Yo soy la rosa de Sarón, el lirio de los valles.
—CANTAR DE LOS CANTARES 2:1
Como siempre, Hinata se rebeló por la inducción de un nuevo animal. Ya fuera hombre o mujer, joven o viejo, el recién llegado siempre le pedía que mostrara misericordia y le otorgara la libertad al momento en que su padre se marchaba.
Misericordia que ella no mostraría.
Libertad que no otorgaría.
No podía.
Todavía no.
Hace años había asumido que la paliza que Hiashi le había dado por tratar de liberar a One Day era lo más salvaje que tenía que ofrecer, que su padre nunca sería capaz de infligir más dolor que eso, y que, para salvar alguien más, ella podría soportar tanto dolor otra vez. Pero entonces, el día en que había liberado a sus animales humanos, le había enseñado lo contrario.
Él siempre podía ser mucho, mucho peor.
¿Y qué podría ser peor que perder la audición? Fácil. La pérdida de la vista, también. Oh, sí. Su padre era así de vil. Había destruido su oído sin esperanza de reparación, simplemente para hacerla dependiente de él, y la había amenazado con tomar su visión si es que ella lo traicionaba de esa manera otra vez.
Si ella deseaba, y lo hacía, tenía que cumplir con un estricto plan de escape. Un plan que exigía permanecer en el circo por un año más. Sólo un año, y luego podría liberar a los Otherworlders y correr. Ella podía esconderse para siempre y nunca tendría que temer ser encontrada.
Hiashi terminó su discurso acerca de reglas y expectativas, e hizo un gesto para que Hinata se adelantara. Ella dio un paso al lado de él como cualquier otro robot obediente. Él colocó una mano firme sobre su hombro, y ella levantó la vista para mirar sus labios.
—Esta es su cuidadora, —dijo a los Otherworlders. —La trataran mejor de lo que trataran a los clientes. Mantendrán las manos para sí mismos y sus bocas cerradas, o mis hombres y yo nos divertiremos con ustedes antes de que consigan una bala.
Él no esperó sus respuestas, para él eran irrelevantes, pero se giró para enfrentar a Hinata. Ella lo miró a los ojos, ya no se sorprendió al ver que sus ojos no eran ya del color de las flores, eran más negros, como pozos negros sin fin.
Él ahuecó sus mejillas y le dio un beso en la punta de la nariz.
—Si tienes algún problema, mi corazón, no dudes en gritarme.
Nunca buscaré tu ayuda.
—Gracias.
—Cualquier cosa por ti. —En lugar de alejarse, como ella había esperado, se mantuvo en su lugar, frunciendo los labios.
—Mi nuevo animal es grande, feroz y diferente a cualquiera que hayas tratado antes. Tal vez debería convocar a tu guardia.
—El circo abre mañana, —ella intervino rápidamente, con la esperanza de detenerlo antes de que hablara de él mismo. —Hay tantas cosas que hacer, y no hay razón para hacer perder el tiempo a nadie vigilándome. Además, no importa lo feroz que es, el recién llegado nunca se atrevería a hacerme daño. Ahora sabe las consecuencias de desafiarte.
El agarre de su padre se intensifico, casi aplastando su mandíbula y definitivamente empeorando lo que quedaba de la lección de la semana pasada.
—Perderé el tiempo de quien yo quiera. Tú eres más importante para mí que un espectáculo exitoso, y si creo que hay una amenaza, hay una amenaza. Yo soy mucho más prudente acerca de estas cosas.
No gritaría.
—Por supuesto, —se las arregló para decir. Sí, no obstante, el espectáculo resultaba infructuoso y había obligado a su guardaespaldas a permanecer a su lado, evitando que Toneri se preparara apropiadamente para su acto de magia, Hiashi la culparía. Él la reprendería. Ella sería lastimada.
Con un suspiro, él la soltó.
—Como si yo pudiera negarte algo. Muy bien, te permitiré trabajar sola ya que no hay ningún lugareño cerca y los Otherworlders están contenidos. Pero si llegas a casa con un solo moretón, mi ser precioso, voy a estar muy molesto.
Bien, entonces. Ella no desea señalar la gran cantidad de moretones que ya adornaban su cuerpo. Además, no había necesidad. Él sabía que estaban allí, él los había puesto. Sin embargo, aunque él se permitía abusar de ella, en cualquier momento y en cualquier lugar, nadie más tenia extendido el mismo privilegio.
