En arrepentimiento y reposo seréis salvos;

en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.

—ISAÍAS 30:15

Los siguientes dias pasaron como un borrón para Naruto. Debería haberse recuperado más rápido, y no estaba seguro de si los medicamentos que nadaban a través de su sistema sanguíneo fueran el problema, si Kurama todavía no era capaz de alimentar su fuerza, o si el látigo había sido mezclado con algún veneno, sus sentidos estaban ya demasiado embotados para darse cuenta. Cualquiera que fuera la razón, lo mantenía débil.

Sin embargo, no era la debilidad lo que lo atormentaba. Era el recuerdo de su fracaso. Había tratado de escapar, había estado tan cerca de tener éxito, pero "tan cerca" no era suficientemente.

Nunca antes se le había frustrado un trabajo tan sublime.

Al menos no había muerto como el Mec.

El pensamiento no era tan confortable como debió haberlo sido. La culpa lo embargaba cada vez que recordaba los gritos de misericordia del Mec que habían venido con la salida del sol. En medio del silencio, Naruto había visto a un satisfecho Toneri transportar lejos el opaco cuerpo sin vida.

Naruto se había vuelto a quedar dormido, sólo para despertarse y encontrar que su jaula había sido retirada del claro y colocada frente a la casa móvil de Hiashi. Una monstruosidad si alguna vez había visto una. Un cráneo con huesos cruzados estaban pintados a un lado, observándolo. Un compartimento gigante se extendía sobre los asientos del conductor y pasajero, y la panza era casi demasiado gorda para la carretera.

Él hubiera preferido algo más pequeño, más rápido, más elegante, pero no había otros trailers bloqueando el frente de éste, por lo que la evacuación sería fácil. Podía llevarse a Sakura y a Hinata lejos, no sería un problema.

Sip. Tenía un nuevo plan.

Un obstáculo todavía no había cambiado: conseguir salir de esta jaula.

La mayoría de las veces que Hiashi entraba o salía de la zona, no prestaba ninguna atención a Naruto. De vez en cuando, se detenía a mirar, diciendo cosas como: "Yo soy el amo y señor aquí y al final te destruiré. Simplemente espera".

Shion se quedaba en la casa rodante cada noche. Los dos se ponían a insultarse, a luchar, a tener relaciones sexuales, y luego peleaban un poco más. Hiashi nunca había tenido miedo de usar la fuerza física, así que debía de evitar el rostro de la chica, porque ella no tenía contusiones visibles.

No estaba seguro de lo que él hubiera hecho si hubiera oído a Hiashi golpeando a Hinata.

Hinata, la contradicción. Había surgido de las entrañas de un Hiashi sin corazón, y sin embargo ella era amable.

Había ayudado a Naruto a pesar de que había oído a Hiashi decirle que se mantuviera alejada, poniéndose a ella misma en peligro.

Peligro. De su propio padre. No se suponía que era la forma en que tenían que ser las cosas. Sobre todo con una mujer como ella, con la desventaja de la sordera, incapaz de oír su destrucción llegar, y tan pequeña como una hada princesa, incapaz de resistir mucho abuso antes de romperse.

Incluso la idea de un sólo golpe en cualquier parte de su cuerpo llenaba a Naruto con uno de los estragos más oscuros que jamás había experimentado.

Quería, necesitaba, hablar con ella. Él podía ayudarla, y ella le podría ayudar. Podría ser su mejor aliado, él quería que fuera su mejor aliado.

Pero aunque ella lo visitaba tres veces al día, nunca lo miraba para poder leerle los labios.

Cada mañana, ella aparecía sólo unos minutos después de la salida de Hiashi, como si estuviera escondida en algún lugar cercano, observando y esperando. Ella regresaba por la tarde, aunque nunca a la misma hora, y luego otra vez en la noche. Le daba a Naruto alimento y agua, e incluso trapos y spray de enzima para limpiarse, pero no le dirigía ni una palabra.

Muchas veces Naruto casi le había agarrado el brazo. Si ella no le hablaba, él no podría hacer que lo ayudara. Si no podía hacer que lo ayudara, él tendría que forzarla. Tendría que arrancarle el pulgar con sus colmillos o garras, como había previsto la primera vez que la había conocido. Entonces podría secuestrar el tráiler y llevarla a un hospital, donde le podrían volver a colocar el pulgar. Pero... él nunca podría superar la imagen de su sangre corriendo por su brazo mientras se agarraba la herida contra su pecho. Nunca podría superar el horror de oír sus gritos de dolor. Nunca podría superar la idea de haberla hecho llorar.

Oh, si ella lloraba, él sería hombre muerto.

Estaba disgustado consigo mismo. La libertad debía venir antes que nada, en especial antes de una mujer en parte responsable de sus circunstancias. Sin embargo, él había llegado a aceptar dos hechos alarmantes. Con o sin su juramento, no sería capaz ni tan siquiera de rasguñarla y tuvo que incluir "mantener a salvo a Hinata de todos los demás" en sus planes.

—Te sientes mejor, ya veo, —dijo una voz femenina, sacándolo de sus pensamientos. —Incluso estás sentado como un chico grande. Debes estar muy orgulloso.

