Capítulo XXIII

Love me Forever

-- Si te dijera que quiero casarme contigo mañana ¿Qué dirías? – Preguntó mientras le acariciaba sus largos cabellos que cubrían parte de sus pechos desnudos.

– Mmm de ser así estaría saltando en la cama de felicidad, luego gritaría hasta cansarme de decir que sí para finalmente caer rendida sobre tu pecho y besarte hasta que sentir mis labios adormecer. Luego haríamos el amor muchas veces hasta quedarnos dormidos al amanecer. – Dijo mientras acurrucaba su cuerpo y lo abrazaba.

-- ¿Por qué me preguntas eso tigre? – Quiso saber la rubia levantando su cabeza para observarlo mejor. K le devolvió la mirada y la besó, luego suspiró observando el techo mientras apoyaba su cabeza en uno de sus brazos.

-- ¿No te importaría lo que fuera a decir tu madre o tus amigos al tratar de convencerte que es muy pronto? – Preguntó de nuevo.

La rubia lo meditó unos segundos.

– No, es mi vida y solo tengo ésta para vivirla junto a ti, no puedo desaprovechar la proposición del hombre que amo por lo que vayan a opinar los demás, he aprendido eso de ti cariño, y si es necesario mandar a todo el mundo al carajo créeme que lo haría. – Contestó con una sonrisa.

K se levantó de la cama para ir a buscar algo a la cómoda de su habitación, al devolverse se arrodilló frente la rubia cuya cara se había tornado pálida y boquiabierta por ver a su novio en aquella tan famosa posición.

– Sé que no es el momento mas romántico para proponértelo, pero quiero pasar mi vida contigo sin importar lo que el mundo nos diga Kula, estoy decidido a tomar todos los riesgos y proyectos junto a ti, así que ¿Te quieres casar conmigo Kula Diamond? – Le preguntó completamente desnudo frente a ella. Kula se tapó la boca y comenzó a llorar de felicidad abalanzándose sobre él.

-- ¡¡¡SÍÍÍÍ!!! ¡¡¡ACEPTO!!! – Gritó mientras no paraba de besarlo y colgarse de su cuello.

-- ¡¡¡TE AAMOOO K DASH!!! – Volvía a gritar estando sentada sobre él en el suelo.

K sonreía también al ver a la rubia emocionada por su propuesta, había tomado el riesgo de su vida, pero lo había hecho pro amor, por ella y porque se sentía completamente seguro de querer pasar su vida junto a la rubia.

– Kula ¿Preciosa? ¿Me permites colocar el anillo de compromiso en tu dedo? – Dijo el peli blanco mientras trataba de tranquilizar a la rubia que movía sus manos al aire y luego se subía a dar brincos en la cama.

La rubia se calmó finalmente para estirar la mano y que K pudiese colocar la prueba de su amor. Era un anillo de oro blanco de dieciocho kilates con doce diamantes y un circonio suizo central en el medio. Al colocarlo en la delicada y pálida mano de Kula hizo resplandecer su piel provocando que ella volviera a llorar al verlo puesto en su dedo.

– Lo siento yo… estoy muy emocionada K… yo… te amo tanto y no… -- Sollozaba como una niña pequeña sin poder terminar lo que quería decir. K sintió ternura en extremo al ver a la rubia tan emocionada, limpió sus lágrimas y le besó las mejillas.

– No llores princesa, se te van a hinchar esos ojitos tan lindos que me gustan y comenzaré a creer que sientes tristeza en lugar de felicidad. Ahora debemos pensar en la mejor fecha para casarnos. – Le dijo mientras abrazaba su delicado cuerpo desnudo envuelto solo con las sábanas. La rubia asintió y lo besó con urgencia de sentir otra vez cerca a K.

– Te dije que te besaría hasta que mi labios se cansaran, además claro de hacer el amor hasta que mi cuerpo diga que pare. – Le dijo entre sollozos. K se sentó frente a ella en la cama y a horcajadas se acercó a ella para iniciar esta vez el beso, recorriendo con sus dedos delicadamente el cuerpo de su futura esposa quien se estremecía cada vez que él la tocaba. – Te amo nena. Ahora serás mía para siempre. – Susurró cerca de sus labios. Kula sintió su cuerpo derretirse en los brazos del peli blanco al escuchar esas palabras, envolvió sus largas y tonificadas piernas alrededor del torso de K para no perder un momento más cerca de él, jamás se arrepentiría de su decisión, ahora era la mujer más feliz de la tierra.

Kula sonreía recordando aquel inolvidable momento que había acontecido hace unos días previamente a la fiesta de bienvenida del hijo de Whip y Máxima mientras se hallaba en su habitación escuchando Magic de Coldplay, giraba de un lado de la cama hacia otro abrazando los cojines peludos que tenía, miraba al techo para luego observar detenidamente el anillo que escondía en la cajita de su mesita de noche, solo lo ocupaba cuando salía con K, suspiraba como una adolescente enamorada, aunque era un secreto de los dos, habían preferido no decirle a nadie para evitar algún comentario de cualquier índole que pudiese truncar sus planes. Habían decidido seguir con su vida de pareja de la forma más normal posible hasta el momento esperado por ambos, Kula deseaba gritar su felicidad a los cuatro vientos, pero debía ser cauta si no quería a su madre encima de ella todo el tiempo tratando de impedirlo a toda costa, Candy tampoco podía saber debido a que sería muy egoísta de su parte el pensar que se pondría feliz por ella sabiendo la situación por la que pasaba, a pesar de no poder ponerse en su lugar, sabía que debía ser muy difícil tener ya ocho meses de embarazo y luego dar ese bebé para entregarlo a otras personas tratando de seguir con su vida como si no hubiese pasado nada importante. Simplemente prefería esperar para dar a conocer la noticia cuando todo aquello del tema de la adopción hubiese pasado. K también había decidido no contarle a Seirah y Máxima por la misma razón, estaban demasiado ocupados con los trámites de Riagan como para enfocarse en otras cosas, además, sería robarle el protagonismo al bebé. Luego de la proposición habían decidido casarse en primavera, después del nacimiento, se irían a una capilla no muy lejos entre South Town y East Side, en el otro extremo de la ciudad, su boda no iba a ser de grandes lujos, solo querían reafirmar su amor por medio de los sacramentos, nada más les importaba.

Después de la proposición, K le preguntó cómo sería su boda soñada, sin embargo, la rubia respondió que nunca había reparado alguna vez en esa idea, que mientras fuera con él todo iba a ser inolvidable para ella, aunque le hubiese gustado por lo menos contarle a Athena para ayudarle a escoger el vestido. El peli blanco pensó que sería buena idea, por lo que recordó que se necesitaban al menos un padrino y una madrina en la boda como testigos para portar las alianzas durante el Juramento de amor, también hubiese deseado que su mejor amigo estuviese a su lado para acompañarlo como él lo estuvo, no se podía tener todo en la vida, pensó. Pero el saber que tendría a la rubia para toda la vida lo hizo sentirse mejor, después de todo, lo importante era consolidar la unión de ambos, además claro de buscar a los padrinos de su boda secreta.

