Pero todo lo expuesto a la luz se vuelve visible...
y todo lo que se ilumina se convierte a la luz.
—EFESIOS 5:13
Grandes olas de dolor barrían el cuerpo de Naruto, pero todo en lo que él podía pensar era en la sordera de Hinata.
Y ella era sorda. No tenía ninguna duda. Ella había observado su boca constantemente, y cuando él había dejado de asumir que estaba simplemente contemplando con horror sus largos y afilados dientes, se había dado cuenta de que ella no había oído nada de lo que él había dicho.
Si fuera así, jamás se hubiera acercado a él.
—Acércate más, y te arrancaré la cara a mordiscos, —había dicho él con los dientes apretados de rabia y mortificación, y aunque las palabras habían sido una falsedad, ella no lo sabía.
Se había acercado más a él.
—Libera mis brazos para que pueda quebrarte el cuello en dos.
Otra falsedad, y aun así ella le había soltado los brazos.
—Estás rogando por ello ¿no? —le había dicho. —Bien, eres mía, y nunca te dejaré ir. Si quieres piedad tendrás que ganártela.
Ella no había mostrado ningún miedo.
Entonces él había recordado cómo ella miraba la boca de su padre, y la forma en la que había observado las bocas de los otherworlders. Cómo ella parecía abstraerse del resto del mundo de forma sencilla. La manera cómoda en la que los hombres de su padre discutían cuando estaban justo tras ella.
Y realmente, el defecto explicaba muchas cosas más. Ella tenía que ponerse la mano en la garganta para juzgar el volumen de su propia voz, pero ni aun así eso no era seguro al cien por cien. Susurraba en momentos inadecuados y gritaba en otros. Solo no estaba seguro de tomar eso como una prioridad o el hecho de que ella no era tan distante como quería que él creyera. No le había gustado ver cómo lo azotaban; darse cuenta de eso lo había golpeado al mismo tiempo que el látigo, aturdiéndolo y fortaleciéndolo al mismo tiempo. Con cada golpe, Hinata se había sobresaltado en solidaridad. Lágrimas gordas y grandes de genuina de pena habían anegado sus ojos, y corrido por sus mejillas.
Eventualmente sus rodillas habían cedido.
Ella se había convertido en su ancla.
Un sonriente Dr. M le había abandonado.
Un gimotéante Kurama lo había abandonado, aunque primero había prometido ayudarlo en el momento en que su fuerza retornara. Ayuda que Naruto hubiese rehusado si hubiera estado solo. Kurama ya le había fallado. No sería tan tonto como para confiar en la criatura de nuevo.
Hinata, sin embargo, se había mantenido en su lugar, sosteniendo su mirada sin vacilar así que él nunca estuvo solo, nunca tuvo que concentrarse en nadie más y nunca tuvo que pensar en lo que estaba sucediendo.
Ella era como un rompecabezas. No podía entenderla. Y no le darían la oportunidad esta noche, de eso estaba seguro. Tenía que dejarla marchar y ella echaría a correr, lo que probablemente era algo bueno.
Justo ahora él estaba en la cuerda floja, preparado para ponerse en su ánimo más peligroso en cualquier momento. No había mentido en eso. Su mente estaba nublada por el dolor sin fin que había rehusado revelarle a Hiashi incluso en su grado más pequeño. Preferiría bañarse en ácido y secarse con una toalla llena de cristales rotos antes de satisfacer los deseos enfermos de un loco. Jiraiya lo había entrenado mejor que eso.
—He vuelto, —dijo Hinata.
Qué gran sorpresa. Ella había mantenido su promesa sin necesidad de obligarla.
Él quiso aullar mientras ella gentilmente atendía sus heridas, pero una vez más permaneció callado. No quería que se detuviera. Necesitaba esto. Y le gustaba pensar en sus manos sobre él, sin importar las circunstancias.
—Te curarás, —susurró ella. —Tienes que curarte.
