Capítulo XXI
Sweetest Perfection
Kula iniciaba su semana universitaria, Candy se había ofrecido a llevarla pero como era costumbre entrenar en la pista de patinaje sobre hielo antes de comenzar las clases, desistió de la idea por lo temprano que tendría que despertar a su hermana para llevarla. Ya que, después de lo ocurrido con Whip, lo último que deseaba era que su hermana tuviera que pasar por ese inmenso dolor, así que se levantó sigilosa para no despertarla, y partió rumbo a su destino. Decidió tomar un taxi, hacía bastante frío aquella madrugada, pensaba llamar a K desde temprano para ver si se encontraba algo mejor luego de no haberle permitido quedarse con él, pero por la hora probablemente seguía dormido, no quería molestarlo, después de todo, si Máxima le había dicho que respetara la forma que tenía de purgar su dolor en soledad, no debía convertirse en una hostigosa, no obstante, si no sabía de él durante el día, pasaría a su apartamento después de las clases para ver que todo estuviese bien, después de todo, era su novia, y tenía todo el derecho de preocuparse por él.
Cuando llegó al campus luego de la ardua sesión de entrenamiento que se había propuesto por haber dejado durante un tiempo aquello que amaba, se dirigió al casino para comprar algo de comer, no tomaba su desayuno sino hasta después, debido a que el excesivo esfuerzo en el que empeñaba todos los Lunes en la pista podría provocarle náuseas, así que pasaba si tenía tiempo, antes de comenzar las clases, y como ahora faltaban varios minutos, decidió comprar un pastel y un mocaccino con doble chocolate, cuando lo bebió y probó un bocado de la tortita, sintió que podía comenzar un buen día, miró la hora, las nueve menos quince, a esa hora K ya se encontraría en su trabajo, o por lo menos llegando a él, lo llamó para darle el buenos días, sin embargo, el teléfono se encontraba apagado. Candy llegó a su lado junto a Athena, quien, para esa semana, ya se había enterado por la misma chica rubia de cabello corto, que esperaba un hijo de Shingo, después de todo, las tres eran bastante amigas y podrían confiarse hasta ese tipo de secretos.
– Llegas temprano amiga, aún nos queda algo de tiempo para conversar. ¿Cómo fue tu fin de semana? – Comentó.
– Algo cargado de emociones más tristes que buenas. – Dijo mientras miraba su celular, intentó llamarlo una última vez antes de entrar a clases, pero sonaba apagado.
-- ¿Te peleaste con él? – Preguntó Athena.
La rubia negó con la cabeza.
– Su hermana, Seirah, estaba esperando un bebé pero lo perdió, y lo peor de todo es que no podrá ser madre, debido a que resultó dañado su interior por tener un embarazo ectópico. En pocas palabras ha quedado infértil. – Dijo con tono apagado.
Candy escuchaba en silencio la conversación entre su hermana y su amiga.
– Quizá piensen en adoptar. – Dijo la chica de los cabellos morados.
– No lo sé, aún es muy pronto para pensar en eso, probablemente lo vean como una posibilidad a futuro, sin embargo, ahora están viviendo el dolor de haber perdido a su bebé.– Se lamentó.
– Me preocupan, pero sé que se tienen el uno a otro y podrán recuperarse. He querido saber de K, pero no me contesta, estaba muy afectado por lo de su hermana y no quiso que estuviera con él, creo que iré a verlo después de clases. – Dijo mientras miraba por el ventanal del casino.
– Entonces no estarás conmigo, de nuevo. – Reclamó Candy.
– Hermana no seas así, estaré contigo toda la semana si lo deseas, pero ahora siento que algo malo pudo haberle sucedido. – Expresó.
– Tengo visita con el médico para el miércoles y quiero que me acompañes, no falles hermana. Yo también te necesito. – Le dijo mientras bebía leche caliente.
– No te preocupes, estaré contigo. – Afirmó.
– Eso espero. Ya es hora de entrar a clases, llegaremos tarde si nos quedamos acá sentadas.– Dijo mientras tomaba sus cosas para dirigirse a su clase. Las demás hicieron lo mismo y la siguieron, Kula le envió un menaje en el que avisaba que estaría después de clases en su apartamento esperando lo leyera.
Acabando el día, Kula tomó sus cosas y se dirigió rápidamente a la salida, su celular sonó, tenía la esperanza de que fuera el peli blanco, pero el nombre de su cuñada salía en la pantalla.
-- ¿Hola? ¿Whip? – Contestó pensando que podían tener alguna noticia sobre K, pero no quiso preguntar de forma tan repentina.
– Hola pequeña, siento molestarte pero ¿K se encuentra contigo? He tratado de comunicarme con él para decirle que Seirah había despertado y se encontraba mejor pero no contesta su celular y en su trabajo dijeron que no había ido.– Era la voz de Máxima preguntando por algo que ya sospechaba que podía suceder.
– A mí tampoco me contesta, estoy intentado desde muy temprano pero no consigo dar con él, es por eso que ahora iré a su apartamento para ver si está. Te escribiré si lo veo. – Dijo mientras comenzaba nuevamente a caminar, ahora con más prisa al saber que nadie había podido localizarlo.
– Mantenme al tanto ¿sí? – Le hizo prometer el hombre del otro lado de línea, K no había contestado sus mensajes ni llamadas, algo le había sucedido y temía algo similar cuando lo encontró tirado en apartamento, si lo conocía bien, entonces K se había emborrachado hasta casi perder el conocimiento, algo muy de él para sopesar lo que no sabía demostrar, pero esta vez, no estaría para ayudar. Lamentablemente Kula debería conocer también aquel oscuro lado de K.
– Descuida, apenas lo encuentre te mando un mensaje. Dale un abrazo de mi parte a Seirah y para ti también Máxima. – Dijo la rubia y colgó la llamada para seguir su camino.
-- ¿A dónde vas tan apurada? – Escuchó de pronto la voz de su hermana.
– Al apartamento de K, no ha contestado ni mis llamadas o mensajes. Debo saber que está bien. – Le dijo mientras apresurada el paso.
– Te llevo. – Anunció Candy.
– No es necesario, debes descansar hermana. – Dijo preocupada por su bienestar.
– No es nada, hoy no tengo nada que hacer, me aburriré horriblemente en casa, prefiero llevarte, así puedo conversar contigo acerca de algo que he estado pensando mucho hoy. – Comentó mientras se dirigía al estacionamiento del campus.
– ¿Es algo malo? ¿Estás enfadada? – Preguntó la pálida chica de los largos cabellos.
– No, no lo es, incluso si puedo conversar contigo y con K hoy sería mejor, aunque entiendo que eso puede esperar. – Expresó.
– Bueno, en ese caso no tengo problema Candy, pero ahora ¿Podemos ir al apartamento de K? Te daré la dirección. – Anunció mandando la ubicación al celular de la chica para conectarlo con el vehículo.
Candy hizo rugir el motor para partir rápidamente y llegar al lugar que su hermana urgía estar, intentó llamar ya por sexta vez no obteniendo respuesta de K.
-- ¿Peleaste con él que no te contesta? – Preguntó.
– Para nada, K y yo estamos bien, pero es un chico introvertido si a emociones se refiere, prefiere purgar la pena en soledad que en compañía de alguien, aunque intento que trate de confiar en mi, aún me falta camino por recorrer con K, solo espero que no haya hecho una tontería. – Dijo más para ella lo último.
-- ¿A qué tipo de tonterías te refieres? – Preguntó con interés mientras se detenía en una luz roja.
– Ah, no me malinterpretes, me refiero a que no ande solo por ahí. – Le dijo.
– ¿O acabe en un bar de mala muerte como al que fuimos la primera vez?– Expresó.
-- ¿Cómo crees? K ya no frecuenta esos lugares porque prefiere pasar tiempo conmigo, no olvides que me va a recoger los viernes a la universidad y luego hacemos algo los fines de semana, sin embargo, aunque lo siguiera haciendo sería algo que no me molestaría, tampoco soy una novia controladora como para prohibir que vaya a lugares así.
– Será mejor que no frecuente ningún lugar que vaya a dar un mal ejemplo a su futuro sobrino. – Dijo mientras doblaba la calle para seguir las coordenadas de la ubicación.
-- ¡Espera… qué! – Exclamó incrédula.
– Lo que escuchaste, la semana pasada estuve averiguando sobre la adopción, pero me parece mejor entregar a mi hijo a personas que sean de confianza, en este caso la hermana de tu novio, aunque primero quisiera que me llevaras a conocerlos. Claro, si es que ellos quieren. – Enfatizó.
Kula no sabía si llorar de felicidad por su cuñada o regañar a su hermana por tomar una decisión deliberadamente.
– Creo que será mejor que lo pienses Candy, es muy repentino, ellos acaban de perder a su bebé y ahora tú quieres darles éste bebé a ellos y… -- Quiso seguir pero su cabeza ahora era un lío.
– No pretendo obligar a nadie a quedarse con el bebé que llevo dentro, pero cuando se recuperen podremos ir con ellos y quizá les guste la idea. – Dijo como si estuviese hablando de un simple intercambio. Kula ya había perdido la batalla en cuanto a su hermana, suspiró extensamente.
– Llegamos. –Dijo de pronto al detener el vehículo fuera del apartamento de K.
– Pensé que vivía en uno de esos apartamentos pequeños y de poco alcance económico. Me sorprende. – Dijo con su típico tono arribista.
– K no es ese tipo de chico como te imaginas, lo verás cuando vayamos a la casa de Whip y Máxima, te invitaría a subir pero la verdad es que no sé si K se encuentra ahí, en ese caso lo esperaré adentro. Gracias por traerme. – Expresó con ternura besando su mejilla.
– Ni una palabra de esto a tu novio por el momento ¿Sí? – Le advirtió.
– Descuida, no lo haré. Nos vemos. – Dijo, si el peli blanco se llegaba a enterar de la posibilidad de que su sobrino fuese un pequeño parecido a Shingo se negaría rotundamente y trataría por todos los medios de persuadir a Whip y Máxima de rechazarlo seguramente.
Cuando subió por el ascensor hasta el piso de K, escuchó música a un alto volumen que provenía de ahí, pensó que quizá K no se encontraba y su equipo de música se había activado de alguna manera, pero cuando llegó a la puerta y abrió, todo estaba oscuro y con fuerte aroma a cigarrillo y a alcohol.
-- ¿K? – Llamó, pero no hubo respuesta.
Avanzó hasta el interruptor para encender la luz y no tropezar con algo, dejó su mochila en el sillón y observó el comedor, no había rastro de K, aunque su chaqueta y llaves de la motocicleta se encontraban en el lugar de siempre, supo que el peli blanco se encontraba ahí, tuvo un mal presentimiento, apretó con sus manos la cruz que K le había regalado. Aceleró el paso hasta la habitación, al llegar, vio un bulto tirado en el suelo del balcón mientras el viento helado no daba tregua a la fría habitación oscura, era K, las botellas estaban vacías y su líquido vertido en algunos lugares, estaba ebrio y temblando del frío al encontrarse a torso desnudo abandonado a su suerte con el frío de la ciudad que ya comenzaba a anochecer. Se había quedado bebiendo hasta borrar su conciencia durante la noche, quedando en aquel estado solo hace unas horas atrás.
