SEIS AÑOS DESPUÉS
Jiraiya se reclinó en su silla, con las manos formando una torre sobre su boca. Estudió a los tres agentes que había contratado para la Operación Zambullida en el Basurero. Cada uno era un Otherworlder que había sido criado en la tierra. Cada uno había perdido a su familia biológica poco después de su nacimiento, y debido a Jiraiya, cada uno había sido rápidamente adoptado por una familia humana, bajo la condición de que Jiraiya tendría completo acceso a ellos en cualquier momento que lo deseara.
Había empezado con su formación a la edad de cinco años, aunque al principio sólo les había enseñado cosas pequeñas. El tiro al blanco con el tiempo se había transformado en cacería viva, un palpitante juego. Acampar se había transformado en sobrevivir una semana en la selva, solos, sin ningún tipo de arma. La creación de estrategias para ganar en los videojuegos se desarrolló en crear estrategias para salvarse los unos a otros de cualquier situación desastrosa que Jiraiya hubiera puesto en escena.
Ahora los chicos eran adultos, lo mejor de lo mejor y a punto de enfrentarse a la amenaza más grande de sus carreras.
—¿Vamos a sentarnos aquí en silencio? —dijo Yahiko Sin Apellido. Se había negado a aceptar el apellido de sus padres adoptivos, y para cuando Jiraiya se dio cuenta del por qué y lo menciono, el muchacho no había querido tener nada que ver con el nombre Black tampoco.
—Obviamente no, —respondió Jiraiya con facilidad. —Estamos hablando ahora, ¿verdad?
Yahiko le enseño el dedo. Era un Rakan y sus rizados mechones naranjas de cabellos resaltaban sobre su brillante pálida. Jiraiya estaba bastante seguro de que no había hombre más hermoso.
Kiba rió disimuladamente, y Yahiko le enseñó el dedo también.
Kiba era un Arcadian, una raza conocida por su gente de piel pálida, cabello castaño y ojos con el iris parecido a un canino, y él era uno de los guerreros más feroces que Jiraiya jamás había encontrado, más de uno noventa y ocho de altura, con la masa muscular de un espécimen artificialmente diseñado por una dieta constante de esteroides y hormona de crecimiento.
De los tres hombres, Kiba era el único que tenía una personalidad pública. Jugaba fútbol profesional como una cubierta para entrar en las fiestas correctas, con la asistencia de las personas adecuadas, en las que el alcohol fluía y los secretos se derramaban. Bueno, eso, y porque le gustaba golpear a otros hombres a su vez por dinero.
A su lado estaba sentado Naruto Uzumaki, Jiraiya no estaba seguro de los orígenes del hombre. Todo lo que sabía era que nunca había conocido a nadie como él, y todos los que lo conocían le temían.
¡Incluyendo a Jiraiya! Naruto ardía caliente o frío helado, no había término medio.
Naruto se contenía a sí mismo, únicamente salía de su "rústica, y atrasada granja de murciélagos", como la llamaba Kiba, para una misión.
Pero después, Naruto debía estar en solitario. Era más alto que Kiba y Yahiko, monstruosamente así, con una masa muscular aún más grande, pero mientras que los otros eran fantasías de belleza urbana, Naruto era una pesadilla infernal de fealdad.
Y ok, sí, esa era la forma áspera. Él únicamente se parecía a una criatura del inframundo cuando su temperamento lo alcanzaba. En este momento, él era en realidad lo que la asistente femenina de Jiraiya denominaba como bárbaro chic. Y ella siempre utilizaba un tono preferentemente bajo.
Naruto tenía cortado irregularmente el cabello rubio, gracias a su afinidad por cortarse las hebras con su propia espada, y la piel profundamente bronceada. Sus ojos eran azules, con pestañas espesas, nariz fuerte y aristocrática, con un ligero golpe en el centro de una de sus demasiadas fracturas.
Cada vez que experimentaba una oleada de ira, la piel de Naruto se volvía dorada resplandeciente, el último color que sus enemigos veían antes de morir horriblemente. Sus dientes se alargaban en algo mucho peor que colmillos. Sus pómulos doblarían su tamaño y sus orejas crecerían y desarrollarían picos agudos al final. Garras metálicas brotarían de sus uñas.
Cuando el último de los cambios físicos ocurriera, nadie sería capaz de calmarlo. Él rabiaría hasta que estuviera demasiado débil para moverse, todo en su camino sería total y completamente borrado.
