Un olor a tabaco y chanel me recuerda el olor de su piel, una mezcla de miel y café, me recuerda el sabor de sus besos,

El color final de la noche me pregunta donde fui a parar,

¿Dónde estás? Que esto solo se vive una vez.

(Basilos)

PROPUESTA IRRESISTIBLE

CAPITULO # 2

Por. Tatita Andrew.

Ese día se había levantado con muchas emociones en su cabeza a pesar de que solo había dormido dos horitas, su cabeza daba y vueltas y vueltas pensando en aquel rubio. Tan sensual que a metros se podía apreciar su sexapil.

Pensó en Neal y en su cama vacía. Pensó en el Jeque Bastardo y en el perfume que lo rodeaba.

Y no importaba de qué manera había intentado re presentárselo, pero no podía imaginar que Neal hubie ra encontrado jamás en su amante el placer que el Albert aquel rubio obviamente había hallado en la suya.

Por primera vez en muchos años, había desistido en ir a esas reuniones aburridas de damas de caridad y beneficencia, donde solo se hablaba de cosas vanas, como de ropa en vez de preocuparse en verdad por los mas necesitados, y se dio cuenta que en todo este tiempo había vivido en una burbuja y de las apariencias, se había preocupado tanto por complacer y hacer feliz a su esposo sin pensar en su felicidad y su bienestar, incluso ahora mismo había puesto su reputación en duda buscando a un mujeriego empedernido por tratar de salvar su matrimonio su única pregunta era si todo valdría la pena sacrificarse tanto por la felicidad de los demás.

Se encerró en su habitación y empezó a abrir con mucho cuidado como quien abriera un tesoro, con delicadeza el libro que le había prestado el rubio. Leyó con atención el título.

Kama Sutra

Manual de Erotismo

Se quedó asombrada por aquellas palabras tan explicitas y empezó a leer como un sediento en el desierto.

Bendito sea Dios, que ha puesto el placer más gran de del hombre en las partes naturales de la mujer, y ha des tinado las partes naturales del hombre para darle el mayor gozo a la mujer.

No ha dotado a las partes de la mujer de ninguna sen sación placentera o satisfactoria hasta que hayan sido pe netradas por el instrumento del macho; y de igual modo los órganos sexuales del hombre no conocen ni la quietud ni el descanso hasta no haber penetrado en los de la hembra.

Una aguda punzada de deseo sacudió violentamen te sus muslos. Le siguió el recuerdo de los burlones ojos azules del Árabe Bastardo. Y no tuvo duda alguna de que había aceptado en señarla con el único fin de humillarla.

Un hombre como él nunca perdonaría a una mujer que lo había amenazado para entrar a la fuerza en su casa.

Un hombre como él jamás comprendería que una mujer como ella que aparentemente lo tenía todo ardía con el mismo deseo que las mujeres jóve nes y bonitas liberadas del peso de la virtud.

Con determinación, se sentó frente al escritorio y buscó pluma y papel en el cajón superior.

Él no necesitaba saber cuánto deseaba ella el goce fe menino con el que la había ridiculizado. La única cosa que él debía conocer era que ella deseaba ins trucción sexual para que su esposo quedara satisfecho.

Después de horas y horas había pasado otro día más sin ver a su esposo y deseaba con todo su corazón que pronto amaneciera para ir a sus clases con aquel hombre que no sabía porque razón la hacía adentrarse a un mundo desconocida para ella.

Entrada en la madrugada salió de su casa y el cochero la esperaba puntualmente como ella le había solicitado.

Mientras iba en el coche con olor a cuero, miles de ideas y pensamientos pasaban sin control por su mente. Cada fibra de su cuerpo le gritaba que se detuviera.

Una mujer respetable no aparecía en público sin llevar un corsé.

Una mujer respetable no leía un libro erótico del siglo XVI.

