La sabiduría te salvará del camino de los malvados.

—PROVERBIOS 2:12

El sol de la mañana llegó a la cima en el cielo, llamas doradas, naranjas, rosadas, y moradas veteando en cada dirección.

Esponjosas nubes blancas punteaban la extensión interminable, y un único pájaro negro volaba por delante de ellos mientras lloraba una canción de soledad y desesperación.

Naruto comprendió.

Él todavía estaba atrapado dentro de su jaula.

Él, un experto forzador de cerraduras, un hombre más fuerte que diez extraordinarios humanos combinados, quien una vez sacó a Yahiko Sin Apellido de una prisión en Shangai con tan sólo un palillo de dientes y una barra de chicle, y, está bien, Kiba a su lado, había fallado en liberarse de una vieja y oxidada pocilga para animales.

Él... no tenía palabras.

Realmente, tenía palabras, se dio cuenta un momento después; eran tan negras como la noche y llenas de púas.

Quería soltarlas, pero también quería un objetivo y los otherworlders estaban durmiendo y no veía a Hiashi en ninguna parte. ¿Cómo era esta situación posible? No debería haber sido posible. Debería ser cosa del pasado. El circo debería ser nada más que un recuerdo. ¡Él debería estar libre!

¿Por qué no estaba libre?

Después de intentar desactivar la cerradura y fallar... después de intentar cortar los barrotes y fallar... después de intentar perforar su camino a través de las tablas del piso, luego del techo, y fallar, había permitido a su temperamento conseguir lo mejor de él. Había sacudido la jaula entera, pero él no había logrado ni siquiera voltear la cosa sobre un costado.

Había estado demasiado débil. Y cuanto más desquiciado se había puesto, más débil se había vuelto. Dr. M se rio todo el tiempo, sólo para desparecer a las pocas horas. Kurama había permanecido con él durante mucho más tiempo del que hubiera querido, suspirando alguna que otra vez, irradiando sólo tristeza, antes de finalmente desaparecer también.

Estoy realmente atrapado aquí.

No. De ninguna manera. Él no aceptaría eso.

— Sakura, —dijo, usando el nombre que ella no le había ofrecido, intentando revelar el hecho de que él sabía que ella era una agente del AIR con habilidades. Ella tenía experiencia con el circo; quizá no había tenido la fuerza para liberarse, pero habría observado las idas y venidas y sabría qué hacer. Y dos eran siempre mejor que uno o algo parecido Kurama había intentado decirle.

Ella se estiró despertándose, incorporándose unos minutos más tarde, su largo pelo anudado en la base del cuello.

—Hazte un favor, grandote, y conserva tu energía.

—Conozco a tus colegas, —dijo.

—Espera. ¿Qué? —Con los ojos completamente abiertos, envolvió los dedos alrededor de los barrotes de su jaula. —¿Quién eres? ¿A quién conoces?

Bien. Tenía su atención.

—Tú y yo, tendremos una conversación, acerca de lo que deseo discutir, hasta que esté satisfecho con tus respuestas. ¿De acuerdo?

Un asentimiento ansioso.

—Promételo, —dijo él.

Sakura dio otro asentimiento y dijo,

—Lo hago. Lo prometo. ¡Ahora dime lo que quiero saber!

Él la miró, esperando, y supo el momento exacto en que la promesa arraigó e hizo crecer ramificaciones por su espíritu, alma, y cuerpo, ramificaciones que podrían forzarla a hacer lo que había prometido o sufrir terriblemente. Sus ojos se agrandaron y un jadeó separó sus labios. Su mano revoloteó sobre su corazón, polluelo delicado.

—Qué sólo... cómo hiciste... ¡me hiciste algo! Sé que hiciste algo. Sentí una sacudida de electricidad pasar completamente a través de mí.

Para Naruto, las promesas eran vinculantes, si él los pronunciaba o los recibía. Se ataban a sí mismos dentro de él y la otra persona, una compulsión que se negaba a ser ignorada. Si él lo intentaba, él sufría. Si la otra persona lo intentaba, ellos sufrían.