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El frío cada vez iba decantando con el paso de los días, Kula se encontraba ensayando para presentar un proyecto en un simposio en la que acudirán otras universidades, había sido escogida entre las mejores de aquel año en su carrera para encabezar aquel simposio, otorgando la ventaja de optar a un menor porcentaje en la evaluación final en los exámenes por representar a la universidad, así que debía darlo todo para aprobar, aunque siempre obtenía buenas calificaciones, el nerviosismo la dominaba esta vez por la cantidad de gente que asistiría, ya que tendría que hacerlo sola, prácticamente se estaba jugando el título y su calidad de profesional con aquel proyecto que Candy le había ayudado a armar. La fecha de parto de Candy se acercaba y también su matrimonio en secreto, dos aspectos que la mantenían ocupada además de la universidad, sin contar que luego de ir a clases se pasaba todos los días a la pista de patinaje; Candy le había ayudado con los últimos detalles la noche anterior y la había escuchado exponer para corregir algunos errores de nomenclatura en cuanto a su lenguaje, la rubia de melena también era una excelente estudiante, pero aquel año habían sucedido tantas cosas además de su avanzado embarazo, sus calificaciones habían descendido considerablemente.

– Bien, estás perfecta para mañana. ¿Ya tienes preparado tu atuendo? – Le preguntó mientras la observaba dar vueltas por la habitación jugando con el anillo en su mano.

-- ¡Espera! ¡¿Eso es lo que creo que es Kula?! – Le preguntó señalando lo que tenía puesto en su mano derecha. Kula había olvidado por completo sacárselo cuando Candy entró a su habitación para ayudarla con la presentación esa noche debido a los nervios.

-- ¿Qué? ¡NO! ¿Esto? ¡Ja, ja, ja! Solo es un regalo de K porque ya cumpliremos diez meses juntos. – Trató de bajarle el perfil a lo que su hermana había notado por su propio descuido. Sin embargo, su estado ansioso le imposibilitaba mantenerse calmada, sentía su cuerpo temblar por la situación en la que acababa de caer por la observación de su hermana al juguetear con el objeto que tenía en sus dedos.

– Kula, eso claramente es un anillo de compromiso. A mí no me engañas hermana. – Le dijo abriendo aún más los ojos. Kula empuñó su mano detrás de ella para ocultarlo de su hermana, aunque era demasiado tarde.

– Ya te lo dije Candy, estás imaginando cosas. – Siguió tratando de disimular mirando a otro lado.

– Entonces, si estas tan segura de que no es un anillo de compromiso ¿Por qué no me lo enseñas? – Dijo suspicaz.

Kula trató de pensar lo más rápido lo que podía para inventar una excusa a Candy, mas no encontró otra idea que decirle la verdad.

– Está bien, sí, lo es Candy, ahora hazme el favor de guardar el secreto porque acordamos no decirle nadie hasta después de la adopción, para el cual ya nos habremos casado con K. – Le advirtió a su hermana. Candy sonrió y aplaudió luego de emitir un pequeño grito ahogado que fue rápidamente silenciado por las manos de Kula.

– Ya lo sabes, ni una sola palabra de esto a mamá, ni a nadie. – Sentenció.

Candy asintió para liberarse de Kula.

-- ¡Déjame verlo hermana! ¡Qué emoción, te vas a casar y no me lo habías dicho! ¿Por qué Kula? Creí que nos teníamos confianza la una a la otra. – Le reclamó.

– ¡Shht! ¡Ya te dije que era un secreto, además preferí no decírtelo debido a que encontraba egoísta de mi parte el hecho de explayar mi felicidad contigo mientras tú… estás en esta situación. No quise ser indolente hermana. – Le Confesó mostrando su mano con el anillo puesto. Candy negó con la cabeza mientras abrazaba a su hermana.

-- ¡Es precioso! K sí que se molestó en buscarte algo lindo para proponerte matrimonio. ¡Qué felicidad hermana! Y dime ¿Dónde harán la ceremonia, esto debe ser con todo el lujo del mundo, mandaremos a hacer el vestido con los mejores diseñadores del momento y con los mejores chef del país y luego… -- Candy no pudo terminar porque Kula puso su dedo índice en sus labios.

– Hermana, cualquiera diría que no me conoces, yo no deseo nada de eso, solo quiero unirme a K para ser feliz por el resto de mi vida. Al comenzar las vacaciones de primavera, nos iremos en la motocicleta a nuestra luna de miel. – Dijo en voz baja, pero con una sonrisa que hasta la misma Candy se contagiaba con ella.

– Es decir, ¿que nadie va a estar ahí para verlos? ¿No necesitan testigos? ¿Dónde se van a casar? ¿Seirah y Máxima lo saben? ¿Qué harás con mamá cuando se entere de que te casaste con K? – Intentó entender la rubia de melena mientras se masajeaba la espalda por los dolores que comenzaba a sentir. Kula lo notó y comenzó a preocuparse por ella.

– Espera, ¿Estás bien? – Se apresuró a llegar a dónde se encontraba sentada su hermana. – Sí, no es nada, creo que este bebé está cada vez más inquieto, aunque le quedan un par de semanas. Pero ya pasó, son contracciones leves, el doctor dijo que comenzarían a suceder cada vez más seguido conforme pasen los días, tengo que tomar el tiempo entre una y otra en caso de sospechar que vaya a dar a luz. Pero estoy segura que hoy no será el día. Ahora, debes responderme todo lo que te pregunté – Dijo recuperando el buen ánimo.

– Son muchas preguntas ¿No te parece? – Le dijo arqueando una ceja.

– No, para nada, como no voy a estar presente el día que te vas a casar, debes responder al menos lo que te pregunto. – Se cruzó de brazos decidida a echar cada respuesta de la boca de la rubia de cabello largo.

Kula pareció no encontrar fallas en su lógica. Era su hermana después de todo.

-- ¿Quién dijo que no estarías ese día conmigo? No te lo propuse porque no pensé que estarías de ánimo, pero si lo deseas puedes ser mi madrina y ayudarme a escoger el vestido con el que me casaré. – Le propuso ladeando su cabeza de forma adorable. Aquella parte en la que había pensado que Athena sería de gran ayuda la omitió para no hacer sentir mal a su hermana, por suerte se había enterado antes que su amiga, solo esperaba que pudiera mantener el secreto bien guardado.

-- ¿Es en serio? ¿Me lo prometes? – Le dijo contenta dando pequeños aplausos.

– Claro que sí, le diré a K que tú serás mi testigo y mi dama de honor personalizada. – Sonrió y la abrazó.

-- ¿Chicas, aún están despiertas? – Se escuchó la voz de su madre desde el otro lado de la pieza.

Kula abrió los ojos de para en par mientras Candy tomaba su mano para decirle que escondiera el anillo en el bolsillo.

-- ¡Sí, le estoy ayudando a Kula con los últimos detalles del simposio. – Contestó la rubia de melena mientras observaba que Kula escondía el anillo en una cajita dentro de su aparador. Su madre giró la perilla para entra a la habitación, Kula y Candy se encontraban sentadas en la cama mirando hacia la puerta.

– Chicas, me alegra encontrarlas a ambas despiertas, debo conversar con ustedes. – Dijo con un tono muy distinto al que solía dirigirse a sus hijas, esta vez una inexplicable sonrisa no paraba de asomarse en sus labios, sus pupilas estaban dilatadas, estaba contenta.