Una mujer respetable no buscaba instrucción sexual, pero ella sí y sabía que ahora nada podía detenerla.

Con un golpe toco la puerta de aquel mujeriego empedernido con el corazón a punto de salírsele del pecho. Inmedia tamente, la puerta se abrió de par en par.

Y para su sorpresa quien la esperaba en la puerta no era el hostil mayordomo si una jovencita con un delantal que con una sonrisa le dio la más cordial bienvenida, se imaginó que ya estaría acostumbrada a ver mujeres entrando en aquella casa, porque no dio ni una señal de alarma ante su presencia como si fuera normal que una mujer sin acompañante llegara a visitar a un hombre a las 4 y media la mañana y un rubor cubrió su rostro al imaginarse que la habría confundido con alguna de sus amantes, tal vez y a todas las llevaba allí.

-Buenos días señora, me permitiría su capa, el Sr. Andrew me pidió que por favor me acompañe el, la espera en la biblioteca.

Candy se aferró al bolso bajo la gruesa lana ne gra. Sin el soporte del corsé, sentía los pechos pesados y grandes y los pezones duros y maltratados.

-No gracias estoy bien así.

Durante un segundo la doncella pareció querer in sistir, pero haciendo una nueva reverencia, murmuró:

-Muy bien, señora. Sígame, por favor.

Al ir avanzando hacía la biblioteca pudo notar que ese hombre vivía como un rey, todo en su casa era sencillamente hermoso, desde los cuadros, los colores en las paredes las alfombras tan refinadas. Y deliberadamente había ordenado que encendieran todas las luces para que ella pudiera observar muy bien toda su riqueza. Y ver la locura de su intento desespe rado por intimidarle veinticuatro horas antes.

¡Qué tonta había sido pensando que podía persuadir a aquel hombre con dinero! Evidentemente, el número de sus proezas sexuales sólo era superado por sus posesiones materiales.

Si, como ella sospechaba, aquel encuentro matinal ha bía surgido de su deseo de humillarla, esta sería su primera y úni ca lección. A pesar del deseo intenso de aprender todo lo que este hombre podría enseñarle no podía permitir que la humillara más de lo que ella misma ya lo estaba.

La doncella golpeó suavemente la puerta de la bi blioteca antes de abrirla.

Y allí estaba Albert Andrew, cómodamente sentado detrás de un imponente escritorio, leyendo con interés un libro, su cabello dorado resplandecía por la luz de la lámpara al iluminar su rostro, sus ojos azules se veían con mucha mayor intensidad que la noche anterior, a su lado una taza de café caliente, que llenaba todo el lugar con su olor, se preguntaba si sería capaz de mantener una conversación sobre sexo con aquel hombre sin comentarle que toda su vida había sido privada del fruto prohibido de su sexualidad.

La doncella carraspeó suavemente.

Disculpe, Sr. Andrew. Ha llegado la dama. ¿Desea que le traiga algo más?

El rubio no oyó a la criada, o prefirió ignorarla.

O tal vez ignoraba a Candy, para demostrar lo poco que le importaba a un hombre como él.

Candy se sintió súbitamente como su jardín de rosas, desolado y fuera de temporada. Como sin duda él planeaba que ella se sintiera.

Echó los hombros hacia atrás... y se preguntó si las plantas se sentirían tan desnudas y vulnerables sin sus ho jas como ella sin su corsé.

Los latidos de su corazón le parecieron intermina bles antes de que él cerrara el libro bruscamente y levantara la cabeza.

Gracias, Dorotty. Por favor, llévate la capa de la se ñora Petre y trae otra taza.

Candy sintió que se le helaba la sangre. Vagamente percibió que la criada hacía una reverencia. Después, la pesa da capa se deslizó de sus hombros y la puerta de la bibliote ca se cerró con un chasquido repentino en medio del silencio.

-Por favor le ruego que tome asiento, Sra. Leagan. E hizo un ademán señalando una butaca delante de su escritorio.