Cuando el sonido de su suave voz se filtró en su mente, él fue capaz de imaginar que estaba en su cama, en su dormitorio. Acababan de hacer el amor y él estaba exhausto. Ella lo había amado en cada momento, y ahora, no podía parar de tocarlo, tenía que tener más de él. Pero cuando sus compañeros cautivos empezaron a expresarse en voz alta, lanzándole preguntas y órdenes a toda velocidad, volvió al presente.
—¿Por qué te quedas tumbado ahí? —susurró el Mec fieramente.
—¡Mátala!
¿Sabía él que ella era sorda?
—¡Bob! ¡Fred! ¡Por aquí! — Ino sacudió la puerta de su jaula. —¡Supera el dolor y libéranos!
—Ahora es tu oportunidad, —gruñó el Bree Lian. —¡Haz algo!
No, no lo sabían. Le hubieran dicho que usara su defecto contra ella.
Ahora mismo lo que estaban era desesperados por que actuara.
—¿Por qué no se callan todos? —les cortó el Targon. —Dejen que la chica ayude al hombre.
Apoyo. Del Targon. Milagro de los milagros.
Hinata echó un vistazo sobre su hombro.
—Silencio, —dijo, y se giró de nuevo hacia Naruto.
Naruto frunció el ceño. Quizá estaba equivocado con ella. Quizá... no. No se había equivocado. Ella simplemente había seguido su mirada. No tenía ni idea de que las criaturas le habían mandado acabar con su vida. Su expresión era triste en vez de enfadada, culpable en vez de temerosa.
Él debería escuchar a sus compañeros y actuar. Debería luchar por escapar. Ahora. Debería hacer lo que fuera necesario.
Él no estaba en contra de herir a una indefensa chica sorda para salvarse él mismo ¿verdad? Sólo ayer hubiera dicho que no, mil veces que no. Pero ya por dos veces, Hinata le había atendido tiernamente y solamente su madre había hecho eso por él alguna vez. Hinata le había dado comida y se había ganado ella misma una paliza por ello.
Su madre esperaría de él que ayudara a la chica que le había ayudado.
Sí, él estaba en contra de herir a una indefensa chica sorda. A esta chica sorda.
Usando cada pizca de su fuerza, Naruto consiguió ponerse en cuclillas.
Lo que fuera el bálsamo que ella había untado sobre sus heridas se filtraba profundamente y afortunadamente adormecía el dolor. Ella deslizó un brazo bajo su pecho y aplicó presión ayudándolo a enderezarse.
—¿Te puedes poner de pie? —Preguntó ella suavemente.
Él abrió la boca para responder, se dio cuente de que ella no podía ver sus labios desde ese ángulo, y asintió con un gesto. Cargó su peso sobre sus pies intentando no acobardarse. Hinata le urgía a ir hacia su jaula y él se resistió.
—No regresaré allí, —dijo. Nuevo plan. Escaparía con Hinata y Sakura, encontraría un lugar escondido, uno que Hiashi fuera incapaz de rastrear, incluso si tenía GPS en las esposas, y se tomaría su tiempo para curarse.
Contactaría con Jiraiya. Juntos regresarían aquí y destruirían el circo.
Algunos aspectos del plan siempre eran los mismos. Hinata, él...
Ya no estaba seguro de qué hacer con ella.
Después de que el circo fuera destruido, iría en busca de Yahiko y de Kiba si seguían desaparecidos.
—Por favor, —dijo ella, apretándole el brazo. La sola palabra empapada de miedo.
—No voy a hacerte daño ni tampoco a permitir que te lo haga tu padre.
Envolvió su brazo alrededor de su cintura y la forzó a acercarse a su lado. Ella forcejeó para liberarse, pero él simplemente tensó su agarre.
Forcejeó un poco más, pero sorprendentemente lo suficiente para no rozarse contra las heridas de él.
—No hagas esto, —rogó ella.
—Debo hacerlo.
Mientras los otherworlders gritaban por encima de él... sálvame primero, no a mí, por favor a mí, ella finalmente se quedó quieta.