Esto no siempre había sido así. Una vez, sus padres adoptivos habían tenido gran éxito en calmar-a-la-salvaje-bestia en la arena. De hecho, la pareja había estado incontables años de la vida de Jiraiya, aterrándolo cada vez que se acercaban al muchacho enloquecido, nunca trataron de dominarlo, sino que envolvían sus brazos alrededor de él y lo abrazaban estrechamente. ¡Y Naruto se los había permitido!
Cuando Mary Kurenai y Asuma murieron, Naruto había estado inconsolable y una vez más incontrolable.
Él debió sentir la mirada de Jiraiya, porque levantó la vista y se enfocó sobre él. Compartiendo un momento de silenciosa comunicación.
Jiraiya: ¿Cómo estás, hijo?
Naruto: Si no empiezas, te arrancaré el corazón y lo tendré para el desayuno.
Eso fue sólo una conjetura por parte de Jiraiya, por supuesto, pero sería cierta pronto, Naruto estaba frío helado hoy.
—Recibí un gran trozo de información, —dijo Jiraiya, poniéndose a trabajar. Se sentó erguido y presionó unos botones en su computadora.
—Uh, lamento decírtelo, jefe, pero eso no es exactamente una noticia de última hora, —contestó Kiba. —La única vez que nos llamas a todos juntos es cuando has recibido información. Llega a las cosas reales, ¿quieres?
—¿Por qué te importa si él se retrasa? —dijo Yahiko. —Es la temporada baja para ti, por lo que no tienes otro lugar para ir.
—Habla por ti mismo. — Kiba enganchó el pulgar en dirección al Rakan, ¿puedes creerlo chico? —Tengo una boda que pretendo ayudar a planificar.
Pura verdad, allí. Y Jiraiya todavía estaba conmocionado con la inminente boda. Él llevaba un seguimiento de sus hijos, y sabía que Kiba no había conocido mucho a la chica. Sólo unas semanas atrás, nada más.
Pero eso no era lo sorprendente. Después de una relación fallida hace unos años, Kiba se había convertido en un bateador de un solo hit. Sin embargo, ¿ahora esperaba una vida de felicidad conyugal? Por favor. ¿Y la muchacha? Lo mujeriego de Kiba era bien conocido. ¿Ella realmente cree que será la que lo cambie?
Bueno, ella no lo haría. La novia no tenía ni idea de que Kiba trabajaba en las sombras del gobierno como asesino a sueldo, y ella nunca lo haría. Con el tiempo, se daría cuenta de que mentía sobre su paradero, y exigiría respuestas que él no podría dar. Ella asumiría que estaba teniendo una aventura amorosa y él podría estar haciendo eso, también y dejarlo.
Jiraiya había visto pasarle esto a sus agentes una y otra vez, pero lo seguían intentando, con la esperanza de construir lazos con alguien, con cualquiera, y crear una ilusión de normalidad. ¿Cuándo aprenderán?
Cuanto tu vida es una gran mentira, el vivieron felices para siempre era imposible. Y sí, Jiraiya sabía esto de primera mano.
Él habría liberado a los chicos de su empleo, pero ellos le habrían dicho que se enroscara el mismo en el tornillo. Eran hermanos por las circunstancias en lugar de sangre, y en el fondo ellos realmente se amaban. Jiraiya, también. Además de eso, no conocían ninguna otra manera de vivir. Él no los había dejado aprender. Un error por su parte, sí, pero uno que era demasiado tarde para rectificar.
Al menos Yahiko y Naruto no cometerían el mismo error como su amigo.
El par se había abierto paso entre demasiada suciedad como para tratar el asunto del matrimonio, y Jiraiya sabía que ambos se sentían como si estuvieran contaminados hasta llegar al hueso. Y Naruto... bueno, no estaba equivocado.
Otros agentes ensuciaban, y Naruto era el que limpiaba por completo, destruyendo las pruebas que nunca tuvieron la intensión de sacar a la luz, ya fuera vivo o no, culpable o inocente.
Jiraiya lo llamaba, le daba una ubicación, y le decía lo que había salido mal. Unos días más tarde, Naruto lo tendría todo en orden. Y oh, las cosas que él había tenido que hacer para tener éxito...
—¿Que tiene a tus bragas retorciéndose malhumoradas, jefe? — Preguntó Kiba. Siempre había sido el más observador de los tres. —¿Estás pensando en mi boda? ¿Quieres llorar, porque no recibiste una invitación?
—¿Llorar, cuando prefiero matarme antes que asistir? —Preguntó, ya sabiendo que iba a estar allí, oculto en las sombras. —No lo creo.
