Atrapa a los pequeños zorros para nosotros, los pequeños zorros que
arruinan las viñas, mientras que nuestras viñas están en flor.
—CANTAR DE LOS CANTARES 2:15
Toneri había disparado a Naruto. Toneri había disparado realmente y verdaderamente a Naruto. La sangre había salpicado a Hinata cuando Naruto había caído... se había vertido sobre ella cuando había aterrizado y la metió debajo de él. Para protegerla.
Ella. Su enemigo. Tal, como le había prometido. Sakura estaba luchando contra su peso, tratando de liberarse, pero él no la estaba ayudando.
¿Estaba muerto?
Por favor, no te mueras.
Con la mano temblorosa, Hinata se estiró y sintió el pulso de Naruto. Era débil, pero tenía. Estaba vivo. El alivio la bombardeo, justo cuando Toneri tiró de ella de debajo del enorme peso de Naruto.
Penetrándola con la mirada, le espetó,
—Elimina la bala de la bestia. No queremos que el precioso atractivo principal de tu padre muera, ¿verdad?
—N-o.
Él pateó el costado de Naruto, haciéndolo rodar sobre su destrozada espalda, liberando a Sakura.
La Teran se levantó, lista para echar a correr, pero astuto como era, Toneri logró agarrarla por la cintura antes de que ella hubiera tomado más de un paso.
—¡Déjame ir! —Gruñó Sakura.
—Después de que haya tenido un poco de diversión contigo.
—Ten cuidado con ella, —exigió Hinata, su sangre fría flaqueando. —Por favor. Ella es mi obligación, y soy responsable de ella.
Sakura se detuvo, mirando a Hinata en shock con los ojos abiertos.
De forma glacial evaluó a Toneri, como si Hinata le estuviera dando exactamente lo que él quería.
—Me lo debes, —dijo él, y luego arrastró a la forcejeante Sakura a su jaula.
Hinata tropezó en el camino hacia los suministros médicos que había traído para atender a Naruto después de su paliza. Ella regresó y, aunque su temblor había aumentado considerablemente, logró hacer lo que Toneri había ordenado.
El pecho de Naruto estaba más carmesí de su habitual tono bronceado, con un orificio del tamaño de una moneda de 25 centavos por encima de su corazón. Las lágrimas siguieron cayendo por sus mejillas, difuminando su imagen. ¿Cuánto puede soportar un hombre en un solo día antes de morir? Se preguntó mientras envolvía todo su pecho con un grueso vendaje.
—Suficiente, —dijo Toneri. A pesar de que era lo suficientemente fuerte como para llevar a Naruto, optó por no hacerlo, en su lugar llevó arrastrando al otherwolder a su prisión, y arruinando lo poquito que Hinata había hecho tanto en su espalda como en su pecho.
Lo siento mucho, pensó, luchando con los sollozos. La noche no se suponía que iba a terminar de esta manera.
Ojos oscuros la clavaron en su lugar, burlándose de ella por su dolor.
—¿Estás contenta contigo misma?
—No.
—Bien. Tu padre quiere hablar contigo. — Toneri la agarró por la muñeca y la arrastró lejos del claro.
Demasiado pronto, el trailer de Hiashi apareció a la vista. Su padre esperaba en la puerta y le indicó que entrara.
Ella no ofreció ninguna protesta, pero se detuvo, incapaz de dar un paso más por su cuenta. Sus pies eran demasiado pesados.
Toneri la cogió y la llevó dentro. Para ocultar la creciente sensación de miedo, ella miró alrededor de la casa en la que ya no quedaba ningún indicio de la presencia de su madre. Al igual que en los otros vehículos del circo, en el trailer las paredes eran de metal; múltiples candados se alineaban en la unión de la única puerta. No había ventanas.
Sin embargo, a diferencia de los demás, excepto el de ella, éste presumía de muebles nuevos. Había un sillón reclinable de lujo, un sofá de cuero, un proyector e imágenes holográficas de Shion bailando en todos los rincones. Había almohadas multicolores esparcidas alrededor de una falsa chimenea, formando un pequeño hueco que habría sido bonito si nofuera por la alfombra de piel de oso que se extendía frente a ella. Una alfombra cortesía de Zoey.
