosa, solo se me antojaba compartir contigo algo así. Además, es un buen acompañamiento para los postres dulces por si quieres pedir algo luego de la ensalada. – Le dijo.

– Necesito ir al baño, vuelvo enseguida. – Le dijo no sin antes mirarlo y mostrando una bella sonrisa como habitualmente se mostraba en ella.

– Gracias por no dejarme bajar a su nivel. Significa mucho para mí lo que has hecho, he sido una tonta por celarte sin motivo. – Le dijo con tono arrepentido.

– Solo vuelve a ser mi dulce chica. No tardes. – Dijo el peli blanco al encender un cigarrillo.

Kula preguntó en la barra del local hacia dónde quedaba el baño, un hombre de al menos cincuenta años le señaló una puerta de madera al fondo que se notaba a simple vista, la rubia agradeció y se dirigió a la puerta del tocador. Se miró al espejo, su cara se notaba pálida y seria, decidió maquillarse, por suerte llevaba a todos lados su estuche de cosméticos, su rostro mejoró considerablemente, ya n ose veía tan niña, intentaría hacerlo más seguido, le gustaba como se veía, y nunca había tenido una queja del peli blanco con respecto a su apariencia. Al salir del tocador, la mesera que miraba a K, junto a otras dos un poco mas jóvenes que ella, la esperaban a unos pasos, cuchicheaban en voz baja mientras la rubia pasaba

– Es que Dash no se olvidaría de lo que pasó entre nosotros, es inútil que lo niegue si no fue hace tanto tiempo. – Dijo con la intención de que Kula las escuchara.

Sin embargo, la rubia pasó como si nada, no siquiera las miró, no iba a caer en juegos tontos de mujeres despechadas.

– Al parecer ahora le gustan las niñas ricas inocentes. – Dijo otra de las que se encontraba ahí contando al verla pasar a un lado de ellas.

Kula trató de ignorar por todos los medios los comentarios que iban dirigido hacia ella, no nadie la iba a arruinar la noche en la que el peli blanco se estaba portando como todo un caballero.

– Le deben gustar porque son las típicas que caen, una tras otra. Se creen especiales pero la verdad es que no pasan de ser un número más de la lista de Dash, lo sé porque soy amiga de su hermana.

Al oír aquello, Kula ya no pudo seguir pasando por alto los comentarios malintencionados, debía detenerlas. Pero si lo hacía probablemente tendría un altercado que no pararía, K se daría cuenta de la demora e intervendría hostilmente con ellas logrando que los echaran del bonito lugar. No, haría algo mejor.

– K debe estar con ella solo porque es bonita, no se te compara con el cuerpo que tú tienes amiga. Ella es solo una niña. – Seguían hablando para animar a la mesera que miraba a la rubia con desprecio.

Kula llegó hasta la mesa en donde la esperaba el peli blanco. Iba a mencionarle lo que había escuchado pero decidió callar, no era el momento, además, K ya le había hablado de su pasado, Whip y Máxima le habían dicho lo mismo, así que lo que ellas decían no podía ser verdad.

– Sí que demoraste. – Le reclamó

– Habían más chicas y tuve que hacer una fila. – Le mintió, era mejor que decirle que un trío de meseras viejas y despechadas no la habían dejado pasar, se quedó unos segundos de pie, miró en la dirección en donde se encontraban las víboras que se habían atrevido a hablar de su K y de ella, les demostraría que el K Dash era propiedad de Kula Diamond, así que se sentó sobre él mientras éste dejaba el cigarrillo en el cenicero, y antes de que notara el humo, la rubia tomó su rostro con ambas manos y lo besó de forma candente, K la tomó por las caderas y la arrimó aún más hacia él, algunas parejas que se encontraban en una situación similar los miraban esbozando sonrisas cómplices, las luces y el ambiente otorgaban la privacidad necesaria para hacer ese tipo de cosas. La rubia ahondó más su lengua en la boca del peli blanco absorbiendo el humo del cigarro que aún mantenía sin poder exhalar; al detenerse soltó el humo hacia arriba y siguió besándolo, en el cuello, luego en la boca, lamiendo la comisura de sus labios, especialmente en la pequeña herida que había provocado que K se molestara y se hubiese corrido sin ella. Su cabello se fue hacia un lado cuando K comenzó a sentirse inquieto, su erección estaba creciendo nuevamente y en un lugar público, quería metérsela importándole un carajo quienes estuvieran presentes, la rubia sentada encima de él y provocándolo de esa manera con sus húmedos besos y la idas no le dejaba muchas alternativas, llevó sus manos al culo de ésta, tan duro y firme, aún en los jeans era un placer tocar sus nalgas y apretarlas, Kula gimió suavemente él dentro de la boca de K, finalizando el contacto y respirando agitadamente. – Comienzo a pensar que mi idea de quedarnos en la cabaña era mucho mejor que acá. Me la pones difícil tratando de ser un caballero si te me lanzas así preciosa. Es difícil contenerse contigo. – Le dijo por fin abriendo los ojos luego de tal arranque pasional iniciando por la rubia, el motivo ni la causa no le importaban, tampoco cuestionaba el actuar repentino de ella, solo se dedicaba a disfrutarlo.