–¡K! ¡Escúchame! – Exclamó mientras colocaba su cabeza en las piernas de ella, K solo movía su cabeza tratando de articular alguna palabra, pero en el estado etílico en el que la rubia lo había encontrado, no lograba más que balbucear palabras ininteligibles.
-- ¡Vamos cariño, te llevaré adentro, acá te estás congelando en ese estado. Pero necesito que me ayudes, ¡eres más pesado de lo que puedo aguantar K! – Le dijo mientras tiraba con dificultad de sus brazos la calidad de bulto en la que se encontraba ahora el pelo blanco. Lo arrastró hasta la pared para cerrar las ventanas, apagó la música y encendió la lámpara de la mesita de noche, los párpados de K titilaban en respuesta a los suaves golpes en la cara que Kula le daba, pudo mover la cabeza para tratar de esquivar los golpes y reaccionar, pero estaba tan ebrio que ni siquiera podía controlarse y con todo su cuerpo se desplomaba hacia el suelo en lugar de estar apoyado en la pared. La rubia comenzó a perder la paciencia, así que abrió la puerta del baño y lo llevó hasta allá, lo único que lo despertaría sería una rápida ducha helada, luego una caliente para que se le pasara un poco aquella gran ingesta de whisky. Probablemente no había comido nada y debía sentir fatiga aparte de la evidente borrachera que tenía en ese momento. Antes de meterlo a la ducha y someterlo a tan poco ortodoxo método, lo abrazo y le dijo unas palabras.
– No sabes cuanto lo siento cariño, no debí haber permitido que te quedaras solo, nunca más sufrirás en soledad porque yo estoy contigo y no pienso abandonarte. – Le dijo mientras tomaba su rostro con ambas manos. Fue entonces cuando K intentó con dificultad abrir sus ojos, vio de forma borrosa a quien tenía frente a él, intentó sonreír.
– Soy… una mierda de hermano… y novio… -- Dijo con amargura. Kula observó sus ojos enrojecidos y sus pupilas dilatadas, debía meterlo cuanto antes a la ducha fría.
– Vamos, te darás una ducha para despertar y luego comerás algo. – Le dijo mientras tomaba su brazo para colocarlo en su hombro y llevarlo hasta la ducha, su cuerpo era pesado en ese estado debido a la poca ayuda que le prestaba el peli blanco, abrió la llave de paso e introdujo al moreno, a pesar del frío que hacía afuera, debía lograr que despertara del todo, dio fugazmente el agua helada, provocando que el peli blanco abriera los ojos de golpe y reaccionara como un gato en su primer baño.
-- ¡AAAAH! ¡MIERDA! ¡PERO QUÉ PUTA MADRE ES ESTO!– Gritó dejando atrás su estado y tratando de cerrar la llave, pero como aun estaba mareado, fallaba en el intento. Seguramente el grito se había escuchado en todo el piso.
Kula cerró rápidamente el paso de agua helada para dar la caliente, sabía que K odiaba el agua a esa temperatura, pero era necesario para que pudiese despertar, se repetía en sus pensamientos como un mantra para no sentirse culpable de que K pudiese pescar un resfrío.
-- ¡Era necesario para que pudieses recobrarte! – Exclamó. K pareció enfadarse por la resolución de ella.
-- ¡TE DIJE QUE ESTARÍA BIEN KULA! ¡VIENES AQUÍ Y ME METES A LA DUCHA CON TEMPERATURAS BAJO CERO POR LOS MIL DEMONIOS! – Levantó la voz mientras caía en cuenta que aún estaba medio vestido. No contento con esto, la jaló hacia él logrando que la rubia se empapara completamente también su suéter largo junto a los botines que llevaba puestos.
-- ¡K! ¡NOOOO! ¡NO PUEDES PROHIBIR QUE ME PREOCUPE POR TI! ¡MIRA EN EL ESTADO QUE TE ENCUENTRAS TONTO! – Gritó también luego de intentar salirse de ahí, pero K la sujetó con fuerza e intentó besarla. Kula reaccionó a tiempo y se alejó de él, lo que había dicho hace solo unos instantes le había dolido.
-- ¡No! ¡Primero comerás algo y luego vamos a tener una conversación tu y yo! – Exclamó con enfado. K no podía hacer como si nada, le había gritado cuando ella solamente se preocupaba por él.
– ¡Tsk! Ya ni puedo besar a mi novia en la ducha ¡Qué fastidio! – Reclamó molesto.
-- ¡Hey, me he quedado preocupada porque no tuve noticias tuyas en todo el día porque dijiste que sí lo harías! Máxima también estaba preocupado por ti e intentó contactarte para que supieras como estaba tu hermana, pero tú solo piensas en ti mismo y ahora me has empapado junto a ti en la ducha, no tengo más ropa y ¿tú te enfadadas conmigo porque no puedes besarme? ¡Fuiste un irresponsable y un inconsciente conmigo! Estuve todo el día esperando que me llamaras e incluso lo hice yo, pero eres tan egoísta que no puedes pensar en otro que no seas tú y tu sufrimiento, ¡yo también estaba triste y quería estar contigo! Pero tú no permites que dé un paso más cerca de ti. – Expresó con lágrimas en los ojos.
– Termina de ducharte, prepararé algo para que comas. – Finalizó y salió de la ducha dejando al peli blanco solo en el baño.
Fue al comedor y buscó su celular que por suerte se encontraba en la mochila y no con ella cuando K la había jalado a la ducha, así que se metió a la aplicación para enviarle un mensaje primero a Máxima avisando lo sucedido, pero que no se preocupara porque ella cuidaría de él hasta que se encontrase mejor para después irse a su casa. Él envió un mensaje de vuelta lamentando lo ocurrido y que disculpara al inmaduro de su amigo, pero que aquella paciencia de la que él le hablaba, era justamente relacionada a las recaídas de K. Kula reflexiono unos instantes tratando de que el enfado y el dolor que K la había provocado no interfirieran con la realidad que Máxima le explicaba, era difícil no dejarse llevar por las emociones en aquel momento, pero no era esa la razón por la cual se encontraba ahí, debía convencer al peli blanco de que cambiara las malas conductas de refugiarse en el alcohol y la soledad cuando había dolor en su interior. Respiró hondo para enviar un mensaje a Athena pidiendo que pasara por una tienda de alimentos para comprar algunas cosas con las cuales cocinarle algo a K. La chica no tardó en contestar escribiendo que estaría en media hora por allá.
Suspiró largamente, tuvo que vestirse con algo de K por el momento, ya que la ropa que tenía en el apartamento había sido enviada a la tintorería el viernes y K debía recogerla el martes, no tenía zapatos, por lo que tuvo incluso que colocarse unos calcetines limpios de K que encontró en la cómoda aprovechando que K aún no salía del baño, también tomó una de sus sudaderas y un buzo ajustado que le quedaba un poco holgado, eso estaría bien de momento. . Golpeó la puerta para saber que estuviese bien, pero no se oyó respuesta. Decidió entrar, no se veía casi nada por el vapor que había, de pronto K, la tomó de la cintura, Kula chilló por la sorpresa. La miró serio a una corta distancia, su respiración comenzó a agitarse, K estaba envuelto con la toalla solamente, ella lo miró a los ojos tratando de descifrar lo que pensaba, o haría.
-- ¿Quieres conversar ahora? – Le dijo mientras la sujetaba con fuerza atrayéndola más todavía. Kula titubeó unos instantes, se le veía muy serio, quizá le había molestado lo que dijo hace unos instantes, pero no podía hacer como si nada pasara, debían hablar para poder entenderse, sabía que le costaba expresar lo que sentía, pero de alguna u otra forma tenía que saber que pasaba por esa cabeza, no podía recurrir al alcohol siempre que se sentía mal, aquello debería cambiar. Tragó saliva y asintió. El peli blanco la soltó y pasó por el lado de ella para ir a la habitación a vestirse; Kula lo siguió con la mirada, su rostro era indescifrable en esos momentos, caminó de vuelta a la alcoba en donde K se colocaba unos boxers seguido de un buzo negro y recto en la parte baja, se sentó en la cama para colocarse la sudadera y las zapatillas que tenía a un costado, parecía estar procesando algo en esos momentos.
– Disculpa si apagué el teléfono y no te llamé, estaba fastidiado. Llamaré a Máxima para saber sobre mi hermana . – Dijo mirando al suelo.
– K, él problema es lo preocupados que nos tenías a mí y a tu mejor amigo, aunque llevamos un par de meses siendo novios siento que no me dejas avanzar contigo, me he llegado a preguntar si es correcto que sigamos, tú no confías en mi, prefieres emborracharte y no decirme nada. Si queremos seguir juntos debes aprender a confiar en las personas, en mí. – Dijo mientras recogía algunas prendas que se encontraban en el suelo. Se acercó a la cama para sentarse junto a él, luego tomó su mano y la entrelazó con la de ella.
-- ¿Me amas? – Le preguntó.
Dash la observó de reojo como si se tratara de una pregunta demasiado obvia.
-- ¿Acaso lo dudas? – Respondió con otra interrogante.
– Probablemente comience a hacerlo, la confianza es parte del amor en la pareja. Soy tu novia y te amo con el alma tigre, pero creo que si sigues con la idea de caer en estas cosas de nuevo yo... entiendo el dolor que sientes por ver sufrir a tu hermana, pero quiero que sepas que yo estaré para ti en todo momento. Por favor, permíteme entrar a tu corazón para sanar las heridas que tienes. – Habló mientras besaba su mano.
De pronto, el citofono del comedor sonó, era Athena con el pedido de Kula. La rubia fue al comedor para contestar, K se quedó estático procesando lo que la rubia acababa de decirle.
– Es Athena, le he pedido que compre algunas cosas para cenar, he de suponer que no tenías nada en la nevera, así que le pedí ese favor. – Anunció.
Pasaron unos minutos y tocaron el timbre, la chica y el pedido habían llegado.
-- ¡Muchas gracias amiga, K nunca tiene nada así que he tenido que recurrir a tu infinita bondad para ayudarme. Pasa, K está en su habitación. – Anunció mientras recibía las bolsas para dejarlas en la cocina. Al oír esto, Athena le dedicó una mirada de picardía por lo último.
– Espero no interrumpir tu momento amiga, pero ¿estaban…? – Dijo sin terminar de preguntar lo que era obvio entre ellas. Kula pareció no entender en un principio, luego, como si de un chispazo que prendía la lámpara del doble sentido y los pensamientos pervertidos de su amiga con lo último que salió de sus labios, respondió inmediatamente para despejar de dudas a su amiga.
-- ¡¿Qué?! ¡No! Solo estábamos conversando pervertida. – Se apresuró a aclarar.
– No te preocupes querida Kula, es muy normal tener apetito después de la acción. – Dijo riendo para molestar a la rubia que ya no podía ocultar el color rojo en todo su rostro, sumándole a eso que no llevaba su ropa con la que había visto a su linda amiga durante las clases en la universidad.