Su mirada volvió a Naruto. ¿Él asistiría? El tipo estaba repantigado en su silla, con los hombros caídos, en un esfuerzo inútil por parecer más pequeño. Sus ojos estaban entrecerrados y todavía fijos en Jiraiya, ahora penetrando tan agudamente como una espada.
—Está bien, sigamos adelante, — Jiraiya murmuró, tomando la indirecta. Pulsó unas cuantas teclas y apareció una pantalla sobre la pared detrás de él. Formándose imágenes. —Conozcan a Hidan Star. Humano. Treinta y tres. Casado y con dos hijos, un joven, de veintiún años, y una chica de diecinueve. Ambos muy metidos en las drogas. Hemos rastreado la desaparición de varios agentes de Investigación y Exterminación Alienígena en la puerta del señor Star.
—¿Posición de los agentes? —preguntó Kiba.
—Dispersos. Aún no hemos actuado porque todavía no estamos seguros de sí están vivos o muertos.
Algunos botones más fueron golpeados, y una foto de cada agente brilló sobre la pantalla.
—Así que no tienes idea de lo que Star quiere, o hace, con los agentes… — afirmó Yahiko sin rodeos.
—Correcto.
—¿Pero estás seguro de que es él?
—Lo estamos. Lo teníamos bajo vigilancia por otra cosa y oímos por casualidad un par de conversaciones. Si bien lo podemos relacionar a los crímenes, no pudimos averiguar nada más.
—Bueno, he hablado con él en varias partes, y tengo que decir que estoy sorprendido, —dijo Kiba. —Él es un hombre de negocios rico con un ojo para los lujos. El juego es una debilidad y las drogas son un hobby, que es probablemente por lo que los chicos son adictos. Los guardaespaldas son un elemento básico y las amantes desechables como la ropa interior, pero él parece bastante inofensivo.
Naruto espetó: —Sí, y todo el mundo siempre es exactamente lo que parece, ¿verdad? ¿Por qué no piensas antes de hablar? Idiota.
Kiba que estaba sentado en medio de los muchachos, se giró para mirarlo.
—¿Por qué no le dices hola al granizado de cereza que estoy a punto de hacer con tu cerebro?
Podía hacerlo, también. Él poseía habilidades extraordinarias que ningún ser humano, y muy pocos Arcadios, podría incluso soñar.
—Ve por ello, —dijo Naruto, despreocupado. —A diferencia de ti, yo tengo algunas células de sobra.
—Niños, —dijo Jiraiya, aplaudiendo. —Basta. —Si ellos decidieran recrear la escena gacela coja, versus león hambriento de los Animales de la Vieja Tierra, Jiraiya estaría bajo el ataque de dos agentes y, probablemente, le faltarían algunas extremidades después de tratar de separarlos.
Asesinos a sueldo, eran solamente unos bebés.
—Simplemente déjalos que jueguen, —dijo Yahiko, su tono ahora ribeteado con una emoción que Jiraiya no podía nombrar. Algo se disparó como veneno... mortal. —Tienen que sacarlo de sus sistemas. Ellos lo esperan.
—Ah, eso no va a suceder. — Kiba sabía jugar, Naruto no lo hacía. Kiba sin querer insultaría a Naruto, (más de lo que ya lo había hecho), y Naruto se marcharía con la carnicería en su estela. Nada ni nadie podría traerlo de regreso hasta que estuviera listo. Pero él nunca iba a estar listo. —Si es así, voy tener que sacar a los tres de este caso y asignarle el trabajo a mi hija, Konan.
—¡Basta! —gritó Yahiko, y los otros dos de inmediato cerraron los labios.
Ellos podrían ser capaces de despedir a Jiraiya, pero ellos bailarían a través del fuego por Yahiko.
—Estamos bien ¿ahora?, —preguntó Jiraiya.
Kiba asintió.
Naruto se pasó la lengua por los dientes... dientes un poco más largos de lo que habían estado hace unos momentos.
Jiraiya sabía que Naruto había sido insultado por la gente durante toda su vida. Debido a su altura y masa muscular, los niños en su escuela primaria le habían llamado Chico Ogro, hasta que su temperamento había conseguido lo mejor de él y se había transformado en parte en su otra forma. Entonces lo llamaron Monstruo Triturador y Repugnante e incluso le habían arrojado piedras.
Una vez, para protegerse a sí mismo, había golpeado casi hasta la muerte a un niño.
