Mon parfait moi
3
Mantuvo la mirada fija en su cuaderno de dibujo, trazando certeras y débiles líneas con el lápiz; intensificando la presión en determinadas zonas; sombreando ciertos sitios con suavidad.
Subrayó, con temblores apenas perceptibles a simple vista, un nombre.
Y tragó con dificultad, pues sentía con demasiada nitidez un nudo en la garganta, un nudo que aumentaba en tamaño a cada instante.
Las lágrimas, actuando cual traidor, comenzaron a acumularse en sus azulados orbes y pudo percibir cómo sus mejillas enrojecían, con la impotencia acusándola de refilón, desafiante.
Sin embargo y pese a la tristeza inicial, esta dio paso a una nueva sensación. Un nuevo sentimiento que provocaba que le hirviera la sangre, que sus ojos brillaran, llameantes, en son de venganza.
Se vería las caras con ese estúpido gato y rendiría cuentas. No podía permitir que le hiciera eso. ¿Dónde habían quedado la fiel hermandad y el incondicional compañerismo?
Arrancó la página de su bloc de dibujo de forma abrupta, arrugándola cada vez más. Deseando que su problema empequeñeciera de la misma manera en la que lo hacía el papel. Deseando que, de una vez, su compañero se dignara a aparecer.
—Marinette Dupain-Cheng.
La severa voz de la profesora Mendeleiev resonó en todo el aula como un eco, penetrando con brusquedad los oídos de la mencionada, sacándola repentinamente de sus deprimentes cavilaciones.
—S...¿Sí?
La profesora se preparaba para reprenderla por su falta de atención, por la irregularidad que sufría su promedio o, quizá, simplemente por la aparente indiferencia que adoptaba últimamente en sus clases. No obstante, todo quedó reducido a un "se disponía", pues la triste mirada de su alumna ablandó algún rincón de su férreo corazón.
—Si no se encuentra en condiciones, vaya al baño—volteó hacia la pizarra, reanudando los problemas estequiométricos propios de química—. Puede regresar cuando esté dispuesta a atender.
La muchacha de la añil cabellera esbozó una sonrisa apenas visible y salió de la clase sin mediar palabra alguna, alertando a su mejor amiga, angustiada por su ausente actitud.
Alya exhaló un suspiro y le dirigió a su amigo de tez morena una mirada furtiva, la cual el chico captó al vuelo.
La joven se encontraba extremadamente preocupada por el estado de su amiga, a pesar de que no todos lo notaran.
Esta siempre sonreía, hablaba de su pasión hacia el diseño de las nuevas colecciones de Gabriel Agreste e incluso la motivaba a dar el paso con Nino, cosa inconcebible. Sin embargo y pese a todo, percibía todo aquello como meras apariencias, simples fachadas ocultando la terrible realidad padecida por Marinette. Aunque intentara convencerla de que estaba perfectamente, podía notar la melancolía reflejada en sus ojos, más opacos de lo normal, a pesar de que quizá ni ella misma se hubiese percatado.
—Nino.
Antes de que siquiera llegara a proseguir la oración, su amigo la interrumpió, volviéndose hacia ella al tiempo que se quitaba sus cascos.
—Alya—desvió la mirada hacia la profesora, cerciorándose de que no les prestase atención, a fin de poder hablar con total libertad—, lo sé. Marinette está muy rara. Y Adrien lleva días sin asistir a clase.
Ambos se miraron, dubitativos.
—Ha ocurrido en el mismo periodo de tiempo.—respondieron al unísono, abriendo los ojos desmesuradamente.
—Nino, no sé qué ha ocurrido, pero aquí hay gato encerrado.—sentenció la joven aspirante a periodista, ajustándose las gafas, planificando el paso a seguir.
¿Qué había salido mal?
Marinette esbozó una sonrisa de oreja a oreja y se contempló a sí misma en el espejo.
Sus ojos le devolvieron la mirada, sin ese fulgor que solían adquirir siempre debido a su perenne optimismo y alegría.
La muchacha, contrariada, intensificó aún más la sonrisa hasta límites insospechados, ansiando convencerse.
—¡Qué día más bonito! ¿Ves esa heladería de allá? ¡Está reclamando que compremos unos helados, Alya!—frunció el ceño ligeramente, inconforme—. ¡Por fin lo terminé! ¿Qué te parece? ¿Crees que el diseño le guste a Gabriel Agreste? ¡He dado lo mejor de mí!
Bajó la mirada y se mordió el labio con ahínco, eludiendo en vano los pensamientos que rondaban por su cabeza.
Cerró los ojos con fuerza y arrugó el entrecejo haciendo, por otra parte, rechinar sus dientes por la presión ejercida.
No lo entendía. No lo lograba comprender.
Era un día normal, simplemente un día más.
¿Qué tenía de diferente? ¿Qué la atormentaba? ¿Qué le causaba ese imperecedero nudo en el estómago?
