Título: Agridulce
Resumen: Una extraña rubia llega a su rancho gravemente herida. Pronto Arnold se enterará de todos los misterios que oculta esa mujer que asegura odiar a los hombres. Al verse contra la espada y la pared, la obliga a casarse con él por conveniencia… Justo cuando Helga pensaba que Arnold podía ser la excepción. ArnoldxHelga
Advertencias: Contenido sexual explícito, lenguaje obsceno.
Nota de Autor: Este es mi primer fic de Hey Arnold. Y por todas las ideas que tengo escritas y en mi mente, calculo que acabará con por lo menos 10 capítulos. Ojalá les guste la historia. Como siempre, se aceptan todo tipo de comentarios y sugerencias de lo que podría pasar en la historia. Prometo tomar en consideración sus ideas.
Como verán, el pueblo natal de Helga se llama Wells Ridge. ¿Recuerdan el capítulo de Halloween? Pues de ahí saqué el nombre. El rancho de Arnold se llama Sunset Arms y el pueblo cercano es Hillwood.
Intentaré en lo posible seguir las personalidades originales de Helga y Arnold. Pero eso sí, Arnold aquí va a tener un poco más de carácter. Después de todo, va a pedirle a Helga matrimonio.
Disclaimer: Hey Arnold! y sus personajes le pertenecen a Nickelodeon y Craig Bartlett.
Capítulo I. Huyendo del infierno.
Helga Pataki se encontraba reparando el cercado de su próspero rancho. En su rostro claramente se podía observar la frustración, esas brillantes pupilas azules llameaban de ira. Dio un martillazo, casi haciendo pedazos la madera, y prosiguió colocando otro clavo.
—Vaya, ¿estás intentando arreglar esa cerca o descargar tu ira en ella?
Helga se detuvo automáticamente y le gruñó a su amiga, viéndola por encima del hombro.
—Phoebe, mejor métete a la casa porque si no tú sustituirás a la cerca —amenazó sin importarle sonar brusca—. No es un buen momento para darme consejos de control de la ira.
Y procedió a seguir dando martillazos a la cerca, que ya estaba a nada de colapsar. Phoebe suspiró, Helga ya debería entender que sus amenazas hacia ella siempre eran nada más que palabras vacías. Claro, no era el mismo caso con las otras personas. Así que, sabiendo que algo atormentaba a su amiga, insistió en el tema.
—Ayer te fuiste y no me comentaste nada. Rhonda fue quien tuvo decirme que te vio en el rancho de los Sawyer para que no me preocupara.
—Maldita princesa, le voy a enseñar a dejar de divulgar la vida de otros —dijo Helga rechinando los dientes, Phoebe la miró mal y entonces Helga suspiró derrotada. Conocía bien a su amiga y sabía que ella no iba a irse hasta que le contara—. Si no fuera por el estado del viejo, no hubiera ido. El señor Sawyer está debatiéndose entre la vida y la muerte, y su asqueroso hijo ni por eso deja de proponérseme. Me siento mal por Lila, se ve que la está pasando mal con todo esto. Tú sabes todo lo que ha hecho su padre por mí, lo mínimo que puedo hacer es ir a visitarlo en sus días de decadencia.
Phoebe sabía perfectamente a que se refería su amiga con eso.
El padre de Helga había sido encarcelado en el pueblo hace un año, porque había asesinado a su esposa Miriam. Y si bien aún seguía afectada por la situación y tenía pesadillas de ello, no podía ser hipócrita de que extrañaba a su madre. Miriam nunca había sido una buena madre, había dejado varias veces que su padre la golpeara hasta el punto de quedar inconsciente. Helga había pasado toda su vida temiéndole a su padre, pero aun así su lengua no dejaba de ser menos afilada. Es por eso, que Bob Pataki esa noche iba a cometer dos homicidios. Sin embargo, el padre de Lila y Ludwig había detenido a Bob, clavándole un cuchillo en la espalda. Lastimosamente, para Helga, llegaron a tiempo los médicos del pueblo y Bob sobrevivió. Lo único que la podía reconfortar era que se haría justicia. "El dinero no te va a salvar esta vez, Bob". Le había dicho su hija socarronamente. Luego de eso, su salvador había ido todos los días a hablar con Helga y ofrecerle víveres, sabiendo que la muchacha ya no dependería del dinero de su padre. Helga lo llamaba afectivamente "viejo".