La habilidad, había aprendido, podía ser una bendición o una maldición, dependiendo de cómo fuera utilizada. La había notado de niño, había experimentado con ella, la probó, y sólo había crecido más fuerte con el paso de los años. Al final, había aprendido que él era salvado o atrapado por las cosas que prometía y otros eran salvados o atrapados, también.

—Conozco a tus colegas, —repitió.

Ella chasqueó los dientes en frustración.

—Dijiste eso antes y estoy lista para algo nuevo. Esta conversación es... es... —Profundas ranuras se formaron en los bordes de su boca, su ceño se intensificó. —Esta conversación es... —Sus ojos se cerraron, y un gemido de dolor la abandonó. —¿Por qué no puedo decir las palabras que quiero decir?

Porque las palabras habrían roto su juramento, dejándolo insatisfecho. Incluso el pensamiento de tal cosa afligiría su espíritu, la fuente de su vida, lo cual a su vez afligiría su alma, o su mente, su voluntad y emociones, y por último su cuerpo.

Ella le lanzó una mirada acusadora mientras decía entre dientes apretados.

—Bien. Piensas que conoces a mis colegas. Creo que estás equivocado.

—Estoy en lo cierto. Estas personas, ellos extrañan sentarse alrededor del fuego contigo y no pueden esperar para tenerte de regreso.

Le tomó un momento, pero ella finalmente cogió su significado. Los agentes del AIR tenían pire-armas, armas capaces de disparar chorros de fuego. Sus colegas le echaban de menos. Ellos estaban en el caso.

Apretó la frente contra los barrotes, al lado de sus manos, intentando acercarse a él.

—¿De verdad?

—Sí.

—Diles que dije hola.

Traducción: ¿Estaba él en contacto?

—Lo haría, pero cesaron de recibir mis llamadas.

Alzando su labio superior, enseñando los dientes, ella dijo entre dientes.

—Eso es probablemente lo mejor. Por lo mucho que viajo, ellos están prácticamente muertos para mí.

Sabía lo que ella trataba de decir. El circo se desplazaba tanto, que el AIR nunca podría rastrearlos lo bastante rápido. Y tenía razón. El AIR no podría. ¿Pero Yahiko y Kiba? Sí. Podrían hacer algo… si habían sobrevivido a la bomba.

No pienses así. Ellos sobrevivieron.

—Cuéntame sobre tu secuestro, —dijo él. —Cada detalle.

—De ninguna manera. Eso es privado. —Giró lejos de él, intentando terminar la conversación. Un momento más tarde, ella gimió y se dio la vuelta para encararlo. Frunciendo el ceño, dijo, —Nunca prometeré hacer nada para ti otra vez, así que estaba en casa, descansando. —Las palabras se precipitaron desde ella. —Alguien debió haber entrado a hurtadillas y alterado las cervezas en mi refrigerador, porque tome una, sólo una, y me desmayé. Eso nunca había pasado antes, nunca incluso cuando tenía catorce y tuve mí… ¡argh! Así que después, cuando me desperté, estaba... estaba... —Señalo con sus brazos alrededor de su cintura. —Pronto fui vendida a Hiashi.

Había mucho que ella no le estaba contando.

—¿Qué sucedió entre despertar y ser vendida? Necesito saber.

El rubor cubrió sus mejillas, y su mirada recorrió a los otros cautivos para ver si se habían despertado.

Lo habían hecho, y estaban escuchando descaradamente.

—¿Por qué? No es como si pudieras ayudarme, —dijo a través de dientes apretados.

—¿Fuiste golpeada? ¿Violada? — Naruto preguntó suavemente. Ellos necesitaban codificar para discutir un rescate potencial, no para discutir sucesos que habían ocurrido en el pasado. Sucesos que podían ayudar a Naruto a perfilar a Star, averiguar sus motivos, sus recursos, y su orden del día.

—No, pero fui... —De nuevo ella se tropezó sobre sus palabras. —No importa. —Un gemido. Cerró los ojos. —Por favor. No importa.