– De vez en cuando es bueno salir de la rutina ¿No? Además, no sería un verdadero reto el que no hiciera nada y tú te llevaras todos el créditos de comportarte como el novio del año mientras yo solo observó lo encantador que eres comino tigre.– Le dijo mientras besaba la punta de su nariz. Amaba al peli blanco, y si era necesario montar un espectáculo de ese calibre no le importaba con tal de dejar en claro que ella era la única novia de Dash.

De pronto, sintieron un carraspeo proveniente de la mesera que llegaba con sus pedidos. – Acá está lo que pidieron. – Dijo la mujer con evidente molestia. Le había c quedado más que claro a quien pertenecía el guapo chico del cabello blanco y los ojos azules. Se retiró sin decir nada, Kula soltó una pequeña sonrisa, era su victoria.

K le sirvió una copa de vino.

– Bebe. – Le ordenó.

Kula asintió y bebió un sorbo, al principio sintió la amargura del vino, pero luego un gusto dulce que le pareció agradable.

– Mmm es raro. – Expresó.

– Te acostumbrarás. – Le dijo mientras se llevaba un trozo de carne a la boca, luego cortó otro y se lo dio a la rubia.

– Come, con la ensalada probablemente no te siente bien y te marees. – Le dijo. Kula abrió la boca para recibir el bocado, la combinación de sabores le agradó.

– No está mal. – Dijo.

-- ¿Aún sigues enfadada? – Preguntó mientras la miraba.

Kula esbozó una gran sonrisa y la mirada tierna.

– Ya no. – Confesó antes de tomar un trago largo de la copa.

– Veo que te gustó. – Le dijo con una sonrisa de medio lado.

– Algo así. – Habló mirando el plato que ya había terminado.

-- ¿Me das un cigarrillo? – Le pidió. K dejó la cajetilla en la mesa para que la chica sacara uno, luego le acercó el encendedor. Dio una calada junto a otro sorbo del vino.

-- ¿Quieres pedir postre? Esta vez comeré de lo que tú pidas. – Le dijo.

Kula lo miró curiosa y en silencio. Se le acaban de ocurrir una idea.

– Creo que el vino me ha mareado un poco. – Confesó.

– Suele pasar cuando no se está acostumbrado, ¿Quieres ir a descansar a la cabaña? – Le pregunto al verla con la mirada fija en él, algo tramaba detrás de esa cara de inocente.

– Tengo una idea. – Anunció antes lanzarse sobre la mesa para besarlo con la misma intensidad que antes, sin querer volteó la copa de K con el poco de vino que quedaba en sus jeans oscuros, que por suerte no se notaba tanto la reciente mancha.

– ¡Kula cuidado! – Exclamó cuando sintió el líquido en su pierna, ya era tarde para reaccionar. Al parecer no había sido muy buena idea darle vino. La chica se reía con el pequeño incidente.

-- ¡Ups! Lo siento tigre ¿Puedo lamerlo? – Dijo juguetona.

Entonces K pensó qué tan mala idea no había sido después de todo.

Algunas parejas los observaban divertidas, susurraban acerca de lo mucho que se debían querer y desear, después de todo, la juventud mantiene esa llama constante que suele demostrarse con la intensidad de las demostraciones afectivas.

– Pidamos algo para llevar, ya verás. – Susurró en su oído al moreno.

Un escalofrío recorrió la espalda del peli blanco, llamó a otra mesera y luego de pedir el postre que Kula había sugerido, pidió también la cuenta, cuando les entregaron el pedido para llevar, partieron hacia la cabaña.

-- ¿Estás seguro de poder manejar? – Preguntó.

K la atrajo hacia él mientras se apoyaba en la motocicleta.

– Muy seguro, con cuatro copas de vino ni la vista me afecta, pero otras cosas al parecer sí son alteradas gatita, o quizá eres tú con el efecto del vino lo que me provocan desear hacerte el amor ahora mismo en el estacionamiento. – Le dijo antes de envolverla en sus brazos y besar su cuello para acercar sus caderas y rozar su miembro entre sus piernas, provocando la descarga eléctrica en el interior de la rubia.

– Adoro tu aroma gatita, es una de las cosas que me vuelve loco de ti. – Confesó cuando respiraba detrás de su oreja.

– Tú me vuelves loca K, nadie más que tú. – Respondió mientras introducía sus manos frías por debajo de su chaqueta.

-- ¡Aaah! ¡Qué fría estás! Pero eso tiene solución. Vamos. – Dijo cuando la tomó por la cintura y la subió a su Iron 883.