-- ¡Te digo que no! ¡No estábamos haciendo nada! – Volvió a aclarar mientras Athena no paraba de reír sujetando su estómago.
– Te recomiendo anteponerte a estos casos para no quedar con un apetito voraz, Kensou y yo compramos un montón de cosas luego de follar, siempre me inclino por comer daifukus, no lo sé pero me encanta comerlos junto a Kensou. – Confesó a su amiga que la miraba divertida. Ella y Dash eran muy diferentes en cuanto a gustos, pero quizá había algo que pudiesen compartir al menos como sus amigos, pensaba. K hizo acto de aparición en la cocina.
-- ¡Hola K! -- Lo saludó levantando la mano mientras el peli blanco aparecía con su habitual cara de pocos amigos, también hizo un gesto con su mano en señal de saludo.
– Siempre tan comunicativo ¿No? – Dijo de forma irónica. K la observó como si de un molesto bicho rondara por los alrededores.
– Y bien, se acerca San Valentín ¿Harán algo en especial? – Preguntó provocando más sorpresa en ella que en su malhumorado novio.
-- ¡Oh vamos! ¿No me digan que lo habían olvidado par de tortolitos? Es su primera vez juntos, no puedes dejar pasar una fecha tan importante. – Expresó con ambas manos en las caderas.
– La verdad es que no pensé que era tan pronto. – Dijo la rubia mientras miraba el calendario en su celular, la fecha no era más que dentro de dos semanas y ni siquiera había reparado en hacer algo con K, o conversar aunque fuese del tema. Luego lo observó, quizá debía dejar pasar por esta vez la fecha, tal vez posponerlo, no estaría de humor luego de lo que había pasado con el bebé de Whip.
– Amiga, estás con la cabeza en las nubes y tú tienes la culpa. – Dijo apuntando con el dedo al moreno que se disponía a beber un vaso de agua para tragar unas pastillas que le quitarían el dolor de cabeza que sentía, aunque sería difícil con la voz chillona de Athena.
– ¡Así que más vale que tengas algo muy romántico para mí amiga Dash, de lo contrario tendrás que rendir cuentas conmigo para una larga plática sobre cómo ser el novio perfecto.– Dijo en un tono justiciero que daba vergüenza ajena tan solo verla.
– Sí te dijera lo que tengo preparado para Kula dejaría de ser un secreto, es algo íntimo para nosotros, y si te lo cuento, arruinaré la sorpresa por culpa de una chiquilla entrometida que no deja de hablar. – Habló con toda la calma del mundo provocando que la chica de los cabellos morados inflara los cachetes por haberla llamado entrometida.
Kula no sabía qué decir, el lo tenía presente más que ella, era eso o intentaba que Athena cerrara la boca.
– Bueno, me quedo más tranquila, Kula, te veo mañana en clases amiga querida. Adiós K, no seas tan gruñón, solo preguntaba. – Dijo mientras la rubia le devolvía el dinero por las compras.
– No te preocupes, ésta vez va por mi. Hazme caso y compra antes de venir. – Dijo guiñando un ojo. Kula sonrió con algo de vergüenza, por la presencia de K. Cuando cerró la puerta después de hablar algunas cosas con Athena en el umbral, volvió para comenzar a cocinar. K se encontraba sentado en el mesón, esperando seguir con la conversación que tenían antes de que Athena llegara. Kula esperó a que él diera el primer paso esta vez y comenzó a lavar las verduras para luego cortar la carne y preparar la cena mientras esperaba que él dijera algo.
– No te hubieras molestado en preparar algo, podrías haber pedido comida como en la cabaña. – Dijo después de un breve momento en silencio.
– Me resulta grato cocinar para ti, a propósito ¿Estás mejor? – Preguntó al último.
K pasó una de sus manos por la cara, aún sentía parte de la borrachera y la verdad es que le vendría muy bien algo de comida, puesto que no había ingerido nada más que alcohol desde ayer en la noche, luego de ir a dejarla a su casa.
– Algo. – Dijo con voz grave antes de bostezar.
– No me tardaré, esto estará listo en veinte minutos, ya verás. – Dijo concentrada mientras salteaba la carne con las verduras precocidas.
Kula observó por el rabillo del ojo al peli blanco que se levantaba para ir a recostarse al sillón; Athena le había dejado un gran dilema con respecto a la fecha que se aproximaba, sin embargo quería conversar primero con K y su idea de una supuesta sorpresa, pero lo haría mejor cuando estuviesen comiendo, sería un tema de conversación distendida que por lo menos lo mantendría alejado de la tristeza de su hermana. Quiso pedirle ayuda para colocar los cubiertos, pero lo vio pálido y al borde del desmayo cuando lo fue a ver, y prefirió dejarlo en el comedor mientras ella no tardaba en dejar todo preparado para cenar.
Al ir a buscarlo nuevamente, K parecía haberse quedado dormido de nuevo, Kula se acercó para cerciorarse de que así fuera, la respiración pausada y tranquila de K cuando dormía era tan agradable y atractiva, que hasta podría besarlo ahí mismo olvidando todo, sin embargo, miró la comida servida, luego a K en aquel estado, prefirió despertarlo suavemente para que cenaran juntos y comiera algo.
– Tigre ¿Estás despierto? La cena está servida. – Susurró cerca de él mientras le acariciaba el rostro. No había respuesta, así que lo removió levemente para que reaccionara y se acercó aún más, de pronto, K abrió los ojos y rápidamente hizo un movimiento con el que la rubia sin saber qué demonios había sucedido, quedo bajo el cuerpo de K en el sillón, su respiración comenzó a agitarse en sus pechos que subían y bajaban rozando el cuerpo de K, él la observaba si decir nada, el azul de sus ojos parecía tomar matices grises por la baja luz de la sala, interpuso su rodilla entre las piernas de Kula, provocando que éstas se abrieran para dar más espacio al grosor de su pierna.
– ¿Así que no estás segura de lo que siento por ti gatita? – Habló acercándose más a la rubia, hasta quedar a escasos centímetros de su boca. Kula estaba nerviosa, el peli blanco la había abordado de forma tan repentinamente que no alcanzó a reaccionar, quiso decir algo pero solo salió un leve suspiro de su boca.
– Yo… -- balbuceó. Entonces los labios de K se juntaron con los suyos en un beso demandante y apasionado. Su lengua era tan suave y la vez firme jugando dentro de su boca, cuando terminó el beso, pasó su lengua por los labios de la rubia que se dejaba llevar por el ritmo del peli blanco, era tan dulce y ardiente, una mezcla exquisita cuando de besarla se trataba.
-- ¿De verdad necesitas saber cuánto te amo y te deseo para que te quedes tranquila? – Dijo con una especie de… ¿Fastidio?
– No… no es eso, quiero que aprendas a confiar en mí… que sepas que puedes contar conmigo. – Dijo mirándolo a los ojos. Dash hizo lo mismo con ella, mientras se quedaban unos minutos uno sobre el otro a muy corta distancia.
– No me gusta la comida fría. – Dijo mientras se levantaba y ayudaba al mismo tiempo a la rubia a pararse del sillón.
Cuando se sentaron en la mesa, K comió en silencio como era costumbre. Kula probaba pequeños bocados, su cabeza no paraba de darle vueltas al asunto de San Valentín, pero K se encontraba de mal humor.
-- ¡Qué demonios! Es mi novio y no tengo porqué temer de preguntarle sobre algo que es nuestro momento. – Pensaba. Pero, quizá era muy egoísta tener en mente algo así después de lo de Seirah. Kula frunció el ceño una y otra vez mirando al vacío.
– Más vale que lo sueltes porque de lo contrario te saldrán arrugas. – Le dijo mientras comía con total normalidad.
Kula se molestó por lo último, cuando K tenía resaca se volvía un imbécil, aún con ella. No obstante, decidió no guardarse lo que sentía en ese mismo momento.
-- ¡Me hartas K! ¡Vine aquí porque me preocupabas y tú ni siquiera te muestras agradecido! ¡Ya no sé cómo entenderte! ¡Por más que trato de ser paciente contigo tu ni siquiera colaboras! ¡Eres un completo imbécil! ¡¿Sabías?! – Exclamó dejando la comida a un lado y dirigiéndose a la habitación para buscar su ropa aún húmeda, K la siguió con la mirada, hasta cuando llegó a la sala para alistar su mochila e irse. Cuando giró la manilla de la puerta para salir del apartamento, K lo impidió.
-- Espera. – Le dijo con voz grave y la mirada fija en la rubia mientras sujetaba la puerta.
-- ¡Déjame pasar K, hoy has cruzado la línea, esto nunca había pasado entre nosotros pero si no quieres que siga preocupándome por ti solo dilo y no lo haré más! ¡He dejado de lado a mi hermana embarazada que pasa un momento difícil por estar contigo K! ¡Pero ya nada te importa! – Exclamó con los ojos vidriosos.
– Kula, era una broma lo de antes, no tienes porqué reaccionar así. Disculpa si te he ofendido. – Intentó disuadirla, si embargo, la rubia estaba decidida a retirarse, el peli blanco ya había colmado su paciencia, giró la perilla de la puerta para abrirla, pero K puso su mano sobre la de ella para impedirlo.
-- ¿Acaso crees que soy tan infantil como para que la razón de mi enfado sea por la estupidez que dijiste en la mesa? – Le preguntó fulminándolo con la mirada.
El peli blanco sabía cuál era la razón por la que Kula se encontraba enfadada, pero no tenía deseos de tocar el tema, era la primera vez que la veía tan enojada, la había cagado en serio; debía hacer o decir algo, de lo contrario Kula saldría disparada y no podrían hablar.
– Está bien, lo siento, me he comportado como un imbécil ¿Sí? y tú eres un verdadero ángel preciosa al estar siempre para mí. – Dijo mientras miraba hacia algún otro punto de la puerta. Kula frunció el ceño aún más.
-- ¿Acaso estás jugando conmigo K? Me dices cosas y esquivas lo que de verdad quiero que me digas. Sé sincero, de lo contrario saldré por esta puerta con o sin tu permiso. – Le dijo mientras lo miraba hacia arriba, sí que era alto a diferencia de ella.
– Está bien, no puedo decirte que no volveré a beber un trago de whisky, pero si me vuelve a pasar algo así trataré de contar contigo. ¡Mierda, te lo he dicho otras veces! No soy alguien confiado, me es muy difícil hacerlo con otras personas y tú… yo… solo dame tiempo ¿Sí nena? – Dijo ahora mirándola.
A Kula se le suavizó la mirada, ahora sí estaba su real K, el que aunque le costaba expresarse con el resto, lo hacía con ella, sabía el esfuerzo que estaba haciendo, le dio un beso corto en los labios y luego lo abrazó.
– Por favor cariño, no quiero volver a verte en ese estado, fue muy duro para mi verte tirado en el balcón como si no quisieses vivir o algo así. – Le confesó mientras escondía su cara en la sudadera que llevaba, por suerte llevaba una máscara de pestañas a prueba de agua, de lo contrario se hubiera quedado un gran manchón en el pecho de K.