– Somos todo oídos. – Dijo Kula.

– Bien, primero, el día de mañana no podré estar en el simposio porque debo partir a un viaje de tres días para ver unos asuntos de la empresa en el país de al lado. Segundo, sé la mejor, recibirás muchas ofertas para puestos importantes de cada empresa que solicitarán tu proyecto para patentarlo y hacerlo propio bajo tu nombre, es lo que nos pasó cuando expusimos en colaboración en el mismo simposio cada tres años que se lleva a cabo en la universidad de ustedes, lamentablemente Candy perderá su oportunidad y… -- Fue interrumpida por Kula.

– Mamá, de eso quiero hablarte también, si me va bien en todo esto, deseo ceder mi puesto de trabajo a Candy, yo pienso ver otras ofertas y explorar el mundo de los negocios de manera más amplia. Si te parece que sea así, yo no quiero competir con mi hermana, jamás fue mi intención hacerlo, y si tú estás de acuerdo, ella está lo bastante preparada para desempeñar el cargo que le aguarda en la empresa de papá cuando se titule. – Expresó la rubia.

– Pero eso es demasiado tiempo hija. – Intentó rebatir.

– Madre, esperaste veinticuatro años, dos años más no hará la diferencia ¿O sí? – Alzó un ceja mientras lo decía. Candy solo era observadora durante la conversación, deseaba intervenir pero su situación no le permitía hacer mucho en aquel momento, puesto que no podía rechazar lo que Kula le estaba ofreciendo, era por lo que había luchado gran parte de su carrera, tampoco le agradaba competir con hermana pero así lo habían decidido sus padres. No obstante, el hecho de que su hermana optara a otras alternativas tampoco le vendría mal, así que solo decidió callar y escuchar la opinión final de su madre. – Bien, lo pensaré, aunque no me agrada la idea de esperar más tiempo, no he venido solo a decirles eso. – Continuó. – Se que hemos estado las tres solas desde el tiempo de su padre y ya se cumplirán varios años desde su muerte, siempre lo amaré no se imaginan cuanto, pero… he conocido a alguien, y quisiera que lo conocieran. – Dijo finalmente.

Hubo un largo silencio después de lo que su madre había confesado. Candy frunció el ceño, Kula ya lo sospechaba, se miraron entre ellas y finalmente la rubia de cabello largo decidió hablar.

– Es tu vida madre, yo soy feliz si tú lo eres, muy por el contrario de lo que hiciste conmigo, pero no guardo rencores si es lo que piensas. – Expresó subiendo los hombros. Luego Candy decidió hablar.

– Yo lo sospechaba, pero opino lo mismo que mi hermana, si eres feliz, no somos nadie para intervenir, solo no olvides que papá es el único hombre en nuestros corazones. – Le dijo.

– Claro que lo está, es por eso que lo dije, vuestro padre nunca dejará mi corazón y mi memoria, pero no quiero que se cierren a esa oportunidad de conocer a otro hombre que puede formar parte de nuestras vidas. – Habló Diana.

– Y en cuanto a K, querida hija, lo siento, es que cada vez siento que tu relación es más seria y temo que esto intervenga en tu futuro, pero ya veo que no es así, solo espero que no sufras. – Le dijo mientras acariciaba los rostros de ambas hermanas.

– Candy, ten por seguro que siempre estaré para ti hija, de igual manera que con Kula, y cuando tengas a ese bebé, en aquel momento tan difícil de tener que alejarte para siempre de él, no olvides que tu familia estará ahí para apoyarte. – Dijo mientras observaba que las lágrimas comenzaban a salir desde los ojos de la rubia de melena.

– Las adoro demasiado como para perderlas por cosas superfluas. – Confesó.

– Nosotras también mamá, y esperaremos cuando estés lista para presentarnos a ese hombre que te quita el sueño. – Dijo Kula sonriente.

– Solo te pido que no lo invites sino hasta después de que este bebé se vaya por favor. – Le pidió Candy.

– Descuiden, haré todo lo que me pidan, ustedes son las mejores hijas que pude tener. Gracias. – Dijo abrazándolas.

Al siguiente día, cuando Kula iba camino a la universidad, debía estar dos horas antes de la exposición para revisar que en su presentación se encontrara todo en orden en su pendrive, ya iba vestida, cosa de no perder tiempo, un conjunto muy a la moda dentro de lo formal que se llevaba en aquellos días, pantalones de tela negros ajustados en la parte superior y corte recto hasta los tobillos, zapatos negros de charol con gran tacón, una blusa blanca manga larga con un delgado escote hasta el inicio del abdomen, que era cubierto con una fina cinta de satín negro en el cuello, y un blazer del mismo color muy entallado con un botón plateado cruzado en el medio, lo que acentuaba aún más su cintura y caderas, llevaba su largo cabello trenzado hasta abajo y su flequillo hacia un lado, peinado acorde para una presentación formal como había sugerido Candy, quien se había levantado temprano especialmente para desearle buena suerte y ayudarle con su peinado. Su madre aún dormía luego de haber llegado muy tarde la noche anterior luego de la conversación, pero debía partir pronto para su viaje. Así que Kula decidió no despertarla para dejarla descansar. K se había ofrecido a llevarla para luego ir a su trabajo, así llegaría temprano y no tendría que escatimar en la perdida de tiempo en taxis o el tráfico de la mañana. Al llegar, Kula lo esperaba en la entrada de la casa, él con su chaqueta de cuero y jeans gastados calzando sus clásicas botas negras para conducir la motocicleta la esperaba con esa pose tan arrolladoramente atractiva apoyado en su moto. Al verla en esa ropa tan formal, quien parecía otra persona, no pudo evitar silbar y dedicarle una de aquellas miradas de deseos que lograban poner nerviosa a la rubia más de lo que estaba.

– Pero qué tenemos acá, una gatita lista para poner al mundo a sus pies, estás vestida para matar preciosa. – Le dijo luego de besarla acaloradamente.

-- ¿Te gusta? – Le preguntó la rubia sonrojada.

– Sí no tuviera tanto trabajo créeme que iría a patear traseros babosos por tan solo mirarte gatita. – Le dijo mientras le ayudaba a subirse a la motocicleta.

– Me encantaría que estuvieses allí, pero no podemos desperdiciar el tiempo del otro cariño, más ahora con lo que se nos viene. – Le dijo mientras lo abrazaba.

– Tienes razón, pero pasaré por ti luego del trabajo para que podamos celebrar tu triunfo en el simposio. – Comentó mientras encendía la Iron 883 para partir rumbo a la Universidad de Kula.

– Espero que así sea. – Suspiró nerviosa.

Pasaron a desayunar a un lugar cerca del campus, las miradas de hombres y jóvenes que habían allí se centraron en la llamativa rubia que entraba de la mano del peli banco, K se quitó los lentes y les dedicó una mirada lo bastante amenazadora como para que volvieran a lo que cada uno estaba haciendo, nadie quería problemas con él, quien despedía un aura realmente hostil cuando se trataba de celar a la rubia.