Le entregó otro beso en la punta de su nariz antes de acecharla a la distancia, plenamente convencido de que iba a hacer todo en su poder para protegerse a sí misma. No estaba equivocado. Ella lo haría. Ella podría soñar con dejar a su padre, incluso podría tener la intención de hacerlo, pero ella nunca lo desobedecería mientras estuviera aquí.
¿El recién llegado tenía alguna idea de lo que le esperaba?
Si él no estaba convencido de la malevolencia de Hiashi, lo estaría pronto. Hiashi había castigado a sus animales por el más leve de los delitos, aunque los propios castigos nunca eran leves. Su temperamento conseguía lo mejor de él y estallaba en un ataque de rabia.
Él mutilaría... arruinaría... y mataría indiscriminadamente...
Por desgracia, los que morían eran los afortunados.
Hinata caminó hacia los suministros que los trabajadores de su padre había dejado atrás, nunca permitiéndose desplazar la mirada para estudiar los labios de los Otherworlders para descubrir lo que decían sobre ella, y ellos estaban diciendo algo, ella sabía que lo hacían, porque podía sentir las vibraciones de sus palabras contra su piel. En momentos como este, estaba casi agradecida por su sordera.
Escaparé de este infierno y te llevaré conmigo, Hinata, Bruja Malvada de los Mundos. Te voy a poner en una jaula y oh, las cosas que te hare...
Esta vez había venido del Mec que ella llamaba Rainbow.
¡No eres más que una puta de circo, y tu mereces estar en esta jaula, no yo!
Esta vez había llegado de la Cortaz llamada Ino.
Necesitaban un objetivo para su frustración y rabia, y ella era la apuesta más segura. Ella lo sabía, y había dejado de permitir que hirieran sus sentimientos hace mucho tiempo. Nunca los perjudicaría y ciertamente nunca iría con el chisme, pero era casi imposible mantener un secreto a Hiashi. Un día, él se enteraría acerca de los dos infractores y los asaria sangrientamente.
Un día.
Las palabras dejaron un sabor enfermo en su boca.
El resto de los Otherworlders se negaban a mirarla, dirigirse, o hablar de ella, demasiado temerosos de lo que haría Hiashi. En realidad, no, eso no era cierto. El Targon realmente parecía disfrutar con ella.
Es hora de mi baño de esponja, sin embargo, Hinata ¿I Wanta Licka? (¿Quieres lamer?)
A él le gustaba decir. A menudo se refería a sí mismo como Daddy Spanky( papito nalgadeor) y una vez al día le pedía que hiciera lo mismo.
—Coma, todo el mundo. Me siento generosa hoy. —Ella tiró galletas de vainilla en cada jaula, hasta en la del Mec y la Cortaz. Recompensar al Terrible Dúo por su mal comportamiento era más allá de estúpido, pero una parte de ella quería hacer su vida mejor, incluso de una manera pequeña.
Cuando los Otherworlders se zambulleron por los postres y devoraron cada miga, agarró una botella de roció de enzimas, un cepillo y uno de los trapos, y se acercó a la jaula que pertenecía al Bree Lian que había nombrado Dots.
Su raza era conocida por el pelaje multicolor que cubría su cuerpo de pies a cabeza, y Dots no era diferente. Se parecía a un leopardo de pelo largo, con una capa inferior dorada y manchas negras, pero sus gestos eran tan antifelinos como era posible. Tan musculoso como era, él no dejaba de caminar cual trueno de un extremo de la jaula al otro.
Aun así, el tipo le recordaba a Dobi, el hermoso tigre que había orinado sobre todo, incluyendo a Hinata, y cada vez que lo miraba, una punzada de dolor atravesaba su corazón.
No vayas allí. Correcto. El pasado estaba fuera de los límites, y por una buena razón. Recordarlo traía únicamente lamento. Lamento traía dolor. Dolor traía depresión, y depresión traía tormento. Ella había tenido suficiente de eso, gracias.
