Disclaimer: Como siempre se dice la historia y la primera adaptación no es mía, la historia es de Kate Hoffmann y la primera adaptación es de Serenity Rose Kou, los personajes tampoco me pertenecen son propiedad de Hiro Mashima, lo único que me pertenece seria esta adaptación jejeje.

Bien nos leemos al final y como siempre

Que se abra el telón:

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Legalmente suya

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Chapther 4

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Rose-Black-1503

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Levy salto de la camioneta al suelo.

-Te veo mañana por la mañana-. Dijo-. Ven temprano, que tengo que llevar dinero al taller antes de ir al trabajo. Tienen mi coche retenido y, cuanto más tiempo pasa allí, más averías le encuentran.

-¿Por qué no te quedas tú la camioneta?-. Pregunto Lucy.

-Porque si te hago venir a recogerme y luego tenemos que ir a Jubban por las herramientas, tengo que salir de casa a las seis de la mañana y puedo evitar desayunar con Gajeel.

-¿Ya lo estas evitando? ¿Significa eso que tu plan no marcha bien?

-Le encanta todo lo que hago-. Repuso Levy con frustración-. Hace dos noches prepare una cazuela de pescado horrible y anoche hamburguesas de tofu espantosas, pero él siempre sonríe y me felicita por la comida. O tiene un estomago de acero o me sigue la corriente.

-O es un hombre amable que no quiere herir tus sentimientos. ¿Cuál es el menú de hoy?

Levy sonrió.

-Esta noche toca risotto mal cocido que sabrá como la pasta para el papel pintado. Creo que es hora de pasar a la segunda fase del plan. La decoración. Estoy pensando en un tema magenta mezclado con muchos lazos y fruncidos. Una mezcla de casa de muñecas victoriana y burdel francés. Cuando acabe con su casa, él acabara conmigo para siempre.

-Y eso es lo que quieres, ¿verdad?

Levy asintió.

-Si-. Murmuró.

Pensó en el beso que habían compartido una noche atrás, cerró la puerta de la camioneta y le dijo adiós a Lucy con la mano.

Se sentó en los escalones de la entrada y miro la calle con árboles a los lados.

Después de cuatro noches en casa de Gajeel, empezaba a estar agotada. Era muy cansado esforzarse por no bajar la guardia, por mantener las distancias y resistirse a sus encantos

Suspiro con suavidad. Tenía que admitir que Gajeel no se había mostrado ansioso por repetir la experiencia del beso, y no por falta de ocasiones. Esa indudable que no había disfrutado tanto como ella.

Un escalofrió recorrió su cuerpo y se froto los brazos a través del abrigo. ¿Cuánto tiempo podía seguir mirándolo todas las noches a través de la mesa, imaginándolo luego dormido en su cama mientras ella yacía despierta? No había pasado ni una semana y ya estaba a punto de derrumbarse bajo la presión del deseo.

-Puede que sea hora de buscarse un abogado-. Murmuro. Si encontraba el modo de anular el contrato, no tendría que preocuparse de los próximos tres meses, podría marcharse en cuanto el acuerdo le resultara imposible de cumplir, lo que podía ser muy pronto si él decidía besarla…

-O quizá no-. Susurró.

Había otra opción. Habían acordado pasar tres meses juntos; podía olvidar su cautela y vivir una aventura apasionada con él. Entregarse a una experiencia que tal vez no tuviera nunca con otro hombre. Y luego alejarse sin remordimientos y con muchos buenos recuerdos.

-¿Levy? ¿Qué haces sentada aquí fuera?

La joven se volvió y vio salir a Gajeel por la puerta. Bajo y se sentó a su lado, rozándola con el hombro.

-¿Cuánto tiempo llevas aquí?-. Preguntó.

-No mucho. Acaba de dejarme Lucy.

-¿Ha sido un día duro?

Levy se encogió de hombros.

-Mucha limpieza de otoño-. Estiro los brazos ante sí-. Siempre me entristece ver que llega el invierno has que planificar y plantar, en verano ver crecer las cosas y en otoño alcanzan su madurez. Y luego se congela y se acaba todo durante seis meses.

