CAPÍTULO 2
En mitad del baile con ese hombre de pelo y ojos marrones sintió la presencia de otro hombre detrás suyo y cómo su acompañante se tensaba. Se separó ligeramente de ella e inclinó la cabeza.
- ¿Puedo bailar con mi preciosa hija?- habló entonces su padre, que era quien estaba a su espalda.
El joven se apartó serio -Claro majestad. Tiene una hija preciosa- Emma se sonrojó y se agarró a los brazos de su padre, intentando esconder la cabeza.
El rey sonrió orgulloso -Lo sé- dicho eso el joven se marchó.
-Estaba intentando halagarte para agradarte- susurró divertida.
-Es listo, sabe lo que le conviene. Aunque no mentía. Obviamente eres preciosa, como tu madre. Por cierto, me encanta ese vestido. ¿Lo has elegido tú o tu madre?
-Papá ya no soy una niña. Sé elegirme yo qué vestido ponerme para cada ocasión.
-Perdona. A veces se me olvida que ya no eres esa niñita que cabía en mis brazos y que siempre que me veía saltaba a ellos para que la abrazara y le diera vueltas- comentó nostálgico su padre, colocándole un mechón de pelo. Emma sonrió con cariño -bailas muy bien.
-Bueno, me ha enseñado el mejor.
-Cariño- dijo entonces él poniéndose más serio -sé que no hemos tenido ocasión de hablar detenidamente de este baile. Sabes que quiero lo mejor para ti y que seas feliz Quiero que encuentres a tu amor verdadero, como tu madre y yo hicimos cuando nos encontramos. Pero eres nuestra única hija y la única que podrá continuar con nuestro linaje. Tú y tus hijos salvaguardareis el reino. Y esta corona es muy pesada para estar en la cabeza de una sola persona. Necesitarás a alguien que esté siempre a tu lado y te apoye. Por eso es por lo que tu madre y yo hemos organizado este baile y esperamos que conozcas a alguien. Nos gustaría que te casaras con alguno de ellos.
Emma suspiró. Comprendía perfectamente las palabras de su padre, ella también quería encontrar a su amor verdadero, aunque ya empezaba a pensar que quizá eso no existiera, o que no todo el mundo tenía uno. Ya tenía veinte años y no había conocido a nadie que le hiciera sentir especial. Si a su edad la mayoría de las mujeres ya estaban casadas y con varios hijos. Además, a su deseo de encontrar un hombre que la amara y quisiera ser su compañero, se le unía que estuviera dispuesto a ser rey junto a ella. No quería a alguien que simplemente deseara su título y su corona pero que en verdad no la amara, sino a alguien que, a causa de su amor por ella, aceptara la corona. Y tenía que ser un príncipe, conde, duque, o alguien de sangre noble, que aportara tierras y riquezas en su matrimonio. Pero ¿cómo saber si esos príncipes sólo querían su trono y no a ella por lo que era, una mujer esperando ser amada?
Su madre le había dicho que en cuanto le conociera lo sabría, que en cuanto le mirara a los ojos, intercambiase unas palabras y sus pieles se rozaran, sabría que él era el indicado, que la amaría sobre todas las cosas, sin importarle si fuera una princesa rica o una plebeya sin dinero. Pero llevaba toda su vida conociendo a hombres nobles, más durante los últimos años, siempre buscando al hombre adecuado y no había sentido eso por nadie. Y ya pensaba que quizás no lo sentiría nunca.
-No quiero presionarte y quiero que disfrutes esta noche ¿vale? Toda esta gente está aquí por ti. Y ahora creo que este joven quiere bailar contigo- dijo de repente, ofreciendo la mano de su hija a un hombre que se había colocado a su lado.