Phoebe, quien ya se le había pegado varios gestos de la rubia, sonrió de oreja a oreja descaradamente.
—Y yo pensaba que era porque realmente te gustaba su hijo.
—¡Ag, como puedes decir tal disparate! Los hombres no dan más que problemas. ¡No se puede confiar en ninguno de esos! Solo sirven para cumplir ciertas necesidades. Aprende eso, hermana, y te irá bien en la vida. Te lo juro, es el más sabio consejo que vas a escuchar.
Phoebe podía entender hasta cierto punto la misandria en Helga. Robert Pataki era el sujeto más despreciable de la faz de la tierra. Lastimosamente, Helga al estar expuesta a un hogar tóxico y desequilibrado, su subconsciente había sufrido secuelas del abuso físico y psicológico, y cuando se dio cuenta no era solo Bob quien le gritaba, sino también sus parejas. Ninguno de ellos abusó de ella físicamente, pero si entraban en su cabeza y aquello era peor a la larga.
—Te entiendo, Helga —suspiró su amiga, queriendo evitar otra discusión acerca de las perspectivas sobre los hombres—. Pero ahora dime, dudo que estés así solo por el flirteo de Ludwig de ayer. Ha este punto ya deberías estar acostumbrada a que los hombres se te propongan regularmente. Así que, pregunto nuevamente, ¿qué es lo que te tiene tan irritada?
Y eso era verdad, Helga era la mujer más deseada de todo el pueblo de Wells Ridge. Su carácter recio y de todas las barbaridades que su boca soltaba parecía atraer incluso más a los hombres, que por cierto eran alentados por sus padres. La veían como un reto. Y luego estaban todas las propiedades que ahora le pertenecían, después de lo de Bob. Y la cereza del pastel era que era muy guapa exteriormente. Esa larga melena rubia siempre despeinada, esos ojos azules que brillaban como luceros cuando se enfadaba, y cuerpo muy bien formado por todas las actividades que realizaba en el rancho. Sin duda, irresistible a los ojos de todos los solteros y casados.
—Me tiene preocupada el viejo —se mordió el lado inferior y lo soltó para tomar aire—. Ludwig no me dejó subir a verlo ayer e intentó encamarse conmigo. Lo rechacé mil y una veces, y no fue hasta que vino Lila que dejó de forcejear conmigo. Nunca se comportaría así en frente de su dulce hermanita, después de todo.
Ella notó la preocupación en los ojos de Phoebe y se apresuró a tranquilizarla.
—No te preocupes, aunque Lila no hubiese llegado tú sabes bien que lo puedo derrotar en cualquier pelea física que tengamos.
Y eso era verdad, Helga desde que había cumplido quince años se podía defender de su padre. Y varias veces, le ganaba con su fuerza monstruosa que había heredado de esa bestia.
—Y luego, ¿qué pasó?
—Pues fue entonces cuando todo se salió de control.
Phoebe la miró con impaciencia.
—Llega al grano, por favor.
—Ludwig me mostró una carta de Bob, en la que decía que me desterraría de todas sus propiedades.
Phoebe se sorprendió.
—No puede hacer eso. Él está preso y tú tienes todo el derecho legal de obtener las ganancias del rancho y por lo menos la tercera parte de sus propiedades…
—Eso le dije yo. Bueno, Phoebe, tú sabes que son sus tierras y todo está a su nombre. Entonces me amenazó con que no mostraría esa carta a nadie, a menos que me case con él.
—¿Lila no dijo nada?
—Por supuesto que sí, pero tú sabes de su comportamiento sumiso natural ante su hermano. Yo le dije que no se metiera, que no era su problema… — su amiga la miró con el ceño fruncido—. No lo es, Phoebe. Lila no puede hacer nada respecto al comportamiento de su hermano. Solo va a resultar herida y va a ser una carga más.
La muchacha bajita sonrió, sabiendo que Helga lo había hecho por el bienestar de la pelirroja, pero jamás lo admitiría. Y es que, Helga tenía un corazón noble muy escondido de esa pésima actitud de ella. Se volvió a concentrar en el problema.