-Te estaba esperando-. Dijo Gajeel.

Se movió al escalón superior, coloco la espalda de ella entre sus piernas y le froto los hombros con gentileza. Levy cerró los ojos y reprimió un gemido.

-¿Levy?

-¿Si?

-Creo que he cometido un error.

-No, así está bien-. Murmuró ella-. Un poco a la izquierda. Ahí, justo ahí.

-Ha llamado tu madre.

La joven se puso tensa y se volvió a mirarlo.

-¿Mi madre?-. Levy se levantó de un salto-. ¿Por qué…? No sabe que estoy… los escalones hasta la acera.

-Es culpa mía-. Admitió él; bajo también hasta quedar frente a ella y le paso las manos por los brazos-. Su pongo que desviarías el teléfono de tu casa al mío y, cuando me ha preguntado quien era, se lo ha dicho.

Levy sintió un nudo en el estómago.

-¿Qué le has dicho?

-Le he dicho que era Gajeel Redfox, tu prometido-. Repuso él-. No sabía que les habías contado a tus padres.

Levy gimió y volvió a sentarse en los escalones, con las manos en las sienes. Ya tenía bastantes problemas para manejar aquella situcion sin tener que lidiar además con su madre. Erza Scarlet era inmisericorde en lo referente a los temas amorosos de su hija. En la graduación del instituto, se había mostrado tan desesperada por que Levy tuviera una cita, que había llegado a pagar a un chico para que la invitara.

-Y está adentro-. Añadió Gajeel.

-¿Le has dicho donde vivías?-. Grito Levy.

-Enana, es tu madre. ¿No crees que tiene derecho a saberlo?

Levy le apunto con un dedo acusador.

-No me llames "Enana". Y no se te ocurra aliarte con mi madre. Está esperando que me case desde que cumplí los dieciocho. Sueña con planear una boda a lo grande; tiene álbumes llenos de vestidos de novia, tartas y flores. Se ha suscrito a tres revistas de novias distintas desde que entre en el instituto y todos los años reserva el salón de baile de su club de campo para la segunda semana de junio. Está obsesionada.

-Hablas como si hubiera desatado las furias del infierno-. Dijo Gajeel

Levy se puso en pie y subió hasta la puerta de entrada.

-Comparado con Erza Scarlet. Belcebú es la madre Teresa de Calcuta.

La puerta se abrió antes de que la empujara.

-¡Querida!-. Su madre salió por ella vestida con su traje rosa favorito de Chanel y sus perlas y la abrazo con fuerza-. ¡Oh, Levy! ¿Por qué no me habías dicho nada? Imagínate mi sorpresa cuando he tenido que conocer a tu prometido por teléfono.

-No es mi prometido, mama.

-¿No lo soy?-. Pregunto Gajeel.

-No digas tonterías-. Comento Erza-. Claro que lo es-. Paso un brazo por la cintura de Gajeel y estrecho a los dos en un abrazo Grupal-. Vamos a entrar a hablar de la boda.

Los miro a los dos y se emocionó de pronto.

-Lo siento-. Musito-. ¡He esperado tanto tiempo este momento! Mi niñita ha encontrado al hombre de sus sueños. Es como un cuento de hadas hecho realidad-. Tomo las manos de los dos y tiro de ellos hacia la casa.

Levy miro a Gajeel y le dedico una sonrisa de disculpa no exenta de miedo.

-Tenemos nos minutos para hablar antes de que llegue Mirajane Strauss-. Dijo Erza. Los condujo a la sala de estar y se sentó en el borde del sofá-. Quiero que me cuenten todos los detalles. ¿En qué trabajas, Gajeel? ¿De dónde eres? ¿Cómo se conocieron? ¿Y por qué no lleva mi hija un anillo de compromiso?

Gajeel rio con suavidad.

-Me temo que aún no lo hemos comprado.

Gajeel se sentó en una butaca cerca del sofá y Gajeel permaneció de pie a su lado, con una mano en el hombro de ella.

-Mamá, ¿Quién es Mirajane Strauss?

-Esta casa es encantadora-. Musito Erza-. Con mucho espacio-. Miro a su hija-. Aquí hay sitio de sobra para los niños-. Se llevó una mano a los labios como si fuera a echarse a llorar.