Sí, Hiashi había despellejado al precioso oso de Hinata. En realidad, él había puesto a todos sus queridos animales en "buen uso" en lugar de venderlos. Un "regalo" para Hinata. Con las plumas del avestruz Sammie había hecho sombreros y faldones para un grupo de artistas. Dobi el tigre y Righty el mono fueron disecados y habían sido expuestos en la carpa principal. A Gus la cebra, Angie el caballo, el camello Gabby, y la llama Barney los habían sumergido en una especie de metal alienígena y se habían convertido en un carrusel. Mini el elefante había sido vaciado y sumergido en el mismo metal, ahora era un surtidor entre los dos baños públicos del circo, donde la gente podía lavarse las manos.
Hinata no podía soportar la idea de lo que Hiashi había hecho con One Day.
Más allá de la sala de estar, había una cama matrimonial. Shion descansaba en ese momento en el centro, cubiertas enjoyadas abultadas a su alrededor. Sonriendo, ella tomó un sorbo de una copa de brandy. Una de las arañas grabadas en su brazo empezó a moverse, arrastrándose más y más, hasta que finalmente se apoyó en su hombro.
Los tatuajes del cuerpo de Shion habían venido a la vida hacía unos meses, después de que ella había empezado sus sesiones de entrenamiento con Toneri.
Shion detestaba a Hinata, y disfrutaba viendo sus castigos. Pero entonces, Hinata tenía merecido todo ese odio. Shion, Hinata, y su amiga Tamaki habían crecido juntas, inseparables hermanas en todo lo que era importante hasta que la madre de Hinata murió, y Hiashi exigido todo el tiempo libre de Hinata.
Vamos a estar juntos para siempre, tú y yo. Nunca me dejarás. Yo soy el único en el que siempre podrás confiar. El único que siempre te amará.Nunca lo olvides.
En cada oportunidad que tuvo, Hinata se había escabullido para pasar tiempo con sus chicas favoritas. Las tres habían estado jugando con los animales, riendo histéricamente ante los ruidos que Zoey hacía mientras dormía la siesta, cuando Tamaki había cerrado accidentalmente la puerta de la jaula atrapando la mano de Hinata con ella.
Hiashi lo descubrió y se enfureció, diciendo que el castigo debía ser proporcional al delito. Tamaki había lastimado la mano de Hinata, por lo que Hiashi le cortó la mano a Tamaki. Cuando los padres de la niña protestaron, Hiashi exilió a toda la familia.
Fue entonces cuando Hinata llamó a Shion por terribles nombres e incluso le dio una bofetada, con la esperanza de repudiarla y salvarla de la ira de Hiashi. Mirando hacia atrás, sabía que había manejado las cosas mal.
No se podía deshacer el pasado, ella lo sabía, pero más tarde había tratado de compensarla y se disculpó. Shion se había negado a perdonarla.
Toneri acomodó a Hinata en una silla delante de la cocina del trailer.
Pasó dos de sus nudillos debajo de su barbilla y sonrió con aire de suficiencia. Luego se fue, cerrando de un portazo detrás de él.
Él le disparó a Naruto. Simplemente le disparó con la misma facilidad como si el otherwolder fuera el plato principal para la cena, y ¿ahora se atreve a sonreírme?
¿Conseguiría Naruto sobrevivir esta noche?
¿Encontraría su cadáver en la mañana, moscas y hormigas cubriéndolo?
¿Sería incluso ella capaz de caminar por la mañana?
Hiashi se trasladó al otro lado del mostrador y se tomó su tiempo para preparar y encender el extremo de un cigarro.
A pesar de la gruesa losa de granito entre ellos, el humo oscuro se extendió alrededor de ella, y tuvo que contener la respiración para reprimir la tos.
Hiashi se inclinó hacia delante y aseguró sus fuertes dedos en su mandíbula para mantener su atención en él. Sus párpados estaban entrecerrados en pequeñas rendijas.
—¿No tienes nada que decirme? —Comenzó.
—Yo... lo siento, —dijo ella, moviéndose en su asiento. Era la verdad.