Cuando llegaron a la cabaña, la chica fue directo al baño, sentía un poco de náuseas por las copas de vino que había ingerido y la vueltas en la moto que K había decidido como atajo para llegar pronto. Quizá se le había pasado la mano en aquello de probar el vino, pero quería poner en jaque a K ahora, y necesitaba determinación y mucha voluntad, algo que el alcohol pudo dar el en este caso. Así que respiró hondo y bebió un trago de agua. Cuando salió del baño llevó el postre a la habitación que se encontraba en la mesa.

K tiraba su chaqueta en el sillón como era su costumbre y se dirigió a encender la estufa a leña, luego se dirigió a la cocina para buscar algo que le ayudara a sacar la mancha de vino, o por ultimo, el olor.

Kula lo miró desde el piso de arriba.

-- ¿Pasa algo? – Le preguntó al ver que la rubia lo observaba fijamente.

– ¿Podrías venir un momento? . – Lo llamó.

– Estoy intentando sacar la mancha de vino ¿Puede esperar? – Le dijo.

Pero no obtuvo respuesta, así que subió hasta la habitación de la cabaña, en donde la rubia lo esperaba ya con ropa interior, una cuerda que no supo de dónde diablos la había sacado, y el postre en el centro de la cama, un pastel de crema con fresas era lo que la rubia deseaba para llevar a cabo su idea.

– Como sabrás, me encantan los dulces… y te voy a convertir en mi postre favorito, pero para eso, necesito que pongas las manos detrás del respaldo de la cama. – Le señaló.

– Si me vas a aventar con el pastel mientras lo hacemos me opongo Kula. – Le advirtió. – Nada de eso, si te vas a ensuciar con pastel, pero te encantará la forma en la que te voy a limpiar tigre. – Le guiñó el ojo.

– Kula quiere jugar un ratito, si la dejas promete ser buena y no dejar que sufras tanto. – Dijo coqueta mientras tomaba de los brazos de K para llevarlo a la cama y recostarlo como le había indicado, luego puso sus manos cruzando los fierros del respaldo para maniatarlo. – Listo. – Le dijo.

-- ¿Qué vas a hacer? – Preguntó intrigado.

– Espera, ya verás. – Mencionó.

K intentó soltarse del amarre, pero Kula había hecho un nudo con el cual el peli blanco no pudo zafarse.

-- ¿Olvidas que iba de camping con papá? Él me enseño a hacer amarres con sogas. No podrás deshacer el nudo mientras lleve a cabo mi venganza tigre.

– ¿Dónde se quedó mi dulce chica?– Preguntó con tono preocupante, Kula lo había maniatado y no tenia la más mínima idea de lo que estaba por hacerle.

– Sé cuánto te gusta tocarme, así que esta noche no te dejaré hacerlo, no importa cuánto me lo pidas, no podrás hacer nada mientras yo pueda hacer de todo contigo tigre. – Dijo mientras se frotaba en su entrepierna.

– ¡Espera, no! ¡Sabes que odio el dulce! – Intentó zafarse, pero el amarre estaba apretado.

– Será mi dulce y pegajosa venganza cariño. – Dijo sonriente cuando sacó una de las fresas que habían en la tortita y comenzó a untar el cuerpo de K, quien sentía cómo la rubia recorría con la frutilla todo su torso hasta dejarlo completamente embarrado con la crema del pastel, sus mejillas tenían crema, su cuello, torso y hasta sus oblicuos tenían parte del postre. Kula comenzó a lamerlo con cuidado desde el cuello, dando pequeños y suaves mordiscos.

– Estas jugando sucio princesa, no te quejes si me libero. – Le advirtió al sentir la lengua de la rubia que lo saboreaba como si se tratara de un gran pastel.

– No lo harás porque te gusta lo que estoy haciendo tigre. En tu interior sabes que es así.– Susurró mientras besaba sus mejillas y limpiaba la crema con su lengua, luego volvió a lamer los rastros de pastel que quedaban en su cuello, el peli blanco movía sus caderas en respuesta al placer que le provocaba cada lamida, y ella acentuaba el roce de las suyas para encontrarse con el miembro ya duro y listo para lo que venía.

– Ese pantalón está de más, Kula te lo va a quitar para que quedes sin nada, tal y como la dejas siempre que quieres follártela. – Habló.

Siguió bajando lentamente hasta sus pectorales con la frutilla recorriendo sus tetillas, K comenzó a jadear cuando la rubia recorrió también aquellas partes con su lengua, la fresa estaba helada, pero la crema y su lengua jugaban un contraste delicioso, nunca llegó a pensar que un pastel podía ser una forma de tortura erótica, y menos que Kula lo pusiera en práctica.