Habían llamado por teléfono a su madre, y ella había llegado a tiempo para calmarlo antes de que hubiera dañado a otro niño, pero el daño ya estaba hecho. Fue sacado del sistema escolar, y habría sido encerrado de por vida si Jiraiya no hubiera intervenido.
—Estamos bien, —dijo Yahiko, con el rostro pálido. — Konan está ahora fuera de la mesa.
Un secreto a voces: Yahiko protegería a Konan con su vida, siempre y cuando no tuviera que hablar con ella. Era culpa de Jiraiya. Él había echado a perder a su hija más joven, y ahora sentía como si fuera el deber de cada uno a hacer lo mismo.
—Quiero decir esto de la mejor manera posible, Jiraiya, —dijo Kiba con un estremecimiento, —pero Konan tiene que ser sacrificada.
—Tomaré eso en consideración. — Jiraiya se aclaró la garganta. — Ahora, como decía, los agentes fueron capturados, mientras hacían su trabajo.
—¿Humano? ¿Otherworlder? —preguntó Yahiko. Su color no había vuelto a la normalidad.
—Ambos, —respondió. —Hombres y mujeres, también. El único denominador común es el hecho de que trabajan para el AIR.
—¿Son jóvenes? ¿Bien parecidos? —Preguntó Kiba.
—Algunos de ellos, sí.
—Tal vez están siendo vendidos en el comercio de esclavos. Esa es la mejor manera de ocultar varios organismos vivos, así como la mejor manera de hacer dinero rápido cuando se está tratando de soportar una adicción a las drogas. — Kiba deslizo dos dedos por la suavidad de su mandíbula. —¿Ha sido tomado algún civil?
—Sí, —dijo Jiraiya, impresionado por el salto que su mente rápidamente había hecho. A Jiraiya le había costado dos días para conectar ese punto en particular. —Sin embargo, no creo que esto tenga nada que ver con el tráfico. Tenemos hombres en el interior de cada gran subasta y prostíbulo, pero no hemos visto ningún indicio de los agentes o de los civiles.
—¿Qué tienes? —preguntó Naruto. —¿Cómo sabes que las víctimas fueron secuestradas por el mismo tipo?
Otra pregunta excelente.
—El Sr. Star tiene una tarjeta de llamada. Él usa la sangre de la víctima para dibujar el símbolo Chino para venganza en algún lugar en su casa.
Kiba rodó los ojos.
—¿Estás seguro de que el símbolo es de venganza? Un tipo que conozco tiene un tatuaje de lo que él pensaba que era el símbolo de fuerza, pero en realidad era el símbolo para indigestión.
—¿Un tipo que conoces? Amigo, yo he visto tu espalda, —bromeó Yahiko. —El tatuaje es tuyo.
Sin acomplejarse, Kiba, dijo, —Pensé que la historia tenía más sabor a la inversa.
Como sea. —Sí, estamos seguros, — Jiraiya interrumpió. —Creemos que la usa para despistarnos y confundir sus motivos. No hay ninguna razón para que buscara venganza contra las diecisiete personas que fueron secuestradas. Ninguno de ellos tiene conexión con él o los demás. Fuera de los de la agencia, por supuesto.
Yahiko frunció los labios.
—Déjame adivinar. Quieres que averigüemos lo que Star ha hecho con las diecisiete personas antes de que lo matemos. Bueno, olvida eso. Si lo matamos ahora, nadie más será secuestrado, y el problema se resolverá, —dijo, abriendo los brazos. —De nada.
—Cuando una de esas personas es un senador, no sacamos al único hombre que podría saber dónde está. —Pero no había duda de que Star iba a morir cuando todo estuviera dicho y hecho. —Así que así es cómo esto pasará. Yahiko, te unirás al equipo AIR de New Chicago como una transferencia de Manhattan. Han perdido dos agentes en esta catástrofe.
—Lo tengo.
—Y nadie puede saber realmente quién eres o por qué estás realmente allí. No tu nuevo jefe, y no tu compañero, Nagato. — Jiraiya le lanzó una carpeta móvil con toda la información que necesitaba.
Yahiko cogió el dispositivo y de inmediato excavó.
—¿Y por qué estoy realmente allí?
—Para escuchar los chismes de oficina, y para estudiar a los agentes. Si alguien tiene una conexión con el Sr. Star, quiero saber de él y quiero que hagas amistades. Duermas. Lo que sea.
Él asintió.
— Kiba, el mundo está a punto de conocer tu nueva adicción a las drogas.
Los ojos del jugador profesional se entrecerraron peligrosamente.
Bueno. Él entendió. También, tendría que fingir con su prometida.