Luego de ver el menú pidieron el desayuno, Kula sentía el estómago tan apretado que no podía probar bocado alguno de sus waffles con miel sin sentir que lo devolvería todo. Miraba su celular cada tanto para cerciorarse de llegar justo a tiempo, K observaba por el rabillo del ojo cada movimiento de la rubia, quien no paraba de morder sus labios y cruzarse de piernas, entrelazó su mano con la de él para poder calmarla, luego la besó y acarició su rostro sutilmente maquillado.

– Mi futura esposa es algo insegura. – Dijo al mirarla.

– Es que es la primera vez que hago algo así, habrá gente de negocios, clientes de la empresa de mi madre y muchas personas importantes, si arruino esto yo… -- Dijo tratando de tragar saliva por los nervios.

– Kula, eres excepcional, un prodigio de los negocios, tu padre estaría orgulloso de saber hasta dónde has llegado, y yo también en estos momentos lo estoy, cree en ti, lo harás perfecto princesa. – Confesó mirándola con admiración. Pocas veces K demostraba y decía lo que realmente sentía, pero a lo largo de los meses ya se había acostumbrado a decir estas cosas a Kula quien feliz recibía los halagos del peli blanco. Esta vez fue ella quien invitó al desayuno de los dos.

Al llegar al campus, K encendió un cigarrillo y le convidó otro a la rubia para que pudiese calmar los nervios.

– Tranquila, todo irá bien preciosa, ya verás como quedarán impresionados con tu proyecto. – Le dijo tomándola de la mano.

-- ¿De verdad te veré cuando salgas del trabajo cariño? Si tienes que trabajar después de la hora podemos posponerlo. – Le dijo para que no se sintiera presionado entre compartir su tiempo con ella y terminar cosas pendientes con respecto a sus obligaciones.

– Tranquila ya te lo dije, iremos a celebrar tu participación en el simposio y después iremos a cenar a algún lugar para luego arrancarte esa ropa tan sensual que llevas y hacerte mía una vez más. – Mencionó, luego añadió.

-- Debo admitir que me encanta ver esta versión de una Kula formal, estás para chuparse los dedos preciosa. – Confesó mientras se acercaba para besarla por última vez antes de que la rubia entrara para revisar su presentación.

– Hoy hablaré con el viejo de Heidern para decirle que me caso con la mujer más bella y sensual de la tierra, además de maravillosa claro. Me corresponden unos días que pienso juntar con las vacaciones y podamos tener nuestra luna de miel como se debe princesa. A todo esto, ya debes ir pensando en algún lugar al que quieras ir luego de la boda. – Le pidió para darle un corto beso en los labios y partir rumbo a su trabajo.

– Me contarás como te fue a la tarde tigre, a propósito de todo esto, hay alguien que supo por un descuido mío sobre nuestro compromiso, pero no te preocupes que guardará el secreto, de eso lo hablaremos con más detalle durante la cena. – Le dijo.

– No creo que haya sido tu hermana ¿O sí? – Le preguntó.

– Pues… ¿Te enfadarías si te dijera que sí? – Dijo entrecerrando sus ojos. – No, mientras no se le vaya a escapar el chisme, todo bien. – Mencionó despreocupado. La rubia sonrió y lo abrazó para besarlo.

--Te amo chico rudo patea-traseros babosos. Trataré de tener una respuesta sobre el lugar al que quiera ir cuando nos veamos amor. Que tengas un buena día. – Le dijo luego de acercarse a el para robarle otro beso y entrar al campus en dirección a la sala de exposiciones que ya estaba abierta. La rubia avanzó con paso firme hacia el podio en donde presentaría su proyecto en el que había trabajado durante los meses en la universidad, era la evaluación final más importante de todas en aquel período, por lo que debía esforzarse para lograr la distinción de su generación si quería optar a puestos de trabajo para prácticas que no fueran en la empresa de su madre. De ninguna manera seguiría con lo que habían decidido por ella y por su hermana.

Observó que en su presentación se encontrará todo en orden, cuando de pronto sintió una gran mano en su hombro, volteó a ver, era Máxima quien también estaba vestido formalmente para el simposio.

– ¡Pero qué sorpresa pequeña! – La saludó abrazándola fraternalmente.

-- ¡Máxima! ¡Qué alegría verte! ¿Pero qué haces acá? Digo es bueno ver un rostro familiar entre tantos desconocidos. – Dijo la rubia ansiosa.

– Bueno, recordarás seguramente nuestra charla cuando hablamos de negocios mientras estuvimos cenando con Whip, pues bien, mi empresa me ha enviado a analizar los sistemas con los cuales serán presentados los proyectos, una vez obtenida esa información, la enviaré a mi jefe para reclutar a los estudiantes destacados que se encuentren en último año de la carrera para hacer sus practicas y ofrecerles, en el mejor de los casos una puesto definitivo en nuestra empresa durante el año entrante, en donde serían los encargados de gestionar la parte de finanzas y coordinar con los clientes o peces gordos, como quieras llamarle. – Comentó el hombre de gran tamaño con una sonrisa.

– Vaya, suena demasiado interesante ¡Entonces daré mi mejor esfuerzo para impresionarte Máxima! me gustaría trabajar en tu empresa.

– Confesó ya más determinada a dar lo mejor de sí.

– ¿No me digas que serás una de las personas que van a exponer sus proyectos? – Le dijo incrédulo.

– Es en lo que he trabajado a lo largo del año con ayuda de Candy, claro, aunque ella espera poder optar al puesto en la empresa de mamá. – Le dijo contenta.

– Sin duda eres toda una chica aplicada, veremos que tal va todo. Suerte cuñada. – Le dijo para luego ir a saludar a otros hombres que lo habían divisado y deseaban conversar con él. La rubia respiró profundo, realmente le gustaba la idea de pertenecer a una empresa ajena a al prestigio que implicaba solo tener el apellido de su padre. Al comenzar la exposición, se dio cuenta que Shingo Yabuki y su padre estaban ahí también, quiso ir a encararlo por ser tan miserable con su hermana durante todo este tiempo, sin embargo, arruinaría una oportunidad única para su futuro laboral y personal, solo empeoraría las cosas para su hermana, así que decidió ignorarlos. Luego vio a Athena y Kensou recibiendo a los académicos y estudiantes de otras universidades para dirigirlos a sus respectivos lugares. Les hizo una seña con la mano para saludarlos, ellos muy contentos la saludaron de igual manera y le desearon una buena exposición desde sus puestos.

El simposio había comenzado y Kula era la tercera en presentar dentro de los siete mejores estudiantes que se encontraban en la misma situación que ella, estaba sentada en primera fila con su pendrive en la mano esperando su turno que no tardó en llegar. Al presentar el proyecto, todos observaban atentos y en silencio a la exposición de la rubia quien se desplazaba a lo largo del escenario con total elegancia y seguridad explicando lo que aparecía en la pantalla gigante, varios de los hombres que estaban ahí quedaron cautivados con la rubia. Por otro lado, Máxima parecía contento y bastante satisfecho con las presentaciones, algunos filmaban para luego subir el registro a la red. Al terminar luego de la ronda de preguntas para cada estudiante que se encontraba sentado en la mesa frente a los asistentes con un total de tres largas horas además de lo que duró el simposio, los aplausos no se hicieron esperar, todos los estudiantes que habían expuesto recibían las felicitaciones de los asistentes, a continuación, un elegante coctel los esperaba en la sala contigua a la de conferencias y eventos, los asistentes fueron guiados nuevamente por los encargados, Athena y Kensou como anfitriones, quienes no perdieron oportunidad de abrazar a Kula y felicitarla por la presentación, aunque tuvieron que seguir en sus labores, observaron que muchos hombres y mujeres de negocios se acercaban a la rubia para preguntar sobre su proyecto aplicable a cada una de las empresas que representaban los sujetos como una idea bastante rentable que aconsejaron patentar lo más pronto posible a la joven expositora.