—Está bien, —dijo él, compadeciéndose de ella. Inmediatamente ella se relajó, ignorante que la conversación empezaría de nuevo cuando todos cayeran dormidos esta noche. —¿Conoces un hombre con el nombre de Hidan Star?

Describió el aspecto físico del humano que había visto en la foto.

—¿Alguno de ustedes?

Todos menos el Targon se sobresaltaron por la acción, pretendiendo estar demasiado absortos en contar las partículas de tierra para escucharlo. El Targon le sopló un beso.

La frente de Sakura se frunció cuando corrió la imagen por su mente.

—No. Yo no, y nadie más jamás lo ha mencionado. ¿Por qué? ¿Fue él el que... organizo mi secuestro?

—Sí.

—¿Estás seguro?

Él asintió. Al Targon, él dijo,

—¿Cuál es tu nombre?

— Kakashi-Alize. ¿Por qué?

—Estaba cansado de referirme a ti como el Targon, pero pienso que me atascaré en eso.

—Aw, qué mono. Tienes un flechazo por mí y no puedes sacarme de tu mente. Estaría encantado de decir que estoy sorprendido, pero solo diré que no estoy interesado y deja las cosas así, ¿ok?

Solo puso los ojos en blanco. ¿Todos los Targones eran tan irreverentes como éste?

—¿Cómo fuiste capturado?

Los ojos ámbar se iluminaron con diversión.

—Como si cualquiera pudiera capturarme. Me entregué.

Difícilmente.

—¿Por qué?

—Pensé que sería divertido. Resulta, que tenía razón. —Pero un duro destello se había adentrado en sus ojos, drenando la diversión.

No, él no había pensado que sería divertido. Ese destello decía que estaba aquí por una razón. ¿Pero cuál?

—No te creo.

—Él está diciendo la verdad, —dijo Sakura. —Estaba aquí cuando él llegó. A la mayoría de los otros Hiashi los ha ingresado por sí mismo, después de que alguien más los trajera y los vendiera. De lo que he podido recabar, ese alguien ha sido diferente cada vez.

Él no estaba seguro qué pensar de eso.

—¿Así que por qué podría esta persona Star secuestrarme? —Demandó ella. Un momento más tarde, añadió, —A menos que...

Naruto se abalanzó, insistiendo,

—¿A menos que?

—Me desperté y... alguien estaba en mi casa. Alguien a quien yo había lastimado mucho anteriormente. Después de que ella... terminó conmigo, fui drogada y más tarde desperté mientras algún tipo extraño negociaba mi venta a Hiashi.

Detalles, y él no había tenido que esperar. Detalles que realmente le ayudaban. Jiraiya había mencionado el símbolo de venganza, pero había asumido que era un método para quitárselos de encima. ¿Qué si Jiraiya había estado equivocado? ¿Qué si la gente... qué? Tomaba su venganza,

¿Entonces contrataba a Star para hacer la limpieza total? O quizá Star realmente organizaba todo.

—Gracias.

De nuevo, la vergüenza coloreó sus mejillas pero asintió.

—¿A cuál de mis colegas conoces?

— Shimura. —Durante su reunión, Jiraiya únicamente había mencionado un nombre en relación con la unidad de esta chica, y era ese.

Él sólo esperaba que los dos se conocieran.

Ella sonrió con deleite, diciendo,

— Shimura. Las cosas van a ponerse feas. Ahora, si me disculpas, voy a cerrar los ojos y a soñar en todo el dolor que él causará.

Cuando ella se acostó, él recogió algunas de las piedras en el suelo de su jaula y las tiró en el aire y las cogió, tiró y cogió. Tiempo para pensar.

Para planear.

—Ten cuidado con ésas. —Tan hermosa como una mañana de primavera, la Cortaz se inclinó contra el lado de su jaula. —Quizá las necesites más tarde.

O no.

—¿Para lastimar a Hinata? —Él se encontró diciendo.

Ella se estremeció ante la severidad de su tono. ¿Asustada de él?

