CAPÍTULO 3

Después de que a regañadientes tuviera que aceptar que otro hombre colocase sus brazos alrededor de la princesa, se apartó a un lado de la sala, agarró una copa y observó a la gente de su alrededor. Después de ese primer baile, habían compartido otros dos más antes de que les interrumpieran, y si por él fuera por el resto de la noche bailaría solo y únicamente con ella. Pero ella era la princesa, y no podía acapararla solo para él, menos aún después de que ella rechaza sutilmente a dos caballeros que se habían acercado a ellos. En un primer momento a Killian le había resultado extraño que hiciera eso, era de muy mala educación, y no le pasó inadvertido el revoloteo en el pecho al ver que ella quería seguir con él en sus brazos. Como no conocía a nadie, aparte de a un par de oficiales de la marina que habían venido con él, pero ya estaban ocupados, o bien bebiendo o bien disfrutando de la compañía de alguna de las mujeres que se encontraban en el palacio. Para no quedarse solo y hacer algo mientras esperaba a poder compartir otro baile con la princesa, se dirigió a un grupo de mujeres que se encontraban cerca suyo y le ofreció la mano a una mujer de pelo negro caoba. Aunque se divirtió con ella, sin duda era una chica amable, le pareció que bailar ya no era tan divertido. O por lo menos no con ella. La música paró y educadamente se inclinó ante su acompañante antes de separarse. Buscó a Emma con la mirada y con el rabillo del ojo vio que se escabullía por una de las ventanas abiertas.

Con paso rápido la siguió y la vio apoyada contra la barandilla del balcón mirando hacia el cielo. Los millones de luces iluminaban su delgada figura, reflejándose en su pelo dorado y en su vestido casi blanco, haciendo que los cristales del vestido relucieran dándole un aspecto sobrenatural. Meneó la cabeza ante esos pensamientos tan impropios de él y tosió ligeramente para llamar su atención.

- ¿Puedo?- preguntó cuando ella se giró hacia él. Emma asintió y le hizo un gesto para que se pusiera a su lado -me habíais prometido el siguiente baile.

-Lo sé. Pero necesitaba un momento de respiro y aire antes de volver. Toda esa gente diciéndome lo mismo ya empezaba a abrumarme.

-Si os molesto me voy.

-No hace falta. Quédate- se sorprendió al haberle llamado de tú. Era algo que simplemente no se hacía, a no ser que fuese alguien de completa confianza y al que se le conociera de toda la vida. Pero como él no pareció notarlo ella prefirió no darle importancia. También se sorprendió que, aunque hubiera salido ahí fuera para estar sola durante unos minutos no le importara estar en compañía de él. Sonrió nerviosa -para ser Capitán y por tanto haber sido invitado a todos los eventos de palacio nunca os había visto.

-No llevo mucho tiempo siendo Capitán. Antes era teniente, y aunque también estuviera invitado nunca me han gustado estos actos sociales, así que le dejaba la tarea a mi hermano. Él era mi capitán, pero después de que muriera me ascendieron.

-Vaya lo siento- dijo Emma sin saber muy bien qué decir.

-Está bien alteza. Ya lo tengo superado- se quedó callado mirando al horizonte, donde se veían las luces de la ciudad más cercana y añadió -decidí que ya era hora de acudir a uno de estos bailes y conocer personalmente a la princesa, de la que tanto había oído hablar y que me habían dicho que era el ser más hermoso de este y cualquier reino.

-Por favor, ya basta de cumplidos- levantó una mano para dar más fuerza a sus palabras y se río - ¿Cuál es vuestro barco y la flota que capitaneáis? - se interesó entonces la princesa.

-El Jolly Roger- respondió levantando la mirada hacia ella, orgulloso -desde él dirijo las misiones especiales y más peligrosas.

-He oído hablar del Jolly Roger y de vuestra flota. Dicen que es una de las mejores naves de la Marina y una de las más rápidas.

-La mejor, si me lo permitís. Algún día me gustaría llevaros a navegar en mi navío.

-Me encantaría- agradeció Emma. Giró la cabeza en dirección a la sala abarrotada a sus espaldas -debería volver. Más tarde venid y sacadme otra vez a bailar, Killian- casi sin pensar le dio un beso en la mejilla y se alejó.

Killian se quedó ahí, aún apoyado contra la barandilla, pero con la cabeza girada mirando cómo se apartaba de su lado. Antes de volver a unirse al barullo, Emma se dio la vuelta y sus miradas se cruzaron. Ambos sonrieron.

Por fin pudo volver a respirar. Una pequeña sonrisa surcó sus labios al pensar en ella. En cómo se había reído antes y ese sonido le había parecido el más bonito del mundo. La preocupación en su rostro cuando le había dicho que su hermano había muerto. Su preciosa sonrisa al haberle ofrecido navegar en su barco. Y lo mejor de todo, el beso tan inesperado que le había dado. Llevó los dedos a su mejilla y juraría que aún podía sentir sus suaves labios contra su piel. Pero ahí solo estaba el vello de su rostro. Suspiró ¿qué le pasaba? Dio un sorbo de su copa ya medio caliente y sintió que el alcohol le quemaba la garganta. Decidió quedarse un rato más ahí, sintiendo al aire frío contra su rostro y contemplando el oscuro océano que se veía a kilómetros de distancia, en vez de volver dentro. En realidad, no le gustaba bailar, apenas sabía, pero parecía que Emma ni siquiera lo había notado. O a lo mejor era demasiado educada para decirle nada. De todas formas, una parte de él quería entrar otra vez para poder volver a bailar con ella.

La razón que le había dado por haber ido al baile era cierta. Aunque alguna vez había visto a la princesa, desde lejos siempre, casi ni sabía cómo era y había oído hablar de ella infinidad de veces. Todo el mundo proclamaba lo bella que era, una vez que la veías era imposible no quedarse prendado. También se decía que era amable y divertida, aunque fiera a la vez. No era la típica princesa dulce y modosa, sino que de ella emanaba una fuerza que hacía que la respetaras. Además, se decía que sabía manejar la espada mejor que cualquier hombre. Sin duda merecía la pena conocer a una mujer como aquella. Así que se planteó la posibilidad de ir a ese baile porque ella sería su futura reina y ya era hora de saber a quién le debía lealtad y bajo las órdenes de quien acabaría luchando y sobre a quién pertenecía la Marina en la que servía. También acudió al baile porque pensaba que era su obligación como Capitán. Era una muestra de respeto hacia su rey que los principales oficiales del Ejército de Su Majestad acudieran a los actos que se organizaban en palacio, y aunque llevaba años escaqueándose ya no debería hacerlo más. Y si era sincero, después de haberla conocido ya no entendía sus motivos para no haber ido nunca antes.

Pero nunca se imaginó que acabaría tan cautivado por ella, por todo. Su belleza, amabilidad, gracia y delicadeza. Sonrió otra vez, pensando que probablemente esa mujer era una bruja, o una sirena, porque en sus pensamientos parecía un tonto. Nunca se había sentido así con respecto a ninguna otra mujer.

Estos tres primeros capítulos han sido muy cortos, más que nada porque en un principio esta historia iba a ser un one shot y duraba más o menos hasta aquí, pero después de que empezaran a ocurrírseme ideas decidí hacerlo más largo y por tanto tuve que separar lo que tenía escrito en capítulos. A partir del próximo, ya serán más largo.

Espero que os esté gustando.