No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día.
—SALMO 91:5
Un paramo apareció.
Naruto miró a su alrededor. Aún podía ver el trailer de Hiashi, pero ahora estaba rodeado de áridas colinas llenas de árboles muertos, insectos gordos volando de una rama retorcida a otra. Había pozos de fuego en todas direcciones, llamas amarillo-dorado bailan en el viento caliente y seco.
Los pasos se hicieron más fuertes y más fuertes en volumen, hasta que una multitud de hombres y mujeres por fin apareció, amontonándose sobre la colina. Trastabillaron y corrieron en su dirección.
Los monstruos que Hiashi había mencionado.
Naruto había viajado por todo el mundo había visto razas terribles, pero nunca nada como esto. Las criaturas eran humanoides, flácidos, su piel era fina como el papel y olían a podredumbre. Los gusanos se deslizaban a lo largo de su cuero cabelludo y sus ojos eran oscuros y sin alma, es decir, si tuvieran ojos. Algunos eran ciegos, sus cuencas estaban vacías. Pero una cosa que todas las criaturas tenían en común, se dio cuenta, cuando se congregaron en la jaula: tenían hambre de presas.
Gimiendo, chasqueando sus dientes demasiado afilados, llegaron a través de los barrotes, en un intento desesperado por agarrarlo.
Moviéndose rápidamente, Naruto deslizó a Hinata y los suministros al centro. Entonces, por primera vez desde su captura, él dio buen uso a sus garras y dientes. Cortó y extremidades cayeron. Sangre salpicó. Mordió y tuvo que escupir dedos. Un mal sabor recubrió su lengua.
La adrenalina se apoderó de él, quemando, ampollando, haciendo que las drogas en las esposas se activaran. Sus movimientos se ralentizaron, pero se las arregló para mantenerse en pie. O estaba desarrollando una inmunidad o su determinación era demasiado grande para ser negada.
Durante horas continuó luchando, con los brazos magullados de golpearse contra los barrotes tantas veces, sus espinillas estaban cortadas y sangrando, pero sus oponentes continuaron cayendo como piedras en el océano, por lo que el dolor valió la pena. Y, sin embargo, al momento en que derribaba una de las criaturas, dos más se acercaban a luchar.
¿Cuánto tiempo se vería obligado a hacer esto sin ningún resultado visible?
La batalla se prolongó tanto tiempo que dos soles comenzaron a elevarse en el ardiente cielo naranja, lleno de humo. Renovó sus esfuerzos, atacando con más fervor, desesperado por proteger a la mujer que había sido puesta a su cuidado.
Luego de un tiempo, solamente golpeó el aire. Los monstruos fueron alejándose de él, silbando como si su piel fuera demasiado sensible para tolerar más que el más elemental atisbo de luz. Arrastraron a sus caídos con ellos, dejando sólo detrás sangre.
Naruto estuvo de pie en el mismo lugar por mucho tiempo, esperando y jadeando, pero los monstruos nunca regresaron.
¿Qué eran esas cosas?
No había necesidad de retorcerse el cerebro acerca de lo que querían.
Él lo sabía. A él y a Hinata, una deliciosa mezcla heterogénea.
Hinata.
Sus músculos y huesos protestaron mientras corría a su lado. Había manchas de sangre fresca en sus mejillas, pero no pertenecían a ella.
Seguía durmiendo, completamente inconsciente de la agitación a su alrededor, sin nuevas lesiones y el alivio lo atravesó.
Utilizó la botella de enzimas en spray para limpiarla, luego a sí mismo, entonces a la jaula. No quería que se despertara y viera un solo indicio de la devastación o le temiera más de lo necesario. Él no iba a jugar al juego de su padre. Al mismo tiempo, llevó la cuenta de los segundos que iban transcurriendo, por la necesidad de saber cuánto tiempo habría entre la luz y la oscuridad, la paz y el caos, por si acaso los monstruos regresaban.
Se paseó de un lado a otro, matando insectos lo suficientemente valientes como para intentar morderlo.
Contempló las colinas.
Pasó una hora, dos, tres... ocho, nueve. Despertó a Hinata cada sesenta minutos para revisar sus signos vitales y ella siempre le dijo que su cabeza le dolía y quería dormir. Siempre se lo permitió.
