Disclaimer: Batman y sus personajes no me pertenecen.


Damian siempre se estremecía al escuchar ese nombre.

Timothy Drake.

Lo escuchaba regularmente de su abuelo, siempre acompañado con "deberías ser como... ". No era el único que lo mencionaba de esa forma, siempre comparándolo.

Desde el primer momento ese nombre atormentaria su cabeza, recordándole que no importa lo que haga nunca sera suficiente.

No importa cuando lo intentaba, nunca llenaría las expectativas inalcanzables de su abuelo.

A los 7 años, Damián hackeo miles de redes, de enemigos, aliados y de inocentes. Resolvió innumerables casos a petición de la liga, se gano el respeto fuera y dentro de Nanda Parbat.

Innumerable títulos, grados y doctorados. Un miembro ejemplar, prodigioso en la lucha y el arte de matar, un detective nato.

Sin importar cuantas etiquetaste y nombres que ganó a lo largo del tiempo. La insatisfacción en los ojos de su abuelo nunca se iria.

Porque Damian, sin importar que haga, nunca sera Tim Drake.


Tomó la taza de café, alejándolo de su dueño dormido. Miles de papeles se hallaban en el suelo y el escritorio, haciendo del lugar un basurero.

Damian hizo una mueca, volviendo su mirada a Tim. El adolescente se encontraba dormido incómodamente sobre su escritorio, aparentemente babeando. Su cabello era un desastre volando a todas direcciones, su piel pálida parecía peor, eso era decir algo, los círculos negros bajo sus ojos le recordaban a un mapache.

Con la facilidad que no tenía que tener ningún niño de diez años, levanto al mayor para dejarlo en el sofá de su oficina. Se notaba que el mayor no había dormido en dias y por lo ligero que era no comía lo suficiente.

Un leve zumbido atrajo su atención hacia la computadora, vacilante la abrió en su totalidad. Números familiares llenaron su visión, haciéndolo arquear una ceja; había pasado tiempo desde toco una computadora, casi le trae nostalgia.

Al parecer Drake llevaba horas resolviendo el patrón; un conjunto de programas uno sobre otros para evitar llegar a algo oculto.

Con un suspiro el menor se sentó en la silla, juntó todos los papeles, ordenándolos y corrigiendolos. Sus manos se deslizaron sobre el teclado, moviendo sus manos con una agilidez que viene con los años.

Tim se despertó horas después, con su oficina totalmente arreglada; papeles en orden y perfectos, notas no echas por el y un té de manzanilla sobre su escritorio, todavía caliente.

La mañana paso con Tim insistiendo que el no recuerda haber echo nada, porque definitivamente recordaría terminar un caso que llevaba mas de seis meses en curso.

Damian entro al comedor ignorando a los demás, nadie notó las ojeras abajo de sus ojos.