Ningún arma forjada contra ti prevalecerá.
—ISAÍAS 54:17
Hinata le había arrojado una bolsa de comida. El conocimiento mantuvo a Naruto inmóvil. Le había arrojado una bolsa de comida, y lo había hecho incluso con temor en sus ojos.
¿Por qué temor?
¿De qué -o quién- estaba ella asustada?
Así como antes, cuando los dos otherworlders la habían lastimado, Naruto experimentó un impulso casi abrumador para masticar a través de los barrotes de su jaula. No es que tal acción funcionara, él ahora lo sabía.
Pero en ese momento, el impulso no tenía nada que ver con ganar su libertad y todo con ver con matar cualquier dragón que la molestara.
¿Desesperado por vengar a tu guardián?
Quizá. Había hecho la cosa de la venganza innumerables veces antes y nunca se había sentido mejor después, sólo peor. Se preguntaba si se sentiría diferente a favor de una hembra. Su hembra.
No. No suya.
— Hiashi va a golpearla pero bien por correr por el zoo, —el macho que masticaba -tabaco ayer dijo alegremente desde la distancia. —Él está en su camino ahora mismo. ¿Sabes cuán seriamente quiero mirar?
Las orejas de Naruto se crisparon.
El otro macho de ayer se rió.
—Tan seriamente como yo, me apuesto.
—Será una lástima, sin embargo, ver ese bonito rostro todo roto.
—Siempre está roto.
—Cierto.
Una pausa.
—Bien, aquí una pregunta para ti. Tienes un arma sobre la cabeza y tienes que hacerlo con Hinata o con la mujer barbuda. Pero si escoges a Hinata, Hiashi consigue hacerlo con tu esposa. ¿A quién escoges?
— Hiashi puede tener a mi esposa, la pequeña bruja. Tomaré a Hinata seguro.
Hinata. Discutían sobre Hinata. ¿Hiashi iba a golpear a su propia hija? ¿Su "corazón"? Seguramente no.
Seguramente el hombre le daría una azotaina, y nada más. Pero los machos no habrían mencionado un rostro roto, si no lo hubiera.
Pequeños puntos negros parpadearon por la visión de Naruto.
Él no conocía a la chica, y no confiaba en ella. ¿Por qué debería? No debería querer ayudarla.
Y sin embargo…
Le había arrojado la bolsa de comida. No tenía que mirar para saber que eso era lo que había dentro del saco de arpilla. Podía oler leche y el pan de harina, así como también el dulzor de la miel y el olor penetrante de la carne.
¿Por qué haría ella tal cosa, especialmente dado que, según el bruto, no debería entrar en esta área hoy? Se había arriesgado y podía recibir castigo.
Tenía que ayudarla.
—¡Hinata! —Antes incluso de que Naruto se diera cuenta de que se había movido, sus dedos estaban envueltos alrededor de los barrotes. Estaba sacudiendo su jaula... sacudiendo... tan furioso que sus huesos estaban vibrando. —¡Hinata, ven aquí!
Al igual que antes, el calor se disparó en sus muñecas y rápidamente se esparció por el resto de él. A los pocos minutos, sus brazos se sentían pesados como rocas. Frustrado, impotente, enfurecido de nuevo, rechinó sus dientes y se forzó a calmarse.
Su madre probablemente estaba dando vueltas en su tumba. Una mujer estaba a punto de ser golpeada dentro de sus inmediaciones, él estaba justo aquí, relativamente fuerte, algo capaz, sin embargo no podía hacer nada acerca de ello, estaba a punto de permitir que sucediera.
—Debemos hacer algo, Naruto, —dijo Kurama, materializándose, pareciendo más fuerte y más estable que ayer.
No importa dónde el par iba cuando se desvanecían, siempre percibían un cambio en sus emociones y volvían a él.
—Yo digo bien a la eliminación de la chica. Él no quiere una hembra como esa, —dijo Dr. M cuando él, también, se materializó, pareciendo más débil y más pálido que ayer.
