Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te

cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego,

no te quemarás ni te abrasarán las llamas.

—ISAÍAS 43:2

Naruto escucho a dos hombres discutiendo antes de verlos, sus oídos que crisparon mientras escuchaba. Esperaba a Kurama, quien hace unos minutos había aparecido para decir crípticamente

—Contrólate a ti mismo, porque ella necesita de tu ayuda, no de tu temperamento, —antes de desaparecer. Pero no, no era Kurama.

—Te voy a matar, Toneri.

Reconoció la crudeza de la voz, sabía que pertenecía a Hiashi.

—Te dije que lo siento.

—¡Eso no hace que sea mejor!

—Te mostré el video. Sabes lo que ella hizo.

—Y es un problema, pero es mi problema. Deberías haber venido a mí. Debería haber dejado que me ocupara de él. Ahora…

Un rugido salvaje de rabia que Naruto había oído sólo una vez antes… de sí mismo, el día en que descubrió los cuerpos en descomposición de sus padres.

—Debías dejarla embarazada, asegurarte de que quisiera quedarse, darle algo que hacer. La mirada en sus ojos últimamente, igual que antes, cuando ella… ¡Pero lo arruinaste todo!

¿Toneri iba a embarazar a... Hinata? ¿A pesar de que no le gustaba el bruto?

—Te di un regalo, —continuó temblorosamente Hiashi, —mi más preciada posesión y la rompiste. Debo exiliarte de mí circo.

—Ella me apuñaló y reaccioné, —dijo Toneri, con voz temblorosa. — Nunca pasará otra vez. Como dije, lo siento.

—¡No lo acepto! Casi la mataste con esos golpes.

—Déjame cuidar de ella. Lo hare mejor con mi magia.

Su... Ella... Era mejor que ellos no discutieran por Hinata.

—No la tocaras otra vez. Si cualquier otro hombre la hubiera puesto en esta situación... Si cualquier otro hombre hubiera lastimado así a mi bebé...

Su bebé. Ellos estaban discutiendo sobre Hinata. Naruto no oyó el resto de la conversación. Se puso de pie y apretó los barrotes un segundo después, fue preso del temor más interminable, junto con furia y desesperación... tanta desesperación... Pero él no podía actuar sobre una sola emoción, no con las esposas disparando drogas debilitantes en su sistema.

¿Qué le habían hecho? ¿Qué tanto había sufrido? ¿Sobreviviría?

Preguntas, preguntas, muchas preguntas formándose, pero un hecho cristalizado: se lo devolvería al responsable. No porque él hubiera decidido utilizar a Hinata para escapar. No porque se hubiera dado cuenta de que ella era su única esperanza. Sino porque era debido. Unicamente debido.

Estaba seguro que vengarse finalmente se sentiría bien.

—Mantén la calma. Recuerda lo que te dije. Ella necesita ternura ahora mismo, —dijo Kurama, apareciendo y luciendo un poco más débil que antes, su piel no era tan brillante.

—Ayúdala, —exigió.

—Lo intenté, pero no puedo ayudar a alguien que no quiere ser ayudado. No se puede.

Finalmente Hiashi y Toneri pisaron en una esquina, entrando en su línea de visión. Ambos hombres tenían el ceño fruncido. Hiashi tenía acunada a Hinata en sus brazos.

Hinata, que parecía una muñeca rota.

Las rodillas de Naruto casi cedieron. Su cabello oscuro estaba en cascada a su alrededor en mechones enredados. Uno de sus brazos colgaba sin fuerza.

El otro recargado contra el pecho de Hiashi. Su rostro aplastado contra su pecho, ocultando así cualquier daño allí.

La furia finalmente estalló, y lanzó un rugido que rivalizaba con los del propio Hiashi. Tanto que ambos hombres tropezaron sobre sus propios pies.

—Tranquilo. — Kurama dijo. —Debes permanecer tranquilo.

Los hombres se acercaron más y más cerca de la jaula de Naruto, tan cerca que su mal rozaba contra su piel.

Su corazón martillaba como si tratara de perforar un clavo en una de sus costillas. Nunca había disfrutado de su trabajo o deleitado en sofocar la vida, pero lo habría disfrutado y encantado en este momento.

—Tranquilo.

Debería haber sido fácil para él. En su línea de trabajo, había visto los efectos del abuso doméstico mil veces antes, y él mismo se había vuelto demasiado endurecido para alguna vez preocuparse. Él siempre se había dicho a si mismo que las personas que se quedaban en ese tipo de situaciones se merecía lo que tenían. Ahora, después de haber visto los moretones en Hinata, descubrir que era sorda, sabiendo que ella había sido criada en un mundo aislado, sospechaba que no tenía ni idea que había algo mejor por ahí...