Máxima se encontraba con un café en la mano y la otra hablando por celular con alguien que parecía ser su superior, a quien comentaba lo que había observado de cada uno de los exponentes, inclusive de Kula. Luego llegó hasta donde se encontraba la chica rodeada de hombres que la halagaban y no paraban de hacerle preguntas desde personales hasta corporativas.

– Muy bien, con permiso, es mi turno de conversar con mi cuñada. – Habló causando más de un sonido de decepción en los hombres jóvenes que habían allí. Uno de los individuos que se encontraba también observando a la rubia se aproximó luego de que Máxima dijera aquello.

-- Sea tu cuñada o no Máxima, no creas que tienes preferencia de acaparar la atención de esta linda dama. – Dijo mostrando una sonrisa ganadora. Kula dirigió su mirada rápidamente para saber quién era el hombre que le había contestado al gran dote, iba a intervenir pero Máxima se le adelantó.

– Ella es quien decide escuchar lo que tengo que decir, no tú mi estimado Zero. – Le dijo con seriedad el grandote.

Kula comenzó a incomodarse por tanta atención sobretodo ahora que los hombres discutían por su atención, logrando que los demás participantes la observarán de forma hostil al ver que acaparaba con total concentración de los asistentes por sobre ellos, así que tomó la palabra finalmente para intervenir y dejar de ser el centro de atención.

– Muy bien, les agradezco el interés y las propuestas de cada empresa, sin embargo, debo decidirlo con mis docentes al momento de optar por la mejor alternativa escoger para el próximo año, pueden consultar también a los demás exponentes que lo hicieron bastante bien y que están esperando ansiosos responder sus preguntas de la misma manera que lo hice yo. Pero ahora tengo que hablar con el señor Máxima, mi cuñado, y el señor Zero, quien no ha tenido la oportunidad de platicar sobre mi proyecto conmigo. – Expresó, los hombres y mujeres fueron desapareciendo del círculo poco a poco mientras Kula por fin podía probar un bocado del coctel mientras Máxima y Zero la escoltaban.

– Lo hiciste excelente pequeña, debo admitir que estoy impresionado, sin duda me encantaría ofrecerte un puesto seguro en la empresa en donde me encuentro, ya que mi jefe quedó encantado con el informe que le mandé sobre tu proyecto, pero luego recordé que tienes a cargo el puesto de la sub gerencia en la empresa de tu madre, que tiene un prestigio avasallador en todo el mundo, cosa que no puedo decir lo mismo de mi empresa como es relativamente nueva, aún tiene camino por recorrer para hacerse conocida. – Expresó Máxima mientras tomaba un pastelito de la mesa

– Tu empresa definitivamente le falta mucho por crecer, no va por mal camino, pero siendo sinceros, esta mujer sobrepasa las capacidades de tu empresa por mucho, ella tiene el carácter y el dominio de los términos para llegar a los clientes, sin mencionar su impresionante belleza. Muy por el contrario, mi empresa tiene las capacidades para recibir gente como tú chica bonita. Sin mencionar que el filtro para acceder es muy riguroso, tú no tendrías problemas si vienes recomendada. – Le insinuó el hombre tocando su trenza que caía hasta su cadera, cosa que incomodó a Kula y molestó a Máxima.

– Me contactaré con tus superiores para que se hagan cargo de todo si deseas pertenecer a mi empresa, ya lo sabes bonita. – Le dijo para luego retirarse, no sin antes guiñarle un ojo a la rubia que lo fulminaba con la mirada. Máxima le puso una mano en el hombro. – Nunca creí que un tipo más viejo que yo se me fuese a insinuar de esa manera, siento asco.– Se quejó molesta.

– Tendrás que aprender a lidiar con ese tipo de hombres si quieres ganarte un lugar respetable en este mundo, aunque como en todo lugar, existe gente honorable y personas como él que bueno, no precisamente se caracterizan por hacer tratos honestos con el resto de las empresas, por eso tiene la reputación que tiene, en fin, menos mal que K no estaba acá, de lo contrario ese tipo se hubiese llevado la paliza de su vida por parte del chico malas pulgas. Si bien, tiene mucha razón en lo que Zero dice, así todo es un gran lugar para seguir tu carrera si quieres ascender rápido para hacerte de prestigio en este ambiente, sin embargo, lo tendrás encima de ti todo el tiempo tratando de sobrepasarse contigo, esos hombres solo buscan una cosa en chiquillas como tú, siento ser tan directo pequeña Kula pero creo que tu madre también te lo diría. Está en ti decidir a cuál empresa deseas pertenecer, la mía, como te comenté, está posicionándose dentro de este ambiente y sería genial tener jóvenes con ideas emprendedoras para negociar como tú, si decides algo no dudes en hacérmelo saber, mi jefe estaría encantado de recibirte con la recomendación que puedo darte, serías un excelente aporte, y estaremos muy contentos si decides formar parte de nuestro equipo. – Le dijo.

– Gracias Máxima, sin duda suena muy interesante y de verdad me tienta la propuesta de tu empresa, pero debo explicarle lo que haré primero a mi madre cuando le cuente que no tomaré el cargo de sub gerencia que decidió para mi. – Dijo acompañado de un suspiro.

– Pequeña, haz lo que te haga feliz, no tienes que hacer algo que no quieras. Solo piensa en lo que harás toda tu vida, si crees que es mejor ir con tu madre y seguir sus pasos, está bien, pero si decides recorrer otro camino, aunque no tenga nada que ver con aquello, estará bien también. Solo se feliz pequeña. – Le aconsejó mientras daba dos suaves palmadas en su rubia cabeza.

– Gracias, de verdad entiendo porque K confía tanto en ti, eres el hombre más conciliador del mundo y el más comprensivo. A propósito de que te veo, ¿Cómo están ustedes para la llegada del bebé? Esto puede ser en cualquier momento. – Le comentó en última instancia.

– Pues, Whip está bastante nerviosa y ansiosa con todo, solo espera que Candy no se arrepienta, trato de ser lo más paciente y comprensivo con ella, pero hay veces en que me pone a prueba con la paciencia en cuanto a sus constantes cambios de humor. Pero creo que eso es normal. – Habló soltando una pequeña carcajada mientras encendía un cigarrillo.

-- ¿Tú también fumas? – Le preguntó asombrada.

– Solo cuando Seirah no está conmigo ¿No me digas que K también te pegó el vicio? – Le preguntó y le ofreció un cigarrillo de su cigarrera de cuero a la rubia.