Una hembra como esa. Por alguna razón, la frase irritó a Naruto. Ella era una hembra que lo había atendido amablemente. Una hembra que lo había besado como si fuera preciado para ella. Una hembra que había mordisqueado su labio como si le gustara el sabor de él y anhelara más.
¿Pero era tan preocupada y amable como parecía, arriesgándose al castigo por alimentarlo? ¿Por qué él? ¿O tan engañosa como la serpiente en el Jardín del Edén, tentándolo, atrayéndolo en un sentido de seguridad antes de finalmente fulminarlo?
Había habido verdadero miedo en sus ojos, y no podía imaginarla aguantando el castigo simplemente para engañar a Naruto en... ¿Qué? No para ablandarlo, como él al principio había asumido, para ablandarlo era demasiado templada para sacar cualquier resultado real en una situación como la suya. Quizá había esperado engañarlo para que confiara en ella.
¿Pero por qué podría querer que él confiara en ella? Él ya estaba encerrado y debilitado además. Ella no tenía necesidad de su cooperación. ¿Para hacer su trabajo más fácil?
Apenas se contuvo de dar un puñetazo al suelo de la jaula. Estaba confundido y no quería estar confundido. Prefería las cosas en blanco y negro. O, en el caso de Kurama y Dr. M, correcto e incorrecto.
—¿Qué puedo hacer por ella? —murmuró ferozmente. Él tan raramente preguntaba al par por consejo, ellos farfullaron con desconcierto. —Estoy atrapado. —Pero tenía que hacer algo. Tenía que devolverle su generosidad.
En toda su vida, en todas las precarias situaciones en las que había estado, él solamente en toda su vida había estado atrapado sin ningún sentido de esperanza una vez. Había sido un niño, y tan joven como había sido probablemente no debería haber retenido el recuerdo de lo que había ocurrido, pero fácilmente se recordaba sentado en su corral de niños, su madre biológica besando su mejilla y diciéndole a Kurama que cuidara de él mientras se duchaba... y Naruto teniendo que ver cómo tres hombres enmascarados irrumpían en la casa y la abatían a tiros. Su cuerpo había caído, un charco carmesí inundándola.
Había olido el olor penetrante de la pólvora, sintió la pegajosidad tibia de la sangre.
Su padre había entrado corriendo desde la otra habitación, su piel ya cambiando del bronce al dorado, sus ojos resplandeciendo con preocupación. Él abrió la boca para hablar, pero el boom, boom, boom de las balas ahogó su voz cuando él, también, fue abatido a tiros. Cayó a meros centímetros de la madre de Naruto, su propia sangre profundizando el charco. Los ojos de ambos habían estado completamente abiertos con miedo y dolor, la luz dentro embotando...
Uno de los hombres preguntó a los otros qué hacer con él. Los tres habían mirado abajo hacia él, discutiendo el asunto y decidiendo dispararle, también. Un argumento tomó lugar cuando el tirador fue escogido. Un arma fue levantada. Otro boom tronó. El dolor... la oscuridad absoluta que había descendido sobre Naruto... Kurama arrullándolo, —Duerme ahora. —El regresó a la consciencia, con Jiraiya sosteniéndolo cerca con cuidado, gritando por los paramédicos.
—Pídeme que ayude a Hinata, —dijo Kurama ahora, su voz brusca con la fuerza de su determinación. —Sólo pídemelo, y confía en mí para hacerlo. Ya verás. Puedes ponerte cómodo y observar mientras los milagros ocurren.
Dr. M bufó.
—Si ayudas a la chica, estarás en un estado debilitado e incapaz de ayudar a Naruto si algo le sucede a él. Él no es lo suficiente estúpido para permitir eso.
—¿Naruto? —dijo Kurama, ignorando al otro ser. —Vamos. Pídemelo.