Ella debería.

Sensatez. Calma. Todavía la culpaba por su trato demasiado duro para Hinata, sí, pero también la necesitaba a su lado. En una situación como esta, los aliados eran importantes.

—Bueno, ¿Por qué no? —dijo ella, levantando la barbilla. —Esa chica lo merece. ¿Y eres realmente tan estúpido que no te das cuenta que hemos intentado cada artimaña posible para allanar la libertad de este horrible lugar? Más aquí permanecemos, y aquí te quedarás, también.

—Estás equivocada, —dijo él.

Él sólo necesitaba más tiempo. Pronto estaría completamente curado de la explosión. Nada lo detendría, entonces.

—He estado aquí dos meses. Te lo prometo, no estoy equivocada. — Movió su brazo a través de los barrotes y retorció su mano en la luz. —Son las esposas. Cualquier droga que ellas estén bombeando por nuestros cuerpos nos mantienen débiles, y a nuestras habilidades sobrehumanas inutilizables.

Estudió el metal que rodeaba sus propias muñecas, metal que él había olvidado en su búsqueda por la libertad.

Todavía podía sentir las delgadas agujas incrustadas en sus huesos, jodiendo su rango de movimiento, y sí, él podía sentir un ligero goteo de calor, gotas, cayendo en su sistema.

Los otherworlders no sólo eran drogados para sus baños, se dio cuenta. Eran drogados cada minuto del día.

La ira volvió, un fuego caliente en su pecho.

No importa. Vencerás. Siempre vences.

Un triste, verás curvó los bordes de sus labios en una sonrisa.

—A propósito, soy Ino.

Él no ofreció su propio nombre. No lo haría. Cuanto menos estas personas supieran sobre él, mejor.

—¿Quién tiene la llave para las esposas? —preguntó.

—No lo sé, —contestó ella con un simple encogimiento de hombros. —Nunca la he visto. Pensarías que Hiashi o su prole nos provocarían con ello, pero no. Nunca lo hacen, y no estoy segura si eso ha sido una bendición o una crueldad.

Dejó caer las piedras haciendo ruido en su palma. Thump, thump, thump.

—¿Cómo fuiste introducida?

Furia mezclada con pena, estallando en sus ojos.

—Estaba fuera a última hora de la noche, divirtiéndome con mis amigos, y había un poco más que demasiado para beber. Toneri apareció, y de algún modo me habló de ir a casa con él. Digo de algún modo, porque él es enfermo y repugnante, y no me gustan enfermos y repugnantes. Solamente, no me llevó a casa. Me trajo aquí.

Toneri otra vez. El nombre comenzaba a fastidiarlo.

—Así que... ¿Cómo debo llamarte? —Preguntó ella.

—Bob.

Una lenta sonrisa floreció.

—De ninguna manera eres un Bob.

—Fred, entonces.

La sonrisa creció.

—Eso es todavía peor. Pero sigue. Sigue mintiéndome, y empezaré a llamarte Jolly Golden Giant.

Él no le daría una reacción, se dijo. Tampoco, iba a arrancarle la cabeza de su cuerpo cuando él escapara.

—¿Alguien se ha quitó exitosamente las esposas? —Metió los dedos de la mano izquierda en la derecha, y los dedos de la mano derecha en la izquierda...

—Yo no haría eso, — Ino soltó precipitadamente.

...y dio un tirón. Inmediatamente el dolor estalló a través de él, cortando desde la parte superior de su cabeza hasta la planta de sus pies.

Él cayó a su costado, telarañas de negrura se tejieron a través de su visión, chocando con pinchazos de blanco formando un vertiginoso caleidoscopio.

—Te lo dije, —oyó a Ino cantar. —Cuando tiras del metal, un tipo diferente de sustancia química es disparada a tu cuerpo. Una que causa dolor en lugar de letargo. Y no creas que puedes salir y quitar las cosas con cortadores de pernos o algo. Estaba aquí cuando un tipo agarró un par, y cuando corto, las agujas motorizadas en las esposas, cortaron sus manos.