A pesar de todos sus intentos, aunque tratara por todos los medios posibles de asegurar a sus amigos que se encontraba perfectamente, pese a intentar convencerse a sí misma de ello...no lo conseguía. Fallaba estrepitosamente.
¿Por qué?
Ella creía que debía estar normal. Actuando de manera torpe, dando traspiés al correr para no llegar tarde, manteniendo siempre esa sonrisa tan contagiosa en el rostro...Creía que debía dar resultado. Pensaba que no habría diferencia alguna, que podría continuar con su vida al margen de lo ocurrido.
Porque tampoco era para tanto, ¿verdad?
—Estúpido gato—masculló entre dientes, ocultando sus zarcos ojos bajo su denso fleco—. Es todo por tu culpa. Me abandonaste.
Arrojó el dibujo lo más lejos que pudo y golpeó con tesón el espejo, evitando el contacto visual con su propio reflejo; temía ver la clara imagen de la desolación plasmada en él.
Durante varios minutos, mantuvo el puño cerrado sobre la superficie de cristal, intentando sosegarse con el silencio que reinaba en el solitario aseo.
—Y, lo peor de todo es que...—inspiró profundamente y trató de secarse las lágrimas que no recordaba haber derramado—...te sigo considerando mi amigo.
La pequeña kwami, sin previo aviso, salió disparada del bolso hacia su amiga, abrazándola con cariño, empleando toda la fuerza que le permitían sus pequeños y bermejos brazos.
Marinette agradeció tal gesto aunque, sin ganas de sumirse en una oleada de sentimientos desagradables, rompió el abrazo rápidamente.
Debía regresar a clase si no deseaba alarmar a nadie.
La joven, desanimada pero sin perder su usual sonrisa, comenzó a caminar con renovadas energías hacia el aula.
Si todo transcurría como lo esperado, llegaría antes de que la hora de química llegara a su fin.
No obstante, no previó una ráfaga corriendo velozmente en su misma dirección, la cual a duras penas logró esquivar, aterrizando de bruces en el gélido suelo debido a sus bruscas maniobras de evasión.
La chica exhaló un cansado suspiro, incorporándose con lentitud mientras corroboraba la inexistencia de alguna lesión.
—¡Marinette!—aquella voz le causó un vuelco en el corazón, el cual comenzó a palpitar desbocado. Esa voz le resultaba extrañamente familiar y añorada—. Marinette, yo...¡Lo siento...!
La aludida aceptó la mano ofrecida e hizo ademán de ahuyentar a una mosca, a fin de restarle hierro al asunto.
—No te preocupes, las caídas son mi especialidad.—murmuró en voz baja con resignación, elevando la mirada para luego encontrarse con unos ojos esmeralda que reconocería en cualquier parte.
Unos ojos de un verde hermoso, intenso; verdaderamente envidiable, loable, hechizante. Unos ojos que le robarían el aliento a cualquier chica en su sano juicio. O que le despojarían de la cordura a cualquiera que los contemplara por un periodo de tiempo mayor a dos segundos.
Unos ojos que, sin embargo, mostraban un profundo dolor en vano opacado por la reluciente sonrisa de su propietario.
Es por eso que, con gran sorpresa, se percató de que se trataba de nada más y nada menos que Adrien Agreste.
No obstante, mayor fue la estupefacción de reconocerse a sí misma al ver su fingido bienestar.
Siento, de todo corazón, haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo.
En serio, lamento la tardanza.
No he estado muy inspirada y aún estoy escribiendo el capítulo seis.
No sé si os ha pasado que tienen las ideas de todo cuanto van a escribir, pero a la hora de comenzar a teclear...se bloquean y no saben cómo comenzar el capítulo...
Pues eso es lo que me ha pasado, pero intentaré actualizar más rápido.
También cabe añadir que he comenzado la universidad, así que no tendré tanto tiempo para dedicar a este fanfic. No obstante, eso no significa que no vaya a continuarlo. ¡Qué va! Voy a obligarme a escribir todas las semanas aunque sea un poco.
Tengo demasiadas ideas y me siento demasiado emocionada como para dejarlo al primer bache. :'D
Muchas gracias, por otro lado, por los hermosos comentarios que me brindan 3 Los aprecio muchísimo, me llegan al kokoro :')
Natalie 0.0: Me imagino que has debido de pasarlo fatal y lo siento mucho por ello...¿o no? Jajajajaj, es broma xD Me alegra que te haya dejado con esas sensaciones de que necesitas saber qué ocurrirá. Y muchas gracias por comentar siempre en cada capítulo 3
Dama Felina: ¡Hola, Sefo! 3 Muchas gracias por comentar. De verdad, me conmueve mucho lo que dices. Pero recuerda: Lo de matar al estilo jedi solo funciona con mentes débiles ^^ Jajajajajja Tenía que decirlo...Hacer sufrir al lector son gajes del oficio de escritor :)
Espero que este capítulo os haya gustado.
¡Saludos a través de la pantalla! 3