Se centró en el aquí y ahora. Shion estaba apoyada contra la esquina de su jaula. Llevaba un sujetador negro como top, con lentejuelas multicolores cosidas a lo largo de los bordes, una mezcla de amarillo, azul, verde y rojo. Esas mismas lentejuelas se pegaban a sus hombros desnudos y por sus brazos, a lo largo de ella.

Uno de los tatuajes de arañas se había trasladado del interior de su codo a la muñeca.

Tatuajes temporales, entonces. A pesar de que nunca había visto ninguno que pareciera tan real. Terminó el estudio de ella. La parte central de su cuerpo estaba completamente desnuda. Un par de bragas negras cubrían sus partes íntimas, y un par de medias de red se aferraban a sus piernas, a pesar de que sólo eran visibles sobre sus rodillas. El resto, unas botas de tacón alto que parecían pintadas en las pantorrillas y los pies.

Una cola de pavo real subía detrás de ella, abanicándose arriba y hacia afuera.

Su pulido cabello rubio con rayas rosas estaba fijado en un moño, y su maquillaje era tan espeso y salvaje que casi parecía inhumano. Sus ojos parecían inhumanos. Lentes de contacto espolvoreaban el violeta de sus ojos con purpurina. Sus pestañas eran del color de las plumas, azul, verde y negro, abanicándose sobre sus cejas y sienes.

—¿Todavía no tienes nada que decirme? —Le preguntó, y se metió una piruleta en la boca.

Una de las arañas mostro las patas por su piel desnuda, bajando por su brazo.

No podía ser. Simplemente era imposible. Tenían que ser las drogas, que jugaban con su mente. Tenía que estar alucinando.

—¿Qué quieres que diga?

Lame. Una sonrisa lenta y sensual curvó las comisuras de sus labios, y ella tarareó su aprobación.

—¿Por qué no empezar con lo guapa que soy?—Laaame.

Ella era hermosa, no podía negar eso, pero Naruto sabía mejor que nadie cómo podrían ser las apariencias de engañosas. Nunca había sido una persona que juzgara por el exterior.

La única chica con la que había salido había vivido en la granja al lado de la de él. Sencilla pero dulce Ayame, quien a Kurama le había gustado, pero con quien no había querido una cita y a quien Dr. M había despreciado y había querido enterrar en el patio de su casa. Ayame fue la primera y única mujer que siempre quiso al hombre y no al monstruo.

La había recogido cada vez que bebía demasiado, protegiéndola siempre que viajaba a la ciudad por la noche, y la ayudaba a subir a través de la ventana de su dormitorio cuando ella se había escapado. Ella lo había besado una y mil veces, dicho miles de agradecimientos, pero nunca le había dado nada más.

A pesar de eso, ella realmente parecía que cuidaba de él, pero únicamente cuando estaban solos.

Un día, la indignación se había elevado a través de él y le había dado a elegir. Tomar todo de él, todo el tiempo, delante de todos, o no tener nada de él. Había llorado, le había rogado que permaneciera en su vida, pero al final ella había estado poco dispuesta a cambiar y por eso se había alejado.

Nunca había vuelto a mirar atrás.

Con Hinata, él pensaba que sería para siempre, él lo sospechaba. Su atracción por ella quemaba profundamente, inexorablemente, y no sólo porque ella era exquisita, la mujer más hermosa que jamás había contemplado. Una vez más, la apariencia le importaba poco y le habría gustado si hubiera sido tan fea como, bueno, como un Allorian. Era la forma en que lo había tratado. Como si él le importara.

¿Qué iba a hacer con esa chica?

No podría solucionar los problemas con Dr. M y Kurama, al menos que negociara los términos con ambos. Ambos hombres lo habían abandonado durante los azotes y sólo habían regresado en pequeños instantes, desapareciendo al momento en que abría la boca.

—¿Y bien? —Exigió Shion.

—No diré nada de eso, —anunció.

Ella se enderezó, su sonrisa transformándose en una mueca.

—Te he visto transformarte en la bestia más fea con vida, y sin embargo, piensas que eres mejor que yo. Bueno, te voy a poner en tu lugar, —dijo en voz baja, con fiereza, "justo debajo de mí".

Extendió el brazo, y la araña en efecto saltó de su piel a uno de los barrotes de la jaula. Bueno, no había manera de que fuera una alucinación. Ocho patas se arrastraban por el metal, tap, tap, golpeteando cuando la araña…

Las bisagras de la puerta del trailer de Hiashi chirriaron al abrirse. El hombre salió a la luz del día. Shion respiró hondo, y la araña saltó de nuevo a su brazo.

Una especie de poder oscuro estaba formándose dentro de la chica.

Ahora que se concentró, Naruto podía sentir el crujido del mismo en el aire.

Era el mismo crujido que Hiashi y Toneri emitían, sólo que en un grado más leve. Tendría que permanecer en guardia cuando estuviera cerca de ella.

Frunciendo el ceño, Hiashi escaneó la zona. Avistó a Shion, y su ceño se intensificó. Pisó fuerte dirigiéndose hacia la jaula.

—¿Qué estás haciendo? —Exigió.

Entonces Shion pegó una seductora sonrisa en su cara y tejió una mentira acerca de Naruto llamándola y pidiéndole comida, Naruto realizó una exploración de la zona el mismo. Tienda de campaña tras de tienda de campaña, otros trailers, pero ningún indicio de Hinata.