-- ¡Uf! Tienes una lengua muy traviesa ¿Lo sabías? – Confesó el peli blanco ya al borde del descontrol, era un verdadero suplicio no poder tocar a Kula cuando ella estaba lamiendo su cuerpo y untando a diestra y siniestra con las cosas dulces que odiaba, era una mezcla entre placer y coraje por querer tomar represalias para follar duro y sin piedad a la rubia. Sin duda lo tendría en cuenta apenas lo soltara.

Kula siguió recorriendo el marcado cuerpo de K con la fresa y su lengua, llegó hasta los oblicuos a punta de besos y mordiscos que provocaban los jadeos más desesperados y nunca escuchados en el peli blanco quien echaba su cabeza hacia atrás por el excesivo placer de la boca y la lengua de ella; habían partes bastante sensibles en el cuerpo de K que Kula comenzaba a conocer y tener en cuenta. El impedimento de sus manos atadas le otorgaba el morbo más excitante conocido por el moreno hasta ahora, nunca ninguna mujer lo había cubierto de crema y mordisqueado como su fuera un sabroso pastel, era retorcido, pero increíblemente excitante. Kula llegó por fin hasta su pantalón, bajando el cierre y siendo ayudada por K quien levantaba las caderas para que fuera más fácil sacárselo. El bóxer no se quedó mucho tiempo, pues Kula puso un trozo de pastel en la punta de la erección de K y comenzó a lamerlo por sobre la ropa interior, logrando que una exhalación profunda y grave se escapara de la boca de él, quien observaba atento lo que la rubia hacía. Una vez que ingirió aquel trozo, bajó finalmente los boxers de K, dejándolo completamente desnudo.

– Ahora sí comienza mi venganza tigre. Desearás no haberme dejado con las ganas en la ducha. – Le dijo mientras untaba los últimos trozos de crema que quedaban en el pastel sobre la frutilla, y que comenzó a morder para dejar caer el jugo que salía de ella sobre el pene grueso y erecto de K.

– ¡Vamos gatita! También quiero jugar. – Le rogó por última vez, antes de que la rubia comenzara a lamer las gotas que caían alrededor provenientes de la fresa y que recorrían hasta los testículos del peli blanco.

– No, ahora me toca disfrutar a mí, está vez las cosas se harán a mi manera. – Respondió, para meterse hasta el límite de su garganta completamente el miembro de K sin siquiera emitir una arcada, estaba tan excitada producto del vino durante la cena, más lo que pensaba hacer incluyendo la mirada que le dedicaba K al ver cómo disfrutaba en su boca introduciendo el miembro. No tuvo piedad en aumentar la velocidad de sus movimientos con la lengua y los labios, lo sacaba y lo lamía como si de un sabroso helado de fresa se tratara, K levantaba sus caderas para que la rubia se lo metiera más adentro, ella captó el mensaje, así que comenzó a acariciar sus testículos logrando que K cerrara los ojos entregándose al placer de su boca y labios que se movían deliciosamente.

– Harás que me corra si lo haces tan rápido gatita. – Dijo entre jadeos acelerados por las chupadas que le propinaba. Kula, al escucharlo, comenzó a succionar más rápido para alcanzar el orgasmo de K. Cuando sintió que estaba cerca, se detuvo de golpe.

-- ¿Q-qué pasó preciosa? – Preguntó al ver que el placer no seguía. La rubia se levantó y se posó frente su erección, de manera que su vagina estuviera a solo milímetros rozando su pene.

– Ahora verás que solo yo me voy a correr mientras tú me miras. – Anunció abriendo sus piernas sobre él cuando sus dedos comenzaron a masajear su clítoris, el placer vino inmediatamente para la rubia mientras K sufría al verla darse placer y no poder ser él quien se lo brindaba, jalaba del respaldo para deshacerse del amarre, sin embargo, también sentía un placer mental al ver la exquisitez con la que Kula se tocaba a sí misma, viéndola introducir sus dedos y llevar su propio ritmo lo hicieron remojar sus labios pensando que era él quien se lo hacía quiso cerrar los ojos pero Kula gimió deliciosamente, así que los abrió más para no perder detalle alguno de la imagen que tenía frente a él. Parecía que iba a presenciar el orgasmo más grande hasta el momento al escuchar los jadeos de ella junto a la forma en la que se masturbaba, su pene comenzó a palpitar cerca de ella provocando un leve roce que Kula lo sintió demasiado caliente al estar tan sensible, y comenzó a tocarlo para masturbarlo nuevamente.

– ¡Vamos nena! ¡Sigue así…! – Le dijo. Kula ya no sentía ni escuchaba nada de la realidad, todos sus sentidos estaban enfocados en un solo punto. Dejó de masturbarlo para tocar sus pechos, se lamía los dedos en extremo éxtasis mientras K miraba sin poder hacer más que sucumbir ante el delirio sexual, la imagen era digna de una película porno que en otros tiempos hubiese sido aceptable como material mental en sus noches de adolescente solitario, pero la imposibilidad de gozar junto a su novia en un acto que debía ser de placer mutuo, y a quien veía que lo disfrutaba sin siquiera extrañarlo, hacía que se limitara a ver a su chica correrse y empaparlo de sus jugos cuando alcanzara el orgasmo. Al cerrar sus ojos pensaba en lo húmeda y ardiente que debía sentirse adentro de la chica, tan estrecha y suave a la vez, era sentir el cielo al penetrarla e irse dentro de ella, cuando la chica se levantó para introducir su pene y moverse.

