CAPÍTULO 11

Releyó la carta una, dos, tres veces más sin poder creer lo que veían sus ojos. Las lágrimas que había logrado contener en un principio por fin manaron de sus ojos, que al final se habían posado en unas palabras en concreto, 《Siento haberme enamorado de vos. ¿Se había enamorado de ella? ¿Sentía exactamente lo mismo que ella sentía? Hacía unos días había descubierto que lo que sentía por el capitán era más que una simple atracción o un capricho, y desde entonces se había preguntado si él pensaba igual. Pues bien, ahí tenía su respuesta. Ella también estaba enamorada de él, y leer esas palabras, descubriendo que él también lo estaba de ella le llenaba de satisfacción, aunque después de esa carta le entristecía aún más. ¿Cómo podía creer que ella no sentía lo mismo? ¿Cómo podía creer que había estado jugando con él y con sus sentimientos? ¿Cómo podía creer que ella quería, o que podría, olvidar todos esos momentos compartidos? Desde hacía varios meses sólo había un pensamiento en su cabeza, una persona, una cara, unos ojos, un nombre. Killian. Y él era más que un simple Capitán, que un simple súbdito. Él era su vida y tenía que asegurarse de que él lo supiera.

Se levantó bruscamente, tomando una resolución. Se limpió la cara con el agua de la jofaina en un intento de eliminar las lágrimas, aunque aún así los ojos seguían rojos e hinchados. Llamó a sus doncellas, a quienes apremió para que le pusieran rápido el vestido. Ellas la miraron detenidamente, preguntándose qué podría haber molestado tanto a la princesa como para hacerla llorar, ya que minutos antes estaba de buen humor, pero no dijeron nada. Agarró la primera capa que vio y salió corriendo de la habitación, con el pelo despeinado revoloteando a su alrededor, pero sin importarle.

Corrió por los largos pasillos hasta al salón donde la familia real pasaba sus ratos libres y donde sabía que encontraría a su padre.

-Padre- dijo respirando pesadamente, sin darse tiempo a recuperar el resuello. David, que estaba leyendo, levantó la mirada hacia ella, al igual que su madre -he tomado una decisión. No quiero seguir viendo a Neal. Es apuesto, encantador y brillante, es un príncipe, tiene posesiones y riquezas, pero no me gusta. Estoy enamorada de Killian. Dios, solo puedo pensar en él- hablaba de forma apresurada, dejando salir todo lo que había en su corazón -no será rico, ni tendrá títulos o tierras, pero me hace inmensamente feliz. Cuando le veo me siento a salvo, siento que nada malo puede ocurrir. Cada vez que me mira me derrito y cuando me toca una corriente eléctrica me recorre todo el cuerpo. Y cuando me besa, oh cuando me besa, es capaz de hacerme elevar el vuelo y llevarme a las nubes. Es un hombre que no es solo un regalo para los ojos, sino que es bueno conmigo, me trata como si fuera la mujer más especial del mundo, se preocupa por mí, me atiende, me consuela y confío plenamente en él. Cada vez que cierro los ojos solo le veo a él y cuando no estamos juntos las horas se me hacen eternas. Yo solo quiero estar con Killian, estoy locamente enamorada de él, y sé que él siente lo mismo. Siento decepcionarte, pero debo seguir mi corazón y no me voy a arrepentir por tomar esta decisión.

Su padre la miraba con los ojos muy abiertos, casi impresionado por ese discurso, mientras que su madre la miraba con esa mirada tan característica suya, sonriendo ampliamente y con lágrimas en los ojos.

-Entonces- comenzó a hablar David -supongo que no tengo nada más que decir. Si es lo que de verdad deseas, yo no te voy a obligar a algo que no quieras.

Emma se lanzó a los brazos de su padre, abrazándolo fuertemente como no había hecho en bastante tiempo -Gracias- susurró.

