Bien aquí llego con el segundo capítulo de esta gran historia, bien antes de empezar hay que hacer con la latosa (y dolorosa para alguien que sabe que no podrá tener nunca los personajes :,( ) disclaimer, como siempre se dice la historia y la primera adaptación no es mía, la historia es de Kate Hoffmann y la primera adaptación es de Serenity Rose Kou, los personajes tampoco me pertenecen son propiedad de Hiro Mashima, lo único que me pertenece seria esta adaptación jejeje.

Bien a y les queria comentar que al final de este chaphter están las RESPUESTAS A LOS REVIEWS ya para los que me enviaron rewies aqui se los respondi.

Bien sin mas preambulos que se abra el telón:

.

{}

.

{}

.

Legalmente suya Fairy Tail

{}

.

{}

.

{}

Chaphter 1

.

{}

.

{}

.

{}

.

Rose-Black-1503

{}

.

{}

.

{}

.

- ¿Por que no puedes parecerte más a Gray? Es el hijo que nunca he tenido.

Gajeel Redfox reprimió un gemido y apretó el respaldo de una de las sillas para invitados del despacho de su padre.

- Tienes un hijo, papá. Yo,

Últimamente Gray parece más hijo mío que tú.

Gajeel odiaba aquella conversación, que tenía lugar al menos una vez al mes desde hacía dos años, desde que Rogue Redfox había decidido jubilarse en un futuro cercano. La elección del sucesor se reducía a dos opciones: Gray, el yerno, o Gajeel, el hijo que no cumplía las expectativas paternas.

- Dime -replicó Gajeel-. ¿Ha sido Gray el que ha duplicado el valor de la compañía en solo cuatro años? ¿Fue él el que consiguió el proyecto eclipse o el trato con sabertooth? -hizo una pausa efectista-. No, espera. Fue tu otro hijo el que se deja la piel por esta compañía. ¿Cómo se llama?

Gajeel era asesor y vicepresidente ejecutivo de Redfox Comercial Properties, pero había subido desde abajo, donde empezó cuando estaba en el instituto y donde entró con un puesto fijo cuando se licenció de Derecho. Poseía talento y ambición para continuar lo que había empezado si padre treinta años atrás y mejorarlo. Lo que no tenía era una esposa, que por alguna extraña razón que solo su padre conocía parecía ser importante en aquel terreno.

La mera idea de casarse lo ponía nervioso. Sabía que podía haber matrimonios felices, el de sus padres así lo probaba. Pero sabía también que esa felicidad podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

-Gray no está preparado para dirigir esta empresa -dijo-. Es muy conservador, tiene que pensar tres veces cada decisión y la mitad de las veces las toma mal. ¿No lo has observado pedir de comer? "Tomare salmón, no espere, ¿Cómo está el bistec? O quizás deba pedir una ensalada. ¿Alguien ha probado el chupetón?" Me extraña que no se haya muerto de hambre.

-No te extrañe -declaró su padre-. Tiene una esposa en casa que le prepara la cena todas las noches.

-¿Y por qué una esposa y tres hijos lo cualifican para dirigir la compañía?

-Está asentado. Ha tomado decisiones en su vida y tiene responsabilidades, tu hermana y mis nietos. No tengo que temer que se fugue a las Fiji con la próxima azafata que conozca.

-Se llaman auxiliares de vuelo. ¿Y quién dice que no pueda tomarme vacaciones de vez en cuando?

Su padre hizo una mueca

-Llamaste el martes por la tarde para decir que no vendrías a trabajar el lunes por la mañana.

-Me confundió el cambio de horario.

Su padre suspiro.

-Sé que tienes que disfrutar también, hijo, pero en la vida hay que tomar opciones y no puedes seguir siempre soltero.

Gajeel soltó un gruñido de frustración. ¿Por qué siempre tenían que volver a la misma discusión? Él no evitaba el matrimonio, simplemente no había encontrado a la mujer ideal. Y él, que no conducía el mismo coche más de un año seguido, ¿Cómo iba a elegir una compañera para los siguientes cincuenta años?

-No todo el mundo tiene lo que tuviste mamá y tú -murmuró.

Pensar en su madre le produjo una punzada de dolor a pesar de los años transcurridos. Yukino Agria Redfox había muerto cuando él tenía doce años y su hermana diez. Después de su muerte, Rogue se encerró en el trabajo y convirtió su pequeña compañía inmobiliaria en una de las empresas de construcción y desarrollo de más éxito de Tokio. En el proceso, dejo que sus dos hijos sufrieran solos y básicamente también se criaran solos.