-- ¡Solo…! ¡Quiero que…! ¡Sientas…! ¡Lo húmeda que estoy K! ¡Y esta vez no podrás correrte dentro de mi cariño! – Gimió en extremo placer.

-- ¡Uuf! ¡Kula! ¡Eres… despiadadamente excitante nena! – Gimió aprovechando al máximo el breve momento de placer que la chica le había decidido regalar por el momento.

-- ¡Aah! ¡Aaaah! ¡Aaah! ¡K! ¡Te aamooo! ¡De verdad! – Comenzó a gritar cuando las penetraciones se hicieron profundas y rápidas, entonces recobró el objetivo real, luego se levantó rápidamente y comenzó a masturbarse a un ritmo similar al de las penetraciones hasta sentir ese familiar hormigueo en todo su cuerpo junto a la explosión en su interior, cayendo rendida sobre el cuerpo de K que con tanto deleite visual no resistió ni aguantó el calvario de solo mirar, el líquido espeso salía disparado manchando parte del estómago y los pechos de la chica que se encontraba inclinada experimentando aún las convulsiones del clímax.

– La venganza es algo delicioso de experimentar. – Dijo suspirando en el pecho de K.

– Me alegra que te hayas divertido a costa de mi sufrimiento gatita pero ¿Me puedes desatar? Siento que mi manos están empezando a quedar sin sangre. – Le dijo.

– Solo… un momento. – Suspiró nuevamente y se reincorporó para desatarlo. K masajeaba sus muñecas mientras observaba a la rubia recostada a su lado.

– Ahora estamos a mano. – Dijo antes de cerrar los ojos y quedarse dormida. K le dedicó una sonrisa, a pesar de haber quedado con crema y restos de pastel en su cuerpo, detalle que podría haberlo hecho enfadar, sin mencionar que no había podido correrse en ella como hubiese querido, le gustó aquella faceta de chica mala, algo nuevo que le daba un toque de sabor a su intimidad. Se levantó para darse una ducha y echar más leña a la estufa que comenzaba a entibiarse. Besó su frente y se metió al baño. Cuando salió, la rubia yacía plácidamente dormida y desnuda en la cama.

– Buenas noches princesa. – Susurró en su oído y la tapó con las frazadas. La rubia se removió para acurrucarse.

--

Temprano en la mañana, K sintió el frio del alba que los despertaba, quiso abrazarla pero no se encontraba en la cama. Entonces sintió el sonido de la ducha, se incorporó y miró la hora en su celular, eran las nueve menos cuarto de la mañana, de pronto la rubia apareció cubierta por una toalla solamente.

– Buenos días pastelito. – Lo saludó.

-- ¿Pastelito? – Preguntó extrañado, luego recordó la causa de su nuevo calificativo.

– De todos los pasteles y cosas dulces que he probado en mi vida, tú eres mi sabor favorito K. – Le dijo la rubia besándolo en los labios.

– No lo digas frente a nadie, de lo contrario me enfadaré contigo. – Le advirtió.

– Eso nadie tiene que saberlo, es algo entre nosotros dos y también me enojaría si otra persona participara de esto. Somos exclusivos del otro ¿No? – Respondió mirándolo a los ojos. K se acercó para besarla.

– Tú eres mía nena, de la misma forma que yo soy tuyo también. Pensé que eso estaba claro. – Le dijo mientras se estiraba para bostezar.

– Solo quería resaltarlo. – Expresó ella.

– Whip me ha llamado hace unos minutos, dice que nos espera para pasar el día con ellos y que vayamos ahora para el desayuno. – Comentó.

– Vaya, parece que ahora te llamará a ti en vez de a mi. – Le dijo mientras se dirigía al baño.

– No es eso tontito, solo que quizá pensó que no estarías de humor para contestar tan temprano. – Mencionó esbozando una sonrisa.

– Entonces llamaré a la señora Belanger para pasarle las llaves, nos iremos directamente de la casa de mi hermana a South Town. – Aclaró.

--

El día lo pasaron junto a Whip y Máxima como habían planeado hacer uno de los días que estarían en South Beach.

– Veo que se han reconciliado. – Comentó su amigo dándole un suave golpe con el codo al pelo blanco.

– Eso no es asunto tuyo grandulón. – Contestó mirándolo hostil.

– Y por tu buen humor fue una muy buena reconciliación. – Bromeó.