Naruto no tenía inconveniente en perder la fuerza de Kurama, no por algo como esto, pero ellos habían bajado este camino antes y Kurama sólo lo había decepcionado. Un mejor amigo nunca había aparecido. Una buena chica nunca lo había escogido por encima de todas las cosas. Sus padres adoptivos no habían resucitado. Él no tenía más confianza para ofrecer.
—¿Naruto? —instigó Kurama.
Pero... quizá una buena chica lo había escogido al fin. Hinata le había ayudado a pesar del peligro para ella misma.
Tal generosidad era mejor que el calor en una tormenta de invierno, la luz en una caverna oscura. La esperanza floreció.
—¿Qué harás por ella? —demandó.
—¿Por qué estás ni siquiera preguntando? No puedes escapar si estás débil. Por lo tanto, no puedes arriesgar nada que tenga el potencial para debilitarte. —Dr. M anduvo desde un lado de su hombro izquierdo al otro. —Además, cuando Kurama falle, y lo hará, estarás alterado e incapaz de funcionar apropiadamente. Si no puedes funcionar apropiadamente, no puedes, ¿Qué? Escapar.
Y él quería escapar más que cualquier cosa. ¿Cierto?
Kurama permaneció centrado en Naruto.
—No sabré cómo manejar las cosas hasta llegar a ella, pero haré algo. Todo lo que necesito es tu permiso.
—No hagas esto, Naruto. Por favor.
— Kurama, —murmuró. —Hazlo.
—¡No! No seas un idiota, —dijo Dr. M con una tajante sacudida de su cabeza.
—¿Qué, exactamente, quieres que haga? —Insistió Kurama, todavía ignorando a Dr. M. —Sé específico.
Como bien conocía la importancia de las palabras.
–Te quiero para...
—No, —Dr. M exclamó con dureza. —¿Me estás tomando el pelo con esto?
—Salvarla, —terminó Naruto. —De cualquier modo que sea necesario, cualquiera que sea el coste para mí, sálvala.
—Considéralo hecho. —Un sonriente Kurama desapareció.
—¡Idiota! —Gritó Dr. M, pisoteando con fuerza. —¿Tienes alguna idea de lo que has hecho?
Sí. Lo hacía. Había recurrido a la única posibilidad disponible para él, confiando en un poder más grande que él mismo. Y no podía permitirse preocuparse por el resultado. Algo de lo que se había dado cuenta con el paso de los años: la preocupación siempre debilitaba a Kurama aún más, y reforzaba a Dr. M.
Naruto miró al diminuto hombre que tan a menudo suscitaba sus arrebatos de cólera, ya no se sorprendido al encontrar su piel desprovista de color.
—Vete.
—No puedes... cómo te atreves... ¡Oh! —Dr. M desapareció también.
—Oye, no es justo, huelo comida, —dijo Ino, atrayendo la atención de las jaulas.
Bien. Él no podía permitirse pensar en Hinata, y una distracción justo se había presentado.
—Tu nariz funciona correctamente. Tengo comida. —Entregada por Hinata.
¿Cuándo cesaría de conmocionarle ese hecho?
Ino estiró el brazo por los barrotes y agitó sus dedos hacia él.
—Comparte conmigo. No he comido en días.
—Eso es tu propia culpa. Malgastaste lo que te fue dado.
—¡Por una buena causa!
¿Era eso así?
Abrió la bolsa. Las esquinas de varias de las galletas se habían desmenuzado, y el tocino crujiente se había roto en múltiples pedazos. Su boca salivó y su estómago rugió.
—¿Quieres la mitad? —preguntó, tomando una porción de galleta y un cuarto de una loncha de tocino, tirándoselos a ella.
Primera regla de pesca: utiliza el cebo apropiado.
Ella cogió los pedazos con sorprendente gracia y, con una velocidad que su mirada se esforzó por rastrear, embutió ambas porciones en su boca como si temiera que alguien intentara llevárselas lejos de ella. Sus ojos se cerraron cuando saboreó el alimento, su piel se ilumino... irradiando un brillo perlado a la luz del sol... haciendo a sus ojos llenarse de lágrimas con su resplandor.