-Pero tendrás que ser tú quien le comunique al príncipe tu decisión. Ya eres adulta, así que tienes que actuar como tal encarando tus decisiones- Emma asintió con ímpetu y se levantó y esta vez poniéndose la capa se despidió de ellos -ahora tengo que irme. Tengo que recuperarlo antes de que sea demasiado tarde y decirle lo que siento. No me esperéis- sin esperar una respuesta salió corriendo en dirección a la entrada principal, donde ya le esperaba un carruaje que la llevaría a Helmtown, el pueblo marino a unos pocos kilómetros de allí, en donde estaban amarrados los barcos de la flota real.

Apremió al cochero para llegar cuanto antes y le pidió que se detuviera a la entrada del pueblo. No quería que nadie supiera que la princesa estaba allí, así que se colocó la capucha y continuó a pie, andando rápido e intentado pasar desapercibida, hasta que llegó a los muelles al otro extremo del pueblo. Andando a lo largo de estos echó un vistazo a los cascos de los barcos, hasta que por fin leyó el que estaba buscando, el Jolly Roger. Killian nunca la había llevado a ver el barco y ahora entendía por qué se sentía tan orgulloso de ser su capitán, era un navío hermoso y descomunal. Con sus dos cubiertas repletas de cañones pintadas de amarillo, azul y rojo y los mástiles que ascendían hacia el cielo como palmeras, era sin duda una visión imponente, digna de ser uno de los barcos más importantes de la Marina. Pero Emma no tenía tiempo para admirar cada uno de los detalles del barco. Con paso firme subió por la rampa habilitada con los marinos para subir el cargamento al navío y completar los últimos preparativos antes de su viaje. Un hombre vestido con uniforme y de aspecto rudo la detuvo, era el teniente de abordo.

-Señora, no puede estar aquí, debe marcharse- le ordenó impidiéndole el paso, cuando estaba ya subiendo a la cubierta. Claramente, no la había reconocido.

-Claro que puedo estar aquí- se apartó la capucha en un gesto firme, revelando a todos su identidad -soy la princesa Emma- dijo con voz fuerte. Aquellos hombres que estaban cerca de ella y se habían percatado de su presencia se irguieron al reconocerla y se miraron confusos y asustados por su presencia allí.

-Perdonadme, Mi Señora, no os había reconocido- esta vez el tono del teniente era más suave, sumiso - ¿qué puedo hacer por vos?

-Tengo que ver a vuestro Capitán- tomó la mano que el teniente le ofrecía como ayuda a pasar al otro lado de la cubierta. Una vez con los dos pies en el barco se dirigió a sus hombres.

- ¡Atención! Su alteza real, la princesa Emma en cubierta- esta vez todos los soldados se enteraron de la visita y corriendo por la cubierta desde donde estaban, se colocaron a ambos lados de la princesa, haciendo un pasillo y se llevaron la mano a la sien, en un saludo militar. Emma asintió agradecida por los saludos, e hizo una ligera inclinación de cabeza.

Killian estaba en su camarote mirando las rutas y haciendo cálculos, consultando cuál sería la ruta más correcta a tomar y marcando aquellos lugares donde podrían encontrar algún peligro para evitarlo. Fue entonces cuando encima suyo, en la cubierta, escuchó una voz diciendo algo a gritos, golpes y el sonido de mil pasos golpeando la madera rápidamente. Extrañado, dejó el compás y la brújula a un lado y se apresuró por las estrechas y oscuras escaleras. Al salir a cubierta se encontró con sus hombres en formación saludando a la princesa.

Se sorprendió y su corazón dio un vuelco al verla allí de pie, delante de él y en su barco, pero después recordó lo que había ocurrido aquella tarde y se recompuso. Con paso firme caminó hacia ella, y agarrando la mano que le ofrecía se inclinó ante ella, besando con delicadeza el dorso de su mano. Pero ese gesto que había repetido en otras muchas ocasiones ya no era como antes. Antes lo hacía como una muestra de cariño, ahora era una muestra de respeto, recordándose que estaba frente a la princesa, no frente a su amiga.

- ¡Rompan filas! - gritó a continuación, y sus hombres volvieron a sus trabajos, obedeciéndole puntualmente. Aunque desconocía la visita de la princesa, era obvio que quería hablar con él.