—Y ahora, ¿qué vas a hacer?
—No me pienso casar con ese hombre, eso está más que confirmado. No importa, que haga lo que quiera. Tengo ahorrado suficiente mucho dinero, por todas las ganancias de este año. Ese dinero me pertenece únicamente a mí y nadie me lo puede arrebatar. Buscaré un trabajo y me hospedaré en un motel del pueblo. O quizás acepte de una vez por todas la propuesta de irme a vivir con Olga y su familia. Por lo menos ella no ha tenido que vivir una pesadilla, y se fue de la casa apenas cumplió dieciocho. Vaya, ya pasaron dos años de su mudanza.
—Deberías estarte con cuidado con Ludwig. Por lo visto está buscando una mujer y te ha puesto en la mira.
Helga frunció el ceño. Que original, no era el primer hombre que escuchaba que quería desposarla. ¿Qué con eso? ¿Acaso todo el mundo estaba tan desesperado en casarse?
—¡Pues que espere sentado! Antes de casarme con él, me vuelvo pobre y miserable —exclamó alterada. Exhaló el aire que no sabía que había estado reteniendo—. Como sea, a pesar de todo este incidente, tengo que ir al pueblo a comprar víveres.
—No te preocupes, dudo que puedan lograr quitarte las propiedades. Tu padre no debería tener voz porque está preso.
Eso no tranquilizó a Helga. Le había sorprendido cuando habían puesto preso a Bob, pensaba que se lo dejarían pasar puesto que era él, el hombre más poderoso y con más dinero del pueblo. Big Bob era la persona más conocida al ser el banquero más exitoso de todo el estado. Todo él simbolizaba poder. El mismo hombre que con un chistar de dos ya tenía todo lo que quería. Era por esa razón que todas las noches no podía dormir, siempre preocupada de que el volviera a la casa a terminar lo que había iniciado. Aún podía sentir las manos de su padre estrangularla. Se sentía tan reciente todo a pesar de haber pasado medio año desde la tragedia.
—Mira, ahí viene Patty — sonrió en dirección de una castaña que venía cabalgando a su caballo, pero luego se preocupó al ver cómo le clavaba las espuelas y gritaba, para que éste avanzara más rápido. Tuvo un mal presentimiento—. Ella nunca maltrata así a su caballo.
Helga soltó el martillo rápidamente y se quedó quieta, mientras Patty paraba al caballo bruscamente, casi haciendo que tropezara.
—Tienes que largarte de aquí. ¡Ahora mismo! — gritó con la respiración agitada a la rubia jalando las riendas—. ¡No les llevo mucha ventaja, así que apresúrate!
Las dos mujeres se sorprendieron aún más.
—A ver, Patty, cálmate. ¿Qué sucedió? —intentó tranquilizar Phoebe.
—Bob Pataki ha salido de la cárcel. ¡Clama que tú fuiste quien mató a Miriam! No solo eso, planea casarte con Ludwig.
—¿Qué dices? ¡Pero si el viejo es mi testigo, él vio como Bob intentaba matarme!
—Eso díselo a los jueces y oficiales, pero dudo que tengan ganas de escuchar a la mocosa desterrada. Tú misma sabes del poder que tiene Bob, seguro les pasó dinero. ¡Te están buscando ahora mismo, maldita sea! ¡Huye, pero ya!
—No pienso huir —se negó rotundamente la rubia, exasperada—. ¡No puede hacer eso! Él ya no tiene control sobre mí.
—Querida, la razón más grande es que sigues siendo menor de edad. Además, tú sabes que tu padre es el hombre más poderoso de ese mugroso pueblo, él puede hacer lo que quiera contigo. Si quiere casarte, meterte presa, o ambas a la vez, ¡ese lunático lo hará!
—Pero…
—Tienes que hacerlo —corto Patty, completamente impaciente—. No has visto como están en el pueblo. Todos le creen a Bob. Ellos saben que, si le van en contra, les irá mal o se convertirán en próximos blancos.
—Pero el viejo puede testiguar en contra de él de nuevo. Por muy poderoso que sea, no pueden ignorar las pruebas y testigos. Se volverá mediático y su reputación…
Patty la miró como dudando. No sabía si era momento de decirle, pero tenía que hacerle entender la gravedad de la situación. Tomó aire y soltó de golpe.