– No suelo hacerlo, pero cuando los nervios me invaden fumo. Además se supone que era un trato en el cual K dejaría de beber y fumar como lo hacía antes, así yo también podría dejarlo, creo que ha funcionado en cierta forma. – Le dijo y acercó el suyo al encendedor que él hombre de gran tamaño le ofrecía.

– Sin duda ha funcionado, K era de los que se emborrachaba todos los días, cuando comenzamos a vivir en el apartamento, no había día en el que llegara luego del trabajo y lo encontrara balbuceando ebrio sobre la muerte de sus padres y lo mal hermano que había sido con Seirah al no haber estado con ella viviendo el duelo, pero eso es cosa del pasado, luego de haberte conocido tras todos estos meses hemos visto un cambio significativo en él, cuento aparte es, que nunca lo habíamos visto enamorarse de alguien con la intensidad que lo hace contigo. – Confesó mientras parecía disfrutar en extremo el cigarrillo. Kula sintió que su corazón saldría de su pecho por la felicidad de aquellas palabras que Máxima le había confesado. Acarició su anillo de compromiso que llevaba en bolsillo, a pesar de no llevarlo puesto, lo llevaba consigo a todos lados, estuvo a punto de decirle lo del compromiso, pero eso no le correspondía a ella, sino que era decisión de K.

– Bueno, debo irme ¿Irás al apartamento cuando termines acá? Puedo decirle a Whip que cocine algo delicioso para celebrar tu brillante ascenso al éxito de tu carrera. – Le propuso, a lo que la rubia negó con la cabeza para luego disculparse.

– K vendrá por mí para llevarme a cenar. Supongo que será en otra ocasión. – Se disculpó. – ¿Ves a lo que me refiero? K nunca invitó a nadie a cenar, ustedes casi van a cumplir el año de noviazgo, puedo dar fe como su mejor amigo y quien más lo conoce, que nunca se le vio hacer tanto esfuerzo por alguien que no fuera él, ni siquiera por él. – Corrigió mientras apagaba el cigarrillo.

– Nos vemos pequeña. – Se despidió y luego se marchó en dirección a la salida marcando a su celular. – Adiós, dale un abrazo a Whip de mi parte. – Dijo la rubia.

– Cielos, creí que nunca se iría el grandulón. – Escuchó detrás de ella una voz ronca.

-- Señor Zero, pensé que se había ido. – Habló para su no muy grata sorpresa.

– Estaba esperando hablar a solas contigo bonita. Dime ¿Ya te decidiste? Me doy cuenta que tú fuiste la que recibió más ofertas que cualquiera de los que expusieron, y déjame decírtelo nena, además de tu brillante proyecto, tu belleza fue lo que más deslumbró a los asistentes. Debes aprovechar ese plus. – Mencionó acercándose a ella cada vez más, hasta que la rubia topó su espalda con la pared.

– Señor Zero yo… -- Dijo la rubia que comenzaba a sentirse incómoda nuevamente por la situación del hombre que intentaba acorralarla con claras intenciones de no dejarla escapar.

– Zero, solo llámame por mí nombre, y puedo asegurarte un puesto importante si decides tener una cita conmigo para conversar sobre ese buen proyecto que aún no has patentado, puedo ofrecerte un sinfín de cosas si te decides a estar en mi empresa. – Le dijo el hombre que colocaba su brazo sobre la cabeza de la rubia.

Kula frunció el ceño decidida a detener la actitud recalcitrante del hombre que no paraba de acosarla.

– Señor, estoy halagada por su oferta, sin embargo, prefiero optar por un lugar en el que se me valore por lo que me he esforzado y no solo por mi imagen como usted lo acaba de mencionar. Ahora, si me disculpa, debo guardar mis cosas para luego reunirme con mi prometido con el que voy a casarme dentro de un par de semanas. – Expresó con carácter y se escabulló por debajo de su brazo. Por suerte, Athena y Kensou iban hacia donde se encontraba la rubia.

--¡Piénsalo bonita! ¡Conmigo puedes tener el mundo a tus pies! ¡No seas terca! – Exclamó mientras la rubia se alejaba enfadada.

– Amiga, ¿Pensábamos ir por unos tragos para festejar que todo salió perfecto ¿Quieres ir? – Preguntó Athena quién iba de la mano con Kensou. Kula se relajó al encontrarse con sus amigos y dejar a tras al insistente hombre, por lo que suspiró y aceptó sonriente. Kensou se asomó por sobre la cabeza de la rubia y observó al sujeto que conversaba con ínfulas de superioridad entre otros individuos.

-- A propósito ¿Quién era ese hombre? – Preguntó el castaño tratando de recordar su rostro que le parecía familiar.

– Se llama Zero y es un acosador que intentaba persuadirme de conseguir un puesto en su empresa a cambio de salir con él para que pudiese patentar mi proyecto bajo el nombre de su empresa. – Dijo molesta.

– ¡Pero qué maleducado! Lamentablemente no puedo decir que será el único hombre que tendrá intenciones oscuras cuando comiences a trabajar, debes ser fuerte y mantenerte implacable frente a un ambiente de ese tipo. – Dijo Athena.

La rubia recordó las palabras de Máxima que tenían el mismo significado. No lo olvidaría, tanto su madre como su mejor amiga y ahora su cuñado le habían advertido sobre lo sucio que podía llegar a ser aquel ambiente, luego intentó despejarse exhalando el aliento como si estuviese botando los sentimientos de aquel mal rato.

– En fin, me agrada la idea, creo que puedo acompañarlos hasta hacer la hora en la que llegué K. – Mencionó considerando la idea, le envío un mensaje a K avisando que iría con sus amigos a beber un par de tragos en un lugar cercano a la universidad para no quedarse sola mientras lo esperaba, ya que ese día por el simposio, las clases se habían suspendido en el campus y cerrarían temprano.

Llegaron a un lugar no muy lejos de la universidad, en la que servían todo tipo de tragos, pidieron algo para comer, puesto que la hora de almuerzo se les había pasado y nadie había comido nada desde el cóctel, así que todos acordaron ordenar una tabla con distintos bocadillos para picar mientras miraban la carta de tragos. Al llegar, brindaron por el futuro de todos, ya que se encontraban a tan solo un año de titularse. Recordaban sus inicios desde que habían ingresado a la universidad con algunas anécdotas divertidas con profesores y entre ellos, luego Kula sintió un poco de tristeza por no poder compartir aquel momento tan importante con su hermana, después de todo, gracias a ella, había podido exponer delante de personas muy importantes, a Candy le correspondía ese lugar, sin embargo, debido a que ya cursaba las últimas semanas de su embarazo, además de haber congelado aquel año retrasándose en su egreso y titulación sentía melancolía. Los últimos años en la universidad habían sido cruciales en su vida al conocer al peli blanco en aquel bar, el haber ido a su apartamento y desde ahí haber comenzado una historia intensa junto a él con altos y bajos le había permitido crecer y madurar como persona, volviendo a sentir lo que llevaba años sepultando en su corazón debido a la muerte de su padre. Ya no se dejaba manipular por su madre, quien desesperada había llegado hasta el punto de amenazar con no seguir costeando sus estudios para que no siguiera con K, aunque todo terminó bien gracias al destino, ahora ya no era esa chica fría que reaccionaba por cortesía con las personas, K era fuego puro y había un mucho de él en su interior, se casaría con el único hombre con el que había estado en su vida y cada día que pasaba no se arrepentía un instante en haber aceptado su propuesta, introdujo su mano en el bolsillo para acariciar su delicado anillo, secreto que mantenían ahora con Candy. Observó a sus dos amigos que por fin habían consolidado sus sentimientos y ahora se encontraban juntos después de que Kensou se mantuviera fiel a sus convicciones debido a su gran amor, su querida amiga Athena, quiso compartir su felicidad con ellos, pero era mejor callar, mientras menos personas supieran de su matrimonio era mejor.