-- ¡Ya cállate idiota! – Dijo con un evidente bochorno en sus mejillas al recordar la ardiente escena de la rubia abierta de piernas mostrando todo mientras se daba placer y él eyaculando en su estómago y pechos.

Máxima se carcajeaba con las reacciones avergonzadas de su amigo, lo conocía tan bien que sabía cuando su amigo hacía algo con lo cual podía utilizar para molestarlo. Kula y Whip estaban en la cocina lavando los trastos ocupados del almuerzo y conversando sobre el bebé cuando quienes estaban en el comedor sintieron que algo caía rompiéndose en mil pedazos mientras la rubia daba un grito ahogado. Ambos se miraron alarmados y parecieron congeniar en lo que pensaban, algo pasaba con Whip y el bebé, se levantaron rápidamente para ver que sucedía, se encontraron con la cruda imagen de Seirah en el suelo sujetando su vientre con dolor y sus pantalones manchados con sangre, Kula estaba junto a ella con lágrimas en sus ojos tratando de no pensar lo peor, Máxima tomó a la castaña en sus brazos y la estrechó en su regazo, luego se dirigió a la sala para recostarla en el sillón, Whip se quejaba y lloraba. Todos sabían lo que pasaría a continuación.

– ¡Voy por las llaves del auto, debemos llevarla al hospital! – Exclamó K mientras se dirigía al garaje para sacar el auto.

-- ¡Kula, hay tres cajas con la medicina de Whip en su mesita de noche junto a un bolso, tráelos, debemos llevarlos ahora! – Le pidió a la rubia, quien no tardó en ir en busca de lo que le pedían.

– Lo s-siento chicos, creo que algo anda mal con mi bebé y no he querido preocuparlos. Lamento haber sido tan mal anfitriona y no atenderlos como correspondía. – Dijo apenas la castaña mientras estaba recostada en el sillón.

– Tú no te preocupes de nada más que de ti y el bebé. Ahora te llevaremos al hospital y todo saldrá bien ¿Sí? – Intentó consolarla mientras la llevaban al auto.

-- ¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder! – Exclamó el peli blanco al ver lo pálida y débil que se encontraba Seirah.

Cuando llegaron al hospital, Whip fue ingresada de emergencia mientras Máxima se sentía fatal esperando afuera. Kula trataba de darle ánimos y K se mantenía en silencio mirando hacia una ventana.

– Saldré a tomar aire. – Expresó de pronto el hombre de gran tamaño dirigiéndose a la salida.

– Voy con él, avísanos si el doctor viene. – Le dijo a la rubia no sin antes darle un corto beso en la frente.

-- ¿No quieres que te acompañe? – Preguntó la rubia con la intención de ayudar.

– Conversaré a solas con él. – Aclaró .

– Está bien, me quedaré aquí. – Dijo con decepción.

K se dio media vuelta y siguió a su amigo.

Al llegar a la salida del hospital, vio a su compañero con las manos en el rostro, estaba mal.

-- ¿Tienes un cigarrillo compañero? – Consultó al peli blanco.

K le convidó de la cajetilla para que sacara, luego el encendedor, así se quedaron unos momentos mientras ambos fumaban en las afueras del hospital.

– Sabes, desde la última vez que conversamos no pude evitar tener esperanzas de que su embarazo tuviera una oportunidad, un milagro, pero al parecer no será así. Si yo me siento de esta forma, Whip debe estar desecha, ella ante todo mantenía la fe de que el diagnóstico del médico podía ser erróneo, existía la mínima probabilidad, pero quiso seguir aún sabiendo que podía complicarse sí en un futuro podía quedar nuevamente embarazada. – Dijo mientras miraba hacia la calle de enfrente.

K sólo escuchaba sin mencionar palabra alguna, no era bueno consolando a nadie en estos casos y su amigo lo sabía, pero podía acompañarlo en silencio compartiendo su dolor, Máxima lo agradecería de todas formas.

Kula salió a su encuentro.

– El doctor ha salido, le dije que esperara para decirnos lo que sucede, quiere conversar contigo Máxima. – Se apresuró agitada apoyando sus manos en las rodillas.

– Gracias Kula. – Dijo con tono sombrío y apurando el paso.

Cuando llegaron al lugar en el que el doctor los esperaba, Máxima se adelantó.

– Hemos logrado estabilizar a la madre, pero el bebé no sobrevivió, la hemorragia se produjo por la ruptura de una de sus Trompas de Falopio, temo decirle que la paciente ha quedado con nulas posibilidades de tener otro embarazo, es lo que les dije en un comienzo cuando vimos la ecografía señor. Lamento darle las malas noticias, podrán ver a la paciente cuando despierte de la anestesia, tendrá que quedarse hasta mañana en observación. – Dijo el doctor.

– Gracias por la información. – Mencionó serio mientras se sentaba en los sillones de la sala de espera. Un suspiro extenso se escuchó en el hombre de gran altura.

