CAPÍTULO 4
Se despertó por la intensa luz del sol que entraba por la ventana abierta y por el suave rumor de los pasos de las doncellas. Nada más abrir los ojos, una gran sonrisa apareció en su cara al recordar los acontecimientos de la noche anterior. El baile había continuado por horas y horas hasta bien entrada la noche, y la mayoría de las veces había bailado con el mismo hombre, Killian Jones. Era su deber como princesa bailar con todos los hombres que acudiesen, pero por una vez se dejó llevar por lo que realmente quería hacer y eso era estar con él. Cada vez que pensaba en él sonreía, y todas y cada una de las veces en las que sus ojos se habían encontrado o la mano de él había rozado la suya había sentido un escalofrío y se había sentido muy ligera, como si volara.
Se quedó un rato más en la cama, rememorando esos ojos azules y todo lo que había sentido la noche anterior, hasta que fue sacada de sus pensamientos.
- ¿Se lo pasó bien anoche, princesa? - esa era Nadia, la que fue su aya cuando era pequeña y ahora era la jefa de sus doncellas. Ella era la que siempre la despertaba por las mañanas y la que la mayoría de las veces la ayudaba a vestirse.
-Muy bien- respondió Emma a la vez que apartaba las pesadas mantas de encima de ella. Un suave temblor recorrió su cuerpo cuando una ligera brisa entró por las ventanas abiertas de par en par, ya que apenas llevaba el ligero camisón de dormir. Se colocó delante del espejo y alargó la mano hasta una bandeja que había sobre una mesa a su lado, donde estaba su desayuno. Distraídamente, cogió una uva y se la llevó a la boca -conocí a alguien- dijo en un susurro.
Nadia se había colocado detrás de ella para empezar a vestirla. Mientras Emma alzaba los brazos para que la doncella pudiera ponerle el corsé esta respondió con una pequeña sonrisa - ¿Algún príncipe?
-No, era un Capitán.
- ¿Y era apuesto?
-Mucho- Emma se agarró a una de las barras que sustentaban el dosel de su cama para que Nadia pudiera ajustarle el corsé -y también era amable y divertido- se sonrojó al hablar de él y decir sus pensamientos en voz alta.
- ¿Volveréis a verle? - Emma nunca llegó a contestar a esa pregunta porque en ese preciso momento entró su madre, después de golpear suavemente la puerta -buenos días, Majestad- rápidamente, Nadia se apartó de la princesa para inclinarse ante la reina.
-Buenos días y buenos días a ti también, cariño. ¿Has dormido bien? - hizo la pregunta mientras que se sentaba en una cómoda butaca enfrente de Emma.
-Muy bien, mamá, gracias.
- ¿Te lo pasaste bien ayer?
-Estupendamente. La música fue excelente y todos muy caballerosos- contestó distraídamente, mirando su reflejo en el espejo e inspeccionando, quizás un poco más minuciosamente de lo normal, su rostro.
-Vi cómo le mirabas- su madre como siempre directa al grano. Emma se sobresaltó.
- ¿A quién? - decidió hacerse la tonta, pero sabía que eso no servía, no al ver la mirada que le lanzó su madre.
-A ese hombre de la marina. Muy guapo, por cierto- la reina se levantó y agarró las manos de Emma -bailaste casi toda la noche con él y tus ojos brillaban y tu sonrisa era más grande cuando estabais juntos. ¿Quién era?
-Killian Jones. Es el capitán del Jolly Roger- Emma volvió a sonreír, soñadora.
-Vaya, alguien importante- aunque el Jolly Roger y su flota no fuesen muy conocidos por el pueblo, al fin y al cabo, se dedicaban a misiones secretas, así que debían mantener el anonimato, sí era muy conocido por la Familia Real y sus consejeros. Eran los encargados de guardar la paz en el mar y acabar con cualquier ataque antes de que el reino lo supiera y sembrara el pánico - ¿podremos volver a verle? - Emma se encogió de hombros y caminó a su armario para elegir qué vestido se iba a poner ese día -me gustaría conocer al hombre que ha hecho sonreír así a mi hija.