Pero incluso si lo hubiera sabido, ella no habría dejado el circo.

Recordó lo que le había dicho. También habría condenado a los otros cautivos a la muerte.

Ella quería liberarlos. Quería ponerlos a salvo. Incluso a un costo terrible para sí misma.

Repentinamente una pieza del rompecabezas se deslizó en su lugar, y una imagen clara de su personalidad comenzó a formarse. Se preocupaba por aquellos a quien cuidaba con todo su corazón. No sólo para mitigar una conciencia culpable, sino porque colocaba a otros antes que ella.

Ella se quedó aquí, aceptando el abuso de su padre, el abuso de Toneri, incluso el abuso de los otherworlders, para tenerlos a salvo bajo su supervisión. Y sí, había probablemente otras razones, tal vez incluso mil más, pero los otherworlders eran una grande, estaba seguro.

Aún más milagroso, ella entendía por qué los otherworlders actuaban como lo hacían y no les guardaba rencor. ¿Cómo podría ella y aun así estar dispuesta a romper las reglas para repartirles galletas y chocolates?

¿Qué tipo de persona podría hacerlo?

Inmediatamente se formó una respuesta. La clase que a su madre le habría encantado.

Una punzada estalló en el centro de su pecho, profunda y ardiente, probablemente dejando una cicatriz. Una a la que le dio la bienvenida.

—¿Qué hiciste con ella? —Gritó con una emoción que nunca antes había utilizado. Una emoción que ni siquiera podía nombrar. Era demasiado caliente para mera furia y demasiado fría para algo tan controlado como el cálculo, saltando desde un lugar profundo en su interior, donde el instinto resultaba ser la fuerza dominante.

Hiashi se detuvo a pocos metros de distancia, jadeando y resoplando con su propia rabia.

—Tú. ¿Qué le hiciste a mi hija, bestia? ¿Cómo la hechizaste?

—Dámela, —exigió Naruto.

—No te atrevas. — Toneri, que estaba sosteniendo su lado sangrante, abrió la boca para decir algo.

Las sombras en él, aumentaron elevándose más alto, alcanzando hacia Hiashi... pero el cráneo brumoso escondido bajo la piel de Jecis Hiashi dio la vuelta –sin que Hiashi se moviera una pulgada- y chasqueó sus dientes.

Las sombras se retiraron y Toneri cerró la boca.

—Ella merece algo mejor que personas como ustedes dos, — Naruto gruñó.

Toneri saltó hacia adelante, agarró los barrotes y sacudió la jaula.

— Sigue hablando, te reto. Lo hare incluso peor, para ti…

Moviéndose más rápido de lo que ninguno de los dos podía seguir, Naruto cubrió la distancia envolvió sus dedos alrededor de las muñecas del hombre y exprimió. En segundos, los huesos estaban aplastados.

Toneri aulló, dispersando a los pájaros negros, de sus perchas en la cima de la casa rodante.

—¡Detente!

—Cuando haya terminado, —gruñó Naruto, y definitivamente no estaba hecho. Torció uno de los brazos de Toneri, forzando al hombre a girarse o a perder la extremidad y estrelló la parte inferior contra los barrotes, rompiéndole así los huesos.

Esta vez, Toneri gritó.

Naruto aún no había terminado. Sacudió y golpeó la parte superior del brazo contra los barrotes, rompiendo los huesos, también. Toneri lanzó otro grito, éste más agudo.

Toda la pelea duró menos de tres segundos.

Naruto podría haber extendido la mano y rastrillar sus garras a través de la yugular del hombre. Sin duda lo habría hecho, si no hubiera temido que Hinata sería penalizada por sus acciones.

Las lágrimas se filtraron por las mejillas de Toneri, y sus rodillas se doblaron. Pero el hombre no cayo… no podía. Naruto mantenían el agarre de su brazo, aplicando presión a cada una de las nuevas heridas.

—Por…por favor, —rogó Toneri.

¿Había hecho él mendigar a Hinata antes de golpearla?

Naruto levantó el brazo del macho unas cuantas pulgadas más alto.

Como si sintiera la tensión, un gemido se elevó de ella. Fue el primer ruido que ella había hecho y uno que demostraba que vivía, que aún tenía dolor.

—Dame a la chica, —repitió Naruto. —Yo nunca la lastimaría.