Lamentaba que fuera el hombre que él era, lamentaba que Naruto estuviera aquí, lo lamentaba por todo lo que había pasado y que no había impedido.
—No estoy hablando de esta noche, estoy hablando de esta mañana, —dijo, sorprendiéndola con la tranquilidad de su voz. Él la soltó.
—Yo… Yo. —No tenía respuesta que alentara esa sensación de calma.
Lo único que la salvaba era que no había desafiado su autoridad en presencia de testigos. El modo en que el circo funcionaba, Hiashi llevaba las riendas y no permitía que lo cuestionaran. Nunca. Cualquier persona que expresase una objeción se encontraría a sí mismo, o a si misma luchando contra Hiashi delante de todos los miembros de la familia, luchando, y convirtiéndolo en un ejemplo sangriento. Si esa persona sobrevivía, él y toda su familia eran expulsados. A menos que él tuviera una esposa o una hija bonita, por supuesto. Se les permitía quedarse y casarse con otro hombre.
—¿Te gusta Toneri, Hinata? —Le preguntó casualmente. Demasiado casualmente.
Espera. ¿Qué?
—No. —Ella negó violentamente con la cabeza.
—Me dijo que ya te has entregado a él.
La indignación irrumpió a través de ella, haciéndola estúpidamente dejarla escapar,
—¡Él miente! Te juro que, miente. —Ella nunca había estado con un hombre, y, para ser honestos, nunca había tenido deseos de cambiar eso.
Hasta Naruto. Hasta que ella lo había besado.
Pero aun así, no lo haría. Tener relaciones sexuales significa compartir una parte de ti mismo con otra persona, la unión de tu cuerpo con ellos... quizá incluso tu alma con la de ellos. El sexo era total vulnerabilidad, sólo era otra forma para que un hombre pudiera dominar a una mujer.
No, gracias.
—No hay razón para negar lo que pasó, —dijo Hiashi.
—Pero…
—Debo admitir que al principio estaba molesto. Sin embargo, después de pensarlo, me parece que, me gusta la idea de tener nietos.
El oxígeno se le congeló en los pulmones. Esto tenía que ser un truco.
Ella le había gritado a su padre el día de hoy, lo había empujado y había ido al claro sin su permiso. ¡Nuevamente! Sin embargo, ¿Él hablaba de nietos?
Una calada al cigarro, una nube de humo, y por un momento, sólo un momento, vio una máscara descender sobre sus rasgos. Una con huesos afilados, ojos rojos, colmillos y dientes.
— Toneri está bien, —dijo. —Tú tienes demasiado tiempo libre, y el tiempo libre te mete en problemas. —La irritación teñía su tono. —Para que lo sepas, el Mec ya ha sido encontrado. Toneri nos lo dejó para cuidar de él.
Una oleada de remordimiento se unió a la ira de Hinata, pero ella se las arregló para mantener la expresión en blanco.
No puedo mostrar una reacción. En los términos del circo, "cuidar" de una persona significaba "torturar y matar."
Pobre Rainbow. La había insultado más que todos los demás, e incluso la había atormentado más que cualquiera de los demás juntos, pero ella había admirado su espíritu. No importa lo que hicieran con él, su fuerza no había disminuido.
—¿Qué se hará con el otro? —Preguntó ella, y en esta ocasión no fue capaz de ocultar sus emociones. Hubo un temblor en su voz. —¿El nuevo?
Sus labios se fruncieron con disgusto y dijo:
—Le dispararon. Creo que es suficiente sanción, ¿no?
—Sí. —Gracias, gracias, gracias. —Ese es de tu estilo. Papi.
Sus ojos se suavizaron.
—Por la mañana, Toneri tendrá que sacar la jaula del Mec hasta que se pueda encontrar un reemplazo. —Él puso el cigarro en el cenicero, su mirada afilada como una cuchilla. —Ahora, entonces. Vamos a hablar de lo que pasó esta noche.
Cada músculo de su cuerpo se tensó. Iba a preguntar cómo Naruto había llegado al Mec, y por qué ella no había gritado para pedir ayuda, y ella no tenía respuesta para él. No una que pudiera satisfacerle.