—El viejo está muerto.
Helga permaneció en shock por un momento. Le dolió. Sí, lo había visto en estado decadente, pero era muy diferente eso a la confirmación de su muerte. No estaba preparada mentalmente para todo ello.
—Por favor, Helga —habló por primera vez Phoebe, que se había quedado al margen de la situación escuchando y analizando la situación—. Tú sabes que Patty tiene razón. Solo escóndete por un tiempo, igual faltan solo un par de meses para que cumplas dieciocho. Patty y yo intentaremos hallar pruebas y limpiar tu imagen mientras estés fuera.
Helga volvió a la realidad y exhaló, su cuerpo estaba sumamente tenso.
—Toma —le dio una pequeña bolsa marrón de cuero—. Vas a necesitar eso si vas a estar afuera tanto tiempo.
Phoebe entendió instantáneamente y le dio su pequeño monedero también. La rubia metió el dinero del monedero en la bolsa rápidamente y lo guardó en el bolsillo de su overol vaquero. Les sonrió con gratitud y las abrazó una última vez, antes de correr a la salida trasera de la casa. Se apresuró a tomar la chaqueta del perchero y montar uno de los caballos que, gracias a Dios, ya tenía su silla de montar puesta.
—Maldita sea.
El caballo galopaba veloz, como leyéndole los pensamientos de que tenía que huir lo más pronto posible. Odiaba su vida, como tenía siempre de alguna manera, siempre su padre se las arreglaba para arruinarla. El caballo saltó la valla con mucha habilidad, complaciendo a Helga.
Lastimosamente, poco le duró el placer. Ella miró encima de su hombro y volvió a maldecir al ver que la perseguían los oficiales. Clavó las espuelas en el caballo apenas escuchó balas. No estaban muy lejos de ella, y tampoco le tranquilizaba el hecho de que sabía que los caballos no podrían seguir ese paso por mucho tiempo. Una bala impactó en su omoplato y ella gimió de dolor, agarrándose del cabello del caballo y soltando las riendas automáticamente, éste seguía a paso veloz y pareció que lo acelero aún más ante el dolor de su cabalgante.
—Vamos, podemos lograrlo. La hierba mala nunca muere, ¿no es así? —bromeó la rubia, con los ojos entrecerrados. Sentía un agudo dolor en todo su cuerpo, luchaba por no quedarse dormida. Sacó los pies de los estribos y se preparó para saltar. No iba a perderlos de vista en el caballo, eso era obvio.
Volteó y miró sobre el hombro. Estaban doblando varias esquinas, así que se demorarían un poco en llegar. Besó el lomo del cabello y le dijo "No te detengas". Entonces se dejó caer en la paja que vio al lado de ella. Se escondió hundiéndose en esta. Los oficiales seguirían las huellas del caballo, sin notar que ella y el caballo se habían separado. Sonrió de lado al escuchar las pisadas de los caballos de los oficiales pasar por su improvisado escondite. No la habían notado. Y ella, estaba a salvo. Y no sabía exactamente si eso era algo bueno.
Helga había luchado con no quedarse dormida, esperó unos minutos después de escuchar las últimas pisadas de los caballos. Sabía que no tardarían más de un par de horas en notar que se había separado del caballo, entonces tenía que huir de ahí y refugiarse. Cuando anocheciera, se les dificultaría encontrarla aún más. Se levantó de la paja, caminando hacia el rancho más cercano. Desconocía ese lugar, a pesar de estar alrededor de dos horas lejos de Wells Ridge.
La sangre le empapaba la ropa, y se preocupó de morir desangrada, así que se apresuró su paso.
Entonces no tuvo mejor idea de mantenerse despierta recordando algo que la hiciera hervir la sangre de furia. Su odio hacia los hombres. Y vaya, enserio ninguno le había probado lo contrario. Todos sacados de la misma fábrica. Empezando por su padre. ¿Qué no decir de él? Había abusado psicológicamente de ella por casi diecisiete años. Y lo que más odiaba, era que no eran tan diferentes ella y él. Lastimosamente y aunque le doliera reconocer, ambos habían sido cortados de la misma tela. Ejercía la fuerza bruta contra ella, su hermana, y su madre. Luego seguía Wolfgang, el hombre del que lastimosamente, ella se había encaprichado. Sí, encaprichado. No podía decir enamorado, porque aquello no era amor sino masoquismo. ¿Y si no era por Bob? ¿Y si era ella la manzana podrida? Eran dudas que la atormentaban día y noche. El ex novio de Olga también se sumaba a esa lista. Otro macho maltratador.
