CAPÍTULO 19
Al salir la pareja, los reyes se quedaron solos en el salón. Les sirvieron allí la cena, que comieron conversando tranquilos. Después, se quedaron más tiempo leyendo ante el fuego, pero el cansancio del día y la noche poco apacible fueron su excusa para retirarse antes a sus aposentos. Blancanieves pensaba cómo estarían su hija y el capitán, esperando que no pasaran frío y que no comenzara a llover otra vez y que eso les rompiera sus planes.
Una vez en su habitación, comenzaron a prepararse para irse a la cama.
-Nunca había visto a Emma tan contenta- dijo de repente Blancanieves, interrumpiendo la conversación que habían estado manteniendo ella y David hasta entonces -desde que conoció a Killian tiene una sonrisa permanente en los labios.
-Yo también lo he notado- respondió David simplemente, con una expresión triste, aunque intentaba ocultarla.
- ¿Qué piensas de él? - interrogó su mujer mirándole inquisidora, al mismo tiempo que doblaba una manta.
-Me gusta. Es un buen hombre y me gusta que haga feliz a Emma. La trata bien, y no podría pedir nada más para ella. Se lo merece.
- ¿Pero?
-No hay ningún «pero»- Blanca le miró alzando una ceja, dándole a entender que no le creía. Él suspiró derrotado al mismo tiempo que se sentaba al borde de la cama -pero la está apartando de mi lado. Ahora apenas pasa tiempo conmigo. Casi nunca me pide que la acompañe a cabalgar o me reta a una pelea de espadas. Ahora lo hace con él- dijo apenado, llevando los ojos al suelo luchando por que las lágrimas acumuladas en sus ojos no se liberasen.
-Oh, David- dijo ella y se agachó frente a su marido. Le agarró las manos, queriendo consolarle.
-La estoy perdiendo, Blanca.
-Eso no es cierto. Ella siempre será tu hija, siempre te querrá y siempre necesitará de ti. Es solo que ya no eres el único hombre de su vida.
-Ella me prometió que siempre lo sería- se lamentó él encogiéndose de hombros, como si ese fuera suficiente argumento.
La reina dejó escapar una pequeña risa -Esa promesa te la hizo cuando era pequeña y no pensaba en chicos, o en casarse, sino en jugar con su padre siempre que pudiera.
- ¿Y no podemos volver a esos tiempos? Los dos éramos felices-. Desde que la sostuvo por primera vez en sus brazos, se había creado un lazo especial entre padre e hija. Emma había crecido bajo el brazo protector de su padre, que siempre encontraba tiempo para jugar con ella y distraerla. Le metía en la cama todas las noches y le contaba un cuento antes de dormir. Le había enseñado a hablar, caminar y hacer otras tantas cosas hasta que se hubo convertido en una bella mujer adulta.
Blancanieves volvió a reírse, pero no pudo menos que sentir pena por el rostro de perrillo indefenso de su marido -Te recuerdo que fuiste tú el que dijo que tenía que casarse, e incluso estuvo a punto de concertarle un matrimonio con el príncipe Neal, a pesar de que ella no quería.
-Y ahora me arrepiento de esa idea tan estúpida. ¿No puedo retirarla? No hace falta que se case, yo estaría feliz con que se quedara conmigo para siempre.
-Sabes que eso no va a pasar- por fin David levantó la cabeza y miró a su mujer. Ella le sonrió tiernamente y llevó su mano a su mejilla, consolándole. David era rey, así que siempre mostraba la decisión y el arrojo característicos de un buen dirigente, pero a ella le gustaba la vulnerabilidad que mostraba en la soledad de su habitación, cuando se ponía a sus pies y volcaba sobre ella todos sus pensamientos, buscando que ella la consolase. Le recordaba tanto a Emma en ese aspecto -piensa en lo feliz que Killian la hace y en lo bueno que es con ella. Están ocurriendo muchos cambios, está a punto de ser reina y como tú mismo dijiste necesita a alguien que se mantenga a su lado, y Killian en esa persona. Él te gusta, y lo que es más importante, a ella también. Se quieren, y me alivia que sea así. Emma merece tener una historia de amor y me alegra que se negara a casarse con Neal, o con cualquiera de los príncipes que le propusimos, y que en cambio le eligiera a él. Y tu preocupación de que la estás perdiendo no es cierta. ¿O es que no te acuerdas de que siempre pide tu opinión, buscando tu aprobación? Quiere hacerte feliz, y no soporta ser ella el motivo de tus disgustos- se interrumpió unos segundos para coger aire e inspeccionar el rostro de su marido, que la miraba fijamente, atendiendo a cada una de sus palabras -Aunque no lo haga tanto como antes de conocer a Killian, sigue saliendo contigo a montar a caballo. Si incluso ha pasado gran parte de la tarde jugando al ajedrez contigo y le ha pedido a Killian que esperara, y luego ha querido que jugaras con él porque buscaba tu aprobación, que vieras lo que ella ve en él. Mientras tanto ha tocado el piano, tu canción preferida. Ya es una mujer adulta y tenía que llegar el momento en el que eligiera su camino y se apartara de tu abrazo para volar libre, pero ella siempre será tu hija y te querrá más que a nada. Después de a Killian- añadió en el último momento, lo que provocó una mueca por parte de David, pero luego él la sonrió, asintiendo.