—¿Te acuerdas de lo que te pasó cuando saliste del circo hace tantos años? —Le preguntó.
Otro sí escapó de ella.
Fue unos meses después de que su padre hubiera comprado los "candidatos perfectos para su zoo". En ese momento, ella y Sara se habían convertido en amigas, y ella había deseado tanto que la chica fuera feliz.
Sara, quien extrañaba a su marido desesperadamente. Sara, cuyo vientre embarazado se había vuelto más grande cada día.
Hinata se había unido con ella a primera vista, en realidad, la mujer de aspecto frágil le recordaba tanto de sí misma. Sara había dicho que, una vez que fuera libre, Hinata podría vivir con ella, que su marido era un guerrero poderoso y que él la protegería.
Hinata había liberado a Sara y a todos los demás, pero Sara la había abandonado, no apareciendo en el lugar acordado. Y luego, Hiashi había encontrado a Hinata y al resto de su colección de animales salvajes, a todos menos a Sara, en menos de una semana.
Todos fueron asesinados.
Ella fue golpeada.
Pero a pesar de que había perdido la audición esa noche, ella había estado contenta de verlo. Había un mundo oscuro y peligroso por ahí, uno para el que no estaba preparada. Uno que casi había masticado y escupido sus huesos.
Ella no había tenido ninguna protección, ni dinero, y nadie conocía a su padre, por lo que nadie temía a su ira. Había tenido que caminar por las calles, pidiendo a la gente comida y dinero. Los hombres la habían llamado por nombres terribles y habían tratado de arrastrarla hacia callejones abandonados. Ella había tenido que esconderse en contenedores de basura. El miedo a lo desconocido había atormentado su mente constantemente, y, bueno, había sido demasiado difícil de soportar.
Lo único que había conocido era la vida en el interior del circo. Por aquel entonces, habían viajado de ciudad en ciudad en sus trailers. Se habían alojado en cada lugar durante dos semanas, los primeros días para instalarse y anunciarse, Shion y las otras atractivas mujeres iban a la ciudad para difundir el mensaje y atraer a los machos. Después de eso, el espectáculo comenzaba.
Siempre habían estado en alerta estacionándose en las carreteras, y si eran descubiertos por la policía, eran detenidos. Si las autoridades no podían ser sobornadas, los artistas empacaban la mayor cantidad del equipo como fuera posible y se abrían camino hasta la siguiente ciudad.
Ahora, Hiashi tenía otra manera de viajar. Una que Hinata despreciaba.
Una que nunca más tendría que soportar una vez que dejara este lugar. Y cuando ella se instalara en su nueva vida y con la certeza de que no podría ser encontrada, ella incluso podría ayudar a la policía a cazar a su padre y cerrar el circo de una vez por todas.
—¿Quieres dejar el circo de nuevo? —Le preguntó con voz sedosa.
—No quiero dejar el circo, —dijo. Una vez más, era verdad. Quería quedarse. Por ahora.
Una vez que tuviera el dinero suficiente... una vez que hubiera encontrado la llave para las esposas, su respuesta iba a cambiar.
—¿Crees que el otherwolder feo que alimentas, al que viste mientras que los seres humanos estaban afuera, al menos, se hará cargo de ti una vez que esté libre de su jaula?
Sabía que ella había roto la regla por segunda vez. Tragó saliva.
Naruto se hará cargo de ti, lo sabes. Realmente te protegerá.
La voz penetró en su mente, y ella se quedó sin aliento. Era la voz de esa mañana. La buena.
La agradable.
—¿Qué? —Exigió su padre.
—Yo... yo...
—No importa. Te he hecho una pregunta. ¿Crees que el otherwolder se ocupará de ti? —Insistió su padre.
Ella... lo hacía, se dio cuenta. Él se haría cargo de ella. Por un rato, al menos. Después de todo, él había usado su cuerpo como escudo por ella.
Un hombre dispuesto a hacer eso no era un hombre que iba a lanzar una chica indefensa a un pozo de caimanes. Pero eso no era lo que Hiashi quería oír.