Así que… Cambiando de tema. Cada una de las diferentes especies tenia diferentes características físicas, así como diferentes capacidades innatas. Algunos Bree Lian podían envenenar a un enemigo con sus dientes o uñas. Algunos Cortazs podían teletransportarse. Algunos Mecs podían hipnotizar con los colores cambiantes de su piel. Algunos Terans podían saltar una milla de un solo salto. Pero era absolutamente imposible conocer todas y cada una de las habilidades que estos particulares Otherworlders poseían, que era el porqué de que su padre había ido al mercado negro y los había comprado a las bandas de esclavos.
Los grilletes eran gruesos, de bronce con largas y afiladas agujas perfeccionadas con algún tipo de metal extraterrestre taladradas en los huesos de cada usuario, goteando un suministro estable y constante de un potente inhibidor directo a la médula ósea.
Cuando Hinata necesitaba entrar en una jaula, ya sea para lavarla o a su prisionero, sólo tenía que pulsar el activador remoto para enviar un medicamento diferente, un sedante, a través del sistema del Otherworlders, dejándolo inconsciente durante al menos una hora.
Cuanto más se acercaba a Dots, él con mayor fervor rondaba la longitud de su jaula. Por lo general, era la encarnación de lo integrado.
Comía cuando tenía que comer. Nunca hablaba sin que primero se le hablara, y él se quedaba sentado en la esquina trasera cada vez que Hinata se acercaba.
Pero él había estado aquí el tiempo suficiente para saber exactamente cómo funciona su padre.
Los Otherworlders se mantenían en la casa de fieras mientras estaban sanos y los seres humanos permanecieran fascinados con ellos. Hace ocho días, el más antiguo de los esclavos había sido trasladado a los juegos ya que había aparecido febril.
Era un Rslado, una raza delicada, fácil de romper. Muchas veces había estado a punto de liberarlo.
Cerca, pero no lo suficiente. Ahora él era la estrella del Mole Smack Attack, obligado a mover la cabeza dentro y fuera de los agujeros, mientras que los humanos trataban de golpearlo en la cara con bates acolchados.
En las últimas semanas, Dots había perdido mucho peso. A pesar de su musculatura, estaba empezando a aparecer demacrado. Hinata le había dado más porciones en cada comida, pero hasta ahora, la comida no había ayudado.
Él sería el siguiente en ir a la guillotina.
Quería liberarlo antes de que ocurriera. Ella lo haría. Y si sólo pudiera aguantar por un tiempo más, lo haría. Sólo tenía que aguantar. Pero ella no podía decirle que iba a hacerlo.
El estómago se le retorció con una mezcla punzante de culpa y remordimiento, Hinata saltó para presionar el botón que lo dejaría inconsciente. ¡Cuánta aversión le tenía a su falta de altura! En un parpadeo, el Bree Lian estaba arremetiendo contra ella, rugiendo,
—Te voy a matar antes de permitirte pasar, —rociando las migas de galleta sobre todo su rostro. Se las arregló para llegar a través de los barrotes y rasguñarla antes de que él se derrumbara, ya roncando.
Había un latido en su hombro, y ella sintió el goteo de sangre caliente, pero una lesión tan insignificante era apenas un punto en su radar.
Ella dio una vuelta rápida, asegurándose que el rugido del Bree Lian no había despertado la atención de un ejecutante cercano. Pasó un minuto, luego dos. Nadie vino corriendo. Bueno, eso estaba bien.
Pero ¿qué hay de tu padre? pensó, la primera chispa de pánico floreció. No debes volver a casa con un solo golpe.
Una herida abierta no era lo peor, no lo era. Con movimientos frenéticos, se ató la manga de la camisa alrededor del hombro, aplicando presión a las marcas de las garras. Tan pronto como la sangre dejara de fluir, haría correctamente un vendaje de la cosa y se cambiaría la camiseta. Tal vez, algo de manga larga. Y si ella finalmente llevaba uno de los collares que su padre le había dado, él estaría muy contento con ella para darse cuenta de nada más. Sin duda.
Ojala.
—Cualquier otra persona que lo intente, —se obligó a decir, nunca se encontró con la mirada de nadie, —y me voy a olvidar de alimentarlos esta noche. —Y oh, cómo odiaba hacer amenazas como esa. Amenazas que no estaba segura de que tuviera la capacidad de cumplir. Pero ella no podía correr el riesgo de otra lesión. Su padre mataría a todos y cada uno de los Otherworlder, sólo para obtener un punto.
