Mon parfait moi

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Chat Noir estalló en carcajadas, interrumpiéndola y captando su atención al completo.

Sus risas eran el claro reflejo de la histeria, el sufrimiento, la frustración y decepción con uno mismo. Su risa estaba rota, tal como su mirada, la cual denotaba un profundo dolor bajo ese manto alegre lleno de agonía en el fondo. Quizá trataba de esconder su sollozante sufrimiento con un disfraz carcajeante en vano, o quizá era una forma de contrarrestrar los males que se hallaba padeciendo. Fuera lo que fuese, su acción solo alarmó a Marinette, quien le observaba entristecida tras esa máscara.

—No, no, está bien—movió sus manos con frenesí, intentando rebajar la tensión del ambiente sin éxito—. No pasa nada, me lo esperaba.

Para sorpresa de Ladybug, el muchacho esbozó una sonrisa. Una sonrisa apagada, vacía, que mostraba todo el dolor que le carcomía por dentro, mas que trataba de ocultar a los demás con un gesto aparentemente normal. Un gesto que le resultaba bastante familiar a la joven, a decir verdad.

—¿C-Chat?

El aludido abrió los ojos, los cuales habían perdido aquel pícaro y alegre centelleo que les caracterizaba.

—Dije que no pasa nada—le cortó él con sequedad, dándole la espalda y temblando ligeramente. Ladybug se vio a sí misma horrorizada al presenciar su silencioso llanto y se sintió deplorable—. No es la primera vez que me destrozan, ni será la última—puntualizó con serenidad, con una inquietante naturalidad—. Supongo que deberé habituarme, ¿no? Los gatos negros siempre tienen mala suerte.

Y tras finalizar esa oración, se alejó de un salto del lugar, dejando a la heroína mariquita sola, en aquel ahora gris, deprimente y sombrío lugar de París. Toda la hermosura se había desvanecido de la faz parisina. Solo quedaba ella quien, sintiendo un punzante dolor en el pecho, se marchó con su yo-yo entre lágrimas a su hogar.

¿Cómo había llegado a esta situación?

...

—Marinette—la llamó con gran preocupación, tocándole el hombro. Ella, por otro lado, se cubrió completamente con su manta—. ¡Marinette! ¿Qué ha pasado? ¡Antes estabas muy alegre!

Tikki trataba sin éxito de sacar a su amiga del revoltijo de mantas, edredones y profundas miserias en las que se encontraba.

La pequeña y bermeja kwami apenas podía comprender algo. El comportamiento de su portadora era realmente desconcertante.

Hacía varias horas, la vigorosa joven se encontraba experimentando una felicidad inusitada.

Tras arduas deliberaciones, había decidido declarársele a Adrien al día siguiente, cuando regresara al instituto el lunes. Al contrario de lo que pensaba Tikki que ella sentiría, Marinette se encontraba irreconocible. La habitual timidez, paranoia y desesperación que ella solía mostrar en situaciones de esta magnitud habían quedado en el olvido. Una energía, determinación y viveza nunca antes vistas eran reflejadas en la cerúlea mirada de la joven Dupain-Cheng.

Estaba segura de que esta vez daría el paso y no habría marcha atrás.

No obstante, ahora se hallaba en ese pésimo estado.

No sabía qué hacer.

Ella no lloraba —y si lo hacía, no daba indicios patentes de ello— y tampoco hablaba. No comía y no salía de su cálido refugio en la cama.

El silencio reinaba en la casa desde que volvió como Ladybug tras una patrulla nocturna.

¿Qué suceso tan horrible podía haber acaecido?

Tikki necesitaba saberlo, aunque sospechaba, de alguna manera, que estaba vinculado con su compañero, Chat Noir.

¿Con quién y solo con quién patrullaba por las noches en la serena ciudad parisina?

—Marinette...

De repente, la kwami sintió un atroz dolor, no físico, pero mucho más profundo. Iba mucho más allá y podía percibirlo como si lo padeciera ella misma. Era una de las muchas habilidades de los kwamis aunque, en ese momento, no le resultaba muy reconfortante. El dolor que estaba sufriendo era tan vívido, tan real, tan nítido que no pudo evitar derramar lágrimas.