Levy se sentó a su lado y le dio una palmadita en la mano.

-¿Quién es Mirajane Strauss?

-Es una mujer que planea bodas. En cuanto me he enterado de la noticia, la he llamado y ha dicho que vendría a hablar con nosotros. Llegará en cualquier momento.

-¿Le has dicho que venga aquí?

-Es bueno estar organizada, querida. Nos ayudara con los detalles. Quiero que tu día especial sea perfecto, ¿tú no?-. Tomo el rostro de su hija entre sus manos-. Serás una novia guapísima, ¿verdad que sí, Gajeel? Oh, creo que voy a llorar otra vez. Gajeel, pásame un pañuelo, ¿quieres? Nunca llevo uno cuando lo necesito.

Levy miro con temor la expresion estasiada de su madre y la sonrisa divertida de Gajeel. Aquello no iba según lo planeado. La llegada de su madre había añadido una complicación imprevista. Indico la cocina con la cabeza.

-Mamá, si nos disculpas, quiero hablar un momento con mi prometido.

Tomó a Gajeel del brazo y lo arrastro, a pesar de la diferencia de altura, fuera de la casa.

-¿Qué?-. Murmuro él.

-¿Por qué no le dices algo?

-¿Qué? Por si no te has dado cuenta, es difícil hablar. Siempre que me mira, se hecha a llorar. ¿Y qué quieres que le diga? Parece empeñada en los planes de boda.

-Dile que se marche y se lleve a la planificadora de bodas con ella. Gajeel se encogió de hombros.

-Quizás debamos escucharla. Tengo entendido que planear una boda puede ser agotador. Y tú trabajas muchas horas.

Levy soltó un respingo y le dio un golpe en el hombro.

-No voy a empezar a planear nuestra boda. Aún no llevamos una semana juntos y mucho menos tres meses. Y no he dicho que me vaya a casar contigo, esto es sólo un ensayo de compromiso, ni siquiera es aún un compromiso.

Gajeel la miro a los ojos.

-¿Ni siquiera quieres considerar la posibilidad de que lo nuestro pueda funcionar?-. Preguntó

Levy abrió la boca, pero volvió a cerrarla.

-¿Tú sí?

-Yo quiero darle una oportunidad-. Repuso él.

Ella trago saliva con fuerza.

-¿En serio?

-Por supuesto. Creía que tú también. ¿Qué daño puede hacer? Habla con ella. Y procura evitar que llore.

Sonó el timbre de la puerta y Levy dio un salto. Gajeel le tomo una mano y la llevo a su pecho. La joven percibía los latidos de su corazón bajo los dedos y cerró los ojos. Cada día parecía que se debilitaban un poco más sus defensas, lo que la llevaba a preguntarse si tal vez podrían crear algo especial juntos.

Gajeel le puso un dedo debajo de la barbilla y le levanto la cabeza para mirarla a los ojos. Bajo la cabeza despacio y le dio un beso tan cálido y dulce, que ella pensó que se iba a derretir allí mismo. Suspiro con suavidad y él le pasó los brazos por la cintura y la beso con pasión.

-¡Oh! ¿Ha visto eso?

Levy se aparto rápidamente y se tocó los labios con dedos temblorosos. Erza y otra mujer sonreían encantadas en la entrada de la cocina.

-Lo ó Levy.

-¿Verdad que son una pareja muy atractiva?-. Preguntó Erza-. Mis nietos van a ser muy guapos. Vengas. Vamos a sentarnos y hablar de la boda.

Su madre bordaba siempre todos sus proyectos con un entusiasmo sin límites; ya fuera la creación de su rosaleda o su determinación de aprender a jugar golf, no se rendía nunca hasta que lograba la perfección. Y en cierto sentido, Levy tenía la sensación de que podía hacer realidad sus sueños. Disfrutaría eligiendo las flores más apropiadas y el vestido perfecto, las invitaciones y la comida, y se sumergiría de lleno en la magia de la boda perfecta.

¿Pero qué pasaría cuando se enterara de que no habría boda? Levy abrió la boca, dispuesta a decir la verdad, decidida a cortar a por lo sano. Pero Gajeel se le adelantó.