Kula estaba muy triste por aquello, K se quedó de pie al lado de la rubia quien no pudo evitar llorar por la noticia, él la abrazó, su corazón también parecía detenerse y romper en mil pedazos, sin embargo, debía ser fuerte para estar junto a su amigo que lo requería aún más.

– Lo siento. – Dijo tocando el hombro de su amigo.

-- ¿Podemos hacer algo por ti y por Whip? – Dijo la chica mientras abrazaba a Máxima quien parecía estar perdido entre sus pensamientos mirando hacia la nada.

– Han hecho suficiente chicos. Gracias por no dejarme solo con todo esto. Pero deberían irse a casa, se hace tarde, yo me quedaré con mi esposa hasta que despierte. Probablemente necesitemos un momento de pareja, es mejor que entre solo. – Dijo sonriendo apenas sin mirar a nadie.

– Ten. – Le pasó un pañuelo desechable que tenía en el bolsillo de la chaqueta la rubia.

El hombre de gran tamaño se secó las lágrimas que brotaban sin voluntad de sus ojos.

– Ya vuelvo. – Dijo la rubia. Cuando volvió, tenía en sus manos dos vasos con café, un Mochaccino y un expreso doble sin azúcar como le gustaban a K.

– Ten, lo dulce puede levantar aunque sea un poco el ánimo, te traje un pequeño pastel para acompañar. Probablemente no tengas hambre, pero puedes dejarlo para la noche, será una larga espera. – Dijo la rubia mientras les entregaba a cada uno los vasos. K lo recibió, Nunca un café le había sabido tan amargo, sin duda era uno de los peores momentos a los cuales incluir en su vida. No podía ser tan injusta la situación, ambos queriendo ser padres y con la complicación de aquel embarazo imposibilitando para siempre la oportunidad de convertir a Seirah en una gran madre. Quería gritar, romper algo, vengarse de alguien, pero no había más culpable que el destino. La vida ya les había arrebatado a sus padres por culpa de un imbécil y ahora a un bebé, un inocente que ni siquiera logró formarse del todo para conocer a los que podrían haber sido los mejores padres que K hubiese conocido, sintió decepción, le hubiera gustado haber sido tío. Pero no tendría la oportunidad. Maldijo en silencio. Kula se percató del estado de K, pero sintió algo de temor al acercarse a él, sabía que también necesitaba un momento a solas, quizá era mejor si tomaba un taxi que la dejara en su casa, así podría quedarse si lo deseaba. No, no lo dejaría solo, era su novia y debía apoyarlo en estos difíciles momentos con su hermana.

– Está anocheciendo, es mejor que se vayan, les avisaré cuando Whip despierte. Gracias nuevamente por todo chicos. – Dijo Máxima.

-- ¿De verdad no quieres que nos quedemos? – Preguntó la rubia.

– No me lo tomes a mal pequeña, pero necesito estar solo con mi esposa, entiendo que estén preocupados, pero debo contener a Whip cuando despierte y se entere que no podremos ser padres nunca más. Gracias por el café y el pastel. Compañero, debes partir tú también. Te mantendré informado, lo prometo. – Dijo.

– No seas idiota, iré a dejar a Kula a su casa y volveré, no voy a dejar sola a mi hermana y a mi mejor amigo. – Dijo el peli blanco.

– No creo que sea una buena idea, el viaje será pesado, sinceramente no creo tener cabeza y corazón para preocuparme por alguien más en estos momentos. – Aclaró.

-- ¡Mierda Máxima! ¡Pero qué terco y egoísta eres! ¡Seirah es mi hermana y también me preocupa! ¡No vas a impedir que vuelva! – Dijo levantando la voz mientras algunas personas observaban la escena.

– Lo siento compañero, sé cómo te sientes, pero espero también que dejes un momento de lado tu mal genio y tu orgullo, ahora necesito un tiempo con mi mujer, sé que es tu hermana, podrás verla cuando quieras luego de que salga del hospital. Te prometo mantenerte informado, pero ahora déjame solo por favor. – Confesó.

– Vamos K, debes entender a Máxima y a Seirah, tiene razón, debemos darles privacidad y se nos hace tarde para volver. – Trató de persuadirlo.

– Aquí están las llaves del auto. Tomaremos un taxi hasta la casa para buscar la moto. Apenas sepas algo llámame. – Le dijo dando media vuelta y caminado hacia la salida.

– Gracias, no sé qué haría sin ti compañero. – Dijo en voz baja.

-- ¿Kula? – La llamó.

La rubia se devolvió hasta donde se encontraba Máxima.

– Cuida de mi mejor amigo y cuñado, él también necesita contención, está sufriendo tanto como yo en estos momentos, entiéndelo si está un poco irritable, no lo tomes personal, es su forma de descargarse cuando sufre, tu eres la única que puede curar su corazón herido con tu amor y dulzura. – Le dijo.

