6
«Supongo que deberé habituarme, ¿no? Los gatos negros siempre tienen mala suerte.»
Sus ojos perdían de manera gradual el fulgor que habitualmente desprendían, tornándose más oscuros, opacos, sombríos, vacíos; perdiendo la usual jovialidad y quedando esta en el olvido; cobrando una tonalidad sin vida, convirtiendo lo que había sido en un vago y difuso recuerdo...
«Los gatos negros siempre tienen mala suerte. Los gatos negros siempre tienen mala suerte. Los gatos negros siempre tienen mala suerte. Los gatos negros siempre tienen mala suerte.»
Esas palabras retumbaban en sus oídos con irritante frecuencia, una y otra vez, haciéndole rememorar con terrible vividez ese nefasto suceso, ese atroz recuerdo que ansiaba con todas sus fuerzas desterrar de su mente definitivamente. La pérdida de su mejor amigo.
Marinette sacudió la cabeza y se obligó a centrar su mirada en las ecuaciones trigonométricas que se hallaba realizando. Sin éxito. De nuevo.
Entonces sus ojos se posaron en el pequeño y azabache objeto; sus dedos juguetearon con él durante breves instantes, pero la joven exhaló un profundo suspiro y, depositando con desgana el anillo sobre su escritorio, se impulsó hacia atrás con su silla.
Sabía que no debía dejarse llevar por aquello y que debía centrarse en su vida, tanto social como académica, pero...su mente constantemente le jugaba malas pasadas.
Marinette resopló y se aproximó a su ordenador con avidez, con brío.
Se mordió levemente el labio inferior, mientras se exasperaba cada vez que su búsqueda resultaba infructuosa.
El ratón fue presionado en numerosas ocasiones y en el monitor se podían apreciar múltiples páginas web que giraban en torno a un mismo personaje: La prodigiosa Ladybug.
Tras veinte minutos de intenso trabajo en vano, se echó hacia atrás en el asiento y rezongó en alta voz.
—¿¡ES QUE A NADIE EN TODA FRANCIA LE IMPORTA ESE ESTÚPIDO GATO!?
Tikki se aproximó a la pantalla del ordenador, mientras su portadora dejaba caer su cabeza sobre el escritorio, presa de la apatía.
La pequeña kwami observó los numerosos artículos on-line que la joven había leído en vano. No había noticia sobre el paradero de Chat Noir, no se mencionaba nada más que algún que otro comentario.
Desde aquella noche en la que el dúo de superhéroes había dejado de serlo, los parisinos únicamente habían avistado a Ladybug en algunas ocasiones actuando en solitario. Tan solo se había dedicado a atrapar a ladrones del tres al cuarto en plena huida y rescatar a pequeños gatos que habían sido presas de una temible acrofobia. Ningún akuma había hecho acto de presencia desde aquel incidente.
Por consiguiente, no era de extrañar que a nadie le inquietara la ausencia de Chat Noir, puesto que, si Lepidóptero no volvía a las andadas y ninguna akumatización se producía, no había razón de peso para comenzar a sospechar de una probable desaparición y dar rienda suelta a toda clase de teorías paranoicas.
—¿No suelen dar a esta hora las noticias en TVi? —inquirió Tikki, posando su mirada en la hora mostrada en el monitor.
En cuestión de segundos, la joven dio un respingo en su asiento y se dirigió como una exhalación hasta el salón de su casa, donde sus padres se encontraban viendo un canal de cocina.
Marinette tan solo atinó a coger el mando a distancia y cambiar el canal de repente, captando la atención de sus padres, quienes la observaron con desconcierto ante su patente desesperación. Sin embargo, ella no se percató del escrutinio de ambos, ya que todos sus sentidos se hallaban fijos en la pantalla del televisor.
Al parecer, Nadja Chamack llevaba a cabo una entrevista con el alcalde Bourgeois acerca de unas nuevas reformas en el hotel Le Grand Paris que se realizarían a cabo en unas semanas.
Nada interesante.
Nada sobre él.
Exhaló un suspiro y, abatida, se dejó caer sobre el sillón.
—¿Todo bien, hija? —no pudo evitar preguntar Tom, posando su mano sobre el hombro de la muchacha decaída.
—Sí, claro. Es solo que pensé que hablarían de…—prefirió guardar silencio antes que decir su nombre y le regaló una mirada agradecida a su padre—. No te preocupes, papá. Es que pensé que hablarían de algo más. O de alguien más. —lo último lo dijo para sí.
Sabine se sentó junto a ella y le sonrió con tranquilidad.
—No ha habido ningún ataque de akuma, si es lo que te preocupa.
Marinette se sumió en sus pensamientos tras oír a su madre.
Si hubiera algún akuma, si se produjera algún que otro ataque, ¿Chat Noir aparecería? ¿Incluso sin poseer el prodigio de la destrucción? Tal vez se le acercaría en su forma civil, dispuesto a arreglar las cosas, dispuesto a hacer las paces. Tal vez su fiel amigo se sentiría igual que ella y aprovecharía cualquier ocasión para volver a su lado y restaurar el equipo unido que antes eran. Tal vez se sentía igual. ¿Pero cuándo ocurriría el próximo ataque?
Aunque de algún modo sabía que no era correcto pensar así, no podía evitar anhelar que Lepidóptero actuara pronto, porque solo de esa manera tendría alguna posibilidad de verle de nuevo y reparar los destrozos que había infringido en el corazón de su minino.