Juvia se había escondido detrás de las responsabilidades de llevar la casa y aprender a ser la sustituta perfecta de su madre. A los veinte años, se casó con su novio de instituto, Gray Fullbuster. Él entró a trabajar en el negocio familiar, ella se unió a un club de jardinería y juntos crearon tres niños perfectos.

A Gajeel la muerte de su madre le produjo una reacción contraria. Apenas podía soportar estar en casa, así que busco consuelo en los amigos primeros y en las chicas guapas, más tarde. Con los años las chicas se habían convertido en mujeres y, aunque siempre había asumido que encontraría una esposa, las mujeres con las que salían no parecían apropiadas para ese papel.

-¿Qué quieres que haga? -pregunto- ¿Casarme con una mujer a la que no quería solo para poder decir que estoy casado?

-Me has presentado seis o siete novias tuyas y cualquiera de ellas habría sido una buena esposa. Tienes que madurar y decidir que es importante para ti... si tu futura o la próxima mujer hermosa que se te cruce en el camino -su padre se cruzó de brazos-. Yo me jubilo en abril, o pones en orden tu vida privada o tendrás que aceptar órdenes de Gray.

Gajeel apretó la mandíbula y pensó que quizás debería olvidarse del negocio familiar. Era un buen abogado y en los últimos años había tenido ofertas de trabajo en los mejores bufetes de la ciudad. ¿Por qué no empezar de cero?

Se retiró a su despacho y, cuando estuvo sentado en su mesa, gimió con suavidad. ¿Cómo iba a pensar en marcharse? Llevaba aquella compañía en la sangre, había ayudado a construirla y un día debía ser suya por derecho.

Miro los mensajes que su secretaria le había dejado en la mesa, pero su mente seguía ocupada en el ultimátum de su padre. Para Rogue Redfox era muy fácil. Solo tenía que buscar una mujer, enamorarse, casarse y vivir feliz con ella. Pero el amor nunca había sido fácil para él, no sabía por qué.

Llamaron a la puerta y su secretaria, la señora Porlyusica, entro en la estancia. La mujer, elegida para el puesto por su padre después de que Gajeel hubiera salido y roto con las tres secretarias anteriores, era una antigua sargento del ejército muy eficiente y correcta: Y más voluminosa que él.

-Tengo su correo -dijo-. Han llegado los contratos para el proyecto de urbanización de Bucktown y el cálculo para la remodelación de DePaul -levanto una revista-. Y la publicación de la Universidad de Tokio. Este mes aparece usted en la lista de alumnos.

Gajeel tomo la revista que le ofrecían.

-¿Como saben de mí?

-Enviaron un cuestionario hace unos meses y usted me dijo que lo rellenara en su lugar porque no tenía tiempo.

La lista ocupaba las seis o siete últimas páginas de la revista. Gajeel busco su nombre y se dio cuenta de que estaba ordenada por los años de promociones. Iba a volver a la página anterior cuando vio un nombre familiar y se detuvo.

-¿Lo ha encontrado? -preguntó la señora Porlyusica.

-No -él cerró la revista con rapidez. -Lo buscaré luego, ahora tengo trabajo.

En cuanto la secretaria salió del despacho, tomó la revista y regreso la página.

-Levy McGarden, licenciada en Botánica en el 2006 -leyó en voz alta-. Levy tiene un negocio propio de paisajismo. Fairy Gardens, y ha diseñado una amplia variedad de jardines residenciales y comerciales en la zona de Tokio.

No había pensado en Levy McGarden en... ¿Cuánto? ¿Cinco o seis años?

-Ella si habría sido una esposa perfecta -murmuró-. Era tierna, atenta y... -hizo una pausa, se levantó y se acercó a las estanterías que llenaban la pared opuesta, donde busco el libro de texto de contratos de la facultad. Contuvo el aliento y abrió la portada.

Allí estaba, donde lo había dejado años atrás. Desdobló el papel y lo leyó despacio, sorprendido de que hubiera logrado escribir un contrato decente cuando tenía tan poca experiencia práctica. Los términos estaban muy claros y había cubierto todas las contingencias. Una idea cruzo por su cerebro.

-No, no puedo.