En la décima hora, los soles comenzaron a descender. En cuestión de minutos, los pasos se oían revolviéndose en la distancia. Gemidos y quejidos se levantaron. Los monstruos nuevamente coronaron la colina.
Sólo que ahora estaban más hambrientos y más decididos a cenar, chasqueando sus dientes con más fuerza, tratando de escabullirse por entre los barrotes para llegar a él.
En lugar de luchar contra ellos, puso a prueba el perímetro de la jaula que se extendían a los lados de Hinata, usando su cuerpo para protegerla. Hiashi habían esperado que fueran capaces de llegar a él, pero Hiashi esperaría en vano.
Y a Naruto le gustó esto mucho más.
Tal vez esta tierra no era tan mala, después de todo.
*
Durante lo que pareció la más dolorosa de las eternidades, Hinata iba de la conciencia a la inconsciencia, vagamente consciente de que alguien estaba atendiendo cuidadosamente sus necesidades. Pero eso no podía ser cierto. Nunca nadie había atendido cuidadosamente sus necesidades.
Oh, su padre siempre asignaba a alguien para bañarla y vendarla después de una paliza, pero por lo general ese alguien era Shion, que solamente se sentaba en su remolque, poniendo sus patas en sus tesoros o atormentándola con sus arañas.
¿Estaba imaginándose esto?
No. No, no podía ser. El aroma a sándalo que ella había mezclado con el spray de enzimas de Naruto estaba mezclado con la fragancia única de turba ahumada que él emitía, penetrando en el estupor de su mente. Naruto tenía que estar con ella. Eso explicaría por qué ella seguía imaginándose que había estado hablando con él. Bueno, ella no se lo imaginaba, se dio cuenta.
Estaban juntos y el conocimiento de ello no solo la alivió, sino que también la confundió. ¿Cómo habían terminado juntos? Tenía que despertar, saberlo.
Duerme, Kurama susurró. Estoy haciendo lo que puedo para mejorar el medicamento que tu padre te dio, y haré un mejor trabajo sin ninguna interferencia de tu parte, muchas gracias.
Ella... recordó que él había tratado de ayudarla en la carpa, con Toneri.
Sí. Aquello era cierto. Toneri la había golpeado y no estaba segura de lo que había ocurrido después de eso. Sólo sabía que había fallado en escuchar a Kurama y que había sufrido. No iba a cometer el mismo error.
—Lo haré. Gracias, —dijo ella y fue a la deriva.
Una eternidad más tarde... o tal vez sólo unos minutos... la oscuridad se desvaneció de la mente de Hinata y un sueño fantástico tomó forma alrededor de ella. Se puso de pie en el interior de un patio con sombra, flores en tonalidades de joyas florecían en todas las direcciones, intercaladas entre las imponentes columnas blancas. A su derecha había un hombre alto y musculoso que nunca antes había visto. Tenía el pelo pelirrojo y ojos del color del océano puro. Su piel era una sombra profunda, rica, bronceada, moteada con brillantes de oro. Llevaba una túnica de color blanco brillante y sostenía una espada de doble filo.
A su izquierda había otro varón vestido con una túnica, y aunque él también era alto y musculoso, carecía de la belleza del primer hombre.
Pálido, con el pelo enredado y apelmazado en torno a un rostro con ahuecadas mejillas huesudas y los labios agrietados. Su piel era de color blanco tiza, y sus ojos de un celeste tan ligero que le habían recordado a diamantes incrustados dentro del zafiro pulido si ellos poseyeran algún tipo de chispa. En su lugar, estaban apagados y sin vida. Estaba sin un arma.
El corazón golpeó contra sus costillas, ella se alejó de ambos.
— ¿Estoy muerta?
Ambos hombres la encararon.
—Estás aquí, —dijo el de cabello oscuro, señalando el jardín, —y me ves. —Había una capa de sorpresa en su voz. —Ni siquiera mi encargo ha venido aquí, y nadie más incluso él me ha visto antes.
—Eso significa que puedes verme a mí, también, ¿Verdad, niña bonita? —Dijo el moreno, con una sonrisa a pesar de su aspecto andrajoso. —Vamos a celebrar. —Se acercó a ella.
Justo antes de que hiciera contacto con ella sin que pudiera evitarlo, el otro gigante golpeó su mano.