-Gracias majestad. Espero que no le importe- el rey negó con la cabeza y guiñó el ojo a su hija. En el momento en el que Emma puso una mano en el hombro de la persona delante de ella y su otra mano en la de él y sus ojos se encontraron sintió que se quedaba sin palabras y sus mejillas se enrojecían violentamente. Esos preciosos ojos azules pertenecían al hombre que anteriormente había levantado su copa saludándole cuando sus miradas se habían cruzado. Eran unos ojos penetrantes, que en ese momento parecía que estaban mirando directamente en su alma. Y no solo eran los ojos lo hermoso de ese hombre. Tenía el pelo oscuro, casi negro, más largo por delante de modo que caía sobre su frente. Su rostro estaba cubierto por una corta barba cuidada. A Emma le dieron ganas de pasar sus dedos por ella. Llevaba puesto el uniforme de la Marina y el azul que le hacía juego con los ojos hacía que estos brillaran más.
-Killian Jones, Alteza- dijo con una voz ronca que envió un escalofrío por su espina dorsal.
Se obligó a decir algo y así salir de su trance -Capitán, por lo que veo- dijo admirando el uniforme azul de la marina y las muchas insignias colgadas de su pecho.
-Veo que sabéis distinguir el rango de los oficiales. Sí, Capitán Killian Jones, de la Marina de Su Majestad- tenía cierto tono de orgullo al decir eso y Emma sonrió divertida -no he podido apartar los ojos de vos desde que habéis entrado por esas puertas. Sabéis cómo lucir un vestido. Y cuando me habéis sonreído antes… que puedo decir. Sois hermosa y me moría de ganas de bailar con vos, pero entre tantos príncipes y reyes como hay aquí no sabía si querríais bailar con un simple Capitán.
Emma se sonrojó aún más. Estaba acostumbrada a los halagos, pero había algo en la forma en la que él los decía y la miraba que la hizo tornarse como la grana -Bailaré con todo el que me lo pida esta noche. Y desde luego que sabéis hacer cumplidos. Vos no estáis nada mal tampoco.
-Bueno, sé que soy endemoniadamente atractivo. Pero que ese cumplido venga de la mismísima princesa del Bosque Encantado es todo un honor- dijo ofreciéndole una amplia sonrisa y levantando la ceja de forma sarcástica. Eso le hizo gracia a Emma, igual que el modo en el que coqueteaba con ella.
- ¿Os comportáis de manera tan arrogante con todas las damas que os ofrecen su atención, Capitán Jones? - le siguió ella el juego, claramente divertida por la arrogancia pretendida de aquel hombre.
-Solo con las que merecen la pena. Nunca hasta hoy había conocido a nadie tan atractiva como vos- murmuró sinceramente, poniéndose serio. Emma no pudo soportar la intensa mirada que le estaba dedicando. Pensó que si la miraba más haría un agujero en su frente. Por suerte un hombre vestido con un elegante traje verde les interrumpió y le pidió ese baile, a lo que ella aceptó, aunque un poco a regañadientes. A pesar de su continuo flirteo, le había gustado ese oficial de la Marina -un placer Mi Señora- dijo Killian inclinándose ante ella y besándole los nudillos - ¿me concederíais el próximo baile? - ella asintió y vio cómo ese hombre se alejaba. Aunque intentó concentrarse en la conversación que el hombre con el que estaba bailando le daba no pudo hacerlo. En su mente se había grabado la sonrisa sarcástica y el movimiento de cejas de Killian Jones. Y a pesar de que apenas habían hablado mucho, esa conversación le parecía más interesante y apetecible que la que pudiera tener con cualquier otra persona.
En cuanto sus ojos se habían encontrado, él le había sonreído y la había estrechado entre sus brazos y había escuchado la primera palabra salir de sus labios ella lo sintió. Ese escalofrío, el pulso acelerado, el corazón latiendo con rapidez y el deseo de tener sus brazos rodeando su cintura por el resto de la noche. No quería poner etiquetas a ese sentimiento de seguridad que había sentido con él, apenas le acababa de conocer, pero una cosa sí tenía segura: tenía que conocer al Capitán Killian Jones.
Aquí tenemos a Killian, a nuestro capitán preferido. Espero que os haya gustado y gracias por leer.