Dejó el contrato en su mesa y volvió a su ordenador para seguir trabajando, pero cuando más pensaba en ello, más comprendía que podía haber una solución fácil a tus problemas. Levy McGarden era el tipo de mujer que gustaría de su padre y, si veía que salía con ella, quizá retrasara su decisión hasta que encontrara una esposa apropiada.

Levantó el auricular del teléfono y marco la extensión de su secretaria.

-Señora Porlyusica, quiero el número de teléfono y la dirección de Fairy Gardens, de aquí de Tokio. ¿Y quieres hacer el favor de intente buscar el número de teléfono personal de Levy McGarden? Seguramente vive aquí.

Se sentó en el borde de la mesa y releyó la información de la revista. A Levy siempre le habían gustado las plantas, así que su profesión parecía natural. Y conociendo su determinación y su ambición, seguramente su negocio era un éxito.

De su vida personal no sabía nada. En la revista aparecía su nombre de soltera, pero eso no implicaba que no hubiera encontrado al hombre de sus sueños en los últimos seis años. Después de todo, esta lista, bonita y sería una gran esposa para cualquiera.

Volvió a leer el contrato. Aunque estaba bien escrito, cualquier juez con dos dedos de frente lo rechazaría en un tribunal. Pero era un lugar donde empezar, una excusa para llamar a Levy y ponerse un poco al día. Si tenía suerte, podía reiniciar su vida con ella y ver adónde llevaba.

El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos.

-Señor Redfox, tengo la dirección de Fairy Gardens -Gajeel anoto la dirección y el teléfono-. No he encontrado el teléfono de su casa, hay varios L. McGarden, pero ninguna Levy.

-Bien.

Arranco el papel con la dirección, se lo metió al bolsillo y tomo las llaves. Al salir se paró en la mesa de la señora Porlyusica.

-Anule mis citas para esta tarde.

-No se va a las Fiji otra vez, ¿verdad? -pregunto la mujer.

-No, solo voy a Jubban. Si hay una emergencia, llámeme al móvil.

No había mucho tráfico y, quince minutos después, había llegado a su destino. Aparco delante de un edificio pequeño de oficinas, pero le costó decidirse a salir del coche.

-Esto es una locura -murmuró-. Puede estar casada o saliendo con alguien. No puedo presentarme así y esperar a que se alegre de verme -se disponía a poner el coche en marcha de nuevo cuando vio una figura que salía del edificio. Reconoció inmediatamente su cabello azul y su aire delicado. Levy se detuvo en la acera para hablar con una rubia esbelta que le resultaba vagamente familiar y un momento después se despidieron y Levy cruzo la calle hacia el coche de Gajeel.

Éste abrió la puerta, sin detenerse a pensar lo que hacía, y salió.

¿Levy? -la joven se detuvo y lo miro-. ¿Levy McGarden?

-¿Gajeel? -una sonrisa iluminó el rostro de ella-. Eres la última persona a la que esperaba ver aquí.

-Me ha aparecido que eras tú -dijo él, fingiendo sorpresa. La miro detenidamente. Era la misma Levy pero diferente. Sus rasgos, antes corrientes, se habían vuelto más hermosos. La última vez que la vio tenía diecinueve años, pero ahora era una mujer.

-¿Qué haces aquí? -preguntó ella.

Gajeel cerró la puerta de su coche.

-Iba a...calle arriba a un restaurante -estiró el brazo y le tomo la mano y, aunque lo había hecho sin darse cuenta y no había sido su intención tocarla, en ese momento comprendió lo mucho que la había echado de menos.

Levy había sido una constante en su vida durante dos años, una amiga que siempre estaba allí cuando la necesitaba. Sintió una punzada de remordimientos. Nunca se había molestado en darle las gracias ni en devolverle los favores que le había hecho. Miró su mano y paso despacio el pulgar por la muñeca.

-Me alegro mucho de verte.

Ella se movió nerviosa y aparto la mano.

-¿Qué restaurante? -pregunto.

-¿Qué? oh, no se el nombre -repuso él-. Solo sé que está en esta manzana -sonrió-. Estás muy bien. Ha pasado mucho tiempo. ¿Qué es de tu vida?

-Mucho tiempo -repitió ella-. Si casi seis años. La última vez que te vi, fue el día que te licenciaste en Derecho. Dijimos que estaríamos en contacto, pero ya sabes que pasa... estamos muy ocupados y...

-Siento que no lo hayamos hecho -musitó él con sinceridad.

-Yo también.

Gajeel sintió el impulso de abrazarla y cerciorarse de que se trataba de ella.