Una piedra se estrelló contra su hombro izquierdo, y miró hacia abajo, viendo como la plata irregular rodaba por el suelo de su jaula.

—¿Estás escuchándome? He dicho que no te atrevas a hablar con mi mujer de nuevo, —gruñó Hiashi. Él cerró los dedos alrededor de los barrotes y sacudió todo el vagón. —¿Me entiendes? De lo contrario, te mataré y enviaré tus restos a tu familia.

Naruto levantó sus pestañas y se encontró con la mirada del hombre.

Mantuvo su expresión en blanco, negándose a dar cualquier tipo de reacción.

Un día voy a escapar. Un día pondré fin a tu reinado de terror.

—Lo siento, pero no tengo familia.

Después de un momento largo y nervioso, Hiashi dijo:

—A tus amigos, entonces.

—¿Qué te hace pensar que un hombre como yo tiene amigos?

Hiashi se pasó la lengua por los dientes.

—Entonces le dejaremos a los perros lo que quede de ti. Si lo quieren. A ellos les gusta la carne tierna, y tú te ves podrido.

Naruto se le quedó mirando.

—Hablando de la comida, —dijo Hiashi entre dientes, —has estado comiendo, no es así, Hombre Bestia, a pesar de ello ¿Le pediste a mi mujer un bocado? Tu color es demasiado bueno para un hombre hambriento. ¿Quién te ha estado alimentando? ¿Mi pequeña y dulce Hinata?

—Probablemente, —dijo Shion. Deslizando el lollipop sobre sus labios. —La vi correr hacia aquí anoche.

—Porque su trailer está al lado del mío, puta estúpida.

Shion se estremeció.

—Po… por supuesto.

No era tan valiente a la luz del día, y él podía adivinar porqué. Hiashi toleraría su temperamento cuando estaban solos y no había testigos. Pero el hombre no sería tan indulgente frente a los demás, cuando cada desafío a su autoridad tendría que ser desactivado de la manera más violenta posible impidiendo pensar a los demás que podrían levantarse contra él.

Más que eso, Naruto conocía a los de su tipo. Conocía a las del tipo de Shion, también. Hiashi los mantenía inclinados y haciéndole reverencias.

Shion quería ser algo diferente, alguien capaz de mantener la atención de un hombre "fuerte". Así que ella lo representaría. Al final, sin embargo, Hiashi se cansaría de ella y ella pagaría por cada uno de sus crímenes cometidos. Un hombre como Hiashi nunca olvidaba un error.

Un hombre como Hiashi, incluso Naruto era de la misma opinión.

Se masajeó la nuca. No le gustaba la comparación. Pero él no quería pensar en eso ahora. Una importante información acababa de revelarse. El trailer de Hinata estaba al lado del de Hiashi. Naruto no podía ver rastro de ello, y sólo podría asumir que el suyo era más pequeño, obstruido. Podía robarlo en lugar del de su padre. Un gesto de bondad por su parte, permitiéndola tomar un pedacito de su vida con ella, porque Naruto nunca permitiría que volviera.

Y, ¿Cuánto tiempo tienes la intención de mantenerla?

—Todo lo que estaba diciendo, —añadió Shion con un temblor, —era que ella podría haber estado alimentándolo, en contra de tus deseos para provocarse un castigo a sí misma, lo que retrasaría su boda.

¿Hinata se iba a casar? ¿Con quién? Casi gruñó él.

Hiashi, que había estado observándolo con atención, frunció el ceño.

—Finalmente te atrapé, como había prometido, pero no por una razón que apruebe. Tú nunca tendrás a mi hija, esclavo. Está fuera del alcance de la gente como tú, es demasiado buena. Si alguna vez pones lo ojos en ella, te los arrancaré. Si alguna vez hablas con ella, te cortaré la lengua.

Sin un signo de intimidación, Naruto dijo:

—Inténtalo. —Haría todo lo que estuviera en su poder para asegurarse que Hiashi cayera con él. —Vamos a ver qué pasa.

Los orificios de la nariz del hombre se ensancharon por la sorpresa y la ira.

—Tal vez lo haré. Tal vez incluso te devuelva al hombre que te vendió a mí. No es tan agradable como lo soy yo.

—¿Quién me vendió? — Hidan Star, lo sabía, pero él quería oír el nombre de la boca de Hiashi.

Sonriendo ahora, Hiashi agarró a Shion por el brazo y le dijo:

—Vamos, mujer, y déjalo preguntándoselo.

En el momento en que serpenteaban la esquina, Kurama se materializó en el hombro de Naruto.

—¿Dónde has estado? —Exigió Naruto.

—Recuperándome.

—¿Durante todo este tiempo? —Él estaba firme sobre sus pies, por lo menos, su color había vuelto.

Silencio.

—Te debilitas a ti sí mismo, pero has estado tratando de curarme, ¿No es así? —Preguntó, dándose cuenta.

Kurama no lo confirmó, ni lo negó.

Pero Naruto sabía que había estado haciendo exactamente eso.

—Gracias, —dijo.

Una pausa. Un guiño.

—Pero todavía estoy enojado contigo, —agregó. —No salvaste a la chica cuando tuviste la oportunidad. —Había planeado gritar, pero ya no se atrevía a hacerlo. —Dijiste que tuviste éxito.