– No sabes cuánto me duele ver que te refugias en el alcohol, en lugar de hacerlo conmigo amor. Anoche me quedé muy triste cuando te fuiste, no lo entiendes ¡por favor no seas egoísta K! – Le suplicó.
El peli blanco la estrechó fuertemente en sus brazos mientras acariciaba su cabello. Realmente odiaba hacerla sufrir, tendría que hacer un gran esfuerzo por modificar aquella oscura parte de él, no sabía si lo iba a lograr. Pero no dejaría de intentarlo, por ella.
Esta vez quien comenzó fue Kula, quien se levantó de puntillas para besarlo de forma prolongada y cariñosa, K respondió enseguida, le encantaba la forma de besar de Kula, era tan sutil y femenina en lo movimientos que hacía buscando su lengua. ¡Por Dios! Quería tenerla junto a él siempre para besarla cuando y cuanto quisiera. La urgencia por tenerla comenzó a sentirse en su interior, Kula también sentía ese fuego que la consumía, por suerte llevaba ropa fácil de quitar, K deslizó su pantalón hacia el suelo, dejando el acceso libre a sus piernas y culo. Kula sintió como se erizaba su piel cuando su mano se deslizaba con premura, K emitió un rugido de placer debido al contacto con ella.
-- No te dejaría ir ni aunque me hubieses abofeteado gatita. – Le dijo mientras mordía suavemente sus labios.
– No quería irme así… estando enfadada contigo tigre, te amo tanto que solo hubiese sido peor el haberme ido a casa sin arreglar las cosas. – Dijo entre suspiros por las manos de K que recorrían todo el cuerpo de la rubia, era increíble la rapidez con la que enseguida se humedecía al tener a K tan cerca de ella. Lo mismo pasaba con la erección del peli blanco, al más mínimo roce de la rubia conseguía ponérsela dura como roca. Los besos fueron incrementando la frecuencia y la urgencia de sentirse el uno al otro, hicieron que Kula se quitara sus bragas dejando que cayeran al suelo, K tampoco demoró en bajar su pantalón y luego sus bóxers para penetrarla de forma rápida y profunda, cuando hubo llegado al límite de su miembro a las cavidades estrechas de la rubia, resopló para contener la sensación única de sentir al cien por ciento sus sentidos puestos en ella, solo ella. Inició los movimientos cada vez más rápidos, la puerta se movía al son de las embestidas para penetrar a la rubia, entonces la tomo por las piernas para obtener aun más profundidad, la delicia tenía un nuevo significante para ella, podría atribuir un sinfín de significados solo para describir lo que sentía cada vez que la penetraba.
-- ¡Aah! ¡Tus vecinos nos van a escuchar K si lo hacemos de esta manera! ¡Aaah! – Trató de hablar, pero el peli blanco incrementó los movimientos para que la rubia gimiera más fuerte mientras deslizaba su lengua por el cuello de ella.
– Créeme cuando te digo… que en lo último que pienso… al escucharte gemir de esa manera… es en algún estúpido que nos pueda oír preciosa. – Dijo agitado y ya soltando algunas gotas de sudor por su cara. Entonces estrechó a la rubia aún más fuerte contra la puerta y comenzó a gemir también, ya se encontraba cerca del orgasmo, Kula miraba extasiada sintiendo cada penetración de su amado mientras succionaba el cuello del peli blanco dejando suaves marcas de sus dientes.
-- ¡K! ¡AAAAH! ¡ME CORRO! – Gritó desaforadamente mientras K le tapaba la boca, ese grito sí lo escucharían sus vecinos.
K dejó salir también su líquido bombeando todo el interior de la rubia, las gotas caían también al suelo. Un nuevo beso vino enseguida, está vez cargado de amor y tranquilidad, K seguía penetrando suavemente a la rubia ya que quedaban algunos restos de semen por salir.
– Cualquiera diría que han pasado semanas en la que no he follado. – Dijo al separarse lentamente de la rubia a quien ayudaba a bajar las piernas al suelo.
– Sí que te corriste un montón tigre. – Afirmó mirando al piso.
– Puedo decir lo mismo de ti, siempre es un placer que me empapes con tus jugos deliciosos. – Dijo pasando la lengua por sus labios. Luego se dirigió al baño en compañía de le rubia a quien tomaba en sus brazos, puesto que el orgasmo la dejaba exhausta. Se asearon y luego K fue por un trapo para limpiar los fluidos que habían quedado en la puerta y en el suelo.
Kula lo abrazó por la espalda.
– Lo que le dijiste a Athena ¿Era verdad o solamente lo hacías para que dejara de preguntar? – Dijo finalmente.
K pensó unos instantes.
– Si te digo que ya lo había contemplado ¿Me creerías? – Dijo tomando sus manos.
Kula lo meditó un momento.
– La verdad es que pensé que con lo que había pasado con Seirah dudo un poco que así sea. – Dijo soltándose de las manos del moreno.
– Eso no tiene nada que ver con nosotros, además, qué clase de novio sería si lo hubiese olvidado. – Le dijo mientras agarraba el trapo para enjuagarlo.
-- ¿Y qué haremos? – Le preguntó intrigada.
– Será una sorpresa nena. Iremos a un lugar que nunca has visitado. Solo eso puedo decir.– Le dijo guiñando un ojo. Kula no se imaginaba a qué clase de lugar sería, tampoco es que en su vida lo haya visto todo, aún quedaban muchas cosas por conocer pensaba inocentemente. Eso la entusiasmó; también debía prepararle algo a K, pero tendría que recurrir a su amiga más experimentada en el tema, Athena.
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El día en el que debía acompañar a Candy a la ecografía llegó y se encontraban en una de las clínica privadas más exclusivas de South Town esperando al doctor que seguía su embarazo. Era un hombre de mediana edad, no por ello menos apuesto, amable que facilitó una silla para que Kula esperara mientras alistaba a Candy para la ecografía, de pronto, unos latidos se escucharon por toda la sala, era el corazón del bebé que parecía un pequeño caballito galopando por una verde pradera, la rubia se emocionó al oír aquellos pequeños latidos que serían del alguna manera su sobrino, o sobrina, era muy pronto para saberlo.
– Todo se encuentra bien, ese pequeño bulto de la derecha es tú bebé. – Le dijo a Candy, quien parecía no inmutarse, o disimulaba bastante bien las emociones del momento. Una pequeña sonrisa se escapó de sus labios. Kula observaba la imagen del pequeño aún en formación.
– ¿Y ya has pensado a qué centro de adopción irás? – Le preguntó el médico tratante.
– Sí, debo ir a llenar unos formularios para conocer a los posibles candidatos que serán los padres adoptivos. – Dijo con convicción.
– Muy bien, todo avanza de manera normal por lo que no habrán posibles complicaciones, comenzarás a sentirte más cansada y con mucho sueño, si es mucho, me mandas un correo y te hago un papel para que descanses una semana de la universidad, y si sientes náuseas deberás tomar estas pastillas, mi secretaria te hará la prescripción médica. Por favor esperen afuera, nos vemos el próximo mes. – Dijo el médico saliendo de la habitación.
– Debo admitir que estaba nerviosa por saber cómo iría el embarazo. – Comento la rubia de melena.
– Descuida, todo está bien. Es precioso. – Dijo Kula.
-- ¿Ese punto de ahí? Ni siquiera tiene ojos. En fin, quisiera ir pronto a ver a tu cuñada y a su esposo para hablar. Así pueden estar en estos momentos en la ecografía y no perderse nada de su crecimiento. De esa manera no tendrías que acompañarme. – Le dijo a su hermana que la ayudaba a incorporarse en la camilla.
-- Pará mí es una experiencia maravillosa ver a mi sobrino crecer. Así que vendré igual si Whip y Máxima acceden. ¿Te parece si vamos el próximo fin de semana? Quizá Seirah se encuentre mejor para conversar este tema. – Le propuso.
Candy asintió con una media sonrisa.
Regresaron a casa contentas luego de saber que todo se encontraba en perfecto estado. Kula llevaba los archivos en donde salían las diapositivas que mostraban al pequeño puntito adorable de su hermana para mostrarlos cuando fuese el momento de hablar con sus padres adoptivos.
Ahora debía contactar a Athena para que la ayudara durante el fin de semana a escoger algo para K.
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El fin de semana llegó para la esperada salida entre amigas que Athena y Kula habían planeado, no sin antes hablar con K para decirle que tardaría un poco en llegar al apartamento para ir a visitar a Seirah y a Máxima en South Beach el día domingo. Se reunieron en el centro comercial para tener diversas opciones en cuanto al regalo, todo el centro comercial estaba adornado con globos de corazones y rosas en los pilares, sin duda la fecha ya estaba cerca, Athena estaba fascinada de acompañar a Kula, ya que ella también haría algo con Kensou, saldrían a bailar y luego rentarían una cabaña en las afueras de la ciudad para pasar la noche juntos, Kensou se había conseguido el auto de su abuelo para ir con Athena, ya tenían todo planeado. Kula no sabía con exactitud a dónde la llevaría K, eso le dificultaba un poco las cosas, pero como siempre era tan retraído, hubiese sido caso perdido el preguntarle cual era la sorpresa que le tenía.
-- ¿Ya tienes pensado que regalo hacerle? – Preguntó Athena sacando de sus cavilaciones mentales a la rubia. Kula negó con la cabeza.
– No sé con exactitud a dónde me llevará, solo dijo que nunca había estado en un lugar así.– Dijo con algo de intriga en cuanto a lo que K tenía en mente. Athena rió por aquello.
– Probablemente te lleve a un motel, ese es un lugar en el nunca has estado ¿No? – Le dijo con picardía.
– Es cierto, pero ¿será tan directo como para hacer solamente eso? – Se preguntaba más a sí misma que a su amiga mientras saboreaba su helado.
– Tú conoces mejor a K que yo, es tu novio, así que sabes a que atenerte. Pero no creo que se trate solamente de eso, sería poco romántico de su parte. – Dijo.
Kula pensaba en la forma que K se desenvolvía en su relación, sí, el sexo era muy importante, pero también tenía detalles, como cuando cumplieron un mes y la llevó a la cabaña de South Beach, la cruz y aquel lugar en la playa en el que habían cenado. Es decir, K podía ser romántico cuando se lo proponía, eso le dio algo de tranquilidad.
– Bueno, tendré que confiar en mis instintos para darle algo que le guste. – Dijo con aire resignado mirando en las tiendas algo que pudiese ser especial para K como aquel llavero que le había regalado, o la chaqueta.
Sin darse cuenta, Kula había entrado junto con Athena a una tienda de lencería femenina, la chica de los cabellos morados se probaba por encima algunas prendas bastante seductoras a medida que avanzaban al interior de la tienda.
– Mira, a Kensou le encanta cuando soy yo quien lo domina mientras me visto con poca ropa. Nos encanta jugar a los roles, claro, ambos tenemos tendencias claras. Si es que me entiendes. – Le dijo con los ojos achinados.