- ¿Podemos hablar? - preguntó ella delicadamente -¿en privado?- añadió señalando a su alrededor.

-Claro- empezó a guiarla adentrándose en la cubierta -vayamos al camarote del Capitán.

Ella entonces se paró y con las mejillas encendidas se negó -Esa no es una buena idea, no sería apropiado.

Él asintió y sintió una punzada de dolor en su pecho. ¿Acaso no se fiaba ella de él? ¿Pensaba que se iba a sobrepasar con ella de alguna manera? Intentó apartar esa idea de su mente. En el fondo sabía que no era eso, no era apropiado que un hombre estuviera a solas en compañía de una dama que no fuera su hija, hermana o mujer, y menos aún si estaban en un lugar con una cama. En cambio, la guio hacia el castillo de popa, de donde expulsó a sus hombres para conseguir intimidad.

Emma caminó hacia el borde y se apoyó contra este, de espaldas a Killian y al resto de la tripulación y durante unos segundos se quedó callada mirando al mar. Killian se acercó a ella, pero se quedó detrás suyo, a unos pasos de distancia. Por fin la princesa se dio la vuelta y clavó sus ojos en él.

-No sé quién os ha dicho lo de Neal y yo, pero no es cierto. Nos hemos estado viendo, sí, pero no estamos juntos ni estamos comprometidos- Emma suspiró y apartó la mirada durante un instante, en el que Killian aprovechó para dejar escapar una pequeña sonrisa. Además, sintió que algo dentro de él se deshinchaba -La misma noche que os conocí el príncipe le pidió mi mano a mi padre. Él intentó convencerme para que aceptara. Neal, aparte de un buen matrimonio, me ofrecía estabilidad y riquezas que pudieran acabar con la pequeña crisis que estamos pasando, además de unir los reinos. Pero mis padres siempre me han hablado del amor verdadero, instándome a encontrarlo, y esa noche había sentido una conexión con vos que no podía negar, así que mi padre me ofreció un trato, permitiría que siguiera viéndome con vos y me cortejarais si yo permitía que Neal también lo hiciera, y que llegado el momento yo elegiría. Supongo que debería habéroslo contado antes, pero me daba miedo que pensarais que iba demasiado rápido, me daba miedo que vos no sintierais lo mismo, y no quería que os sintierais presionado por todo ello y porque en verdad estabais compitiendo por mi mano. Sé que pensáis que estáis siendo muy osado al querer ganaros el corazón de la princesa, que alguien como yo no podría querer a alguien como vos y que no os sentís digno de mí por ser solo un capitán, pero no miento cuando digo que quiero estar con vos, Killian, y que me gustaría llegar a conoceros del todo.

Killian cerró la distancia que les separaba y le agarró la mano -Emma, yo también sentí esa conexión entre nosotros. Si en el tiempo que os conozco he bailado más veces que en toda mi vida, solo por vos. Otras veces estaba ansioso por echarme a la mar, ahora me apena el pensar que estaré separado de vos. Me burlaba de las miradas y palabras de mis compañeros cuando estaban enamorados, y ahora es de mi de quien se burlan. Lo que os dije en la carta es cierto, he disfrutado de todos y cada uno de los momentos que hemos compartido y estoy enamorado de vos- confesó mirándola fijamente a los ojos, mostrándole la sinceridad de sus palabras. Ella sonrió.

-Esa carta me ha roto el corazón- comentó en un susurro.

-Y a mí me lo ha roto el creer que estabais comprometida, que me habíais mentido y que yo no era más que una distracción- confesó él poniéndose serio -supongo que no confié en vos.

-Yo habría actuado del mismo modo de haber estado en vuestro lugar- admitió ella. Sin importarle que no estaban solos y que cualquiera que mirase los vería, colocó con delicadeza una mano en su mejilla, acercándole a ella.

-Tengo que confesaros que yo también estoy enamorada de vos- él la miró abriendo mucho los ojos, lo que causó la risa de Emma -no me miréis así, es cierto. Y quiero que sepáis que le he dicho a mi padre que no quiero volver a ver al príncipe más. Solo lo hacía porque él me lo había pedido, pero ya desde el primer día sabía que no iba a sentir nada por él, porque mi corazón ya estaba ocupado por otra persona- ambos sonrieron y él se inclinó más hacia ella, apoyando su frente en la de Emma.