-- ¿K vendrá acá? Lleva tiempo que no lo veo, es decir solo de lejos cuando te va a buscar al campus. – Comentó Kensou a la rubia.

– Sí, iremos a cenar cuando salga de su trabajo. – Afirmó la rubia.

-- ¿Ves? Eso sí que es una relación a otro nivel, ustedes sí que van en serio. – Dijo Athena bromeando.

-- ¿Y qué te hace pensar que nosotros no? – Le reclamó el Cataño con el ceño fruncido mientras se llevaba un bocadillo de pan a la boca.

– No es eso amor, es que K es mayor que Kula, sabe como hacer sentir bien a una chica.– Dijo para provocar celos en su novio.

-- ¡Hey! ¿A poco yo no te hago sentir mujer Athena? – Se quejó Kensou. Kula reía por la discusión que tenían sus amigos.

– No creo que Athena se refiera a eso es, más bien las circunstancias que nos llevaron a estar juntos con K fueron muy intensas, él es el hombre de mi vida, el único que tiene mi corazón completamente, yo nunca me había enamorado, él fue el primero en todo, si es que me entiendes. Con esto no quiero decir que Athena no te ame, soy su amiga y la conozco desde que éramos pequeñas, por eso puedo dar fe de lo que siente por ti es verdadero y muy grande. – Expresó la rubia. Kensou bebió un largo sorbo de su trago.

– Puede que yo no haya sido el único hombre en la vida de Athena, pero puedo apostar mi vida a que he sido el único que la ha amado incondicionalmente pese a todos las circunstancias que pasamos. – Dijo arrastrando las palabras por el efecto del alcohol que ya comenzaba a causar estragos en cada uno de ellos.

– En eso tienes razón cariño, eres mi eterno enamorado. – Le dijo Athena mientras lo besaba.

– Chicos consíganse una habitación. – Dijo la rubia riéndose.

Así siguieron conversando hasta que llegó la hora en que K pasaría por la rubia, quien echó una mirada a su celular para cerciorarse de aquello.

– Creo que he llegado tarde a la celebración. – Dijo el peli banco saludando a los amigos de la rubia y, por supuesto besándola cómo si no existiese mañana, Kensou y Athena se observaron cómplices mientras bebían un sorbo de su trago ya casi vacío.

-- ¿Quién necesita ir a una habitación ahora? – Bromeó la chica de los cabellos morados.

– Bueno chicos, ha sido un placer compartir esta tarde con ustedes, pero el amor me llama y mi hombre tiene un asunto pendiente con esta chica de negocios. – Anunció la rubia quien al ponerse de pie sintió que el mundo se tambaleaba frente a ella. K la sujetó a tiempo, los demás rieron por el impasse de Kula.

-- ¡Ups! Creo que me he pasado un poco con el alcohol. -- Dijo con las mejillas rosadas. K solo la observó, su novia era linda hasta en ese estado, una adorable chica ebria y por lo demás bella que cautivaba cada vez más al peli blanco.

– Será mejor que conduzca lento si no quiero que vomites sobre mi, preciosa. – Le dijo mientras la sujetaba con aprehensión de la cintura. Kula solo sonreía por tener un novio tan sobreprotector mientras salían al lugar donde K había estacionado la motocicleta.

– Muero de hambre, pero hambre de ti tigre. – Anunció mientras se colgaba de él para besarlo.

– Siempre has sido tan jodidamente encantador Señor Dash? – Le habló mientras le dedicaba una mirada lasciva.

-- ¿Aún quieres ir a cenar? – Le preguntó dudoso por el estado de la rubia.

– Llévame dónde tu quieras mi amor. – Le dijo arrastrando la lengua por el alcohol.

– Por mí te llevaría al primer lugar a solas que encuentre, pero quedamos en ir a cenar. – Le dijo mientras observaba a la rubia que parecía sentirse mal.

– Creo que voy a vomitar. – Alcanzó a decir de lo mareada que estaba mientras K le sujetaba la trenza para que no se manchara.

– Se te pasó la mano esta vez gatita.— Dijo mientras le pasaba un pañuelo para que se limpiara.

– Lo siento, no quiero estropear la invitación, pero hacía tanto que no compartía con mis amigos que me dejé llevar y no me di cuenta de todo lo que había bebido con lo bien que lo estaba pasando. – Le dijo avergonzada de que K la viera en esa situación.

– No tienes que disculparte, son tus amigos y no quiero que te alejes de ellos, quizá he sido un poco aprensivo contigo durante los meses que hemos sido novios y necesites de tu espacio para convivir con ellos también. – La abrazó para llevarla hasta una banca cercana en la que pudiese sentarse a descansar.

– Espera aquí. – Le ordenó, para luego ir a comprar agua embotellada. Al regresar se la pasó a la rubia quien agradecía el gesto del peli blanco.

– No me entendiste tigre, lo que dije fue pensando en que quizá, al comenzar a trabajar me ocupe demasiado tiempo como para ver a mis amigos y no quiero que eso pase, en la universidad nos vemos todos los días, somos amigos desde la infancia pero no sé si esto siga así cuando nos titulemos el año entrante, me da miedo perder a mis amistades. – Le dijo con tristeza.

– No creo que eso suceda, las amistades que tienes son para toda la vida, quizá no puedan estar en los momentos importantes como quieran siempre, pero no significa que la amistad vaya a acabarse. – Expresó al momento que reflexionaba de su amistad con Máxima también.

– Tienes razón, gracias cariño no sé que haría sin mi futuro esposo. – Le dijo mientras buscaba en su bolsillo el anillo que había permanecido ahí todo el día para colocárselo por fin.

– Así está mejor futura señora Dash. – Bromeó el peli blanco rodeándola por el hombro y atrayéndola hacia él. La rubia le dio un corto beso en los labios al moreno y luego se levantó para tomar una bocanada de aire.

-- ¡Bien! ¡Vamos por esa cena deliciosa para celebrar el éxito de tu futura esposa prodigio!– Exclamó la rubia que ya se sentía mucho mejor.

-- ¿Y dónde quieres ir? Todavía no me has contestado la pregunta gatita. – Recordó mientras se colocaba frente a ella.

– Mmm, pensé que tenías algo preparado, pero veamos… tengo mucha hambre así que quiero… ¡Pizza! – Exclamó la rubia decidida.

-- ¿No quieres ir a otro lugar más reservado, es decir, ya que estás vestida así podríamos y al L'Amor a cenar. – Sugirió pensando en lo que tenía en mente.