Kula se imaginaba al pobre de Kensou recibiendo latigazos de Athena mientras estaba amordazado y haciendo quizá qué cosas para cumplir los caprichos de su amiga; aquella imagen la hizo sacudirse del escalofrío. Menos mal ninguno de los dos tenía ese tipo de tendencias, por lo menos tenían eso en común. Mirando entre las prendas había tanta variedad que la verdad no sabía por dónde empezar.
– Podrías regalarle un conjunto de lencería, en realidad sería un regalo para los dos. – Le dijo tomando un conjunto bastante erótico, con toques de tul y látex por algunos lados que tenia un cierre en la parte de abajo, justamente con una sola intención, con el que iba camino a probarse, no sin antes escoger otro bastante bonito para su amiga, tenía el balance perfecto entre el erotismo y la elegancia, pero sencilla y delicada personalidad que marcaba a la rubia. Era el conjunto ideal para Kula, hasta se podría decir que K se iba a divertir en grande jugando con ella.
– Éste te quedará perfecto, ve y pruébatelo. – Le ordenó.
Kula lo observó unos instantes, parecía dudar sobre la idea de la peli morado, luego respiró hondo y se dirigió a los probadores, Athena aplaudía por la decisión de su amiga.
-- ¿Y bien? – Preguntó en el probador del lado luego de unos minutos en los que tardo la rubia en desvestirse y colocarse la prenda que Athena había escogido.
-- ¿Puedes venir a ayudarme? Creo que esto no sé dónde va. – Dijo un poco complicada por la prenda que llevaba puesta.
– Será mejor que salgas, así puedo ayudarte mejor. – Le dijo para verla.
Cuando la rubia salió modelando la prenda que no dejaba mucho a la imaginación, un conjunto en color rojo con bastante transparencia cuyo brasier se sujetaba a modo de corsé, la parte de las bragas llevaba encima una diminuta falda con vuelitos que, más bien servía para adornar la prenda que para cubrir algo, pues los detalles delicados de amarre por los lados en color negro invitaban a rasgarlos con los dientes. Se veía como toda una mujer, el aire infantil que acostumbraba tener había desaparecido con el conjunto, Athena silbó por lo guapa de su amiga.
-- ¡Pero qué sexy Kula, K quedará con la saliva corriendo por su boca cuando te vea, hasta a mi se me hace agua la boca al verte así. – Bromeó.
– Vamos, no creo que sea para tanto, aparte ya lo he sorprendido cuando cumplimos un mes con un vestido ajustado y algo de lencería. – Recordó mientras miraba hacia el techo con su dedo índice en los labios.
– Pero era distinto, ahora te vez como la Kula adulta, no la chica con aires infantiles como está acostumbrado. ¡Vamos! Paguemos esto y vamos a comprar maquillaje y ropa para sorprender a nuestro novios. ¡Ah! ¡No podemos olvidar lo zapatos, debemos combinar todo! – Dijo Athena emocionada. Kula se devolvió al probador para cambiarse de ropa, ahora estaba más confiada y animada para sorprender al peli blanco en su primer día de los enamorados.
Más tarde, K pasó por Kula a su casa para ir en dirección a South Beach y visitar a su hermana y ver que estuviese bien. Kula le llevaba unos chocolates que había comprado en una carisma tienda del centro comercial. Esta vez, el viaje fue más expedito, pues no pararon en ningún lugar y el clima favorecía con un sol que se cernía sobre sus cabezas sin molestar por las temperaturas, ya que aún quedaba frío por sentir en aquel día. La playa estaba bella, el sol resplandecía en las tranquilas aguas que se reflejaban como un espejo recién limpiado. Kula lo abrazaba como de costumbre mientras su cabello se movía a contraviento, y K avanzaba a gran velocidad, ya que la visita no sería prolongada como el fin de semana pasado. Al llegar, Máxima los esperaba en la puerta, se le veía más tranquilo. – Hola chicos. Han llegado rápido, espero que K no haya conducido como un desesperado al llegar acá. – Les dijo mirando con cierto reproche a su amigo.
– Fue rápido, pero precavido, K siempre tiene cuidado cuando estamos juntos. – Habló en su defensa la rubia.
– Espero que solo también haga lo mismo, cuando era solo un chiquillo no había quien lo parara, era irresponsable al manejar. Ojalá que eso haya cambiado contigo pequeña. – Le dijo mientras Dash lo fulminaba con la mirada por hablar de más.
– En fin, pasen, los estábamos esperando. – Se hizo a un lado para que la pareja pudiese pasar.
Kula corrió a abrazar a Seirah, quien gustosa correspondió el abrazo.
– Toma, te traje esto. – Le entregó la cajita con los chocolates. Seirah sonrió y agradeció el detalle.
– ¿Y… cómo estás? – Preguntó el peli blanco luego de acercarse también para abrazar a su hermana.
– Algo mejor, pero pronto sanará el dolor. Tenía muchas esperanzas de ser madre, aunque no me cierro a la posibilidad de serlo en un futuro. – Expresó luego del abrazo de su hermano. K pareció no entender del todo. Máxima intervino.
– El doctor nos presentó la posibilidad de adoptar, pero debemos esperar a que se presente la oportunidad de alguna madre que esté dispuesta a hacer el sacrificio y tomar aquella decisión. – Dijo mientras rodeaba con sus fuertes brazos a la castaña. Kula abrió sus ojos de par en par con la idea de ambos, no pudo evitar sonreír, pues su hermana coincidentemente estaba dispuesta a lo que ellos buscaban, pero dudaba sobre comentar la idea tan pronto. Así que esperó por el momento adecuado, de alguna u otra manera K se iba a enterrar de todos modos.
-- ¿Y han visto algún centro de adopción? – Volvió a preguntar K.
– Tenemos planeado ir la otra semana a South Town, así que tendrás que alojarnos hermanito. – Le dijo Whip. K se encogió de hombros, no era problema.
– Si están pensando en aquello, entonces debo decirles algo. – Habló la rubia, las miradas se concentraron en ella, sobre todo la de K, algo sospechaba.
– Pues verán, mi hermana está esperando un bebé, pero ha decidido darlo en adopción, y ella quería hablar con ustedes para que se hicieran los trámites correspondientes en cuanto a la adopción. Pero si no están de acuerdo lo entenderemos. Sin embargo, no se cierren a la posibilidad por favor. – Confesó esperando la reacción de cada uno de los presentes. La castaña y el grandote se miraron, K se mantenía expectante a lo que dirían. Hubo un largo silencio.
-- ¿Estás segura de que tu hermana quiere hacer esto? Sería maravilloso, sin embargo si nos volvemos a ilusionar yo… -- Dijo Whip con un nido en la garganta.
– Totalmente segura, es más, quería venir a conversar con ustedes luego de San Valentín para conocerlos y saber si realmente ustedes querían hacerlo, ya tuvo su segunda ecografía y además propuso que la acompañaran en sus controles si estaban de acuerdo, pero antes deseaba conocerlos, ella supo lo que había pasado, y cree que ustedes serían excelentes padres para el bebé que viene en camino. – Dijo conmovida.
– ¿Qué dices osito? – Preguntó mientras lo miraba esperanzada.
– Que las esperamos hasta entonces, será maravillosos tener la oportunidad. Es casi una bendición que ella decida darnos a su bebé, se parecería a ti querida Kula, eres bella y me imagino que tu hermana lo es también. ¿El padre del bebé lo sabe? – Preguntó Seirah.
– No, no lo sabe, Candy decidió que era mejor así, aunque dudo que se oponga si llegase a saberlo. – Dijo Kula.
– Está decidido, las esperamos con ansias entonces. – Dijo llorando Whip, quien se hallaba bastante sensible con lo sucedido, las emociones que aparecían en ese momento provocaron que rompiera en llanto de la felicidad, Máxima la contuvo con un fuerte abrazo. K permanecía en silencio, aunque no era del todo su aprobación, puesto que conocía la historia de Candy y Shingo, a pesar de todo aquello, su hermana y su mejor amigo eran quienes finalmente tenían la última palabra. Luego de compartir unas horas más, decidieron que era tiempo de volver a South Town, Seirah y Máxima los despedían con la mano mientras la pareja se dirigía nuevamente a la ciudad. Desde ese momento, K no hizo comentario hasta llegar al apartamento.
– Hubiese agradecido que me lo hubieras contado antes de enterarme junto con el par melosos llorones. – Dijo al momento en que colgaba sus llaves como pocas veces en el llavero de la pared.
– Es que no sabía cómo ibas a reaccionar, eres mi novio y te amo, pero esto debía decírselo a ellos, saber que pensarían o como lo tomarían. – Confesó.
-- ¿Qué decías sobre la confianza esa vez que me regañaste cuando estabas acá? – Preguntó con sarcasmo mientras se dirigía a la cocina por algo de comer. Kula sonrió, aunque parecía enfadado, le había molestado el hecho de que Kula no hubiese confiado en él para decirle algo tan importante, se podría decir que hasta le había dolido en cierto punto la falta de confianza. Kula tomó su mano y lo jaló suavemente hasta que se volteara, K la miró serio. -- ¿Me perdonas? Es que a veces temo por tus reacciones y la verdad pensé que te opondrías a la idea. – Confesó.
K se acercó para besarla brevemente.
– Tienes razón, solo espero que ese niño no se parezca al chiquillo imbécil, incluso esperaría que saliera como tu hermana, o con tus ojos. – Le dijo.
Kula volvió a besarlo de la forma más dulce que lo había hecho durante ese día, jamás se arrepentiría de haberse ido con el peli blanco en la moto esa noche en la que se conocieron, aún cuando no congeniaban completamente, después de todo, los opuestos suelen atraerse.
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La semana pasó muy rápido, Kula se mantenía ocupada con trabajos individuales que les asignaban en clases, lo cual no facilitó sus tiempos libres para verse con K, y él lo mismo, luego de haberse ausentado por un día en su trabajo, tuvo doble carga laboral por lo que ambos terminaban exhaustos al final de los días, hablaban por mensajes y por teléfono hasta que uno de los dos caía rendido por el sueño. El día esperado de San Valentín llegó y Kula lo esperaba con ansias, K pasaría por ella luego de su trabajo, había escogido la casa de Athena para no tener que lidiar con algún sermón típico de su madre, y que decir de Candy, quien andaba insoportable por el efecto de las hormonas del embarazo, así que tomó su mochila junto a una cartera, y partió rumbo a la casa de su mejor amiga, quien también esperaba a su amante luego de que K pasara por la rubia. Así ambas tuvieron una sesión de belleza durante la tarde. Las clases habían terminado temprano por suerte para ambas, debido a la ausencia de dos profesores, en torno al cual, les dio el tiempo suficiente de ir a prepararse para la gran noche. Kula había decidido usar un abrigo burdeo muy ajustado en la cintura y con caída similar a un vestido hasta medio muslo cuyos detalles de piel en los bordes y en la capucha cubrían perfectamente su lencería, incluso para cuando K la llevara en la moto, había comprado unas botas negras de tacón alto y muy largas que alcanzaban gran parte de sus muslos cubriendo las porta ligas que llevaba puestas del mismo color que su lencería, detalles con los que Athena la convenció hasta por fin hacer la compra, el maquillaje esta vez era acorde a toda una femme fatale con sombras y delineados que acentuaban la mirada felina de la rubia, finalmente una cartera en la que llevaba dos listones como una idea que Athena le había sugerido. Así, finalmente su cabello lo recogió con una coleta alta mientras la su amiga le hacía rizos en las puntas. Kula estaba vestida para matar aquella noche y muy preparada para cualquier cosa que K tuviese preparada. Cuando K pasó por ella finalmente, la llamó al celular para que saliera, él también estaba vestido para la ocasión y se veía bastante atractivo, tanto así que hasta Athena quedó cautivada cuando observó por la ventana al chico de su amiga, quién de no haberse conocido bajo las conocidas circunstancias, hubiese intentado conquistarlo, pero como era el único y primer novio de su amiga, se respetaba como la regla de oro entre las amistades.