Bueno, eso, y un beneficio. Había pagado mucho dinero por ellos, y mientras que él hacia un montón por detrás con la casa de fieras y los juegos, recibía un mayor rendimiento de su inversión cuando vendía los cuerpos, en partes.
Con manos temblorosas, desbloqueó la puerta de Dots y se metió adentro. Pasó media hora limpiando su piel y cepillando su pelo, lo más suavemente y de manera no invasiva cómo fuera posible. Al mismo tiempo, que la piedad brotaba en su interior.
Su modestia era cosa del pasado; la cortesía común había sido olvidada, y el tormento era un hecho cotidiano.
Un día seré capaz de ayudarlo.
Ugh. Allí estaban otra vez esas palabras.
Terminó con el Bree Lian y cerró. El Targon era el siguiente. Y aunque no tenía apodo para él, ella se negó a referirse a él como Daddy Spanky.
Como siempre, se extendió por el suelo de su jaula y le sonrió. Era un hombre hermoso, con piel pálida que brillaba como si se espolvoreara con polvo de diamante y el cabello tan negro como la noche, con pinchazos de zafiro. Sólo una cosa siempre le había molestado, y era la aparición de Toneri.
El Targon estallaba en cualquier momento que vislumbraba a su guardaespaldas.
—Estoy muy sucio, —ronroneó. —Asegúrate de frotar muy, muy duro.
Ella coloco su mano en su garganta para sentir la reverberación de su laringe y juzgar mejor su volumen.
—Si tan sólo pudiera frotar tu mente.
—Cariño, no importa donde frotes vas a necesitar un tamaño industrial.
Rodando los ojos, saltó y pulso el botón para dejarlo inconsciente.
Mientras rociaba la mezcla de enzimas que lo limpiaría por dentro y por fuera, y luego frotaba el exceso de aceite, pudo sentir la mirada aburrida de alguien en ella, quemando profundo y seguro. No había ninguna razón para alzar la vista. Ella sabía que el recién llegado era el culpable. Todos la miraban desde el principio, con la esperanza de aprender sus costumbres y descubrir la mejor manera de dominarla y, Criss había dicho a menudo, —vuela este infierno.
Pero Hinata recordó cómo, al principio, éste la miró con curiosidad, con crepitante conciencia y aturdido asombro, más que con sospecha. Una mezcla embriagadora que la había impresionado. Los hombres simplemente no la consideraban de esa forma.
Sin embargo, ¿con qué rapidez había cambiado su rostro? cuando su padre anunció que estaba a cargo de su cuidado. Conciencia y aturdimiento habían dado paso a la ferocidad apenas contenida. Y eso, que estaba acostumbrada.
De ser liberado, podría aplastarla en segundos.
Podría. Ella rodó la palabra a través de su mente. Pero, ¿él? ¿El asombro había regresado, o era la ferocidad tirando de las riendas?
¿Se atrevería a levantar la vista y averiguarlo?
La sola idea hizo a sus palmas sudar. Tan grande como era este Targon, él... lo que fuese se destacaban por ser muchos centímetros más alto y muchos centímetros más ancho. Él era la personificación del poder, y ella estaba segura de que nunca había visto a un macho tan musculoso.
Si él la amenazaba, ella... ¿Qué? ¿Gritaría? Difícilmente. Sólo había dos cosas que la asustaban.
Un Hiashi enojado y un Hiashi feliz. El recién llegado no era ninguna de esas cosas. Pero bueno, sí, tan caliente como su temperamento le había aparecido ser, él podría ser capaz de deslizarse en el tercer lugar y sin ningún esfuerzo real. Pero... sus ojos. Tenía unos ojos preciosos. Ellos eran grandes, y la más gloriosa sombra de azul celeste, como el cielo en la más brillante mañana, rodeados de un abanico negro de gruesas pestañas. Por un momento, ella se había perdido a sí misma en sus ojos, y, ¡oh!, había sido la hazaña más asombrosa.
Perdida, se había olvidado de su miserable vida.
Perdida, ella había encontrado la fuerza.
¿Iba a perderse otra vez?
Bien. Ella tenía que saberlo. Hinata miró hacia arriba.
Continuará...