Finalmente el negro y blanco se desvaneció y Naruto pudo ver claramente de nuevo. Lentamente se movió con cuidado para sentarse.

Miró sus muñecas y descubrió que se había hecho más daño a sí mismo.

Las esposas estaban todavía allí, todavía firmemente en su lugar, pero la sangre ahora se deslizaba desde debajo del metal.

—La próxima vez, escucha a la Tía Ino. Es muy lista. Y hermosa. Y talentosa.

Y modesta.

—Hay tubos que corren por el metal, —dijo, —y si miras de cerca, encontrarás un pequeño agujero en cada esposa. Ahí es donde las drogas son administradas. Nos ponen a dormir cada pocos días para que los tubos puedan ser rellenados.

Su frustración e ira se intensificaron, burbujeando, otro fuego candente queriendo derramarse desde él; de algún modo logró mantenerse bajo control. Ahora no era el momento para otra rabieta.

Especialmente cuando esa rabieta no serviría de nada.

A lo lejos, podía oír fuertes pisadas, voces parloteando y el rugido de motores de auto.

—Y así comienza, —dijo Ino con un suspiro.

Con una profunda inhalación, él cogió el olor de café en el aire.

Encontraba el café demasiado amargo para disfrutar, y aun así se le hizo agua la boca por un gusto de ello, sin embargo su estómago se retorció ávidamente. El grano de ayer por la tarde había sabido como tierra, y a pesar de eso, si le hubieran dado otro tazón del material -u otro pedazo de chocolate- podía haber comido cada bocado. Tenía que mantener su fuerza. Obviamente.

—¿Cómo funciona esto? —Se encontró gruñendo.

Ino se deslizó en una piscina de luz y extendiendo las piernas. Sus ojos azules brillaban con resolución, su piel nacarada relucía, peino su cabello rubio con el dedo dejándolo caer sobre sus hombros, protegiendo lo que se escondía por debajo de ese tejido transparente.

—Dentro de unas horas, el circo abrirá y habrá una corriente constante de personas caminando por esta área durante el resto del día. Algunos simplemente te mirarán.

Su voz se endureció cuando agregó, —Algunos te ordenarán levantar tu ropa o dar un giro e inclinarte. Hiashi pondrá a dos guardias armados aquí, y nadie tendrá permitido tocarte, pero si fallas en hacer lo que te digan...

Sí, recordaba: una bala al cerebro. Su piel se iluminó, y sus dientes y garras se alargaron.

El fuego ardía cada vez más caliente, abrasando todo a su paso.

—No le des consejos, —el Bree Lian llamó. —Deja que aprenda de primera mano como el resto de nosotros.

Naruto de por sí tenía una disputa con él. Eso solo sellaba el trato.

—Déjalo tomar la carga por un rato, —agregó el Mec.

Sí, Naruto tenía un punto en disputa con él, también.

Varios otros murmuraron su acuerdo. Significado, todos ellos querían que Naruto ocupar la mente de Hiashi, de tal manera que ellos pudieran comportarse sin temor. Que agradable. Pero bueno, lo que sea. Él comprendía la supervivencia.

Él además nunca olvidaba un desaire.

Ino ondeó lejos sus órdenes, diciendo,

—Pequeña señorita Ratón no nos alimentará hasta después de que el circo cierre, y únicamente si nos hemos comportado. —Ella puso entre comillas en el aire la última palabra, el tenso movimiento con rabia apenas contenida.

Esa rabia pronto saldría libre, estaba seguro, y ello la haría impulsiva, dispuesta para hacer cualquier cosa por morir. No solo tirar piedras, sino más. Mucho más. Y Pequeña Señorita Ratón "Hinata, hermosa Hinata" con ojos heridos, rostro magullado, cuerpo de sirena y ángel de los besos, padecería lo peor de ello.

Había sido tan cuidadoso para no pensar sobre ella anoche. Ahora... no había nada que detuviera el tira y afloja mental que siguió.

Es mía. La quiero.