Tras experimentar esa conexión empática con su portadora, Marinette salió al fin de su escondrijo, cuyas pronunciadas ojeras, irritados ojos y enfermiza palidez hicieron notorio su agonizante sentir.

Tikki se le acercó con lentitud y tristeza.

Fue entonces cuando ella, con el corazón encogido y la aflicción grabada a fuego en su pecoso rostro, le mostró su mano derecha, la cual había conservado cerrada desde su regreso.

La pequeña, titubeante, fue hacia su mano y observó, con incredulidad y consternación, el pequeño objeto que se hallaba en ella.

Marinette asintió con pesar, sintiendo sus mejillas encendidas a causa del creciente llanto que estaba experimentando, sintiendo algo en su interior rompiéndose a cada segundo en más trozos irreparables, haciéndose añicos en tan solo un instante.

—S-se ha ido, T-Tikki—apenas logró pronunciar de manera inteligible las palabras, pues estas se le atragantaban al resultarles inconcebibles, pero desgarradoramente ciertas—. C-Chat...Chat Noir...

La kwami la abrazó, sollozando.

En otras circunstancias habría dicho alarmada que, sin Chat Noir, no podían vencer a Lepidóptero. Le habría urgido más el hecho de su renuncia y sus desastrosas consecuencias que las peripecias emocionales de su portadora. Pero Marinette era su amiga y había desarrollado un vínculo especial con ella. Podía sentir su dolor como si lo sufriera ella, como si realmente hubiese perdido a ese alguien.

Y, por otro lado, podía sentir el lúgubre y desolado aura de su amigo Plagg con el que, pese a no poseer esa conexión kwami-portador, se sentía indudablemente conectada y no pudo evitar llorar más. Él debía de hallarse tan o incluso más destrozado que ella.

La pequeña kwami permaneció abrazándola, tratando de infundirle ánimos en vano.

Sabía que Marinette y el joven gatuno eran mejores amigos, sabía que estaba muy unida a Chat Noir, más de lo que la propia muchacha sabía.

La aparente dimisión del héroe enmascarado no solo ponía en riesgo su prodigio, sino que significaba, según la joven sollozante, la conclusión de una de las mejores amistades única y exclusivamente por su culpa.

Los dolorosos sentimientos se hallaban a flor de piel y no pudo contenerse.

—¡C-Chat...! ¡Chat N-Noir se h-ha i-ido...! ¡No...! ¡C-CHAT...!—profirió un desgarrador grito y se dejó caer al suelo, justo donde estaba su anterior felicidad.

Tikki se separó y la miró.

—N-no pue-edo cr-creerlo...

Y, por primera vez desde que la conoció, Tikki no supo qué decir.

...

¡Muchas gracias por sus comentarios! Me ha emocionado saber que os ha gustado tanto :'D

Quiero darles un gran saludo a Sefo, a mi mejor amiga Sarita y a quienes comentaron:

Natalie0.0: ¡Muchas gracias, Natalie! Me alegra que te gustara tanto :') Espero que los siguientes capítulos también te parezcan interesantes. De verdad que agradezco tu comentario. Y sí, ansiaba enormemente tocar ese tema: las máscaras de perfección que ambos (Adrien y Marinette) creen ostentar, opacando sus otros 'yo', dejándolos en la sombra.

Mayetik99: Últimamente he descubierto que se me da bastante bien dramatizar escenas...Creo que es lo que ocurre cuando una lee novelas con esa esencia, que rompen el corazón :'/ C'est la vie. Me quejo de los escritores que hacen eso, pero acabo haciendo lo mismo a fin de despertar tantas emociones en el lector, para suscitar la intriga y la desesperación en ellos xD Soy malvada 0u0 Pero conozco a alguien que es igual con sus historias 7u7 (Sefo, repórtate, ja, ja)

Hello: Hello, my dear reader! Sí, terminé de esa forma a propósito, je, je. Solamente quería jugar con los sentimientos de mis lectores, fue sin queriendo x'D Me declaro culpable. Me parecía una idea divertida acabar el capítulo de esa manera. Así que ya sabes: Se puede estallar como un petardo, estallar en ira o estallar en carcajadas, je, je. XD

¡Espero que os gustara este capítulo! :D Cuando termine de escribir el sexto, subiré el tercero ;)

¡Saludos a través de la pantalla! 3