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Aviso: el contexto en el que esta historia se desarrolla está basado en el manga/anime Koi to uso.


Prólogo


Tras la Segunda Guerra Mundial, la población de Japón fue distorsionada de una forma un tanto alarmante. El promedio de edad en ésta rondaba arriba de cincuenta años, por lo que no podía afirmarse que los habitantes de Japón estaban en una etapa laboral. La crisis tras esa situación era evidente; las esperanzas de que tras diez años todo volviera a la normalidad disminuían. Las repercusiones de una guerra siempre son graves... Pero Japón no quería esperar a que la buena suerte llegara a ellos.

Las investigaciones comenzaron en 1960. Durante años, se reunieron psicólogos, genetistas, conductistas, sociólogos, neurólogos y matemáticos con un objetivo común: entender el trasfondo de la atracción afectiva y el secreto de un "amor eterno". Mientras tanto, se desarrollaron programas que incentivaban a formar grandes familias e invitaban a los jóvenes a trabajar en las empresas nacionales.

Sin embargo, para la década de los setentas, reconocieron que estos programas no estaban funcionando como deseaban. Parecía que los jóvenes perdían el interés en los matrimonios y, aunque trabajaban como se les sugirió, no era suficiente para mantener el nivel económico de la potencia asiática. Así, el equipo de especialistas presentó una nueva solución:

El algoritmo yukari. Una invitación al amor, al amor duradero y lleno de intereses más allá de lo físico, con el que la población conseguiría establecerse en una edad laboral. Un algoritmo en el que los inscritos en el programa yukari serían puestos a prueba para encontrar a su "media naranja" con ayuda de la ciencia. Una garantía de una vida plena, cómoda y completa. Una pareja totalmente compatible, una persona con la que crear una familia no tendría complicaciones; porque la atracción permanecería ahí.

La ciencia, entonces, se encargaría de unir los hilos rojos de las leyendas. Una idea fresca, una idea atractiva. Una idea que muchos desesperados en Japón no desecharon.

Lo que inició como una propuesta en 1975, terminó como una ley en 1980. La técnica era sencilla: desde que los individuos cumplían 3 años, hasta sus 16, se les sometía a observación, a pruebas y se hacían eventos para conocer la personalidad, gustos, defectos, hábitos y demás sobre ellos. El propósito de dichos análisis era colocarlos en una base de datos para que, al cumplir los 16 años de edad, el algoritmo pudiera devolver la propuesta específica sobre quién sería su pareja asignada. Su pareja ideal, aquélla con la que formaría una familia y contribuiría al crecimiento de Japón.

Los resultados, empero, se vislumbraron hasta inicios del 2000. Las familias, de al menos un hijo por pareja, eran estables. Los divorcios disminuyeron en casi un 400% y, pronto, el promedio de edad en Japón variaba entre los 15 y 56 años. La crisis estaba superada y el mejor momento económico para Japón había llegado.

Poco a poco, los japoneses fueron acostumbrándose a los avisos del gobierno y a las bodas a temprana edad de sus hijos. Los programas de reproducción sexual eran conocidos desde la secundaria y, una vez al año, las parejas asignadas eran invitadas a un evento en el que estos temas inundaban la sede de la ley yukari. Y ante la queja de algunos países sobre estas costumbres, el gobierno de Japón se vio obligado a disminuir la edad legal a 16 años. Por tanto, los embarazos adolescentes comenzaron a ser comunes a partir del 2020.

Así, el panorama general de Japón cambió drásticamente en cuanto a su perfil conservador. Visto desde una perspectiva como una gran estrategia política y económica; o desde otra perspectiva como un abuso a su juventud, lo cierto era que la ley yukari ya era algo con lo que debían vivir.

La ley yukari ya era algo a lo que debían atenerse. Algo que los obligaba a olvidar sexualidades diversas, algo que los obligaba a permanecer donde el gobierno lo pidiera, algo que los obligaba en muchos casos a abandonar su verdadera felicidad.

Y todo esto, era algo que Miyuki Kazuya y Narumiya Mei sabían muy bien. Era algo que ambos, en una promesa implícita, habían jurado no olvidar.

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Nota de la autora: OH, SÍ. Aquí viene otro fanfic, JAJAJAJAJA... Pero, la neta es que, por ahora y hasta no tener listo mi fanfic favorito, éste será mi fanfic de temporada. O sea, seguiré actualizando Momentos -pronto- y le daré una vuelta a Home run derby; pero éste será el fanfic al que le dedique más tiempo.

Serán capítulos cortos, en sí, hasta que se llegue al primer clímax. Así que, por ahora, díganme, ¿qué esperan de un contexto así en el mundo de Daiya no ace? ¿Cómo creen que afecte a sus personajes favoritos?

Oh, por cierto, aclaro. Aunque este fanfic esté basado en la situación de Koi to uso, no meteré a ninguno de sus personajes; por lo que no esperen a Nisaka bebé por aquí o a alguno de sus amiguitos. Me voy a concentrar en los Daiya y eso.

Muchísimas gracias por leer.

Abrazos.

Nayla.