¿Eres estúpido? Ella no es tuya. Pertenece a Hiashi, tú no la quieres.

La merezco. Después de todo lo que he sufrido aquí, será mi recompensa.

Ella no es un premio.

Él era tan malo como Kurama y Dr. M.

—Uh-oh. Reconozco esa mirada, —dijo Ino con un lamento.

Él forzó los músculos de su cara a relajarse, no revelando nada más.

—¿Qué miras?

Un bufido burlón.

—Por favor. Hinata es la hija del hombrezote, sabes, y nada más que problemas.

¿Ves? Hinata es una manzana podrida de un árbol envenenado.

—Además, pensaba que estabas interesado en nuestra dulce y pequeña Minina, —dijo Ino con una inclinación de barbilla.

Su mirada recorrió a Sakura, quien todavía se extendía en el suelo de su jaula.

— Hinata hace lo que Papi dice, cuando él lo dice, e incluso si fueras guapo... uh... bien, de todos modos, ella no te ayudaría, —dijo Ino. —No tengo la intención de ser cruel, solo honesta.

—Suficiente con la honestidad, —el Targon dijo. —¡Vayamos por la diversión! Estaría encantado de verte intentar seducir a nuestra pequeña Hinata, Sr. Jodidamente Feo.

Todos excepto Sakura e Ino se rieron disimuladamente.

Como si fuera una señal, Dr. M llegó a escena, asentándose encima del hombro de Naruto como un pájaro en una percha. Él estaba más pálido de lo usual, un poco tambaleante sobre sus pies. ¿Por qué?

—¿Ellos se atreven a burlarse de ti? Bueno, es hora de enseñarles mejor, ¿no crees? Si le dices a Hiashi que estás dispuesto a hacer un poco de lucha en jaula gratuitamente, puedes rasgar a estas criaturas en mil pedazos sin ganarte un castigo. Es ganar/ganar.

—Ellos están tan frustrados y enojados como él,dijo Kurama, apareciendo en su hombro derecho. Estaba más bronceado que de costumbre, por una vez estable sobre sus pies. —Están arremetiendo contra las circunstancias, no Naruto.

—¡Suficiente! —gruñó, de repente enfermo de los cautivos, de Kurama, de Dr. M, y de todos sus muchos fracasos recientes. Necesitaba salir. Drogado o no, tenía que haber una manera.

Cada uno de los otherworlders miró sobre él con diferentes sombras de emoción. Algunos con terror, algunos con alegría. Pero nadie lo fustigó, y Dr. M -riéndose de repente se llenó de color- y Kurama -suspiro con pena de repente palideció- desaparecieron una vez más.

Naruto envolvió los dedos alrededor de los barrotes y sacudió, sacudió, sacudió. Por supuesto, ellos se mantuvieron estables, causando que su frustración surgiera y se comiera lo poco que quedaba de su control.

—Uh, yo no haría eso, tampoco, —dijo Ino. —Te arrepentirás de ello.

Él no paró. No podía.

Soy lo suficiente fuerte para cualquier cosa, incluso esto.

Otra sacudida. Pero de nuevo, los barrotes se mantuvieron estables. La ira pasó a furia, y la frustración formó bordes dentados que cortaron a través de él, haciéndolo sangrar.

Ahora, ahora, ahora. Otra sacudida, una sacudida más dura.

Sacudida, sacudida, sacudida.

Furia... mezclada con un repentino ataque de debilidad...

Frustración... fusionada con un repentino manantial de agua helada...

Las drogas, se dio cuenta mientras su mente se nublaba. Las drogas deben activarse con las emociones más fuertes, porque con cada momento que pasaba, la debilidad crecía y el agua helada inundaba otra parte de él, hasta que ya no tuvo fuerza para agarrar los barrotes.

Sus brazos cayeron pesados a sus costados, y su cabeza se repantigó hacia delante, su barbilla golpeó su esternón. Perdió la noción de su entorno y simplemente sintió una especie de caída. Justo antes de aterrizar, le pareció oír decir a Ino,

—Te lo dije.

Continuará...