-- ¡Apresúrate! Sabes que K es de poca paciencia Kula, no hagas esperar a tu hombre, te ves fantástica y haz lo que te dije, será todo más excitante si logras hacerlo de la manera correcta. A partir de hoy, ya no serás la pequeña Kula, sino que te convertirás en la preciosa mujer siempre quiso salir. Así que ¡Adelante! – La animó ayudándole a tomar el resto de sus cosas para que se las llevara, pues pasarían al apartamento y luego irían a la sorpresa que K tenía preparada para ella.
– Gracias Athena, eres la mejor amiga que puedo tener, sin duda la mejor, tú también te ves bellísima, y no castigues tanto a Kensou, él se merece el cielo por haber esperado toda una vida por ti amiga. ¡Feliz San Valentín! – Le dijo mientras se colocaba el perfume favorito de K.
– Ya verás que el infierno es el lugar al que Kensou está dispuesto a ir con tal de estar conmigo amiga. ¡Feliz San Valentín! – Dijo con tono malicioso.
Ambas se despidieron y la rubia salió a paso lento pero seguro, con tal de no mostrar nada más de la cuenta o tropezarse con las botas de gran tacón que había comprado. K la esperaba con su habitual pose de chico malo poyado en la motocicleta, más con esos vaqueros negros a la cadera y la camisa verde oscura entallada a su marcado cuerpo, abrigado con la chaqueta que Diamond le había obsequiado la vez que habían ido a South Beach. Cuando vio que Kula salía de la casa de Athena, sus ojos casi rompieron los lentes que llevaba puestos, su abrigo le recordó al cuento infantil de caperucita y el lobo, obviamente sería la bestia quien acecharía a la presa que caminaba lentamente hacia él.
-- ¿Te gusta? – Le preguntó al quedarse parada frente a él dando una vuelta para lucir su atuendo.
– Más de lo que imaginas. – Le dijo tomándola por sorpresa, de modo que Kula dio un paso en falso y cayó sobre su pecho.
– ¡Demonios preciosa! Yo también te extrañé. – Le dijo tomando su mentón para besarla en los labios.
– Lo siento amor, es que me tomaste desprevenida y perdí el equilibrio. – Se excusó.
– Hoy eres mi presa favorita nena, no esperes que haga algo predecible. – Le dijo mientras acariciaba su mejilla.
--¿Vamos? – Le dijo tomando su mano para ayudarla a subir a la moto. Kula asintió mientras se sujetaba fuertemente del peli banco, no sin antes besar su mejilla como ritual antes de partir a algún lado.
Llegando al apartamento, K aparcaba su motocicleta en el estacionamiento asignado habitual. Kula entraba de la mano con el peli blanco y saludaba como era costumbre al conserje que velaba por las personas del edificio. Subiendo en el ascensor, K miró por el rabillo del ojo a la rubia.
– Estás linda. – Habló entrelazando aún más sus dedos con ella.
– Gracias, tú tampoco te quedas atrás tigre. – Le dijo meneando sus hombros de un lado a otro en gesto infantil mientras le dedicaba un guiño coqueto. El ascensor se detenía en el piso en donde vivía K, avanzaron hasta la puerta cuando K se detuvo para darle un tierno beso en los labios.
– Espera acá un momento. – Le dijo al separarse a escasos centímetros de ella. Kula en silenció asintió luego de abrir los ojos. Demoró un par de minutos solamente en los que Kula miraba su pequeño espejo de cartera para retocar su maquillaje y alisar a los pliegues de su abrigo. K abrió la puerta.
– Pasa. – Le dijo. Kula avanzó hacia el interior del apartamento cuyas luces estaban completamente apagadas salvo por todas las velas rojas y blancas que habían alrededor, de fondo sonaba It's no good de Depeche Mode otorgando toda la sensualidad al ambiente del lugar. En el centro del comedor en donde una bonita mesa con mantel rojo la esperaba, se encontraban dos platos adornados con pétalos de rosa junto a dos copas de vino.
– Toma asiento. – Sugirió a la rubia mientras levantaba la silla con toda caballerosidad. Kula estaba fascinada con todos los detalles en lo que había reparado K, sin embargo, aún quedaban sorpresas por descubrir.
– ¿Quieres que te ayude en algo? – Le preguntó al ver que se dirigía a la cocina y se colocaba los guantes para sacar algo del horno ¿Había cocinado él? Sea como sea, un olor exquisito salió de pronto
– Tú solo quédate ahí y relájate gatita. – Le dijo desde la cocina.
Al volver, puso un plato con dos bocadillos bastante bonitos y detallados con forma de corazón, estaban sabrosos, Kula no había comido nada desde el desayuno debido a los nervios que tenía por el momento tan esperado en el que se encontraba.
-- ¿Y bien? – Le preguntó antes de probar uno él también.
– Están riquísimos. ¿Los hiciste tú? – Preguntó no pudiendo evitar la curiosidad que la invadía.
– Todo lo que vas a probar hoy, lo he cocinado yo nena. Así que ya puedes deleitarte con mi talento recién descubierto. – Se jactó. No era K Dash sin ese atisbo de arrogancia obviamente. Una vez probados los bocadillos salados, el peli blanco se llevó la bandeja a la cocina nuevamente.
– Eso no es todo, vuelvo enseguida. – Dijo para seguir con el plato principal.
Cuando volvió, venía con dos trozos de salmón con aceite de oliva y especias acompañado de una ensalada con tomates cherry, lechuga morada y rúcula con camarones.
– ¡Guaaau! – Exclamó sorprendida con la cena que había preparado K, todo se veía apetitoso.
– No me habías dicho que cocinabas tan bien. Hubiese cedido mi turno por algo así. – Le dijo mientras observaba como K servía las copas de vino.
– No es algo que maneje a la perfección, tuve un poco de ayuda telefónica de Máxima con la receta. De lo contrario todo se hubiese estropeado si lo hubiese hecho solo. – Le confesó dejando entrever un leve rubor en sus mejillas, ¡Dios era tan guapo hasta cuando se ruborizaba! Nunca la vergüenza le había parecido tan adorable en alguien, incluso más que en ella.
– Yo opino que ha quedado perfecto, te puedes llevar casi todo el crédito por debutar en el arte de cocinar. – Le dijo con ternura.
– En eso tienes razón. Soy todo un prodigio en lo culinario. –Volvió a jactarse. Kula sonreía por el gesto arrogante, pero a la vez dulce del hombre que tenía frente a ella.
-- ¿Cómo es que suena Depeche Mode en estos momentos? No sabía que tenías gustos más románticos en lo musical. – Le dijo.
-- ¿Pensé que te iba a gustar. – Subió los hombros.
-- ¿Bromeas? ¡Me encantan! Hace un par de años fuimos a verlos con Candy y Athena, fue fenomenal. – Comentó con entusiasmo.
– Me alegro haber acertado en tus gustos musicales, en algo te asimilas a mi hermana, solo que ella es más indie rock. – Comentó recordándola.
– A mí también me gusta el Indie, pero tengo más inclinación por lo alternativo, aunque mi gusto suele ser catalogado como muy vasto por quienes me conocen de cerca. – Río un poco por aquello.
– Lo sé, recuerdo esta conversación cuando la tuvimos en la playa la vez que cumplimos un mes de novios. – Dijo mientras se limpiaba los labios con la servilleta.
Todos los detalles que K se había molestado en preparar para ella significaban un gran esfuerzo para él, el corazón de la rubia pareció derretirse al imaginar al peli blanco con delantal de cocina y tratando de hacer caso a Máxima a través del teléfono para que todo quedara perfecto mientras tardaba un mundo en cortar cada cosa, ya que, con suerte podía freír los huevos con tocino de su desayuno, definitivamente sí se había preparado con antelación, y lo más adorable es que sí decía la verdad cuando Athena le había preguntado, tenía todo planeado desde antes y ella, ni siquiera se hubo detenido a pensar en prepararle algo tan tierno como él lo había hecho por ella.
– Recuerdo aquello, fue muy especial, donde por primera vez hicimos el amor, y en la playa. – Rió con un poco de melancolía. Estaba tan emocionada y nerviosa que si K se hubiese arrodillado con la famosa propuesta no hubiese titubeado un segundo en aceptar, pero dudaba que él fuese a hacer algo tan apresurado. No podía ser la siguiente sorpresa ¿O sí?
– Bien preciosa, nos espera la otra sorpresa. ¿Estás lista? – Le dijo como si supiera lo que la rubia pensaba.
– Sí, solo voy al baño un segundo y estaré lista. – Le dijo mientras se dirigía al tocador. Cuando la rubia volvió, K ya había limpiado todo, como nunca estaba todo impoluto en el apartamento.
-- ¿Cuál es esa sorpresa de la que me hablas? – Quiso saber luego de volver.
– Solo te diré que se encuentra en los límites de South Town. ¿Adivinas? –Dijo con sagacidad.
– Mmm, la verdad es que hay muchos sitios fuera de esta gran ciudad, pero entre todos ellos pienso en la posibilidad de unos cuantos, así que dejaré que me sorprendas. – Dijo con tono juguetón mientras se acercaba para abrazar al peli blanco.
– De una cosa estoy completamente segura. – Le dijo después al ver que K la observaba atentamente.
-- ¿De qué? – Preguntó con una sonrisa arrolladoramente seductora.
– De qué estoy completamente enamorada de ti. – Confesó mientras se levantaba de puntillas para besarlo apasionadamente.
– Sí es así entonces yo llevo un buen rato rendido ante tus encantos gatita. – Sonrió y volvió a besarla.
Partieron rumbo en la motocicleta hacia las afueras de la ciudad en donde se podía apreciar desde lejos cómo las luces de la ciudad se alejaban de su campo de visión para adentrarse en la zona rural camino a South Town Airport en donde los aviones llegaban y partían rumbo a sus destinos. Luego llegaron a un recinto llamado East Island of Fantasy Motel, era lo que Athena había predicho, sin embargo, lo particular de aquel lugar es que se rumoreaba entre las parejas como uno de los más caros y lujosos en los que cualquier chica deseaba ser invitada por su novio. Entraron a la recepción luego de estacionar la moto en un lugar reservado, una chica se encontraba en el mesón.