—Tan poca fe, —el hombrecito chasqueó la lengua. —Yo no mentí. Ella está viva, ¿verdad?

—Ella fue herida.

—Lo fue, sí, antes de que tú me ofrecieras para que la ayudara. Hice exactamente lo que te dije que haría. La salvé de un daño mayor.

Un buen punto, pero que no quería reconocer. Él tendría que admitir que la culpa era suya, que había perdido preciosos minutos debatiéndose sobre qué hacer.

Un largo suspiro le rozó la oreja.

Eso fue todo, sólo un suspiro, pero de repente Naruto quería cortar su propio corazón y presentárselo en una bandeja. Oh, cómo odiaba los suspiros de Kurama. Siempre podía sentir la decepción, el rechazo y el dolor, como si estuviera rompiendo una promesa que nunca había hecho. Como si estuviera destruyendo algo precioso, algo que ni siquiera podía ver.

Tal vez lo había hecho. La madre de Naruto lo había criado para ser un hombre mejor de lo que era.

Para Mary Kurenai Sarutobi, toda la vida era un precioso regalo de Dios que debía ser atesorada. Naruto no había atesorado exactamente a Kurama,

¿Lo había hecho? No le había devuelto lo que le habían dado.

Incluso cuando Naruto había estado gruñón, Mary Kurenai lo había tratado con amor y bondad.

Ella le había preparado sus comidas favoritas. Le había rizado el cabello y le decía lo hermoso que era. Había dejado pequeñas notas por toda la casa, palabras positivas de aliento.

Eres fuerte y valiente. Y, Te adoro.

Una buena mujer, su madre.

Tal vez ella tenía conocimiento de la profesión de Naruto, a lo mejor no.

Nunca habían hablado de ello.

Todo lo que había hecho, lo había hecho por una buena causa. Él nunca hacía preguntas, por lo tanto, nunca había querido saber. Él había confiado en Jiraiya. El habría retirado una escoria como Hiashi Hyūga de las calles.

Pero se había vuelto más frío en los últimos años, ¿O no lo había hecho? Él no era el hombre que su madre había criado.

—Gracias, —dijo de nuevo, esta vez con más corazón. —Por lo que hiciste por Hinata, y lo que hiciste por mí.

—De nada, —dijo Kurama con una sonrisa feliz.

—Ugh. Cosas tan dulces, —dijo Dr. M, nunca quedándose atrás. Estaba encorvado, como si sus hombros fueran demasiado pesados para soportarlos. —Nosotros no somos mujeres. Vamos hombre, has una fiesta y mata algo.

Moviéndose a su izquierda, Naruto se posó justo a tiempo para ver a Hinata gateando desde detrás de uno de los enormes neumáticos del trailer.

Ella se sacudió el polvo de las manos y las rodillas mientras revisaba el área buscando curiosos.

—Está escuchando de la única manera que puede, —dijo Kurama. —A través de las vibraciones. —Su mirada de color perla se centró en Naruto, y cada músculo de su cuerpo se tensó, apretando sus huesos. El parloteo constante de sus compañeros se desvaneció mientras él bebía de ella.

Llevaba un top y pantalones del mismo color oscuro que el neumático, y parecía como si hubiera salió de Biker Chick Weekly… Edicion El juego de Rol. Su largo cabello negro azulado y desarreglado era sexy, sus mejillas rosadas.

Ella dio un paso hacia atrás, lejos de él, hasta desaparecer por la esquina.

Casi gritó una negación. Calma. Tranquilo. Ella regresaría. Él le hablaría de la amenaza de su padre y mediría su reacción. No iba a preguntarle sobre la boda. Ella lo haría…

Volvió a los pocos minutos con comida, haciendo que la tensión se drenara de él. Se había cambiado la ropa por una blanca y ahora parecía como si se acercara una nube. Se había cepillado el cabello, brillantes hilos. Se había cepillado los dientes, también. Podía oler la menta de la pasta dental.

Lanzó un saco de arpilla a través de los barrotes en su regazo, el olor de pan tostado con mantequilla y salchichas recién hechas flotaron hasta su nariz.

Ella metió la mano en el bolsillo del pantalón para retirar un trapo.

Esperó. Cuando ella extendió el brazo para tirarlo a través de las barras, saltó a la acción, pasando rápidamente desde el otro extremo de la jaula a la parte delantera, extendiendo su propio brazo.

Contacto. Sus dedos se cerraron alrededor de su muñeca.

Ella se quedó sin aliento. Sus párpados se abrieron, y su mirada se posó sobre él.

—Déjame ir, —exigió.

¿Cuándo la suavidad de su piel le encantó? ¿Cuándo el calor que ella emitía se mezclaba con el suyo?

—¿O qué?

Los labios en forma de corazón se fruncieron en un puchero de lo más adorable.

—O perderás tus partes masculinas.

Algo frío apretó contra su muslo, y miró hacia abajo. Había colocado un cuchillo en el borde del taparrabos.

Kurama aplaudió su atrevimiento.

Dr. M gruñó.

—Buena jugada, —dijo Naruto, extrañamente orgulloso de ella.