—No permitiré que le hagas daño, demonio.
Aunque el moreno siseó, no hizo otro movimiento hacia ella.
Reconoció las voces. El bien. Y el mal.
—No le prestes atención. Yo soy el que es llamado Kurama, por cierto, y he estado ayudándote en todo lo que soy capaz. —El hombre de pelo rojo le ofreció una cálida sonrisa. —No estás muerta. Estás viva. Tuviste una gran cantidad de daños internos por todos estos años con tu padre, pero ahora te estás recuperando muy bien.
Kurama. El bien.
—Gracias a ti, —le dijo.
—Y a Naruto.
Naruto. Su mirada recorrió la zona. Había un banco de alabastro a unos metros de distancia, pero estaba vacío.
—¿Él está aquí?
—¡No! Como ya he dicho, él nunca ha viajado hasta aquí.
La decepción la llenó.
—¿Dónde es aquí?
—Alloris. Soy el Altilium de Naruto, y para protegerlo del rechazo, lo mantengo lejos, custodiándolo hasta que esté listo.
Ella estaba más confundida que nunca.
—Yo soy el llamado Dr. M, —el moreno interrumpió suavemente. Le recordaba a su padre, como cuando Hiashi hablaba a la multitud en el interior de la gran carpa roja durante una actuación. Con un engañoso tono tranquilizador, ocultando una gran cantidad de maldad.
—Él no es un Altilium, —dijo el otro, —sino un Epoto.
—No lo soy. —El moreno le ofreció una sonrisa también, pero lejos de ser cálida. La suya era toda dientes y nada de sustancia.
—No sé lo que es cualquiera de esas cosas. —Espera. Ella había oído sus voces. No sólo en su mente, como antes, sino a través de sus oídos.
Oídos que no habían trabajado en años. ¿Cómo era... por qué había... esto no era posible? ¿Lo era?
Todo su cuerpo empezó a temblar. ¿Cuánto tiempo había soñado con algo así? ¿Anhelándolo con todo su ser? ¿Cuántas veces había llorado sobre el hecho de que no volvería a tenerlo? Innumerables.
Y sin embargo, aquí, ahora...
El júbilo la atravesó, tan embriagador como el vino.
—¿Qué quieres de mí? —Le preguntó, luego parpadeó. ¡Su voz! Ella acababa de oír su propia voz, también. Era diferente de lo que recordaba, más adulta, más profunda.
¡Verdaderamente, puedo oír!
—No estoy seguro de volver a tener una oportunidad como esta de nuevo, —dijo Kurama con determinación, —así que lanzaré un montón de cosas sobre ti. Naruto es un hombre bueno, y él se siente atraído por ti. Puedes aumentar esa atracción. Y si lo haces, te permitirá hacerte cargo de él, ahora y siempre, y él permitirá que te quedes con él, ahora y siempre. ¿No es eso lo que querías?
—No, yo…
—Necesitas poner sus necesidades por encima de las tuyas, sí.
Ella frunció el ceño, interrumpiéndolo,
—Quiero vivir por mi cuenta.
—Si haces lo que te sugiero, — Kurama continuó, como si ella no hubiera hablado, —él hará lo mismo por ti, te lo prometo, y serás más feliz de lo que has sido nunca. Él cuidará muy bien de ti.
—No le hagas caso, —respondió Dr. M, agitando una mano desdeñosa por el aire. — Naruto es un hombre terrible. Basta con mirarlo. ¡Es horroroso! Y tú eres tan hermosa. Te mereces algo mejor, un apuesto príncipe que venga a salvar el día. Además, ¿Poner las necesidades de otra persona por encima de las tuyas? ¡Es estúpido!
— Naruto no es horrible, —replicó Hinata. Él tenía una ruda belleza masculina que no era evidente a primera vista, pero, oh, a la segunda, tercera y cuarta, lo único que había querido hacer era mirarlo fijamente.
Kurama sonrió, con un brillo orgulloso en sus ojos.
— Naruto te puede ayudar, Hinata, y tú le puedes ayudar. Pero la elección es tuya.
—¿Opción? No hay otra opción. Si te pones al cuidado de Naruto, te va a poner en una situación peor, —dijo Dr. M. —Piensa en ello. Naruto consiguió que lo enjaularan, y se ganó para sí mismo una paliza. Ustedes dos realmente sólo saben cómo meterse en problemas. Si se juntan... —Se estremeció.