-Buenos días Sr. Andrew – la rabia se apodero de ella. –Usted me aseguro que nunca comprometía la integridad de una mujer.

Albert elevo las cejas sorprendido.

-Y usted cree que he hecho algo para que piense eso.

-Sí hubiera deseado que la gente me reconozca no hubiera usado un velo y una capa, porque me llamo por mi nombre. No sabe que la servidumbre habla.

-No pensé que le importará ese detalle, Señora Leagan si no quería ser reconocida, después de todo usted misma fue la que le entrego su tarjeta a mi mayordomo.

-Sí pero yo sé que es el árabe.

-¿Ah, sí? ¿Y qué piensa que soy yo? ¿Árabe o inglés?

Tuvo que ejercer todo el autocontrol del que disponía para no decirle exactamente lo que era él.

-Sus pezones están duros, señora Leagan. ¿La exci ta la ira?

Candy sintió que el aliento se le quedaba atra pado en la garganta.

De repente, él sonrió, descubriendo unos dientes blancos y perfectos. Era una sonrisa atractiva, llena de calidez y picardía.

-Por favor señora Leagan siéntese, mi servidumbre está muy bien adiestrada para no andar repitiendo los nombres de mis invitados, si estuviéramos en Arabia seguramente fueran azotados por eso.

-Aquí en Estados Unidos está prohibido azotar a los sirvientes- y dijo con énfasis- Y también estamos en contra de la esclavitud.

-Ah, perdón aquí esta Dorotty, deje la taza de café sobre mi escritorio- eso es todo puede retirarse. Ya no la necesitaremos.

Candy entro en razón que Albert no la había traicionado con respecto a revelar su identidad, pero no estaba nada de acuerdo en la forma que menciono sus pezones, pero tuvo que controlarse, si se ponía roja con ese simple comentario como podría hablar con claridad cuando entrarán a temas más profundos como las partes de un hombre.

-Venga, señora Leagan. Siéntese. A menos que haya cambiado de parecer, por supuesto.

Era como si le hubiera tirado el guante en el regazo. Aquel gesto provocativamente correcto implicaba que si aquella lección fracasaba, la culpa sería única y exclusiva mente de ella. Era un desafío que no podía rehusar.

Candy se irguió todavía más, lo cual realzó sus pechos, aumentando la fricción de sus pezones. Lenta mente, cruzó la gran distancia que los separaba por la al fombra oriental y se sentó en el borde de la butaca.

-Gracias – para calmar sus nervios bebió un trago del café humeante, pero jadeo al ver que estaba muy caliente y amargo. ¿Qué es esto pregunto con interés?

-Café turco. Está mejor recién hecho. Debe soplarlo y luego tomárselo de un trago. ¿Ha leído los capítulos de signados?

-Sí lo he hecho.

-¿Y qué ha aprendido?

De repente los ojos azules dejaron de ser burlones y realmente era un hombre muy atractivo, como toda una dama saco una hoja con sus apuntes de su bolso y el libro, se sintió como una niña de escuela, y empezó a leer su resumen.

Se estima que este libro fue escrito a comienzos del siglo XVI. Se cree que el autor nació en Nefzaoua, un pueblo situado en la costa del lago Sebkha Melrir, al sur de Túnez, de ahí su nombre. Si bien este libro no es exactamente una recopilación de autores, es probable que algunas secciones hayan sido tomadas de diferente escri tores árabes e hindúes.

Señora Leagan- grito furioso y Candy apretó los dientes.

Albert pronunciaba su nombre como si en verdad fuera una niñita de escuela y una muy tonta por cierto.

Ella levantó la vista. Los ojos azules estaban mirándola con disgusto.

-¿Sí, Sr. Andrew?

-Señora Leagan, ¿acaso le dije que leyera las notas del traductor?

Los dedos de la mujer se apretaron con rabia, arru gando sus notas.