Ella suspiró, un poco abatida, y le dijo:

—Dudo que pudiera seguir adelante con mi amenaza. Realmente sólo llevo el arma para asustar a la gente.

Oh, cariño. Eso es algo que nunca debes admitir a tu oponente.

Tan inocente como parecía, sin embargo, sus oponentes probablemente podría adivinar su falta de mala intención.

Él la soltó.

—Yo sólo quería tu atención.

—Bien, la tienes. —Ella miró a la izquierda, a la derecha, y envainó el arma. —Pero es demasiado peligroso para nosotros que hablemos.

—Sabré si alguien se dirige hacia aquí. Tendrás tiempo de sobra para ocultarte.

Silencio mientras reflexionaba sobre su petición.

—Lo prometo, —dijo él.

Pasó otro momento antes de que ella asintiera con la cabeza.

—Júralo. Jura que te quedarás. —Él no podía soportar la idea de verla marcharse de nuevo. Todavía no. —Sólo un rato mientras que sea seguro.

Su nariz se arrugó cuando dijo:

—Pero acabo de hacerlo.

—Quiero oír las palabras. Por favor.

—Por favor. Jurar. No creo que haya escuchado esas palabras de los labios de otra persona. No sin una petición de libertad, es decir. Pero, está bien, —dijo. —Lo juro.

Esperó a cualquier tipo de reacción por parte de ella, pero una vez más... ella jamás dio una. Salvo un sencillo tirón. ¿Realmente las palabras no la vinculaban?

—¿Te vas a casar? —Realmente no había querido preguntarlo, en realidad se odiaba a sí mismo por preguntarlo, pero ahí estaba. No podía volverse atrás. Y no quería.

—No, si puedo evitarlo, —respondió ella, levantando la barbilla.

—Dime por qué…

—No voy a hablar nada más sobre eso, —dijo ella.

La furia emanaba ahora de ella. Furia y más que miedo él se había dado cuenta antes, una mezcla de una cantidad saludable de desesperación y resignación.

Muy bien.

—¿Estás comiendo? —Le preguntó él. Había sentido la esbeltez de su muñeca, estaba tan preocupado como cautivado.

—Dado que el juramento no incluye honestidad, voy a decir que sí.

—Así que tú ¿No lo estás haciendo?

Sus hombros se hundieron.

—Lo hago. Un poco, —admitió con esa voz aterciopelada de ella.

—Come más. —Él levantó la bolsa que le había tirado. Durante su salto, había quedado a un lado. Buscó en el interior y encontró el pan.

—Estaré bien, —dijo ella. —Tú necesitas el alimento.

Oyó el hambre en su voz, y vio la forma en que miraba el pan hipnotizada.

Había estado dándole comida de su propio plato, se dio cuenta, probablemente no queriendo que la descubrieran cogiendo de más y delatara su propósito. Apenas pudo procesar esa información cuando le introdujo el pan a la boca.

Únicamente sus padres habían puesto su bienestar por encima del suyo.

Hinata negó con la cabeza, los largos mechones de cabello negro se encrespaban bailando a su alrededor. Cuando eso fracasó de disuadirlo, se arqueó hacia atrás.

—Tú primero. Te estás recuperando de todas esas lesiones.

—Estoy más recuperado de lo que crees.

—Tú eres definitivamente más fuerte, y definitivamente sanas más rápido, pero no hay una sola…

Él se dio la vuelta.

Ella abrió la boca con asombro.

—Tu espalda.

Había algunas costras restantes, algunas cicatrices, pero aparte de eso, la piel estaba curada.

Ella extendió la mano, recorrió con el dedo sobre uno de los bordes.

El toque lo electrificó, y él gimió.

Él... él... quería más, quería ese dedo sobre él, en todas partes. Tan suave, tan gentil. Tan tierna.

—Bueno, todavía quiero que comas, —dijo un tanto temblorosa, como si la conexión la hubiera afectado a ella también.

Se obligó a mirarla. Control. No estaba seguro de cuánto tiempo iban a estar solos, y ella necesitaba comer. Mordió un pequeño trozo en la esquina del pan, y luego lo volvió a colocar en su boca, asegurándose que sus labios se encontraran en el mismo lugar que los suyos.

Un pequeño mordisquito lindo, revelando el más desnudo indicio de dientes.

Una acción inocente, sin embargo, tan precioso de ver.

El color floreció con todo el brillo en sus mejillas mientras masticaba, tragaba.

—Otro, —él ordenó.

Ella obedeció.

A él le gustaba esto, se dio cuenta. Le gustó alimentarla sabiendo que él la estaba ayudando, incluso en una forma tan pequeña.

—Otro.

—Está muy bueno, —dijo, y reclamó un bocado mucho mayor.

—¿No es esto bueno? —Se burló Dr. M.

Naruto lo miró, con la intención de darle una mirada lo suficientemente oscura para enviarlo huyendo de miedo, pero la imagen de Dr. M lo aturdió. En cuestión de segundos, el hombrecito había perdido peso, sus mejillas se habían vuelto demacradas y la pálida piel más pálida que antes.

—¿Tienes una idea de lo ridículo que te ves, empujando tu gigantísima mano en su carita? ¿Por qué no te comportas como un hombre y le arrancas el dedo pulgar, y luego te liberas? ¿Eh, eh? Eso es lo que querías en un principio, ¿no es así?