– Tengo una reserva a nombre de K Dash. – Dijo el peli blanco sin soltar la mano de Kula, quien se encontraba un poco avergonzada por ser la primera vez que entraba a un lugar así, lo imaginaba de otra manera, más reservado, como solía escuchar de otras personas.
– Bien señor Dash, la suite para dos con jacuzzi incluido los espera en la habitación número dieciséis, por favor síganme. – Dijo la chica que se levantaba de su puesto para guiarlos hasta el lugar. Cuando llegaron finalmente después de atravesar unos jardines decorados con muchas rosas y globos con temáticas alusivas a la fecha, hizo entrega de la llaves al moreno.
– Que disfruten sus estadía. – Dijo la chica con una sonrisa amable.
– Gracias. – Dijo la rubia con algo de vergüenza.
-- ¡Ah! Disculpen, su pedido se enviará dentro de diez minutos señor Dash. – Dijo antes de retirarse. El peli blanco asintió en conocimiento de lo que él había encargado. Al entrar a la habitación Kula quedó maravillada por la decoración en todo el lugar, una cama de cuatro postes completamente blanca y cubierta de pétalos de rosas, luces tenues de la habitación eran azules y celestes, detalle que daba la impresión de un lugar helado y cálido a la vez, un espejo en el techo de la cama y también en la pared de enfrente, en un pilar de mármol había champagne rose en una cubeta con hielo junto a dos copas.
-- ¿Te gusta? – Preguntó al ver a la rubia que observaba deslumbrada a su alrededor.
– S-sí, está todo muy lindo, pero ¿Cuánto gastaste en todo esto? Todo se ve lujoso y caro.– Le dijo temiendo que pudiese gastar más de lo que tenía cuidando sus palabras para no ofenderlo y arruinar la noche.
– Eso es lo de menos, pero al hacer la reservación te dan un veinte por ciento de descuento, pero aunque no hubiese sido el caso, lo vale para celebrar tu primera vez en un motel gatita. – Le dijo mientras revisaba el jacuzzi para encenderlo. Kula pareció molestarse por lo último que dijo el peli blanco, aunque no podía ser tan ingenua al pensar que K, tras su pasado no había frecuentado moteles, aunque dudaba que fuesen con la elegancia de éste, por tanto, dejó pasar el comentario.
– No debiste, pero gracias por traerme a este lugar tan bonito. – Agradeció tratando de olvidar lo anterior.
K se quitaba la chaqueta que llevaba puesta.
– Ven, he tenido ganas de ti todo el día, aquí puedes sentirte libre de hacer y gemir al volumen que quieras, nadie nos va a interrumpir. – Dijo mientras se sentaba en la cama y hacía una gesto para invitarla a sentarse junto a él. Kula se acercó.
– Y dime, ¿Qué llevas debajo de ese lindo abrigo preciosa? He querido saber desde que te recogí en casa de tu amiga. – Expresó subiendo la mano por sus piernas hasta la parte superior de sus muslos, se dio cuenta que la rubia llevaba porta ligas.
-- ¡Uff! ¿Solo esto? –Dijo mientras jalaba de los tirantes suavemente, Kula dio un pequeño gritito por el golpe.
– También tengo una sorpresa para ti tigre. – Dijo mientras lo abrazaba de los hombros para acercarse aún más. El teléfono que se hallaba en otro pilar de mármol comenzó a sonar. K de mala gana se separó de Kula para contestar.
– Ok, déjenlo afuera de la puerta. Yo lo entraré. – Terminó de hablar y colgó, luego se dirigió a la puerta para entrar una bandeja repleta de postres de chocolate, bombones, brochetas de fruta y una fuente de cristal con gomitas azucaradas. Kula casi sintió un orgasmo en su estómago con todas las cosas dulces que tenía en frente, pero, luego tuvo una idea junto a las cintas de seda que Athena había insistido tanto en que llevara en su cartera.
– No quise preparar un postre sino hasta llevarte acá para que pudieses atosigarte con las cosas dulces que te gustan. – Le dijo mientras observaba la cara de deseo de la rubia hacia la bandeja.
– ¡Pero qué delicia hay en todo esto! ¡Espera! ¡No! ¡Tengo una idea mejor! ¡Juguemos a algo tigre! – Habló la rubia deseando sacar algún bocadillo de ahí, pero con toda su fuerza de voluntad se contuvo, haría lo que tenía en mente en aquel momento. Sería divertido para ambos. K se mantuvo expectante a lo que la rubia iba a proponerle. Kula sacó los listones de la cartera.
-- ¡Espera! ¿Qué haces gatita? – Dijo inquieto el peli blanco al ver que ella vendaba sus ojos con uno de los listones que tenía en la mano, y con el otro elaboraba un amarre perfecto para maniatar al peli blanco. La sensación le era muy familiar.
– Shht, tranquilo cariño, confía en mi, esta vez no habrá tortura, solo mimos y comida. – Le dijo tras darle un corto beso en sus labios. Luego acercó la bandeja hasta la cama y se sentó frente a él.
– El juego consiste en que deberás adivinar qué alimento es que el tengo en mi boca mientras me acerco a ti, si adivinas, me sacaré una prenda de lo que llevo puesto, pero si te equivocas, te sacaré una prenda y tendrás que comer lo que tengo en la boca. Todo esto con las manos atadas ¿Sí? – dijo ya preparada para el juego. K aceptó moviendo su cabeza ligeramente.
Kula entonces sacó un pedazo de kiwi de las brochetas, se lo puso en la boca y comenzó lentamente a acercarse a K para que pudiese sentir el aroma cítrico de lo que tenía. Primero acercó la fruta a los labios de K rozándolo sutilmente, haciendo que el también relamiera los suyos, luego se acercó a su nariz para que sintiera su fragante aroma; después tocó el lóbulo de su oreja, provocando que K se estremeciera por la sensación fría de la fruta.
– Es… una… ¿Guayaba? – Preguntó dubitativo.
– Lo siento cariño, debo sacar tu camisa, ahora come. – Le dijo mientras se colocaba nuevamente la fruta en sus labios para dársela en la boca de K.
-- ¿Un kiwi? – Dijo ya asimilando el sabor de la fruta.
– Así es, quedan tres intentos. – Dijo, entonces sacó un bombón de la bandeja
Comenzó a recorrer esta vez el cuerpo de K desde su abdomen hacia arriba, al ver que había un equipo para conectar su Ipad, decidió detener unos segundos el juego para colocar algo similar a lo que K tenía en el apartamento, así que colocó Surrender de Depeche Mode para seguir bajo la sintonía de la atmósfera de hace un rato.
– Así está mejor. – Dijo con voz sensual la rubia.
El bombón comenzaba a derretirse entre el calor de su boca y la temperatura corporal del moreno, el cual comenzó a lamer con extremo placer. Luego lo llevó nuevamente hasta sus labios, en donde se le hizo más fácil esta vez adivinar lo que era.
– Es… chocolate… un bombón. – Dijo acertando.
– Así es tigre. – Le dijo antes de llevarse el chocolate a la boca mientras se quitaba el abrigo dejando su cuerpo con la lencería solamente.
– Vamos por el tercer bocadillo. – Dijo al momento de seleccionar lo siguiente que pondría en sus labios, entonces untó un poco de manjar que pertenecía a un pastel que había en la bandeja. Puso un poco del dulce de leche en sus pectorales y comenzó a lamer también sus restos, luego en su rostro.
– Eso es pegajoso gatita… ¿Es leche condensada? – Dijo.
– No galán, es majar. – Dijo comenzando a bajar sus pantalones luego de sacar sus botas para facilitar el quitarle la prenda.
– Un intento más y el juego termina amor. Será tu turno. – Anunció mientras se colocaba una gomita azucarada en la boca luego de darle con los dedos el manjar, que K comenzó a lamer sus dedos hasta no quedar nada del dulce. Kula gimió por la forma en que lo hacía. –Qué delicia oírte nena. – Dijo cautivado y sonriendo encantadoramente.
Esta vez el juego fue menos prolongado, puesto que Kula puso la sustancia directamente en la boca de K al iniciar un beso profundo y ardiente mientras se sentaba sobre él para rozar su erección con la delgada tela que cubría su intimidad húmeda por la excitación.
– Eso es una de las gomitas azucaradas. – Dijo adivinando al instante.
– Así es, me quitaré yo ahora otra prenda; sus botas que con cuidado bajaba cada cierre y las dejaba en orden a un lado de la cama. Quitó la venda de los ojos de K y dejó que la viera con lo único que llevaba puesto, su conjunto erótico. K la devoró con la mirada, quería tocarla pero aún permanecía maniatado, entonces la rubia se sentó nuevamente sobre él para besarlo.
-- ¿Te gusta lo que ves? – Preguntó mientras besaba su cuello.
– Si me desatas puedo demostrarte cuánto me gusta lo que veo. – Le dijo.
Entonces Kula no dudó en hacer lo que le pedía, cuando K por fin tuvo libres sus manos la tomó y rápidamente la colocó sobre la cama quedando acostada.
– Creo que ahora es mi turno de jugar preciosa. Solo que esta vez no vas a adivinar nada, te entregarás a tus sentidos completamente mientras yo juego hasta que pierdas lo estribos.– Susurró en su oído mientras era él quien vendaba a la rubia en los ojos. En la cama habían cuatro cuerdas escondidas en la parte de atrás de cada uno de los postes que Kula ni si quiera se dio por aludida, así que sacó las cuerdas y comenzó con sus manos, luego sus piernas hasta dejarla con las extremidades extendidas a cada extremo de la cama. Fue a buscar hielo de la cubeta en donde se hallaba la champagne rose que aprovechó de abrir, dejó que algunas gotas cayeran entre los pechos de la rubia que se traslucían con el encaje rojo. Kula gimió por la sensación levantando su cuerpo. K comenzó a desplazar el cubo por su abdomen liso hasta la parte baja de su vientre.
– No sabes cuanto me excitas gatita, eres deliciosa y especial. – Dijo muy cerca de su piel soplando suavemente el recorrido que había hecho con el hielo mientras bebía directamente de la botella. Siguió hasta la parte de su pantaleta. En donde besó con suavidad su monte de Venus.
-- ¡Aah! Se siente bien– Soltó un gemido la chica ahora maniatada entre suspiros.
Entonces K se detuvo y dejó el hielo en la cubeta para sacar una pluma de pavo real que había pedido además de la bandeja con los postres, era tan delicada que parecían haberla pintado en la bandeja, motivo por el cual Kula no la consideró. Fue ahí cuando se recostó al lado de la rubia para acariciar su cuerpo con ella, Kula, al tener sus ojos vendados, sus sentidos permanecían agudos, la pluma se deslizó suavemente por su rostro y clavícula, luego por sus piernas y finalmente a sus labios, que besó arduamente introduciendo su lengua en la boca de Kula.