-¿Sabes? -dijo-. Falta media hora para que tenga que ir al restaurante. ¿Por qué no nos tomamos un café?

Levy retrocedió.

-No puedo -repuso-. Llego tarde a una cita. Pero ha sido un placer verte, de verdad.

-¿Y cenar? -insistió Gajeel-. ¿Este fin de semana? Hay un restaurante asiático nuevo en el centro. Te gusta la comida asiática, ¿no?

-Ese fin de semana no me viene bien -dijo ella-. Oye me he alegrado mucho de verte.

-¿Comer? -preguntó él-. Seguro que comes.

-Nunca tengo tiempo -lo despidió agitando la mano y se alejó por la acera sin volverse.

Gajeel se quedó al lado del coche, sorprendido de lo deprisa que había terminado todo. Se quedó mirándola hasta que doblo una esquina.

-Genial -murmuró para si-. Si no puedo conseguir que venga a tomar café, ¿Cómo voy a conseguir que salga conmigo?

Lanzó una maldición, pero recordó el contrato y se dijo que era cuestión de volver a intentarlo. Y si era Levy McGarden seguía resistiéndose a sus encantos y rechazando sus invitaciones, no le quedaría otro remedio que usar la única arma que disponía: la ley.

G&L

-Quizás podamos pedir un aplazamiento de alquiler.

Levy McGarden se llevó las manos a las sienes y miro el programa que aparecía en la pantalla del ordenador, sabedora de que la sugerencia no supondría ninguna diferencia. Las columnas de números pasaban borrosas ante sus ojos y volvió a sorprenderse soñando despierta con su encuentro de la semana anterior con Gajeel.

Estaba igual de guapo e interesante, pero diferente, más sofisticado y mundano. Cuando lo vio parado al lado de su coche, su pulso se aceleró y no supo que decir.

Abrumada y exasperada por su reacción, escapo lo más deprisa que pudo. Ahora era mujer y no la chica feúcha que estaba loca por él.

Pero Gajeel no se lo ponía fácil. La había llamado tres veces desde su encuentro y ella había puesto una excusa tras otra. Se sentía tentada, pero sabía que no podía confiar en si misma cuando estaba con él, que podía hacer que se enamorara de nuevo solo con una sonrisa.

-Levy.

Levantó la cabeza y puso las manos en la mesa.

-¿Qué? Estoy escuchando. Las cifras no encajan, ya lo veo. No ganamos lo suficiente para mantener la oficina.

Lucy Heartfilia movió la cabeza.

-De acuerdo, ¿qué te pasa? Llevas toda la mañana distraída. Sé que tienes muchas presiones aquí, pero siempre te concentras más. Dime que te ocurre.

Lucy era amiga suya desde la universidad y socia suya de negocios, pero ya había tenido que oír bastante de Gajeel para que Levy volviera a incluirlo ahora en sus conversaciones.

-No es nada -murmuró.

-Dímelo.

-No te gustara -le advirtió Levy.

-Eres mi mejor amiga, se supone que tienes que contármelo todo. Es parte del trato. Hablamos de cosas muy personales.

-Si te lo digo, me tienes que prometer que no le vas a dar muchas vueltas ni intentar analizarlo una y otra vez.

-Prometido.

-La semana pasada vi a Gajeel Redfox.

Lucy la miro con incredulidad.

-¡Oh, no! ¡Otra vez no! Hace casi dos años que no mencionabas su nombre. No puedes hablar de él. Ese hombre te ha estropeado para todos los demás.

-¿Por qué?

-Porque en los seis últimos años no has conocido a ninguno al que no hayas comparado con él. Cualquiera diría que es una especie de dios, y solo es un imbécil que no supo valorarte cuando te tenía cerca.

-Estaba en la acera de enfrente, salía de su coche y me lo encontré así de repente.

Lucy se tapó los oídos con las manos.

-No quiero escucharte. No te oigo.

Levy le quitó las manos de las orejas.

-De acuerdo, no hablaré más de él, volvamos al trabajo -respiró hondo-. Estamos en Noviembre. Aunque consigamos diez contratos nuevos para la primavera, no nos pagaran antes de abril. Cuando decidimos poner este negocio aquí, conocíamos los riesgos. Sabíamos que los jardines no crecen en invierno.

-¿Y qué te dijo? -pregunto Lucy

-Creo que la única alternativa es diversificarse. Haremos decoraciones navideñas. Colocaremos luces exteriores y adornaremos árboles. Podemos llamar a la competencia a ver si les sobra trabajo, tal vez nos subcontraten.