-Mamá, ni siquiera sé si yo misma volveré a verle. Solo bailamos- escogió un vestido rosa pálido, no muy voluminoso, sino lo suficientemente cómodo como para poder realizar sus actividades y obligaciones diarias. Se lo entregó a la doncella y volvió a colocarse delante del espejo.
Hubo un ligero golpe en la puerta, pero antes de que pudiera contestar para que quien fuera esperase un poco entró su padre.
- ¡Papá! Espérate a que te de permiso ¿no ves que me estoy vistiendo? - gritó Emma corriendo detrás del biombo para que su padre no la viera medio desnuda.
-Lo siento, cariño, pensé que ya estarías visible- hizo con la mano un gesto ante las doncellas que se habían inclinado ante su presencia y ellas continuaron con sus tareas. Emma asomó la cabeza mientras seguían vistiéndola -me alegro de que estéis aquí las dos pues tengo noticias- ambas mujeres le miraron, prestándole atención - ¿te acuerdas del príncipe Neal? - preguntó mirando a Emma. Ella se quedó pensando unos instantes, pero luego se encogió de hombros y negó con la cabeza -bailaste con él ayer. Es el príncipe del Reino del Norte y su padre es un hombre muy poderoso. Se quedó prendando de ti y le gustaría casarse contigo.
- ¡¿Qué?!- exclamó Emma asombrada saliendo de detrás del biombo con el vestido aún a medio abrochar y agarrándoselo por el pecho para que no se cayera.
-Sé que es de improviso y no te lo esperabas, pero es un buen partido.
-Papá, no me voy a casar con él. Ni siquiera le conozco. Pero qué digo, él no me conoce, no lo suficiente como para que se quiera casar conmigo. Por lo menos, no para que quiera hacerlo por quién soy realmente, sino porque soy guapa y tengo una corona y poder.
-Pero puedes llegar a conocerle. Emma, ya tienes cierta edad y debes empezar a tener responsabilidades. Sabes que el reino está pasando por una pequeña crisis y este príncipe nos promete ayuda y seguridad.
Emma hizo una señal con la mano hacia sus doncellas para que se marcharan. Todas hicieron una inclinación ante la Familia Real y se fueron. Ese era un tema de familia y no quería curiosos a su alrededor –Padre, me da igual- adoptó un tono serio y le habló de forma más educada, como siempre hacía cuando se enfadaba con él -no le conozco. Además ¿qué hay de lo que me dijiste ayer? Todo eso de encontrar a mi amor verdadero ¿ya lo habas olvidado?
-Claro que no, hija, pero ¿cómo sabes que él no es tu amor verdadero?
- ¿Qué pretendes? ¿Que me case con él sin conocerle, y de repente me enamore de él? Sabes que eso no funciona así. Fíjate en ti, te obligaban a casarte con alguien a quien no querías y huiste porque querías estar con madre. No me puedo creer que me estés pidiendo esto.
-Bueno, pero tú no estás en esa situación ¿o sí? - preguntó el rey esperando que ella le diera la razón. Lo que no esperaba era que su hija no le contestara y se quedara pensativa con la vista fija en el suelo. Pudo observar cómo un ligero rubor aparecía en sus mejillas.
-Puede que haya conocido a alguien- dijo en un susurro.
- ¿Y por qué no he oído hablar de él? ¿Quién es? - preguntó bajando la voz.
-El Capitán del Jolly Roger, le conocí ayer en el baile- respondió aún sin mirar a su padre.
-No es un príncipe. Neal te conviene más, te traerá mayor estabilidad al igual que beneficio al reino.