Cuando sus párpados saltaron abiertos, sus ojos eran la misma sombra brillante.
—Más, —dijo ella con una profunda y gutural voz.
—¿Por qué tomarías comida de mí y no de Hinata?
—No quiero darle la satisfacción de verme rogar por cada migaja.
—Ella la ofrece libremente.
Un gruñido de Ino.
—¿Eres entusiasta de la miel? —preguntó él.
—¿Miel? ¡Dame!
Te pillé.
—Lo haré... después de que prometas nunca lastimar a Hinata de nuevo.
—Seguro, seguro. Ahora dame.
—Prometerás no herirla con palabras, comida, piedras, ni con nada, y yo te daré la mitad del contenido de la bolsa.
Dr. M hizo otra aparición. Había un corte fresco en su mejilla, y su bata estaba rota. Sus hombros estaban encorvados, como si su cabeza fuera demasiado pesada para sostenerla.
—Ahora vas demasiado lejos. Esa comida es tuya. La necesitas para mantener tu fuerza en alto.
¿La suya? ¿O la de Dr. M?
—La otherworlder ha estado sin alimento durante mucho más tiempo del que Naruto estuvo, —dijo Kurama de repente, causando que la atención de Naruto lo azotara. —Es justo que él comparta.
Su bata tenía una única marca de quemadura, justo sobre su corazón, y su piel estaba pálida, líneas de tensión ramificándose desde sus ojos, pero estaba sonriendo justo tan felizmente como antes.
—¿Y tú no has oído? —Agregó Kurama. —Es mucho mejor dar que recibir.
—¿La chica? —murmuró él.
La satisfacción irradiaba desde el ser. —Está a salvo.
—¿Cómo? —Él no había oído nada, y muy poco tiempo había pasado.
—La oscuridad no puede permanecer en la luz.
Él no estaba seguro de lo que eso significaba en términos de la seguridad de Hinata, pero dejó caer el asunto. Hinata estaba a salvo. Eso era todo lo que importaba.
—Así, que conseguiste un flechazo por nuestro guardián, ¿En serio? —dijo Ino. —Bien, la romántica en mí lo aprueba. Es una auténtica historia tipo la-bella-y-la-bestia, ¡Y estoy dentro! Cuando mis hermanos vengan para llevarme, y lo harán, me aseguraré de sólo matar a Hinata un poco para que quede algo para ti, para que lo tengas como un recuerdo. Lo prometo. De nada. Ahora, por favor. ¡Dame la miel!
De algún modo, él logró mantener la expresión en blanco. No discutiría sus sentimientos por Hinata -los que fueran- y no se permitiría reaccionar por ser llamado bestia mientras no hubiera nada que pudiera hacer sobre ello. Sin embargo, él sabía cómo llevar el conteo. Ese fue el strike dos para Ino. Al tres... pobre chica muerta.
Eso es lo que todos la llamarían.
—No es suficiente, —dijo él. —Promete lo que exigí. —Fingió morder la mitad de una galleta. —De lo contrario, no consigues nada.
—Bien, bien, —dejo salir precipitadamente. —Lo prometo. No la lastimaré de nuevo. Jamás. Con nada.
Un momento pasó, y su cuerpo entero se sacudió como si conectara con un generador eléctrico. Su columna vertebral se sacudió en total alineación, yéndose a poner erguida por la presión.
—¿Qué fue eso?
—Un recordatorio de que no te gustarán las consecuencias de romper tu palabra, —él advirtió.
Ella restalló su mandíbula.
—Eres un tramposo Jolly Golden Giant, ¿verdad? Bien, eso está bien siempre que me des el resto de lo que prometiste. — Esos largos, elegantes dedos se agitaron con más vigor.
Él le arrojó la porción. Justo como antes, ella cogió la comida y devoró cada bocado.