Diablos, por lo menos sean originales. Siempre la misma mierda salía por sus bocas. Siempre eran los mismos adjetivos, simplemente cambiaba la persona quien los decía.
Helga entonces entendió que los hombres solo servían para satisfacer los deseos de lujuria, solo recurría a ellos para encamarse. Y bien el alto terminaba, ella se iba y no les daba la oportunidad de hacer nada más. El trato era simple. "Me das placer, te doy placer, y nos olvidamos del tema. No celos, no posesión, no cortejos. Tómalo o déjalo." Y claro, los hombres habían seguido las pautas obedientes y ellos eran los que habían conseguido un segundo encuentro sexual. Nada más que eso.
Se remojo los labios secos con su lengua, que ya estaba cerca de volverse seca también. Caminaba al paso más rápido que podía. Tenía que sobrevivir. No sabía por qué se esforzaba tanto por sobrevivir. Quizás la vida no la había hecho tan miserable diecisiete años como para querer suicidarse.
Cuando se aproximó a la casa, sus ojos empezaron a brillar. Era notablemente más pequeña que la de ella, pero eso no la hizo sentirse menos aliviada. No que su casa fuera pequeña para nada, simplemente la de ella era enorme.
Por lo menos había logrado alcanzar el porche delantero. Entonces cayó al suelo, justo debía subir unas pequeñas escaleras para tocar la puerta. Sin hacerle caso a todo el dolor que sentía, se arrastró hacia la puerta. Entonces la realidad la golpeó duro. ¿Realmente iba a confiar en que los desconocidos de esa casa la iban a curar, cuidar, y velar por su seguridad? ¿Por qué no había pensado en eso antes? Ya cabeceando, no tuvo de otra que esperar lo mejor. Aún en el piso, tocó con su puño con las ultimas fuerzas que le quedaban la puerta delantera.
Se recostó mirando para arriba, esperando que haya alguien en casa. Pensó en sus últimas palabras.
Que te jodan, Bob.
Y con ese pensamiento, perdió la conciencia.
Casi instantáneamente, la puerta se abrió. La persona tuvo que contener un grito cuando vio el cuerpo de la mujer en el suelo, debajo de un pequeño charco de sangre. Se apresuró, y sin pensar dos veces, tomó a la joven en sus musculosos brazos y la metió adentro, gritándole a su abuelo para que fuera a chequearla, después de todo, él era doctor.
Él al escuchar la desesperación de su nieto, corrió a verlo. Entonces pegó un grito cuando vio a la muchacha que llevaba en sus brazos. Le quitó la chaqueta delicadamente y notó la herida por causa la bala en su omoplato derecho.
—Ha perdido demasiada sangre, Arnold.
El nombrado la miró con desesperación. Odiaba que se pusiera a analizar, lo que debía era actuar, ¡pero ya!
—Tengo que retirar la bala, si no esta chica morirá de infección. Llévala a la habitación.
Arnold la llevó a la habitación más cercana, que resultaba ser una de huéspedes. El resto de la noche simplemente siguió ordenes de su abuelo, le traía lo que necesitaba e iba de aquí para allá viendo como curaba a la rubia.
No pudo evitar sonrojarse cuando notó que su abuelo le había retirado la blusa de franela y los tirantes del overol que usaba. Pudo notar el sujetador negro que ella usaba y como cubría sus redondos y grandes senos. Sabía que no era momento de pensar en esas cosas, así que abofeteó mentalmente. Se tranquilizó cuando su abuelo la echó de estómago, con su cabeza de lado para permitirle respirar.
No sabía quién era esa mujer, pero esperaba que se sobreviviera de esta.
Nota de autor: Y así termina el primer capítulo. Ojalá les haya gustado, por favor dejen su review y cuéntenme que les pareció.