-Mira papá- calmó un poco su tono, sabía que discutiendo no iba a conseguir nada -no digo que Killian sea mi amor verdadero, ni tampoco que Neal no lo sea. Del príncipe ni siquiera me acuerdo y a Killian le conozco de una sola noche. Puede que me acabe casando con Neal, puede que no me acabe casando con ninguno de los dos. Pero tú siempre me has dicho que quieres que yo sea feliz y que me impongas casarme con ese príncipe del Norte no lo va a hacer. Por favor deja que yo escoja mi camino tal como tú hiciste. Ahora mismo, el solo hecho de pensar en Killian me hace feliz. Me gustó mucho, papá, es un hombre que me trató con respeto, no solo por ser la princesa, sino porque lo merezco. No me miraba porque tengo poder, sino porque quería conocerme. Ha visto mundo, y me cautivó con lo poco que hablamos. No me obligues a casarme con alguien a quien no conozco, y deja que sea yo quien tome esa decisión.
David la miraba fijamente, muy serio, y negó ligeramente con la cabeza. Una parte de él quería consentir lo que ella le pedía, pero la parte de él que pensaba como rey del Bosque Encantado no podía, y necesitaba que su hija hiciera lo que le pedía. Entendía su postura y su frustración por imponerle algo a lo que él se había negado de joven, pero los tiempos en los que estaban en ese momento no eran los mismos que en su pasado. El reino estaba unido otra vez y solo tenían que velar por su bienestar. Emma no podría dejarse guiar solo por el amor, sino también por el deber, por lo tanto, casarse con el príncipe Neal era su mejor opción para mantener el reino estable y conseguir más alianzas.
Emma vio que su padre no daba su brazo a torcer, aunque también podía percibir la duda en sus ojos. Decidió jugar su última carta -Mamá, por favor, ayúdame. No sé si quiero a Killian, pero me gusta. Me has dicho que me viste feliz con él. Habla con papá.
Blancanieves, la reina, que hasta ese momento había estado sentada sobre la cama observando la discusión, aunque sin intervenir, se levantó y se colocó junto a su marido.
-Cariño, escucha a Emma. La hemos criado como a una mujer independiente para que pueda tomar sus decisiones, y le hemos hablado sobre el amor verdadero y lo poderoso que es, así que es normal que quiera seguir su propio camino. Ella te quiere, y si no hay más remedio, va a hacer lo que le pides. Pero también deja que sea ella quien escoja su destino. Puede que estemos pasando por un momento de crisis y nos vengan bien estas alianzas, pero se pueden hacer de otro modo, sin que sea nuestra hija el precio por ellas. No es la primera vez que hemos tenido problemas económicos o hemos necesitado nuevas alianzas, y siempre las hemos resuelto sin que sea ella el precio. Ambos pensamos igual sobre los matrimonios concertados, así que sería injusto meter a Emma en uno. Deja que encuentre ella su camino, y mientras nosotros arreglaremos esto. No le digas al príncipe Neal que rechazas su propuesta, pero tampoco le digas que la aceptas, sino simplemente que Emma lo va a pensar- se dirigió a Emma, quien la miraba esperanzada al ver que la expresión de su padre se había calmado y parecía entrar en razón -tu padre no te va a obligar a nada, pero tú tienes que prometernos que vas a pensar en lo que quieres. Sigue viendo a Killian si es lo que deseas y así descubrirás qué sientes por él, pero también deja que Neal te corteje. Conócelo, no hay nada malo en ello. ¿Aceptáis el trato? - padre e hija aceptaron mirándose directamente a los ojos. David resopló, derrotado.
-Pero primero me gustaría conocer a ese Killian. Será el capitán del Jolly Roger, pero quiero saber qué clase de hombre es. Podríamos invitarle al castillo esta tarde, puede que nosotros dos podamos ir a cazar y así descubrir sus intenciones hacia ti.
-Eso va a ser imposible- intervino Emma interrumpiendo a su padre. Los reyes la miraron interrogadoramente -ayer me contó que hoy salía con la flota a una misión. Los gigantes marinos están volviendo a atacar las costas del sur y hunden todos los barcos que se atreven a pasar por ahí.
-Es verdad. Probablemente estén fuera varias semanas. Bien Emma, hasta entonces puedes ir conociendo a Neal. Cuando regrese la flota quiero conocer al capitán, y no le verás hasta que yo le apruebe ¿está bien?