—No le hagas caso, —dijo Kurama, y Naruto lo miró. —Su único objetivo es arruinar tu vida.

—Dime que no te has dado cuenta de eso a estas alturas.

Mientras Dr. M se había marchitado, Kurama había florecido. En cuestión de segundos, había ganado peso y músculos, sus mejillas se habían llenado, su piel brillaba ahora. ¿Era la felicidad de Naruto fortaleciendo a Kurama, de la misma forma que Kurama lo había fortalecido durante todos estos años? ¿Era esa misma felicidad la que debilitaba a Dr. M? Sí, se dio cuenta en ese momento. Lo era. Y tenía sentido. Su preocupación siempre había provocado lo contrario.

Qué extraño pensar que podía ser feliz, algo que nunca había experimentado antes realmente, a pesar de sus queridos padres, porque siempre se había sentido como si algo importante estuviera ausente de su vida, mientras estaba atrapado en una jaula. Pero lo estaba.

—Esta chica sólo ha traído problemas a tu puerta, —se quejó Dr. M. —¿Cómo es que usarla para escapar está mal?

—Lastimar a otra persona, sin importar quiénes son o lo que han hecho, sólo para conseguir lo que quieres, — Kurama respondió: —es lo que está mal.

—¡Bájate de tu pedestal!

—¿Por qué? La vista es mejor.

—Cállate, —espetó Naruto.

—Pero… —Dr. M comenzó.

—¡Ahora!

El miedo volvió a los ojos color perla de Hinata, oscureciendo el color gris a un lila enfermo.

—Si esa es la forma en que vas a actuar, ¡me voy de aquí!

—No estaba hablando contigo, tienes mi palabra, —él dijo apresuradamente antes de que pudiera dar un solo paso.

Debo hacerlo mejor. Tan fácilmente se asusta esta mujer, a pesar de que inmediatamente se sacudió y emitió una especie de ataque verbal. A él le gustaba eso de ella. Tenía coraje, y aunque podía ser golpeada, nunca se quedaba abajo.

—Bien, entonces, ¿Con quién estabas hablando? —Exigió. —Quiero decir, ¿A quién le estabas hablando?

Como si él realmente pudiera responder a eso.

—Lo siento por alarmarte, —dijo, y le metió la tostada en la boca.

Ella masticó, tragó saliva y le hizo la misma pregunta de nuevo.

¿Podría ella marcharse si seguía ignorándola?

—¿Y si te dijera que estaba hablando con un hombre invisible? —Le preguntó sorprendido de haber admitido tanto. Él tenía suficiente desventaja ya, y ni siquiera Jiraiya, Yahiko o Kiba conocían a Dr. M y a Kurama.

—Podría creerte, —respondió ella, y parecía sincera.

Impactante.

Y un gran alivio. Se alegró de que no hubiera tratado de mentir. Con el tiempo, incluso la más pequeña pérdida de confianza alcanzaría a un hombre, una maraña de espinas que lo dejarían cortado y sangrado. De hecho, Naruto siempre había dicho a su madre la verdad acerca de todo, incluso de su forma de cocinar. No queriendo ser cruel, sino porque la había respetado demasiado como para alimentarla con una mentira.

Una pequeña sonrisa elevó las comisuras de la boca de Hinata.

Al igual que antes, la sonrisa iluminó todo su rostro. Parecía como si se hubiera tragado el sol. Su corazón golpeaba contra sus costillas, calentaba su sangre, y oh, él luchó contra el impulso de cogerla entre sus brazos y abrazarla. Sólo abrazarla.

—Creo que eres tan raro como yo, —dijo, y dio otro mordisco a la tostada e hizo señal hacia él con una inclinación de barbilla. —¿O es tu modo de expresarte tan raro como el mío? De todos modos, es tu turno.

—Estoy avergonzado de ti, —dijo Dr. M. —Deberías…

—¡Él te dijo que te callaras! — Kurama subió por el oído de Naruto, pisó fuerte a través de la cabeza y saltó sobre su hombro izquierdo. Agarró al que fuera una vez… un hermoso moreno de la oreja y, cuando Dr. M gritó, desapareció.

Le debo a ese hombre mucho más que otro agradecimiento.

Y a la chica, si era honesto. Naruto dio un mordisco a la tostada.

— Aprecio todo lo que has hecho por mí, Hinata.

Otra sonrisa, ésta no tan brillante.

—Me gustaría poder hacer más.

—No quiero que hagas más. No quiero que te arriesgues de nuevo en mi nombre.

Ella parpadeó rápidamente.

—¿Estás tratando de protegerme? ¿A la chica que no está limitada por cadenas?

—Sí. Prometí que lo haría.

—Y siempre cumples las promesas, que has hecho.

—Siempre.

El resto de la tensión desapareció de ella, y le dijo:

—Eso es muy dulce de tu parte.

Una mujer refiriéndose a él como "dulce". Una novedad bastante agradable. Pero no había prometido no correr el riesgo ella misma.

—¿Así que tu verdadero nombre es Naruto? —Preguntó ella.

— Mis amigos me llaman Naruto. —Tendría que haberle dado el mismo alias, Bob Fred, que él había dado a Ino, pero le gustaba la idea de su nombre saliendo de esos labios en forma de corazón.