-No quiero que tengáis problemas con vuestro padre, sé que tenéis que hacer vuestro deber- dijo lo que era correcto, no lo que de verdad sentía y Emma sonrió por su amabilidad.

-Os aseguro que mi padre está de acuerdo. No sois un príncipe, y aunque sé que a él le gustaría más que lo fuerais, me respeta y respeta mi decisión. Además, os tiene aprecio y sabe que sois un buen hombre.

-Si tengo la aprobación del rey, qué más puedo pedir- bromeó. Los dos se rieron. Entonces volvió a ponerse serio y se apartó un poco de ella -entonces, ¿eso en qué nos convierte?

-Podemos seguir conociéndonos. Lo que mi padre quería era que encontrara un marido y por ello quería comprometerme con Neal. Ese era también el motivo por el que los dos debíais cortejarme, para que uno de los dos pidiera mi mano, pero no estoy preparada para casarme, no aún. Me encanta estar con vos, Killian, pero aún hay muchas cosas que conocer del otro. Lo que sí está claro es que sois más que un amigo.

-Esperaré todo lo que haga falta pues, hasta que estéis preparada, porque hay una cosa de la que estoy completamente seguro, quiero pasar el resto de mi vida con vos.

Emma sonrió ampliamente por su sinceridad y sintió un revuelo en su pecho. A pesar de que durante esas últimas semanas había sido feliz, una nube oscurecía esa felicidad, y era el pensamiento de que podía acabar casándose con el príncipe y no con Killian, pero una vez que esa amenaza había sido eliminada, su cabeza estaba otra vez libre de preocupaciones, o por lo menos de esa preocupación en concreto. Iba a contestar a sus palabras, pero recordando lo que una vez alguien dijo que una acción valía más que mil palabras volvió a acercarse a él y cerró sus labios alrededor de los suyos. En ese beso los dos volcaron sus sentimientos, el miedo que los dos habían sufrido esa tarde por perderse, la sinceridad de sus palabras, y el amor que sentían por el otro. Killian llevó sus manos al pelo dorado de Emma y con suavidad lo acarició, delicadamente, sin propasarse. Ella colocó las manos en sus caderas para mantener estabilidad y ladeó la cabeza para tener más accesibilidad. Su boca se abrió al sentir la lengua de él recorrer su labio inferior, pidiendo permiso y una vez tuvo paso se introdujo en su boca, danzando con su propia lengua. Sus cuerpos estaban perfectamente pegados, ni un solo centímetro de su piel se encontraba sin tocar al otro, encajando a la perfección. Killian ligeramente agachado para vencer la menor estatura de ella y Emma con la cabeza alzada recibiendo sus labios. Y así hubieran seguido por siempre, labio sobre labio, lengua sobre lengua, si no necesitasen respirar. Aún sin apartar sus frentes, sin despegar sus cuerpos, los labios aún rozándose y los ojos aún cerrados, en la memoria de Emma apareció un fragmento de una conversación.

-Me dijisteis que un día me llevarías a navegar. Sé que estáis ultimando preparativos, pero este podría ser un buen momento- Killian asintió sonriendo y antes de separarse de ella le dio un casto beso en los labios.

Asomándose por la barandilla del castillo de popa gritó a sus hombres, que se movían por debajo de él - ¡Muchachos! ¡Levad anclas! Preparaos para zarpar y mostrémosle a nuestra princesa de qué es capaz el Jolly Roger.

Lo sé. Llevo unas dos semanas sin actualizar. Pero entre que se me olvidaba, tenía trabajos y encima estaba en una nube por ir a conocer a Jen, no he tenido mucho tiempo. De todas formas, quiero subir durante tres días seguidos otros tres capítulos (aunque me estoy dando cuenta de que probablemente ni mañana ni pasado pueda hacer, así que en cuanto pueda)