-Señora McGarden…

-Erza-. Insistió la mujer-. O "madre", si lo prefieres-. Apretó los labios para combatir otro ataque emotivo-. Puedes llamarme "madre".

-Erza está bien-. Dijo Gajeel-. Si no le importa, creo que tendremos que dejar esto para otro momento. Levy acaba de llagar del trabajo y ha tenido un día duro. ¿Por qué no nos llamamos mañana y fijamos una reunión?-. Se acercó a la mujer, le paso un brazo por los hombros y la guio hacia la puerta-. Veo que esto va a requerir mucha energía y Levy tiene que estar descansada, ¿no le parece?

-Por supuesto-. Musito Erza con tono de disculpa-. ¿Pero no podríamos empezar por unos detalles sencillos? ¿Cuáles son tus flores predilectas, cariño?

-Sus flores predilectas son las rosas escarlata-. Contesto Gajeel.

-¿Y los vestidos de las damas de honor?-. Pregunto la planificadora de bodas-. Tenemos que decidir algo en ese sentido. ¿Y el pastel?

-Levy querrá vestidos sencillos pero elegantes, sin muchos adornos. Y su tarta favorita llevaría chocolate, aunque también le gusta con plátano-. Se volvió a mirarla-. ¿Verdad?

La joven asintió, sorprendida de que se acordara.

-Si-. Murmuró-. Quiero un pastel de plátano.

En cuanto lo hubo dicho, habría querido retirar sus palabras. ¿Pastel de plátano? Ella no quería una boda.

-Entonces decidido-. Declaro Gajeel-. Plátano. Y por encima ese…

-…queso cremoso-. Dijeron los dos a la vez. Y Levy se mordió el labio inferior.

-¿Y los colores?-. Pregunto la organizadora.

Levy miro a Gajeel, retándolo a contestar y adivinar su color predilecto.

-Creo que Levy está muy guapa con los tonos más pálidos del naranja-. Dijo él-. Tiene un suéter así que me gusta y ese color resalta sus ojos y su piel y va muy bien con su cabello azul-

La joven recordó el suéter rosa que llevaba el día que se encontraron en la calle. Era su suéter favorito y su color favorito. Una sonrisa entreabrió sus labios y una oleada de afecto calentó su corazón. Gajeel conocía su color predilecto y prácticamente había dicho que era guapa.

Por el momento era suficiente con hacerle dudar de su plan de esposa diabólica,

L&G

-Dime otra vez por qué estamos aquí-. Musitó Gajeel.

Levy apretó su mano con fuerza y tiro de él hacia las escaleras mecánicas que llevaban al segundo piso de Bloomingdale´s. Odiaba ir de compras y aquel viaje iba a ser una tortura, pero había que hacerlo.

-Lista de bodas-. Musito.

Levy tenía que derrumbarse antes o después y la lista de bodas había hecho tambalearse a más de una pareja.

Los planes de boda habían empezado con fuerza desde la visita de su madre. Erza llamaba todos los días aunque, para alivio de su hija, había decidido que necesitaban un año por lo menos para planear el gran acontecimiento, lo que les daba tiempo de darle la mala noticia antes que nadie gastara mucho dinero.

-Creía que no querías casarte conmigo-. Musitó Gajeel.

Levy los miro con los brazos en jarras.

-Es sólo para tranquilizar a mi madre. Mirara nuestra lista y nos dará su consejo sobre lo que falta. Podrá opinar sobre porcelana francesa, copas de cristal y tenedores de postre.

Gajeel se encogió de hombros.

-¿Así que nosotros les decimos que nos vamos a casar y ellos nos dicen lo que necesitamos?

-No, nosotros les decimos lo que queremos de regalo de boda-. Explico Levy-. Lo elegimos todo y, cuando quiere comprarnos un regalo, viene aquí y mira la lista que hemos hecho.

-Bien-. Repuso él-. Eso me gusta. ¿Así no acabamos con diez tostadoras y una lámpara espantosa?

-No acabaremos con nada-. Le recordó ella-. Esto es sólo un ensayo, porque no he decidido casarme contigo.