—¿Y te parece bien que te llame así?

—Sí. —Más que eso.

—¿Aunque no seamos amigos?

Él asintió con la cabeza. Un hombre más suave habría dicho algo así como "Somos amigos" o "Me encantaría ser tu amigo", pero las palabras habrían sonado falsas viniendo de él. En realidad no quería ser su amigo.

Él quería usarla... quería salvarla... y él quería tenerla a ella.

Ella lo pensó y asintió.

—Muy bien. Naruto.

La realidad era mucho mejor que la suposición.

—A propósito de Shion, —dijo él, y ella palideció. —¿Qué sabes acerca de sus tatuajes?

Ella tenía la cabeza inclinada hacia un lado, con la expresión resignada.

—¿Trató de utilizar uno contra ti, ¿no?

—Sí.

— Toneri le enseñó un poco de magia negra. Desde entonces, las arañas vienen a la vida y muerden a quien ella desea. Y oh, es doloroso. Hace que te enfermes.

—¿Te han mordido?

—Un par de veces.

Strike tres, Shion.

—Oye, estás en problemas. Tu padre sospecha que eres tú la que me ha estado alimentando. —Sus rodillas se doblaron, y ella habría colapsado si no hubiera alargado la mano y la hubiera agarrado del dobladillo de la camiseta para estabilizarla. Como la luz que era. En su mayor fuerza, ella no estaría a la altura de su mayor debilidad.

—¿No podré alguna vez eludir un descanso? —Preguntó ella con un temblor.

Eludir un… Espera.

—¿Te refieres a tomar un descanso?

—¿Por qué iba yo a querer tomar un descanso? Tú coges una pelota. Rompes huesos, hogares y corazones. Y ahora, tengo que irme.

Todavía no. No estaba listo.

—Libérame, Hinata. —La única cosa por la que él alguna vez había rogado era por la vida de sus padres adoptivos, y no le había llevado a ninguna parte. Aun así, podría pedir esto. —Deja que te proteja mejor.

Su boca se abrió, se cerró. Una vez más, ella negó con la cabeza.

—No puedo.

—Sí puedes.

—No. Lo siento, —dijo ella, sacudiendo la cabeza con más ahínco para dar énfasis. —Y lo sé, lo sé. Mi negativa significa que vas a volver a ser un grosero pequeño gigante...

Uh, esa expresión no tenía ningún sentido.

—...y tú comenzarás a emitir amenazas de muerte de nuevo, pero me tengo que quedar con el circo por un tiempo más.

—¿Por qué? Hiashi te pega. ¿Por qué no dejarlo antes de que tenga la oportunidad de hacerte daño otra vez?

—Tú no lo entiendes. Puedo recibir una paliza, puedo, pero si me voy antes… justo antes, —dijo ella, deteniéndose a sí misma antes de admitir algo que ella no quería que él supiera, — Hiashi me encontrará y me matará, así como a los otherworlders.

—Tú eres su hija. —Su preciosa. Su amada, Naruto recordó, y tuvo que apretar los dientes para evitarse a sí mismo maldecir. —Él no te matará.

Otra pequeña sonrisa, esta vez triste por los bordes.

—No quise decir. Espera. Retiro lo dicho. Tal vez lo haría. Para Hiashi, dejar el circo es la mayor traición y merece el máximo castigo.

—¿Pero tú quieres? —Él se agarró de los barrotes. —Dejarlo, ¿Quiero decir?

Esperanza brilló en sus ojos, y ella asintió con la cabeza.

—Lo quiero.

Su rayo de esperanza floreció.

—Un día, este circo será destruido. Hiashi ha hecho daño a mucha gente sin haber sido lastimado. Es una ley espiritual, y las leyes espirituales siempre se hacen cumplir. Cuanto más tiempo permanezcas aquí, más probabilidades tendrás de ser atrapada en la mira.

—Un día, —ella repitió vacía.

—Sí. Libérame, Hinata, y ese día puede ser hoy. Yo me encargaré de él. Él nunca te volverá a lastimar.

La vergüenza borró lo que quedaba de la esperanza.

—No puedo dejar que lo hagas.

—¿Por qué no? ¿Lo amas? —Le preguntó.

—¿Cuando él es un mal hombre, al que no le queda bondad dentro de él?

—Eso no era exactamente una respuesta.

—No, —dijo finalmente, —pero también es mi padre. No puedo. Simplemente no puedo. Y además de eso, tendría que matar a Toneri, también. De lo contrario, iría detrás de nosotros y la misma suerte caería sobre todos nosotros.

Naruto se encargaría de Toneri.

—Y luego, después de que ambos estén muertos, y no tenga ningún medio de protección, —dijo, —y tú me dejes por ahí en el mundo grande y malo para valerme por mí misma, sin dinero, desamparada. No lo niegues, lo sé. Puedo decir que eres un buen hombre. Pero tú tienes una vida por ahí, una que no incluye a la hija del dueño del zoológico, y en algún momento me dejarás.

—No.

—Tú también condenarías a los otros cautivos a muerte, —intervino ella. —Ellos serían sacrificados sólo para castigarme.

—Volveré por ellos.