-¿Sigue siendo tan guapo? -Lucy se giró en la silla-. Antes estaba como un tren y lo sabía. Supongo que es mucho esperar que haya engordado treinta kilos y tenga la cara llena de granos.

-Recortamos gastos todo lo posible -continuo Levy-. Dejamos la oficina y trasladamos el teléfono. Tendremos que conservar el garaje para guardar el equipo y llamamos todos los clientes presentes y futuros para ofrecer nuestros servicios como decoradoras navideñas. Y luego buscamos un sitio que nos haga un descuento en luces de decoración.

Suspiro hondo.

-Pero no creo que pueda ponerme al día con el alquiler. Debo dos meses y tengo menos de cien dólares en mi cuenta.

-¿Podemos hablar de Gajeel, por favor? -suplico Lucy.

Levy la miró de hito en hito.

-Has dicho que no querías hablar de él.

-Está bien, admito que tengo curiosidad

Levy no necesitaba que la empujaran mucho para hablar del tema. Llevaba seis días pensando en él y sentía que iba a explotar si no podía poner sus pensamientos en palabras.

-Estaba diferente -dijo-. Guapo y sexy. Y respetable. Llevaba un traje que le había los hombros más anchos, y el pelo más corto. Pero parecía tan seguro de sí mismo y tan encantador como siempre.

-¿Que te dijo?

-No lo recuerdo. En cuanto me toco, me... me puse nerviosa. Me invitó a tomar un café, luego a cenar y después a comer. Y yo le dije que no y me marché antes de empezar a babear.

-Lo rechazaste.

-Sí. Y no solo entonces. Esta semana me ha llamado tres veces para invitarme a salir. Pero soy fuerte; he decidido que salir con él sería un gran error. Y estoy dispuesta a no volverlo a ver. Fue un encuentro casual y ya ha pasado.

-¿Y todavía te sudan las manos y se te acelera el corazón? -musito Lucy.

-No -repuso Levy-. Bueno, un poco. Pero ya no soy la chica tonta que llenaba sus diarios con fantasías sobre él y no podía dormir pensando en él. Ya no -mintió-. Además, tengo un novio.

-¿Te refieres a Freed?

-Sí. El mes pasado tuvimos dos citas. Me llevo al teatro y la segunda vez al cine y a cenar. Es guapo, amable y educado. Un hombre en el que puedo confiar. Un hombre que no me partirá el corazón.

Freed Justine era un arquitecto que las había contratado para diseñar un jardín para una casa que construía él. Después de eso habían trabajado juntos en otros seis trabajos y Levy se había hecho amiga suya. Aunque el parecía conforme con una cita ocasional, ella tenía esperanza de que su relación avanzara a un nivel más íntimo que un beso de despedida en la mejilla.

-Yo sigo pensando que es gay -declaró Lucy.

-No lo es. Solo viste bien y es muy educado. No todos los hombres que se cuidan son gays.

-¿No te acuerdas de que fue lo que nos unió? Su amor por Celine Dion y Audrey Hepburn.

-Tenemos intereses comunes. Es tierno, sensible y comprensivo. Y no como Gajeel, que jamás vería dos películas de Audrey Hepburn.

-Y volvemos a Gajeel -murmuró Lucy.

-Si tuviera que elegir entre los dos, elegiría a Freed sin dudarlo -le aseguro Levy.

Sonó la campana de la puerta y las dos se volvieron a ver entrar a un mensajero.

-Seguro que este hombre nos trae trabajo -murmuró Lucy-. O a lo mejor un sobre lleno de dinero.

-¿Es usted Levy McGarden? -preguntó el mensajero.

Lucy señaló a su amiga.

-Es ella.

-Tengo que entregarle esto personalmente y cerciorarme que lo lea-

Levy tomó el sobre.

-Personal y confidencial -leyó.

-¿De quién es?

-No hay remitente -rompió el sobre y sacó una fotocopia de un documento escrito a mano. En cuanto comenzó a leerlo, reconoció la letra. Miró su firma al pie de la página-. ¡Oh, santo cielo!

-¿Qué es? -pregunto Lucy.

Levy le tendió el contrato y leyó la carta que lo acompañaba.

-En el tema del contrato entre Gajeel Redfox y Levy McGarden, debemos discutir el cumplimiento de los términos lo antes posible. He fijado una reunión en mi despacho para mañana a las 10:00 de la mañana. Sinceramente, Gajeel Redfox, abogado en ejercicio.