-No.

-Entonces prescindamos de la historia del libro y el autor y procedamos con la sección también conocida co mo «Comentarios generales sobre el coito». Sonrió, desafiándola a que continuara.

Ella respiró profundamente para calmar los fuertes latidos de su corazón.

-Muy bien -dijo con cierta tranquilidad, vol viendo a sus notas. El jeque asegura que el mayor pla cer del hombre reside en las partes naturales de la mujer y que no conoce ni la quietud ni el sosiego hasta que él -alzó la cabeza, clavando su mirada en la de él- la pe netra.

Se negó a apartar la mirada de aquellos ojos color azul cielo profundo. Y también se negó a reconocer que sus pechos se habían endurecido. Y sintió el impulso de hacerlo avergonzar así como él había hecho con ella.

-Entonces, Sr. Andrew, parece que el comentario que usted hizo ayer referente a que todos los hombres son de la misma naturaleza es cierto. Pero estoy confundida con respecto a la referencia del libro sobre que «el hom bre funciona de la misma manera que una maza de mor tero, mientras la mujer colabora con él con movimientos lascivos...

Finalmente, dijo con suavidad:

-¿Qué es lo que la confunde, señora Leagan?

Había llegado el momento. Ya no podía pretender ser pudorosa. El sexo no era un asunto pudoroso.

Candy se preguntó si él alcanzaba a oír el marti lleo de su corazón.

-Antes de casarme, mi madre me recomendó que me acostara sin moverme cuando mi esposo me visitara. No comprendo cómo se puede mover una mujer sin en torpecer las acciones del hombre.

Albert Andrew estaba sentado como si fuera de piedra. Hasta el humo que subía de su café parecía haber se helado.

Se formó un silencio entre ambos que a ella le parecieron horas. Al final pudo decir.

-Lo siento.. Disculpe mi atrevimiento

De repente el encontró las palabras adecuadas -En árabe la palabra dok significa machacar, gol pear. Es una combinación del movimiento de embestida que un hombre utiliza para alcanzar el clímax dentro de la mujer con la presión de su pelvis contra ella para incre mentar sus sensaciones. Es un movimiento de balanceo. Una mujer puede levantar o balancear sus caderas hacia arriba, para encontrarse con el embate hacia abajo del hombre, o puede contonear sus caderas de un lado a otro para complementar los movi mientos de empuje de él. Llegará un momento en que los movimientos del hombre sean demasiado rápidos o fuer tes para que la mujer se pueda mover sin desplazarlo. En ese momento, la mejor manera de darle placer tanto a él co mo a ella misma es envolviendo sus piernas alrededor de su cintura y sencillamente sosteniéndose mientras que él hace alcanzar a ambos el orgasmo.

Una sensación eléctrica sacudió el cuerpo de Candy. Y sus palabras se transformaron en imágenes visuales, de cuerpos desnudos, de un hombre encima de una mujer, de movimientos de aceptarse, de balanceo juntos, de gritos de jadeos, de entrega y deseo sin control.

Trato de reponerse, no podía ser, su cuerpo temblaba, sus manos sudaban y muy en su interior estaba húmeda de deseo. ¡Por Dios santo! Si esta es mi primera clase. Y como si estuviera en alguna clase de matemáticas le dijo.

-Disculpe podría prestarme una pluma. Tengo que hacer algunas anotaciones.

El rubio le presto una pluma hermosa de oro, la tomo con las manos y se preparó a escribir.

-¿Piensa usted consultar sus notas cuando su esposo la visite en la cama? Pregunto divertido

-Sí es necesario lo haré dijo decidida. Ahora comencemos con el capítulo uno.

Y al mirarlo observo alguna risita como de venganza.

-Por supuesto que me tiene que decir.

-Bueno aquí se hace referencia que los hombres se excitan con….

El rubio hizo un ademan para que callará.