—Sí, ¿Pero podrás hacerlo a tiempo? No, no puedes garantizar eso. — Ella volvió la cabeza, tratando de poner fin a la conversación de la única manera en que podía.

Naruto apresó su muñeca, dándole un pequeño apretón para llamar su atención hacia él.

—Dejaré a tu familia en paz si eso es lo que quieres. —Él los entregaría a Jiraiya, y el resultado final sería el mismo, pero ella no tenía por qué saberlo. —Liberaré a los otherworlders y te llevaré conmigo, y tú nunca tendrás que valerte por ti misma. Tengo dinero. Puedo cuidar de ti durante el resto de tu vida, si así lo deseas.

Su mirada buscó en sus facciones.

—Yo... realmente, creo que quieres decir eso, —dijo.

—Lo hago. Y estoy dispuesto a jurarlo.

—No lo hagas, —dijo con una sacudida de cabeza. —Yo no quiero tu obligación moral ni nada de eso, cuando hay un gran problema con tu plan.

—¿Y cuál es? —Dijo, la urgencia empujando su ansia. Él tendría una solución, a lo que fuera y ella lo liberaría. Ella tendría que liberarlo.

—Las esposas.

—No son realmente un problema. Tengo un amigo que puede eliminarlas. — Yahiko podría eliminar cualquier tipo de ataduras. Si él aún está vivo. El pensamiento lo irritaba. Lo estaba. Y eso era definitivo.

—Perderás las manos.

—Volverán a crecer.

Pasó un momento. Ella sacudió la cabeza, como si sus palabras fueran demasiado extrañas para mantenerlas dentro de su cabeza.

—La verdadera pregunta es, ¿puedes llegar a tu amigo antes de que Hiashi te encuentre? ¿Y qué hay de los otros presos mientras tanto?

Abrió la mandíbula. No tenía solución inmediata para eso, lo que significaba que tenía que probar con otro ángulo.

—¿Te gusta la vida que llevas? ¿Oculta bajo los trailers? ¿Llevando furtivamente alimentos a los prisioneros?

Gruñendo bajo su garganta, ella dio una palmada en los barrotes.

—No, pero tengo un plan. Un plan que funcionará mejor que el tuyo, gracias. Sólo tengo que esperar el momento perfecto.

Ah. Su misterioso plan.

—Nunca habrá un momento más perfecto que este momento. Estoy aquí. Yo estoy dispuesto. —Abrió los brazos para llamar su atención sobre su fortaleza ganada muy superior a la de su padre. —Voy a hacer lo que digo que haré. Voy a salvarte, a protegerte. ¿Y por qué te preocupas por los demás, de todos modos? Te odian.

Con un respingo elevó la barbilla.

—Aquí hay una pequeña lección que probablemente deberías tomar en serio. Cualquier persona que regresa odio por odio no es mejor que mi padre, y no voy a cambiar un monstruo por otro.

¡Cómo se atrevía a compararlo con Hiashi! A pesar de que había hecho lo mismo con él. Quería gritarle.

También quería abrazarla.

Definitivamente quería besarla.

—Si te alejas de mí, Hinata, me condenas a muerte. —Una manipulación de la verdad, y una manipulación clara, pero ¿Por qué no? Todo lo demás había sido inútil.

El color desapareció de sus mejillas, dejándola tan pálida como Dr. M.

—Me paso cada segundo buscando la llave de las esposas. Lo he hecho desde hace años, de hecho. La encontraré. Te liberaré.

El anuncio lo derribó. Durante años, ella había dicho. Había estado tratando de ayudar a los cautivos durante años.

Naruto llegó a través de los barrotes. Ella se estremeció, pero no se alejó a toda velocidad. Con nadie más, él había tenido una reacción tan personal y furiosa. Pero con ella, con su pasado, él la conocía mejor y se permitió trazar con su dedo a lo largo de la curva de su mandíbula. Tan suave, tan suave.

Su respiración se aceleró, pero ella todavía no se alejó.

Él no iba a convencerla de hacer lo que él quería. Él lo sabía ahora.

Ella era demasiado terca, demasiado cegada por las posibilidades de su plan. Y había posibilidades. Simplemente no había suficientes.

Él tendría que unirse a ella. Por ahora.

—He estudiado las esposas. La llave es, probablemente, de metal, con un vientre delgado y dos extremos anchos. Puedes buscar algo en la forma de número ocho.

—Lo haré, —ella jadeó y se lamió los labios. —Y gracias.

Su brazo cayó a un lado. Si continuaba tocándola, tendría el impulso de acariciarle la nuca y tirar hacia delante. Para robar el aire de sus pulmones. Si eso sucediera, dejaría de escuchar a su padre.

Ella se alejó de él.

—Este es nuestro último día en la ciudad. Después de la última función, vamos a recoger y a marcharnos. Hiashi te mantendrá aquí, te querrá cerca durante tu primer viaje. Volveré cuando pueda.— Una risa nerviosa se le escapó. —Si puedo.

Con esa declaración críptica, se giró y corrió fuera de la zona, sin mirar hacia atrás.

—¿Por qué? —Empezó él a decir, sólo para cerrar los labios. Ella no lo podía oír.

Apretó los barrotes. Odiaba su cautiverio, sí, pero en el fondo, una parte de él odiaba ver a esa mujer alejarse de nuevo.

Continuará...