—De acuerdo, —dijo con un gemido de derrota, —eso es, oficialmente les voy a estropear toda la diversión.
Uh ¿Qué? Quizá fuera su mal estado, pero no entendía lo que ella acababa de decir.
—¿Estropear la...? —No sabía.
Ella no debió haberse enterado de sus palabras porque se lanzó a una retahíla de ellas.
—Doy tanto como soy capaz, y sacrifico tanto como puedo algunas veces poniéndome en peligro yo misma, y aun así nadie se piensa más de dos veces lo de arruinar mi vida. Así que bien, lo que sea, iré contigo. No puedo evitar que escapes sin usar tus heridas contra ti.
—Gracias, —dijo él, y lo decía de verdad.
—Pero cuando te capturen, y lo harán, —continuó ella, —me aseguraré de mencionar como me derrotaste. El último hombre que me puso una mano encima la perdió. Hiashi le cortó la mano derecha. Y después, para probar su punto, le cortó la otra. ¡Y ni siquiera mencionaré lo que hará conmigo!
—Qué amable de tu parte. —Mientras ella hablaba, él siguió agarrándola firmemente para que le acompañara a la jaula de Sakura. — Pero a ti no te harán nada. Me aseguraré de ello.
Las demandas de los otherworlders, de libertad se convirtieron en ruegos de ayuda. Como lo hacían a viva voz pronto llamarían a otro guardia. Él no quería malgastar un tiempo precioso haciendo que Hinata los liberara.
Aunque... si Hiashi y compañía descubrían que Naruto había secuestrado a Hinata, tendrían a otra gente que perseguir, otras huellas que seguir, dándole a Naruto un tiempo de más que necesitaba.
¿Cruel por parte de él? Quizá. Pero también un favor. Ellos serían libres. Si la situación fuera a la inversa, él querría ser liberado por cualquier razón, incluida esa.
Cambió de dirección, aproximándose a la jaula más cercana.
—Gracias, Ojos Azules, —dijo Hinata, su voz chorreando alivio. Debía asumir que él intentaba volver a su propia prisión. —Gracias. No te arrepentirás de esto. Tengo planes, y si puedes aguantar por...
—Mi nombre es Naruto, —interrumpió él, asegurándose de que ella estaba mirando sus labios. ¿Ella tenía planes? ¿Qué clase de planes? ¿Y le gustaban los hombres de ojos azules?
Esa última pregunta le irritó enormemente. ¿Por qué le importaba?
— Naruto. —Una sonrisa curvó la comisura de sus labios. —Encantada de conocerte.
Él habría jurado que el sol acababa de emerger entre un denso escudo de nubes de lluvia, iluminando su rostro entero. Quería que sonriera cada minuto de cada día...pero su suave diversión murió en una muerte rápida en el momento en el que él se detuvo ante la jaula del Mec.
El terror emanaba de ella.
—¿Vas a liberarlos a todos, verdad?
—Sí.
—Confía en mí. No quieres hacer eso. ¡Por favor!
—Debo hacerlo, —repitió él.
Ella forcejeó y forcejeó para liberarse, pero él la forzó a colocar su pulgar en la cerradura.
En el momento en el que se abrió, el Mec se liberó como un estallido.
Como estaba tan lleno de alegría, su piel resplandecía de un brillante azul.
Tonto otherworlder. Nunca sería capaz de ocultarse así.
—Estáis todos muertos, —dijo Hinata sin emoción. —Tú, yo, todos ellos. Estamos todos muertos como... las cosas que están muertas.
—Te protegeré. —Él trastabilló y apenas se las arregló para mantener el equilibrio. Pero creía esas palabras con cada fibra de su ser. Quería que ella estuviera a salvo. Ahora y si... oh no. No iba a ir por ahí. Quería que estuviera a salvo. Por ahora.
Él se detuvo, escudriñando sus ojos, y dijo de nuevo,
—Te protegeré.—Y esta vez añadió, —Lo juro.