Emma miró a su padre hasta que finalmente asintió de mala gana -Podríamos organizar un baile para toda la Marina y el Ejército. Al fin y al cabo, son quienes nos protegen y merecen el reconocimiento. Sería la excusa perfecta para ver a Killian a su vuelta y así tú podrías conocerle y verás que es un verdadero caballero. Papá, te lo prometo, es perfecto. Fue muy respetuoso conmigo y siente admiración por el mar y por servir al reino.
-Eso ya lo veré. Ahora, Emma, haz el favor de vestirte y cuando estés lista ven al gabinete. Debes ayudarme con un par de cosas y ya hemos perdido mucho tiempo con esta discusión- dirigiéndose a su mujer –vamos, cariño.
En cuanto sus padres salieron y cerraron la puerta detrás de sí, Emma se dejó caer sobre la cama, aun apretándose el vestido sobre el pecho y sonrió ligeramente. Aún podría acabar casándose con ese Neal, pero también existía la posibilidad de que a su padre le encantara Killian y lo suyo se acabase convirtiendo en una bonita historia de amor. Y algo en su interior le decía que así sucedería.
Poco después de que los reyes se hubieran marchado volvieron a entrar sus doncellas, que la terminaron de vestir y arreglar y ella pudo ir al gabinete de su padre.
Desde que pudo empezar a entender los asuntos del reino ayudaba todos los días a su padre con ellos, tales como guerras, impuestos, quejas o peticiones de los diferentes súbditos. Algún día ella sería la reina y tendría que hacer todo eso sola así que su padre le enseñaba a llevar sus obligaciones con justicia. Estaban sentados uno enfrente del otro ante una mesa ancha abarrotada de pergaminos y plumas y ambos estaban muy concentrados, aunque Emma podía observar que el entrecejo de su padre estaba fruncido, y sabía que era por su culpa al haberle desobedecido. No le dijo nada, aunque se sentía mal por haberle defraudado. Pero no iba a cambiar de opinión ni a disculparse por querer ser feliz. Ella quería a su padre, y quería hacerle feliz, pero no a expensas de su propia felicidad. Sus padres le habían contado desde pequeña su historia de amor, cómo él se había revelado contra su tiránico padre y ella había huido de la Reina Malvada, se habían conocido y habían luchado por estar juntos. Y siempre le habían prometido que ella tendría la última decisión respecto a su matrimonio y que nunca le impondrían uno. Pero también eran conscientes de que esa era una promesa peligrosa de hacer porque su vida no era solo de ella y se debía a su reino, de modo que siempre la habían instado a que conociera a reyes y príncipes con la esperanza de que alguno de ellos se convirtiera en su marido. Pero ¿por qué tanta prisa ahora? Era cierto que después de la guerra que había ocurrido hacía dos años y después de las malas cosechas de esa primavera, la economía del reino tenía un agujero y habían estado negociando con otros nobles o reinos vecinos. Si incluso había sido ella misma la que se había reunido con alguno de esos embajadores con el fin de realizar algún pacto. Pero nunca se había hablado de la palabra matrimonio, ni de que ella fuera la moneda de cambio, siempre se habían llegado a acuerdos de otro tipo. No, si había una cosa de la que Emma estaba segura, era de que no se casaría con alguien que ella no quisiera.
Esa misma tarde, uno de sus guardias se acercó a ella mientras estaba leyendo tranquilamente en la enorme biblioteca del palacio. El príncipe Neal estaba en el vestíbulo y quería verla. En un principio rechazó verle, si era sincera, no le apetecía conocerle y prefería continuar el resto de la tarde aprovechando los últimos rayos del sol desde la biblioteca sumergida en un buen libro, a solas, pero había hecho una promesa con su padre, así que lentamente se levantó del cómodo diván y fue a recibirle. Quisiera o no debía saber quién era y contra quien acabaría compitiendo Killian. Aunque realmente no había competición, ya que Emma sabía que quería estar con el apuesto capitán y descubrir qué sentía por él antes que estar con cualquier príncipe, por muy rico, poderoso o guapo que fuera.