-¿Vamos a hacer su jardín? Vaya, Levy, estoy impresionada. ¿Has conseguido sacarle un contrato y evitarlo al mismo tiempo?

-Lee el contrato. Esto no tiene nada que ver con jardines, sino con... matrimonio.

Lucy abrió mucho los ojos. Leyó el contrato y miró estupefacta con su amiga.

-Era una broma -dijo esta-. Él estaba triste y yo vulnerable y sugirió que, si seguíamos solos cuando cumpliera los treinta...

-¿Tienes algún mensaje de vuelta? -preguntó el mensajero.

-No -repuso Levy-. Espere, si -se acercó al joven y le puso el dedo índice en el pecho-. Dígale a Gajeel Redfox que no pienso casarme ni salir con él. Y que si cree que soy la última chica ansiosa de amor y tonta que beso aquella... -se mordió el labio inferior-. No importa. Se lo diré personalmente.

El mensajero asintió y salió del despacho.

-¿Cuándo besaste a Gajeel Redfox?

-El 14 de Febrero de 2004, hace seis años. Él estaba borracho y yo estaba loca -le quito el contrato a Lucy-. Esto no puede ser legal, está escrito a mano y ni siquiera parece mi firma.

-¿Es tu firma?

-Sí.

-Entonces creo que puede ser legal. Levy se ruborizo y sintió un nudo en el estómago.

-Creo que tendré que buscar un abogado.

-O eso o casarte con Gajeel -contestó Lucy.

L&G

Levy se aliso la falda, donde se había formado una arruga durante el recorrido al centro. Había dudado mucho sobre lo que debía ponerse para la reunión con Gajeel y optado al fin por un traje de chaqueta y falda con tacón alto, una ropa que se ponía pocas veces.

El despacho de Gajeel estaba situado en una de las numerosas torres de oficinas que dominaban el centro de Tokio. Había aparcado en una rampa cercana y, una vez en el vestíbulo, había dedicado unos minutos a descansar y recuperar la compostura.

Todo aquello era muy raro. Con contrato o sin él, no podía forzar a una mujer al matrimonio, aunque no podía evitar pensar que esa boda podía algunos de sus problemas más apremiantes, como el donde vivir cuando la echaran de su departamento o como juntar dinero para recuperar el negocio.

.No lo amo -murmuró para sí. Y repitió mentalmente esas palabras como una especie de mantra.

Se alisó la falda de nuevo y se dirigió al ascensor. Cuando salió en el piso de Redfox comercial Properties, se encontró una con unas puertas de cristal. Una recepcionista guapa se sentaba detrás de un mostrador circular y le sonrió al verla entrar.

-Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarla?

-Quiero ver a Gajeel Redfox.

-Usted debe de ser la señorita McGarden -la joven salió detrás del mostrador-. El señor Redfox ha pedido que la lleve a su despacho. Ahora está reunido, pero no tarda en llegar. ¿Quiere que le traiga algo?

Levy hubiera querido pedir un frasco de Valium.

-No, gracias, estoy bien.

La recepcionista la guio por un pasillo largo y abrió una puerta situada al final.

-Le diré al señor Redfox que está aquí.

-Gracias.

Cuando se quedó sola, Levy miro a su alrededor, demasiado nerviosa para sentarse. Tomo una foto de un pastor alemán que había en el escritorio.

-Se llama Pantherlily, pero le digo Lily de cariño.

Levy se volvió y vio a Gajeel de pie en el umbral, con el hombro apoyado en la jamba. El corazón se le paro y tuvo que tragar saliva con fuerza.

-Es bonito -murmuró.

-Es un sinvergüenza y lo destroza todo, pero lo adoro. ¿tu tienes animales de compañía?

Levy no contestó. No había ido allí a conversar amigablemente. Abrió la bolsa y sacó la copia del contrato.

-Me has enviado esto -dijo.

-Si -sonrió Gajeel.

-¿Por qué?

-Creo que está en la carta -repuso él.

-No puedes hablar en serio -Levy miró el contrato-. Cuando hicimos esto, habíamos bebido Whisky y champan.

Gajeel sacó una mano que llevaba en la espalda y le tendió un ramo de rosas.

-Para ti -dijo sonriente-. Rosas escarlatas. Tus predilectas, ¿no?