Ella no se sintió muy afectada por lo dicho como habría hecho otra persona y eso lo sorprendió. Quizá era porque ella no podía oír su voz, razonó él. Quizá porque él estaba drogado y débil.
Lo que fuera. Supuso que realmente no importaba. Un juramento era un juramento y él acababa de atarse a ella.
Ella soltó un suspiro quejumbroso y asintió.
—De acuerdo. Confiaré en ti.
Naruto caminó con ella hasta la siguiente jaula, y esta vez ella no ofreció resistencia de ningún tipo.
—Eh, tú. Para, —un guardia gritó a la distancia. Y Naruto no sabía si la orden estaba dirigida a él o al Mec.
En todo caso ya no había tiempo para liberar a los otros. A Sakura, sí, pero no a los demás. Arrastró a Hinata hasta la jaula de la chica, y ella colocó la yema de su dedo contra el identificador de la cerradura sin ningún tipo de incitación por parte de él.
Sakura corrió a su lado.
—Hagamos esto.
—Silencio, —dijo Hinata, con una cualidad desesperada en su voz. —Por favor. No queremos que nos atrapen.
—¡Cállate tú! —Gruñó Sakura yendo por ella. —Mejor todavía sigue hablando. Te callaré yo misma por lo que permitiste que me pasara.
Naruto apartó a Hinata del alcance de Sakura.
—No la amenaces. —Le dijo Naruto al otro ser. No estaba seguro de lo que le haría si ella lo hacía otra vez. Solamente sabía que la ira bullía dentro de él... una ira incontrolable.
Una que, cuando fuera desatada, sería imparable.
—Vale, —murmuró Sakura. —Pero tengo un problema con ella, y un día voy a descargarme con ella como un gato rabioso.
—No sin mi permiso. —Permiso que él nunca le daría.
Apretó la mandíbula, y avanzó pesadamente hacia delante con ambas mujeres a sus costados... y el resto de los seres lanzándole maldiciones, maldiciones que iban bajando de volumen, no solo porque él se estaba alejando sino porque la fuerza de las emociones de los otherworlders estaban engranadas con las esposas y causaban que las drogas bombearan a través de sus sistema. Las soltaban sigilosamente, tanto que Naruto lo había descubierto por casualidad.
Aceleró el paso, intentando mantener sus propias emociones bajo control. Sólo había dado unos cuantos pasos más antes de que un fornido hombre rodeara la esquina.
—¡Toneri! — Naruto oyó el grito del Targon. —¡Te mataré! ¡Te mataré bien muerto!
No sólo un grito sino un vómito, como si el nombre fuera una terrible maldición. Los barrotes retumbaron. El suelo tembló.
Toneri. Finalmente se conocían. Había estado en la flagelación. Había sido el que le había tendido el arma a Hiashi. El que tenía la sonrisa más ancha cada vez que le caía un golpe. Pero no había tiempo para una presentación adecuada. Cuando Naruto cambió de dirección, el macho dirigió su cabeza hacia él. Una neblina negra se levantaba desde sus hombros en gruesos y retorcidos anillos. El mal, supo Naruto. Con todos los criminales a los que había perseguido a lo largo de los años, había visto tal maldad antes. Unos dientes ligeramente torcidos destellaron en la oscuridad cuando el hombre sacó una pistola de la cintura de sus pantalones y apretó el gatillo.
Naruto se giró para que su cuerpo tapara a las mujeres. Un dolor nuevo estalló en su hombro, y su visión se nubló al instante.
Hinata soltó un grito espeluznante que se unió al canto de fallaste otra vez, fallaste otra vez, fallaste otra vez, que de nuevo hacía eco en su mente.
Él se desmayó incapaz de sostenerse en pie, y como todavía tenía agarradas a ambas mujeres, las dos cayeron con él. Se las arregló para colocarlas bajo él, todavía determinado a usar su cuerpo como escudo en caso de que el hombre decidiera abrir fuego.
Él... no supo nada más, porque la oscuridad se lo había comido vivo.
O tan muerto como las cosas que estaban muertas.
Continuará...