Lo conocía bien, y sabía que tenía un sentido de la justicia inigualable. Era compasivo, servicial y comprensivo. Ayudaba a quien lo necesitaba aun sabiendo que no recibiría reconocimiento alguno por lo que hacía. No le importaban las cámaras a su alrededor en absoluto; vivía por y para ayudar a los demás. Él era así. Lo único que le preocupaba era brindar consuelo y esperanza; dibujar sonrisas ahí donde antes había dolor. Contagiaba su melodiosa risa dondequiera que iba.
Ella esperaba de todo corazón poder hacer lo mismo por él.
—Muchas gracias por compartir las mejoras que pronto veremos en su espléndido hotel. Su anuncio es miel para nuestros oídos—alabó Nadja, sonriendo con amabilidad al señor Bourgeois, quien pareció complacido ante su comentario—. Bueno, queridos telespectadores, espero que tengan planeado algún fin de semana en Le Grand Paris—Nadja ahora se dirigía a la cámara y había pasado a estar en un primer plano—. Nos veremos, como siempre, a las nueve en el noticiario de la mañana. Espero que disfruten de una buena noche y, no se olviden: Si tienen algo que contar, ¡cuenten con Nadja Chamack! ¡Hasta mañana!
En una fracción de segundo, Marinette se levantó de un salto, alarmando a sus padres.
—¡Muchas gracias, os quiero! —exclamó de forma apresurada, depositando un pequeño beso en las frentes de sus padres, para luego dirigirse a su habitación en un abrir y cerrar de ojos.
Tikki observó con sorpresa a la muchacha, quien había entrado atropelladamente en el cuarto hacía unos instantes y ahora rebuscaba con tesón algo en su bolso.
—Marinette, ¿qué estás…?
—¡Ajá! ¡Te tengo! —anunció, triunfante, sosteniendo su móvil como si se tratara de su bien más preciado.
Sin prestar atención a su kwami, buscó en su lista de contactos con el corazón en la garganta.
—Creo que Ladybug va a tener una entrevista muy pronto, Tikki...—dijo sin hacer contacto visual con su pequeña amiga, respondiendo a la confusión que reflejaba su rostro.
Tikki, comprendiendo al vuelo cuáles eran sus intenciones, en un ágil movimiento se hizo con el smartphone, evitando que realizara la tan ansiada llamada.
—¡Tikki! ¿Qué estás haciendo? Devuélveme mi móvil.—refunfuñó Marinette, tratando de alcanzar el pequeño dispositivo en vano, pues la kwami evadía sus manos una y otra vez sin esfuerzo alguno.
La aludida negó firmemente con la cabeza.
—Sé lo que tienes en mente, Marinette,—comenzó ella con voz calmada, mas mostrando un semblante serio—, y es muy bonito de tu parte, pero creo que no estás pensando fríamente.
La muchacha rodó los ojos, incrédula.
—¿No has pensado en que podrías exponer a Chat Noir si Ladybug comenta algo sobre su partida? ¿No has pensado en que quizás Lepidóptero aún no lo sabe y tú serías la responsable de que esa información llegase a sus oídos?
Con los ojos muy abiertos, Marinette se percató del error fatal que estuvo a punto de cometer y se llevó las manos al rostro, decepcionada consigo misma, siendo arrollada por una ola de culpabilidad.
Había actuado sin pensar y, si Tikki no la hubiera advertido, probablemente habría destruido las vidas de muchas más personas aparte de la de su buen amigo.
La resignación y el desaliento se apoderaron de ella en un suspiro.
—No sé qué me pasa, Tikki. Tienes razón. No estoy pensando con claridad—reconoció Marinette en un hilo de voz—. Pero tengo que hacer algo, necesito hacer algo. No puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que...
Entonces, con la misma rapidez en la que había sido presa del abatimiento, una leve sonrisa se dibujó en su pecoso rostro.
—Creo que conozco a alguien que sí puede hacerlo por Ladybug, Tikki.—anunció y, pillándola desprevenida, recuperó su móvil y se dispuso a realizar una llamada a otro de sus contactos.
Tal vez no fuera más que una idea absura. Tal vez jamás lograría que regresase con esto, pero debía intentarlo.
Su determinación en ese instante era llameante y Tikki no pudo evitar hacer un amago de sonrisa.
Sin embargo, mientras dirigía una mirada de soslayo al pequeño objeto que reposaba sobre el escritorio, las dudas la asaltaron.
¿Realmente podrían hacer que todo volviera a la normalidad?
Buenas.
En primer lugar, me gustaría disculparme por mi inactividad, que ha sido debido a una mezcla de estrés por mis estudios y falta de inspiración. La verdad es que, a la hora de escribir cada capítulo, quiero plasmar mis ideas lo mejor posible y eso trae consigo desmotivación si el resultado no es el deseado. Además, mis estudios no me permiten tener todo el tiempo libre que desearía, pero quiero dejar claro que no tengo en mente dejar esta historia de lado, porque he disfrutado organizando esta historia y planeando momentos y situaciones en los que meter a los personajes. Sin embargo, no podré actualizar regularmente, y tal vez llegue un punto en el que escriba principalmente para mí (ya que muchos se cansarán), pero quiero agradecerles el haberle guardado cariño a esta historia por tanto tiempo, pese a mis actualizaciones inconstantes. Muchas gracias y lo lamento a partes iguales.
xApple: Me ha encantado leer tu comentario. Me alegra saber que te gusta la forma en la que escribo, así como el rumbo que toma la historia. Espero que sigas encontrando ese mismo disfrute en los próximos capítulos, al igual que la misma congoja en las situaciones dramáticas (jajajaja, no por nada tengo una personalidad parecida a Shakespeare, jajajaja). ¡Gracias!