-Se está adelantando, señora Leagan. No sólo se ha saltado el comienzo del capítulo, sino que ha omitido los dos subcapítulos: Cualidades que las mujeres buscan en el hombre y Los diferentes tamaños del miembro viril.

-Encontré poca información que valiera la pena- mintió sonrojada esa parte ella no quería mencionar.

-Una lástima señora Leagan, allí hay información muy valiosa sobre el tamaño del pene, por ejemplo si su esposo no la complace, o sufre de abatimiento sexual, usted debe poder juzgar si es debido al tamaño de su miembro, en cuyo caso debe saber cuál es la longitud correcta, para... llenarla por completo.

Los ojos azules brillaban destellantes, se notaba que disfrutaba haciéndola sonrojar y poniéndola incomoda.

-De acuerdo con el autor, un hombre «meritorio» debe poseer un miembro que tenga «como máximo la lon gitud equivalente al ancho de doce dedos, o tres anchos de mano, y como mínimo seis dedos, o una mano y media de ancho».

Candy luchó para evitar que el fuego que traspa saba su pecho subiera hacia su rostro.

-¿Se refiere al ancho de la mano de una mujer o de un hombre?

Apoyó sus cálidas manos blancas una sobre otra en la suntuosa madera oscura del escritorio.

-Será usted quien lo decida, señora Leagan.

Ella jamás había visto a su esposo; desnudo para com parar con un hombre. La curiosidad fue más fuerte que la prudencia.

Sus manos eran grandes y fuertes y medían mucho más que el ancho de las suyas juntas.

-La de un hombre Señora Leagan -La mano del Albert que estaba más cerca de ella se movió hacia delante unos diez centímetros—. Tres anchos de mano.

Los ojos de Candy se dilataron.

Una risa profunda y masculina inundó la biblioteca.

Candy nunca había visto u oído antes a un adul to ceder de manera tan desinhibida a la risa. Descubrió que la risa verdadera era contagiosa. El Sr. Andrew tenía una sonrisa hermosa y dientes perfectos.

Ella se mordió los labios para no caer en el ridículo, durante un momento en que bajó la guardia sus ojos se encontraron con los de él, y compartieron lo absurdo de la situación.

CONTINUARÁ..

Chicas después de tanto tiempo un nuevo capítulo.

Gracias a:

Blackcat: Mi linda amiga ja ja guacala, si Candy casada con Neal, si es cosa rara bueno la verdad no lo odio siempre me pareció tonto y mandado de su hermana, pero pronto descubrirás algunos secretos, yo al igual que tu prefiero los rubios y si son como Albert bueno todavía mucho mejor, así que para las dos sobra y basta el werito.

MyssyCooper1: Gracias por tu comentario me alegro que te gusta linda saludos para ti.

Gatita Andrew: mi linda y preciosa prima como te dije eres especial ya no solo me bastaría con un diploma y un fic para ti debería dedicarte otro fic, la verdad que si algún día no me escribieras te extrañaría montón, pues estoy tan acostumbrada a que estés presente, me siento feliz de saber que es así. Ah no eso sí yo con Albert araba, escoces, Londinese, americano o hasta Chino lo amaría no me importaría su origen, pues si creo que con este profesor quien no se avienta, yo creo que tienes toda la razón el aprenderá que el verdadero amor, es con una sola persona que deseas compartir con ella el resto de tu vida, y no andar de cama en cama por un solo momento de placer, el se dará cuenta de eso y caera en las garras del amor. No entiendo porque razón yo siempre subo los capítulos aquí en facfiction y de seguro deberían aparecer al dar clic en mi nombre todas mis historias mmmm ya me dejaste con la duda que podrá ser… pero lo bueno que eso no es impedimento para que me encuentres a pesar de todo. Abrazo de oso.. Att. Tatita Andrew.

Karina: lamento haber tardado en actualizar espero que no tarde para el próximo capítulo.