—¿No puedes hacer algo correctamente hoy? Si quieres compartir con ella, bien, pero deberías haberla hecho trabajar por ello, —se quejó Dr. M. —Y por "ello" quiero decir la mitad de la galleta más pequeña, no la mitad de la bolsa entera.
Suspirando con satisfacción, Ino se acostó de nuevo en su jaula, una rara gema en un mar de piedras opacas.
Su vida habría sido más fácil si hubiera especulado sobre Ino toda la noche. En vez de eso, era Hinata por la que estaba atraído, Hinata con la que quería hablar, Hinata sobre la que quería aprender y... Hinata la que quería salvar, incluso de sí mismo. Sus manos se cerraron en puños. Ella era su billete de salida de aquí. Él tenía que hacer lo que fuera necesario, incluso a ella.
—¡Oye! —Uno de los otros cautivos lo llamó. —Tipo nuevo. Hamburglar.
—¿Qué le diste a Ino? —Demandó otra persona. —¡Me apetece un poco!
Solo chasqueó los dientes a los hablantes, y se quedaron en silencio.
Incluso dos inclinaron sus cabezas, reconociendo a un depredador mucho más peligroso que ellos mismos, uno que ellos no querían irritar, incluso enjaulado como estaba.
El Targon le sopló un beso.
Sakura lo miró con expectante impaciencia.
Sin una palabra, él reclamó un pedazo de tocino y arrojó la mitad de lo que quedaba en la bolsa para ella, y la otra mitad para el Targon. Ella agarró su porción y comenzó con entusiasmo. El Targon sacudió la cabeza y voleó su porción para ella, también.
—Dulce gesto, pero no puedo comer esto, —dijo el Targon. —Mi mujer... —Cerró de golpe sus labios juntos, volviéndose silencioso. Y debía haber decidido que eso no era lo suficiente bueno, porque se giró, dándole a Naruto la espalda.
Interesante.
—Estoy demasiado contenta para estar disgustada porque compartiste con Sakura sin pedirle jamás la estúpida promesa, —ronroneó Ino. —Ella es fiera, dicho sea de paso. Me sorprendió que consiguieras que hablara para ti en lugar de proferir maldiciones, pero noticias de último momento, tú nunca podrás utilizar eso.
Él comió el tocino, disfrutando los sabores.
—No soy un barril de cerveza, —respondió bruscamente Sakura.
Voces más allá del claro atraparon su atención.
—Estarán aquí en menos de una hora. ¡Muevan sus cadáveres perezosos, ahora, ahora, ahora!
—¿Has pegados los picos a la raqueta?
—¡Alimenta a las serpientes, Anko! Si sacan un mordisco más de mi mano, voy a empezar a morderlas de vuelta.
Una gota de sudor bajó por la espalda de Naruto. Ya el aire estaba tibio y húmedo, y sólo se pondría más caliente y más húmedo a medida que el día transcurriera.
—¿Qué hiciste para que a Hinata le gustara alguien como tú, de cualquier modo? —Preguntó Ino, rodando en su lado.
Él no tenía respuesta y, tomando una página del libro de jugadas del Targon, se dio la vuelta.
—Lo que sea. Insinuación, tomada, —dijo ella entre dientes. —Esta no es una historia bella-y-bestia, no obstante, ¿Lo es? Es una cosa de poligamia ¿Verdad? Tú quieres a Hinata, a Sakura y probablemente a mí. Definitivamente a mí. Soy bastante atractiva. Bien, considérame no más intrigada... a menos que Hinata te traiga algo más para comer. Si consigues un pastel de carne, seré tu esclava para toda la vida. Bueno, media vida. Mis hermanos te matarán.
De nuevo, él no ofreció respuesta.
—¿Tienes preparada tu mente para lo que está a punto de suceder? —Preguntó ella. El recordatorio lo inundó con aprensión. El circo, debe comenzar.
—Solo haz lo que te he dicho, —dijo ella. —Te odiarás por ello, pero estarás mejor. Confía en mí.
Él podría no haberse preparado para esto, pensó Naruto.