—Por favor... por favor, — Toneri dijo.

Mostrando los dientes con agresión masculina, Hiashi dijo:

—Oh, está bien te la daré. Ella piensa que la quieres, y algo de tiempo a solas contigo debe cambiar su opinión, enseñarle mejor y hacerla apreciar lo que tiene.

Sin dudarlo, Naruto coloca ambas manos en el aire, palmas hacia fuera.

Toneri se derrumbó en un montón gimiente, acunando sus brazos sobre su pecho y tratando de deslizarse lejos.

— Hinata, —Naruto dijo. —Dámela. Ahora.

—No, — Toneri logró gritar más allá de sus sollozos. —¡Ella es mía! Tú lo has dicho…

—¡Silencio! —Bramó Hiashi. —He tomado una decisión, y la mantendré. Dos veces ella ha elegido al animal sobre ti, así que le daré lo que ella piensa que quiere. Y tú, —él le dijo a Naruto. —Estoy poniendo mi corazón en tus manos. Protégelo.

Hinata no era el corazón del hombre. Un hombre guardaba los tesoros de su corazón, adulándolos, poniendo su bienestar por encima del suyo.

Hiashi no había hecho ninguna de esas cosas.

—Es una bestia, —gritó Toneri. —La mutilara. ¡Mira lo que me hizo a mí!

Ignorándolo, Hiashi le dijo a Naruto, —Si ella muere, tu morirás. Si la lastimas de cualquier forma, te dañare mil veces peor. Esto es únicamente para asustarla. Para hacer que te odie.

Había terminado de hablar. Él quería a la chica.

—¡Dámela! ¡Ahora!

—Abre la jaula, Toneri, — Hiashi exigió. —¿Todavía tienes un brazo que funciona, verdad? Después de eso, cambia la cerradura. No quiero que Hinata sea capaz de liberarse durante la erupción solar.

Murmurando, sin dejar de llorar, Toneri se puso pesadamente en pie.

Cada músculo que Naruto poseía se tensó, su cuerpo se estaba preparando para sacudirse a la acción al momento en que la cerradura se desbloqueara. Él tomaría a Hinata, y correría. La pondría a salvo, y regresaría.

Él salvaría a los otherworlders, tal como ella quería y destruiría a su familia, tal y como ella no quería. O no. Tal vez ella había cambiado de idea.

Solamente, que el hombre que ahora evidentemente presionaba el botón hizo que las esposas le bombearan sedantes y la fuerza lo abandonó en un instante. Sus brazos y piernas se hicieron demasiado pesados para moverse y puntos negros parpadearon a través de sus ojos.

—Tócala, —gruñó Toneri, aun cuando él gemía de dolor, —y te cortaré en pedazos.

—Basta, — Hiashi dijo, acortando la distancia y mirando a los ojos de Naruto. —Cuando la erupcion solar golpee, descubrirás que hay monstruos peores que tú por ahí. Vendrán por ti, e intentaran comer. Mantén a Hinata en el centro de la jaula, y no serán capaces de llegar hasta ella. Tú, por otra parte... eres tan grande, apuesto a que serán capaces de conseguirte no importa dónde estés tumbado. Tendrás que luchar contra ellos. — Sonrió, pero no había ninguna diversión en la expresión. —Eso deberá ser suficiente cosa para asustarla y evitar para siempre que quiera algo que ver contigo.

Naruto no se preocupó por la advertencia. Se desplomó, diciendo:

—Los... matare...a ambos...

*

Sus párpados se entreabrieron, Naruto se sentó con una sacudida.

Chispas residuales de furia ardían en su pecho, cada una sirviendo como un recordatorio.

Hinata.

Apaleada.

Trasladada a su jaula.

Suya para salvar.

Se giró y la encontró acostada sobre su espalda en el lado opuesto, todavía, demasiado quieta.

A pesar de los dolores y molestias en su cuerpo, nuevos dolores y molestias que demostraron que no se había imaginado a Hiashi bajando a Hinata y dándole a Naruto su propia paliza, se apresuró hacia ella.

Había dos cortes en su labio inferior. Uno era anterior y se había abierto, y el otro era nuevo. Pero eso era todo, el único daño que podía ver.

Para que durmiera tan profundamente, y se quejara tan densamente, debía haber más. Suavemente pasó sus dedos sobre su cuero cabelludo y sintió dos protuberancias del tamaño de un huevo. Entre un latido y el siguiente, se había transformado parcialmente.