Levy sintió un escalofrió en la espalda y su resolución vacilo. Solo tenía que sonreírle y ella aceptaba cualquier cosa. Gimió interiormente. Solo llevaba unos minutos en su presencia y sus fantasías regresaban con fuerza.

-Vas a necesitar algo más que rosas y este contrato ridículo para conseguir que me case contigo.

Gajeel dio un paso hacia ella, sin abandonar la sonrisa.

-Pues dime lo que quieres, Levy.

Ella se arriesgó a mirarlo con detenimiento. Sus rasgos, infantiles en otro tiempo, habían adquirido una cualidad más dura. Parecía poderoso, decidido. Si de verdad se había empeñado en el matrimonio, ella estaba en puros. Porque, cuando Gajeel Redfox quería algo, encontraba l modo de conseguirlo. Maldijo en silencio su pulso, que latía con fuerza, y el rubor que cubría sus mejillas.

-Supongamos por un momento que este contrato es legal, cosa que dudo. Tú estabas borracho y yo estaba bajo influencia de... -se interrumpió-. ¿Por qué quieres casarte conmigo? No hemos hablado desde que terminaste la universidad.

Gajeel se acercó hasta quedar delante de ella.

-Puede que no -dijo-. Pero eso no significa que haya pensado en ti.

-Eso no cuenta -repuso ella, que si había pensado mucho en él.

-Vamos, Levy. Antes éramos amigos, ¿Por qué no volver a serlo? Estábamos bien juntos.

-¿Has sufrido un golpe en la cabeza últimamente? -preguntó ella-. ¿O alucinas solo? Nunca estuvimos juntos. Tú estuviste con la mitad de las chicas del campus, pero no conmigo.

-Tú eres la única mujer con la que he tenido una amistad.

Subió una mano por el brazo de ella, pero Levy lo había visto conquistar a muchas chicas, había estudiado su técnica y no estaba dispuesta por dejarse engañar por sus trucos.

-Vamos a ser sinceros -dijo.

-Estupendo -repuso Gajeel-. Estoy a favor de la sinceridad.

-Por alguna razón sientes de pronto la necesidad de casarte conmigo. Tal vez es una crisis vital tuya o has salido ya con todas las mujeres de Tokio. O quizás se han casado tus amigos y ya no tienes con quien salir de juerga, pero en lugar de cortejar a una mujer como es debido, me envías este contrato. Supongo que pensabas que estaría encantada. Después de todo, una chica como yo sería una tonta si rechazaría una oferta de matrimonio de un hombre como tú.

Gajeel frunció el ceño con expresión confusa.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Que no me voy a casar contigo. Ya ni siquiera nos conocemos y no recuerdo haber firmado este contrato -lo arrugó y lo empujó contra el pecho de él.

Era mentira. Recordaba cada momento de aquella noche y como había soñado que él volviera algún día a intentar cumplirlo.

Levy respiro hondo y soltó el aire con lentitud.

-Has cambiado -dijo-. Antes eras más...

-¿Débil, patética, tonta? No soy la misma imbécil que te hacia galletas y te cosía las camisas.

-Yo no iba a decir eso-él tendió una mano y tocó la mejilla con aire vacilante-. Ya no eres una chica. Eres una mujer muy hermosa, apasionada y testaruda.

Levy cerró los ojos y se sumergió por un momento en el calor de su mano. Así empezaba precisamente una de sus cinco fantasías principales. Unos momentos después la tomaría en sus brazos y la besaría con pasión. Y si por alguna extraña razón su fantasía se hacía realidad, tal vez pudiera empezar a buscar un vestido blanco y un ramo de novia.

Porque era imposible que pudiera evitar enamorarse de Gajeel otra vez, suponiendo, claro, que hubiera dejado de estarlo alguna vez.

Trago saliva con fuerza.

-¿Qué quieres de mí? -pregunto.

-Solo que olvides el pasado y vengas a cenar conmigo esta noche. Quiero que tomemos una botella de champan y aprendamos a conocernos de nuevo.

Levy apretó los dientes. ¿Por qué estaba tan decidido a conquistarla de nuevo? ¿No comprendía lo que podía costarle eso a ella? Movió la cabeza.

-No, no pienso salir contigo y no me casaré contigo.

-¿Por qué no? -pregunto él con frustración-. ¿Que tengo de malo? Soy un tipo decente. Te comportas como si fuera un asesino psicópata con joroba y mal aliento.

-No tienes nada de malo. Simplemente no nos compenetramos.

Gajeel soltó una risita.