-Eres demasiado sabia- murmuró dedicándole una sonrisa.
-Solo cuando tu amor por tu hija te ciega demasiado -respondió ella riéndose.
- ¿Crees que le pedirá matrimonio pronto? - preguntó él apartando la mirada de su mujer.
-Sí. Ella me ha dicho que quieren casarse, que ven una vida juntos, y él está demasiado enamorado de ella como para esperar mucho más. ¿Has visto cómo la mira? Con total admiración, como si no hubiera nadie más. Y ella a él también. Tendrías que haber visto cómo se le iluminó la cara cuando me ha hablado de él esta mañana.
-Ella no hacía tanto me miraba a mí así- se lamentó él levantándose de la cama y dando vueltas por la habitación. Recordó un tiempo en el que su única hija aún era una niña. Él la enseñaba cualquier cosa nueva, por muy estúpida que fuera, y ella le miraba atentamente, sin perder un solo detalle de sus manos, mientras una sonrisa crecía en sus labios. Recordaba a esa joven adolescente refugiada en sus brazos buscando su consuelo cuando algo la preocupaba. Ahora, ella había encontrado un reemplazo.
-David- advirtió Blancanieves.
-Lo sé. Solo quiero que ella sea feliz, y si él la hace feliz me resignaré. Solo espero que hable primero conmigo antes de pedirla matrimonio.
-Lo hará, no te preocupes. Sabe que para ella es importante tu aprobación.
David asintió pensativo y se dio la vuelta, dirigiendo la mirada a su mujer, que ahora era la que estaba sentada en la cama-. ¿Será un buen rey?
-Técnicamente será consorte, pero yo creo que sí. Es capitán de una flota, de modo que tiene dotes de mando y sabe hacerse obedecer.
-Pero ser rey no es lo mismo que ser capitán. Tienes que tomar decisiones de cualquier ámbito y hay mucha presión. Al fin y al cabo, en el mar hay una libertad que aquí no hay.
-Emma estará a su lado, y será ella la que tendrá la última palabra. Él será alguien sobre quien apoyarse. Además- añadió Blancanieves con una sonrisa pícara -te ha ganado al ajedrez, algo tiene que saber.
David frunció el ceño - ¿Y eso qué tiene que ver?
-Nada, solo quería recordártelo- contestó la reina entre carcajadas, a lo que el rey frunció aún más el ceño, hasta que su frente quedó completamente arrugada.
Un rato después Blancanieves dejó de reírse y se calmó. Ya se había desvestido y puesto el camisón para dormir y se había cepillado el pelo, como hacía siempre por las noches, así que suspirando complacida se metió bajo las mantas, hundiéndose en el suave colchón y en los miles de almohadas y cojines.
- ¿Te imaginas cómo serán sus hijos? - volvió a preguntar Blancanieves con mirada soñadora.
- ¡Blanca! - se alarmó David irguiéndose en el acto. Aceptar que su hija estaba enamorada era una cosa, per pensar que se casaría y lo que veía después de la boda... era algo que no podía soportar.
Blancanieves volvió a reírse - ¿Qué? ¿Es que no quieres tener nietos? - el rey bufó y se encogió de hombros, al mismo tiempo que se metía en la cama al lado de su mujer -en menos de un año te aseguro que estarán casados y no tardarán en empezar a tener hijos. Apuesto lo que sea a que tendrán los preciosos ojos azules de él y el dorado pelo de ella. Será una buena combinación, los dos son bien guapos. Aunque si heredan el carácter cabezota de Emma y el lado aventurero de Killian…- no terminó la frase, pero dejó escapar una carcajada al tiempo que ponía los ojos en blanco -sí, esto va a ser muy divertido. Me imagino a varios niños pequeños corriendo por todo el castillo, dándonos demasiados quebraderos de cabeza. Aun así, serán adorables y sabrán comportarse.
-Blanca- gruñó David, pero ella le ignoró y siguió hablando.
-Seguro que te adorarán, y si te comportas con ellos como lo hiciste con Emma de pequeña hasta Killian se sentirá celoso. Creo que será un buen padre y un buen marido.
- ¡Blanca! - volvió a llamarla él, esta vez más imperiosamente -me estás haciendo sentir muy viejo. Y por mucho que me guste la idea de tener nietos sigue sin gustarme que Emma haya crecido tan rápido.
-Está bien, lo siento- se escurrió más sobre la cama hasta quedar completamente tumbada y giró la cabeza para mirar a su marido -buenas noches- susurró dándole un casto beso en los labios. Se giró y de un soplido apagó la vela que estaba a su lado, sumiéndoles en la oscuridad.
En el piso de abajo oyeron la suave risa de Emma. Killian y ella habían vuelto. Oyeron sus voces apagadas y más risas, y con eso ambos se quedaron dormidos.
Blancanieves, la principal captain swan shipper. Tenía que hacer un capítulo de los charmings hablando sobre Emma y Killian porque era ley de vida. Amo a daddy charming siendo el principal protector de su hija.