Por quince dólares por cabeza, un humano tras otro fue autorizado a desfilar por el claro. Los humanos se detenían frente a cada jaula y estudiaban a los otherworlders muertos de hambre en el interior mientras comían algodón de azúcar, helado derritiéndose, perritos calientes, y galletas mezclados con productos químicos adictivos.
¿Sabían que estaban siendo drogados?
Algunos miraron con asombro y admiración. Algunos ofrecieron una crítica de sus defectos. Algunos lanzaron piezas de cereal a los cautivos.
Naruto permitió a esas piezas rebotar en él, dejándolos caer a sus pies, pero vio cómo los otros las recogían y comían, lo suficiente desesperados para tomar lo que podían conseguir, cuando lo podían conseguir, a pesar de que Hinata los había alimentado.
Él debió haber compartido su recompensa con todos ellos, se dio cuenta con una chispa de culpa.
Niños corrían de un lado a otro de vez en cuando, riéndose, tirando piedritas antes que alimento, antes de ser ahuyentados por los guardias armados. Eso ciertamente explicaba de dónde habían venido las piedras arrojadas a Hinata.
—Baila para mí, belleza—, un hombre pidió a Ino mientras los dos machos con él asentían con ansia.
Ni una vez pronuncio un comentario despectivo o insultos, Ino bailó, levantando sus brazos sobre la cabeza y oscilando sus caderas. Los hombres gimieron y gruñeron su aprobación, a pesar de que cada movimiento era hecho mientras ella rechinaba los dientes y el odio brillaba en sus ojos.
Solo haz lo que te he dicho. Te odiarás por ello, pero estarás mejor, había dicho ella. Confía en mí.
Incluso ahora, él creía lo contrario. Si te odiabas por tus acciones, nunca estabas mejor.
Solo Sakura desafiaba a los humanos. Ella escupía maldiciones, como Ino había dicho que haría, e intentaba arañar y morder a cualquiera persona que se acercara demasiado.
Algunas de las espectadoras femeninas pidieron a los otherworlders masculinos que levantaran sus taparrabos, y ellos, también, obedecieron.
Incluso el Targon, quien llevaba su sonrisa sarcástica habitual, aunque ahora estaba cortada por fragmentos de cristal.
Nadie le pidió a Naruto hacer nada. Se había transformado parcialmente, su piel una ligera luz dorada, sus ojos probablemente resplandeciendo, y sus colmillos y garras a media asta. Sin embargo, esos con los estómagos más fuertes lo miraron fijamente con curiosidad morbosa hasta que se dieron cuenta que él podía no ser el primero en bajar la mirada, y que la furia flameando por él quizá le daría la fuerza que necesitaba para atacar a través de los barrotes y hacer algún daño antes de que los guardias pudieran dispararle.
Él oyó murmullos de "feo" y "abominable", justo como había oído toda su vida, únicamente que ahora no había nada que pudiera hacer al respecto. Solo tenía que soportarlo. Reaccionar era desmayarse, y desmayarse era ser mucho más vulnerable, como él ya se había dado cuenta, y este no era lugar ni el momento para dar la bienvenida a cualquier tipo de vulnerabilidad.
—Apuesto a que quieres matar a estas personas, —dijo Dr. M. Estaba más pálido que antes, realmente demacrado, y más débil.
—Sé lo que hago.
El daño que Naruto podía haber hecho en cualquier otra momento...
—Debes memorizar sus rostros, y cuando consigas salir de aquí, debes perseguir y encontrar a los ofensores y darles una pequeña degustación de tu dolor.
—Hay otra manera, lo sabes, —dijo Kurama antes de que pudiera contestar.
Siempre estaba ahí con su bondad y compasión, haciendo lo mejor para fortalecer a Naruto y favorecerlo. Su color ya había regresado.
—No te atrevas a suministrarle otro curso sobre el perdón. No podemos perdonar esta clase de comportamiento.