-Todavía-. Añadió él. Le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia sí-. Pero te gusto mucho, ¿verdad? Vamos enana, puedes admitirlo. Soy un gran tipo y no puedes resistirte a mí, ¿verdad?

Levy pensó que sabía hasta que unto acertaba. Sí, le gustaba mucho. Cada día le costaba más trabajo convencerse de que no era el hombre más perfecto de mundo… hasta que se recordaba que todas sus novias habían pensado lo mismo antes de que las dejara confusas con el corazón roto.

-Eres un gran tipo-. Admitió-. Y no soy inmune a tus encantos.

-Y todavía no he sacado mis mejores armas.

Levy se preguntó que querría decir con eso. Juntos recorrieron los departamentos de porcelana y de cristal. Había tanto de donde elegir, que a Levy le dolía la cabeza sólo con pensar en ello.

-Empecemos por algo fácil-. Sugirió-. Sábanas y toallas.

Gajeel la siguió al departamento de ropa del hogar. Levy lo miro por encima del hombro y vio que fruncía el ceño ante las largas hileras de toallas de baño de distintos colores. Eligio una rosa brillantes y se la mostro.

-Esta-. Dijo la peliazul

Él la miro con aire dudoso.

-Para ti puede, pero yo no pienso envolverme en esa cosa cuando salga de la ducha-. Tomo una toalla azul marino-. Yo quiero esta. Por lo menos con este color sí me puedes mirar al espejo.

Levy intento no imaginárselo desnudo envuelto en una toalla. Trago saliva y pensó si allí tendrían toallas transparentes.

-Tenemos que elegir sólo una-. Dijo-. El matrimonio es eso. Pensar como uno. Hay que aprender a ceder.

-Sí, claro, ¿y tengo que aceptar toallas rosa chillón?

-Son color sandia, no rosa chillón. Y si estuvieras seguro de tu masculinidad, no te preocuparía tanto por toalla usas.

Gajeel abrió la boca, pero volvió a cerrarla. Tiro de ella hacia la zona de las cortinas de ducha. Cuando quedaron ocultos del resto de los clientes, la beso con fuerza y jugueteo con la lengua en sus labios hasta que ella devolvió el beso con la misma pasión.

Levy creo que se detendría allí, pero él separo la chaqueta de ella y deslizo las manos bajo el suéter. Cuando sintió unas manos frías en la piel, respiró con fuerza y se apretó más contra él. El peligro de que los descubrieran contribuía a excitarla aún más.

Las manos de él se cerraron en torno a su espalda, recorrió cada milímetro de ella con sus manos. Un anhelo delicioso se instaló en el vientre de ella, que gimió con suavidad y le saco la camisa del pantalón. Busco el vientre plano de él con las manos y las bajo hasta rozar su miembro, caliente y duro bajo los jeans.

Gajeel le mordisqueo el cuello y le beso la oreja.

-No creo que tengamos que cuestionar mi masculinidad-. Susurró.

Levy abrió los ojos de golpe y vio que la miraba sonriente. Se apartó con un gruñido de frustración y ordeno rápidamente su ropa.

-No eres tan encantador-. Dijo-. Y elegiremos toallas rosas.

-Sandia-. Le recordó él.

Ella le tiro la toalla a la cabeza.

-Vamos a pasar a las sabanas-. Dijo la chica.

-Buena idea-. Musitó él-. Pasemos a la cama.

-Que puedas convertir una lista de bodas en un juego sexual no significa que tengas muchos encantos-. Musitó ella.

Gajeel le tomo una mano y la obligo a detenerse.

-¿Crees que no sé lo que haces? Vamos Levy, no soy tonto. Me quieres volver loco con tus horribles comidas y tu terrible gusto para que rompa contigo.

-¿Mis horribles comidas?-. Pregunto ella. Busco una excusa, una explicación alternativa, pero no se le ocurrió nada.

-Olvidas que cenábamos a menudo juntos en la universidad-. Dijo él en voz baja-. Y eras una cocinera excelente. Y no recuerdo que el rosa chillón fuera tu color favorito.

Le acaricio la mejilla y la miró a los ojos. Sonrió con malicia.