Kula sintió su corazón encogerse por las palabras de Máxima.

– Gracias, eres maravilloso, Whip tiene demasiada suerte de estar con alguien como tú. Mantenme informada a mi también por favor, no quiero que me excluyan, ustedes han sido como mi segunda familia durante estos meses y me siento muy afortunada de haberlos conocido, abraza a Whip de mi parte ¿Si? – Le dijo conteniendo al grandote quien también correspondía el abrazo. Entonces siguió al peli blanco que se encontraba en la parada de taxis.

-- ¡K espera! – Le gritó antes de que el vehículo llegara.

El taxi había llegado y ambos subían con destino a la casa de Máxima y Seirah para buscar la moto y partir rumbo a sus casas, el silencio se hizo presente entre ellos; Kula temía decir algo que pudiese detonar el mar de emociones tempestuoso que había en el interior de K, así que optó por no decir nada hasta que llegaran a su destino.

Al entrar a la casa de Whip, que por suerte el peli blanco conservaba aún un juego de llaves de su antiguo hogar, arreglaron sus cosas y partieron en la motocicleta, ambos sin decir nada. K estaba más serio que de costumbre, ni siquiera miraba a la rubia, lo que provocaba una dolorosa distancia de la que se sentía incapaz de romper, debía estar sufriendo bastante por dentro, si no quería dirigirle la palabra era quizá porque no quería que lo viera flaquear, o peor, llorar en el más extremo de los casos. K era de esos orgullosos extremos que preferían la muerte a que otra persona los viera mostrando debilidad.

Cuando K se estacionó fuera de la casa de Kula, ella todavía seguía abrazada a su espalda. – Ya llegamos. – Anunció tomando sus manos para que lo soltara, pero la rubia lo abrazó más fuerte.

– Lo siento tigre, pero hoy no quiero separarme de ti, sé que no quieres hablar, y lo entiendo, no te voy a presionar, pero soy tu novia y de verdad quiero que confíes en mi y me dejes consolarte. No quiero ver que sufres en silencio cuando puedo estar contigo amor. – Le dijo mientras las lágrimas corrían por su cara.

K volteó su cabeza para mirar a la rubia que lloraba en su espalda. Salió de la moto para quedar frente a ella.

– También lo siento, no quiero que llores por mi causa, pero en estos momentos necesito estar solo. También te amo pero entiende gatita, no estoy acostumbrado a que se preocupen de esta manera por mi, aunque te agradezco lo hagas, pero quiero estar solo, mañana será otro día y te llamaré si sé algo de mi hermana. – Contestó mientras la tomaba del mentón para besarla. Aquel beso fue distinto a todos, había amargura y sufrimiento. Kula lloró aún más, K quería llevar el duelo en soledad y por eso la apartaba de su triste corazón.

– Prométeme que me llamarás, o de lo contrario iré a tu apartamento para ver que estés bien. – Expresó mientras sollozaba.

K la abrazó por la cintura apoyando su cabeza en el hombro de la rubia, suspiraba y la presionaba contra él.

– No te preocupes, lo haré preciosa, ahora entra a tu casa a descansar para que yo también pueda hacerlo. – Le dijo para calmarla.

– Te amo K. Espero que algún día confíes en mi. – Soltó mientras era ella ahora quien lo estrechaba contra ella fuertemente en sus brazos. El peli banco mostró una pequeña sonrisa, alejándose lentamente de ella.

– Nos vemos preciosa. – Se despidió subiendo a la moto.

La chica lo observó durante un rato hasta que el sonido y su silueta desaparecieron.

– Adiós K. – Dijo con el alma hecha pedazo, K no estaba bien y no confiaba en ella. Máxima se lo había advertido en el hospital, y por desgracia, K también.

Antes de llegar al apartamento, K se detuvo en una licorería.

– Deme dos botellas de Whisky y tres cajetillas de cigarros. – Habló al vendedor dejando el dinero en el mesón. El hombre que atendía recogió el dinero y fue a buscar el pedido de K, cuando volvió, lo miró y una sonrisa cómplice se dibujó en su rostro al ver que estaba solo.

– Buena fiesta chico. – Dijo el hombre.

– Sí, como sea. – Dijo sin prestar mayor atención a la broma.

Cuando llegó al apartamento, no encendió las luces, avanzó hasta su habitación, cerró la puerta y se dejó caer en ella. Colocó la melodía predilecta para ocasiones como esta, letras desgarradoras con guitarras estridentes junto a la barítona voz grave y hostil de Zakk Wylde. Encendió un cigarrillo y abrió las ventanas, el frío no se hizo esperar, abrió una botella de Whisky y bebió un largo sorbo, la vista de South Town parecía lúgubre desde su balcón, no iría a trabajar el día de mañana, estaba decidido, hoy sería una noche larga y amarga.