Con el mayor cuidad posible, Naruto comprobó sus signos vitales y el intenso temblor de sus manos lo sorprendió.

Por lo menos su ritmo cardíaco era fuerte, otorgándole una medida de alivio. Como había dicho Kurama, ella iba a sobrevivir.

Debería despertarla. Ella debía mantenerse alerta por las próximas seis horas. Por lo menos. Pero sólo si Hiashi no le había dado alguno de los nuevos medicamentos disponibles para el traumatismo craneal humano.

Solo odiaba no saberlo.

Por primera vez, Kurama no apareció con una respuesta o un estímulo en un momento de necesidad y Dr. M no apareció para decirle por qué debería estar más enojado. Como si necesitara alguna ayuda con eso.

Cómo deseaba poseer la capacidad de curar a otros, como Kiba, tomar sus heridas dentro de sí mismo. O, como Yahiko Sin Apellido, la capacidad de hipnotizar con su voz, obligando a las personas a hacer cualquier cosa que él deseaba. Pero no.

Los Uzumaki al parecer venían con muchos defectos y muy pocos beneficios.

Él observo alrededor. Había caído la noche. Su jaula aún no había sido movida, el trailer de Hiashi todavía estaba delante de él. Nadie estaba fuera. Lo que era extraño. El circo debía empacar, para moverse a una nueva ubicación. Debía haber mucha actividad.

En la esquina lejana de la jaula, encontró medicamentos, vendas, una manta, botellas de agua y comida. Con tanto cuidado como antes, comprobó el labio de Hinata, luego dobló la manta para ponerla bajo su cabeza. Solamente una vez ella hizo un ruido y el ruido fue un quejido bajo, en forma de lloriqueo.

— Hinata, —dijo. —Despierta para mi cariño. —Él acaricio su mejilla.—Vamos.

Otro quejido, pero ella parpadeó abriendo los ojos. Ellos estaban congelados, vidriosos.

—¿Naruto?

Bien. Esto era bueno. Ella sabía que era él; esa parte de su memoria estaba intacta.

—Estoy aquí.

—Me duele la cabeza.

—Lo sé.

—Y estoy cansada.

—¿Tu padre vertió un líquido de sabor dulce por tu garganta antes de traerte a mi jaula?

—No, —una pausa mientras sus facciones se arrugaban. —Espera. Sí. Él lo hizo.

—Duerme, entonces.

—Muchas gracias, —dijo con un suspiro suave. Su cabeza cayó hacia un lado.

Él trazó la delicada curva de su mandíbula. La había encontrado hermosa antes, pero ahora, sabiendo lo que ella hacía, sintiendo el calor de su piel rodearlo, inhaló la delicadeza de su aroma, menta y jazmín, que era exquisito. Ella era todo lo que siempre había querido en su mujer, y todo lo nunca pudo tener.

Kurama afirmó que le pertenecía. A pesar de todo, Naruto quería creerlo. Él ya no quería luchar contra el conocimiento.

Y quería que ella fuera feliz de despertar -realmente despertar- y encontrarse dentro de su jaula, que ella no gritara y llorara y pidiera misericordia. Después de todo, había una gran diferencia entre estar al cuidado de los animales y acercarse lo suficientemente para ser mordido.

Sus oídos comenzaron a vibrar. Finalmente, sonido. Murmullos.

Naruto miró a su alrededor, pero no vio nada. Aun así los murmullos continuaron. Y estaban cerca. Frunciendo el ceño, se levantó y se acercó a los barrotes. Descubrió a Hiashi en la cima de su trailer, extendiendo sus rollizos brazos.

Un relámpago ilumino el cielo.

La voz de Hiashi aumento de volumen. El viento arreció varios niveles.

Más relámpagos brillaron, esta vez arqueándose hacia el ser humano, como si fueran atraídos por él. Tal vez moriría, NarutoxHinata esperó, pero en el momento en que el rayo contactó, el cuerpo del hombre pareció expandirse, sombras negras brotaron de él. Una espesa niebla blanca se formó en los bordes de las sombras y rodaron del trailer a la jaula. Naruto escuchó, oyó un silbido de aire, el golpeteo de pasos y el golpe de una puerta. Hiashi debía haber entrado.

Luego oyó el crujido de las llamas. Incluso sentía el calor. Escuchó el suave susurro de pisadas arrastrando los pies, y había suficientes para formar un ejército.

Inquieto, se puso en guardia. La niebla empezó a diluirse... diluirse... y luego todo cambiado, aunque nada fue para mejor.

Continuará...