-Olvidémonos de las sábanas-. Dijo-. Tengo una idea mucho mejor-. Tiró de ella hacia los ascensores-. Hay que comprar algo mucho más importante.

-¿Qué puede ser más importante que las sábanas?

-Ya lo verás.

Esperaron a que se abriera la puerta y Gajeel pulsó el botón del primer piso. Cuando salieron, la tomó de la mano y tiró de ella hasta la sección de los anillos de diamantes.

-De acuerdo-. Dijo-. Tú querías un diamante grande. Elige uno.

Levy dio un respingo.

-¿Qué?

-Ya me has oído. Elige uno. El anillo que quieras es tuyo.

-Yo no voy a elegir un anillo de compromiso.

-¿Por qué no?-. Pregunto Gajeel, enarcando las cejas-. Estamos eligiendo sábanas y toallas sin motivo, pero el anillo sí que entraba en el trato, ¿recuerdas?-. Saludo con la cabeza al dependiente que había detrás del mostrador y señaló unos anillos expuestos sobre terciopelo-. Queremos verlos.

-No, no queremos-. Replico Levy. Una cosa era elegir toallas y otra aquello. Pedir un anillo grande había sido sólo la primera idea de su plan de boicotear el ensayo; jamás había tenido intención de obligaros a comprarlo-. Vámonos.

-No, quiero que elijas uno.- Insistió él-. Vamos, no puede ser tan difícil. A todas las mujeres les gustan los diamantes.

-Yo no soy todas las mujeres.

Gajeel sonrió.

-No, no lo eres. Eso lo sé.

-Pero si lo fuera-. Siguió ella-. Elegiría éste-. Señalo un diamante enorme montado en platino-. Y si has terminado de hacerte el tonto, vamos arriba a elegir sábanas.

Se volvió hacia los ascensores, pero Gajeel se quedó atrás a hablar con el dependiente. Poco después, la alcanzo y le paso el brazo en torno a la cintura.

-No vamos a elegir sábanas rosas chillón-. Dijo-. Me niego.

Levy sonrió para sí.

-Eso no parece una postura muy flexible.

-No tengo por qué ceder hasta que estemos casados-. Musito él-. Hasta entonces no habrá nada rosa en mi casa, ni más hamburguesas de tofu.

G&L

Gajeel abrió la cajita de terciopelo y miro el anillo de diamantes. Hacia dos días que lo llevaba encima, sin decidirse a dárselo a Levy. Seguramente no había sido la mejor compra, teniendo en cuenta que al fin habían salido a la luz los verdaderos motivos de ella. Su juego había terminado y sólo quedaba la realidad de su situación.

Cada vez que se besaban, Gajeel se sumía en un mar de confusión. Lo que había empezado como una sencilla amistad, se había complicado de pronto; el deseo se había mezclado con el sentimiento hasta que ya no sabía lo que quería en realidad.

¿Y qué quería Levy? Cuando la besaba, no tenía la impresión de besar una mujer empeñada en destruir su tenue relación, sino a una mujer que lo deseaba tanto como él a ella.

Se echó hacia atrás en la silla del despacho y levantó el diamante a la luz. La intimidad entre ellos crecía, los besos se hacían cada vez más intensos. La noche anterior, uno de esos besos había llevado a una sesión erótica en el sofá.

Había decidido no presionarla, pero no sabía si podría aguantar mucho más. Los dos eran adultos normales con necesidades normales.

Una llamada a la persona lo sacó de sus pensamientos. Levantó la vista y vio su padre en el umbral.

-Anoche tuve una llamada-. Dijo

Gajeel cerró la cajita y la guardo en el bolsillo de la chaqueta.

-¿Éstas esperando a que adivine de quién era?-. Pregunto el más joven.

-¿No lo sabes?

-No-. Repuso Gajeel-. Pero sospecho que me lo vas a decir.

-Me llamo tu futura suegra, quería invitar a la familia en Acción de Gracias. Al principio pensé que sería una loca, pero cando me dijo que mi hijo, Gajeel Redfox, estaba comprometido con su hija, Levy Mcgarden, me vi obligado a pensar que quizá debía ser la verdad. ¿Estás comprometido?