-¿Cómo puedes saber eso?

-Lo sé.

Él se encogió de hombros y se apartó.

-En ese caso, nos veremos en los tribunales.

Levy cerró los ojos e intentó reprimir la ira.

-Tenemos que llegar a un acuerdo -dijo-. Si no me hubieras visto el otro día en la calle, no te habrías acordado del contrato y los dos habríamos seguido con nuestra vida.

-Puede que sí -dijo él-. Pero nos vimos y comprendí lo mucho que te he echado de menos, y lo mucho que te quiero de nuevo en mi vida.

Levy procuro no pensar en sus palabras; formaba parte de su plan de conquistarla y no significaba nada.

-¿Y el matrimonio es la respuesta? -pregunto-. ¿No sería más natural empezar por una cita?

-Te lo pedí y dijiste que no. Además, ahora que lo pienso, estoy harto de citas y quiero dar un paso adelante en mi vida -se sentó en su escritorio y la observó con una sonrisa suave.

Levy lo miró de hito en hito.

-No me cásate contigo ni saldré contigo. No quiero volver a verte en mi vida y, si crees que puedes impresionarme ese contrato estúpido, inténtalo. Te reto.

Se acercó a la puerta con el corazón galopante y salió de prisa, Cuando llegó al ascensor, se apoyó en la pared y cerró los ojos. Imágenes de Gajeel pasaban por su mente. Gimió con suavidad. La única alternativa parecía luchar contra él. ¿Pero lo era?

-Solo necesito tiempo -murmuro con desesperación.

Tiempo para arreglar sus problemas económicos sin la amenaza de un juicio caro colgando sobre su cabeza, tiempo para comprender su atracción por un hombre al que no era posible que amara, y tiempo para convencerse de que Gajeel Redfox no era el hombre de sus sueños.

Pero en un rincón secreto de su corazón no podría evitar preguntarse qué pasaría si se casara con él.

Trago saliva. ¿Y si se arrepiente toda su vida de aquella decisión? En aquel momento parecía la única alternativa, ¿Pero pensaría igual diez o quince años después?

{}

.

{}

.

{}

.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Bueno ya termine con el primer capítulo y debo de decir que no los recordaba tan largos, bueno eso no importa tratare de dar mi mayor esfuerzo para poder subir más rápido las historias, pero les quería decir que pensaba dejar la historia de "El secreto tras la partida" en pausa Y sé que tal vez es muy pronto ya que recién llevo dos capítulos, pero lo que sucede es que pronto entrare al colegio y estaba pensando concentrarme más en las adaptaciones y también es que no se me ocurre que podría pasar así que onegai por los que están siguiendo la historia, pero me tomare un tiempo para poder seguirla y poder ordenarla ya que también tengo pensado hacer una historia que tenga que ver con respecto a la de "El secreto tras la partida".

Bien vamos a responder sus reviews y recuerden los reviews son gratis y no es necesario tener cuenta para dejar alguno así que por favor envíenme que así me dan más ánimos de continuar mis historias.

°°°Agradecimientos o respuestas°°°

-Deicy: me alegro que te resulte interesante la historia y espero que te siga interesando con los siguientes capítulos.

-Cignus Black: je bien aquí está el capítulo que esperabas y espero que te agrade así como los capítulos que van a seguir.

-Asia12: Bien ya sabes que sigue y me emociona que te haya gustado la historia, ya que si te soy honesta estaba un poco nerviosa por si iba a ser aceptada, pero me alegro que fue aceptara.

-Serenity Rose Kou: Me alegro que te emocione el prólogo y de nuevo muchas gracias por prestarme tu adaptación.

-Ruka Jimotoraku: Arigatou por agregarme a favoritos y espero poder actualizar pronto.

-iblwe: Je de nada por la adaptación, aunque no debes de agradecer para mí es un gusto hacerla y que le guste.

-Mistyk862: Bien aquí se encuentra el cap. que esperabas con ansias y si es muy divertida esta historia tratare de hacerla lo mejor posible.

-Lily-Chan: Je espero que con estos tengas más ganas de seguir leyendo la adaptación.

-Carla S.C: Que bien que te enamoradas de la historia y tranquila la historia tiene muchos capítulos mas.

Bien ya que se terminaron los agradecimientos espero que les guste como está quedando la historia y espero muchos reviews más por ustedes.

Recuerden mientras más reviews me manden intentare demorarme menos en actualizar.

Rose-Black-1503