Dr. M siempre estaba ahí con su lanzallamas, decidido a enfurecer a Naruto aún más.
Bien, estaba funcionando.
—Él puede, sí, —dijo Kurama, —pero eso no es lo que iba a decir. Esta es una terrible situación, pero hay una luz en la oscuridad si la buscas en lugar de mantener los ojos cerrados.
—Mis ojos no están cerrados, —gruñó suavemente. Estaban abiertos, y escudriñaban a la pareja de humanos que justo se paraban delante de él, bostezando. ¿Por qué no estaban disgustados por las condiciones de vida que los seres eran forzados a soportar? ¿Por qué no...?
Su mirada se enganchó en una cascada de cabello negro azulado, justo detrás del par. Enfocó. Asomándose fuera desde detrás de la jaula más lejana, mirándolo, con expresión preocupada y con un profundo sentimiento de culpa, estaba Hinata.
Su labio estaba partido en el centro, y había una magulladura fresca en su mejilla.
— Kurama, —gruñó. Kurama no la había salvado. Ella había sido golpeada.
El macho humano trató de impresionar a la hembra extendiendo el brazo, como si fuera lo suficiente valiente para acariciar a una bestia como Naruto.
Los impulsos que había combatido desde que despertó en esta jaula de repente lo vencieron. El impulso de hacer daño a esos que querían hacerle daño. El impulso de devolver crueldad con crueldad. Y sin embargo, había uno nuevo. El impulso de llegar a Hinata. Para proteger.
Con reflejos ultrarrápidos, Naruto alargó la mano, asió al macho por la muñeca, y retorció. Los huesos se rompieron instantáneamente.
Un aullido de dolor sonó.
Uno de los guardias surgió adelante, su arma ya desenfundada.
Naruto podía manejar los disparos. Con el paso de los años había sido disparado, apuñalado, golpeado, y cualquier otra cosa que la mente humana pudiera inventar. Inmóvil. Él no debería haber hecho esto, se dio cuenta. Debería haber permanecido estoico. Incluso sin el humano, él todavía no podría llegar a Hinata.
Ahora soltó al hombre y mantuvo las manos arriba, palmas afuera, todo inocencia.
—¡Exijo un reembolso! —El hombre gritó mientras gordas lágrimas corrían por sus mejillas. —¡Ay, ay, ay, y daños y perjuicios!
—Y todas mis facturas médicas pagadas, ay, ay, ay. Y me dijeron que no sería dañado, pero mira esto. ¡Está aplastada! Ay, ay, ay. La publicidad falsa es un crimen.
Frunciendo el ceño, el guardia devolvió a su sitio su arma para examinar la herida del humano.
—Uh. Estás en un apuro ahora, —dijo Dr. M con una risa. La salud y la vitalidad volvían a sus mejillas. Él ya no estaba débil.
—Céntrate en la luz, —dijo Kurama. Él estaba ahora pálido. Él estaba ahora débil.
No había luz en una situación como esta.
El guardia envió al humano en su dirección, probablemente a un médico, y se acercó a la jaula.
—Espero que te des cuenta que el dinero que ahora se le debe a él va a ser sacado de tu pellejo. —Con eso, pinchó el botón que Hinata había apretado una vez, el botón que provocaba parálisis.
Naruto rugió cuando el calor se extendió desde las muñecas al resto de su cuerpo, exactamente como las veces que se había enfurecido, sólo que este calor era más fuerte y se movía mucho más rápido. Un río que acababa de romperse libre de una presa. Combatió la repentina oleada de debilidad... combatió la vulnerabilidad entrante...
Él perdió.
Lo último que vio antes de que un gran peso tirara de sus párpados fue a Hinata, su cabello salvaje, sus ojos brillando con una extraña especie de locura. Ella se apresuraba hacia él, decidida a llegar a él, hasta que el segundo guardia la asió por la cintura y la detuvo con una sacudida.
Naruto soltó otro rugido, intentó alargar la mano para cogerla, y falló.
Continuará...