– Creo que necesito quitar tus bragas para lo que viene, no quisiera estropear esta ropa tan bonita. – Anunció para proceder a tirar de las bragas sin problema bajo la faldita que llevaba, ese detalle hizo que su erección palpitara deseando acercarse, pero también quería jugar, Kula mordía sus labios en respuesta a las tenues caricias que K le daba a medida que iba bajando la prenda entre sus piernas. Volvió hasta ya su desnuda vagina y deslizó su lengua masajeando su clítoris.
– Estás muy húmeda ¿Sabías? – Dijo resoplando por encima de su vagina. Kula exhaló fuerte, estaba demasiado excitada y solo pensaba en una cosa que deseaba que K hiciera con ella. Así mismo comenzó a practicarle sexo oral de manera prolongada, introduciendo su lengua al interior de ella, en donde Kula ya muy extasiada no aguantaba el placer que K le propinaba, comenzó a sentir que el clímax estaba cerca, por lo que los gemidos y suspiros agitados no se hicieron esperar.
– Eso es, grita todo lo que quieras, eres libre de hacerlo Kula. Sabes que me excita que lo hagas. – Dijo al momento que aceleraba los movimientos con su lengua en el clítoris de la rubia hasta que por fin dejó salir el orgasmo que tanto anhelaba provocarle. Kula encogía sus dedos de los pies por la sensación de explosión en su interior mientras trataba de retorcerse a pesar de los amarres en sus muñecas y tobillos. K sonrió satisfactoriamente, entonces se levantó de su posición para buscar la champagne y sirvió una copa que bebió completamente, luego sirvió otro poco mientras observaba a la rubia descansar de su orgasmo, cosa que duraría poco, dejó la copa para retirar la última prenda que le quedaba, su brasier, también lo hizo con sus boxers, su miembro se asomó inmediatamente debido a la excitación de tener a la rubia en aquella situación. Bebió otro sorbo y se aproximó a la boca de la rubia para verter un poco del líquido, Kula tragó sin dificultad de la boca de K. Luego volvió con la copa para verter en el ombligo de la rubia, quien lanzó un grito ahogado por lo frío de la champagne; él comenzó a beber el recorrido del trago que había derramado en ella con suaves succiones entre besos que le propinaba. Luego vertió otro poco en el comienzo de su vagina aún caliente por el reciente orgasmo, lo hizo con rapidez para no dejar alguna gota a escapar de su boca, Kula movía la cabeza de un lado a otro por el éxtasis al sentir cada lamida ya no pudiendo contenerse levantaba una y otra vez sus caderas debido a los espasmos del reciente orgasmo, además del insoportable placer que K le brindaba con esa lengua infernal, al detenerse para limpiarse la boca con restos del líquido, ya no pudiendo contenerse más, se aproximó a los postes para desatarla. – Solo déjate la venda de los ojos Kula. – Susurró al ver que la rubia podía moverse nuevamente, K puso sus piernas en sus hombros para no perder un segundo más y penetrarla una y otra vez y sin pausas, Kula gemía de forma deliciosamente con cada embestida que el peli blanco le propinaba hasta eyacular dentro de la rubia para descanso de su miembro rebosante del líquido que expulsaba dentro y fuera de ella al mismo tiempo que también alcanzaba el clímax. Al caer rendido sobre la rubia por el orgasmo de hace unos instantes, notó que el jacuzzi estaba listo. Entonces se levantó para ir a verlo. Desató la cinta que cubría los ojos de la rubia finalmente y se dirigió al baño para limpiar los residuos de semen en su entrepierna.
– El jacuzzi está listo nena, ¿Quieres entrar? – La invitó. Kula se levantó con pereza luego de los dos orgasmos que la habían dejado casi fuera de batalla. K se metió primero dejando la cubeta con champagne y las copascerca del jacuzzi, las burbujas se sentían deliciosas como hidromasaje en su cuerpo. Kula se introdujo minutos después de ir al baño también y quitarse completamente su conjunto, era un relajo el agua y las burbujas, por lo que suspiró luego de la acción de hace unos instantes. Los vidrios y espejos de la habitación de encontraban completamente empañados por el calor.
– Ven. – Le dijo tomando su mano para acercarla a él y sentarla sobre sus piernas.
– Feliz San Valentín preciosa. – Le dijo mientras le acercaba una copa con champagne para brindar.
– Es el mejor San Valentín de mi vida, gracias por esta experiencia. – Dijo acercando su copa a la del peli blanco para brindar, sellándolo con un beso.
– Créeme que no miento cada vez que digo que te amo preciosa. Sé que lo digo pocas veces pero, es cierto. Por eso es que hago todas estas cosas contigo, quiero disfrutar al máximo todos los momentos que la vida me entregue junto a ti. – Le dijo bebiendo un gran sorbo del líquido en la copa.
– Yo te amo tanto que no creo que puedas llegar a imaginar todo lo que siento por ti, eres mi primer amor y el primero prácticamente en todo K, eres demasiado especial para mi y por eso es que siempre estoy pendiente de ti y trato de ser la mejor novia. Quizá suelo ser un poco sofocante con el tema de la confianza, que quiero que sepas que puedes encontrar además una novia, una amiga en la que puedas confiar y una compañera de vida para las experiencias que vayamos a vivir en un futuro. Quiero permanecer a tu lado por siempre. – Dijo luego de beber un sorbo de su copa para después abrazarlo mientras sus pechos desnudos rozaba el cuerpo de K.
– Preciosa, siento ser prosaico pero no sabes cómo me pone que hagas eso. – Le dijo luego de lamer su cuello.
– Creo que lo sé, es por eso que lo hago. – Dijo mientras acariciaba sus cabellos. Entonces K no dudó en posicionar a la rubia sobre su miembro para hacer el amor de nuevo. Esta vez las burbujas proporcionaban mas placer al recorrer los cuerpos desnudos de ambos. Kula subía y bajaba lentamente sobre el pene erecto de K, quien cerraba sus ojos y dejaba su cabeza caer hacia atrás apoyado en los bordes del jacuzzi, sus manos no tardaron en dirigirse al culo de la rubia, siempre tan firme y redondo, era una de sus partes favoritas del cuerpo de la rubia, Kula gemía nuevamente tratando de silenciarse con los besos de K, aunque poco le servía cuando el peli blanco mordía sus labios suavemente para luego dirigirse a su cuello. Al subir y bajar junto a las burbujas que hacían un excelente trabajo de masajear el cuerpo de la rubia y los testículos del moreno provocando caricias adicionales que lograban que todo fuera más placentero y también más rápido al momento de llegar al orgasmo.
Kula introducía su lengua en la boca de K buscando también encontrarse con la de él para moverse al mismo ritmo mientras se apoyaba en sus hombros para moverse mejor.
-- ¡Tu pene es tan grande y duro K! – Dijo entre gemidos, mientras el peli blanco lamía sus pechos rojizos por la temperatura del agua y los apretones que le daba.
-- ¡Y tu vagina siempre es tan estrecha, me hace querer eyacular ahora mismo gatita! – Gimió entre sus tetas que se movían al saltar gustosa sobre su miembro erecto.
– Si me lo tiras tan adentro yo… no sé si las pastillas anticonceptivas vayan a servir, es mucho lo que dejas dentro de mí… y yo… no podré… soportarlo… es demasiado excitante tigre. – Gimió moviéndose con mayor velocidad tal y como su cuerpo y las manos de K en sus caderas se lo ordenaban. Su cabello se encontraba empapado deshaciendo las ondas que le habían hecho en su preparación al momento de subir y bajar con más rapidez sobre el miembro de K provocando que chorros de agua se desbordaran al piso.
– Ten por seguro que… si quedas embarazada de mi… no me importaría… ya te lo dije antes… me pondría feliz si esperaras un hijo mío Kula… no te… preocupes por eso nena... solo disfruta el momento. – Le confesó mientras la embestía desde su posición.
– ¡Ya… me voy a correr tigre…! Yo… de verdad te amo… nunca lo dudes… eres el primero y el último en mi vida… lo prometo… -- Dijo al dejar que el orgasmo tomará posesión de todo su cuerpo para explotar nuevamente sobre el miembro de K.
– Kula tú… eres fantástica preciosa. – Dijo mientras su miembro bombeaba todo el semen dentro de la rubia sin dejar que nada se escapara esta vez, debido a que se encontraba tan adentro en las cavidades vaginales estrechas de la rubia que por primera vez todo quedó en ella. Kula nuevamente sintió que su cuerpo temblaba por el exceso de sensaciones que le propinaba cada orgasmo que K le ayudaba a conseguir, cayendo sobre su cuerpo al mismo tiempo que K la contenía en sus brazos.
Se quedaron unos minutos disfrutando del hidromasaje del jacuzzi. K lo apagó para salir de ahí con ella.
– Vamos princesa, salgamos de acá, de lo contrario nos quedaremos dormidos dentro. – Dijo con algo de pereza. La rubia no quiso responder, puesto que se acurrucó más a él.
– Tengo sueño. – Le dijo lanzando un bostezo.
– Espera, voy por las batas para salir de acá. – Le dijo tratando de soltarse del abrazo de la rubia para salir del jacuzzi y secarse. A Kula se le cerraban los ojos, K se colocó primero la bata, dejando su torso medio descubierto y le entregó la suya a la rubia, quien se levantó mostrando su delgado y bien torneado cuerpo. Entonces la envolvió en ella y la tomó de la manos para llevarla a la cama.
– Necesito cerrar los ojos un momento amor. Te prometo que solo serán un par de minutos. – Expresó con otro bostezo, sin duda el jacuzzi y toda la acción previa la había dejado exhausta.
– No te preocupes, yo también necesito descansar gatita, debemos reponer fuerzas para aprovechar el tiempo que nos queda acá. – Le dijo mientras se quitaba la bata para recostarse desnudo al lado de la rubia que yacía tendida en la cama con los ojos cerrados. Puso la alarma en su celular para que sonara dentro de una hora y luego seguir, debían aprovechar al máximo su estadía en el motel.
– Te amo. Descansa amor. – Dijo K besado La frente de su amada Kula.
Así ambos experimentaron durante toda la noche el placer carnal de hacer el amor una y otra vez luego de dormir una breve, pero reponedora siesta, sin descanso más que para beber algo de champagne y degustar los bocadillos que K había pedido para ella en la elegante bandeja, probó unos cuantos bombones de la boca de la rubia de forma juguetona, por primera vez los dulces no le provocaban rechazo, al experimentar el placer afrodisíaco de un buen chocolate le permitió seguir con todas las energías hasta la madrugada, excitados y enamorados viéndose a sí mismos a través de los espejos en distintas posiciones en el que ya casi sin fuerzas por hacerlo una y otra vez, ambos cayeron rendidos y abrazados el uno al otro más que satisfechos.
¡Hola! Espero hayan disfrutado este especial de San Valentín y les deseo un juguetón y satisfactorio día de los enamorados, que lo pasen excelente con sus parejas y/o amistades.
P. D: el próximo capítulo se subirá entre martes o miércoles, según alcance de escribir y editar para que quede bonito. Muchas gracias por leerme y seguir la historia. Nos leemos a la próxima, un abrazo.