—Ahora que estás fuera de control, darás una fiesta. Invitarás a los hijos del Sr. Star, y serás agradable. Si puedes, te convertirás en el nuevo proveedor del hijo. Y si la hija está interesada, dormirás con ella. Sólo ten cuidado. No me gustaría que desaparecieras, también.
Al igual que Yahiko, él asintió.
Al menos no había protestado por el asunto.
Jiraiya se centró en Naruto. Él todavía estaba desplomado en su silla, su mirada aún entrecerrada.
—Vas a ser el más confiable y nuevo guardaespaldas, de Kiba. El hombre que le hace las cosas. En el que Kiba confía para el más oscuro de los hechos.
Pánico destello en los rasgos de Naruto antes de que se suavizaran, mostrando nada más.
—Muy bien.
Odiaba salir en público, y Kiba llevaba una vida muy pública. Su foto sería tomada, sería estampada en todos los periódicos, y él tendría que volver a vivir cada momento y tolerar cada insulto.
Pero lo haría. Siempre hacia lo que Jiraiya decía.
—Bueno, —dijo Jiraiya. —Cada uno tiene cuatro días para prepararse. En el quinto, espero que estén afianzados en sus papeles. Piérdanse.
Al unísono los chicos saltaron a sus pies. Mientras pisoteaban hacia la puerta, Kiba se quejó. Yahiko se frotó la parte posterior del cuello. Solo estaba en silencio, con los brazos a los costados, sus pasos eran deliberadamente suaves.
Los sensores encima de la puerta atraparon sus movimientos y causó que el metal insonorizado se desenganchara y se deslizara abierto. Kiba cruzó el umbral primero, Yahiko pisándole los talones, y Naruto directamente detrás.
Whoosh.
Una repentina, ráfaga violenta de fuego se estrelló a través de toda la oficina, levantando a Jiraiya de su silla y propulsándolo hacia la pared del fondo. El fuego lamió su piel, y lanzas de dolor lo aporrearon mientras él se deslizaba hasta el suelo. Trató de respirar, pero no pudo. Algo pesado se apretó contra su pecho, y él parpadeó rápidamente en un esfuerzo por enfocarse. Un escritorio estaba ahora encima de él, se dio cuenta.
¿Qué...?
¿Cómo...?
La respuesta hizo clic en su sitio. Alguien había bombardeado la oficina en su casa.
Él se rió de lo inverosímil de tal situación, y la sangre burbujeó en su boca. Mientras, tocia y luchaba por aspirar el aire más allá de la obstrucción del líquido, el dolor se intensificó y su vista se atenuó.
¿Dónde estaban sus hijos? se preguntó aturdido. ¿Estaban...?
La oscuridad se acercaba a él... heridos... lastimados... sufría tanto ahora...
Los chicos habían estado más cerca de la explosión, y no estaba seguro de que pudieran haber sobrevivido... pero eran tan fuertes, tan vitales... sin duda ellos tenían...
Por último, la oscuridad le llegó y no supo nada más...
Para Naruto, la conciencia llegó lenta y gradualmente. Había humo en su nariz, en su garganta y su cuerpo palpitaba como si cada hueso se hubiera roto. No estaba seguro de dónde estaba ni lo que le había sucedido.
—¿…Con este? —Una voz que no reconoció estaba diciendo.
A pesar de que la niebla aturdía su visión, él fue capaz de distinguir a dos hombres inclinados sobre él. Uno era alto y delgado, alrededor de una treintena de años, con el cabello y los ojos oscuros. El otro era una versión viviente del hombre que Naruto había visto en la imagen proyectada en la pared de Jiraiya. Hidan Star.
Star era un humano alto con el pelo rubio plateado, ojos marrones y piel bronceada y rayada por el sol.
—Míralo, —dijo él, su labio se rizó con repugnancia cuando su mirada recorrió el cuerpo de Naruto. —Lo venderemos al mismo circo al que vendimos al agente del AIR. Él dará un precio decente.
—¿Y éste otro?
Ambos desaparecieron de la línea de visión de Naruto, pero aún oyó suspirar a Star.
—Termina incinerándolo. Tan frito como esta, no hay manera de que sobreviva el ser transportado a cualquier otra parte, y de esa manera, no quedara nada de él para que alguien lo pueda encontrar. Una pena, sin embargo. Me gustaba.
—¿Y este último?
Una pausa. Un ronroneo de gusto.
—No hagas nada. Me lo voy a quedar.
Continuará...
¿¿Ya los atrapó??