– No sé me había ocurrido, pero la verdad es que detesto los lugares llenos de snobs, y hoy no quiero lidiar con ese tipo de personas,el simposio estuvo lleno de peces gordos como les dice Máxima, quien por cierto, también se encontraba ahí y me ofreció un lugar en la empresa a la cual pertenece, claro que eso sucederá si le digo a mi madre que me he decidido por una empresa en la cual comenzar mi carrera y dejarle finalmente el puesto a Candy dentro de dos años. – Reflexionó la rubia mirando hacia ningún lugar en especial..

-- ¿El idiota estuvo ahí y no me aviso? Ya se las va a ver conmigo ese estúpido. – Dijo molesto.

– Si no hubiese sido por él, todavía me hubiesen estado acosando los asistentes con sus ofertas y halagos a mi proyecto, además claro de mi apariencia, incluso uno de ellos quiso pasarse de listo. – Explicó a K, pero luego se arrepintió de haberle dicho, pues su cara había cambiado a un semblante bastante sombrío.

– ¿Así que un grandísimo hijo de puta se atrevió a coquetearle a mi prometida? – Le preguntó serio.

– Ya te lo dije, de no haber sido por Máxima ese hombre hubiese seguido molestando. – Cambió la versión de los hechos en cierto sentido para que no siguiera molesto.

– Creo que en lugar de vérselas contigo tendrías que agradecerle el haber estado ahí. – Habló la rubia mientras le tomaba su mano y besaba su mejilla.

– Además, le dije a ese hombre que yo estaba comprometida contigo, sus intenciones quedaron hasta ahí, obvio que Máxima no escuchó , por si te lo preguntas. – Mencionó la rubia logrando que K se tranquilizara.

– Supongo que el asunto ha quedado cerrado con ese imbécil acosador, llamaría a Máxima para preguntar por él pero ya me dio hambre esta conversación gatita, vamos a comer una pizza, también se me antoja. – Le dijo tomando su mano para caminar nuevamente hasta la motocicleta.

Al llegar al lugar que por suerte no estaba tan lleno por ser mitad de semana, se acercaron al mostrador en donde una chica con semblante taciturno los observaba mientras masticaba goma de mascar esperando que pidieran su orden.

– Bienvenidos a la pizzería más sabrosa de la ciudad ¿Qué pizza van a llevar? – Dijo aquello con tono uniforme.

– Queremos dos pizzas con tocino, peperoni, aceitunas, queso y… ¿Quieres agregar otro ingrediente gatita? – Le preguntó a la rubia. Ella miró las pantallas y luego respondió.

– Una pizza con esos ingredientes para él y una pizza hawaiana para mí. – Anunció con una sonrisa.

-- ¿En serio? ¿Piña? Sí que eres de otro mundo Kula. – Le dijo mientras le alzaba una ceja.

-- ¿Y puede agregar patatas fritas a la mía con la gaseosa más grande? – Añadió la rubia.

– No te culpo por el apetito, pero sí que es un crimen colocarle piña a la pizza. – Le dijo mientras la rubia caminaba hasta una mesa vacía.

– No tiene nada de malo, sabes que tengo debilidad por las cosas dulces, y además, ya has probado lo rica y buena que es la piña para ciertos casos tigre. – Mencionó coqueta aludiendo a aquella vez.

– Son catorce con cincuenta. – Dijo la mujer interrumpiendo la conversación de la pareja. El peli blanco pagó y recibió las pizzas para ir a sentarse junto a la rubia. Kula sacó inmediatamente un trozo de su pizza hawaiana y se lo llevó a la boca.

– Esto está delicioso, ¿Quieres probar una mordida? – Le ofreció otro pedazo de su pizza. K miró reticente el trozo con piña que le ofrecía la rubia, luego le dio una mordida, el sabor agridulce no era su favorito, sin embargo, había probado cosas peores, como no era del todo dulce, y además tenía Jamón, era algo aceptable en sabor, pero que él no pediría una próxima vez que estuviese en una pizzería. Al terminar sus respectivas pizzas volvieron al apartamento de K en donde Whip y Máxima se encontraban en la sala de estar viendo un programa de televisión. Kula los saludó y luego se dirigió a la habitación en compañía de K. Quien recogía algunas prendas de ropa que se hallaban en el suelo.

– Sí que te falta tiempo cariño. – Le dijo la rubia quien dejaba su cartera en la cómoda de K.

– No he tenido tiempo de ordenar, esta semana ha sido realmente agotadora, a propósito de eso ¿Has pensado en el lugar al que quieres ir en nuestra luna de miel? –Habló en un tono más bajo para que no los oyeran hablar.

– La verdad es que sí, pero no hay un lugar en específico al que quisiera ir, me gustaría recorrer en la motocicleta distintos lugares del país, luego veremos donde nos quedaremos y así podríamos conocer mucho más. – Comentó mientras se sacaba sus zapatos y desabotonaba a su blazer.

– No tengo problema, me agrada la idea. Ahora debes decirme sobre Candy ¿Lo sabe? – Le preguntó mientras se sacaba su chaqueta de cuero. – La verdad es que no tenía intención de contarle, ya lo sabes, pero cuando me estaba ayudando a preparar mi presentación comencé a sentir nervios pro este día y me puse a jugar con el anillo que tenía puesto; ella lo vio y comenzó a invadirme con preguntas, claro está, que se puso muy contenta con la noticia, al contrario de lo que pensaba y luego se sintió triste por no poder verme en aquel día, me sentí culpable y le dije que sería mi dama de honor-testigo si guardaba el secreto frente a mamá y los demás. – Le explicó. – Y ya que Candy lo sabe, no veo porque Whip y Máxima no deban enterarse, la boda será después de que el bebé nazca. Pienso que será lindo si ellos están allá, son tú única familia K, no creo que quieras alejarlos en un momento tan importante, ellos se sentirán dolidos si no les decimos. – Le dijo mientras lo miraba atenta esperando su reacción.

– Me parece bien gatita, ahora solo quiero hacerte mía, he pensado todo el día en ti y la verdad es que no puedo contener las ganas que tengo de hacerlo con esta linda mujer de negocios. – Le dijo mientras se montaba sobre ella para besarla.

El celular de Kula comenzó a vibrar sin parar mientras estaba ocupada con K.

– No contestes preciosa, esto es más importante. – Le susurró en su oído mientras colocaba su pierna rozando la entrepierna de la rubia quien gemía despacio para no ser oída por Máxima y Whip.

– Puede ser Candy, en cualquier momento tendrá al bebé y no puedo dejar de contestar amor, lo siento, prometo que será rápido. – Le dijo mientras lo movía para alcanzar el celular que vibraba una y otra vez con la imagen de su hermana en la pantalla.

-- ¡Kula! ¡Creo que el bebé viene en camino! ¡Llamaré a Whip! – Exclamó nerviosa y con evidente dolor por las contracciones.

-- ¡Espera! Tranquila, estoy con ella así que pasaremos por ti para ir a la clínica hermana no temas, iremos ahora, respira hondo y cuenta cada cuánto son las contracciones como te enseñó el doctor ¿Sí? ¡Nos vemos en diez minutos! – Exclamó la rubia dando un brinco de la cama de K, quien al escuchar de lo que se trataba se disponía a ir en busca de su hermana y su amigo. Era el momento de darles la noticia que por fin serían padres.