—Él es un prisionero, Papi, —dijo. —Él no puede hacerse cargo de ninguna persona.
Una vez más, el "Papi" funcionó. Su expresión se suavizó, y él no se dio cuenta que no había respondido exactamente a su pregunta.
—Nadie va a amarte como yo lo hago. Nadie va a cuidar de ti como lo hago yo. ¿No es así?
Ella hizo un gesto apenas perceptible. No, nadie más volvería a "amarla" de esta manera. Ella se aseguraría de ello.Tranquilamente, se sentó en una silla y cogió el cigarro.
—Bien. Entonces te das cuenta de que el otherworlder podría asesinarte a sangrefría tan pronto como te llevara con él, así que no hay razón para discutir más este tema.
Antes de poder llegar a sentir el alivio volcarse a través de ella, sin más castigo para ella, ¡bien!, él agregó,
—Ahora, lo siguiente en el orden del día.
Ella se estrujó el cerebro, tratando de averiguar acerca de lo que iba a despotricar, pero se quedó en blanco.
— Toneri, —dijo.
Y ella gimió.
—Él quiere casarse contigo.
Ella entrelazó sus dedos, con la esperanza de detenerse a sí misma de retorcer y arrugar su camisa, revelando la profundidad de su repentina agitación.
—Es una lástima, porque yo no quiero casarme con él.
—Él te tratará bien. Me aseguraré de ello.
Aquello sonó como… no, eso era su aprobación.
—¿En realidad estás considerándolo? —Dijo ella sin aliento.
—Sí. Él me ha dado su palabra de que nunca te va a lastimar, y que siempre permanecerá aquí en el circo contigo. Conmigo.
Puntos oscuros parpadearon a través de su visión. Un bulto creció en su garganta, amenazando con cortar su suministro de aire. Todos sus bellos planes comenzaban a estrellarse y arder a su alrededor. Su padre estaba cambiando la estructura misma de su existencia, tratando de reescribir el futuro que había trazado para ella.
No te preocupes, dijo la voz. El mal no ganará al final.
¿No te preocupes? ¿Cómo podía dejar de preocuparse?
Shion abandonó el dormitorio y entró pavoneándose en la cocina. Ella se sirvió otra copa, sopló una pequeña corriente de fuego en la parte superior, y mordisqueó una galleta mientras las llamas se apagaban, sus caderas moviéndose al compás de un ritmo que Hinata nunca oiría.
Shion sonrió cuando se dio cuenta de que Hinata estaba mirándola y dijo:
—Deberías tener en cuenta la oferta de Toneri. Nadie más te tendrá.
Hiashi se enderezó y dio un puñetazo en el mostrador, haciendo sonar el cenicero.
—Cualquiera sería afortunado de tenerla. Ella es la hija de un campeón, y dará a luz hijos fuertes. El problema ha sido encontrar un hombre digno de ella.
Un hombre que pudiera controlarla, él quería decir. Un hombre capaz de mantenerla aquí, a su alcance, para el resto de su miserable vida. Un hombre que iba a ocupar su tiempo con un embarazo tras otro, manteniéndola muy ocupada para que no se metiera en "problemas".
—No, —dijo con voz ronca. —No lo haré.
Una traicionera luz brilló en los ojos de Hiashi, una que ella reconoció.
El peligro estaba cerca.
—Yo quiero esto, niñita querida, por lo que vas a hacerlo. Shion te ayudará a planear la boda.
—No, —repitió ella, con la boca tan seca que la lengua se sentía como una tira de papel de lija. Si Hiashi insistía en ir por este camino, tendría que huir lo más pronto posible, antes de que ella ahorrara el dinero suficiente en efectivo, antes de que ella encontrara la llave para las esposas. Pero lo haría, sin duda.
Poco a poco su padre se puso de pie. Él apoyó las palmas de las manos sobre la mesa y se inclinó hacia ella.
—Te vas a casar con una sonrisa en la cara, Hinata, o le daré tus tesoros a Shion, y colocaré los animales al cuidado de otra persona. Me veré obligado a expresar mi descontento contigo... una y otra vez. ¿Entiendes?
Continuará...