Gajeel no sabía que contestar. Legalmente, podría afirmar que Levy y él tenía un acuerdo de matrimonio, pero hasta que ella le prometiera amor eterno, prefiera pensar que estaban "temporalmente unidos" y no comprometidos del todo, aunque tampoco tenía por qué contar toda la verdad.

-Era lo que querías, ¿no?

-Quería que te tomaras tu vida en serio. ¿Vas en serio con lo de ese matrimonio?

-Sí-. En cuanto lo hubo dicho, Gajeel comprendió que era verdad. Iba en serio con Levy, no era una mentira para aplacar a su padre. Empezaba a creer que había encontrado a la mujer ideal años atrás y le había llevado todo ese tiempo volver a encontrarla.

-¿Y no vas a dejar que ésta como a todas las demás?

-No puedo prometerte que no haya momentos difíciles, pero tú tenías razón. Es hora de que empiece a tomarme la vida en serio.

Su padre asintió con la cabeza.

-¿Y quién es esa chica?

-Se llama Levy Mcgarden y nos conocimos en la universidad. Ella empezó tres años después de yo, pero vivía en el apartamento encima del mío.

-¿Qué clase de chica es?

-¿Qué rayos significa eso?-. Pregunto Gajeel, malhumorado-. ¿Y qué más da? Tú querías que me casara y me voy a casar. Con quien me case no es asunto tuyo.

Su padre lanzó una maldición.

-Yo quiero que te cases con una mujer a la que ames. Quiero que seas feliz.

-Y lo que tú quieres para mí siempre ha sido más importante que lo que quiero yo para mí.

-No vamos a entrar a ahora en eso-. Dijo Rogue Redfox-. ¿Quieres que acepte la invitación, sí o no?

-No lo sé-. Gajeel se levantó y se acercó al sofá, donde tomo el abrigo que había dejado antes allí-. No sé lo que vamos a hacer ese día. Hablare con mi prometida y te lo diré.

Salió del despacho, resistiendo el impulso de provocar una pelea con su padre y quemar sus frustraciones con la persona responsable de aquella locura. De camino a su coche, intento averiguar por qué estaba tan enfadado. ¿Por las exigencias de su padre, su manipulación y sus ridículas expectativas? ¿O era que no quería recordar lo que había devuelto a Levy a su vida?

Unas semanas antes, todo parecía muy sencillo. Usaría el contrato para reintroducir a Levy en su vida y probarle a su padre que podía encontrar a una choca con la que casarse, aunque no se casara con ella. Pero sus sentimientos crecientes por Levy no tenían nada de sencillo, eran confusos e intensos, y completamente inesperados.

De camino a casa intento poner en orden sus pensamientos. Le gustaba saber que encontraría a alguien en su casa, y ahora que la cocinad e Levy había mejorado considerablemente, él había empezado a salir una hora antes del despacho para estar allí cuando ella legaba a casa.

Pero cuando entró en el garaje, encontró la camioneta de ella ya allí. Salió del coche silbando y entró en la casa. Lily salió a recibirlo con un ladrido suave. Gajeel se inclinó a rascarle las orejas y vio algo en su hocico.

-¿Qué es esto? ¿Has vuelto a escarbar en el barro?

Se incorporó y cruzo la cocina hacia la sala de estar, con el perro trotando detrás.

-¿Levy?-. La planta baja de la casa estaba en silencio. Subió las escaleras de dos en dos y se acercó al dormitorio de ella-. ¿Levy?

-Márchate-. Dijo ella.

Su voz sonaba temblorosa. Gajeel llamo a la puerta con los nudillos y la abrió despacio. Miró la escena que tenía ante sí.

-¿Qué rayos ha pasado aquí?

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Bien listo el quinto capítulo, espero que nos podamos leer pronto y estoy poniendo todo mi esfuerzo en sacar los capítulos, lo más rápido posible así que calma. Tratare de sacarlo lo más pronto posible.

Y muchas gracias por los rewies… Me animan a sacar capítulos lo más rápido posible.

A y antes que lo olvide pásense por: como conquistar a un hada (Gender bender)

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