Ella ignoró a Dr. M, diciéndole a Kurama,
—Pondré a Naruto en libertad. —Las esposas eran todavía un problema, pero no podía permanecer en el circo por más tiempo. Ella simplemente no podía. Por fin, su nueva vida comenzaría.
Cuando Dr. M farfulló, Kurama dijo:
—Vas a ponerlo en libertad, sí, pero luego irás a esconderte del resto del mundo, a pesar del hecho de que estés destinada a estar unida a él y él a ti.
¿Unidos?
—Mientras él esté esposado, él es un objetivo para Hiashi.
—Aun así, ustedes serán más fuerte juntos, las dos mitades de un todo. —La visión de él empezó a parpadear adentro y fuera de su vista, su voz alternando entre el desvanecimiento y el aumento del volumen. —Dime que te quedarás con él, no importa lo que pase.
—No puedo, —susurró. Lo liberaría y actuaría por su cuenta. Ella liberaría a los otros otherworlders, también, pero eso era todo lo que podía prometer. —Lo siento.
Dr. M rió con regocijo, la inclinación en sus hombros repentinamente era menos exagerada.
—Exactamente lo que quería oír.
Con un entristecido ceño fruncido en el rostro de Kurama, ella se dio cuenta de que sus hombros comenzaron a inclinarse.
—Un giro equivocado conduce a un mal final. Te encuentras en un lugar al que se supone nunca visitarías.
—Eres tan dramático, —Dr. M chasqueó la lengua. Con un guiño y riéndose, —Te veré de nuevo, belleza. Muy pronto, —desapareció.
Kurama suspiró y miró profundamente a sus ojos.
—Duerme, —dijo y suspiró.
—Pero yo no estoy... cansada. —cerró los ojos y la oscuridad inundó su mente.
Ella no supo nada más.
En los días siguientes, Naruto llegó a entender tres hechos muy importantes.
Hinata era naturalmente seductora.
Era instintivamente sensual.
Ella estaba incurable y extrañamente trastornada.
Ella dormía de vez en cuando, a veces murmurando para sí acerca de unos giros equivocados y giros correctos y él juraba que haría una dieta de no-murmullos tan pronto como esto terminara.
Esto era demasiado adorable, y había llegado a su límite. Y está bien. Bueno. No eran sólo los murmullos que lo habían reducido a este estado. Cada vez que los monstruos habían atacado, había permanecido a su lado para protegerla.
La calidez de su aliento había acariciado su piel. La dulzura de su aroma llenó su nariz. El latido de su corazón se había sincronizado con el de él, haciéndole sentir como si fueran un solo ser.
Todo había trabajado junto para impulsar una necesidad de ella a una nueva estratosfera.
Cada vez que se agitaba, corría a su lado para darle comida y agua.
Ella volvería a comer y él comería, y comenzaría a rezar para que los monstruos regresaran para tener una excusa para abrazarla. Tenía que mantenerse a sí mismo bajo control. Porque, a pesar de la irregularidad de su necesidad, él no iba a dejarse tenerla. No podía. Había pensado en ello
y había llegado a ciento dos razones por las que tenía que evitar besarla, saborearla, desvestirla, acariciarla y tomarla y las miles de otras cosas que había imaginado hacer con ella.
Sin embargo, por el momento, no podía recordar ni una sola de sus razones.
Bueno, no, eso no era del todo cierto. Podía pensar en una. Ella tal vez no lo quería de la misma manera que él la quería. Sí, quizás ella lo había besado una vez, pero aquello podría haber sido por curiosidad. Sí, ella le había dado de comer más alimentos, pero eso podría haber surgido de la bondad de su corazón, no de sentimientos románticos por él. Ahora
Podría sentirse obligada a él o por la esperanza de evitar molestarlo. Podría dejarlo hacer lo que quisiera, pero sería sin pasión.
Él quería su pasión o nada.
Así que, en lugar de trazar formas de tener un romance con ella, él pasaría más tiempo trazando un mejor plan de escape. Sí. Eso es lo que aría. Y tal vez se detendría de estar queriendo, necesitando, ansiando, deseando y esperando por cosas que nunca podrían ser.
Continuará...
